Los personajes de Inuyasha no son míos,
pertenecen a su creadora Rumiko Takahashi,
yo solo los utilizo para fines de entretenimiento y sin fines de lucro.
La historia es de mi propiedad y queda prohibido su uso, adaptación y publicación sin mi autorización.
La Flor Más Bella Del Oriente
Capítulo 3: Honor
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Tomó la empuñadura con sus manos, giro los puños acoplándola a sus extremidades y entorno sus ojos para mirar con detenimiento el grosor de la hoja, notó a contraluz la oxidación y las imperfecciones, si esa fuera su espada en una batalla real con seguridad acabaría muerto. Era mil veces preferible luchar con una estaca afilada que con esa imitación de espada. Sesshōmaru se preguntó si realmente esperaban que se conformara con eso como arma provisional; era menos larga que una normal, vieja, enmohecida y ni siquiera tenía brillo. Lanzó un vistazo a sus otros compañeros quienes emocionados y alegres se conformaban con las espadas antiguas que se les había entregado.
—"Ignorantes" — Pensó, se sentía un poco humillado, imaginar que aún los consideraban unos novatos y no entregarles armas de verdad. "Si tan solo tuviera la espada de mi padre…" —La tomó apuntándola hacia el suelo y de un rápido movimiento la encajó en la tierra, o lo que se pudo ya que solo una parte de la punta quedo enterrada y después de eso cayó inerte a un costado. Esto último hizo que le tronaran los dientes del coraje.
— ¿Tienes algún problema con tu espada Sesshōmaru? —Le cuestionó su instructor.
— ¿Es de verdad necesario que responda?
—No tienes por qué estar tan desilusionado, esta solo es temporal, un par de semanas, un mes a lo mucho. —El chico solo bufo. Era un niño, no podía hacer mucho…. Todavía. —Vamos hay que comenzar con la práctica. — Se encamino al área destinada con Sesshōmaru tras de él. —Supe que tu padre se fue a una misión muy especial hoy en la mañana. —Volvió a verlo por el rabillo del ojo. El joven Taishō permaneció en silencio sin volver a verlo siquiera. —Nadie sabe mucho de esa misión, pero dicen que es muy importante para que el mejor hombre de nuestro señor haya tenido que ir. Espero… estoy seguro que… —Sesshōmaru se le adelantó a pasos rápidos dejándolo atrás. —…Volverá sano y salvo.
—Las fronteras del Este han recibido unos cuantos ataques; robo violento y violaciones, parece que se están haciendo más constantes, muy seguramente se trata de un pequeño grupo de bandidos que se han coludido. —La voz de Myōga se dejó escuchar en el salón, la reunión diaria del consejo del emperador había dado inicio desde hace unos minutos y desde luego se comenzaron a informar los detalles que sobresalían en el imperio. Myōga era un hombre justo y leal a Keiji siempre al pendiente del estado. El miembro del consejo más fiel, todos escuchaban atentos con la mirada puesta en él, sentados cobre sus rodillas en un ligero cojín, mientras el emperador se situaba en su trono pensativo, descansando su codo derecho en su pierna y sobre su mano apoyaba el mentón con la mirada fija en Myōga.
— ¿Que sugieres que se haga? —Preguntó Keiji sin cambiar de posición.
—Sinceramente majestad, propongo que se consigne un pequeño contingente para barrer la zona de esos delincuentes, además de eso un mensaje conciso de la pena de muerte a quien se atreva a seguir cometiendo estos actos. —Dijo firmemente.
— ¿No cree que está exagerando un poco Myōga? —De momento se escuchó la voz de otro miembro; Shishinki, sentado justo enfrente de él en la otra fila. Todos volvieron la vista hacia el, incluido Keiji quien solo movió los ojos a la izquierda, siguiendo con el mismo porte. —Usted mismo ha dicho que es solo un pequeño grupo de bandidos, no creo que sea necesario enviar soldados a mitigar el revoltijo de unos simples ladrones. —Myōga entornó los ojos.
— ¿Dice que debemos dejar pasar este asunto? ¿Qué no hagamos nada y que ignoremos los problemas del Este? Confió en que usted mismo se dé cuenta de la enorme irreverencia que esta insinuando señor Shishinki. —Le contestó.
—Con todo respeto majestad… —Habló esta vez dirigiéndose a su líder. —Creo que este asunto no debería de preocuparlo mucho, le aseguro que en un par de meses todo se mitigara…
—Y mientras tanto en el transcurso de esos dos meses habrá más víctimas ¿verdad? —Respondió Myōga.
—O peor…—Mencionó otro miembro. —Podría empeorar. —Shishinki simplemente se encogió de hombros.
—A veces las cosas tienen que emporar un poco para mejorar después.
—Que filosofía tan mediocre Shishinki… —Habló Jaken sentado a su izquierda. —Estoy de acuerdo con Myōga, es necesario actuar ahora que es un pequeño problema, como bien ha dicho Suikotsu, la situación podría emporar, ahora son un grupo pequeño, supongamos que lo ignoramos, después tal vez no podamos detenerlo.
—Señores ¿No creen que nos estamos precipitando un poco? Hay que hallar un punto intermedio.
— ¿Y cuál es según tú, Renkotsu? —Le cuestionó Myōga.
—Hablar como personas civilizadas, con uso de razón… —Dijo mirando directamente a Shishinki y todos permanecieron en silencio de pronto.
—Mi consejo real parece no poderse de acuerdo… —La voz de Keiji, pausada y serena se hiso presente. —Aunque sinceramente me alegra que haya varios puntos de opinión. Pero les recuerdo que es mi opinión, al final de cuentas, la que vale. —Todos los presentes humillaron sus cabezas ante el comentario, mas no todos se quedaron en silencio.
—Mi señor, todos aquí sabemos muy bien que sus decisiones son sabias y que nosotros solo expresamos nuestra opinión para que usted decida qué es lo mejor. —Shishinki permanecía con el rostro abajo. — Pero le pido que considere este consejo que le daré: olvide esos pequeños conflictos en las fronteras, le aseguro que mientras menos atención le pongamos más rápido se disolverá, es mejor no hacer una tormenta en un vaso de agua…
— ¡Como puedes ser tan indiferente! —Exploto en ira Myōga. — ¿No escuchaste que muchos personas inocentes están sufriendo? niños pequeños… es una injustica…
—Le aseguro señor Myōga que yo menos que nadie soy indiferente a las injusticias… — Le miró seriamente a los ojos. Myōga pudo percibir un deje de otro sentimiento desconocido en esa mirada. De un momento a otro Keiji se levantó y camino por la larga alfombra de color rojo, nuevamente todos bajaron el rostro a excepción de Myōga y Shishinki quienes permanecían con la mirada fija el uno en el otro.
—Es cierto que en ocasiones tomar decisiones precipitadas nos juega en contra y que muy probablemente este asunto disminuya por si solo en poco tiempo… —Shishinki sonrió con alevosía hacia Myōga sintiéndose triunfador en la discusión sin embargo la sonrisa se le borro en cuanto escucho el resto del mensaje de hombre. — no obstante, el asunto por demás pequeño, concierne a la seguridad y bienestar de mis tierras y mi gente. No haré nada, aún, pero me he encargado de enviar un pequeño grupo de hombres a investigar la tumba de mi bisabuelo, la cual como bien saben ha recibido múltiples ataques. —El rostro de Shishinki se torció ligeramente, el no contaba con eso. —Además de encargarse de esa misión, les di la labor de investigar la situación en las aldeas de las fronteras y hacerme un reporte detallado con la situación actual. Si hay algo nuevo, destacable o de interés en el asunto actuaré como la situación lo amerite. —Esta vez fue el turno de Myōga para sonreír. —Espero que todos hayan entendido mi decisión y la acaten, no deseo más discusiones referentes a esta situación hasta que lleguen las noticias. — Todos los presentes respondieron con un "Si majestad"
—Disculpe alteza… —Habló Shishinki. — ¿Podríamos saber a qué personas ha enviado a esta misión?
—Soldados del imperio, liderados por mi mejor guerrero; Inu No Taishō. — Sin más que decir salió del gran salón dando por terminada la reunión, mientras que en Shishinki crecía una enorme furia que supo disimular muy bien.
—Oye Inuyasha supe que tú padre salió en una misión importante ¿Es cierto? —Preguntó curioso el pequeño Kōga mientras agitaba su espada hacia adelante, cuidando su postura, la posesión de las manos, el espacio entre sus pies.
—Sí, es cierto, se fue hoy en la mañana junto con otros hombres. —Respondió a su lado el peliblanco, concentrado en seguir la rutia que les habían impuesto; posición de descanso, prepara espada, ataca hacia adelante, retrocede, defiende, y de nuevo descansa. Las cinco filas de niños estaban distribuidas en perfecto orden de estatura y edad, Inuyasha por el rabillo del ojo pudo distinguir a su hermano mayor, metros atrás de él realizar el mismo ejercicio.
— ¿Entonces estarás solo con tu hermano por un tiempo?
— Si, eso me temo… —Respondió con un poco de fastidio.
—No se llevan muy bien ¿verdad? — Cuestionó nuevamente Kōga a darse cuenta de la actitud de su amigo.
—No, No recientemente. —Kōga se quedó en silencio comprendiendo la situación, al menos un poco, de repente se le vino una buena idea a la cabeza.
—Oye ¿Te gustaría comer en mi casa? Así no tendrás que pasar tiempo con Sesshōmaru si no quieres, después podremos pasar un rato junto con Ginta y Hakaku.
—Me parece bien. —No dudó en contestar.
Continuaron realizando esa rutina unos minutos más, después se realizaron pequeños combates en parejas en donde Inuyasha tuvo que soportar con fastidio los halagos del instructor a su hermano mayor, aunque él también asombró al hombre mayor, no era igual, no podía evitar sentirse enojado de no ser igualmente reconocido como Sesshōmaru, su padre había dicho que entre ellos no había favoritismo pero en realidad no estaba tan seguro, lo mejor por ahora era concentrarse en mejorar, en ser mejor que Sesshōmaru y lo lograría pasara lo que pasara, él siempre había querido llevar una buena relación con su hermano mayor, él y su padre era la única familia que tenía y entendía que Sesshōmaru tenía una actitud difícil, Inu No siempre le recordaba que tenía que ser comprensivo y aprender a convivir con la actitud fría de Sesshōmaru, pero por más que lo intentada solo veía que no avanzaba a ni siquiera una amistad y sinceramente ya estaba agotado.
Después del entrenamiento como había planeado junto a Kōga comió en la casa del chico y después pasó el día junto a sus otros amigos, sin darse el tiempo de avisarle a Sesshōmaru, quien tampoco se preocupó por él, solo llegó a su casa, Comió algo ligero y se recostó un rato, inevitablemente la paz trajo a su cabeza la figura de su padre ahora lejos de allí, en una situación desconocida para él. Inu No Taishō tenía la total confianza de su hijo, aun así Sesshōmaru, presentía algo extraño, un sentimiento en el cual no quiso indagar más, prefería confiar en que su padre no faltaría a su palabra de regresar sano y salvo. Ya era de noche cuando Inuyasha entró sin decir ni una sola palabra, tomó un poco de agua y quitándose los zapatos se acostó a dormir, igualmente Sesshōmaru ni se inmutó por su presencia, este permanecía mirando por la ventana a la luna llena brillar, después sus ojos se enfocaron en el palacio real y a su mente llegó el dulce rostro de una niña risueña, el viento sopló, con él surcaron los últimos pensamientos dedicados a ella en ese dia.
Exactamente dos días de viaje después finalmente habían llegado a su destino, el sol se estaba ocultando cuando Inu No dio la orden a los hombres de hacer guardia en el templo y la tumba, mientras él junto a un par de hombres investigaba a los alrededores. Habló con varias personas de una aldea cercana, les cuestionó sobre la situación y pidió detalles de algunos eventos, descubriendo ciertos datos, los cuales le dejaron intrigado y con la cuestión de unir cabos sueltos y armar el rompecabezas, aunque sin tener un nombre exacto pero si sospechar de algunos. Sin embargo, bien sabía que tenía que guardase todo hasta que regresara al palacio y hablarlo directamente con su señor, ahora no podía confiar en nadie, y lo más importante, concentrase en su misión principal: averiguar quién efectuaba los ataques a la tumba real.
Montaron guardia toda la noche y ningún ataque ocurrió. Al día siguiente continuo con su investigación y después reviso los detalles de la tumba, donde diviso varias fracturas al templo, figuras dañadas y lo que parecían intentos de excavación en el piso, Inu No se preguntó ¿Quién podría ser capaz de perturbar la paz de los muertos? Y lo más importante ¿Con que fin?
La noche cayó y con ella una nueva táctica surgió; ocultos entre las penumbras de la oscuridad, aguardaron en silencio la posible llegada de los invasores, hasta que a altas horas, casi la madrugada, aparecieron tres hombres misteriosos y encapuchados, caminando lentamente hacia la entrada, los soldados aguardaron en silencio un momento observando los movimientos de los sospechosos, quienes se posicionaron en la entrada y por un momento dio la apariencia de que se miraron entre ellos afirmando con la cabeza, inmediatamente después Inu No dio la señal para aparecer a sus hombres, sin embargo no los atacarían, los necesitaban vivos a sí que solo los capturarían, todos los hombres aparecieron rodeando a los tres sujetos quienes no mostraban sus rostros.
—Se acabó el juego para ustedes. —Dijo Inu No acercándose a uno a ellos. A través de la poca luz de luna se logró distinguir la sonrisa de uno de ellos, después una voz grave y burlona se escuchó.
—De hecho, creo que el juego apenas comienza…— Inmediatamente después alrededor de Taishō y sus hombres aparecieron más hombres encapuchados; secuaces de esos tres sujetos, rodeándolos y apuntando sus espadas hacia ellos mientras reían maliciosamente, a pesar de la oscuridad Inu No pudo darse cuenta que triplicaba el número de sus hombres, claramente estaban en desventaja…
Ese día en particular fue muy deprimente; el ambiente era tenso, el sol no brillaba con tanto fulgor, el aire era seco, definitivamente no era un día feliz… Aunque Sesshōmaru no era muy animado y expresivo ya que nadie podía asegurar que él fuera feliz en su día a día con esa actitud fría e indiferente a diario, sin embargo ese día en particular podría decirse que se sentía decaído. Inclusive su tonto hermano se había visto desanimado. A Sesshōmaru Taishō le estaban afectando ciertas cosas; la ausencia de su padre, los desgastantes entrenamientos, tener que aprender a convivir con sus compañeros y su insufrible hermano menor y además de todo eso, estaba la peor parte de todo, ya que a pesar de sufrir, todo eso podría irse al demonio fácilmente con visualizar una hermosa sonrisa, no cualquier sonrisa claro, una única, la de ella… la princesa Rin.
Era ese justamente el detalle que lo frustraba mas, no la había podido ver desde hace ya un par de días, se había enterado por casualidad que la pequeña había estado muy atareada debido a sus lecciones y no podía culparla, ser la única hija del emperador debe implicar muchos deberes y obligaciones, aunque no dejaba de lamentarse inocentemente el que ella no haya aparecido en días a apaciguar su ira como bien lo hacía siempre sin darse cuenta. Sesshōmaru no supo en que momento esa niña lo había cautivado ni como lo hizo, aunque de lo que se acababa de dar cuenta era que ahora ella era para él indispensable en su vida diaria.
Miró nuevamente aquel pañuelo entre sus manos, ese mismo que ella había puesto con delicadeza para sanar su herida en aquella ocasión, después de que la llaga hubiera cerrado tomó el trozo de tela y lo lavó con cuidado de no dejar ni una sola mancha, decidió que era lo menos que podía hacer, deseaba agradecerle nuevamente y mirar sus ojos una vez más, sinceramente la extrañaba y ese sentimiento le molestaba en cierto modo. El día termino y nuevamente no la vio.
Ya muy entrada la noche los hermanos Taishō se encontraban durmiendo, el ambiente era silencioso y pasivo interrumpido únicamente por el suave respirar de los chicos, de repente un fuerte ventarrón se dejó sentir entrando por la ventana sacudiendo todo a su paso dentro de la casa y despertando precitadamente a los jóvenes, inmediatamente después se apaciguó dejando unas cuantas cosas tiradas como único rastro de su paso. Ambos hermanos se levantaron observando a su alrededor extrañados, después se miraron fijamente, los dos estaban de acuerdo en que eso no era para nada normal, un escalofrió le dio de lleno a Inuyasha quien se frotó los brazos tratando de tranquilizar su piel erizada, su hermano mayor igualmente lo sintió solo que lo supo disimular a la perfección. Ahora ambos lo sabían; algo andaba mal.
Al mañana siguiente evitaron por completo hablar del tema, el día transcurrió normal y sin novedad y sin la presencia sanadora de la princesa. Justo al atardecer antes de que el sol se ocultara por completo, los dos jóvenes se encontraban en su hogar preparándose para cenar, cuando de repente alguien tocó a su perta; un guardia del palacio les informó que el emperador deseaba verlos de inmediato. Sin demorar nada dirigieron sus pasos al salón el trono donde el hombre los esperaba, al entrar vieron a un grupo de hombres conformados por un par de ancianos, unos cuantos soldados y al final junto a emperador; la esposa real, los rostros de todos estaban ensombrecidos y en especial cuando los hermanos entraron la mirada de todos se dirigió hacia ellos con pena y tristeza, se colocaron frente al par de mandamases e hicieron una respetuosa inclinación.
—Sesshōmaru, Inuyasha…— Comenzó Keiji con un tono de voz pausado. —Los he mandado a llamar por un asunto muy delicado que les concierne, algo ha pasado y ustedes dos tienen que saberlo. —Ambos asintieron y Keiji suspiro ates de seguir. —Como recordaran hace varios días he enviado a su padre y algunos de mis soldados a una misión especial, debo decirles que en él deposite toda mi confianza así como mi respeto… ahora junto a ello deposito mi gratitud. —Los miro fijamente. — Pequeños lo que tengo que informarles será algo muy triste y duro para ustedes…
Sesshōmaru frunció el ceño al escuchar estas palabras ¿Qué era tan importante para hacerlos llamar a esas horas de la noche? ¿A ellos que eran dos simples niños? Algo estaba muy mal, lo presentía, miro por un segundo a la emperatriz, observo su rostro decaído y e instantáneamente pensó en la princesa… ¿Acaso algo malo le había pasado en estos días que no la había visto…? No… no podría ser eso, además el emperador había mencionado a su padre ¡Su padre! ¿Era eso? ¿Algo malo le había pasado a su padre?
—Ocurrió un inconveniente desafortunado en esta misión para todos mis hombres… el grupo de soldados que envíe tuvo una batalla con un grupo de bandidos… —Inuyasha escuchaba atento el relato, aunque algo dentro de él le decida que era mejor no seguir escuchando en, su mente de infante se formularon pronto varias ideas desagradables que no quería afirmar. —No hay una forma menos dolorosa de decir esto… Sesshōmaru… Inuyasha, su padre… ha muerto.
El sonido de repente había desparecido, sintiendo sus cuerpos extraños… Sesshōmaru abrió sus ojos impactado, no podía ser cierto… su padre no era cualquier soldado mediocre ¡Era Inu No Taishō! El gran guerrero, el mejor del imperio, tenía que ser una broma, él no podía ser vencido por nadie, no podía… sin mostrar signos de debilidad reprimió todo rastro de llanto tas una un ceño fruncido, algo muy distinto a su hermano. Inuyasha comenzó a derramar lágrimas sin poder evitarlo, quiso ocúltalo bajando la mirada algo que obviamente no funcionó, todos los presentes sintieron pena por esos dos pequeños niños ahora huérfanos de padre y madre, que injusta era la vida, Keiji se levantó y tomó algo entre sus manos para acercarse a los dos hermanos.
—Tienen que ser fuertes, su padre así lo hubiera deseado, estoy seguro. —Frente a ellos extendió la espada de Inu No. —Murió siendo lo que fue; un gran guerrero y un gran padre. —Sesshōmaru la tomó entre sus manos, ahora se sentía tan pesada. —Esto es muy triste no solo para ustedes, los otros miembros también tenían familiares a quienes dejaron una pena igual a la de ustedes, sin embargo les juro por mi honor que no dejare esto impune, esos bandidos pagaran por sus atrocidades, mientras sean pequeños no les faltara techo y comida, su cuidado es lo menos que le debo a su padre, mañana le daremos un entierro digno junto a los otros soldados, los honraremos para que descansen en paz.
No supieron que decir, no supieron que hacer, esa noche la pasaron en vela. La mañana llegó alumbrando los campos pero no sus corazones, la noticia de las muertes afectó a todos a una hora indicada los monarcas y las familias afectadas, además de unas cuantas personas más se dirigieron al cementerio donde descansaban los restos de otros. Con el cuerpo de su padre ya dentro de un ataúd cerrado ya que ni Sesshōmaru ni Inuyasha desearon verlo en ese estado, prefirieron mantener en sus mentes el recuerdo de su padre, con los ojos abiertos, vivo y no machar esas buenas memorias con una imagen sombría, se mantenían un tanto alejados de los demás al frente cada quien viviendo su duelo a su manera, todos ofrecieron una oración y bajando el rostro dejaron que descendiera el cajón para inmediatamente después empezar a cubrirlo con tierra, Keiji fue el primero en acercarse a ellos puso una mano en cada hombro de los hermanos y sin decir nada se retiró pues aun había más muertos que sepultar, después de él, las demás personas empezaron a retirares , algunas de ellas se acercaban a ellos en señal de apoyo, entre ellos los amigos de Inuyasha; Ginta, Hakaku y Kōga, este último acompañado de su madre, tocó su hombro en señal de apoyo, pues él bien sabía lo que se sentía perder a un padre, tiempo atas él se vio en la misma situación que su albino amigo. Habían permanecido en silencio y relativamente tranquilos, hasta que de un momento a otro todo se desbordo; la soledad, el sentimiento reprimido y el maldito sonido de las palas al chocar con la tierra que cubría el cuerpo inerte de su padre no lo soporto más, Inuyasha empezó a temblar, su rostro se deformó dejando salir por fin las lágrimas contenidas hasta al fin acercarse a la tumba y dejándose caer de rodillas, llorando, sin palabras…. Solo sollozos.
La emperatriz Hanako quien junto a sus hijos se habían quedado unos segundos más que el emperador, empezaron a retirarse, Hanako tomó de la mano a su hija, mientras Akihiro caminaba a su lado, Rin volteo a ver a Sesshōmaru, su impávido rostro no reflejaba los sentimientos que su corazón guardaba en ese momento, pero sus ojos si, en sus ojos podía notar claramente todo el dolor y tristeza ocultos al exterior, dejó de caminar y soltó la mano de su madre quien rápidamente dirigió su vista a ella notando que se dirigía hacia aquel chico de cabellera plateada, antes de llegar a él se detuvo a cortar un par de rosas blancas que estaban cerca de ella.
Sesshōmaru permanecía con la vista fija en la tierra amontada frente a él, noto de repente que alguien colocaba unas flores delicadamente sobre la tumba, después unos ojos cafés ligeramente apagados, sin tanta chispa en ellos como en otras ocasiones, se miraron fijamente por varios segundos, no había nada que ella pudiera decir que hiciera que él se sintiera mejor, no existían palabras, por lo que las miradas eran el mejor consuelo en esos momentos, pero tampoco era suficiente por lo que sin dejar de mirar sus orbes dorados suavemente tomó su mano, apretando un poco entregándole todo su apoyo y algo más, demostrándole… haciéndole sentir que no estaba solo, que no solo su hermano estaba allí con él, ella también lo estaría de ahora en adelante cada día para él.
El chico apretó ligeramente los labios e inclino la cabeza agradeciendo. Tanto su madre como su hermano miraban conmovidos aquella escena. Rin comenzó a caminar en dirección a su madre sin soltar la unión de sus manos ni la conexión de su miradas, solo cuando estuvo un poco alejada y que sus brazos se extendieron un tanto se soltaron lentamente. Cuando llegó junto a Hanako le dedicó una última mirada de consuelo. Ella se encargaría de sanar ese corazón.
Alejado un poco del lugar oculto ligeramente entre los arboles un hombre miraba con satisfacción realizado su plan; Shishinki se había adelantado a los planes del emperador y de paso se había salvado de ser descubierto.
—Ahora nuestro siguiente objetivo… —Dirigió su mirada su mirada a los tres miembros de la familia real que se alejaban de ahí, ignorantes de los planes siniestros de una mente retorcida.
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Hola amigos, ya regrese con el nuevo capítulo de esta historia, como leyeron pasaron muchas cosas, la mayoría tristes. Lamento si hay alguna falta de ortografía, debo aclararles algo de lo que quizás tenga duda, la historia no se desarrollara en su totalidad en la etapa infantil de Rin y Sesshōmaru, tengo planeado que en el siguiente capítulo avancen de edad, no se preocupen. Si tienen alguna duda háganmelo. Gracias por leer esta y mis otras historias, estén al pendiente que estaré subiendo más capítulos y nuevos proyectos.
Hasta la próxima.
