Aqui esta mi nueva adaptación espero les guste.

**Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Veinte

Edward

Mis pasos eran ligeros mientras bajaba las escaleras.

Mi cama estaba vacía cuando me desperté, y una breve parada en la habitación de Elizabeth mostró que la cama de ella también estaba vacía, pero el aroma de los panqueques inundaba mi nariz.

Me detuve en el escalón inferior y me senté tranquilamente, disfrutando del espectáculo que eran mis chicas.

—Cuatro más uno —preguntó Elizabeth.

—Cinco.

—Seis más uno.

—Siete.

—Veintinueve más setenta y tres.

Bella se movía de lado a lado. —Umm...

Las piernas de Elizabeth colgaban, meciéndose hacia adelante y hacia atrás mientras se sentaba en un taburete de bar en el mostrador, aún usando su camisón favorito de Minnie Mouse. Bella estaba en la estufa de espaldas a las escaleras y usando los mismos pantalones cortos de dormir que le había arrancado la noche anterior. Usaba una camiseta sin mangas diferente, pero podía ver el contorno de su sostén. Considerando que no lo había visto en el piso de mi dormitorio, asumí que era el mismo que le había quitado unas horas más temprano, después de la segunda vez que tomé su cuerpo, pero antes de la ducha, justo cuando el sol se había puesto en el horizonte, cuando ella se había corrido sobre mis dedos.

A medida que miraba su trasero, mientras ella volteaba los panqueques, decidí que si no fuera por mi hija, habríamos empezado esta mañana con café, panqueques, y ella doblada sobre el mostrador mientras yo la tomaba por detrás.

Pero siempre tendríamos el más tarde esa noche.

Y la noche siguiente.

Y la noche siguiente.

Y la noche después...

—Ciento dos —contestó Bella.

—Diez más mil.

Su rostro era cálido mientras se giraba, una espátula en su mano.

—Mil diez.

—Guau —suspiro Elizabeth. —Eres buena.

Fue difícil no reírse cuando Bella hizo una reverencia y luego tomo una rebanada de pan que yo sabía que era tostada con aguacate. Y eso se basaba en poco más que el asco en la cara de Elizabeth cuando Bella le dio un mordisco.

Recostado de espaldas, apoyé mi codo en el escalón que estaba encima de mí y miré la belleza de todo esto.

Bella no era su madre, pero así era la familia. Una familia feliz.

Una familia sana. El tipo de familia para siempre.

Nunca pensé que tendría algo así, y mucho menos que podría dárselo a Elizabeth. Salir con un padre soltero era una pesadilla. Entre el trabajo y tratar de ser madre y padre para mi hija, no tuve mucho tiempo para construir confianza o una relación. La idea de presentarle una mujer a mi hija que podría o no quedarse era aterrador. Elizabeth tenía un gran corazón; se habría encariñado. Básicamente como lo hizo con Bella.

Pero por muy extraña que hubiera sido nuestra situación, este era posiblemente el único camino que me a llevado a un punto en el que me llena hasta el borde de la felicidad mientras veo a mi mujer de pie en la cocina, haciendo panqueques con mi hija.

Bella me había mentido. Mucho.

Pero el perdón había sido parte de nuestro vínculo desde el primer día.

Esto no sería diferente.

—Ochenta y siete más doce — preguntó Elizabeth.

Bella respondió, pero no con una respuesta.

—¿Edward? ¿Sabes estás? —¡Atrapado!

Sonriendo como el maldito tonto que era, me levanté y me dirigí a ellas. —¿Cómo sabías que estaba allí? —Batio sus pestañas y miró a lo lejos mientras se acariciaba el pecho. —Porque mi corazón estaba agitado —Le guiño un ojo a Elizabeth. —No, estoy bromeando. Te oí bajar.

—¡Hola, papi!

Fui hacía a mi hija primero, besándole la cabeza.

—¿Cómo dormiste, nena?

—Bien. Hasta que una cebra me atacó.

—¿Qué? —La volteé sobre el taburete e incliné su cabeza hacia atrás para inspeccionar su cara. —Bella dijo que era sólo un sueño.

—¿Por qué no me despertaste, loca? Soy el mejor defensor de cebras del mundo —Bella aclaró su garganta. —Ella, um, me despertó. Cuando entró en tu habitación esta mañana. Y me encontró... durmiendo en tu cama. Le dije que se lo explicarías cuando despertaras. Su teoría es que también tuve una pesadilla y me metí en tu cama —Ella abrió los ojos de par en par.

—Aunque ha habido alguna conversación acerca de que nos casemos porque la mamá y el papá de Jacob duermen en la misma cama y tienen bebés, porque Jacob dice que los bebés se hacen cuando las mamás y los papás duermen en la misma cama. A veces de besos, pero también de lucha libre. —Me mostró un par de ojos muy abiertos.

—¿Te importaría explicarlo?

—Ohhhhh —balbucee, devolviendo la mirada a Elizabeth.

Sabía que su entrada era una posibilidad cuando abrí la puerta después de la ducha. Ya no venía a menudo a mi habitación, pero de vez en cuando venía a mi habitación, como en el caso de las cebras que atacan. Bella había argumentado que debía dormir en la habitación de huéspedes hasta que nos estableciéramos un poco más y nos sintiéramos cómodos contándole a Elizabeth sobre nuestra relación. Pero de ninguna manera después de los últimos días, malditas semanas, meses, que habíamos tenido yo iba a dejarla salir a hurtadillas de mi cama. Además, Elizabeth ya nos había descubierto cuando creía que se llamaba Marie. Ella había sido la que originalmente me preguntó si la amaba y eso fue antes de que realmente amara a Bella. O al menos antes de que lo admitiera yo mismo.

Pero ahora...

No tenía sentido guardar secretos.

Aspiré profundamente, miré a mi hija a los ojos y le dije —Creo que estoy enamorado de Bella.

—Edward —siseó Bella, pero no le quité los ojos de encima a mi Lizzie Bell.

Su cara permaneció en blanco. —¿Por eso ella estaba durmiendo en tu cama?

—Sí.

—Entonces, ¿te casaste? —Me reí. —No. Por ahora, sólo es mi novia.

—Como yo y Jacob.

—No —dije, con firmeza. —No tienes edad para tener un novio. Y mucho menos un experto en amor como Jacob.

Sus ojos se entrecerraron. —¿La besaste?

—Sí.

—Edward —regañó Bella.

—¿En la boca? —Entre otros lugares. —Sí.

Se encogió de hombros. —Así como yo y Jacob.

Puse los ojos en blanco. Esa era una batalla para otro día, quizás cuando tuviera a su novio en un contenedor de carga que se dirigiera a la Antártida.

—Claro. Bien. Lo que sea. Como tú y Jacob. ¿Te parece bien? Bella y yo juntos.

—¿Se van a casar? —Era mi turno de encoger los hombros. — Eventualmente, algún día.

—Edward —respiró Bella, pero estaba respirando y ya no regañaba.

—¿Vivirá aquí para siempre?

—Cuando nos casemos. Sí.

—¿Puede dormir sobre mi colchoneta?

—No.

Ella arrugó la nariz adorablemente. —¿A veces? Por favor.

Apoyé mi mano en su mandíbula y rocé mi pulgar de un lado a otro de su mejilla. —Está bien, de acuerdo.

Algunas veces ella puede dormir en tu colchoneta. ¿Estas bien con que ella sea la novia de papi?

—Claro —chirrio con una blanca y torcida sonrisa.

—Espera, si te casas y Bella tiene un bebé, ¿saldrá de su trasero? —Sonreí y miré a mi nueva novia, que estaba al otro lado de la encimera, luciendo una mirada que cayó en algún lugar en medio de la adoración, la diversión y el horror. Esperé a que me contestara, pero ella levantó las manos para rendirse y volvió a hacer panqueques.

Riendo, abrí la boca y me incliné para susurrar —Dios, espero que no.

Elizabeth reflejó mi posición y respondió —Yo también. Eso sería tan asqueroso.

—Tan, tan asqueroso.

Ella sonrió.

Sonreí.

Bella siguió moviendo la cabeza.

Pero me sentí como si estuviera en la cima del mundo.

Y así de fácil, decirle a mi hija que Bella y yo estábamos saliendo había terminado. Con todo lo mucho que ella la amaba, no esperaba mucho de ella. Aunque probablemente tenía que agradecerle a Jacob por prepararla para algo de eso. Y sólo por esa razón, consideraría enviarlo por correo a algún lugar del Caribe en vez de a la Antártida.

Con las manos bajo los brazos, la levanté del taburete, robando un abrazo y un beso rápido antes de ponerla de pie. —Por qué no te vistes y yo ayudo a Bella a terminar de cocinar.

—¿Vamos a algún lado?

—¿Quizás?

Rebotando en la punta de los dedos de sus pies. —¿Puedo usar un vestido?

Me mofé. —Uh... Absolutamente. Insisto.

Se rió y luego se fue corriendo por las escaleras.

—¡Agárrate a la barandilla! —Bella llamó detrás de ella.

Y que me condenen si no me enamoré de nuevo.

—Oye —murmuré en la parte de atrás de su cabello mientras la envolvía con mis brazos por detrás.

Ella apagó la estufa antes de girarse a mi alcance.

—No puedo creer que le dijeras eso. Tenía una historia muy elaborada, paso a paso de qué esperar cuando encuentres a una mujer durmiendo en la cama de tu padre preparada para ella.

—¿Entonces por qué me esperaste para decírselo?

—Porque es tu hija.

Le sonreí y picoteé sus labios. Me encanto que me hubiera esperado. Me encantaba que ella siempre hubiera sido cuidadosa con los límites y teniendo en cuenta los mejores intereses de Elizabeth.

Principalmente, la amaba. —Bueno, te lo agradezco. Y para mostrar mi eterna gratitud, ¿por qué no llevo a mis hermosas chicas a almorzar? Esme va a quedarse con ella mientras nos reunimos con la policía en tu casa, pero después de eso, hay un lugar increíble en la ciudad que tiene mimosas para ti y esculturas de hielo que le encantan a Elizabeth.

—Probablemente sea una buena idea. Ella no va a comer esto. Traté de meter zanahorias y avena en los panqueques, pero creo que me atrapó.

Arrugue mi labio. —Querido Dios, ¿por qué harías eso? —Ella me miró con ira. —Es saludable. Las verduras son buenas.

—Sí. Pero esto son panqueques. No se supone que sean saludables.

Literalmente, tiene la palabra pastel en el nombre.

—Pero eso no significa… —El zumbido en la puerta la interrumpió. Eran las nueve de la mañana de un domingo; nadie debería de estar en mi puerta.

Incluso Jasper sabía que eso era así. —Ve a vestirte, me desharé de quienquiera que sea, y nos encontraremos aquí en veinte minutos, ¿sí?

—Podría ser Alice. Probablemente te oyó mencionar las palabras desayuno tardío y mimosas y se teletransportó aquí por pura fuerza de voluntad.

Me reí. —Si ella me permite investigar en su descubrimiento de la teletransportación está más que invitada a almorzar con nosotros.

Se rió y se levantó sobre los dedos de los pies para besarme, inhalando con la misma veneración y satisfacción que yo sentía en el centro de mi alma.

El maldito timbre sonó de nuevo.

—Ve —le dije, dándole una suave cachetada a su trasero. —Ve a ver a Elizabeth también.

Probablemente ya se haya probado setenta y cuatro vestidos, dejándolos por todo el suelo.

—¿Sólo setenta y cuatro? —Ella se rió.

Caminamos juntos, separándonos al pie de las escaleras. Ella subió, y yo me dirigí a la pantalla que mostraba la puerta principal al lado de mi puerta.

Y fue entonces cuando mi sonrisa cayó y mi estómago se agrío.

Emmett y Rose estaban sentados en su camioneta en la puerta.

Amaba a mi hermano, pero no era el momento para una visita. Él vivía a horas de distancia; no era como si estuviera en el vecindario y decidiera pasar por aquí. La última vez que apareció, acorraló a Bella y la asustó mucho. Por supuesto él había tenido algunas preocupaciones bastante válidas, pero esa mierda no iba a volver de nuevo. Por eso, después de apretar el botón para abrir la puerta, salí en vez de invitarlo a entrar.

Rose salió del coche primero, corriendo por los escalones. —Lo siento —susurró mientras me abrazaba. —Lo siento mucho.

—¿Por qué?

Se mordió el labio inferior y miró por encima de su hombro mientras mi hermano salía del vehículo.

—Hablé con Jasper sobre hacer algunas cosas para tu cumpleaños y me dijo que Bella se estaba quedando contigo. Pensé que eso era algo bueno y... mierda... bueno se lo mencioné a Emmett. Y puede que se haya cabreado. Y también puede haberme insistido en que condujéramos hasta aquí para hacerte entrar en razón.

Me quejé internamente. Maldito Emmett. El hombre pasó años evitando todo lo que tenía que ver conmigo y con nuestro pasado. Entonces encuentro a una mujer que me hace feliz, conoce y acepta cada esqueleto de mi armario, y ama a mi hija como si fuera suya porque de alguna manera es suya y de repente siente la necesidad de traer su culo hacia aquí para arruinarlo todo?

Que se joda.

Ella pone una cara de susto. —Advertencia: Está muy enojado.

—Bueno, va a tener que superarlo de verdad. Esta no es su vida.

Esto no es asunto suyo.

Ella asiente con la cabeza y luego corriendo hacia un lado mientras Emmett subía los escalones.

—Si sigues apareciendo así, podría empezar a pensar que realmente me extrañas —dije, colocándome frente a la puerta. Si estaba aquí para ser un imbécil, no iba a hacerlo dentro con mi mujer y mi hija.

Caminó hacia mí, empujando sus gafas de sol hasta la cabeza. —No tendría que seguir apareciendo así si estuvieras actuando como un ser humano normal, no como un adolescente dominado por un coño

—Mierda —susurró Rose.

—Entonces, ¿eso es un sí? ¿Me extrañas?

—Vete a la mierda. ¿Qué demonios está haciendo ella aquí?

—¿Ella? —Le pregunte, sólo para ser un imbécil.

—Marie o Isabella. O como putas mierda sea que la llames ahora.

—Sólo Bella. Y, actualmente, se está vistiendo para que podamos ver a la policía en su casa.

Se posiciona más frente de mí y pone sus manos en sus caderas. — Por favor, dime que eso es para que puedas entregar su culo por fraude.

—¿Qué fraude?

—No me vengas con esa mierda, Ed. Esto es una mierda y lo sabes. Esa perra ha estado jugando contigo durante meses, así que tu solución es mudarla a tu casa y darle acceso ilimitado a tu hija? ¿Qué coño te pasa?

—Mi visión se tornó roja, y me acerco a él hasta que nuestros pechos se golpearon. —Cuida tu maldita boca cuando hables de ella. ¿Me has entendido? Esta es mi maldita casa. No puedes aparecer arrojando mierda de la que no sabes nada.

—¿Crees que no sé nada de esto? Yo soy el que lo descubrió. Rose le tiró de su brazo. —Emmett, vamos. Detente. Se la sacudió. —Métete en el coche

—¿Por qué no nos subimos los dos al auto y volvemos después de que hayas tenido la oportunidad de tranquilizarte?

Él le dedicó una sonrisa asesina de desprecio. —Sube al auto, Rose.

Esto no es asunto tuyo.

Me entrecruce entre ellos dos. —Tampoco es asunto tuyo.

Él me apuñaló con un dedo en el pecho. —Tú eres mi asunto, Edward. Desde el día que papá murió. Te guste o no. Y te lo estoy diciendo: Esta mujer es una maldita mala noticia. Su hermana estaba loca. ¿Qué demonios te hace pensar que ella es diferente? Ya era lo suficientemente malo que no quisieras presentar cargos contra ella. ¿Pero ahora la tienes compartiendo tu cama? ¿En qué estás pensando? Ella es una maldita mentirosa patológica.

—¿Quieres hablar de mentirosos, Emmett? Vamos a pararnos en el puto espejo.

No sé por qué lo dije.

Tal vez porque había sido un carbón caliente en mi garganta, ardiendo y con ampollas durante dieciocho años.

Tal vez porque finalmente rompí la represa contándole a Bella las fotos que encontramos pero que nunca reportamos.

Tal vez porque estaba enojado porque actuaba como un idiota sin saber nada de ella.

Pero, sin importar la razón, era la verdad.

—¿Disculpa? —siseó.

Me acerqué más, forzándolo a bajar uno de los escalones de ladrillo. —Quieres actuar como si fueras un pez gordo y poderoso ahora. Quieres pretender que ella no tenía sus razones para hacer lo que hizo.

Quieres descartar el hecho de que es una buena persona que tomó una decisión estúpida. Pero después del suceso del centro comercial, te importaba un bledo mentir cuando te convenía.

Sus oscuros ojos se entrecerraron. —Eso fue diferente.

—Correcto. Completamente diferente porque, la última vez que lo comprobé, Bella no mató a nadie.

Tampoco encubrió a un asesino a pesar de que gradualmente disolvía su alma como ácido todos los días durante más de la mitad de su vida. Y ella no quemó nuestra única prueba de que Anthony había matado a doce personas en la década anterior al tiroteo mientras yo aún estaba en el quirófano, luchando por seguir vivo después de haber tomado dos balas de ese maníaco. Y sé que odias hablar de esto y piensas que deberíamos dejarlo en el pasado, pero lo que ella hizo ni siquiera se acercó a las cosas que hemos hecho en nombre de la autopreservación.

Así que, si quieres quedarte aquí, en mi porche, y condenar a mi mujer por ser una mentirosa, entonces vas a tener que reconocer tus malditos pecados primero.

—Dios mío —jadeo Rose. —¿Anthony mató a gente antes del tiroteo?

Todo el cuerpo de Emmett se hinchó, y sus ojos se llenaron de ira. — ¿Estamos ventilando esta mierda ahora?. No importa quién esté cerca, ¿eh?

—Ella es tu esposa. Ella debería saber lo que hicimos. Deberías habérselo dicho hace años.

Su cara destellaba veneno. —¿Le contaste a Isabella sobre esto?

Baje un escalón más, obligándolo a volver a bajar.

—Seguro que lo hice. Y fue la mejor decisión que he tomado. Me he estado ahogando en lo que ese hombre hizo durante una eternidad. Apenas he mantenido la cabeza por encima del agua. Cada vez que intento recuperar el aliento, la culpa me golpea más fuerte. Te lo juro, si no fuera por Elizabeth, la mayoría de los días no querría volver a salir a la superficie.

—Pero luego vino Bella. Ella no me mira como un monstruo. Para ella, no soy el hijo de Anthony. O el chico responsable del tiroteo. Sólo soy yo. Defectuoso, jodido, y jadeando por oxígeno. Y ella está bien con eso. Así que vete. Lárgate de mi entrada. Vete a tu casa. Guarda tus secretos. Pero no te atrevas a venir a preguntarme qué diablos me pasa. Sabes lo que me pasa. Y tú, de entre todas las personas, deberías saber que cuando encuentras un solo trozo de felicidad, te aferras a el —Me detuve lo suficiente para recuperar el aliento. —Acostúmbrate a Bella.

Ella no va a ir a ninguna parte. No ahora. Nunca jamás. ¿Lo entiendes?

Su mandíbula se tensó mientras mantenía mi mirada. —Oh, lo entiendo, hermano. Lo entiendo perfectamente. Tal vez la merezcas después de todo.

—Extendiendo la mano, agarró la mano de Rose y le dio un fuerte tirón. —Vamos

—Emmett, espera —instó ella.

—Vámonos —rugió, marchándose, arrastrándola detrás de él.

Me miró por encima del hombro y me dijo —Lo siento

—Está bien. —Señalé la espalda de Emmett. —Siento que tengas que lidiar con eso —Ella puso los ojos en blanco y trotó para seguir el ritmo de su marido. Ella se subió con cautela a la camioneta mientras él se sentaba, con un portazo en la puerta.

Esta no era nuestra primera pelea. Tampoco sería la última.

Pero sería la última hasta que él pudiera averiguar cómo aceptar a mi familia.

Una familia que ahora incluía a Bella.


MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS