Muchísimas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Haciendo Spam de mis propias historias, agradecería mucho que le dieran una oportunidad a otros trabajos míos.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XXII. Por verla a ella.

El sol estaba en lo alto del cielo, mientras que los invitados desembarcaban en los muelles de Arendelle.

No todos los socios comerciales habían sido invitados, pues al igual que con Corona, algunos de ellos no eran bienvenidos en Arendelle, y sin embargo más de uno habían arribado con la esperanza que el rey no los regresara a sus respectivos reinos o países.

La gran mayoría estaba ahí con otras intenciones diferentes a las de festejar. Pues los ojos analíticos habían observado con entera atención cada movimiento del reino anfitrión, y el rey era consciente de ello.

Y aunque era la perfecta oportunidad para mostrar el poderío del que se jactaba, la mayoría de reinos temía que Arendelle estuviera creciendo mas de lo debido, por lo que se acordó que la cara que mostrarían por lo menos en un comienzo, sería la de un reino amigo, sin dejar que está se saliera de las manos y hacer pensar que eran débiles.

Una tarea tortuosa, pero no imposible.

Sentir la mano de Anna sobre la suya mientras caminaban a la entrada del castillo, era el mayor contacto que habían tenido en semanas. Y aunque sabía que no iba a suceder, Elsa esperaba que el rey le diera alguna explicación por su encierro, o por lo menos que le dijera directamente, lo que Kai y Gerda le repitieron hasta el cansancio.

Las puertas del castillo permanecían cerradas, mientras que la guardia real esperaba la orden del rey.

Los caballos estaban perfectamente formados como si no estuvieran vivos figurando las más majestuosas estatuas, mientras que los hombres mantenían su posición, y aunque se podía pensar que solo era un protocolo para realzar a la corona, pues cada uno de ellos portaba sus armaduras con tal elegancia que hacia ver el cuadro entero como una obra de arte, sin embargo, cada guardia tenía una sola orden, proteger a su rey.

La mano de Anna soltó por un breve instante a la Elsa, alzándola al aire.

Pese al tumulto de gente que permanecía fuera del castillo, fue como si en un instante todo el mundo se silenciara, aguardando impacientes las palabras del rey.

- Que se abran las puertas.

Las puertas que durante siglos habían estado custodiando al castillo fueron abiertas, los gritos de celebración estallaron.

Aun en la distancia, Elsa fue capaz de ver como la gran caravana comenzaba a avanzar, y no sólo ella sino que el pueblo entero veía impresionados las carretas rebosantes de regalos para el rey, como los caballos hacían lo posible por mantenerse firmes mientras que llevaban a cuestas los carruajes.

El protocolo era simple, los invitados directos del rey deberían ingresar al castillo para el baile de apertura. Mientras que aquellos que no tenían la carta de invitación celebrarían junto con el pueblo.

Cada rey, duque, príncipe, y socio habían preparado su entrada desde que se les hizo llegar la invitación, pues nadie estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de impresionar por lo menos un poco al rey de Arendelle.

La hija del Zar del Imperio Ruso fue la primera en hacer su entrada.

Aquellos fieros y grandes hombres, todos y cada uno uniformados con elegantes trajes rojos, contrastando con sus pálidas pieles, hicieron sonar con impresionante sincronización sus pasos, con furor se alinearon frente a la propia guardia de Arendelle, como si los retaran.

De pronto en medio de ellos camino con orgullo una mujer, de cabellos castaños, su vestido color crema estaba cubierto de piedras preciosas resplandeciendo con cada uno de sus pasos. Sus ojos grises conectaron con el rey, dejando ver una pequeña sonrisa cuando estuvo frente a ella. Siempre siendo seguida por un guardia que cargaba consigo un baúl de madera sólida.

- Rey Annabella. - Dijo tomado su vestido y haciendo una pequeña reverencia. - Permítame felicitarla, y espero acepte un regalo de parte de la madre Rusia.

El guardia dio un paso frente y dejo el baúl en el suelo, Anastasia le hizo una indicación y este abrió la tapa del baúl.

Los rayos del sol, hicieron resplandecer aquel resguardado tesoro como si de pronto una estrella hubiera sido bajada y le fuera regalada al rey.

Una fina y magnifica obra de arte estaba frente a ella, era una pequeña representación del castillo de Arendelle, las ventanas, puertas y otros detalles eran piedras preciosas que hacían que cada uno de ellos solo demostrará el hermoso trabajo del artesano que lo había hecho, incluso el mar era representado por decenas de zafiros.

Los ojos del rey brillaron con sorpresa, no por el costoso regalo, sino por la belleza de este. Y dejo ver su felicidad con una gran sonrisa.

La princesa Anastasia imito la sonrisa del rey, por el hecho que aunque el regalo ofrecido había sido de gran costo aun para la realeza, no se podía comparar al hecho de tener de su lado el favor de Arendelle, y al igual que el Imperio Ruso, ninguno de aquellos que fueron invitados había escatimado gastos con tal de darle al rey una sorpresa, aun sabiendo que pudiera tener cualquier cosa que desee.

Los guardias rusos avanzaron para quedar detrás de su princesa, esperando al siguiente invitado.

Pieles de animales tan exóticos como hermosos fueron solo algo de lo que el rey recibió, reliquias de reinos antiguos, esculturas y pinturas de los más reconocidos artistas del mundo le fueron ofrecidas.

Pero a pesar de todos aquellos tesoros que presenció a un lado del rey, a Elsa le fue indiferente al ver a su hermano, había pasado tanto desde la ultima vez que lo había visto, que por un instante le pareció que fuera hacia años que lo tuvo enfrente.

- Rey Annabella. - A diferencia de la ultima vez que lo había visto, el príncipe Kristoff hizo una gran reverencia, aun más de lo que debía hacerlo. - Agradezco la invitación, y espero pueda permitirme agradecerle con esto.

El guardia que acompañaba al rubio parecía renuente a acatar la orden dada, sin embargo al ver a los ojos miel del aun príncipe, abrió la pequeña caja de madera que cargaba en sus manos.

La antigua princesa de Corona jadeo de sorpresa al ver aquella pieza que era ofrecida al rey, y aunque para la mayoría podría parecer una simple argolla de oro, en su reino natal aquel objeto era considerado sagrado, pues se decía que el primer monarca del reino, había sido elegido por Dios y que el mismo le había dado el anillo de oro que estaba frente suyo.

Sin embargo para Anna, aquel era un simple anillo, pero al ver la expresión de sorpresa de la mujer de cabellos platinados, supo que ello podría ser más que oro, por lo que sonrío y agradeció por el regalo.

Los invitados fueron escoltados a un salón para que pudieran descansar mientras que sus pertenencias eran alojadas en las recámaras que ocuparían.

Mayordomos y mucamas estaban vestidos para la ocasión, sin dejar ningún detalle al azar, sus trajes y vestidos parecían incluso ser de alta costura.

Al llegar al salón, la mesa principal estaba servida para el banquete antes del baile.

Los invitados fueron sentados en la gran mesa, mientras que veían como los platos y copas que serían utilizados eran de los más finos materiales.

El rey fue el último en sentarse, mientras que inspeccionaba a los presentes.

Y con una sola indicación, la comida fue servida.

Todos deleitaban con asombro, la perfecta combinación entre los vinos y la comida, pues con cada bocado era como si el edén les fuera ofrecido.

Los ojos de Elsa se llenaron de orgullo al ver que su trabajo era apreciado por tan distinguidas personas.

La platica durante la comida, fue mayormente entre los mismos acompañantes de cada uno de los invitados.

Sin embargo Elsa disfruto de la compañía de su hermano, aunque su mirada más de una vez se desvió hacia el rey que platicaba con sus concejales sentados a su lado.

- Todo va según lo planeado. - Dijo Sir Klaus, vistiendo su traje militar, haciendo que cada persona que lo viera quedara impresionada.

- Solo es el comienzo. - Refutó Tarzan con cierto cansancio, pues al igual que el rey no disfrutaba las fiestas. - No cantemos victoria todavía.

- ¿Ya sabe con quién iniciará el baile? - preguntó fingiendo solo pura curiosidad, Merida.

El rey tomo su copa de vino, y dio un ligero sorbo, pues al igual que Elsa, más de una vez había desviado su mirada hacia ella. Y cada que lo hacía, veía cómo está platicaba animadamente con Kristoff, haciendo que su estómago tuviera un movimiento extraño, como si su cuerpo le advirtiera de algo.

- Tu eres mi pareja de baile, pero eso ya lo sabes.

Y pese a su tono duro, una gran sonrisa en los labios de la rizada.

Todos los invitados fueron guiados al salon secundario, dónde los platos fuertes habían sido remplazados con mesas con bocadillos y copas rebosantes de vino. Y una orquesta se preparaba para tocar toda la noche de ser necesario.

Todos sabían que el primer baile debía ser de la anfitriona, por lo que dejaron la pista despejada para ello.

Sir Klaus se aclaró la garganta llamado la atención de los presentes.

- Con gran orgullo, me permitió presentar al monarca de Arendelle, el Rey Annabella.

Con pasos lentos, mostrando con cada uno de ellos un orgullo aplastante se acerco al podio.

- Les agradezco su presencia, y disfruten el baile.

Los aplausos guiaron al rey, que se acerco a Mérida.

Haciendo una ligera inclinación, le pidió un baile a la heredera de una de las más antiguas casa de Arendelle.

Con las manos en alto, se acercaron al centro del salón, la orquesta se preparó para tocar.

La mano del rey se poso sobre la cintura de su pareja, mientras que ella poso la suya sobre el hombro de Anna, sus miradas en ningún momento evitaron a la otra.

Un vals lento guió los pasos, mientras que los espectadores veían con admiración, pues cada movimiento era seguido por su pareja como si ambas mujeres hubieran nacido para la otra, sus cuerpos eran guiados por el ritmo de los instrumentos, ninguna resplandecía más que la contraría, siendo ambas un todo.

Un agudo dolor emergió de Elsa, pues no podía negar que el baile que veía era hermoso, sus ojos seguían cada uno de los pasos del rey, como su gallarda figura hacia que cada uno de ellos se viera tan elegante y fino como si fuera sacado de sus más anheladas fantasías.

Y por un momento se imagino a ella en vez de aquella mujer que disfrutaba del baile. Incluso podía sentir como su cuerpo sería pegado al del rey, como sus manos la tomarían y guiarían.

Y no era la única que veía maravillada el baile, pues todos los presentes, estaban ahí por verla a ella.