Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Los personajes no me pertenecen yo solo ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XIX. Pureza.

En la sala de reuniones del parlamento, los tres concejales estaban sentados en sus respectivas sillas, ninguno decía nada, y ello hacia la tensión aún más palpable.

- Disculpen la tardanza.

Los tres dirigieron su vista al rey, que estaba parado en la puerta.

- Disculpe haberle llamado en su día libre. - Dijo Sir Nicholas. - Pero es un tema que debe ser tratado en la brevedad posible.

El rey camino hacia su silla, esperando que la reunión no se alargará demasiado, queriendo regresar con Elsa cuánto antes.

- ¿De que se trata? - dijo Anna notando la ausencia de papeles frente a ella.

- Mi señora, hay un rumor entre el pueblo. - Dijo Merida con el corazón latiendo dolorosamente. - ¿Es cierto que ayer paseo con la princesa de Corona?

El rostro de Anna demostraba lo desconcertante de la declaración, no porque quisiera ocultar su paseo con Elsa, sino que no creia que este fuera a causar revuelo entre el pueblo.

- Así fue.

Apenas esas palabras fueron pronunciadas, el rey vio como sus tres concejales se tensaron.

- ¿Que sucede? - la reacción de los tres ponía en alerta a Anna.

- Mi señora, el pueblo no cree correcto su relación con la princesa. - Dijo Nicholas, poniendo sus manos frente a el. - Y sinceramente yo tampoco.

Por un momento, Anna permaneció pasmada, no pudiendo creer lo que escuchaba, más por quien se lo decía, Sir Nicholas fue el primero en levantarse apoyándola cuando ella ascendió a la corona después de la muerte de su padre, y era uno de los hombres en quien más confiaba, por lo que antes de poder decir algo, debía escucharlo.

- Sir Nicholas, podría decirme sus razones. - Dijo con la mayor calma aunque sentía como el aire le faltaba.

- Annabella. - Comenzó a decir el hombre, pues consideraba a la reina como otra hija, más siendo ella hija del que fue su compañero de armas. - Espero no pienses que es por qué ambas son mujeres.

La mirada del rey permaneció congelada sobre el hombre.

- Es por que la princesa, es una hija de Corona.

- ¿Y eso que tiene que ver? - Preguntó un poco desconcertada.

- ¿A visto como esa gente sigue tratando a sus súbditos?

Y fue cuando la realización golpeó al rey, suspirando.

- El pueblo, no ve con buenos ojos que en la corona se vea manchada con la impureza de un reino ajeno a Arendelle, más cuando este es, bueno... un reino como Corona.

El rey se recargó en contra del respaldo de su silla, sintiendo un creciente dolor de cabeza. - ¿Alguien más de los presentes piensa eso?

La representante de la familia DunBroch alzó su mano.

- No se ha dado ninguna información sobre cómo será la relación con Corona, y que la princesa este en su castillo, no como una garantía sino como una invitada, está haciendo que los rumores crezcan. - Dijo Mérida, ocultado lo mejor posible su malestar.

- La relación con el reino de Corona siempre fue de mutuo interés, no veo el problema ahora.

- Era una relación de comercio, nuestro pueblo se vio beneficiado con este, pero siempre se ha mantenido una lejanía con el reino en el se sigue tratando a las mujeres como una cosa, igual que con muchos más con los que no tenemos similitud de ideas. - Dijo Sir Nicholas, sabiendo que Sir Tarzan no diría una palabra, pues su esposa era de Inglaterra. - Pero ahora se habla de una posible unión y eso es muy diferente.

El rey permaneció en silencio, pensando en todas sus posibilidades, pero estaba segura no estaba viendo el panorama completo, era como si algo se le estuviera ocultando.

- Las relaciones con países extranjeros siempre han sido beneficiosas para Arendelle. - Dijo lo obvio Anna. - ¿Que es lo que a causado la alza de esta opinión?

- La guerra, los rumores corren más cuando están llegando junto a refugiados a Arendelle. - Dijo por primera vez Sir Tarzan. - Se dice que Corona se está jactando de tener a Arendelle de su lado, sumado a que el desprecio a los extranjeros sube cada que se enteran que la delincuencia a aumentado, desde que comenzaron a llegar, ha habido una alza en los robos a los nuestros.

Por fin salió lo que quería escuchar, aunque no estaba segura que le ayudaría.

- Se tomarán más medidas de seguridad. - El rey sabía que en ese momento no podría simplemente presentar a Elsa como su esposa, pero podría ser con el tiempo. - Se aumentará la guardia en los pueblos, en puertos y en las fronteras, no podemos dejar que piensen que la ley en Arendelle no vale.

Los dos hombres sabían que aquella medida ayudarían a mejorar la opinión de pueblo, siendo una manera de mantener el orden entre los suyos.

Sin embargo la mente de Mérida no dejaba de atormentarla, pues ello era política, y lo que ella quería saber era distinto. - ¿Pero es cierto que planea tomar la mano de la princesa?

El rey vio a los ojos de la rizada, observando el miedo y desesperación en ellos, no sabia en realidad el porque de ello, pero algo dentro suyo se revolvió. - Aún no pienso tomar en matrimonio a nadie.

Aunque ciertamente no era la respuesta que quería, fue lo suficiente para que el corazón de Mérida volviera a latir con normalidad.

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El azote de la puerta en el despacho del rey fue lo suficientemente fuerte para escucharse en todo el castillo, siendo extraño que Anna se comportara de aquella manera, los sirvientes del castillo prefirieron apartarse de aquel cuarto, sin embargo hubo alguien que no lo hizo.

La rubia platinada ingreso al despacho del rey, pues este le había prometido pasar todo el día a su lado en cuanto regresará de su reunión, la vio cerca de una licorera y servirse un gran vaso con un líquido café en uno de los vasos.

- Elsa ahora no soy la mejor compañía, hazme el favor de retirarte.

Pese a las palabras dichas, Elsa no retrocedió, al contrario se acerco más a ella, notando como los hombros del rey estaban tensos, y su quijada estaba tan apretada que juraría podría reventar una nuez con ella.

- ¿Que sucedió?

- No quiero hablar de ello.

La antigua princesa, podía sentir como el rey comenzaba a construir un muro a su alrededor, y ella se rehusaba a que ello sucediera. Haciendo lo único qué pasó por su mente, guió al rey a uno de los sillones de gemelos y la hizo sentarse.

- ¿Que es lo que planeas? - Pregunto Anna, pero siendo ignorada por Elsa.

Pues la platinada quería ver otra vez a esa mujer que le hacia sentir cálida por dentro, por lo que en silencio puso sus manos sobre de sus hombros, presionando con fuerza sus dedos sobre los músculos tensos, notando como aún con lo sucedido entre ellas, el rey parecía no tan confiada antes su toque, tomando un par de minutos para sentir como los hombros de Anna se relajarán, dando suaves suspiros ante su tacto.

- ¿Cómo sería tu lugar ideal? - pregunto Elsa, sin dejar de lado su tarea.

- ¿Que? - dijo entre suspiros Anna, sintiendo como toda la junta desaparecía de su conciencia.

- Eso, ¿Como seria el lugar donde te gustaría estar?

- Me gusta mi reino. - Respondió rápidamente.

Elsa suspiró, siendo la tarea más difícil de lo que imagino. - ¿Cómo sería un lugar donde te sentirías tranquila?

- No lo sé, ¿de que sirve imaginarme un lugar así, si no puedo tenerlo?

- Solo sígueme la corriente.

Por unos segundos, el silencio reino en la recámara, haciendo pensar a Elsa que era inútil su ejercicio, sin embargo, el rey hablo.

- Me gusta la naturaleza.

- ¿En serio? - Aunque no podía verla, sabía que Anna sonreía tal como ella. - ¿De qué tipo?

- Pasando la montaña norte... - la mente de Anna fue al último viaje que hizo junto a su padre. - Muy al norte en realidad, hay otro reino, bueno no es otro reino como tal, por qué Arendelle los representa.

Elsa hizo mayor fuerza, haciendo que Anna soltará un adorable quejido.

- Cero política, ¿Cómo es ahí?

- Mágico.- dijo instintivamente Anna. - mi padre solía decir que era un reino mágico.

- ¿Por qué?

- Es cómo si el bosque tuviera vida propia.

- Mmm... ¿Cómo es?

- Hay grandes árboles, y está el nacimiento del río que abastece a Arendelle, la agua es tan cristalina que parece un espejo. - Con cada palabra podía verse a si misma jugando junto a su padre con los renos en las hojas secas de los árboles. - Todo parece en armonía.

Elsa dejo que Anna se perdiera en sus recuerdos, pero de pronto sintió como una de sus manos era tomada, y un suave beso fue dejado en el dorso de esta.

- Gracias.

Escucho decir, mientras que Anna se levantaba del sillón para verla de frente.

- Vamos te quiero enseñar algo.

La mano del rey nunca soltó la de Elsa mientras la guiaba por los corredores del castillo hasta salir de este.

La luz del sol cegó momentáneamente a Elsa, pero cuando sus ojos se acostumbraron a esta, su respiración se quedó atrapada en su pecho.

Un gran jardín estaba frente a ella, solo un par de árboles daban sombra, un par de rosales estaban a los pies de las esculturas de mármol que adornaban el jardin sin que ninguna llamara más la atención que otra.

La mano de Anna la volvió a la realidad, al hacerla acercase a la hermosa escena frente a ella.

Caminaron en un agradable silencio, mientras que una suave brisa acariciaba sus rostros.

- Este jardín fue hecho como regalo de bodas de mi padre hacia mi madre, ella misma plantó cada una de las flores que puedes ver.

Por un momento Elsa dejo que su mente le mostrará a una pequeña peliroja corriendo por el jardín, mientras que ella y Anna la veían sentadas a los pies de uno de los árboles.

- No suelo venir mucho aquí, pero quería que lo vieras.

Viendo la belleza del jardín, Elsa no se pudo imaginar el porque no lo visitaba.

Y como si Anna hubiera leído su mente, le dijo. - Las flores no suelen ser darse en el reino, más que en invernaderos. - La mano de Anna tocó los pétalos de una rosa blanca. - En cambio, estas nunca dejan de florecer, aún en invierno se pueden ver.

No entendiendo el porque de la explicación, Elsa permaneció en silencio

- Dicen que la escencia de mi madre es la que las mantiene vivas.

Cómo princesa de Corona, Elsa había oído hablar de la realeza de Arendelle, pero está solo eran el antiguo rey y la princesa, nunca había escuchado de la reina.

Los ojos de Elsa se dirigieron al rostro de Anna, y vio como aunque llorara, en sus ojos se veía la tristeza en ellos.

Y solo se quedaron ahí paradas, una en compañía de la otra.