I

HARRY POTTER ES ENCONTRADO

Después de pasar una semana desaparecido, Harry Potter, el mago conocido por salvar al mundo mágico del peligroso mago tenebroso Voldemort, fue hallado inconsciente en una casa abandonada en las afueras de Liverpool. Según los primero reportes, su estado de salud es crítico y fue trasladado a San Mungo. Los motivos de su desaparición aún siguen siendo motivo de especulación, pero el Departamento de Seguridad Mágica se encuentra investigando el asunto, aunque no se ha hallado ninguna pista que apunte al o a los responsables. Más detalles en la página 3.

Hermione cerró el periódico y lo dejó sobre la mesa, con el corazón en un puño. Se quedó petrificada por un momento, tratando de dimensionar lo que había ocurrido, pero su mente se rehusaba a reaccionar correctamente. Había estado con las tripas retorcidas desde que no supo más de Harry. Lo último que había sabido de él fue que se había embarcado en una misión para capturar un peligroso mago tenebroso. Se trataba de su primer caso, pues había egresado de la academia de Aurores hace dos meses, y en ese lapso de tiempo había estado realizando labor de papeleo, algo que le frustraba mucho.

Cuando pudo hacer uso de su cuerpo, se puso de pie, salió de la casa y buscó un lugar seguro para desaparecer. Encontró un sitio abandonado a un par de cuadras de su domicilio y se transportó a San Mungo.

Preguntó por Harry en recepción y la misma bruja malhumorada de siempre le indicó que se dirigiera al cuarto piso. Sin siquiera molestarse en darle las gracias, Hermione trepó las escaleras y llegó a la sala donde se suponía que Harry debía estar siendo atendido. Ninguno de los sanadores hizo algo para impedir su ingreso. Después de todo, ella trabajaba allí.

Cuando vio a su mejor amigo, notó que Ginny también estaba presente. Aquello era perfectamente entendible, pues ella era su prometida y la boda ya se encontraba en preparación. Se hallaba inclinada sobre la cama, llamándolo por su nombre, lágrimas rodando por sus mejillas. Hermione también hizo lo mismo, salvo derramar lágrimas, y se dio cuenta que Harry no parecía tener algún daño físico. Fuese lo que fuese, debía ser alguna clase de maleficio.

Hermione se puso de pie nuevamente y encaró a los sanadores presentes.

—¿Han hallado la causa del problema?

—Es, en efecto, un maleficio, pero deshacerlo será complicado. Estamos esperando a un especialista para que nos de alguna idea de cómo curarlo.

—¿Cuándo va a llegar?

—Dentro de unos dos días.

Hermione no dijo nada. Examinó el cuerpo de Harry, buscando alguna lesión concienzudamente. No tuvo que pasar mucho rato para ver una especie de quemadura que circundaba su cuello. La forma de la lesión fue lo que le dijo a Hermione qué era lo que le había provocado. También se dio cuenta que ese especialista no iba a llegar a tiempo para curar a Harry.

—El paciente no tiene dos días.

Ambos sanadores fruncieron el ceño.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque sé qué fue lo que le pasó. Fue maldecido por un objeto mágico muy poderoso. Que alguien vaya al callejón Knockturn y pregunte por un collar maldito en la tienda Borgin & Burkes.

Uno de los sanadores dio un paso adelante.

—No estás de turno, Granger —dijo, mirándola con severidad—. Deberías esperar al especialista. Él sabrá mejor qué hacer.

Hermione crispó los puños.

—¡No hay tiempo! —exclamó, señalando a Harry con el dedo—. ¿No escuchaste lo que dije? ¡El paciente no tiene dos días! ¡Va a morir esperando! ¿Quieres eso en tu conciencia, eh?

—No me des sermones, Granger —rebatió el sanador, arrugando la cara—. ¿Quién te crees que eres para afirmar que sabes más que un especialista con diez años de experiencia? Pensé que eras una profesional que se atenía a las reglas.

—¿Vas a sacrificar una vida por acatar las normas? —gruñó Hermione, dando un paso hacia el sanador—. Prefiero romper las reglas para salvar una vida a respetarla para matar a un paciente.

El sanador iba rebatir cuando el segundo habló.

—Yo lo haré. Iré a Borgin & Burkes a preguntar por el collar.

Hermione asintió por toda respuesta y el sanador dio media vuelta para luego desaparecer de la sala.

—Que conste que yo no aprobé esto —dijo el sanador que se oponía a Hermione—. Reportaré esto a mi superior. No te saldrás con la tuya con esto, Granger.

Y también salió de la sala, dejando a Hermione sola con Ginny y Harry.

—Pensé que su misión era salvar vidas —dijo Ginny con voz queda, acercándose a Hermione mientras se limpiaba las lágrimas—, no recitar burocracia. Ya tenemos suficientes de esos en el Ministerio para que vengan a invadir un hospital.

—A mí no me gusta mucho violar las normas, Ginny —repuso Hermione, respirando hondo para calmarse—, pero ya viste lo que pasó en sexto con ese mismo collar. No quiero que vuelva a ocurrir lo mismo.

—¿Y cómo sabes que se trata de eso?

—Por las marcas en su cuello —dijo Hermione, dando la vuelta y encarando a Ginny, percatándose que aún tenía los ojos brillantes—. Coinciden con las del collar.

—Entonces tienes razón. Harry no tiene dos días.

—Lo que pase en las siguientes horas será decisivo.

Ambas voltearon sus cabezas, mirando a Harry con preocupación. No lucía enfermo. Parecía que solamente estuviera durmiendo, pero aquella era solamente una ilusión. Quién sabe qué era lo que le estaba haciendo ese maleficio a su cuerpo, en su interior, donde nadie podía ver lo que ocurría.

—Granger —llamó una voz grave y Hermione pegó un brinco. Conocía esa voz, pero eso no le trajo ningún consuelo. Giró sobre sus talones y se encontró cara a cara con el director del hospital.

—¿Señor?

—Te necesito en mi oficina, ahora —dijo el director con severidad. Tragando saliva, Hermione dirigió una última mirada a Harry y caminó en pos de su jefe, presintiendo que algo no muy bueno venía a su encuentro.


Otra persona estaba leyendo el periódico en su oficina, pero su reacción no podía ser más diferente a la de Hermione. Para él, que hayan encontrado a Harry Potter no era un fruto de la casualidad, sino parte del plan.

Un plan que llevaba siglos en marcha.

Con la llegada del nuevo milenio, juzgó que el momento era propicio para poner la última pieza del rompecabezas. Y Harry Potter iba a jugar un papel crucial en los acontecimientos que estaba por tener lugar. La historia estaba llena de puntos de inflexión. Era el momento de un nuevo cambio, algo que podría llevar a algo que jamás se había logrado en toda la historia de la magia.

Paz.

Se puso de pie y se acercó a la chimenea, arrojando un polvo de color esmeralda a las llamas. Pronunció un nombre y la cara del aludido apareció en medio del fuego.

—¿Me llamaba, señor?

—Así es —dijo el sujeto, alguien conocido solamente por el título del Alquimista—. Seguramente estás al tanto de las últimas noticias concernientes a Harry Potter.

—Lo estoy.

—Entonces sabes lo que viene a continuación.

—Sí. El bloqueo comenzará dentro de dos días. Esperamos que Harry Potter esté de pie dentro de ese lapso.

—¿Has pensado en alguna coartada para el cierre de las instalaciones?

—No es exactamente difícil hallar alguna excusa para eso. Podríamos decir que el objeto se encuentra en estudio debido a un descubrimiento inesperado.

—Excelente —alabó el Alquimista, luciendo complacido—. Asegúrate de filtrar la noticia a los medios, especialmente al Profeta. Esos ilusos creerán todo lo que diga la prensa después de la desacreditación de Rita Skeeter por su libro.

—Lo haré.

—Asegúrate que Harry Potter salga de San Mungo antes de pasado mañana —dijo el Alquimista, esta vez con más seriedad—. No puedo recalcar lo suficiente cuán importante es esto para el plan. Usa cualquier medio para que eso ocurra.

—No le fallaré, señor.

—Una cosa más. ¿Has sabido algo sobre ese maletín que perdimos en esa casa abandonada?

—Tenemos su ubicación, pero, por desgracia, ellos lo tienen.

El Alquimista frunció el ceño. Era evidente que esa noticia no le había gustado para nada. Sin embargo, no todo estaba perdido. No había llegado a ser quien era sin tomar mil precauciones. De todos modos, otras personas con más poder que él habían confiado la totalidad del plan a él. Sabían que el Alquimista era un hombre cauteloso y que difícilmente cometía errores.

—Aún tenemos tiempo para recuperarlo. Puede que ellos lo tengan, pero pasará un buen rato antes que puedan abrirlo. Voy a autorizar fondos para que cuentes con todo lo necesario para recuperar ese maletín. No tengo que recordarte lo que podría pasar si el enemigo averigua lo que hay dentro.

—Lo tengo presente, señor.

—Bien, eso sería todo. Recuerda que no debe haber rastro de que alguna vez tuvimos esta conversación.

La cabeza entre las llamas asintió con la cabeza y desapareció de la chimenea. El Alquimista volvió a tomar asiento y beber un poco de hidromiel añejado en roble. Había invertido demasiado en el plan para permitir que fallara por un simple maletín. Sin embargo, sabía que aquel no era un simple maletín. Era el tendón de Aquiles de todo el plan. Si ellos conseguían abrirlo, sería el fin.

Bebió otro sorbo de hidromiel para tranquilizarse. Era cierto que tenía mucho que perder, pero había reclutado a los mejores hombres para el trabajo. Habían probado ser metódicos, fríos y absolutamente implacables en lo que hacían.

No debo desesperar. Debo confiar en que todo saldrá de acuerdo a lo planeado.