VI
En cuanto Hermione acabó de garrapatear la respuesta, el contenido de la carta desapareció. En su lugar, aparecieron otras palabras. Leyó cuidadosamente el mensaje, sintiendo que todo su cuerpo temblaba de la emoción.
Señorita Granger
Felicitaciones. Usted ha sido seleccionada para un trabajo sin paralelo en toda la historia de la magia. Su habilidad para resolver problemas complejos ha sido comprobada, lo que le hace la persona idónea para nuestros propósitos.
Si está interesada en nuestra propuesta, le esperamos en el hall central del Departamento de Misterios, donde podrá saber más detalles sobre su nuevo trabajo. En caso contrario, queme esta carta.
Saludos cordiales
Arsenius Blackwood.
Jefe de Inefables.
Departamento de Misterios.
La pobre Hermione no sabía qué decir o pensar. Había estado buscando un trabajo por tres días, y en todas las entrevistas que había tenido le habían dicho la misma cosa. Jamás imaginó que alguien dentro del mismo Ministerio de la Magia quisiera contar con sus servicios, y menos que se tratara de un Inefable, esos sujetos que siempre ocultaban todo sobre sus actividades o investigaciones dentro del Departamento de Misterios. Se quedó allí, petrificada, por unos diez minutos, hasta que el cansancio le ganó la batalla.
La conmoción duró por un buen rato más, aunque estuviera tan agotada por toda la actividad anterior (la resolución del acertijo y el sexo). Se quedó mirando el techo de su habitación, pensando en qué clase de trabajo iba a desempeñar. Aunque, si se trataba del Departamento de Misterios, tenía que ser algo jamás visto o intentado. Pero lo que le causaba inquietud era por qué un grupo tan secreto solicitaría la ayuda de un civil. Tal vez se trataba de un asunto demasiado complejo para ser atendido solamente por los mismos Inefables, tal vez requerían de mentes especializadas en ramas con las que ellos no eran familiares, pero el punto era que los Inefables le habían ofrecido un trabajo. Hermione se conocía lo suficiente para entender que, sin importar cuántas preguntas se hiciera, iba a aceptar el reto. Sin embargo, decidió esperar hasta que amaneciera para contarle la noticia a Ron. Miró su reloj, y se le cayó el alma a los pies.
Faltaba media hora para el amanecer.
Hermione supo que tratar de dormir, aunque fuese un poco, sería una pérdida de tiempo. En lugar de eso, se levantó nuevamente, y acudió al baño a tomar una ducha. Las endorfinas derivadas del sexo se habían acabado hace varios minutos y sentía sus ojos pesados, al igual que sus extremidades. Una vez en el baño, Hermione recordó lo que había visto el día en que renunció a su trabajo en San Mungo y contempló una vez más el tatuaje de fénix en su espalda. Recordó que Ron le había preguntado acerca de ello y ella no supo cómo responder. Era demasiado pedir que, en las varias horas de diversión sexual que disfrutó con él, no se percatara de aquel detalle, pero aún no podía explicar qué le había pasado. No obstante, cuando volvió a mirarse el tatuaje en el espejo, le dio la impresión que el fénix parecía moverse levemente, tal como la Marca Tenebrosa en el antebrazo de los Mortífagos. ¿Se trataría de algo similar?
Al final, Hermione decidió que no iba a poder encontrar la respuesta al misterio de su tatuaje en un baño. Se quitó la ropa, mirándose la cara, como siempre hacía antes de ducharse, y se metió a la tina, esperando que el agua caliente le despejara la mente y le aliviara la pesadez en las extremidades.
Cuando acabó su aseo personal, Hermione escogió cuidadosamente su vestimenta, mientras que Ron abría los ojos, masajeándolos y bostezando a sus anchas.
—Siempre he pensado que tienes un cuerpo arrebatador —dijo Ron mientras veía a su pareja en ropa interior, contemplando su guardarropa meticulosamente—. No te lo dije antes porque… bueno… solamente me importaba eso de lo sabelotodo.
—Ron, ni tú te crees tus palabras —repuso Hermione, tomando una falda, una blusa y un par de zapatos con tacones moderados—. Siempre seré la sabelotodo para ti. Además, jamás he sido atractiva. Me mantengo en forma, eso es todo.
—Estoy hablando en serio —insistió Ron, mirando cómo Hermione se ponía la blusa, luego la falda y por último, los zapatos—. ¿De verdad crees que la inteligencia y el atractivo físico no son compatibles?
—No dije eso —dijo Hermione, volteándose para que Ron la viera—. ¿Qué piensas?
Ron se quedó mudo por varios segundos. Había ocasiones en las que pensaba que era muy, pero muy afortunado de tener como pareja a Hermione Granger, no solamente por cómo la veía, sino por cómo era y lo bien que congeniaban, pese a que no fue ni remotamente así en el colegio.
—Interpreta mi silencio —dijo al final. Hermione soltó una carcajada breve.
—Ron, agradezco que trates de hacerme sentir bien, pero te aseguro que mi bienestar no depende de cómo me veo o de cuán agradable sea a la vista de cualquiera. Solamente quería saber si esta vestimenta es adecuada para una entrevista de trabajo.
—Oh —dijo Ron, recordando que ella debía ir al Ministerio de la Magia por ocasión de su nueva oportunidad laboral—. En ese caso, creo que es un poco exagerado. No creo que sea necesario que muestres tantas curvas.
—¿Curvas? ¿Yo?
—Me refiero a que no deberías usar prendas muy ajustadas —se explicó Ron y Hermione entendió a lo que se estaba refiriendo—. El entrevistador podría pensar que te estás esmerando mucho en crear una buena impresión, y eso no es bueno. Podrías usar esos pantalones que compramos el otro día. Es elegante y al mismo tiempo sobrio.
—Tienes razón.
Cuando se miró al espejo nuevamente, se dio cuenta que Ron había sido un buen asesor de moda laboral. Su aspecto era formal y al mismo tiempo sin pretensiones. Lo único que faltaba era que se tomara el cabello. Ron se lo había sugerido para denotar profesionalismo.
Hermione se despidió de Ron con un beso largo en sus labios y se transportó mediante desaparición al Ministerio de la Magia. Su corazón latía a cien por hora mientras descendía por el acceso a visitas y se internaba en el Atrio. Presentó su varita al mismo oficial de seguridad de siempre y procedió hacia el subterráneo donde se encontraban las cortes y el pasillo que conducía al Departamento de Misterios. Su pulso cardíaco se elevó aún más cuando se plantó delante de la puerta detrás de la cual se escondía la habitación rotatoria.
Ella saltó cuando la puerta se abrió y vio a un hombre de mediana estatura, con el cabello tan blanco como la nieve y tantas arrugas que le hacían ver como una pasa. Tenía ojos grises, una nariz prominente y una boca ancha con apenas labios.
—Buenos días, señorita Granger —dijo el hombre, extendiendo una mano y Hermione la estrechó, notando que su brazo temblaba levemente—. Soy Arsenius Blackwood. Yo diseñé el acertijo que usted resolvió y además, soy Inefable en jefe del Departamento de Misterios. Un placer conocerla, señorita Granger.
—El placer es todo mío, señor Blackwood.
—Si hace el favor de seguirme…
Hermione obedeció y caminó en pos de Blackwood, sabiendo que él, como Inefable, sabía a la perfección cuál era la puerta correcta. Cuando la traspuso, vio con desconcierto que había entrado al anfiteatro en cuyo centro se encontraba aquel velo frente al cual Sirius Black había encontrado la muerte. Reprimiendo los recuerdos, Hermione miró en lontananza y vio que el recinto estaba mejor iluminado que antes y había varios escritorios con pergaminos y gente trabajando. También vio a un grupo de Inefables que parecía obtener lecturas de índole desconocida directamente del velo.
—Supongo que ha estado leyendo el periódico —dijo Blackwood y el corazón de Hermione saltó a su garganta a causa de la sorpresa—. No tiene idea de cuánto tiempo hemos estado estudiando este velo desde la desafortunada muerte de Sirius Black. Miles de horas hombre, cientos de miles de Galeones, solamente para sorprendernos de lo que realmente es este velo.
—¿Y qué han encontrado?
—Eso es lo sorprendente, señorita Granger —repuso Blackwood con una sonrisa misteriosa—. Como seguramente habrá leído en El Profeta, el velo no es un puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Como dije, miles de horas hombre y cientos de miles de Galeones, y no vimos los números romanos en el arco superior del velo.
—Cuando estuvimos aquí nunca vimos números romanos.
—Eso pensé. Estoy pensando que la aparición de los numerales romanos es algo reciente. Venga conmigo, señorita Granger. Debemos prepararla.
Hermione arqueó una ceja.
—Pensé que habría un entrevista de trabajo.
Blackwood soltó una breve carcajada.
—La carta era la entrevista de trabajo —explicó el Inefable en jefe—. Enviamos trescientas copias del mismo acertijo a los magos más brillantes de Inglaterra. Esperábamos tener al menos unos cinco candidatos, pero parece que sobreestimé a los eruditos de este país.
—No cualquier mago tendría conocimiento de matemática muggle.
—Pero tal conocimiento se puede buscar —dijo Blackwood graciosamente—. Lo demás era lógica pura. El acertijo no solamente puso a prueba su inteligencia, sino también su determinación y su lógica. Y usted posee todas esas cualidades. Así que, desde este momento, considérese contratada, señorita Granger.
Hermione, pese a que debería sentirse contenta por haber encontrado un nuevo trabajo, había cosas que le causaban inquietud, como por ejemplo, la preparación de la que había hablado el señor Blackwood.
—¿Y debo prepararme para qué?
—Para su viaje, por supuesto.
—¿Viaje? Se supone que me contrataron para colaborar en la investigación sobre el velo, ¿no es así?
—Señorita Granger —dijo Blackwood en un tono apropiado para un profesor que le estuviera dando una lección a un alumno—,ya sabemos qué es lo que hace el velo. Lo que necesitamos en este momento es alguien que explore lo que hay más allá, ahora que sabemos lo que es.
—¿Explorar? —dijo Hermione, tragando saliva—. ¿Me está diciendo que mi trabajo es entrar allí?
—Es precisamente lo que le estoy diciendo. No hemos estudiado el velo por tanto tiempo sin asegurarnos de que entrar allí no sea seguro. Ya hemos enviado a alguien allá a modo de prueba y ha regresado sano y salvo.
—¿E iré sola? ¿No cree que necesito a un compañero?
—Ajá —dijo Blackwood, dirigiéndose hacia un cubículo donde había una persona que parecía usar lentes—. Pensé que jamás lo preguntaría. Por supuesto que no irá sola a través del velo. Tendrá muy buena compañía, eso se lo puedo asegurar.
Cuando Hermione estuvo cerca del cubículo, vio con más claridad a la persona que supuestamente la iba a acompañar. Sus entrañas desaparecieron de su cuerpo cuando vio a Harry Potter mirarla, sonriéndole amigablemente.
