III
Hermione no sabía si reír o llorar al encontrar pulso en el cuerpo de Harry. Había estado dos minutos tratando de reanimarlo, cada vez con menos esperanzas. Pero, por lo menos, sus esfuerzos habían dado frutos. El sanador que estaba con ella también se veía aliviado, aunque a Hermione le dio la impresión que había algo más en juego que la vida del paciente. Sin embargo, no ahondó en el asunto. Tenía mucho en su cabeza en ese momento y no quería agregar más cosas.
—Su respiración se está normalizando y su pulso vuelve a los parámetros normales —dijo el sanador, usando su varita para escanear el cuerpo de Harry—. No percibo ninguna anomalía.
—Entonces debería despertar pronto —dijo Hermione, respirando hondo para tranquilizarse y recordar que era una sanadora, no un familiar del paciente—. Le haremos las preguntas de rutina y permanecerá en observación por un día más. Luego, si las cosas salen bien, le darás de alta.
El sanador frunció el ceño.
—¿No lo hará usted?
—Tuve una pequeña conversación con el director del hospital. Ya no seguiré trabajando aquí.
—¿Por qué?
—Por lo que acabo de hacer.
El sanador miró a Hermione, sin entender.
—¿La va a despedir porque salvó una vida?
—No, Ian, me va a despedir porque atendí a un paciente que no es mío, desobedeciendo una orden directa de mi jefe.
Ian negó con la cabeza.
—Eso no es justo.
—¿Y qué en esta vida lo es? —Hermione suspiró, sosteniendo la mirada de su colega con tristeza—. Será mejor que tú le hagas las preguntas de rutina y lo pongas en observación. Iré a la oficina del director a presentar mi renuncia.
—Dijiste que te iba a despedir.
—Dijo que lo iba a hacer si no renunciaba. Créeme, será mejor así.
Hermione escogió no revelar a Ian las verdaderas razones de por qué había cambiado de idea con respecto a su desvinculación del hospital. En ese momento estaba pensando con la cabeza, y la idea de que alguien le cortara las alas solamente porque había contribuido a salvar una vida le aterraba más de lo que había imaginado. No podría ejercer nunca más su profesión, algo que, si bien no era el fin del mundo, sí le pondría las cosas muy difíciles. El desempleo andaba por las nubes, más que nada porque había muy poca oferta laboral debido al efecto posguerra. La reconstrucción estaba tomando más tiempo de lo que originalmente se había propuesto, y las críticas hacia el actual Ministro de la Magia se estaban multiplicando como la espuma. La excusa oficial era que no había suficiente inversión porque aún persistía la incertidumbre en los mercados, tanto locales como extranjeros. Hermione creía que tres años era demasiado tiempo para que el comercio se mostrara así de especulativo, y tenia la impresión que algo más se escondía detrás de la demora en las labores de reconstrucción y reestructuración del Ministerio, pero no sabía qué podría ser. Al final, aquellas cosas sonaban demasiado lejanas para ella. Todo lo que le importaba eran las consecuencias de las decisiones del Ministerio, y ella estaba a punto de sacar la pajilla más corta.
Hermione no dijo nada mientras firmaba el pergamino que legalizaba su renuncia voluntaria. Si hubiera dicho algo, estaba segura que se iba a arrepentir después.
—Créame, es la mejor solución para su situación. Le deseo buena suerte, señorita Granger.
Ella asintió con la cabeza como si tuviera una contractura en el cuello. Dio media vuelta y salió de la oficina del director. En completo silencio, sin despedirse de sus colegas, ella abandonó San Mungo, sintiéndose como si algo dentro de ella se hubiera podrido. Sabía que estaba arriesgando su contrato con el hospital al intervenir en el caso de Harry, pero en ese momento entendió que había ocasiones en que hacer lo correcto no significaba que fuese legal. Era cierto, había cometido una ilegalidad, pero ella era de la opinión que no debería haber tantas barreras legales cuando se trataba de salvar una vida, sobre todo cuando había una forma de hacerlo.
Llegó a su casa con el ánimo por el subterráneo. Cuando entró, la halló vacía, como siempre a esa hora. Sin siquiera dignarse en comer algo, Hermione se dirigió directamente al dormitorio, tiró su cartera a cualquier sitio y se desplomó sobre la cama, exhausta como si acabar de correr una maratón. Sin embargo, no se quedó dormida. Solamente quería descansar de todo lo que había ocurrido ese día. Mañana, si Merlín lo permitía, iba a salir a buscar un nuevo empleo. Le daba lo mismo si tal trabajo no fuese lo que ella quería, pero, de alguna forma, iba a tener que ganar dinero si quería conservar su casa.
Harry despertó con un ligero dolor de cabeza. Miro a su alrededor y se dio cuenta que estaba en San Mungo. Había un sanador observándolo atentamente, pero no había otros pacientes compartiendo la sala con él. Se acomodó en la cama, llevándose una mano a la frente.
—Señor Potter, ¿le duele la cabeza?
—Por algo me llevé la mano a mi frente —dijo Harry con una pequeña carcajada.
—No se preocupe. Tengo lo que necesita aquí.
Ian le entregó una pequeña botella con un líquido de color ámbar y Harry bebió un sorbo. Fue todo lo que necesitó para que el dolor de cabeza dejara de molestarle.
—¿Siente alguna molestia, dolor, puntada u opresión?
—Nada de eso —dijo Harry, volviendo a acomodarse en la cama—. Solamente me siento como si hubiera corrido millas y millas sin descanso.
—En ese caso, creo que todo lo que necesita es reposo por un día completo. Luego, podré darle el alta médica.
—Se lo agradezco.
Ian hizo un pequeño gesto afirmativo con la cabeza y desapareció de la sala, dejando a Harry solo. Sin embargo, siguió acomodándose en su cama, como si no estuviera conforme con el grosor del colchón, pero pronto se dio cuenta que su incomodidad no tenía nada que ver con la cama.
Algo le picaba en la espalda.
Sentándose sobre la cama, Harry se palpó en ese lugar, pero no encontró ninguna ampolla o alguna otra lesión en la piel que le pudiera estar causando el picor. Perplejo, Harry siguió frotándose la espalda contra la cama, aunque después de unos pocos minutos, el picor fue disminuyendo hasta desaparecer por completo. Fue ese el momento en que Ian volvió a hacer acto de presencia. Lucía mucho más tranquilo que cuando se había marchado de la sala.
—Menos mal mi jefe no me dijo nada sobre esto —dijo Ian y Harry se dio cuenta que algo debieron hacerle para devolverlo a la consciencia, algo riesgoso—. Bien, debo hacerte un último examen antes de ponerte en observación.
—Hablando de eso —dijo Harry, juzgando necesario hablarle sobre lo que recién le había pasado—, sentí comezón en la espalda por un par de minutos, pero después, desapareció así como había aparecido.
Ian se llevó una mano al mentón antes de acercarse a Harry y examinar su espalda. Sin embargo, apenas levantó la bata de hospital, notó que algo había cambiado en el paciente. No había indicios de comezón o de cualquier lesión cutánea, pero eso no significaba que no hubiera nada allí.
—¿Pasa algo? —preguntó Harry, notando el prolongado mutismo del sanador—. ¿Halló algo?
—Señor Potter, ¿alguna vez se ha hecho un tatuaje?
Harry consideró que la pregunta había sido extraña, pero la respondió de todas formas.
—Nunca.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—Se lo pregunto porque estoy viendo un tatuaje en su espalda —dijo Ian con un poco de desconcierto—. Eso no estaba cuando llegó al hospital.
—¿Y cómo diablos me voy a tatuar estando fuera de combate? —preguntó Harry en tono de broma.
—No lo sé, pero es algo digno de investigar. Aunque, si lo pienso bien, no soy el indicado para decirle de qué se trata todo esto, aunque conozco un grupo de gente que podría hallarle un significado.
Harry frunció el ceño.
—¿Son palabras escritas en lenguaje extraño?
—No, no son palabras —dijo Ian, tapando la espalda de Harry y mirándolo como si fuese la primera vez que lo conociera—. Es un tatuaje de un animal.
—¿Un animal? —dijo Harry como sin creer lo que había escuchado—. ¿Un colacuerno húngaro?
—No está muy equivocado, señor Potter —dijo Ian, recordando el tatuaje como si acabara de verlo. Además, no se trataba de un tatuaje común, pues daba la impresión que se movía, de forma muy sutil—. Es un dragón, pero de una especie que jamás he visto en toda mi vida, aunque admito que no soy muy experto en criaturas mágicas. Por eso le dije que conozco un grupo de gente que podría ayudarle a hallar algún sentido a lo que le está pasando.
—¿Y quiénes son?
—Bueno, es un grupo muy conocido, sobre todo después de la derrota del Innombrable. Yo creí que se había disuelto después de la Segunda Guerra, pero parece que han vuelto a la actividad.
Harry volvió a fruncir el ceño.
—¿Por casualidad, está hablando de la Orden del Fénix?
Ian tragó saliva.
—¿Cómo lo supo?
—Fácil. Porque yo formaba parte de ella.
Hermione despertó a eso de las nueve de la noche. Al principio se preguntó por qué se sentía tan cansada, pero luego, los recuerdos de su renuncia y la casi muerte de Harry respondieron su pregunta. Sacudiéndose la cabeza y juzgando que necesitaba una ducha caliente, tomó ropa limpia y se encaminó al baño. Aún no había nadie en la casa, pero eso no le importaba en ese momento. Lo único que quería era sacarse la suciedad y las preocupaciones de encima.
Cuando terminó de desvestirse, se miró al espejo antes de entrar a la ducha. Hermione no era narcisista como para estar admirando su anatomía, juzgando que no había mucho que admirar. Estaba más interesada en su cara, en la expresión de cansancio que ostentaba. Había hecho lo mismo en la mañana y le sorprendió el contraste entre ambas expresiones. Había amanecido de relativamente buen humor, con ganas de realizar un buen turno nocturno, pero las cosas cambiaron cuando leyó el periódico, el mismo en el que había leído la noticia que Harry había sido encontrado después de pasar desaparecido una semana. Al final, desvió la mirada del espejo y caminó de puntillas hacia la ducha, pues los azulejos estaban helados, pero se detuvo casi al instante cuando percibió un detalle que hizo que se le helara la sangre.
Se volteó delante del espejo, de modo que pudiera ver lo que había en su espalda. Tragó saliva y se le puso la carne de gallina cuando vio que había un tatuaje en blanco y negro en su espalda, un tatuaje con la forma de un fénix.
