Smells Like Teen Spirit

"Dame la castidad y la continencia, pero todavía no". –San Agustín.

Capítulo IV:

"Teenagers"

Gonna go on, living like I never met you
And it'll feel wrong at first, but I think I can forget you.
Ignore the fact that we sleep no more than three feet apart.
I feel you now
; you're all around me, underneath me
You're all around me, underneath me.

Well how was I to know
That what we carved in stone
Would be so temporary.
Well how was I to know
That my first crack at love
Would not be the last
Won't be the last

(Sakura)

La profesora de Literatura intercalaba su lectura entre la biografía de Rubén Darío, padre del Modernismo, y fragmentos de Azul, su obra más importante.

-Darío aprendió a leer a los tres años y a muy temprana edad ya le gustaba escribir poesías y cuentos; de hecho, en Nicaragua se le conocía como el Niño Poeta.

Cansada de tomar apuntes y escuchar sobre príncipes azules, mundos fantásticos y situaciones irreales, me di la vuelta para buscar en mi mochila el libro que había abandonado por la mitad hacía ya tres días pero que me estaba gustando bastante, y así continuar con mi lectura.

Al girarme, me encontré con dos ojos ámbares que habían dejado de mirar a la profesora para concentrar toda su atención en mí. Shaoran esbozó una sonrisa de medio lado la cual yo correspondí. Observé ciertos detalles de sus ojos ambarinos, y noté que el color era muy parecido al del Whisky. Una de las cosas que más me gustaban de sus ojos eran sus pestañas espesas y ligeramente largas, pero con un toque masculino. Y sus cejas eran definidas y varoniles.

-¿Sabías que Rubén Darío aprendió francés de manera autodidacta? –Shaoran se inclinó ligeramente hacia el frente, para quedar más cerca de mí-. Miguel de Unamuno, un escritor español, le dijo una vez que se tenía que quitar el sombrero, pues debajo de él se escondían sus plumas de indio. Sólo por ser americano.

-En realidad no lo sabía.

¿En serio le había dicho eso? Bastante racista, la verdad. Pero era entendible que aquel hombre sintiera envidia de un genio como Darío, que parecía definitivamente ser el sujeto más brillante de su época. Por algo le llamaban el Príncipe de las Letras Castellanas.

-Ahora lo sabes.

Esbocé una sonrisa pequeña-. Gracias por compartir la información.

Me dispuse a buscar el libro dentro de mi mochila, pero no lo encontré. Había una carpeta, cuatro exámenes de matemáticas arrugados –y probablemente desaprobados-, una engrapadora y una regla de treinta centímetros; pero ningún libro de Valérie Tasso.

Me pasé una mano por el pelo y suspiré. Un mechón me tapó la mitad del rostro. Estaba segura de que no lo había sacado de mi mochila, podía jurarlo ante la Biblia, pero por alguna razón, no estaba allí. Shaoran se recostó del respaldar de su silla mientras yo me frustraba y buscaba en el otro bolsillo, donde sólo encontré un paquete de chicles casi vacío y un bolígrafo rojo.

-¿Buscas esto?

Ante la pregunte, alcé la vista y me encontré con la mirada curiosa de Shaoran. Acto seguido, posé mis ojos sobre el libro que tenía en sus manos. Mi libro.

-Sí, gracias. –Alargué el brazo para intentar quitárselo, pero el lo alejó de mí.

-Diario de una ninfómana –leyó el título-, por Valérie Tasso. Interesante. –Abrió el libro y comenzó a hojear páginas al azar. Vi que sus ojos brillaban y su sonrisa se ampliaba con cada palabra que leía-. Muy interesante.

-Lo es, ya puedes regresarme mi libro, gracias por haberlo encontrado.

Él lo alejó nuevamente.

-En realidad, nunca se perdió. Yo lo saqué de tu mochila.

Aquello me molestó ligeramente. Creo que nuestros niveles de confianza no habían llegado a tal grado donde él podía revisar mis cosas a su antojo.

-¿Estabas hurgando en mi mochila? –Él asintió con la cabeza y yo fruncí el ceño-. ¿Y se puede saber quién te autorizó a meter tus manos en mis cosas?

-Bueno, sí estaba hurgando en tu mochila, pero porque mi borrador se cayó dentro de ella, y como estabas concentrada tomando apuntes, decidí tomarlo yo mismo para no interrumpirte.

No sé exactamente por qué, pero le creí. Esas cosas pasaban, y yo en su lugar hubiera hecho lo mismo. Shaoran me ofreció el libro y yo lo tomé.

-Tienes una pestaña.

Extendió su mano y, con un dedo, me rozó la mejilla izquierda. Y a diferencia de lo que puedan pensar, aquel gesto no me molestó.

Entonces ustedes se preguntarán a qué se debe este repentino cambio de actitud de mi parte. Pues, todo comenzó anoche, luego de que Shaoran cantara en el Karaoke-Bar. Resultó ser que el lugar tenía un pequeño restaurante anexo, donde vendían pescado frito con papas fritas, y otros platos típicos ingleses.

Shaoran y yo nos sentamos en una de las mesas y pedimos una orden para dos del famoso Fish & Chips. Mientras esperábamos la comida, conservamos sobre trivialidades, música, bandas y cantantes británicos, entre otros. Pero cuando llegó nuestra orden, fue inevitable tocar otros temas un poco más personales.

-¿Te gustó la canción? –Preguntó Shaoran mientras se llevaba algunas papas a la boca.

-Tienes una bonita voz. –Fue todo lo que dije. Jamás aceptaría que por un pequeño momento, deseé que él y Hiro intercambiaran papeles, sólo para variar, sólo para romper la rutina.

Él me envió una mirada que decía: sé lo que estás pensando.

-Cuéntame, ¿tienes mucho tiempo con tu novio?

-Hoy cumplimos cuatro meses, casualmente. –Le di un sorbo grande a mi té frío.

Y ahora que lo pensaba, en vez de provocarme pensamientos sucios, Hiro me hacía tener pensamientos alcohólicos en los cuales quisiera olvidar lo infructuosa que estaba resultando ser nuestra relación. Un coma etílico no sonaba tan mal.

-¿En serio? –Shaoran había dejado de comer por su incredulidad. Yo asentí con la cabeza-. Déjame ver si entiendo: ¿estás diciéndome que hoy cumples cuatro meses con tu novio, pero él prefiere ver un juego que pasar este día contigo?

-La historia de mi vida.

-Wao, tu novio de verdad es un tonto.

No pude evitar reírme ante aquello. Era cierto. Hiro era muy divertido, sí, muy bueno en los deportes, también, muy bueno besando, era cariñoso y me trataba muy bien, pero debo admitir que no fue precisamente por su inteligencia que me gustó.

-Bienvenido a mi mundo. –Dije luego de tragar-. ¿Por qué mejor no hablamos de ti?

Él sonrió-. ¿Qué quieres saber?

Me encogí de hombros-. No sé, ¿tienes hermanos?

-Tengo tres hermanas mayores. Y todas me ponen de los nervios.

Y yo que me quejaba por tener a un Touya. Pero ese jodía por tres.

-Así que eres el bebé de la familia, ¡quién lo diría! –Tomé el salero y le puse un poco más de sal a mis papas-. ¿Y por qué te mudaste a Tomoeda, prófugo de la justicia?

Los labios de Shaoran se curvaron en una sonrisa pícara que me gustó mucho. Entonces vi en su mirada que se estaba transportando al lugar de algún recuerdo que, al parecer, era muy divertido.

-Mi madre quiso deshacerse de mí. –Fue todo lo que dijo.

El bicho de la curiosidad comenzó a picarme una y otra vez.

-¿Por qué? –Le di otro sorbo a mi té frío, esta vez más corto que el anterior.

-Digamos que mi familia es muy conservadora y perfecta, y yo no soy lo que se dice el hijo modelo. Ya mi madre me había amenazado varias veces con enviarme fuera del país si no cambiaba mi conducta.

¿Su conducta? Sonreí.

-Oh, ya veo… pero aún no me has dicho la razón principal que hizo que tu madre decidiera echarte a la calle, ¿o es que no la hubo?

Su sonrisa pícara apareció nuevamente, y con una mano se echó el pelo a un lado de la cara.

-Es una historia larga.

-Tengo tiempo.

Shaoran me sonrió, y antes de hablar le dio un sorbo a su Coca-Cola.

-Todo comenzó porque mis papás y los papás de mi prima Meiling, o sea mis tíos, se fueron a los Emiratos Árabes, en un viaje de negocios, porque un empresario muy importante los invitó conocer su más reciente centro turístico en Dubai. Y como mi prima no tiene hermanos, sus papás le dijeron que se quedara en mi casa hasta que regresaran.

Supuse que la familia de Shaoran debía ser bastante importante en Hong Kong para que un tipo los invitara a los Emiratos Árabes de paseo.

-Mi hermana mayor estaba en su luna de miel, mis otras dos hermanas se encontraban en un concierto en Beijing, y como nuestros padres ya tenían una semana en Dubai, a mi prima Meiling se le ocurrió la brillantísima idea de hacer una fiesta en la casa. –Sonrió-. Por supuesto que yo estuve de acuerdo inmediatamente. Así que ambos llamamos a toda nuestra lista de contactos, y les dijimos que podían traer a cuanta persona quisieran, que aquí había espacio y diversión de sobra.

-Con una de las tarjetas de crédito, compré una máquina de espuma, contraté un servicio de catering especializado en comida chatarra y compré mucho, mucho licor. Eso sin mencionar el DJ, el colorante morado para la piscina, y las luces de discoteca, para ambientar la casa.

A este punto, su sonrisa tan grande y divertida que me contagié de ella. Me fijé además en los dos hoyuelos que se le formaron en las mejillas. Shaoran era guapo.

-Continúa, por favor. –Tomé algunas papas y me las llevé a la boca.

-Bueno, mi casa parecía el centro comercial en Navidad, estaba repleta de gente. De haber intentado meter un alfiler, te aseguro que jamás entrado. Y créeme, mi casa de Hong Kong es grande.

Se bebió el resto de su Coca-Cola de un golpe, y continuó con la historia.

-Por supuesto que Meiling pidió que instalaran la máquina de espuma dentro de la casa, y pensó que un exceso de agua y jabón no le vendría nada mal. Y aquí es donde la historia da un giro inesperado para sus protagonistas.

Yo sonreí. Shaoran comió dos trozos de pescado y yo más papas. La chica que nos atendía volvió a llenar nuestros vasos con sus respectivas bebidas.

-Se suponía que mis padres debían quedarse dos días más en Dubai, lo suficiente para que las mucamas de la casa limpiaran todo el desastre.

-¿Las mucamas? –Él asintió-. ¿Y ellas no iban a decirles nada a tus padres?

Él negó con la cabeza-. Oh, no. Ellas son sordas, ciegas y mudas. Además, no les conviene tenerme en su contra. Puedo ser muy fastidioso si me lo propongo. –Me guiñó un ojo y rió.

-Eso me consta. –Le sonreí.

-Te ves muy bonita cuando sonríes, ¿sabías? Bueno, en realidad te ves muy bonita siempre.

Intenté ocultar tanto el rubor de mi rostro como mi sonrisa egocéntrica, pero estoy segura que no pude lograrlo, así que decidí reanudar la conversación.

-Me estabas diciendo que tus padres llegarían en dos días…

Él sonrió. Se había dado cuenta de mis intenciones, pero no dijo nada al respecto.

-Bueno, Meiling y yo no contábamos con que los viejos decidirían adelantar el regreso a Hong Kong, y que además, se traerían al representante legal del tipo árabe a cenar a la casa. –Alzó ambas cejas para darle dramatismo a la situación.

Yo abrí los ojos y la boca al mismo tiempo, anticipándolo todo.

-No…

-La casa estaba llena de espuma y había un montón de gente.

Comenzó a reír, probablemente ante algún recuerdo, y yo sentí que la curiosidad me mataba.

-Mis padres salieron al patio a buscarme y yo estaba en la piscina con personas a las que nunca había visto en mi vida. Creo que no hace falta mencionar que al árabe casi le da un infarto al ver semejante espectáculo de pecado e insurrección, y estuvo apunto de romper relaciones con mi familia, pero mi papá logró convencerlo de que no lo hiciera.

-Guao, eso sí que debió ser feo. Me imagino que tus padres quisieron asesinarte.

Él asintió-. Así es, mi madre más que todo. Como ya te dije, mi madre me había amenazado anteriormente con enviarme fuera del país si no me reformaba, y esto fue la gota que derramó el vaso. Una semana después estaba montándome en un avión rumbo a Tomoeda.

Por la forma como narró toda la historia, pude notar que aquella travesura, aunque le había costado el destierro y el apartarse de su familia, le había divertido mucho.

-Pero te juro que todo valió la pena, Sakura. Recuerdo sentir el agua helada de la piscina en mi piel y las risas de aquellas personas. Recuerdo lo mucho que me había divertido con la espuma y lo gracioso que había sido atravesar la casa sin ver nada. Fue increíble.

Y pude verlo con mis propios ojos, pude sentir aquel vendaval de sensaciones que Shaoran acababa de mencionar con tan solo mirar sus ojos. Porque su mirada ámbar reflejaba un amor por la vida y una libertad que yo deseé tener. Y aquello más que gustarme, me hechizó. Me encantó esa actitud irreverente.

Shaoran tomó uno de los hielos de su vaso y comenzó a masticarlo.

-Así que resultaste ser un rebelde sin causa.

Él esbozó su sonrisa pícara.

Y así fue exactamente como sucedió. Supongo que mi antipatía por Shaoran fue reemplazada por una simpatía que no llegaba a comprender del todo. Pero tampoco quería hacerlo, porque algo me decía que aparte de simpatía, también había atracción.

Por eso no me molestó que me hubiera quitado la pestaña de la cara. Por eso le sonreí amablemente.

Sólo que no contaba con un par de ojos celosos que miraban la escena llenos de furia.

(Shaoran)

It's in the air now, bitter tears and broken hearts
We're teenagers,
we count the years, we think we're smart

But we're not, we don't know anything

So don't ask me where I'll go
'Cause frankly I don't know
And I don't give a shit
Why must we all make sense?
And I just won't make sense
For once I'm just gonna live
I'm just gonna live

Desde nuestra conversación de ayer en la noche, cuando le conté la razón por la cual mi madre me había enviado a Tomoeda, la actitud hostil de Sakura hacia mí se convirtió en una simpática. Claro que tampoco nos habíamos hecho los mejores amigos para siempre, pero al menos nos llevábamos bien.

Me alegraba saber que Sakura ya no se sentía incómoda alrededor de mí, y que al menos podíamos estar juntos y sostener una conversación como la gente normal.

Luego de haberle quitado la pestaña que tenía en la cara, la profesora de Literatura se dio cuenta que los dos estudiantes que se sentaban en los últimos asientos de la fila pegada a la ventana no le prestaban atención.

-Señorita Kinomoto, señor Li. –Yo aparté mi mano de su mejilla y ella se volteó rápidamente. Ambos miramos a la profesora-. Veo que están muy ocupados como para prestarle siquiera un poco de atención a mi clase.

Con el rabillo del ojo pude ver que varios de nuestros compañeros se habían girado a mirarnos.

-No, no, yo sólo estaba… conversaba con Li sobre la clase. –Lo cual no era del todo falso.

La profesora se cruzó de brazos y alzó una ceja, escéptica.

-¿Por qué no me habla un poco sobre Rubén Darío, señorita Kinomoto? –Por la mirada que le envió, supe esperaba que Sakura se quedara en blanco. Pero ella tenía ciertos conocimientos, recientemente adquiridos, que compartir con la clase.

-Bueno… Rubén Darío nació en Nicaragua y es el padre del Modernismo. –Hizo una pausa-. Aprendió francés de manera autodidacta, y Miguel de Unamuno le dijo una vez que se tenía que quitar el sombrero, pues debajo tenía las plumas de indio.

El salón entero miró el rostro incrédulo de la profesora, que no se esperaba esa respuesta por parte de Kinomoto. Se descruzó de brazos y asintió con la cabeza.

-Muy bien, Kinomoto. Veo que ha investigado sobre el tema y eso me parece muy bien. Todos deberían tomar el ejemplo de su compañera.

Yo agaché el rostro para no ser visto, y comencé a reír en voz baja. La profesora abrió su libro para continuar con la lectura, pero la voz del director en los altoparlantes hizo que se detuviera. Tenía un anuncio importante que le alegró la existencia a más de uno.

-En la próxima hora se realizará un partido amistoso de fútbol femenino, contra el Instituto Tokai, en la cancha de fútbol. Todos los estudiantes deberán asistir para apoyar al equipo.

Los gritos y celebraciones no se hicieron esperar, y el salón entero estalló en una algarabía que fue casi imposible de controlar. Volaron libros, lápices, cuadernos, y demás útiles escolares. Esto se debía a que teníamos clase de matemáticas, y el profesor tomaría una prueba sobre un tema sumamente fácil, pero que la mayoría encontraba difícil.

La profesora de Literatura suspiró e hizo que todos callaran, para luego indicarnos que nos pusiéramos de pie y saliéramos del salón ordenadamente.

Yo me levanté sin mucho afán y Sakura se acercó a mí para chocarme los cinco con efusividad.

-¡Gracias, Shaoran! Me salvaste de una humillación pública y de un uno de la profesora.

Yo sonreí-. Cuando quieras.

Tomoyo Daidouji caminó hacia nosotros y nos sonrió antes de hablar:

-Guao, Sakura, no sabía que te gustaba tanto Rubén Darío.

Ella rió-. Fue Shaoran quien me dijo eso, es que en verdad sí estábamos hablando sobre la clase.

Tomoyo posó sus ojos curiosos sobre mí. Yo me encogí de hombros.

-Supongo que sé algunas cosas.

Metí mis manos en mis bolsillos y caminé en dirección a la puerta. Justo alcancé a Eriol y a Yamazaki, que conversaban animadamente sobre la liga intercolegial. En el pasillo, un río de estudiantes se dirigía muy animado a la cancha de fútbol, para ver el partido. Supuse que gran parte de aquella alegría se debía al hecho de perder clases, y no al partido en sí.

Mientras caminábamos, pude ver al chico rubio de mi salón que siempre estaba con Sakura, darle un beso en la mejilla a Nakuru.

-Eriol, Yamazaki –Ambos me miraron-. ¿Conocen a Nakuru Akizuki?

Eriol asintió con la cabeza y Yamazaki esbozó una de sus sonrisas divertidas.

-Oí que fue modelo de lencería en Francia.

Eriol rodó los ojos.

-Está en la otra clase con Chiharu, la novia de Yamazaki, y Kano y Naoko, amigos de nosotros. ¿Por qué lo preguntas?

Decidí obviar la pregunta de mi amigo y continuar con mis averiguaciones.

-Y, ¿cómo es?

-Es una chica muy inteligente. -Explicó Yamazaki-. Es la mejor con los números. Seijo ha ganado varios premios por ella. Aunque, también es algo malvada. -Esta vez, me miró con los ojos muy abiertos y bajó la voz-. Demasiado, tal vez.

Yo abrí los ojos sorprendido-. ¿De verdad?

Él asintió -. El año pasado encontraron un cadáver cerca de su casa. Se trataba de un hombre al que habían matado con un arma bñanca. -Explicó con calma en un tono que me puso la piel de gallina-. Al principio, nadie asoció aquel asesinato con ella... hasta que la policía vino al colegio a interrogarla. Nadie sabe por qué, pero vamos, 2+2 es cuatro. Su padre es un abogado muy famoso y además está forrado. Seguramente pagó para...

-Yamazaki, cállate y no digas tonterías.

Parpadeé confundido-. Espera, ¿no es cierto?

Eriol rodó los ojos y Yamazaki se echó a reír. Mi amigo negó con la cabeza mientras Takashi lloraba -literalmente- de la risa y me golpeaba la espalda con su palma.

-¡Por Dios! ¡Es igual a Sakura!

Cuando llegamos a la cancha, me senté entre Eriol y Yamazaki en las graderías para esperar a que el juego comenzara. El profesor Terada hablaba con las chicas del equipo, y reconocí a una de las jugadoras como la amiga de Nakuru, la misma que con la cual me había tropezado. Ella pareció reconocerme y me envió una mirada de desaprobación. También reconocí a Rika Sazaki, una chica de mi clase.

Hacía un día muy bonito. El cielo estaba de un color azul muy puro, y no había ni una sola nube en él. El sol brillaba intensamente y una suave brisa nos acariciaba de vez en cuando. Pronto las graderías estuvieron llenas de estudiantes que gritaban, otros conversaban animadamente, y algunos en las primeras gradas cantaban una canción a coro, para animar a las jugadoras.

Chiharu, la novia de Yamazaki, se sentó junto a él. Junto con ella vinieron Tomoyo, quien se sentó junto a Eriol; Naoko, una chica que utilizaba anteojos, y el tal Kano, un tipo despeinado de aspecto despreocupado. Vi a Nakuru con el tipo rubio sentados no muy lejos de nosotros. Pero no había ningún rastro de Sakura. Ni tampoco de su novio. Me encogí de hombros, probablemente se habrían retrasado.

Aproveché que Yamazaki intentaba robarle algunos Doritos a su novia para continuar la conversación con Eriol.

-Entonces –Mi amigo me miró, mientras golpeteaba sus rodillas con sus dedos-. Nakuru no es una asedina. Mi amigo sonrió y negó con la cabeza-. Pero sí es una chica muy amistosa, ¿no?

-Pues, no diría amistosa. Es carismática y a veces simpática, pero no con todo el mundo. ¿Por qué tanto interés en ella?

-Ayer me la encontré en una heladería y me dejó muy claro que le parezco atractivo. –Alcé ambas cejas de manera sugestiva y Eriol abrió los ojos sorprendido.

-¿En serio?

-Estuvimos cerca de besarnos, creo, pero su amiga –señalé a la chica con la que me había tropezado el primer día, la misma que ahora tomaba posición en el campo de fútbol-, nos interrumpió.

Eriol se quitó los anteojos para limpiarlos y noté que sus ojos azules seguían igual de abiertos que antes.

-Ya va, ¿pero tú no la conocías de antes ni nada?

-No, la conocí ayer en la heladería. –Esta vez me reí al ver que la boca de Eriol formaba una o y luego sonreía.

-Aunque si no me equivoco, ella está o estaba saliendo con Kero. Creo que ya no.

-¿Kero? –Pregunté sin reconocer el nombre- ¿Te refieres al chico rubio de nuestro salón que siempre está con Sakura?

Eriol asintió.

-¿Se llama Kero?

-En realidad se llama Kerberos Kirgyakos, pero nadie le dice Kerberos porque él lo odia. Es griego, y es vecino de Sakura. Son mejores amigos desde que tenían cinco años.

Así que griego… interesante. O sea que Nakuru no había mentido cuando dijo que le gustaban los chicos extranjeros.

Dimos por finalizada la conversación al oír el pitazo que daba inicio al partido. Los primeros diez minutos pasaron sin mucha acción, hasta que en un momento, las chicas de Tokai estuvieron a punto de anotarnos un gol. Entonces una de las de Seijo le hizo un pase largo –desde la portería contraria hasta la mitad de la cancha- a Rika Sazaki, quien recibió el balón sin detenerse. Los estudiantes se pusieron de pie y comenzaron a gritar, para animar a Sazaki.

-Tienes que ver esto, Shaoran, te va a encantar –Comentó Eriol con emoción, cuando ambos nos pusimos de pie-. Todos le llaman la jugada Sazaki.

Rika corrió con el balón, esquivando a todas las jugadoras que se atravesaban en su camino; entonces la portera se lanzó en dirección a ella, en un intento desesperado por quitarle el balón, pero Rika le pasó por encima, y al tener la portería libre, simplemente pateó la pelota y ésta entró sin dificultad alguna.

Una ovación ensordecedora batió el Instituto entero luego de aquella jugada. La gente comenzó a cantar una canción que al parecer todos conocían, y Rika sólo reía.

Debía decir que estaba impresionado por la velocidad y los reflejos de esa chica. Aquella había sido una jugada impecable.

Eriol, al ver mi expresión sorprendida y emocionada, exclamó:

-¡Te dije que te iba a gustar! En muchos partidos nos sorprende con esa jugada, y cada vez es mejor que la anterior. Por eso la bautizaron con su apellido.

Yo sonreí. Me comenzaba a gustar el fútbol femenino.

El juego se calmó un poco, hasta que las de Tokai nos anotaron un gol. Esta vez nadie se levantó, sino que abuchearon a las jugadoras del equipo contrario.

Luego de un rato, Kerberos bajó unas gradas y se acercó a Tomoyo para preguntarle algo. Debido a la bulla, tuvo que alzar la voz para que la novia de Eriol pudiera escucharlo:

-¿Has visto a Sakura?

Tomoyo negó con la cabeza y le dijo algo que no pude escucha. Él asintió y bajó las demás gradas, para luego comenzar a caminar en dirección al edificio donde se encontraba la cafetería. Yo supuse que se había ido en busca de su amiga.

Decidí continuar mirando el partido, pero sentí un par de manos que se posaban sobre mis hombros. Y antes de poder hacer nada, una voz me habló al oído:

-Hola.

Me giré ligeramente y me encontré con el rostro de Nakuru, muy cerca del mío. Estaba de pie detrás de mí, y se había inclinado ligeramente, para poder alcanzar la altura de mi oído. Me sonreía de esa manera seductora, así que decidí corresponderle.

-Nakuru, hola, no te había visto. –Mentí.

-En cambio yo llevo todo el partido observándote. –Su mano abandonó mi brazo y se posó en mi omoplato derecho-. Me gusta tu espalda.

Yo sonreí-. Gracias, la tuya también es... bonita. Ayer, luego de que te despediste de mí me quedé mirándote hasta que te subiste al auto de tu amiga.

Su sonrisa se expandió. Pude escuchar una risita salir de la boca de Eriol, pero el pelo de Nakuru me impedía ver su expresión.

-¿Qué te parece si vamos a un lugar donde no haya tanta gente, y así conversamos mejor?

-Seguro. –Respondí. No creía que hubiera problema si me ausentaba algunos minutos del partido. Después de todo, había mucha gente y dudaba que algún profesor pudiera notar nuestra ausencia.

Mientras caminaba para abandonar las graderías, me giré para ver a mi amigo que estaba mirándome con una sonrisa incrédula. Yo simplemente me encogí de hombros y le dije adiós con mi mano.

Nakuru me dirigió al edificio donde se encontraban las aulas de último año. Subimos las escaleras y entramos al último salón. Entonces me di cuenta que este era el mío. Ella caminó hasta la ventana y miró el campo de fútbol. Yo la seguí recosté mi cabeza del vidrio.

Nakuru se giró y me miró. Una sonrisa apareció en su rostro, y yo le correspondí. Estuvimos mirándonos en silencio por algunos segundos, y me comencé a impacientar al ver que ella no decía nada. ¿No se suponía que veníamos a conversar mejor?

-Supongo que vas a unirte al equipo de fútbol, ¿o me equivoco?

-No lo sé, es posible, todo depende de si me aceptan.

Ella se mordió el labio inferior y con una mirada lasciva me recorrió de arriba abajo.

-Por supuesto que te aceptarán –Dio un par de pasos que la hicieron quedar exactamente frente a mí. Comenzó a jugar con el cuello de mi camisa-, quiero decir, ¿quién en su sano juicio no lo haría?

En ese momento sentí como si alguien hubiera aumentado la temperatura del termostato del salón. Aprovechando su cercanía, coloqué mis manos a cada lado de su cintura.

-¿Eso crees? –Ella asintió y me besó el mentón repetidas veces, mientras me quitaba la corbata y la tiraba a un lado.

Yo acaricié su cintura con movimientos ascendentes y descendentes, y sentí sus labios acariciarme. Bien, tal vez no conversaríamos. Tal vez esto estaba mejor. Intenté buscar su boca, pero no me dejó alcanzarla, y comenzó a morder el lóbulo de mi oreja. Aquello me gustó, así que cerré los ojos. Sus manos ahora descendieron por mi espalda, y se posaron en mi trasero.

-¿Sabes? –Su voz fue un susurro-. Se nota que haces ejercicio. Me gusta.

Sentí un ligero apretón que me hizo sonreír. Llevé mis manos a su trasero y lo apreté, haciendo que su cuerpo se pegara al mío. Escuché su risita divertida

Le aparté el pelo del cuello para poder darle algunas mordidas suaves. Esta vez dirigió sus manos a mi pecho y lo acarició suavemente.

-Me gustan tus pectorales. –Continuó torturándome con su lengua y sus susurros, sin apartar su boca de mi oído en ningún momento-. Todo de ti me gusta.

Con un movimiento rápido, invertí nuestra posición, haciendo que ella quedara recostada de la pared. Desabotoné los primeros tres botones de su camisa, hasta que pude ver su sujetador negro. Entonces utilicé mis dos manos para acariciar sus pechos, y aquel contacto me encendió aún más.

-¿Te gusta lo que tocas? –Su voz juguetona me acarició la piel del cuello una vez más.

Asentí con la cabeza y busqué su boca. Me estaba desesperando que no me hubiera besado aún. Ella tomó mi rostro entre sus manos y lo acercó al suyo.

-¿Impaciente? –Me sonrió.

-Algo.

Nakuru acercó sus labios a los míos y me besó suavemente. Me mordió el labio inferior y yo bajé una de mis manos hasta su pierna derecha y la alcé para hacer que me rodeara con ella.

Quería que sintiera mi deseo, así que pegué mi cadera aún más a la suya, mientras acariciaba su muslo con una mano, y con la otra uno de sus pechos. Ella jadeó ligeramente.

Yo sonreí entre besos, y decidí jugar su juego.

-¿Te gusta?

Nakuru posó sus manos en mi trasero otra vez, y empujó mi cadera hacia la suya, para volver a sentirlo.

-Sí. –Volvió a atrapar mi boca en un beso húmedo y efusivo. Yo repetí el movimiento varias veces.

Continuamos besándonos y tocándonos por encima de la ropa durante unos minutos más, y llegados a este punto, el calor dentro de mis pantalones se había vuelto insoportable. Y como si hubiera leído mi mente, Nakuru llevó sus manos a la hebilla de mi cinturón, y comenzó a aflojarlo, hasta que logró soltarlo. Entonces desabrochó el botón y me bajó el cierre. Y justo cuando iba a introducir su mano, el sonido de una cartuchera metálica cayendo al suelo hizo que ambos nos sobresaltáramos.

Nos volteamos inmediatamente, y mi sorpresa fue casi tan grande como la frustración sexual que sentí en ese momento.

Porque ninguno de los dos la había escuchado entrar.

Teenagers, we don't know anything
Teenagers, we don't know anything, oh

Well how was I to know
That what we carved in stone
Would be so temporary
Why must we all make sense
And I just won't make sense
For once I'm just gonna live
I'm just gonna live


Lo prometido es deuda: actualización el lunes en la mañana. Como ya les había comentado en la nota de autor del capítulo anterior, el viernes me fui a la playa con unos amigos y por eso no pude actualizar el sábado.

Sobre el capítulo: Ahora saben la razón por la cual Shaoran se fue a vivir a Tomoeda, y creo que eso también ayudó a definir un poco mejor su personalidad, y su alma libre. Y eso es precisamente lo que Sakura quiere, aprender a vivir de esa manera, con pasión por lo que se hace, mirando la grandeza de las cosas simples.

Creo que Nakuru se acaba de ganar unas cuantas enemigas luego de esto... Jajajajaja. No sé quiénes la deben estar odiando más, si las fanáticas de Shaoran o las de Kero, aunque es posible que haya un empate.

Una vez más graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacias a todos por los reviews, son los mejores en serio. A los que no se animan a dejarme un comentario: háganlo, que yo no muerdo. Un besote a todos los que me leen.

Canción: Teenagers

Cantante: Hayley Williams

Álbum: Jennifer's Body (Music from the Motion Picture)