Aqui esta mi nueva adaptación espero les guste.
**Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor
Capítulo Doce
Bella
—Mierda. Lo siento —dijo mientras mi cara chocaba con su pecho.
Hice una mueca de dolor y no porque mi nariz se hubiera llevado la peor parte de la colisión de todo el cuerpo, sino más bien porque mi día, ya de por sí de mierda, había empeorado.
Esa mañana, una semana después de que Edward me había destrozado con la alegre noticia de que en realidad no me odiaba, me encontré con que necesitaba una trapeadora y una tonelada métrica de blanqueador de mierda. ¿Por qué un trapeador y suficiente blanqueador para quemar los pelos de mis fosas nasales diez veces más? Porque mi increíble estudio terminado con un mural de unicornio y cada una de las obras de arte que Elizabeth había hecho estaba cubierto de mierda.
Literalmente mierda.
Era un viernes por la mañana cuando me había despertado, todavía drogada de mi visita con Elizabeth la noche anterior y rota de la rutina de los fantasmas del Sexto Sentido de Edward. Pero era viernes. La gente era feliz los viernes, bueno, la gente que no trabajaba todo el día pintando cuadros que nunca serían lo suficientemente buenos para vender porque su hermana, que había sido un grano en el culo pero que era la pintora más talentosa del mundo, había fallecido, de todas formas esa gente era feliz los viernes.
Yo, por otro lado, odiaba los viernes porque comenzaba en el tramo más largo de la semana antes de que pudiera volver a tener mi elevada²(2) Elizabeth y bajon Edward otra vez.
También apestaba porque sin duda Alice trataría de arrastrarme a una horrible hora feliz o a una pesadilla de citas rápidas y tendría que inventar una razón ridícula para no poder ir.
Pero no esta noche. Porque, esta noche, tenía una excusa válida.
Mi estudio estaba lleno de mierda.
En algún momento de la noche a la mañana, el inodoro, la ducha y los dos lavabos de mi estudio se habían llenado de aguas residuales suficientes para llenar una piscina. Vale, tal vez eso era una exageración. Pero era mucho, sin embargo.
Llamé al fontanero y él echó un vistazo a mis cañerías y se rió. No, literalmente se rió.
Parecía que mi contratista había hecho lo justo para pasar la inspección, pero no lo suficiente para evitar que se derramaran galones de aguas residuales en mi casa cada vez que llovía.
Una pequeña fortuna y seis horas más tarde, fue capaz de arreglar mi problema y bombear la pulgada de suciedad inducida por el vómito que se había acumulado en el suelo.
La limpieza de las secuelas dependía de mí. Había llamado y encontrado una compañía que podía venir a primera hora de la mañana siguiente para quitar la mayoría de mis pisos, pero necesitaba limpiarlos lo más posible para que no se filtrara por el yeso.
De ahí por qué había estado corriendo por el supermercado en busca de un trapeador y de mi peso corporal en lejía cuando me había topado de frente con nada menos que Jasper Whitlock.
Hola, Karma me alegro de volver a verte.
—Mierda. ¿Estás bien? —dijo, el reconocimiento golpeando sus ojos.
—Muy bien —contesté, frotando mi nariz para ver si estaba sangrando. No lo estaba. Aunque, por un momento, deseé que lo hiciera para tener una excusa para escaparme. Al alejarme, le dirigí una sonrisa incómoda.
—Hola, Jasper.
—Oye —contestó, brusco pero optimista, como si fuera una de esas personas que se emocionaban por los viernes.
—Lo siento —murmuré, rodeándolo. No conocía a Jasper, no realmente, de todos modos, la mayor parte de lo que sabía de él lo había aprendido cuando Alice y yo habíamos hecho nuestra investigación antes de regresar como Marie.
Habíamos hablado un par de veces, durante la mayor parte de las cuales él se había quejado y refunfuñado, era el mejor amigo de Edward, pero eso no me obligaba a quedarme en el supermercado y charlar. —Que tengas un buen fin de semana.
—Isabella, espera. ¿Podemos hablar un minuto?
Me quedé quieta, con los párpados cerrados mientras gemía internamente. No. La respuesta era no. No teníamos nada de qué hablar, no habia nada más que decir, no habia más disculpas que dar. Era una persona horrible. Lo sabia. No necesitaba otro recordatorio. Así que agaché la cabeza, abrí la boca y grité —Claro, ¿qué pasa? —¡Malditos sean mis modales!
Para mi sorpresa, me sonrió. Había visto muchos ceños fruncidos de ese hombre, así que la sonrisa me tomó desprevenida. Y hay que señalar que era una sonrisa preciosa, del tipo que Alice perdería la cabeza, pero como él estaba sosteniendo una canasta con nada más que una caja de condones dentro, me imaginé que otra mujer perdería la cabeza por ello más tarde esa noche.
—Está confundido —dijo, lo que me confunde a mí.
—¿Huh?
—Edward. Está confundido, echa de menos a Marie, bueno, te extraña cuando eras Marie, ahora, él tiene estas diferentes versiones de ti. Isabella, la niña pequeña, Isabella, la mujer que le mintió, Isabella, la hermana de la madre de su hija. y no sabe en qué compartimento meterte en su cabeza.
Parpadeé ante él. —¿De qué estás hablando? Todas esas personas son yo.
—Correcto, pero Edward no vive su vida de esa manera, desde que...
Miró alrededor del pasillo de limpieza y luego bajó la voz. —Desde ese día, vive su vida en pequeñas cajas mentales. Tiene una para el trabajo, una para Elizabeth, una para mí, una para Emmett, una para el centro comercial. Y cada caja tiene su lugar, porque dentro de esas cajas en su cabeza, él no sólo tiene que decidir lo que va en ellas. Él decide lo que se queda fuera.
Levantó las cejas con fuerza. —Pero tú eras diferente, no lo entendí mientras sucedía, pero cuando tú eras Marie, Edward empezó esta gran caja para ti en su cabeza.
Eras la madre de Elizabeth, la única cosa que siempre deseó tener cuando era niño. Y tú sabías de su pasado, así que si él quería que eso estuviera en su caja o no, no importaba. Y luego sólo estabas tú, la bella mujer que hizo sentir al Hombre de Hojalata —Sonrió —Ahora todas esas personas viven en compartimentos diferentes. Está enojado con la mujer que le mintió, echa de menos a la mujer de la que se estaba enamorando. Y está casi paralizado por la culpa cuando está cerca de la chica del centro comercial —Se encogió de hombros. —Está confundido.
Moví los ojos de un lado a otro, esperando que empezara a sonar la música de La Dimensión Desconocida. —Lo siento. ¿No me odias?
Se rió. —No. Odiaba a tu hermana, la odiaba por quedar embarazada y no decírselo a él, la odiaba por dejar a la bebé en la puerta de su casa. Y la odiaba por no mirar atrás después de que abandonara a la niña más increíble que he conocido.
Abrí la boca, pero él levantó la mano.
—Lei los diarios, sé que tenía sus razones. Pero he visto a Edward con Elizabeth, así que sé que hay una diferencia entre luchar y rendirse, varias veces desde que nació, Edward ha necesitado ayuda, pero tendrías que arrancarle a esa niña de sus brazos sin vida antes de que la dejara ir.
Mi pecho se apretó. Definitivamente tenía razón, Marie había tenido sus problemas, pero se había dado por vencida con su hija. No había pasado los cuatro años después de que Elizabeth naciera perdida en el pasado, incapaz de ver a través del miedo. Se había reído, había pintado cuadros hermosos, había tenido novios, había ido a rehabilitación. Ella había recaído, estaba obsesionada con la mujer inexistente del centro comercial, había viajado hacia Puerto Rico para visitarme. Ella había vivido una vida plena, todo mientras su hija había estado ahí fuera viviendo una sin ella.
Su mano cayó sobre mi hombro. —Tú no hiciste esas cosas, Isabella, podrías haber regresado como un tornado furioso, luchando por la custodia, arrastrando a Edward por el barro y usando todos los recursos que tenías para llevarte a Elizabeth, pero no lo hiciste. Entraste de puntillas e hiciste flores de papel en la mesa de su comedor. No me gustan las mentiras que dijiste, pero tampoco tengo ninguna razón para odiarte.
Me mordí el labio inferior. Maldición, ¿por qué se sintió tan bien? — Gracias. Eso significa mucho.
—Él tampoco te odia, ya sabes.
—Sí. Ha mencionado eso, pero luego, poco después, dijo que quería olvidarme, así que no tengo la esperanza de que las cosas entre nosotros cambien pronto.
Se encogió de hombros. —Con quince años de experiencia tratando con Edward Cullen, puedo decirte que necesitas escoger una caja.
Tu nombre es Isabella, pero sigues siendo la Marie que regresó. Haz que recuerde eso, está confundido —Volvió a sonreír, su mano dejando mi hombro para meterse en el bolsillo de sus pantalones, y bajó su voz a un susurro.
—Desconfundelo.
—¿Cómo? —Le rogué. —¿Sólo dime cómo?
—Eso sí que no lo sé. Personalmente, nunca he intentado que se enamore de mí —guiñó el ojo y hundió su barbilla. —Que tengas un buen fin de semana, Isabella.
—Tú también —me las arreglé para graznar mientras lo veía alejarse.
Había dicho muchas palabras, la mayoría de las cuales entendí, pero el concepto de desconfundir a Edward, después de todo el infierno que le hice pasar, parecía imposible.
Pero quizás lo que él dijo seria lo mejor...
Toda nuestra vida era una imposibilidad tras otra.
Podía hacerle recordar que yo seguía siendo la misma mujer que se lo follaba con los ojos desde el otro lado de la habitación, se acurrucaba en su regazo cada vez que podía, y se reía con él por culpa de un pastel de queso. Podía caber en cualquier caja que él quisiera, siempre y cuando me quisiera.
Las cosas podrían haber cambiado, pero yo seguía siendo yo.
Sólo que, al salir de la tienda ese día con una esperanza renovada que me infundió esperanza, me di cuenta de que nunca sería realmente yo, mientras que el mundo todavía pensara que yo era Marie Swan.
Acababa de cargar el último galón de lejía en mi maletero cuando la mano de un hombre chocó con mi garganta y me empujó a la parte trasera de mi coche, el trapeador me golpeó en el costado cuando me caí, pero ni siquiera pude gritar alrededor de su sujeción.
—Maldita perra —rugió. —¿Qué le dijiste? —El pánico me consumió, pero desde su barba rubia hasta su corte de pelo, no me catapulto al primer recuerdo.
—Déjame ... ir—gruñí, arañando su muñeca.
Me dio un fuerte empujón, mi cabeza golpeó bien el neumático por dentro, pero finalmente me soltó.
Jadeé por oxígeno. —No sé de qué estás hablando.
Él se rió sin humor. —Después de todo lo que hice por ti. ¿Así es como me jodes? Bueno, ¿adivina qué, Marie? Puedo joderte diez veces más peor.
Marie. Por supuesto. Se cernía sobre mí mientras yo me balanceaba mitad dentro y mitad fuera de mi pequeña área del maletero.
—¿Dónde está?— Gruñó. —¿Dónde diablos está?
Mi pulso tronaba en mis oídos mientras yo sacudía mi cabeza. —No lo sé. No soy Marie. Soy…
—Lo juro por Dios, mujer, no intentes esta mierda conmigo, tu maldita hermana está muerta, lo he comprobado sólo puedes fingir ser Isabella un número limitado de veces antes de que tu acto se vuelva rancio. Te dejé que me arrastraras a esto, pero no dejaré que me cuelgues del culo hasta que me seque —Tomo mi bolso y revisó mi billetera para quitarme la identificación. —Sí, claro, no eres la maldita Marie.
Di un grito, levantando mis manos en defensa mientras él se echaba hacia atrás y me tiraba el bolso, me golpeó en la cara, la hebilla en el frente me golpeó en la mejilla.
—¡Hey!—gritó un hombre. —Aléjate de ella.
Mi atacante levantó la vista y rápidamente empezó a arrastrar los pies mientras se metía mi identificación en el bolsillo.
—Me pasaré por tu casa el domingo y te juro por Dios que si no tienes esa maldita memoria, es tu cabeza la que va a rodar, no la mía —Sus pies golpearon el pavimento cuando salió corriendo.
Casi inmediatamente, otro hombre apareció, pero éste lo reconocí, en cuanto vi a Jasper, se desmoronó toda la fuerza que tenía.
—Oh, Dios —dije con voz ronca.
Me ayudó a ponerme de pie y me empujó directamente a un fuerte abrazo. —Shhhh, está bien, sólo relájate, se ha ido —Su mano se deslizó hacia arriba y hacia abajo por mi espalda. —¿Sabes quién era?
Agité la cabeza y tragué con fuerza, haciendo todo lo posible para mantener el temblor fuera de mi voz.
—Él...él pensó que yo era Marie, creo que ella le robó algo. No lo sé.
—Muy bien. Bien —murmuró, yo estaba vagamente consciente de que estaba sacando el teléfono. —Sólo respira, te tengo, todo está bien.
²Cuando dice elevada se refiere al efecto que produce una dosis de droga, en este caso Elizabeth y bajón es el efecto posterior a la droga en este caso Edward.
Muchas gracias por sus reviews
ichigoneeko
marme
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Vanenaguilar
