Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Este es un pequeño desahogo que necesito hacer, por supuesto son libres de saltarlo. Hoy fui a ver la película de Frozen II, y puede que ella fuera lo que necesitaba, ciertamente rei, y llore mucho durante toda la película, y no es sorpresa que me hubiera gustado un poco más de Elsanna, que hubo ciertamente, fue más que una película, primeramente por qué no estaba en mis planes hacerlo, hoy fue el último día de clases regulares, solo quedan unos cuantos exámenes y estaba pensando ir a tomar con unos amigos, pero al final no paso, en mi camino a mi casa, se me ocurrió ir al cine, iba yo solo, nunca había ido al cine solo, me baje del transporte y camine por la plaza, mi corazón latía muy rápido, y cuando compre el boleto, me sentí mal, la encargada me miró extraño cuando pedí un solo boleto, y se por que, soy un hombre de 23 años, de 1.85 metros y de ciento cuatro kilos, aún en la sala ese sentimiento de incomodidad no me abandono, pero durante toda la película, fue como si fuera otra persona, con los mismos problemas de autoestima, con la misma ansiedad social, pero sentí que podía hacer algo, y que finalmente era yo, y se que es extraño que me guste esta película, y se que es extraño que me guste este shipp, pero no por ello me dejara de gustar.

Cómo siempre los personajes no me pertenecen, yo solo los ocupo para poder escribir este triste intento de historia.

Capitulo XIV. Ilustración.

Durante su vida, Thatch siempre fue un cero a la izquierda, era como si no se sintiera parte de algo, su abuelo, en paz descanse, siempre le dió la enseñanza que en los libros contaban historias de personas igual que el, que podían ser subestimados, incluso burlados, pero que por no rendirse la historia les recompensó siendo recordados por siempre. Cuando niño soñaba poder salir en viajes a nuevos horizontes, soñaba ser un explorador como su abuelo, pero sus aptitudes físicas no eran las idóneas para ello, por lo que tratando de compensar su falta de músculo, estudió.

Fue tanto su pasión por estudiar, que los primeros veinticinco años de su vida, los únicos amigos que llegó a tener, eran los que su mente creaba para poder mantener un poco la cordura, pero ello no fue bien visto por los rectores de la universidad en la que era investigador, sumado al hecho que si el estuviera recluido en un siquiatrico las patentes que había hecho pasarían a sus manos, junto con todas las ganancias que ello conllevaba, por lo que planearon que un siquiatra lo visitará, afortunadamente para el, un antiguo amigó de su abuelo descubrió el plan antes que este se efectuará, por la poca disponibilidad de tiempo tuvo que "acelerar" el plan que haría que Thatch no pisará el siquiatrico, teniendo que secuestrar al hombre.

Ese día, Thatch salió de la universidad como lo haría cualquier otro día, sin embargo un fuerte golpe en su nuca le hizo perder el conocimiento, cuando despertó el mareo le hizo vomitar el poco alimento que había permanecido en su estómago. Después de salir del baño, descubrió estaba en un barco, y un hombre que parecía haber salido de la armada le dijo el por qué estaba ahí, y que estaban rumbo a una isla que apenas estaba siendo "colonizada", y que el sería el encargado de investigar todo lo que había en la isla, y que era lo que serviría para los propósitos que tenían en mente.

Por primera vez en mucho tiempo, Thatch era verdaderamente feliz, fueron los meses más felices que había logrado tener, pero una noche mientras hacia sus anotaciones del día, un cuchillo rudimentario fue colocado en su cuello, Thatch soltó la pluma con la que hacía sus anotaciones para alzar sus manos, temblaba del miedo, nunca pensó que le fuera a ocurrir algo de aquella naturaleza, pero cuando escucho la voz de la mujer que le hablaba, más que ello, lo que decía y como lo decía, no supo siquiera que sentir.

- ¿A dónde las llevan?

Aquellas palabras fueron dichas con tanto dolor, que Thatch lo sintió propio, y aún siendo otra lengua que qqno era la materna del investigador, este la pudo entender perfectamente.

- No se de qué hablas.

- ¡No mientas!

- Lo juro, ¿a quienes se llevan?

La mujer que amenazaba su vida, utilizo el cuchillo que sostenía para hacerlo salir de la tienda en la que dormía, caminaron por la espesa maleza, hasta llegar a una de las tantas aldeas de la isla, ahí fue cuando Thatch vio la realidad.

Los hombres tirados en el suelo, la sangre escurría de sus cuerpos por las heridas producidas por las balas con las que vieron su final, las mujeres y niñas eran arrastradas por la tierra, mientras que eran llevadas a un buque, sus gritos eran desgarradores.

Y fue cuando supo que el, en realidad no podía hacer nada que pudiera ayudar, pero no podía seguir viendo ello, la necesidad de hacer algo, lo hizo correr aún teniendo el cuchillo en su cuello, ello no lo detuvo, era tanta su resolución que la mujer que le amenazaba lo siguió por una corazonada, fue hasta que encontró lo que buscaba que se detuvo, un pequeño bote, subió a este con la mujer detrás de él, estaba dispuesto a recorrer mares para encontrar a alguien que le ayudará.

Desafortunadamente, su nulo conocimiento sobre navegación, le hizo que no supiera ni siquiera a dónde dirigirse, sumando a su mala suerte en el bote, no había ni comida, ni mucho menos agua potable.

Y ambos sufrieron en carne propia, una de las peores torturas que el humano es capaz de sentir, y eso fue el sentí el como sus cuerpos se consumían a si mismos.

Thatch, en su delirio, repetía la misma frase. "Se que hay alguien que nos ayudará"

Antes de que la muerte los tomara entre sus brazos, un buque de pesca, los encontró al borde de la muerte, el capitán los subió por caridad, pues estaban por retomar a Arendelle, aunque claro, primero verifico que ninguno tuviera una enfermedad contagiosa.

Ambos despertaron al segundo día en el que habían arribado, los doctores trataron de detenerlos, pero ninguno pensaba en realidad en si mismos, sino que pensaban en aquellas mujeres que estaban sufriendo.

Apenas salieron del sanatorio, pudieron ver el castillo que estaba en medio del fiordo.

Por su conocimiento, Thatch corrió hacia el castillo, pero ni siquiera pudo entrar a este, pues antes de hacerlo un guardia lo detuvo golpeandole en el estómago, haciendo que cayera al suelo, por pura voluntad permaneció conciente, mientras veía como su acompañante trataba de librarse del agarre de los guardias, pero su fuerza era insuficiente para poder hacer frente a aquellos hombres que custodiaban a su rey.

Por un acto del destino, el rey salió de su castillo rumbo a una junta con el consejo, y le llamo la atención aquella mujer de tez morena.

- ¡Salvelas!, ¡Se lo suplico! - Thatch grito a todo pulmón.

El rey no se caracterizaba por ser caritativa con personas ajenas a su reino, pero al ver como aquellas personas que se notaba no habían comido nada en días, luchaban en contra de sus guardias le decía que valía la pena escúcharlos.

- ¿A quienes exactamente?

- ¡A la isla de Atlantis!

El rey sabía lo que sucedía en aquella isla, pero no creía valiera la pena hacer algo para ayudar a las mujeres de ahí, pues aunque era privada, la corona inglesa podía interferir en ayuda de los intereses de los suyos.

- ¿Que das a cambio?

Thatch no lo pensó un solo segundo.

- Mi vida.

Y aunque no sabía si valiera la pena, el rey tomo una decisión que sabia era riesgosa, pero dentro suyo supo que aquel hombre que parecía un saco de huesos podía ayudarla.

Y aunque fue difícil, lograron que los colonos, se vieran reducidos por "accidentes", sin gente que trabajará la isla paradisíaca, era para aquellos hombres tierra sin valor alguno, pues nadie quería ir allí, y los pocos que aceptaban querían pagos mucho más altos que las ganancias que harían. Después de ello, simplemente el rey de Arendelle pago una suma de oro por el control de la isla, el hombre que tenía este vio en la propuesta una manera de librarse de problemas, por lo que acepto, aún sabiendo que la muerte de los hombres que trabajaban para el, habían sido producto de la voluntad de aquel rey.

Desde aquel día, Thatch había estado trabajando en la universidad de Arendelle, era un investigador e inventor de ella. Claro que Kida tuvo la oportunidad de regresar a su hogar, pero no quiso abandonar a aquel hombre que hizo todo lo que pudo por ayudar a su gente.

Para Elsa todo lo que veía era algo nuevo, solo había visto cosas parecidas en los libros, sin embargo, ver vasos de formas extrañas, con diferentes líquidos en ellos, ver como todo parecía salir de un extraño sueño, era simplemente una experiencia totalmente nueva y maravillosa, para la ahora proclamada reina de Arendelle.

Pese a que la mirada de Elsa reflejaba el anhelo por querer saber todo, no sabía como era correcto dirigirse ante la reina.

Y lo único que se le ocurrió fue imitar a como era cuando deba una cátedra, se aclaro la garganta, inflo su pecho, y cuando estaba a punto de hablar, una explosión hizo que se quedara completamente mudo.

Un guardia cubrió con su cuerpo a Elsa, pues si aquel era la voluntad de su rey, el lo cumpliría hasta la ultima instancia.

Sin siquiera ser consciente del por que de ello, el corazón de la reina de Arendelle se estrujo de dolor ante el pensamiento que aquella explosión hubiera dañado al rey, pues poco a poco, la mente de Elsa enterraba el hecho del porque estaba en aquel reino en primer lugar, y era sustituido por un sentimiento que tenía miedo de nombrar, sin embargo era consciente de que este cada vez era más grande, y ello le asustaba.