VII
—¡Harry! ¿Qué rayos haces aquí?
El aludido no respondió de inmediato. Hizo un gesto para denotar que esperara un momento y Hermione vio que estaba firmando unos cuantos papeles. Miró al señor Blackwood con cortés desconcierto.
—El señor Potter está aquí porque es el hombre más indicado para el trabajo que debe desempeñar —explicó el aludido, mirando a Harry como si fuese su propio hijo—. No esperamos que su expedición sea como un paseo por el parque, señorita Granger. Puede que haya peligros inesperados y el señor Potter aquí presente tiene experiencia lidiando con lo desconocido.
—Pero hay personas más experimentadas que él.
—Seguramente lo hay, pero he estado observando al señor Potter desde su primera victoria contra el Señor Tenebroso —explicó el señor Blackwood, encogiéndose de hombros—. Fue cuando me di cuenta que sus triunfos estaban dependiendo cada vez menos de la suerte y más de sus habilidades y de las personas más cercanas a él. Además, el señor Potter ha surcado aguas que ningún otro mago en la historia se ha atrevido a surcar. Eso le da una ventaja comparativa frente a otros candidatos.
—No me refiero a lo que Harry sea capaz de hacer —dijo Hermione, sabiendo que ese no era el único problema con una misión como la que estaba a punto de emprender—. Me refiero a que puede que Harry no sea lo suficientemente maduro para esta misión. Apenas tiene veinte años… más o menos.
—Pero usted es solamente un poco mayor que él, ¿no es así?
Hermione se quedó en silencio, dándose cuenta que el señor Blackwood tenía razón. Había solamente unos cuantos meses de diferencia entre ambos, lo que era algo insignificante en comparación con lo que vivía un mago en promedio.
—¿Y por qué no seleccionó a magos o brujas de más edad?
—Creo que ya le expliqué mis razones, al menos en su caso, señorita Granger —repuso el señor Blackwood, acercándose al escritorio de Harry—. En cuanto al señor Potter, ¿no cree usted que un mago de más edad no se encuentra en las condiciones físicas necesarias para una misión de esta naturaleza? Y, respecto a su madurez, la experiencia me ha dicho que las personas maduran más rápido cuando son expuestas a situaciones de estrés o peligro. Si mal no recuerdo, el señor Potter era un joven impulsivo en sus años mozos, pero ahora, lo veo más centrado y sabio que hace diez años atrás.
Harry se desocupó de sus obligaciones contractuales, y se acercó a Hermione, mostrando una amplia sonrisa.
—¿Qué tal, Hermione? —saludó, dándole un fugaz beso en su mejilla—. El correo de las brujas me dijo que me salvaste la vida. Gracias.
—Solamente hice mi trabajo, aunque tuve que pagar un precio por ello.
—Sí, supe lo que te ocurrió —dijo Harry, tomando el hombro de su amiga a modo de consuelo—. Es una injusticia, la verdad.
—Lo sé —dijo Hermione, exhalando aire en señal de resignación—. Ahora no solamente hay que salvar vidas, sino que hay que hacerlo de acuerdo a las reglas.
—Las reglas existen por una razón —dijo Harry, y Hermione le dedicó una mirada penetrante—, aunque hay ocasiones en las que seguir las reglas puede implicar la muerte de una persona.
—Recuerdo que tú eras una suerte de rebelde en el colegio.
—Tienes razón —admitió Harry con una carcajada—. Pero eso era antes. Haber pasado por el entrenamiento para ser un Auror me hizo bastante bien en ese sentido. Ahora respeto más las reglas.
—¿Y las romperías para salvar a alguien que se encuentra en peligro?
—Depende de la persona.
—¿Si esa persona fuese yo?
—No lo sé —repuso Harry, llevándose una mano al mentón—. A veces no vale la pena rescatarte.
Hermione golpeó el hombro de Harry a modo de broma.
—Idiota —dijo, soltando una pequeña carcajada.
—¿Se encuentra listo, señor Potter? —inquirió el señor Blackwood, frenando en seco la conversación entre Harry y Hermione.
—Ya firmé los papeles —respondió Harry, tomando los documentos y tendiéndoselos al señor Blackwood—. Asumo que Hermione deberá hacer lo mismo.
—Si me acompaña por aquí, señorita Granger…
Hermione dedicó una última mirada a Harry antes de seguir al señor Blackwood a su oficina.
—¿Por qué Harry tiene su propio cubículo?
—¿Envidia, señorita Granger?
—No lo digo por eso —puntualizó Hermione, entrando en la oficina, que más que oficina, parecía un cubículo glorificado—, lo digo porque Harry me va acompañar en este viaje. No creo que necesite un cubículo.
—Ya veo. Señorita Granger, digamos que el señor Potter no es una eminencia en conocimiento del lugar al que ustedes dos van a ir. Por eso, necesitaba que se pusiera a estudiar todo lo que se pudiera sobre esa época.
Hermione frunció el ceño al escuchar la última palabra.
—¿Época? ¿Acaso el velo es una máquina del tiempo?
—Por decirlo de forma cruda —admitió el señor Blackwood con una pequeña sonrisa—. No sé si se dio cuenta durante su última incursión en este departamento, pero dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos en estudiar el tiempo, sin saber que el velo era nuestra mejor herramienta para entenderlo mejor. Hay un estudio paralelo a éste en el que otro equipo de Inefables está intentando descubrir los misterios del tiempo a partir de nuestras experiencias, ahora que sabemos lo que el velo realmente es.
—¿Y tenemos que viajar al pasado?
—Así es —dijo el señor Blackwood, luciendo emocionado—. Harán dos regresiones. Una hacia la época de los fundadores de Hogwarts y otra a los tiempos del rey Arturo, si es que ese personaje existió en realidad. Hay tantas cosas que no sabemos de esos periodos de la historia que bien podríamos reescribir los libros de historia después de esta misión. De hecho, si la misión resulta ser un éxito, nuestra comprensión de la magia ya no será la misma y no volverá a serlo, para bien o para mal. No haremos compromisos con lo que encontremos. Si hay algo de nuestro pasado que resulta no ser cierto, lo expondremos de la misma forma en que lo haremos con el nuevo conocimiento que tengamos a partir de estos viajes.
Hermione se quedó en silencio, tratando de dimensionar las implicaciones de lo que estaba por hacer. No uno, sino dos viajes al pasado, viajes que podrían cambiar para siempre lo que la gente sabía de la magia. Y no solamente debía viajar a una época a la que no pertenecía, sino que no debía interferir de ninguna forma con los acontecimientos de esos tiempos. Había leído suficientes libros del efecto mariposa y la teoría del caos para comprender lo que podría pasar si cambiaba siquiera un hecho de poca importancia.
—Señor Blackwood —dijo Hermione, luciendo ligeramente alarmada—, creo que está siendo un poco descuidado con esto de los viajes en el tiempo. Como alguien que ha usado un giratiempo antes, sé lo que puede pasar si cambiamos siquiera una piedra de lugar, sobre todo cuando el tiempo que debemos retroceder es del orden de siglos, o milenios. Solamente el hecho de viajar al pasado va cambiar algunas cosas en el presente. Y le se lo afirmo; algunas cosas van a cambiar, y ninguno de ustedes se va a dar cuenta.
—Señorita Granger —dijo el señor Blackwood con una pequeña carcajada—, eso es precisamente lo que esperamos de usted, que cambie las cosas que conocemos hoy.
—No le entiendo.
—No espero que lo haga —dijo el señor Blackwood amablemente—. Espero que cumpla con su misión. Si lo hace, será muy bien recompensada. De hecho, la remuneración está en el contrato frente a usted. Si puede hacerme el favor de leerlo antes de firmarlo…
Hermione no se había percatado del pergamino frente a ella. Allí, en palabras claras y concisas, estaban expuestas las condiciones y los salarios por día de trabajo. Hermione abrió la boca al ver la cantidad ridícula de Galeones que le iban a pagar. Aquello era suficiente para pagar el dividendo completo de su casa unas diez veces. Sin embargo, también sabía que en esa clase de trabajos, el sueldo era directamente proporcional al riesgo.
—Es… es…
—Es exactamente lo que merece por el riesgo que va tomar si acepta la misión —dijo el señor Blackwood, pasándole una pluma para que firmara—. El contrato es bastante claro. Puede aceptar el trabajo o rechazarlo. Es su decisión.
Hermione se quedó en silencio por un rato, ponderando los pros y los contras del trabajo que el hombre frente a ella le había ofrecido. Por una parte, estaba el sueldo astronómico que iba a recibir por llevar a cabo la misión, pero por otra, estaba el riesgo. Iba a enfrentar muchas cosas desconocidas, y seguramente muchas de ellas iban a ser muy peligrosas. Su sentido común le decía que rechazara el trabajo, que buscara un empleo más ortodoxo, por mucho que le costara encontrarlo, pero había una sola cosa en Hermione que podría sobreponerse a su sentido común.
Hermione, pese a ella misma, tomó la pluma y firmó el contrato. No sabía por qué, pero se sintió como si estuviera haciendo algún pacto con el diablo.
—No se arrepentirá de esto, señorita Granger —dijo el señor Blackwood, poniéndose de pie y archivando el contrato en una carpeta—. Y ahora, nos pondremos manos a la obra de inmediato.
Hermione tragó saliva.
—¿Iremos ahora?
—¿Hay algún problema?
—Verá, el asunto es que tengo un novio y no puedo abandonarlo por quién sabe cuántos días.
Arsenius Blackwood se quedó en silencio por unos segundos antes de prorrumpir en carcajadas. Hermione deseó que dejarla de hacerlo. El problema era serio, y no quería que Ron se preocupara por ella.
—Señorita Granger —dijo el señor Blackwood cuando se le hubo pasado el ataque de risa—, ¿no le ha enseñado nada su experiencia con el giratiempo? Para ustedes será como si hubiera transcurrido mucho tiempo, pero aquí en el presente, la ida y la vuelta será instantánea. Será como si jamás hubieran hecho el viaje.
Hermione, en ese momento, recordó lo que había leído alguna vez sobre la Teoría de la Relatividad y los marcos inerciales de referencia, ampliamente usados en física muggle. Los magos a menudo decían que la física era como llamaban los muggles a la magia, y Hermione a veces pensaban que tenían un punto al decir esas cosas. Al viajar en el tiempo, estaría entrando en un marco inercial de referencia distinto, y por lo tanto, el tiempo transcurriría de forma diferente al marco en el que se encontraba en ese momento. Además, sabía que el tiempo se dilataba a medida que atravesaba campos gravitatorios intensos. Claro, el velo actuaba de otro modo, pero el mismo principio se aplicaba. Para ellos, el tiempo pasaría de forma normal, pero para Blackwood y los demás en el salón del velo, sería como si todo estuviera congelado.
—Entiendo —dijo Hermione, respirando hondo, sabiendo que estaba a minutos de hacer algo que jamás había hecho en toda su vida; viajar mil años hacia el pasado—. ¿Cuál es la misión?
—Es algo muy simple. Llegar allá, mezclarse con la gente, observar, documentar y regresar. No habrá nada de aventuras locas en esta misión, señorita Granger.
Pero Hermione había pasado por las suficientes aventuras y desventuras para saber que era precisamente de ese modo en que las cosas solían salir mal.
