Como siempre muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Los personajes no me pertenecen, solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo IX. Parlamento.
Cuando el cuerpo sube su temperatura, las personas suelen perder la conciencia, no pudiendo pensar con entera claridad. Y es lo que sentía en ese momento Elsa, podía sentir cada roce del rey frente a ella, sentía como su piel era recorrida con calma, como sus labios besaban su cuello, y como una de sus manos acariciaba su pierna, mientras que la otra estaba en su estomago, trataba de pensar con claridad, una pequeña voz luchaba en contra de sus instintos, diciéndole que debía detenerse, pero el placer de sentir aquel cuerpo en contra del suyo, solo hacia cada vez más difícil poder escuchar a aquella voz, y por unos segundos solo se dejo llevar, solo pudiendo sostenerse de los hombros de la contraria, sintiendo cada roce como si este le cociera la piel, podía sentir la humedad emanar de ella, pero el placer no le dejaba poder avergonzarse por ello, sentía como en sus entrañas el calor pedía salir, pero todo se detuvo cuando la mano de Anna subió por su muslo hasta llegar a su prenda que cubría su casta intimidad.
Y fue cuando la antes pequeña voz, grito, y ella empujo al rey, estrellando la espalda de este contra el respaldo de la silla, pero fue tanto el sobresalto de la antigua princesa que esto poco le importó.
- No podemos hacer esto.
- ¿de que hablas? - Anna le costo hablar, pues el golpe había hecho que su respiración, de por si irregular, se detuviera por completo.
- Esto es una blasfemia ante los ojos de Dios.
La diferencia de cultos entre ambos reinos, hizo que el rey tardara unos segundos en procesar las ideas, pero cuando lo hizo le fue imposible guardar compostura, terminando riendo a carcajadas, cuando pudo clamarse, y ver el rostro de la peliplata, supo que había arruinado por completo el momento.
El enojo hizo que el rey no midiera sus palabras.
- ¿En serio crees que a tu Dios, le importe con quien folles?
Si las palabras no la hubieran herido lo suficiente, lo hubiera hecho la manera en la que lo había dicho.
- Es un mandamiento el casarse para poder... para poder...
Anna veía con diversión como Elsa no podía hablar con fluidez, trabándose con una simple palabra.
- ¿fornicar, copular, coger, joder?- con cada palabra dicha, el rostro de Elsa se tornaba cada vez mas rojo, hasta el punto en el que Anna pensó que se desmayaría. - ¿relación intima?
- Eso, para poder tener relaciones intimas, debemos estar casadas.
- ¿es una proposición?
Por un solo segundo, Elsa pensó que se le estaba tomando el pelo, pero al ver el rostro serio del monarca, simplemente pudo quedarse callada.
Afortunadamente para el corazón de la antigua princesa alguien abriendo la puerta las hizo salir de aquel momento incomodo, justo para entrar en uno un tanto más incomodo.
Gerda entro al despacho del rey, acostumbrada a no tocar, encontró una escena que le hizo enrojecer cual tomate.
- Dis... dis... - la mujer tuvo que tomar aire, tratando de hablar con claridad. - Disculpe la interrupción, pero el parlamento la espera.
Increíblemente el rostro de Elsa enrojeció aun mas, y de un salto se apartó del rey, como si este tuviera la más contagiosa de las plagas, la vergüenza no le dejo ver como el fantasma del dolor se marco en el rostro del rey.
- ¿quiere que les diga que se encuentra indispuesta?
- No hace falta, gracias, diles que estoy con ellos de inmediato
Anna se levanto lista para cumplir con su deber, pero al ver a Gerda aun en la puerta, le hizo suspirar.
- Por favor. - Dijo pensando que aquello era el inconveniente, sin embargo la mujer siguió sin moverse, y solo la veía con el rostro rojo, Anna siguió su mirada, notando una mancha sobre sus piernas. - Mejor que sea en media hora.
El parlamento de Arendelle estaba constituido con las familias que antes fueron los señores de las tierras, pero cuando Anna tomo la corona, decidió erradicar el sistema feudal, erradicando con ello el sistema de siervos y esclavos, decidiendo que estos eran ciudadanos con derechos.
Claro que en un principio aquellas viejas familias pensaron que era una locura, e incluso más de una actuó en contra del legitimo rey Annabella, los que habían decidido seguir al rey son aquellos que estaban sentados en aquella mesa, y vieron como la decisión tomada fue la correcta, pues las arcas reales, y las propias nunca habían sido tan bastas.
Los hombres estaban esperando para tratar los asuntos del reino, siendo la primera vez que esperaban no lo tomaron a mal, pues igual otra silla permanecía vacía.
- Perdonen la tardanza.
Los cuatro hombres levantaron la vista de sus propios libros, viendo al rey entrar.
- no hay nada de qué preocuparse, aun falta DunBroch.
El rey suspiro, no era raro que aquella familia se retrasará, sucedía con el padre, y Anna no esperaba fuera diferente con la hija.
- Les parece ir comenzando, y cuando nos honre con su presencia la ponemos al día.
- Si no la conociera, me ofendería, ¿dia duro?
Ninguno de los hombres tomo a bien la broma, una cosa era esperar al rey, pero otra muy diferente era esperar a alguien que en teoría era su igual.
El rey vio a la mujer frente suyo, pero no teniendo el humor para discutir simplemente recogió los documentos sobre la mesa para empezar a leerlos.
- ¿Que tenemos?
Merida se sentó en su lugar, mientras los hombres empezaban a tomar los documentos.
- Los pueblos que sufrieron ataques, fueron limpiados, y viendo el lado bueno, si es qué hay uno, eran relativamente pequeños. - Dijo el hombre representante de la zona norte, Nicholas St. North.
- Que hagan un tipo de monumento para las víctimas.
Los hombres escribieron, sabiendo que con ello mostraban que los ciudadanos no eran indiferentes ante la corona.
- ¿que pasara con Corona? ¿Será una colonia?
- Esa es la idea, cada uno decidirá a un representante, y vean si entre la gente hay voluntarios para ir.
Después de hablar sobre temas del reino como todas las semanas, y decidir el rumbo de este, estaba por concluir la reunión.
- Creo que eso seria todo. - Dijo el hombre del sur, conocido como Tarzan, deseando volver lo mas pronto posible con su esposa.
Todos estaban por levantarse, pero Merida los detuvo alzando su mano, e hizo una seña que todos identificaron, asi que despidieron a sus escoltas, para quedar completamente solos.
Y solamente cuando supieron que estaban completamente solos, Mérida volvió a hablar.
- Al parecer lo sucedido con Corona es mas grande de lo que pensamos en un principio. - Merida sabia que lo que la información que estaba a punto de compartir podría acabar con muchas vidas, pero era la mejor opción. - Mi hombre en Corona me ha informado que muchos piensan destronar al rey Frederick, y es cuando surgen dos incógnitas.
- ¿Apoyamos a la actual corona, o a la revolución? - termino por decir Anna. - Y ¿cuántas armas podemos venderles?
- Si apoyamos a la revolución no tenemos certeza que no nos atacaran después, por lo que sugiero apoyar al idiota del rey Frederick, o a su hijo en dado caso. - Señaló North.
- ¿Y que armas comerciamos?, pues no nos convendría venderles de nuestras mas fuertes, sino pasaría lo mismo.
- Apoyaremos si nos pide ayuda al rey Frederick, que es lo más seguro, y las armas, solo denles las que ya son obsoletas.
- Y rey. - Volvió a hablar Merida.
- ¿Que sucede?
- Creo que lo mejor seria hacer una gran celebración por su cumpleaños. - Antes de escuchar la objeción del rey, continuo hablando. - Limaríamos asperezas con los otros reinos, y subiría la moral de las personas del reino.
Anna lo pensó unos segundos, no le gustaba del todo la idea, pero en aquel momento no supo como negarse.
- Esta bien.
Merida sonrío, y todos abandonaron la sala.
Mientras regresaba al castillo de su familia, Merida planeaba como hacerle ver al rey que en realidad lo único que necesitaba era a ella.
