Muchísimas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Haciendo spam de mis propias historias, les pido vean los dos crossover que tengo, "Lucha Por Anna" y "De Princesas Y Brujas".
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo XXI. Comienzo de la celebración.
Con el pretexto de fortalecer la seguridad del reino, Anna paso días encerrada en su despacho. Y durante estos, Elsa pensó sinceramente que la reina de Arendelle había perecido, pues solo sabía de ella por medio de Gerda, e incluso ella parecía esconder algo, y con la excusa de ser en extremo confidencial lo que sucedía dentro de la habitación, la mantenían al margen de la situación.
Aunque el Rey tenía todo preparado para la llegada de los representantes de los reinos invitados desde que supo no podía negarse a la celebración de su cumpleaños, siendo la verdadera razón de su auto encierro algo mucho más turbio.
Pues después de la arbitraria decisión de Elsa, de invitar a Corona, siendo que SU pueblo veía con malos ojos a aquel reino, no le quedó más opción que intervenir ella misma ante el parlamento, y dar justificaciones a su creciente condescendía.
Decir que estaban furiosos, sería un eufemismo.
Nunca en su vida había visto a Sir Klaus tan enojado, mucho menos ser ella la causante de su cólera.
- Mi señora. - Tan increíble como pareciera, Sir Tarzan era el más tranquilo de los tres, pero incluso el se notaba un poco incómodo ante la noticia que acaba de oír. - Soy consciente que el comercio con Corona, y la deuda de la que se han hecho acreedores es benéfica para Arendelle... pero invitarlos eso fue...
- ¡Estupido! - Gruñó Klaus. - ¡No hay otra manera de decirlo!
El gran hombre se paseaba por el despacho, viendo con total desaprobación al rey que incluso en ese momento parecía inmutable.
- Sir Klaus, por favor... - Kai trato de calmar un poco al hombre, el estaba ahí como apoyo a su rey, junto al capitán de la escolta Olaf, que parecía querer explotar en cualquier momento, pues para el albino era un total insulto la manera en que se estaba tratando a su rey.
- ¡Ni tú puedes decir algo en favor de esto! - Merida señaló al jefe de servicio del castillo, mostrando su enojo, aunque este solo era para disfrazar el dolor que sentía.
- No, pero yo sí. - La voz de Anna hizo que los tres la vieran con sorpresa, pues desde que había dicho de la invitación, no pronunció palabra alguna, solo dejando que los tres concejales dijeran lo que quisieran. - Se que el reino de Corona actualmente es un tema controversial entre el reino.
Las manos de Anna hicieron una indicación para que los tres tomarán asiento, y lo hicieron aunque a regañadientes.
- Mi jefe de espías me han hecho llegar noticias un tanto... - el rey hizo una mueca como si no supiera la palabra que buscaba. - Interesantes.
Aunque fue una coincidencia saber aquello al mismo tiempo que la llegada del mensajero de Corona, ello le dio clara ventaja sobre el tablero que era la vida política.
- Puedes repetirlo para nuestros invitados. - Habló el rey a un punto en la habitación.
Entre las sombras salió una mujer, de tez tan blanca que pareciera nunca haber sido tocada por los rayos del sol, los únicos que no parecían sorprendidos por las presencia de ella, fueron el mismo rey y Olaf que la consideraba su madre, y sabía de su capacidad de pasar desapercibida aunque era bastante alta aún para los estándares de Arendelle.
- Con gusto mi rey. - la mujer dio un par de pasos más para quedar a un lado del escritorio. - Como sabrán la situación en Corona es complicada, y contrario a lo que creíamos hay más bandos de los que creemos en juego.
La sorpresa era clara en los tres concejales, pues según sus propios informes, solo había dos, la revolución y la realeza.
- En total son cuatro, de parte de la realeza está el rey Frederick y tam sorprendente como pueda parecer el príncipe Kristoff, que se canso de esperar la muerte de su padre esperando subir al trono cuanto antes. - Y aunque lo habían tenido previsto, ninguno de sus hombres que tenían les habían informado sobre algún cambio de parte del príncipe. - Y de la revolución también son dos, uno que apoya a "la princesa perdida" - dijo haciendo las comillas con sus dedos. - Y otro que busca que el reino deje de serlo y pase a ser una nación democrática.
La mujer dejo que la noticia fuera asimilada, guardando silencio.
- ¿Quien es esta "princesa perdida"? - preguntó Mérida, pues nunca había oído hablar de algo parecido.
- Cuando aún el rey Agnar vivía, mucho antes de que el rey Annabella naciera, la primogénita del rey Frederick fue secuestrada, la noticia oficial, fue que había muerto, solo para que el reino de Corona no fuera tomado como débil, pero en realidad nunca se encontró. - Explicó Klaus, pues el fue uno de los ayudo en la búsqueda de la princesa.
- Y ahora regreso. - trato de armar sus ideas Tarzan, aunque sabía que el rey no mostraría toda su mano de golpe.
- No exactamente, no he podido recabar información sobre de ella, pero tiene seguidores que la quieren al mando del reino y harán lo necesario para hacerlo realidad. - Dijo la mujer, mostrando un pedazo de pergamino con la silueta de una mujer con el cabello extremadamente largo. - Está es su propaganda, como sabrán la gran mayoría de Corona no sabe leer ni escribir. - En la sala se escucho un "bárbaros", pero nadie decidió hacer notar lo obvio, conforme al pensamiento sobre el reino. - Está imagen es usada para llamar a la gente y unirse a la causa.
- ¿Pero esto que tiene que ver con la invitación del reino de Corona? - Preguntó un poco más calmado Klaus.
Tanto el rey como la mujer compartieron una rápida mirada.
- He decidido apoyar al príncipe Kristoff y no a Frederick. - Anna se levanto de su silla caminando con calma hasta estar frente a los concejales. - Ayer recibimos la aceptación a la celebración, y con ello una carta del príncipe, el será el representante de su reino, pero se preocupa por el bienestar de su padre.
Un aire frío hizo a los presentes temblar.
Pues sabían que el príncipe no necesitaba hacer mención alguna sobre la seguridad de su padre.
- Uno de mis hombres en Corona, ha decidido escoltar al príncipe a las tierras de mi rey. - dijo la mujer mientras que de su chaqueta tomaba un pedazo de papel enrollado. - Y hoy he recibido esta carta, razón por la que solicitamos su presencia, el príncipe ha puesto en marcha un plan para la muerte de su padre, pero sabrá que las bajas en la milicia harán débil a Corona, por lo que solicita que a su regreso se le sea acompañado por un ejército, claro que será con el pretexto de cuidar los intereses de Arendelle en nuestras tierras que colindan con su reino.
- ¿Y nosotros que ganamos? - Preguntó Merida, ella no era una persona avariciosa, pero en ese momento sabía que la recompensa por ayudar en el golpe de estado sería mucho mayor a cualquier deuda que el antiguo rey pudiera sujetarse.
- No mucho en realidad. - La sonrisa del rey les daba a entender que era todo lo contrario. - La mitad del reino sobrante, y la sumisión del nuevo rey ante mi.
El jadeo fue grupal, no podían pensar que tan critica era la situación como para que el ahora rey decidiera tomar aquellas medidas, pero sabían que la mentalidad de la mayoría de las personas en la desesperación de perder todo, se sujetan a tratar de salvar lo más posible.
- Claro que la palabra del rey Kristoff no vale ni siquiera el papel en que lo firmo. - Dijo nuevamente el rey. - En caso de que trate de traicionarnos...- su sonrisa se hizo tan grande que parecía partir su rostro. - Tendremos un ejército listo en su reino.
Sir Klaus se levanto de su silla, y se inclino ante su rey.
- Disculpe usted mi arrebato, debí confiar mas en mi rey.
Ambos concejales que vieron la escena no tardaron en imitar la acción del hombre.
Aunque Merida sentía su ser vibrar de emoción ente la energía de las palabras de Anna, como incluso con sus palabras, y dejando las ideas en planes, emergía aquel poder que ejercía "SU" rey.
- Los dioses protejan y salven Arendelle. - La voz del rey les hizo erguirse.
- ¡Los dioses protejan y salven Arendelle!
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Los barcos con diferentes banderas se acercaban al reino, los mismos ciudadanos esperaban la celebración por el aniversario del nacimiento de su rey.
Los niños veían con emoción a la armada real pasear entre las calles montados en sus grandes caballos, incluso dejándoles subir de vez en cuando.
Niños y niñas jugaban con pequeñas espadas sin filo simulando a aquellos hombres y mujeres que servían a su reino.
Los comerciantes preparaban sus mercancías, sabiendo que sus bodegas quedarían desiertas apenas las vieran.
Incluso los pueblos más alejados de la capital habían detenido sus actividades con tal de celebrar, siendo que todos podían darse aquel lujo, pues desde que el rey había tomado al reino ningún ciudadano tendría que pasar ninguna carencia. Solo aquellos que seguían laborando era porque querían aprovechar al máximo el comercio.
A los niños de los diferentes orfanatos se les dio un documento en el que podrían comprar lo que quisieran y el reino respondería por ellos, con tal de no hacerlos sentir menos. Después de todo al rey, se le llamaba la madre de todos lo niños de Arendelle.
Dos sirvientas de alcoba le ayudaron a ponerse su vertido.
Y aunque le costaba admitirlo, Elsa estaba bastante impresionada por los vestidos que le habían sido confeccionados, el de aquel primer día era como si en la tela estuviera hecha de una capa de hielo, brillando con cada uno de sus movimientos. Su cabello fue peinado en un bello moño, y con un poco de maquillaje le hizo resaltar su belleza natural.
- Al rey seguro le encantará verla. - Dijo Gerda entrando a la alcoba.
Las mejillas de Elsa se encendieron con un nada saludable rubor.
La mujer sonrío enternecida. - La está esperando.
La emoción hacia que su corazón latiera desesperado en su pecho, y al verla parada al final del pasillo supo el porque.
El rey de Arendelle iba vertido con un traje militar de color azul marino, una banda de terciopelo bajaba por su hombro derecho cubriendo hasta su codo y su hombro izquierdo era adornado por una charretera dorada, su pecho izquierdo estaba repleto por medallas de oro y plata, de su cintura colgaba una espada de oro en un cinturón blanco acentuando su fina cintura. Con un pantalón blanco que abrazaban aquellas majestuosas piernas como si de una segunda piel se tratase, y por ultimo zapatos negro que parecían brillar con luz propia.
No supo cuánto tiempo ambas admiraron a la otra, pero fue el suficiente para que Kái las buscará.
El brazo del rey fue ofrecido para que Elsa lo tomará, sonriendo con las mejillas sonrosadas. - ¿Vamos?
Las manos de Elsa rodearon el brazo ofrecido, regalándole una sonrisa al rey. - Será un placer.
