XVII
—¿De qué estás hablando? —quiso saber Harry a gritos, mientras sobrevolaban los bosques del sur de Escocia—. ¿Qué te hace pensar que venimos del futuro?
—Sus auras mágicas son diferentes al del resto de los magos que viven aquí —dijo Morro Negro, quien era capaz de hablar en un tono normal, pese a las corrientes de aire a esas alturas—. Además, me da la impresión que conocen hechizos que en este tiempo no existen aún.
—¿Y cómo diablos puedes saber eso? —preguntó Hermione, luciendo estupefacta.
—Cuando el Jefe Dragón hizo contacto conmigo, nuestras conciencias intercambiaron memorias, recuerdos, capacidades y otras cosas —explicó Morro Negro, quien comenzó a perder altura, lo que inquietó un poco a Harry y Hermione—. Ocurrió en una fracción de segundo, pero compartimos lo suficiente para conocer una buena parte de lo que eres, Jefe Dragón.
Harry aún no podía acostumbrarse a que un animal mágico le llamara de ese modo. Y sin embargo, podía entender el punto de Morro Negro, pues a veces podía ver imágenes y recuerdos que no le pertenecían, aparte de una rabia que no podía explicar de dónde provenía. Era una rabia que hacía que su sangre hirviera y que le hacía ciego a todo lo demás.
—¿Por qué estás tan lleno de rabia? —preguntó Harry, a medida que Morro Negro seguía descendiendo.
—Es por el trato que ha recibido nuestra especie, Jefe Dragón —dijo Morro Negro. Harry a veces deseaba que el animal no le llamara por ese título—. No puedo decir más, porque nos estamos acercando al suelo, y hay gente reunida allá abajo.
—Entonces aterriza en medio de ese bosque —indicó Harry, y Morro Negro planeó sobre un grupo de coníferas que se alzaban hacia el cielo como lanzas en una formación de batalla—. No quiero que alguien advierta nuestra presencia.
Morro Negro planeó en círculos sobre el bosque, hasta que encontró un pequeño claro, donde pudo aterrizar sin ningún problema. A continuación, Harry y Hermione descendieron del dragón, sintiendo que el suelo ondulaba debajo de sus pies. Harry pudo notar que Hermione lucía bastante agradecida de tener sus dos pies bien puestos en la tierra.
—¿Alguna orden, Jefe Dragón?
No sabía por qué, pero a Harry le daba pudor el hecho que un dragón estuviera a su servicio.
—Ninguna. Eres libre de proceder como quieras.
—Entendido —dijo Morro Negro, inclinando la cabeza en señal de cortesía—. Si me necesitas, solamente pega un silbido. Estaré allí, aunque me encuentre muy lejos. De todos modos, andaré cerca.
Y Morro Negro emprendió el vuelo hacia el azul del cielo. Harry y Hermione vieron cómo el dragón se alejaba, hasta que fue un pequeño punto negro. Acto seguido, se internaron en el bosque, al tiempo que Hermione empleaba su útil encantamiento de orientación para guiarse en medio de los árboles.
—El grupo de gente se encontraba al oriente —indicó Hermione, siguiendo las indicaciones de su varita. Harry la siguió, aunque le costaba un poco de trabajo evitar las raíces, las cuales se encontraban cubiertas con material vegetal. Sin embargo, ambos se dieron cuenta que aquello trabajaba a su favor, pues ayudaba a amortiguar sus pasos. Así, pudieron pasar prácticamente desapercibidos por la mayor parte de la fauna local, a excepción de aquella que se encontraba cerca. Sin embargo, se trataba mayormente de animales herbívoros, los que no representaban ninguna amenaza para ambos.
Hermione decidió emplear la Capa de Invisibilidad de Harry, pues era la herramienta más efectiva a la hora de escuchar conversaciones ajenas. Pues la sacó de su útil bolsa de cuentas y se la tendió a Harry. De todos modos, era su Reliquia de la Muerte, y era su derecho usarlo.
—¿Podrías dejar las formalidades para después? —dijo Harry, luciendo un poco exasperado.
Hermione frunció el ceño ante la actitud de su amigo. Hace rato que le daba la impresión que Harry se estaba comportando de una forma muy extraña, como si fuese otra persona la que habitaba su cuerpo. Sin embargo, desconocía lo que le había pasado mientras estuvo desaparecido. Tal vez pasó por una experiencia que originó semejante cambio., tal vez le torturaron, o le hechizaron para tal efecto. Pero aquello ya no importaba. El hecho seguía en pie. Harry había sufrido un cambio. Ahora, si era para mejor o no, estaba por verse.
Harry se puso la Capa de Invisibilidad, y envolvió a Hermione con ésta. Procurando hacer el menor ruido posible, se acercaron al grupo de gente, hasta que éste fue perfectamente visible. De hecho, ni siquiera se podía clasificar como un grupo. Eran solamente dos personas. Harry conocía a una de ellas. No era otro que el mismísimo Godric Gryffindor. Hablaba con un sujeto delgado y que usaba ropas ostentosas, en las cuales predominaba el verde y el plateado.
—Asumo que el otro personaje es Salazar Slytherin —dijo Hermione. Harry arqueó una ceja.
—¿Cómo diablos lo sabes?
—¿Acaso no te fijaste en su ropa?
Harry miró al hombre delgado más detenidamente, y comprobó que Hermione tenía razón.
—Verde y plateado —murmuró Harry con saña—. ¿Dónde lo habré visto antes? —añadió, con un dejo de sarcasmo.
—Shh —siseó Hermione, arrodillándose y sacando un pergamino, una pluma y tinta—. Recuerda que debemos documentar todo sobre los fundadores.
Harry asintió por toda respuesta.
Ambos se acercaron un poco más, de modo que las voces de ambos interlocutores fuesen más audibles.
—¿Y vas a permitir que Rowena sea quien tenga la idea de construir un colegio de magia? —decía Salazar, con una voz muy agitada—. Recuerda que, más allá de su sabiduría, sigue siendo una mujer. Está afecta a sus reglas y debilidades, las que no son pocas. Si esto se llega a saber, el colegio partirá con mala reputación.
—Tienes razón —admitió Godric, y a Hermione se le revolvió el estómago al ver que ya no empleaba aquel tono caballeroso tan propio de aquella época. En ese momento, sonaba como un conspirador—. Pese a que tengo en alta estima a las mujeres, hay que pensar en el bien mayor. Si los magos se enteran de que la idea de un colegio de magia fue propuesta por una mujer, eso nos dejará en muy mala posición. Ya sabes cómo son los magos de ahora. Y para qué hablar de los muggles.
—Entonces, debemos hallar una forma de que eso no pase —dijo Salazar en un tono confidencial que, no obstante, fue escuchado claramente por Hermione—. ¿Hablaste con Helga?
—Hace unos días atrás, mientras me dirigía hasta acá. A ella le da lo mismo quién proponga la idea, siempre y cuando ella sea parte de lo que queremos hacer.
—Bien. Entonces es claro lo que debemos hacer.
—¿Y cómo lo haremos?
—Deberías emplear el cerebro de vez en cuando, amigo —dijo Salazar, haciendo especial énfasis en la palabra "amigo"—. Haremos que Rowena nos explique en qué consiste esa idea, y luego, le borraremos la memoria. No será nada drástico. Solamente olvidará que ella tuvo la idea del colegio de magia.
—Si lo pones de ese modo, es como si nosotros quisiéramos tener el crédito de haber tenido la idea.
—Se verá de ese modo, pero recuerda que no lo hacemos por la gloria. —Salazar miró a Godric con algo parecido a hambre en sus ojos, y él sintió un poco de miedo al ver esa mirada en los ojos de su amigo—. Lo hacemos por un asunto de percepción, nada más. ¿Cómo crees que verá el mago promedio que una mujer tuvo la mejor idea en cientos de años? Lo va a ver como una mala idea, y este proyecto jamás verá la luz. Y no queremos que eso pase, ¿no crees?
Godric no dijo nada, pero se podía ver que estaba de acuerdo con las ideas de su amigo Salazar. Esto causó una gran conmoción en Hermione, pues tenía una idea muy distinta de lo que fueron los fundadores de Hogwarts. Ella creía que aquellas personas se habían unido por compartir el sueño de querer educar a magos jóvenes, y que solamente unos desacuerdos habían alejado a Salazar Slytherin del colegio. No tenía idea que los complots se venían dando desde incluso antes que se concibiera siquiera la idea de formar el colegio de magia. ¿De verdad, Godric Gryffindor había aceptado participar en algo así? Sin embargo, Hermione había escuchado y documentado toda la conversación. No había ningún margen de duda. Salazar y Godric estaban confabulados para que la idea del colegio no proviniese de la cabeza de una mujer.
—¿Puedes creer lo que acabamos de escuchar?
—Aún lo estoy procesando —dijo Harry, quien se había quedado helado al ver cómo el fundador de la casa más valerosa de Hogwarts se había comportado como el Malfoy promedio—. Pero… diablos… no me extraña que esto no aparezca en los libros de historia, sobre todo con lo que está pasando actualmente con eso de la revolución femenina.
Hermione había olvidado que, en su presente, había un movimiento que abogaba por los derechos de la mujer, y aquello ocurría tanto en el mundo mágico como en el muggle. Por supuesto, la aristocracia mágica criticaba aquellos movimientos por "carecer de sentido biológico". Hermione hallaba cómica aquella declaración, pues, desde el punto de vista biológico, las mujeres tenían muchas ventajas sobre los hombres. Claro, uno podía argumentar que carecían de fuerza física, pero Hermione no era una mujer que no conociera cuáles eran sus fortalezas, y sabía que los hombres eran menos tolerantes al dolor, que no aguantarían ni dos semanas de embarazo y, por supuesto, no serían capaces de soportar las vicisitudes del ciclo menstrual, lo que de por sí era un asunto delicado para una enorme mayoría de las mujeres. Además, como los hombres poseían más fuerza física, consumían más energía, y su cuerpo se desgastaba más rápido, lo que los hacía envejecer más rápido. Y aun así, pese a todos esos argumentos, los cuales eran perfectamente racionales y acordes a la realidad, los aristócratas del mundo de los magos insistían en que las mujeres eran sirvientas glorificadas.
—Tienes razón —dijo Hermione al cabo de un rato, mientras veía a Godric y a Salazar separarse en diferentes direcciones—. Si esto se llegara a saber, habría una turba mañana mismo.
—¿Tienes todo documentado?
—Cada palabra —repuso Hermione, guardando el pergamino, la tinta y la pluma—. Incluso tengo registrado cuándo y dónde estos tipos van a realizar su plan.
—Entonces debemos estar allí.
Hermione rodó los ojos.
—Aquello fue un gran sobreentendido.
Harry gruñó, mientras se alejaba del lugar de la conversación, buscando un lugar seguro para llamar a Morro Negro y dirigirse al pueblo más cercano. Iban a necesitar el descanso.
