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Por primera vez en su vida, Hermione agradeció que las enfermedades fuese comunes en esos tiempos. La salubridad no era un asunto que se pudiera controlar de la forma en que sí se podía en el mundo moderno, y los curanderos hacían muchas ganancias tratando dolencias, tal como los médicos muggle del tiempo donde venía ella.
Menos común era que un miembro de la realeza cayeran enfermo, pues las pestes usualmente se diseminaban entre los pobres, y la aristocracia rara vez entraba en contacto con la plebe. Por eso, Hermione consideró un auténtico golpe de suerte que un príncipe local hubiera caído enfermo.
Harry y ella habían sido escoltados al castillo para atender a este príncipe. Los guardias habrían dejado a Harry afuera, pero ella les dijo que él era su asistente. Ninguno de los guardias puso más peros.
Para que nadie sospechara, Hermione había transformado su confiable bolsa de cuentas en un saco de cuero, más acorde a la época. Sin embargo, el encantamiento de extensión indetectable no había resultado afectado, por lo que pudo guardar muchas cosas, como pociones curativas, algunas raciones de alimentos para usar en caso de emergencia, e incluso la carpa que habían usado durante la búsqueda de los Horrocruxes, transformada para que pasara desapercibida en ese tiempo.
—Voy a necesitar privacidad —dijo Hermione a los guardias, y ellos se retiraron, cerrando la puerta tras ellos. Ella sabía que ellos seguirían observando desde la lejanía, pero aquello hacía más fácil lo que pretendía hacer.
Hermione se posicionó en un ángulo tal que los guardias no pudieran ver que estaba empleando su varita para examinar el cuerpo del príncipe. Harry, mientras tanto, miraba a sus alrededores, juzgando increíble que hubiera retrocedido mil años en el tiempo. Claro, había hecho algo como eso antes, pero el retroceso había sido mínimo, unas cuantas horas, nada más.
—Hermione.
—Dime.
—¿No crees que estás olvidando algo?
—¿Algo como qué?
—Dijiste que no debíamos intervenir en los acontecimientos. —Harry bajó el tono de su voz, de modo que los guardias afuera no le escucharan—. No llevamos siquiera unas cuantas horas en el pasado y ya estás rompiendo esa regla.
—Relájate, Harry —dijo Hermione, encontrando la causa de la enfermedad—. Pude haber escogido el paciente con más margen, pero como que contaba con encontrar enfermo a este príncipe.
—Dijiste que había sido un golpe de suerte.
—Fue un golpe de suerte encontrarlo tan pronto —puntualizó Hermione, buscando en el saco de cuero y tomando un líquido de un horrible color amarillo chillón—. Pensé que debía esperar unos pocos días, días que no tenemos, ¿recuerdas?
—¿Y cómo supiste sobre este príncipe?
—Leyendo —dijo Hermione, haciendo que el príncipe bebiera la pócima—. Es importante documentarse correctamente sobre la época a la que uno viaja, sobre todo cuando retrocedemos un milenio hacia el pasado. Las fechas son poco precisas, por eso pensé que debía esperar más tiempo.
—Lo que tú digas. —Harry miró la cara del príncipe y vio que ya no estaba tan pálida—. ¿Y es correcto que este personaje sobreviva a su enfermedad?
—Si muere, no habrá rey de Inglaterra —dijo Hermione. Harry no hizo más preguntas.
Hermione guardó todos sus utensilios, manteniendo el mismo ángulo que impedía que los guardias vieran lo que ella estaba haciendo. Cuando hubo acabado, se puso de pie y abrió la puerta.
—Su príncipe estará bien —dijo.
Harry y Hermione salieron del castillo con las suficientes monedas de oro para comprar un rebaño de ovejas. Sin embargo, compraron un par de caballos y víveres para el largo viaje que les esperaba, y aún les sobraba dinero para un montón de cosas más.
Emprendieron el camino hacia lo que en su tiempo era Escocia cuando el sol estaba a medio camino hacia el poniente. Usaron a las caravanas de carreras y caballos para guiarse e ir por los caminos más seguros. Harry decidió que irían a campo través solamente en caso que fuese estrictamente necesario. De todos modos, en ese tiempo había más bosques que en la época a la que pertenecían y era fácil perderse.
Las caravanas comenzaron a ralear y fue más difícil encontrar el sendero, aparte que el sol se estaba escondiendo. Harry decidió atravesar el último bosque y acampar en el borde de éste, donde estarían guarecidos del viento que provenía del sur. Ambos desmontaron y armaron la carpa cuando estuvieron seguros que no había nadie observándolos. Harry tejió encantamientos defensivos en un radio de unos diez metros, mientras que Hermione preparaba el fuego con leña suelta del bosque.
Hermione había decidido emplear los víveres que compró en la aldea, pues se trataba de pan fresco y carne recién faenada, y si los dejaban para después, se estropearían, y habrían perdido dinero en balde.
Minutos más tarde, ya había anochecido por completo y el olor de la carne hizo que a ambos se les hiciera agua la boca. Ambos usaban unos leños secos a modo de asientos y comían pan con mantequilla artesanal. Los cubiertos eran algunas de las pocas cosas que habían traído desde su época, pues estaban hechos de acero inoxidable y era improbable que los dejaran tirados por ahí.
—¿Sabes, Harry? —dijo Hermione para romper el silencio—. No te he contado algo importante.
Harry tragó un trozo de carne antes de responder.
—¿Y de qué se trata? ¿Rompiste con Ron?
—No, no es eso —repuso Hermione con una ligera carcajada—, aunque entiendo tu preocupación. Ron se ha comportado bien conmigo, aunque ha tenido muchas tentaciones en las fiestas a las que va.
—¿Y estás segura que no te ha sido infiel? ¿Lo has comprobado personalmente?
—Bueno… no, pero sus amigos me han dicho que no se ha involucrado con ninguna chica.
Harry frunció el ceño.
—¿Y no te has puesto a pensar que, tal vez, sus amigos están tratando de protegerlo? —Harry notó cómo Hermione le estaba mirando, por lo que añadió—. No estoy insinuando que Ron sea infiel. Lo único que te estoy diciendo es que su fidelidad no será un hecho hasta que te hayas asegurado de eso. Sabes cómo era cuando estudiábamos.
—Agradezco tu preocupación, Harry, pero estoy bien con Ron —dijo Hermione en un tono tranquilizador—. Además, soy mujer. Sabría en el acto cuándo Ron me está mintiendo. Y, hasta el momento, no he encontrado nada que me haga sospechar de él.
Harry asintió con la cabeza, denotando su aprobación.
—¿Y qué era eso tan importante que debías decirme?
Hermione frunció levemente el ceño. No sabía qué era lo que le molestaba de la situación, pero intuía que tenía que ver con el comportamiento de Harry. Él no se caracterizaba por tener mucho tacto con temas sensibles, pero en ese momento, había mostrado una faceta que jamás le había visto antes. O podía ser que, simplemente, Harry maduró. Sin embargo, la incomodidad no se esfumó.
—Lo que pasa es que… bueno… la noche en que me despidieron… o mejor dicho, la noche en que me obligaron a renunciar, fui a tomarme una ducha y, cuando me miré en el espejo, había algo en mi espalda.
—¿Un tatuaje?
Hermione se quedó mirando a Harry con descortés incredulidad.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo también tengo uno en mi espalda. Si quieres, te muestro.
Harry se levantó la ropa, dejando al descubierto la espalda y Hermione vio, con asombro y un poco de miedo, el tatuaje animado de un dragón. Tenía la misma estructura y arte que el que tenía ella.
—Es un dragón —dijo Hermione con voz queda—. ¿Tú te lo hiciste?
—No. Apareció como de la noche a la mañana. Cuando estaba secuestrado, no estaba. Y el tuyo, Hermione, ¿de qué es?
—Podría mostrártelo…
—No es necesario —interrumpió Harry, sabiendo que, con las ropas de esos tiempos, Hermione tendría que mostrar más de lo políticamente correcto—. Solamente dime qué es.
Pero ella frunció el ceño.
—¿No quieres verlo?
—No quiero verte en pelotas. Tendrías que levantarte todo el vestido.
—Por favor, Harry, no seas tonto —dijo Hermione, soltando una carcajada—. Estoy segura que has visto a Ginny desnuda. No vas a ver nada que no hayas visto antes.
—Sólo… dímelo, por favor. No quiero tener pesadillas cuando duerma.
Hermione no podía decidir si Harry estaba hablando en serio o no. ¿Realmente consideraba que ella no era atractiva, e incluso fea? Pero luego recordó que su bienestar no dependía de cómo otros la veían, aunque el comentario sí le dolió un poco.
—Uy, de acuerdo —gruñó Hermione en tono de broma—. Es un fénix. Y también se mueve.
Esta vez fue Harry quien frunció el ceño. Hermione era una chica que se preocupaba por su cuerpo y no mancillaría su piel con un tatuaje. Aquello implicaba que debió haber aparecido sin que ella se diera cuenta.
—Un fénix —dijo Harry, llevándose una mano al mentón—. ¿Por qué un fénix?
—A mí que me cuelguen —repuso Hermione, mirando a Harry con un poco de suspicacia—. ¿Estás seguro que no quieres verlo?
—Sé cómo luce un fénix.
—Podría estar mintiéndote.
—¿Por qué quieres que vea tu tatuaje? —inquirió Harry, dirigiendo una mirada penetrante a Hermione—. ¿Acaso quieres que te vea en pelotas?
Hermione se puso colorada.
—No seas pesado, Harry —le dijo, golpeándole en el hombro a modo de broma—. Sólo quiero que te convenzas de que estoy diciendo la verdad. Se supone que somos amigos. No quiero ocultarte nada.
—Y como amigos, se supone que debo confiar en ti —repuso Harry, desarmando el argumento de Hermione. Ella se quedó en silencio, pensando que, tal vez, Harry tenía razón. Iba a disculparse cuando escuchó que alguien parecía llamarlos desde el sendero. Pero aquello era imposible. Se suponía que estaban protegidos por los encantamientos defensivos. Pensando que, quizás, había escuchado cosas, Hermione iba a retomar la conversación cuando volvió a escuchar el llamado.
Esta vez, ya no pensó que había imaginado esa voz. Alguien sabía que ellos estaban ocultos por los encantamientos defensivos, lo que traía una implicación aún más increíble.
Hermione se asomó por la entrada de la carpa y divisó a un hombre montado en un corcel imponente. El sujeto que montaba el animar era igual de imponente: tenía brazos gruesos, se antojaba alto y las facciones de su cara eran toscas, y, sin embargo, no había rastro de animosidad en ellos.
—Buenas noches, mi buena dama. ¿Podría disponer de un poco de su tiempo, si no es mucha la molestia?
Hermione se quedó helada cuando vio con más detalle al hombre. Ese personaje no era solamente un mago común y corriente. Era el mago que le dio nombre a la casa en la que ella había entrado en Hogwarts.
Era Godric Gryffindor.
