Smells Like Teen Spirit
Capítulo V:
"It's my life"
(Sakura)
El agua fría me ayudó a serenarme ligeramente. Levanté la vista y miré mi rostro encendido reflejado en el espejo del baño. Y aquello no se debía precisamente los gritos que había dado durante el partido, porque yo ni siquiera lo había visto.
El sonido del agua saliendo del grifo me relajó. Me mojé la cara un par de veces más y lo cerré. Respiré profundo.
Había recurrido al viejo método de mojarme la cara, contar hasta diez y respirar profundo, porque sabía que si no me tranquilizaba lloraría de la rabia y frustración. El baño estaba vacío ya que todos los estudiantes se encontraban mirando el juego.
Luego de verme chocar las manos con Li en el salón, Tomoyo me había preguntado a qué se debía ese cambio de actitud hacia él. Yo le expliqué sobre nuestra cena la noche anterior en el bar-karaoke y lo bien que me lo había pasado con él. Ella sonrió y me dijo que Shaoran nunca le había parecido mala persona.
Justo íbamos a salir del salón cuando Hiro me sujetó fuertemente de la muñeca y prácticamente me arrastró consigo hasta la cafetería. Cuando logré soltarme de su agarre, lo miré sin entender qué estaba pasando. Sus ojos reflejaban ira. Estaba molesto por algo que yo desconocía, pero que claramente tenía que ver conmigo.
-¿Te pasó algo? –Intenté sonar lo más dulce posible, a pesar de que no me agradaba su brusquedad.
-¡Y a ti que te parece! –Agradecí que no hubiera nadie en la cafetería, porque su grito fue lo bastante alto como para llamar la atención de todo el colegio.
-Déjame corregirme, entonces –dije sin perder la calma-, ¿qué te pasó? ¿Estás molesto conmigo?
Hiro me miró como si deseara degollarme en ese mismo instante.
-¡Maldita sea, Sakura, sabes perfectamente por qué estoy molesto!
-No, no lo sé. Y estoy empezando a perder la paciencia, Hiro. -Respiré profundo-. Sólo dímelo. Cualquier cosa que te esté molestando, podemos solucionarla. No creo que sea para tanto.
Aquello debió haberlo molestado. Expandió sus fosas nasales y apretó los puños. La vena de su frente se hinchó.
-¡¿Te parece poco haber coqueteado con el idiota Li durante toda la clase de Literatura?!
Okay, eso definitivamente no me lo esperaba. Primero, porque no tenía idea de que Hiro nos había estado observando; segundo, porque yo en ningún momento había coqueteado con Li.
-¿Disculpa?
-Sakura –Tenía la mirada enfurecida y la respiración agitada-. Los vi, te volteaste para hablar con él, y se sonrieron el uno al otro varias veces. Luego él te acarició el rostro y después prácticamente brincaste sobre él. –Golpeó la pared y me miró nuevamente-. ¡Qué mierda es esa, Sakura!
Quise reír, en verdad tuve ganas de reírme a carcajadas. ¿Ese era el concepto que Hiro tenía de coquetear? ¿Sonrisas casuales y contacto físico inocente? ¡Aquello ni siquiera había sido una caricia, por el amor de Dios!
-Hiro –No me reí porque sabía que eso iba a enfurecerlo más-, yo no estaba coqueteando con Shaoran, simplemente estábamos hablando sobre Rubén Darío. Y después él me quitó una...
-¡Oh, sí claro, por supuesto que sí! –Acortó la distancia entre nosotros, quedando a escasos centímetros de mí-. Si la profesora Yumiko es una estúpida y se lo creyó, yo no lo soy. Te vi sonreírle y chocarle las manos. ¿Y ahora lo llamas por su nombre?
-¡Bueno, sí, eso es verdad! –Esta vez fui yo quien alzó la voz-. Le sonreí porque me dijo ciertas cosas que yo no sabía, ¿okay? Pero eso fue todo, una simple sonrisa y luego un choque de manos de agradecimiento.
Hiro bufó. Pareció estar tratando de calmarse durante unos segundos.
-Ni siquiera deberías hablarle, Sakura, mucho menos sonreírle.
Su actitud estaba comenzando a irritarme.
-¿Por qué se supone que no puedo hablarle?
-¿Ves mi nariz? –Señaló su nariz golpeada con su mano derecha-. ¿Eso no te dice nada?
-¿Que Shaoran tiene una buena derecha?
Hiro abrió los ojos por mi comentario y apretó los dientes. Yo rodé los ojos. Sesión de gritos número cien.
-¡No, Sakura! ¡Dice que ese desgraciado me partió la nariz! –Yo lo miré sin entender su punto-. ¡Y como yo soy tu novio, debes estar de mi lado y no hablarle!
-Un momento. –Coloqué mi mano sobre su pecho y pude sentir el fuerte latido de su corazón-. Ese problema es entre tú y él, a mí no me metas porque yo no tengo nada que ver. Y si Shaoran te golpeó no lo hizo por diversión, sino porque tú y Yamazaki lo encerraron en los vestidores. No estoy diciendo que esté de acuerdo con eso, pero tampoco voy a quitarle el habla por eso.
Hiro tomó mi muñeca en su mano y la apartó de su pecho rudamente.
-¡¿Y ahora tú también vas a defenderlo?! ¡Veo que Tomoyo te ha lavado el cerebro por completo!
Aquel comentario hizo que me molestó muchísimo.
-Tomoyo no me lavó el cerebro, es sólo que no hace falta ser un genio para ver eso, Hiro. Y ahora te agradecería que me soltaras, me estás lastimando.
-Sakura, no me gusta que estés con él.
-Y tú sabes perfectamente que yo no tolero las escenas de celos, Hiro.
Me soltó y posó sus manos sobre mis hombros, con suavidad. Yo estaba de espaldas a la pared, y aquel gesto me hizo sentir acorralada. Hiro respiró profundo dos veces antes de hablar:
-Escucha, Sakura –ya no gritaba- Li es un estúpido y no quiero que te acerques a él. He visto como te mira y eso no me gusta para nada. Estoy seguro que lo hace ara molestarme.
-Es imposible que no me acerque a él, Hiro, se sienta detrás de mí.
La expresión de Hiro se endureció y yo pensé que volvería a gritar, pero no lo hizo.
-Sabes que no me refiero a eso, precisamente. No quiero que lo mires, ni que le hables, ni siquiera para pedirle un lápiz prestado.
Este es el momento donde yo les explico que hay ciertas cosas que me ponen de pésimo humor, como las matemáticas, o cuando mi hermano Touya me molesta, cuando me mandan a callar, o que alguien no me crea si estoy diciendo la verdad. Pero hay otras que me hacen que pierda la paciencia y que sienta ira recorrer mi cuerpo, cosas como que me griten por tonterías, que me traten mal y que me prohíban hacer algo. Y eso era precisamente todo lo que Hiro estaba haciendo.
-¿Son ideas mías o me lo estás prohibiendo? –Pregunté, aún un poco incrédula, aún bajo control.
Él asintió con la cabeza-. Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Entonces sentí como si me apretaran un botón y toda la furia se apoderó de mi cuerpo. Pero no podía dejarme llevar por un impulso.
-Suéltame, Hiro. –Mi tono de voz fue tan cortante que cualquier persona con más de dos dedos de frente se hubiera alejado. Pero como se trataba de Hiro, ni siquiera se movió-. Suéltame si no quieres que te pegue.
Él frunció el ceño.
-Sakura, yo...
Entonces concentré toda mi energía y mis fuerzas en propinarle un empujón que lo hizo alejarse unos buenos pasos de mí.
-¡No tienes ningún derecho de prohibirme nada!
Su expresión denotaba que no se había esperado ni el empujón ni mi estallido. Entonces acogió su posición de macho alfa controlador.
-¡Soy tu novio y quiero protegerte!
-¡Lo que eres es un grandísimo imbécil si crees que te voy a hacer caso! –Él abrió los ojos por mi insulto y su cara adoptó una expresión furiosa-. El hecho de que seas mi novio no te da el poder de prohibirme ¡nada!, Hiro Matamiya. –Intenté calmarme, pero no pude-. Juro que en estos momentos desearía que no fueras así. Que esto -me señalé y luego a él-, no fuera así.
-Retráctate de lo que acabas de decir.
Pude ver en sus ojos que mi comentario lo había herido. Estaba cansada de pelear. Suspiré.
-Lo haré si tú lo haces también.
Él apretó la mandíbula-. No pienso hacerlo. -Se cruzó de brazos.
Y aquello fue la señal que necesitaba para que mi lado ácido saliera.
-Al menos Shaoran sabe como tratar a las mujeres.
Soy consciente que no debí decir aquello, pero era cierto. Hiro estaba siendo demasiado violento conmigo. Ahora era mi turno de hacerlo sentir incómodo y atacarlo con mis comentarios. No era maduro ni sensato, pero era lo que quería.
-¿Qué dijiste? –Como tenía los dientes apretados, prácticamente arrastró cada palabra.
-¿Así que además de salvaje eres sordo? –Sabía que lo que estaba haciendo era inmaduro, pero no pude evitarlo. Así como tampoco pude frenar las siguientes palabras-. Vaya, al menos él me escucha bien cuando le hablo.
Aquello fue la gota que derramó el vaso. Sus ojos estuvieron a punto de desorbitarse por la furia, su rostro adquirió una coloración rojiza, sus fosas nasales se expandieron y estoy segura de que su corazón amenazó con salírsele del pecho. Entonces soltó mis hombros y con su mano derecha golpeó fuertemente la pared.
-¡Maldita sea, Sakura, espero que no estés hablando en serio!
Yo lo aparté nuevamente y le di la espalda, dispuesta a terminar con esta discusión. Salí de la cafetería rápidamente y comencé a caminar a través del patio del colegio en dirección al campo de fútbol. Escuché los pasos apresurados de Hiro detrás de mí.
-¿Tienes alguna otra cosa qué decirme? -Preguntó con furia, esta vez sin gritar.
Yo lo ignoré. Él aceleró el paso y con un movimiento brusco hizo que me volteara.
-¡Vas a responderme en este instante, maldita sea!
A este punto el único furioso no era él. Yo también sentía que el corazón estaba apunto de salírseme por la garganta, y sentía un zumbido aturdidor zaherirme los oídos. Odiaba que maldijera tanto. Así que le dije la primera cosa que se me pasó por la cabeza:
-Me siento muy insatisfecha con nuesta vida sexual, porque creo que es bastante mala.
Le di la espalda nuevamente y comencé a caminar. Luego de unos segundos escuché su voz furiosa gritarme:
-¡Eso no es cierto! ¡Sólo lo dices porque estás molesta!
Me volteé violentamente y no pensé dos veces antes de gritarle en medio del patio?
-¿Ah, sí? ¿Y cuántas veces me has escuchado decirte lo bien que lo haces? ¡Nunca! ¿Sabes por qué? ¡Porque nunca te ha importado si yo la paso tan bien como tú! ¡Si no fueras tan egoísta y tan orgulloso probablemente te darías cuenta!
Y sin decir nada más comencé a correr en dirección a uno de los baños. Sentí que las lágrimas se acumulaban y me nublaban la vista, así que apreté mis ojos y dejé que salieran.
Cuando entré al primer baño que vi lo primero que hice fue abrir el grifo y mojarme la cara varias veces, para intentar serenarme, porque acumular tanta rabia era malo para la salud. Al principio dejé que todas las lágrimas brotaran, ya que necesitaba sacar esa sensación de mi sistema. Probablemente mis niveles de glucocorticoides estaban por los cielos, así que luego de unos minutos intenté tranquilizarme respirando profundo varias veces y mojando mi rostro.
Cerré el grifo y me quedé mirando mi reflejo durante algunos minutos. Escuché pasos aproximarse y me tensé al pensar que podía ser Hiro, pero me tranquilicé en el momento que el dueño de los pasos entró al baño.
-¡Sakura, por fin te encuentro! –Kero borró su sonrisa al ver mi expresión-. ¿Estás bien?
Yo acorté la distancia y lo abracé con fuerza. Él correspondió a mi abrazo y me rodeó con sus brazos. Me alegró tanto que estuviera ahí en ese momento. Se sentó en el piso y me indicó que hiciera lo mismo. Entonces volvió a rodearme con sus brazos.
-Tomoyo me dijo que te habías ido con Hiro a la cafetería, y que él parecía muy molesto por algo. –Me acarició los brazos suavemente-. Y creo que no hay que ser un genio para adivinar que tuvieron una discusión fuerte, ¿o sí?
-Fue terrible, Kero. –Solté un suspiro pesado antes de hablar-. Hiro me armó una escena de celos, porque según él estaba coqueteando con Shaoran en Literatura, dijo que él era un imbécil y que yo no le podía hablar por lo que le había hecho.
-¿De verdad? –Preguntó Kero.
-Sí. Le dije que no iba a quitarle el habla a Shaoran y Hiro comenzó a gritarme que yo era su novia y que quería protegerme y bla bla bla.
Aunque todavía tenía un nudo en la garganta, no sentía la necesidad ni las ganas de llorar.
-Yo me alteré le grité que era un grandísimo imbécil y que no podía prohibirme nada, que al menos Shaoran me escuchaba y me trataba bien.
-¿En serio? –Yo asentí con la cabeza y Kero rió despacio-. Eso debió enfurecerlo, sobre todo porque cree que es perfecto.
-No tienes idea, Kero. Pero eso no fue todo, luego… ¡oh, Kero, no te lo vas a creer!
Él me miró curioso. Como no dije nada durante unos segundos Kero decidió hablar:
-¿Qué pasó, Sakura?
-Le dije lo insatisfecha que me sentía con nuestra vida sexual.
Si la mandíbula de Kero no hubiera estado unida al resto de su cuerpo, probablemente hubiera tocado el piso. Sus rizos rubios brillaron por el reflejo del sol, y yo le aparté unos cuantos hacia atrás. Sus bucles siempre me habían recordado a los de Nick Jonas.
-¿En verdad ¡Eso tuvo que haber sido horrible para su ego! –Me dio un beso en la frente-. Pero me alegra mucho que se lo hayas dicho, Sakura, es mejor así, que sea consciente de sus defectos y que intente arreglarlos.
-¡Pero ahora voy a tener que verlo por el resto del día y la verdad es que no quiero! –Me llevé las manos a la cara y me mordí el labio inferior.
Kero se levantó se de repente con todo el entusiasmo del mundo.
-¡Tengo una idea. -Cogió mi mano y me ayudó a levantarnos-. Ven conmigo.
Salimos del baño y Kero comenzó a caminar de manera apresurada.
-¿Puedes por favor explicarme tu idea, niño genio?
-El timbre de recreo va a sonar en cualquier momento, y como tú no quieres encontrarte con el inepto de tu novio, pues, pensé que podíamos escaparnos.
-Pero cuando el portero nos vea no nos dejará salir.
Kero se giró y me sonrió-. No si salimos en auto. Puedo decirle a Eriol que nos lleve en su humilde vehículo, no creo que se oponga.
Una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro luego de escuchar esa oración. Pero entonces sentí un ligero golpe de realidad. Gracias, Murphy, por joderlo todo siempre.
-Me temo que Eriol tiene que ir a buscar a sus tíos al aeropuerto después de clases, así que no se podrá.
Kero frunció el ceño-. ¿Estaban de viaje?
-¿Por qué crees que hizo la fiesta en la piscina el domingo, tonto? –Kero solo dijo oh.
-¿Y no conoces a nadie que tenga auto en nuestra clase?
Repasé a todas las personas de mi salón una por una, y hasta donde yo sabía las únicas que poseían un auto eran Eriol y Rika. Pero no podía contar con esta última, porque ya todos los profesores de las horas siguientes la habían visto participar en el juego, así que no podría escaparse.
-Puedo decirle a Nakuru. -Comentó él-. Hoy trajo el Jaguar de su...
-Ni siquiera lo intentes.
El timbre del recreo sonó. Yo comencé a prepararme psicológicamente para las siguientes horas.
Cuando comenzamos a subir las escaleras, Rika nos pasó por un lado como un rayo veloz.
-¡Eh, a dónde vas tan apurada! –Exclamó Kero.
Rika se giró y casi sin detenerse dijo:
-Si yo fuera ustedes, lo pensaría dos veces antes de entrar al salón. –Y continuó su camino.
Kero y yo nos miramos confundidos y sin comprender. Le pregunté si había entendido algo de lo que nuestra compañera había dicho, y me dijo que no más que yo. Y justo cuando llegamos al segundo piso, tuve una visión. Sí había otra persona en el salón que tenía auto. Y de hecho, era uno amarillo muy bonito.
-Kero –Él se giró automáticamente-, Shaoran Li puede llevarnos.
Mi amigo frunció el ceño-. ¿Li?
Yo asentí con la cabeza-. ¿Recuerdas el día que me llevó a mi casa y nos viste por la ventana? –Él asintió-. Duh.
Esbozó una sonrisa de complicidad y me pasó un brazo por encima de los hombros. Antes de entrar al aula, Nakuru Akizuki salió de éste y yo me pregunté qué mierda estaría haciendo esa estúpida dentro de mi salón de clases. Kero le sonrió y ella le correspondió. Por supuesto que ni siquiera me miró.
-¿A dónde vas? –Le preguntó mi amigo con una sonrisa de imbécil en el rostro.
Que diga a la Patagonia, por favor, que diga a la Patagonia.
-A la cafetería un momento, ¿me acompañas?
-Tengo algunas cosas que hacer, supongo que nos vemos luego. –Y le dio un corto beso en los labios. Yo rodé mis ojos y aguanté mis ganas de vomitar.
Entramos al salón de clases y como era de esperarse, todos estaban en la cafetería o en el campo de fútbol, o en algún otro lugar. Sólo había una persona allí, que estaba de espaldas mirando por la ventana.
Justo a quien necesitábamos.
(Shaoran)
Rika Sazaki se agachó para recoger su cartuchera metálica sin decir nada. Nakuru y yo nos quedamos estáticos en nuestros lugares. ¿En qué momento habría entrado esta chica?
La recién llegada nos miró como si lamentara habernos interrumpido.
-Oh, por favor no se detengan. Sólo vine a buscar esto. –Señaló su bebida energética y su pequeña toalla.
Nos echó un breve vistazo de arriba abajo. Apartó la mirada, avergonzada, y caminó hacia la puerta. Pero antes de salir, dijo:
-El timbre está por sonar.
Y se marchó. Nakuru y yo nos miramos aún sin entender nada. Entonces ella esbozó una sonrisa divertida y luego se rio.
-¿Qué es tan gracioso? –Pregunté.
-Tu cara de pocos amigos.
Comenzó a acomodarse el uniforme y el timbre sonó. Nakuru miró el reloj de la pared y luego posó sus ojos en mí.
-Nos vemos luego. -Dijo y salió del salón.
Suspiré. Me acomodé los pantalones y recogí mi corbata del suelo, mas no me la puse. Golpeé mi frente con el vidrio de la ventana un par de veces. Cuánta mala suerte.
Escuché pasos y voces, y con el rabillo del ojo pude ver que dos personas entraban al salón, pero yo no estaba con ánimos de saludar a nadie.
-Shaoran. –Al escuchar mi nombre, me giré automáticamente. Me sorprendió encontrarme con Sakura y su amigo griego, Kerberos Kirgyakos. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro.
-Hola.
Ella me sonrió-. ¿Tienes planes para más tarde?
Parpadeé confundido. ¿Sakura quería salir conmigo?
-¿Te refieres a después de clases?
-Se refiere a luego del recreo. –Aclaró Kerberos.
Sentí que mi rostro se desencajaba por la confusión. Después del recreo teníamos clase de historia.
-Pues… hay clase de historia y luego de…
-¿Quieres escaparte con nosotros? –Su pregunta me tomó completamente desapercibido. ¿Escaparse, había dicho?
-¿A dónde van a escaparse que no me invitan? –Los tres nos giramos al mismo tiempo, para ver a la persona que acaba de llegar. Tomoyo tenía el rostro levemente rojo, probablemente debido al sol y a los gritos que había pegado durante el juego.
-Todavía no lo sabemos. –Comentó Kerberos con una sonrisa-. Aún estamos esperando que Li se decida a acompañarnos. Después de todo, es él el que tiene el auto.
-Por favor, llámame Shaoran. –Después de todo, los amigos de Eriol y Sakura también eran mis amigos-. ¿Por qué quieren escaparse?
Sakura se apresuró a hablar-: Porque no queremos asistir a las demás clases. –Juntó sus palmas y me miró-. Por favor, por favor, ¿por favor?
Creo que ni por todo el oro del mundo hubiera podido resistirme a aquellos suplicantes ojitos verdes.
-Si me lo pides de esa manera, no puedo negarme. –Caminé hasta mi asiento y tomé mi mochila-. ¿Qué están esperando ustedes para tomar sus cosas?
Kerberos y Tomoyo se apresuraron a recoger sus respectivas mochilas y demás neceseres. Sakura sonrió de oreja a oreja y dejó salir un gritito de emoción.
Kerberos y Tomoyo fueron los primeros en salir del salón, para asegurarse que no hubiera ningún profesor en el pasillo que nos preguntara a dónde nos dirigíamos con todas nuestras cosas. Cuando el rubio nos hizo una seña, Sakura y yo salimos también. Bajamos las escaleras sin mucha prisa, y cuando llegamos abajo Kerberos nos detuvo y posó sus ojos en mí:
-Shaoran, ¿dónde aparcaste tu auto?
Yo no necesité pensar mucho antes de responder:
-En los estacionamientos que están cerca del gimnasio.
Mis tres acompañantes se quejaron automáticamente. Tomoyo dijo algunas cuantas cosas que no logré entender, Sakura puso los ojos en blanco y Kerberos rodó los ojos.
-¿Por qué tan lejos, estás loco?
-Bueno, es que hoy llegué temprano. Y así los que llegan tarde pueden estacionarse más cerca.
Kero bufó-. Bien pensado, pero tendremos que atravesar el campo de fútbol para llegar hasta allá. Sería mucho más fácil si hubieras aparcado el auto más cerca, pero que más da.
Nos escabullimos por los pasillos como pudimos, hasta que llegamos al complejo que estaba casi en frente del campo de fútbol. Ya no había ni una sola persona en los alrededores, lo cual me sorprendió.
-Bien. –Kerberos se volteó y nos miró a los tres-. Al parecer Murphy está de nuestro lado, pero no podemos confiarnos, así que este es el momento donde corren como si no hubiera un mañana. Si logramos cruzar el campo sin que nos pillen, habremos salido airosos.
-Ehm, Kero, no creo que sea buena idea atravesar el campo –La preocupación en la voz de Tomoyo era evidente-, me parece que sería mejor si tomamos otro camino.
El aludido frunció el ceño-. ¿Por qué? –Tomoyo miró su reloj y justo cuando abrió la boca para responder su amigo la interrumpió-. No hay tiempo para explicaciones, vamos a ir por aquí y punto.
Los tres asentimos y antes de decir nada, nuestro líder se echó a correr. Tomoyo le imitó, pero en vez de tomar su mismo camino, corrió por las graderías. Sakura sí siguió los pasos de su amigo. Y yo me quedé estático en mi lugar, sin saber exactamente hacia que lugar correr.
Sakura, al darse cuenta de que yo no me había movido, se devolvió y me tomó de la mano, arrastrándome con ella.
-¡Shaoran, apúrate!
Y nos echamos a correr. Me sorprendió el hecho de que corriera tan rápido, tanto, que inclusive logramos pasar a Tomoyo y alcanzar a Kerberos. Y justo en el momento que llegamos a la mitad del campo, los aspersores se encendieron, empapándonos.
Sakura soltó un gritito de sorpresa y yo me eché a reír, aún sin detenernos.
-¡Les dije que no era buena idea! –Exclamó Tomoyo desde las graderías.
-¡¿Y tú cómo sabías que los aspersores iban a encenderse justo en este instante?! –Preguntó Kerberos, tras haberse detenido por la sorpresa.
-¡Pues porque siempre los encienden los miércoles a esta hora!
En el momento que mi mirada chocó con la de Sakura, nos echamos a reír. Entonces ella se soltó de mi mano y continuó corriendo.
-Oh, it's raining man, Hallelujah, It's raining man, amen!
Yo no pude evitar reírme ante aquello, y deseé inmensamente tener mi cámara conmigo.
De repente escuchamos una voz que nos gritaba a lo lejos
-¡Muchachitos del demonio! –Los cuatro nos giramos hacia la izquierda, para encontrarnos a uno de los conserjes del colegio, que nos gritaba mientras alzaba un rastrillo-. ¡Van a arruinar mi césped y sus uniformes!
Tomoyo se incorporó rápidamente y comenzó a reír
-¡El temible señor Chang! ¡Todos corran por sus vidas!
Entonces reanudamos nuestra carrera, ahogados de la risa. Llegamos a mi auto casi enseguida y yo lo abrí rápidamente para que todos pudieran subirse. Tomoyo y Sakura se sentaron atrás, mientras que Kero tomó el asiento del copiloto.
Encendí el motor y salimos sin problema alguno.
-¿A dónde quieren ir, mis queridos prófugos? –Pregunté mientras encendía la radio. Kerberos se ofreció a buscar alguna canción buena.
-Así mojados no creo que nos dejen entrar a muchos lugares, pero…
-¿Por qué no vamos a tu casa, Shaoran? Allá podemos secarnos y decidir mejor a dónde queremos ir. –Sakura hizo aquella pregunta con tanta confianza y naturalidad que no pude negarme.
Asentí con la cabeza. Entonces Kerberos detuvo su búsqueda en una de las emisoras. Había encontrado la canción perfecta.
-Oh, Saku, ¡hazme el honor de escucharte cantando esto!
Sakura parpadeó confundida, hasta que reconoció la voz de la Stefani Joan Germanotta.
You know that I love you boy
Hot like Mexico, rejoice
At this point I gotta choose,
nothing to loose
Entonces soltó un gritito de alegría y comenzó a cantar como si estuviera en un concierto. Kerberos se había girado completamente para observar a su mejor amiga imitar a Lady Gaga. Tomoyo no tardó mucho en unírsele:
Don't call my name
Don't call my name, Alejandro
I'm not your babe
I'm not your babe, Fernando
Nos detuvimos en un semáforo y Sakura se quitó el cinturón de seguridad y se arrodilló en el asiento para cantar.
Don't wanna kiss, don't wanna touch
Just smoke one cigarette and hush
Don't call my name
Don't call my name, Roberto
Alejandro.
Alejandro.
Ale-ale-jandro.
Ale-ale-jandro.
Yo giré y pude contemplar a ambas chicas. Tomoyo utilizaba su celular como micrófono. Y Sakura se meneaba de un lado a otro. Su camisa se había transparentado y se le pegaba a la piel. Pude ver que su sostén era de color morado. Entonces bajé la mirada y me fijé en sus muslos, aún húmedos y atrayentes. Juro que comencé a sudar.
-Creo que verde significa avanza. –La voz de Kerberos me hizo volver a la realidad.
Miré al frente y me fijé que el semáforo se había puesto verde. Pisé el acelerador y seguimos con nuestro camino. Lo miré de reojo y se estaba riendo, pero no de sus amigas, sino de mi expresión de idiota.
Pronto estuvimos en mi apartamento, sanos y salvos. Les ofrecí toallas a Kerberos y a Sakura, para que se secaran. Le presté una camiseta roja a Kerberos y a Sakura una sudadera azul de los New York Giants, mientras sus camisas se secaban en la secadora.
-¿Qué hora es?
Tomoyo miró su reloj-. Son apenas las once, deberíamos salir por un brunch.
-¡Vayamos a La Casa del Tío Jack! –La exclamación de Sakura hizo que todos la miráramos-. ¿Qué dicen?
La Casa del Tío Jack de Tomoeda era un restaurante de desayunos americanos relativamente grande, muy famoso por sus deliciosos panqueques, waffles, huevos revueltos y tocino. Nos sentamos en una mesa de esquina, con unas ventanas grandes que daban a la calle. Yo pedí una orden de de tocino y panqueques con chispas de chocolate. Tomoyo pidió Waffles con crema y fresas. Sakura pidió panqueques de banana. Pero Kerberos tenía algo muy grande en mente.
-Yo voy a tomar el reto del tío Jack.
La muchacha que nos estaba atendiendo le anunció a todo el restaurante que en la mesa número cinco alguien iba a ordenar La Montaña de Panqueques del tío Jack, que, según entendí, consistía en muchos panqueques. Si ganabas el reto, no te cobraban el plato y te pondrían en el álbum y en la pared de los campeones. Entonces uno de los empleados comenzó a golpear una campana y todos los comensales se giraron a mirarnos. Una de las meseras le colocó un babero con estampado de leñador a Kerberos y un sombrerito de cartón. La muchacha que nos atendía regresó con un libro que tenía en la portada el dibujo de un leñador con la panza llena.
-Este es el álbum de los campeones, aquí están todos los que han sido capaces de vencer el reto.
Comenzamos a mirar las fotografías. La mayoría de las personas que allí estaban eran hombres gordos, pero de vez en cuando se veía uno que otro delgado por aquí y una mujer por allá. Todos tenían la misma expresión de triunfo, como quien acaba de ganarse algo muy importante. Por alguna razón que desconocía, Tomoyo y Sakura se adueñaron del libro y no me permitieron ver algunas fotos.
Comencé a especular sobre cuán grande podría ser aquella montaña de panqueques y cuántos podría llegar a comer Kero. Pero no hizo falta mucha hipótesis sobre el asunto, ya que minutos más tarde nos trajeron el pedido.
Tanto mi plato como los de Sakura y Tomoyo tenían un tamaño decente y consumible por una persona normal, pero no el de nuestro querido grieguito. La Montaña de Panqueques del tío Jack era un plato de proporciones bíblicas. Consistía en una montaña de diez panqueques gordos, grandes y jugosos, de sabores diferentes. Dos clásicos, uno de banana, uno de fresa, uno de chispas de chocolate, uno de arándanos, uno blueberries, otro de chocolate, uno café y el último, de mantequilla de maní. Todo cubierto de sirope, crema batida, fresas y bananas. Kerberos ordenó una jarra jugo de naranja para tomar.
Yo lo miré como si hubiera enloquecido. Aquello era simplemente demasiado. Es decir, era una locura. Con tan sólo cuatro o cinco panqueques ya estaría lleno. Pero eso no era todo, no sólo tenía que comerse absolutamente todo lo que estaba en el plato, sino que además tenía que hacerlo en un tiempo menor a veinticinco minutos.
Y justo en el momento que uno de los meseros sonó la campanita que daba inicio al reto, Kerberos comenzó a comer. Tomoyo, Sakura y yo no tardamos en hacer lo mismo con nuestros platos.
Luego de los primeros diez minutos, Kerberos ya se había comido cerca la mitad de su plato, más o menos igual que nosotros. Lo irónico es que no parecía estar apurado por acabar. Es decir, sí comía a un ritmo un poco más rápido que nosotros, pero no se atragantaba con la comida. Masticaba todo varias veces y parecía disfrutarla.
Tanto Tomoyo como Sakura se veían tranquilas, como si nada estuviera extraño pasando a su alrededor. Parecía que aquella situación fuera completamente normal en sus vidas. Yo no entendía a qué se debía esa paz y ese orden en la mesa, si había un comensal que participaba en el reto del tío Jack, ¡por el amor de Dios!
Pasados ya quince minutos, Kerberos había devorado gran parte de su plato. Yo estaba a punto de terminar, al igual que mis otras dos acompañantes. Kerberos pidió otra jarra de jugo de naranja.
Sakura conversaba con Tomoyo acerca de un viaje a la playa que habían hecho el año pasado, y de las ganas que tenían ambas de repetirlo.
Faltando tan sólo tres minutos para que se acabara el reto, Kerberos engulló la última fresa de su plato, y bebió todo el jugo de naranja que quedaba, directamente de la jarra.
Yo parpadeé muchas veces, aún sin comprender a qué se debía tanta naturalidad. Sakura y Tomoyo sonrieron y le aplaudieron en el momento que todos felicitaron a nuestro amigo por haber finalizado el reto.
Uno de los meseros le preguntó su nombre. Al oírlo, se dirigió a la chica que nos estaba atendiendo y le mostró una lámina metálica no muy grande con algunas cosas escritas en ella. La chica miró a Kerberos un poco sorprendida y abrió el álbum de los campeones. Pareció estar buscando una foto en específica.
-La primera es la fotografía ocho, la segunda es la quince.
Miré a Kerberos sin comprender, y luego posé mis ojos en la chica, que había dejado escapar un gemido de sorpresa. Entonces miró a su compañero y él asintió con la cabeza.
Yo seguía sin comprender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo, así que Tomoyo decidió iluminarme:
-Esta no es la primera vez que Kero toma el reto –Comentó.
-¿Ah, no?
Sakura negó con la cabeza y le pidió el álbum a la chica antes de que se fuera. Buscó la foto número quince y en ella vi a un chico de pelo rubio y corto, de ojos dorados y expresión divertida. Leí el nombre debajo de su fotografía y, efectivamente, decía Kerberos Kirgyakos. Luego pasó las páginas hasta llegar a la número veintitrés, y allí también estaba Kerberos, sólo que con unos rizos bastante abundantes.
Abrí los ojos y la boca con incredulidad. No podía ser posible que alguien hubiera roto ese reto no una, sino tres veces. Pero lo era, y yo estaba sentado al lado de esa persona.
Una alarma comenzó a sonar y una fila de meseros salió con gorros de fiesta y sonadores. Echaron papelillos al aire y todos en el restaurante aplaudieron al tres veces vendedor del reto del tío Jack.
Le tomaron un par de fotos para la pared y el álbum de los campeones.
Luego de una pequeña celebración salimos del restaurante. Kerberos tenía uno de esos pines redonditos que decía YO ROMPÍ EL RETO DEL TÍO JACK, un certificado de desayunos gratis y una placa de Campeón.
Mientras caminábamos en dirección yo seguía bastante impresionado por todo aquello, y Kerberos pareció notarlo.
-¿Es que acaso en Hong Kong no comen panqueques? –Preguntó sonriéndome.
-Sí comen, pero nadie como tú. Te has ganado mi respeto, Kerberos.
Él borró su sonrisa automáticamente y frunció el ceño ligeramente.
-Escucha, Shaoran, me pareces un tipo agradable y me caes bien, y si quieres que eso continúe así, nunca vuelvas a llamarme Kerberos, ¿okay?
-Lo siento.
Él volvió a sonreír-. Así está mucho mejor. Por cierto, necesito recostarme, así que esta vez me sentaré en el asiento trasero y bueno, así tú podrás sentarte junto a…
Miró a Sakura y alzó ambas cejas de manera sugestiva. Yo sonreí.
-¿Se nota mucho que me gusta?
Él rodó los ojos-. No es como si hicieras algún esfuerzo por disimularlo.
Kero y Tomoyo se sentaron en la parte de atrás y Sakura se sentó en el asiento del copiloto junto a mí. Yo le sonreí y ella me correspondió.
-¿A dónde quieren ir ahora, camaradas?
-Propongo algo tranquilo porque alguien aquí consumió cerca de diez kilogramos de comida.
Kerberos se recostó del regazo de Tomoyo.
-¿Qué les parece si vamos al cine? –Yo me giré para ver a Tomoyo y Sakura hizo lo mismo-. Dentro de media hora comienzan los matinés.
-Por mí está bien. –Opinó Kero.
-Yo digo que sí. –Dijo Sakura.
-Al cine, chauffeur. –Indicó Tomoyo con un impecable acento francés.
(Sakura)
El Curioso Caso de Benjamin Button era una película bastante larga, pero de esas que te enganchan desde el primer momento y tú no quieres perderte ni un detalle, porque si lo haces comienza a volverse confusa.
Agradecí al cielo aquello, ya que así podía concentrarme en la película y no en mirar a Shaoran. Creo que aunque quisiera no podría explicarles lo difícil que había sido para mí no mirarlo mientras almorzábamos, o en el camino al cine o mientras estábamos sentados esperando que comenzara la película. Porque no existían palabras para describir lo guapo que se veía con el flequillo peinado hacia atrás
Tenía que admitirlo, Shaoran me gustaba. Me gustaba su pelo rebelde, sus cejas gruesas y sus largas pestañas, su color de piel...
Y ahora que Hiro me había prohibido mirarlo, tocarlo y hablarle, se había vuelto más atractivo. Se sentía tan bien hablarle, sonreírle, sabiendo que estaba haciendo exactamente lo contrario que Hiro me había ordenado. Además, había descubierto que Shaoran de verdad era muy agradable y simpático. Y teníamos una gran química.
La película estaba a punto de terminarse, y llegados a este punto no había vuelta atrás para las lágrimas. Yo siempre he sido muy llorona con las películas y los libros que logran conmoverme. Y estando allí sentada, mirando como Benjamin envejecía de edad pero rejuvenecía físicamente, y observando a Daisy cuidar de él como la madre y amante que era, me ablandaba demasiado.
-¿Necesitas un abrazo? –El susurro de Shaoran había sonado tan dulce que cualquiera que nos hubiera escuchado habría pensado que éramos una feliz pareja de novios.
Me sequé varias de las lágrimas con la manga de la sudadera que me había prestado y negué con la cabeza. Él me sonrió.
-Puedes... puedes recostarte de mi hombro, si quieres.
Asentí y apoyé mi cabeza en su hombro.
El final de la película llegó y yo sentí una mezcla de felicidad y tristeza.
-Hueles bien.
Alcé la mirada y me encontré con los ojos ámbares de Shaoran. Me apartó un mechón de pelo del rostro y yo me di cuenta de un detalle curioso: esta vez, quien tenía una pestaña en la mejilla era él. Acerqué mi mano para quitársela.
-Sakura. -Dijo él.
De repente no había nadie más en toda la sala de cine. Sólo Shaoran y yo, nuestros rostros tan cerca, nuestras miradas entrelazadas.
-Sakura.
Él comenzó a inclinarse lentamente y yo cerré los ojos. Pero el contacto de nuestros labios jamás se dio, porque el carraspeo de garganta más inoportuno de la historia hizo que nos separáramos.
-No sé si lo notaron, pero la película ya terminó.
Me incorporé automáticamente, quedando de pie frente a Shaoran. Entonces noté que las luces de la sala se habían encendido y que la poca gente estaba saliendo. Miré a Kero y luego a Shaoran.
-Era lo que trataba de decirte.
Kero soltó una carcajada y abrió la boca para decir algo, probablemente alguna burla, pero no se lo permití.
-Cállate. –Espeté de mala gana.
Comencé a caminar en dirección a la salida y sólo escuché una risita detrás de mí. Estúpido Kero. Tomoyo me alcanzó y pude notar que estaba intentando esconder una sonrisa.
-Veo que Shaoran y tú se han vuelto cercanos.
No me gustó para nada la manera sugestiva que utilizó para decir aquello, ni mucho menos el énfasis descarado que había empleado en cercanos. Ya sabía hacia dónde se dirigía el asunto.
-No sé a qué te refieres. –Me crucé de hombros y caminé en dirección a las escaleras eléctricas.
-Oh, bueno, es sólo que se veían algo acaramelados y pues… no sé.
Me detuve en seco y Tomoyo hizo lo mismo, quedando ligeramente más adelante que yo.
-¿Estás insinuando algo, Tomoyo Daidouji?
Mi prima me miró y suspiró.
-Estuviste a punto de besarlo, Sakura Kinomoto. Eso es lo que estoy intentando decirte.
Yo me mordí el labio inferior y me sentí como una tonta por intentar ocultarle algo tan obvio a alguien tan perceptiva como Tomoyo.
-¡Ay, Tomoyo! –Exclamé desesperada y retomé el camino-. Tenía muchas ganas de besarlo. Pero, al mismo tiempo, agradezco la interrupción, ¿te imaginas si Kero no hubiera tosido? ¡Oh, por Dios, quién sabe qué hubiera sucedido!
Bien, quizás estaba exagerando. Shaoran y yo tampoco éramos pandas en época de apareamiento que no podían controlar sus impulsos carnales, pero ustedes comprenden mi punto. Mi desesperado punto.
Al llegar abajo me fijé que los dos chicos estaban apenas comenzando a bajar por la escalera eléctrica.
-Lo que pasa es que te gusta Shaoran.
-¡Pero, Tomoyo, yo tengo novio!
Mi prima rodó los ojos-. Desgraciadamente.
Su comentario fue más para ella misma, pero pude escucharlo perfectamente.
-¿Qué quieres decir con eso?
Ella me miró como pensando si decírmelo o no. Al final se decidió a hablar.
-Sabes que yo nunca estuve cien por ciento de acuerdo con esa relación, Sakura.
Era verdad. Tomoyo formaba parte del grupo que pensó que yo jamás daría mi brazo a torcer ante Hiro. Cada uno por razones diferentes. Mi prima me conocía demasiado bien y sabía que Hiro estaba lejísimos de ser mi tipo, y que si yo había aceptado ser su novia había sido por esa chispa divertida que está en al aire cuando te gusta una persona, pero nada más.
Y tenía razón. Dios, no sé cómo hacía pero siempre tenía razón. Hiro me gustaba físicamente, sí; me parecía un chico gracioso y me divertía mucho con él, también; me trataba bien, era cariñoso y muy bueno besando, ajá; pero hasta ahí llegaba el asunto. Porque yo no podía entablar una conversación seria con él durante demasiado tiempo.
Y ahora que lo pensaba, siempre salíamos a los mismos lugares, hacíamos las mismas cosas y hablábamos de los mismos temas. Y el sexo, oh, no me hagan comenzar con eso.
-Créeme que yo tampoco estoy cien por ciento de acuerdo, Tomoyo.
Comenzamos a caminar nuevamente, antes de que Shaoran y Kero nos alcanzaran. Se les veía muy animados conversando sobre algo.
-¿A qué te refieres? –Preguntó mi prima.
Yo suspiré-. Me refiero a que cada vez que me siento a analizar mi situación sentimental, me entran unas ganas enormes de pegarme un tiro. –Tomoyo abrió la boca para decirme algo, pero yo no la dejé-. Sé que no debería bromear con eso, pero...
Tomoyo se rió y me abrazó. Yo le correspondí.
-Y luego de lo de hoy, no lo sé, Tomoyo, estoy considerando seriamente en terminar mi relación con Hiro porque…
-¿Qué pasó hoy? –Su mirada seria hizo que detuviera mi parloteo. Entonces recordé que aún no le había dicho nada sobre mi pelea con Hiro en la cafetería.
Suspiré.
Le conté todo lo que había sucedido, con lujo de detalles, mientras caminábamos al estacionamiento del centro comercial. Tomoyo sólo abría los ojos por la sorpresa, o me hacía preguntas del tipo: ¡quéeeeeeeeeeeee! Ustedes saben, lo típico.
Cuando llegamos al auto de Shaoran yo ya había finalizado con mi historia y Tomoyo, a diferencia de lo que yo esperaba, no se mostraba sorprendida, sino más bien divertida. Y aquello me desconcertó. Parecía que Kero y ella se alegraban de mi pelea con Hiro, pero yo no lograba comprenderlo del todo.
Es decir, sí, yo sabía que ninguno de los dos era fan de mi relación con Hiro, pero de ahí a alegrarse por una discusión nuestra, ya era otra cosa. O tal vez no. ¿por qué todo tiene que ser tan complicado? Sí, sí, ya sé, ya lo sé. No hace falta que me lo repitan. No es complicado, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.
O sea que yo, además de impulsiva, era estúpida. De hecho, cuando me preguntaran qué era o qué hacía, tendría que responder eso. No podía responder que era estudiante, porque eso era poco original. Pero tampoco gozaba de una profesión, así no podría decirlo. Y tampoco podía decir que era una hija o una hermana, porque miles de personas en el mundo lo son. Así que la próxima vez que alguien me preguntara: ¿qué haces? O, ¿a qué te dedicas? O, ¿qué eres? Yo diría: Hola, soy estúpida. E impulsiva. Adiós.
Dejé salir mi suspiro número mil y abrí la puerta del auto en cuanto Shaoran desactivó la alarma. Tomoyo se subió conmigo a la parte de atrás y Kero y Shaoran ocuparon los puestos de piloto y copiloto, respectivamente.
-¿Vas a dejarlo conducir tu auto? –Mi pregunta sonó más chocante de lo yo hubiera querido.
Shaoran asintió-. ¿Por qué? ¿Maneja muy mal?
-Oh, no –Comentó Tomoyo, divertida-, pero si quieres que lleguemos sanos y salvos, pues, Kero no es la mejor alternativa.
-Vamos, chicas, no sean aguafiestas, el hecho que a mí me guste la velocidad más de la cuenta no significa que sea malo conduciendo. –Aclaró Kero, encendiendo el motor.
Shaoran se pasó los brazos pro detrás de la cabeza.
-Con tal que no me lo choques, yo soy feliz.
Kero esbozó una sonrisita de complacencia. Noté que pronto estuvimos en la calle, y que mi mejor amigo parecía conocer muy bien la ruta a donde nos dirigíamos.
-¿A dónde nos llevas, chauffeur? –Preguntó Tomoyo adelantándoseme.
-Sorpresa.
-Anda, no seas así, dinos a dónde vamos. –Insistió mi prima.
-¿Qué caso tiene que les diga, si es una sorpresa?
Yo me sonreí a mi misma con maldad. Sabía como hacer que hablara.
-Queremos saberlo, Kerberos.
Agradecí mentalmente que hubiéramos llegado a un semáforo, porque Kero se giró inmediatamente al oír la mención de su nombre. Tenía el ceño fruncido.
-No vuelvas a llamarme así.
Yo no borré mi sonrisa-. ¿Vas a decirlo ahora?
Él negó con la cabeza y se volteó.
-Kerberos, por favor.
Tomoyo tenía la boca tapada con las manos, pero aún así podía escucharse su risita divertida. Shaoran se había girado ligeramente para mirarme.
-Sakura –La voz de Kero fue cortante y seria-. Te dije que no me…
-Puedo usar tu segundo nombre, si quieres.
Por el espejo retrovisor pude ver como apretó la mandíbula y abrió los ojos con lo que parecía ser furia.
-¡Esto es extorsión! –Golpeó el timón del auto.
-Y de la buena. –Comentó Shaoran riendo-. Díselo ya si no quieres que nos enteremos de tu segundo nombre.
Kero miró a Shaoran un poco molestó y luego bufó.
-Vamos al parque de diversiones. ¿Estás feliz ahora?
Entonces yo sonreí satisfecha.
Sí, muy feliz.
(Shaoran)
La risa de Tomoyo fue lo que me hizo estallar a mí. Pronto ambos nos encontrábamos riendo a carcajadas, como dos locos desquiciados, ella acostada boca arriba en el sofá de la sala de mi apartamento, y yo con la mitad del cuerpo en un sillón, y la otra mitad en el piso.
Kero seguía parado sobre la mesita de café, la cual habíamos convertido en un escenario para nuestras dramatizaciones, imitando a Michael Jackson
-¡Basta ya, Kero! –Exclamó Tomoyo, roja como un tomate de tanto reír-. ¡Por favor, ya no aguanto más!
El aludido bajó de la mesa tambaleándose y se rió por lo bajo.
-No es mi culpa que estés tan borracha.
Tomoyo se semi incorporó-. Eh, en realidad sí lo es, ¿o es a caso lo olvidaste?
Probablemente ustedes se preguntarán cómo fue que llegamos a mi apartamento y en qué momento perdimos el control.
Pues, luego de salir del cine, Kero nos llevó al parque de diversiones de Tomoeda donde nos montamos dos veces en la noria, cuatro en el martillo, cinco en el barco pirata y catorce veces en la montaña rusa. Después, fuimos hasta mi casa para que ellos recuperaran sus camisas, chaquetas y corbatas mojadas. Y allí fue cuando Kero encontró algo en una de las alacenas de la cocina.
Eriol me había regalado una botella de tequila cuando llegué a Tomoeda. Yo no solía beber alcohol, a pesar de lo que mi madre creía por lo que había visto en aquella fiesta, así que por eso la había dejado allí. Pero Kero se mostró entusiasmado y nos dijo que debíamos tomarnos algunos chupitos. En un principio, Tomoyo se mostró un tanto reticente ante la idea de ingerir alcohol y en especial un día de semana. Porque, según sus palabras textuales, tus únicas intenciones son las de embriagarnos, ¿verdad Kero?
El griego se encogió de hombros y dijo vamos, solo serán un par de shots. No le costó mucho convencer a Sakura, que aceptó muy gustosa la propuesta con un: no me vendría mal uno ahora. Yo accedí. Tampoco planeaba emborracharme, serían solo uno o dos chupitos.
Tomoyo accedió, advirtiéndonos de ante mano que no bebería demasiado, pues no le hallaba la gracia a tomar hasta emborracharse.
Y fue así como una cosa llevó a la otra, el primer shot nos pareció poco, así que corté algunos limones y saqué un poquito de sal, y tomamos un poquito más. Cinco shots más, para ser exacto.
Antes del quinto, Sakura, que fue quien se encargó de llenar los vasitos, habló en tono solemne:
-Propongo un brindis.
-¿Por qué brindamos? -Preguntó Tomoyo.
Parpadeó un par de veces-. No lo sé. No lo había pensado. Ustedes propongan.
Kerberos se puso de pie y sonrió antes de decir, con mucho patriotismo, lo siguiente:
-¡Por Grecia!
-Por José Cuervo. –Dijo Tomoyo entre risas.
-Por Rubén Darío. –Dijo Sakura riendo.
Yo sonreí-. Por Tomoeda.
Los cuatros tomamos la sal, nos bebimos el tequila de golpe y, finalmente, chupamos el limón. Yo arrugué los ojos y sentí que se me quemaba la garganta mientras el fuerte licor bajaba por ella. Ya no más.
Me dejé caer en el sillón y Tomoyo volvió a sentarse en el sofá, abrazando uno de mis cojines. Recordé que la música seguía sonando en aleatorio cuando Sakura, que se había sentado junto a su mejor amiga, se puso de pie de golpe, al oír el sonido de una guitarra poderosa.
-¡Oh, por Dios, yo adoro esta canción! –Sus ojos brillaron de emoción y pronto se subió a la mesa de café para comenzar a corear a Jon Bon Jovi:
This ain't a song for the brokenhearted
No silent prayer for the faith departed
And I ain't gonna be just a face in the crowd
You're gonna hear my voice when I shout it out loud
It's my life
It's now or never
I ain't gonna live forever
I just wanna live while I'm alive
It's my life
My heart is like an open highway
Like Frankie said: "I did it my way"
I just wanna live while I'm alive
'Cause it's my life
Kerberos también estaba cantando y Tomoyo aplaudía desde su puesto en el sofá. Sakura me miró y me tomó de la muñeca:
-¡Canta con nosotros, Shaoran!
Yo subí a la mesa. Comenzamos a cantar juntos.
This is for the ones who stood their ground
For Tommy and Gina who never backed down
Tomorrow's getting harder, make no mistake
Luck ain't even lucky, gotta make your own breaks
It's my life
And it's now or never
I ain't gonna live forever
I just wanna live while I'm alive
It's my life
My heart is like an open highway
Like Frankie said: "I did it my way"
I just wanna live while I'm alive
'Cause it's my life
Entonces nuestras miradas se encontraron, y por un instante me perdí en el verde de sus ojos. Sakura me pasó un brazo por encima de los hombros y me sonrió de una manera que me dejó sin aliento.
-Por Dios, esta canción describe exactamente cómo me siento. –Hizo una pausa, como si estuviera recordando algo-. Es mi vida y yo le hablo a quien quiero.
No entendí que quiso decir con eso, pero no se lo pregunté. Porque ella no me dio tiempo de hacerlo.
You better stand tall
When they're calling you out
Don't bend, don't break
Baby, don't back down
Y en el momento que Sakura posó sus labios sobre los míos, It's my life se convirtió en mi canción favorita.
Rodeé su cintura con mis brazos y la acerqué aún más a mí. Entonces ella profundizó el beso y nuestras lenguas entraron el contacto. Su boca sabía a tequila, y estaba seguro que la mía también, pero aquello no me molestó para nada.
Porque lo único que me importó fue la sensación de sus labios.
Y nada más.
It's my life
And it's now or never
I ain't gonna live forever
I just wanna live while I'm alive
It's my life
My heart is like an open highway
Like Frankie said: "I did it my way"
I just wanna live while I'm alive
'Cause it's my life!
Creo que nadie se imaginó que la persona que interrumpió a Shaoran y a Nakuru fue Rika Sazaki. La mayoría pensó que era Sakura, algunos lo pusieron en duda, pero a ninguno se le pasó por la mente esa opción. Y se vienen las preguntas: ¿por qué Rika? ¿Le contará a Kero? ¿Qué pasará?
Ahora pasemos a la parte importante del capítulo (o a la parte con la cual yo intento compensar el make out session de Shaoran y Nakuru en el cápítulo pasado): el beso. Habrá que ver qué sucede después de esto, cuando el efecto del tequila se disipe.
Gracias a todos por sus reviews. Los que no lo han hecho, los invito a que lo hagan, para conocer sus opiniones.
La canción que Sakura canta en medio del campo de fútbol es It's Raining Men y la del auto es Alejandro de Lady Gaga. Por cierto, si aún no han escuchado It's My Life de Bon Jovi, ¡HÁGANLO!
Canción: It's my life
Banda: Bon Jovi
Álbum: Crush
