Smells Like Teen Spirit
"Todas las tragedias concluyen en una muerte; todas las comedias terminan en un matrimonio." –Lord Byron.
Capítulo XV:
"Crestfallen"
Who am I to need you when I'm down?
Where are you when I need you around?
Your life is not your own.
And all I ask you
is for another chance.
Another way around you,
to live by circumstance, once again
(Sakura)
Lo primero que noté al abrir los ojos fue la cortina abierta. Giré a mi derecha sólo para toparme con el pecho descubierto de Shaoran, que seguía durmiendo apaciblemente. Sonreí.
Sexy.
Decidí que lo mejor sería despertarlo luego de ir al baño a lavarme la cara y los dientes. Shaoran había cambiado de posición cuando salí del baño, ahora estaba acostado boca abajo. Me senté en la cama y gateé hasta que estuve sentada encima de él, a la altura de su espalda baja.
Acaricié su espalda con mis manos y me fui reclinando poco a poco, hasta que mis labios acariciaron su cuello. Shaoran apenas se movió, probablemente porque aquello le causó cosquillas. Con mi lengua tracé un camino hasta llegar al lóbulo de su oreja, el cual mordisqueé.
-Sakura…
Sonreí y le di otro mordisco. Esta vez fue el turno de Shaoran de esbozar una sonrisa.
-Buenos días, preciosa. –Me saludó sin abrir los ojos.
-Buenos días, guapo, ¿cómo dormiste?
Él alzó sus brazos y me acarició los muslos.
-Maravillosamente, ¿y tú?
-Muy bien, también. Doy las gracias porque no roncas.
Shaoran se giró asta quedar boca arriba, por lo que y quedé sentada en su muslos. Abrió los ojos y me sonrió.
-¿Qué hora es? –Preguntó mientras se pasaba una mano por el pelo.
Yo me encogí de hombros. Él recordó que todavía tenía puesto su reloj de muñeca.
-Son las nueve, ¿a qué hora es que hay que estar en el instituto para el juego?
-A las diez.
Shaoran bufó-. Y yo que tenía ganas de quedarme contigo así por horas. –Sonrió-. ¿Te había comentado lo mucho que me gusta esta vista? –Alzó las cejas sugestivamente y me apartó el pelo hacia atrás-. Mucho, mucho. Desearía tener mi cámara para poder tomarte una foto y enmarcarla en medio de la sala, en tamaño real.
Me reí ante aquello.
-Así cada vez que alguien vaya por primera vez a mi departamento, vea la fotografía y me pregunte de quién es ese torso tan increíblemente sexy, podré responder: de mi espectacular novia. ¿Qué te parece?
Volví a reír y asentí con la cabeza.
-Me parece genial. Es más, ¿por qué no imprimes dos, así una la ponemos en el salón de mi casa?
Shaoran se rió y se incorporó para darme un beso.
-Mejor una de los dos en el alféizar de la ventana, repitiendo lo de ayer. Tu hermano casi nos descubre por tu culpa.
Yo fruncí el ceño-. ¿Por mi culpa?
-Sí, sí, hubo un momento donde hiciste tanto ruido que pensé que los oirían en casa de Kero. –Sonrió pícaramente.
No pude evitar reírme ante aquello. Intentó besarme pero yo le saqué la lengua.
-Deberías ir a lavarte la cara, porque todavía tienes ojitos de recién levantado.
Él asintió y se dirigió al baño sin chistar. No demoró mucho dentro, y cuando salió aprovechó de que yo estuviera acostada boca arriba para poder situarse sobre mí, atrapando mis muñecas con sus manos.
-¿Pensabas escaparte de mí, Sakura? –Utilizó un tono de voz desafiante y sensual.
-Deberíamos comenzar a vestirnos, Shaoran. –Respondí girando el rostro hacia un lado.
Él acercó su rostro al mío y su aliento mentolado acarició mi mejilla.
-Te prefiero desnuda.
Calor, calor; de repente había comenzado a hacer mucho calor.
-¿Usaste mi cepillo de dientes?
Él rió-. Sí.
-¿Y quién te...?
Sus labios me hicieron callar inesperadamente y no me quedó de otra que corresponder a aquel beso matutino con sabor a menta. Shaoran liberó mis muñecas y se apoyó de sus antebrazos. Yo rodeé su cuello con mis brazos.
-Yo también te prefiero desnudo. –Dije cuando pude hablar.
Él sonrió. Y se acercó a mí para volver a besarme.
Toc, toc.
-Mons… eh, Sakura, ¿estás despierta?
Toc, toc.
Sentí que mi corazón daba un vuelco y la sangre de mi cuerpo se congelaba al escuchar la voz de mi hermano llamarme, del otro lado de la puerta.
-¿Sakura? Sé que estás despierta porque escuché tus pasos y el baño, así que abre de una vez y no me hagas esperar.
-¿Qué quieres? –Me atreví a preguntar. Shaoran se había separado de mí tan sólo un poco, pero podía sentir los fuertes latidos de su corazón, su pulso acelerado y su cara de susto.
-Necesito hablar contigo sobre algo, ¿quieres abrir la puerta y ya?
¿Por qué mi hermano querría hablar conmigo? Ay, no, ¿y si se había dado cuenta de que Shaoran estaba aquí? ¿Y si había notado que sus cosas estaban revueltas? Rápido, tenía que actuar rápido.
-Ya voy.
Me incorporé nerviosa y miré a Shaoran. ¿Dónde podría esconderlo? ¿Debajo de la cama? No, muy arriesgado. ¿En el armario? Muy cliché. ¿Y el baño?
-Métete en el baño, preferiblemente detrás de la cortina. –Respondí en voz baja.
-No, mejor me salgo por la ventana, así puedo pretender que acabo de llegar a buscarte para ir al juego, ¿qué te parece? Puedo esperar en casa de Kero.
Asentí. Shaoran se colocó su ropa interior y sus pantalones. La ventana no era tan alta, yo misma lo había comprobado cuando me escapé por ella el día de la fiesta en casa de Eriol. El día que vi a Shaoran por primera vez, casualmente. Esbocé una sonrisa.
-El día que nos vimos por primera vez me escapé por esa ventana.
Shaoran sonrió mientras se ponía los zapatos-. ¿Ah, sí?
-Sakura, ábreme de una vez, ¿por qué tardas tanto?
La pregunta me alarmó así que respondí lo primero que se me vino a la mente.
-Porque… ¡estoy desnuda!
Shaoran me guiñó un ojo mientras recogía mis tacones y mi blusa negra.
-¿Estabas bañándote? –Preguntó impaciente mi hermano.
Iba a asentir, pero Shaoran negó con la cabeza y señaló su pelo. Cierto, cierto, mi pelo no estaba mojado. Gracias, neuronas de Shaoran.
-No. –Fue todo lo que dije-. Es que…
-¿Ahora duermes así? –Preguntó mi hermano con voz burlona.
-¡Sí, exacto! –Me apresuré a responder.
Shaoran se tapó la boca para que su risa no se escuchara y terminó de recoger lo que quedaba de ropa. Yo abrí el armario y saqué ropa interior y la camiseta de los NY Giants que Shaoran me había prestado. Iba a ponérmela, pero él me la pidió insistentemente, para verse más casual y así darle credibilidad al asunto. Busqué la sudadera, también de los Giants, y me la puse.
-Escríbeme cuando pueda venir. –Salió por la ventana y yo esperé algunos segundos antes de abrir la puerta. Respiré profundo.
-Hasta que por fin. –Resopló Touya. Me examinó de arriba abajo y me envió su mirada de sé lo que hiciste el verano pasado.
-¿Esa sudadera también es de Kero? –Preguntó con ironía, dejando en claro que no nos había creído cuando le dijimos que la camiseta que yo llevaba puesta el día que me vio besándome con Shaoran en la puerta de la casa era de Kero.
-Es de Shaoran.
Touya apretó la mandíbula.
-Del mocoso, claro. –Me hizo a un lado y entró-. Cierra la puerta.
Hice lo que me pidió y me giré nerviosa. Touya no pareció notar nada extraño en mi habitación, principalmente porque no entró con esa intención, así que se sentó sobre la cama.
-Siéntate. –Me indicó con seriedad.
Aquello se me hizo muy extraño. Entonces noté que no me había llamado monstruo en ningún momento. Y eso sí que era raro. Me senté sin hacer preguntas. Él pareció pensar lo que iba a decirme.
-Sakura, sé que probablemente yo no he sido el hermano más cariñoso y amable sobre la Tierra, pero…
-Oh, no, por favor, no seas modesto. –Lo interrumpí con sarcasmo-. ¡Claro que lo has sido!
Noté que estaba intentando reprimir una sonrisa. ¡OH, POR DIOS, MI HERMANO ESTABA SONRIENDO POR UN COMENTARIO MÍO! ¡APOCALIPSIS!
-Sakura, en serio. –Comentó retomanto su seriedad.
-Lo siento. Continúa, por favor.
-Eso no significa que no te quiera o que no me importes. Eres mi hermana menor, te quiero y eres importante para mí. Quizás por eso soy tan sobre protector.
Ya va, ya va. ¿Qué acababa de decir? ¿Había escuchado mal o Touya acababa de decirme que me quería y yo era importante para él? Oh, ahora SÍ que se acercaba el Apocalipsis.
-¿Estás delirando?
Alcé mi mano derecha para tocarle la frente, pero él se alejó. Exacto, eso era lo normal, que fuera arisco, no cariñoso o amable.
-Sakura, ya es bastante difícil decirte esto como para que tú decidas ser sarcástica.
No podía evitarlo. Era demasiado surrealista para ser cierto.
-No es por cortar el hilo de la conversación, Touya, pero me gustaría saber de qué va todo esto. Siento que, si no me lo dices, no voy a poder tomar en serio la conversación.
-No puedo decírtelo todavía. Pero estoy siendo sincero.
Aquello me conmovió. Aw, qué cuchi se veía Touya cuando no tenía el ceño fruncido y cuando no me llamaba monstruo.
-Está bien, te escucho.
-Todas las cosas que hago o digo, como llamarte monstruo o molestarte, las hago porque es divertido hacerte rabiar y ver como te pones roja por la ira. –Esbozó la sonrisa que solía utilizar luego de molestarme.
Okay, ya no se veía tan cuchi.
-Es mi manera de demostrarte que pienso en ti.
-Gracias, Touya, en verdad lo aprecio. Esto es verdadero amor, ¿no? No como esos hermanos que se abrazan, van al cine juntos, se dicen que se quieren y comparten helados.
-Prometiste no ser sarcástica.
Yo rodé los ojos.
-Por la misma razón soy sobre protector contigo, Sakura. –Su semblante se volvió un poco más serio esta vez-. Puedo llegar a ser bastante celoso si se trata de ti.
-¿Lo dices en serio? Vaya, por un momento pensé que era mi imaginación...
Touya ignoró mi comentario-. Con la excepción de tus amigos más cercanos, nunca me ha gustado que se te acerquen mucho los hombres. No me agrada la idea de que alguno de esos tontos intente alejarte de nuestro lado.
No pude evitar ensanchar mi sonrisa. Así que el tonto me quería de verdad, ¡pero qué sorpresa!
-Y créeme que no ha sido fácil, Sakura, papá y mamá saben que no.
Fruncí el ceño ligeramente-. ¿A qué te refieres?
Él suspiró-. Con cada año que pasaba te ponías más bonita y eso dificultaba mucho más mi trabajo de alejar a los chicos de ti, porque los atraías cada vez más.
Okay, aquello definitivamente no me lo esperaba. Que me dijera que me quería, bueno, después de todo es mi hermano. Que se preocupara por mí y quisiera cuidarme, vaya y pase, es creíble, ¿no? ¿Pero que me dijera que me consideraba bonita cuando toda su vida se había empecinado en decirme que era un monstruo horroroso?
Touya debía estar desesperado por dinero. O lo que fuera.
-¿Cuánto quieres? –Fui directo al grano-. Tengo dinero y puedo prestártelo. Aunque creo que papá puede darte más, pero si lo que quieres es que no se entere y necesitas una suma que yo no puedo darte, puedo decirle a Kero que...
-¡Monstruo! ¿Qué te dije de los sarcasmos? –Exclamó, recordándome que seguía siendo el mismo Touya huraño y grosero de siempre.
Yo me cerré la boca con un cierre imaginario y boté la llave.
-No más sarcasmos, pero es que es difícil creer lo que me dices después de que me dijeras monstruo horrible durante tantos años.
Esta vez sí se atrevió a reír.
-Bueno, así es como me gusta llamarte. Si en verdad fueras un monstruo horroroso yo no tendría de qué preocuparme, porque ningún chico querría acercarse a ti.
Era muy gracioso y a la vez sorprendente que Touya estuviera diciéndome estas cosas.
-¿Entonces no piensas que soy horrible? –Pregunté divertida. Él negó con la cabeza-. ¿Y qué hay de aquella vez donde dijiste que no entendías cómo podía gustarle a Shaoran?
Él rodó los ojos-. Ese mocoso…
-Responde. –Quería escucharlo diciéndolo. Esto valía oro en polvo.
-Lo dije para molestarte Sakura. Ese mocoso es la viva prueba de lo que estoy diciéndote. Y el día que los vi besándose… estuve apunto de golpearlo por dónde tenía sus manos, Sakura, ¿cómo se atreve a…?
Me reí-. ¿Estás reconociendo que tu hermanita es una chica guapa?
Él volvió a rodar los ojos y captó hacia dónde me había encargado de dirigir la conversación. Asintió con la cabeza.
-Ay, gracias. La verdad es que me lo dicen mucho.
-Vaya que eres un monstruo vanidoso.
-No será gracias a ti, querido hermano. –Respondí.
Él me despeinó el flequillo con su mano. Yo lo empujé y él aprovecho que había alzado los brazos para hacerme cosquillas.
-¡Touya! –Exclamé mientras me acostaba sobre la cama y me reía.
-Eso te pasa por ser tan tonta y no dejar que termine de hablar. –Me soltó y me miró con desaprobación-. ¿Y cómo es eso que ahora duermes desnuda? ¿Te volviste loca?
-Era una broma, tonto. Por supuesto que no duermo desnuda.
-No, claro que no, ahora prefieres dormir usando la ropa de ese mocoso malcriado. –Frunció el ceño-. Espero que ni te ocurra pasearte así delante de él.
Si supiera que ya me había paseado no así, sino completamente desnuda…
Solté una carcajada y me tapé la cara con la almohada.
-Por supuesto que no, Touya, yo soy una niñita buena e inocente. –Qué mentirosa. Me quité la almohada y batí mis pestañas, para darle credibilidad.
-¿Por qué será que no te creo?
-Cada ladrón juzga por su condición. –Dije incorporándome.
-El punto es –Reanudó la conversación-, que quizás las cosas estén por cambiar.
Nuevamente adquirió el semblante serio de unos minutos atrás.
-Por dos razones. La primera es porque, como ya dije antes, ya no eres una niña y desgraciadamente no tienes vocación de monja. –Dijo con desagrado-. La segunda razón es porque...
Introdujo su mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó la cajita de color aguamarina que había visto anoche. Me emocioné.
-Voy a proponerle matrimonio a Anastasia.
Y en ese momento, no pude evitar reaccionar como una Miss Universo recién coronada: me llevé las manos a la boca y solté un gritito de emoción. ¡Lo sabía, lo sabía!
-¡Touya, es fantástico! –Me lancé sobre él haciendo que perdiera el equilibrio y su espalda tocara la cama.
-Quítate de encima, Sakura, pesas una tonelada.
Pero no iba a dejar que nada de lo que dijera para molestarme me molestara. En cambio, le di varios besos en la frente.
-¡Y yo que pensaba que eras un troglodita insensible e incapaz de amar!
-¿Ah, sí? –Frunció el ceño y yo asentí con la cabeza rápidamente.
-Ay, Touya. ¿Qué dijeron papá y mamá?
-Todavía no se los digo, eres la primera persona de la familia en saberlo, y la segunda en general. Al primero que se lo dije fue a Yuki.
Aquello me hizo muchísima más ilusión. ¿Me lo había dicho primero a mí que a mis papás? ¡Ay, qué bello!
Él se incorporó e intentó apartarme, pero yo rodeé su cintura con mis brazos y continué dándole besitos en todo el rostro. Lo apreté en un abrazo de oso.
-¡Qué melosa eres, Sakura! –Exclamó, resignado a soportar mis mimos.
Decidí molestarlo.
-Eres el primer hombre que se queja de ello.
Su rostro adquirió la expresión de un asesino serial en una fotografía de esas que toma la policía con el cartelito debajo del rostro. Apretó la mandíbula y frunció el ceño.
-¡Es broma, es broma! –Le di un sonoro beso en la mejilla.
Él rodó los ojos-. No puedo creer que aún no haya terminado de decir lo que quería.
Me senté en la cama pero dejé mis piernas sobre su regazo.
-Como voy a proponerle matrimonio a Anastasia, pues, nos iremos a vivir a otro lugar y ya no tendrás a tu muy inteligente hermano en la casa.
-Eso si ella dice que sí, porque también está la posibilidad de que no quiera casarse contigo. –Le guiñé un ojo y Touya rió falsamente.
-Ja, ja, muy graciosa. Ahora sé por qué nunca he sido cariñoso ni simpático contigo, eres un monstruo sarcástico y vanidoso, ¡y con el cual no se puede tener una conversación sin ser interrumpido unas cien veces!
Me reí.
-El punto –dijo haciendo énfasis en la palabra punto-, es que por eso quería que lo supieras primero que cualquier otra persona, sin contar a Yukito. Quiero que me digas lo que piensas.
-Me parece excelente, Touya. Anastasia es estupenda para ti, llevan mucho tiempo juntos y hacen una pareja muy bonita, ¡y eso me haría concuñada de Kero!
-Me alegra saber que estás de acuerdo, Sakura. Pero eso no significa que ya no voy a estar para defenderte del mocoso o de cualquier otro idiota. –Se apresuró a explicar-. Siempre seré tu hermano mayor y puedes acudir a mí cuando necesites ayuda.
Mi hermano sí que sabía disfrazar los sentimientos y las palabras bonitas, para que pasaran desapercibidos. Volví a abrazarlo.
-Nunca pensé que diría esto, ¡pero eres el mejor hermano del mundo!
Él me correspondió a duras penas, rodeándome con uno de sus brazos.
-Ya lo sabía.
-¡Eres un tonto, Touya!
La puerta de mi habitación se abrió y mi papá asomó la cabeza.
-¡Nadeshiko, ven a ver esto, por favor!
Mi madre no tardó en aparecer, abriendo la puerta completamente, y su expresión de sorpresa fue evidente.
-¡Jamás pensé que viviría para ver esto! –Exclamó mi papá.
Touya y yo no tardamos en darnos cuenta de que su sorpresa se debía a que nosotros jamás éramos cariñosos el uno con el otro, que siempre nos estábamos peleando y difícilmente pasábamos tiempo juntos. Y ahora que nos veían así, pues, era difícil no sorprenderse.
-Papá, menos mal que llegas, ayúdame a quitarme a este monstruo insoportable de encima.
Pero no había nada que Touya pudiera hacer o decir que me hiciera golpearlo.
Primero, porque estaba contenta por él y a la vez muy emocionada por todas las cosas lindas que me había dicho.
Y segundo, porque cualquier oportunidad para incomodarlo era divertida.
(Shaoran)
Who am I to need you now?
To ask you why, to tell you no.
To deserve your love and sympathy.
You were never meant to belong to me.
And you may go, but I know you won't leave,
too many years built into memories.
Your life is not your own.
Eriol había estado ausente durante todo el partido, y no me refiero a una ausencia corpórea, sino más bien mental. En realidad, había estado allí en la cancha con nosotros, corriendo y sudando, a veces pasando la pelota, otras corriendo para marcar un gol, pero la mayoría simplemente estaba allí.
Su cuerpo estaba uniformado y corriendo sobre la grama verde, pero su mente se encontraba flotando en otra parte. Más específicamente en las graderías, donde Tomoyo y Miltos coqueteaban como una feliz pareja de novios. Él le daba chocolates en la boca y ella le llenaba el rostro de besitos; él le hacía cosquillas y ella lo abrazaba.
Aquello parecía estar siendo una verdadera tortura para Eriol, quien no terminaba de enterarse que estábamos en pleno partido y que su deber era ir tras la pelota y anotar unos cuantos goles, y no fijarse en lo que su novia –o ex estuviera haciendo con el griego en las gradas.
-¡Hiragizawa! –Exclamó el profesor Terada desde la banca-. ¡Hiragizawa, despierta!
Eriol se giró al escuchar los gritos de Hiro Matamiya, que le decía que se girara para recibir la pelota. Y estaba tan distraído que su primer reflejo al ver que la pelota iba hacia su pecho con gran velocidad, fue el de meter las manos para detenerla.
Error.
-¡Es que nadie te enseñó que en el fútbol no se meten las manos, imbécil! –Exclamó Hiro furioso.
Lo peor es que el error había sido cometido en un ángulo perfecto para un tiro libre por parte del otro equipo.
Matamiya comenzó a dar gritos para alinearnos y yo me coloqué junto a Eriol.
-Creo que deberías olvidarte de lo que pasa en las gradas y concentrarte en lo que sucede aquí, Eriol. –Le dije.
Él me miró con seriedad-. Es difícil, Shaoran, es muy difícil.
Y probablemente lo era, sobre todo luego de lo que Meiling me había contado esta mañana luego de pasar a buscarnos a Kero, Sakura y a mí en casa de Kero. Había sido más o menos así:
-Ay, Xiao Lang, ¡vas a morir de la risa cuando te cuente esto! Yo no me sabía la dirección de la casa de Eriol, y como el muy imbécil estaba tan borracho para siquiera acordarse, tuve que llevarlo al apartamento, ¿puedes creerlo? ¡Y casi no podía caminar por si solo! Lo tuve que llevar a cuestas, mientras él se reía o se quejaba por su suerte, por haber sido un idiota. Y yo te juro que no tenía idea de qué estaba hablando, Xiao Lang, aunque más o menos me lo imaginaba, pero es que con semejante borrachera era muy difícil entenderle algo. Pero bueno, logramos subir sin mayor percance y justo cuando abrí la puerta el muy desvergonzado corrió hasta llegar al sofá y se lanzó, ¡imagínate! Por supuesto que yo pensé que hasta ahí iba a llegar, que iba a quedar inconsciente de una vez, pero no, Xiao Lang, no fue así, se acostó boca arriba y me llamó, me dijo que por favor le llevara agua con hielo y me quedara con él durante toda la noche, ¡toda la noche, Xiao Lang! ¿Puedes creerlo? ¡Semejante descaro!
-¿Pero no te lo dijo como una propuesta indecorosa, o sí? –Pregunté yo.
-No, no, lo hizo más bien como una súplica, por eso no pude negarme. Tú bien sabes que yo soy un alma caritativa, así que tuve que olvidar nuestras diferencias, llevarle el agua y sentarme a su lado, para escuchar cualquier cosa que él tuviera para decirme. ¡Y me lo dijo todo, Xiao Lang! ¡Todo! Con lujo de detalles, ¿puedes creerlo? Yo siempre he sido consciente de la imbecilidad de tu amiguito, pero después de anoche, ¡ay, Xiao Lang, Eriol es un verdadero estúpido! ¿Cómo se atrevió a engañar así a su novia, esa chica Tomoyo, tan encantadora y tan dulce? ¿Qué es lo que le pasa, Xiao, en qué planeta vive?
-¿Eso fue todo lo que te dijo, Mei? –Volví a preguntar.
-No, no, eso fue apenas el comienzo, la puntita del iceberg, porque luego se puso a llorar, Xiao Lang. ¡A llorar! ¿Puedes creerlo? Jamás pensé que vería a Eriol en ese estado, pero sí, pasó, y me tocó a mí atestiguarlo. Ay, no, qué pesado se pone cuando llora, aunque no sé si eran las lágrimas o el alcohol. ¡Una mala combinación, eso es lo que es! ¿A quién se le ocurre que tomar cuando uno está despechado es bueno? No sé quién fue el tonto que ideó eso, Xiao Lang, pero yo siempre he estado en contra, el alcohol lo único que consigue es que te pongas en ese estado, y en el peor de los casos, que hagas el ridículo. Menos mal que era yo la que estaba con él, y no otra persona, porque estoy segura que no se lo hubiera aguantado. Pero yo me quedé con él, Xiao Lang, me quedé con él hasta que se quedó dormido, de tanto llorar, abrazado a mí.
-¿Abrazado a ti, dices? –Pregunté una tercera vez, esta vez con asombro.
-¡Sí, Xiao Lang! ¿Puedes creerlo? Es que en ese estado uno se aferra a lo que sea, así habrá estado de mal que recurrió a mí. ¿Y quién soy yo para negarle un abrazo a alguien que lo necesita? Tuve que hacerlo, Xiao Lang, tuve que dejar a un lado nuestras diferencias y escucharlo, porque no pensaba darle la razón cuando lo único que quería era decirle que había sido un completo imbécil. Es que no te imaginas las cosas que me dijo, Xiao Lang, que aquello lo había hecho en un impulso, que no pensó en las consecuencias, simplemente vivió el momento y ahora se arrepentía de ello, con su vida se arrepentía. ¿Puedes creerlo? Y cómo lloraba, Xiao, se maldecía a sí mismo por lo que había hecho, decía que Tomoyo era la única persona que lo entendía sin cuestionarlo, que lo apoyaba, lo quería y que era perfecta en todos sus sentidos. ¡Y yo no lo pongo en duda, Xiao Lang! Porque para soportar a Eriol hay que ser un ser superior. Esa chica es una santa.
-Sí, Tomoyo es maravillosa.
-Por eso no puedo entender la razón por la cual hizo eso, aunque claro, no hay que ser tan inteligente para comprender que hay personas que no piensan antes de actuar. ¡Ay, Xiao Lang! Promete que tú jamás vas a hacerle eso a Sakura.
-Claro que no, Meiling, yo nunca haría eso. Puedes estar tranquila.
-Y lo estoy, Xiao Lang, por Dios que lo estoy, confío en ti. Sigo sin entender por qué todas las madres y las chicas lo adoran y dicen que es todo un caballero inglés, porque conmigo jamás lo fue, ¡jamás Xiao Lang, y tú eres testigo de ello! Pero no hablemos de eso, que ya bastante tuve durante aquellos años.
-Quizás sea tiempo de dejar todo eso atrás, Meiling.
-Claro que sí, pero primero tengo que escuchar una disculpa sincera por parte de Eriol, un cambio en su actitud, entonces yo con mucho gusto también me disculparé y cambiaré mis maneras hacia él. Porque después de verlo anoche, ¡ay, Xiao Lang, no sabes cómo lloraba! Y se quejaba, maldecía a Miltos, lo llamaba oportunista, imbécil y un montón de insultos en ingles, algunos muy pintorescos, por cierto. Se notaba que estaba muriendo de los celos. Pero eso le pasa por idiota. Me parece bien que esté arrepentido y escarmentando, porque sino jamás va a aprender la lección.
Y así de rápido como había comenzado con su monólogo, lo terminó.
La cara de Eriol era la viva imagen de que, efectivamente, había estado despierto y llorando toda la noche, eso sin mencionar bebiendo y maldiciendo. Tenía unas ojeras kilométricas, horrendas, los ojos hinchados y la cara como quien había pasado un pésima noche.
Tomoyo, en cambio, se veía radiante: bella, con el pelo negro suelto y brillante; una sonrisa gigante y hermosa dibujada en el rostro, una sonrisa de verdad, y no una falsa como quien le está haciendo creer a su ex que es feliz, cuando en realidad está sufriendo; sus ojos amatistas, posados sobre los de Miltos, la mayoría del tiempo, también se veían contentos. Y su risa fresca y jovial. Todo en ella se veía muy bien, como si en verdad estuviera pasándola bien junto a Miltos, Kero y mi prima.
Sakura también había notado aquello desde su lugar con las porristas. En el medio tiempo, luego del nefasto tiro libre que le dio un gol al otro equipo, me escapé de los vestidores –y de los gritos y quejas de Matamiya, y los consejos del profesor Terada-, y me acerqué a ella para conversar.
-Hoy te ves particularmente guapa con tu uniforme de porrista.
Ella me sonrió mientras bebía agua.
-Dicen que el buen sexo embellece. –Me guiñó un ojo.
Yo esbocé una sonrisa divertida, pero luego algo en mi cerebro hizo clic.
-Y hablando de buen sexo, ¿anoche pasó algo entre Tomoyo y Miltos? –Pregunté curioso. Ella me miró sin comprenderme del todo.
-¿A qué te refieres? –Inquirió con el ceño ligeramente fruncido-. Tú los viste en la discoteca, ¿no…?
-Me refiero a después, ¿no sabes si…? –Alcé ambas cejas de manera sugestiva y sonreí.
Sakura rió-. No he tenido tiempo de hablar con ella, debería hacerlo ahora, y aunque lo supiera no te lo diría. –Dijo tajante, pero sin borrar su sonrisa-. Esas son las intimidades de mi amiga, y no tengo por qué estar contándotelas a ti, chismoso.
Me sacó la lengua y yo me hice el inocente.
-¿Chismoso yo? –Ella asintió-. No soy chismoso, es sólo que la veo muy contenta, muy radiante, y bueno… como está con Miltos.
-¿Viste a Eriol? –Sakura se apresuró en cambiar el tema-. ¡Parece un miembro de la familia Addams, por Dios! –Soltó una carcajada-. Lo único que le falta es la ropa negra y está listo.
-Tarararán… tarararán…
Tarareé el tema de los locos Addams y chasqueé los dedos. Sakura se carcajeó.
-¡Shaoran, muévete, Terada quiere hablar con nosotros! –Exclamó Yamazaki desde el centro de la cancha. Asentí.
-Nos vemos ahora, Homero. –Me guiñó un ojo.
Yo le besé la mano-. Hasta entonces, chérie Morticia.
Volví con el equipo y escuché lo que Terada tenía para decirnos. Eriol se veía mucho más sereno que antes, por esa razón ninguno de nosotros se esperaba lo que estaba por venir. Era como la calma antes de la tormenta.
El segundo tiempo comenzó como cualquier otro, hasta que Eriol empujó a uno de los jugadores del otro equipo para quitarle la pelota. El árbitro no lo vio y por ello no cantó la falta, pero la mayoría de los presentes lo habían visto, lo cual ocasionó muchas quejas.
Eriol realizó el pase a Matamiya, pero no fue completado por uno de los jugadores del otro equipo que lo interceptó.
Entonces mi mejor amigo corrió hacia él e intentó quitarle la pelota de la misma forma como lo había hecho con el otro jugador. El tipo le devolvió el empujón y el árbitro pitó. Eriol se giró para encontrarse con el rostro del árbitro, que se dirigía a él. Intentó tomar la pelota para continuar con la jugada pero el del otro equipo no lo dejó. Entonces volvió a empujarlo con más fuerza. Uno de sus compañeros se metió y empujó a Eriol. Mi amigo lo apartó de un manotón.
Yo corrí hacia él, para evitar cualquier estupidez, pero justo antes de llevar el jugador que había estado peleando con Eriol le dijo algunas cosas mientras se reía, y Eriol le propinó un puñetazo en toda la cara, que lo hizo caerse de espaldas. Dos de los otros jugadores intentaron atacarlo, pero Eriol empujó a uno bruscamente y Yamzaki apartó al otro.
Mierda, ¿qué había hecho?
La sangre comenzó a salir a borbotones por la nariz del tipo que estaba en el suelo y el árbitro alzó una tarjeta roja, lo que hizo que muchas personas gritaran en contra. La fanaticada, por supuesto.
Eriol se rió amargamente y le dijo un par de cosas al árbitro, pero cuando éste iba a contestarle le sacó el dedo del medio y comenzó a caminar en dirección a las graderías. Le pasó por un lado a Terada, que lo miró severamente y le dijo algo que no pude entender, y siguió recto hasta los vestidores.
Iba a seguirlo, pero Terada me detuvo y me dijo que volviera a la cancha, que ya tendría tiempo de hablar con Eriol.
Todo lo que había pasado con Tomoyo parecía haberlo afectado en verdad, porque Eriol no era un sujeto que soliera perder la calma con facilidad, ni mucho menos un busca pleitos.
Y aquello en verdad me preocupó.
-.-
Luego de tomar su bolso y echarse algo de agua en la cara, Eriol salió de los vestidores sin una dirección en concreto, ya que lo único que quería era caminar hasta que los pies no le dieran más y cayera desmayado.
Ignoró los comentarios de algunos de sus compañeros cuando salió y pasó por las graderías sin mirar a nadie. No sabía por qué había reaccionado de esa manera en la cancha, él no era así y tenía que reconocer que todo lo había hecho a propósito. Bueno, en realidad sí sabía.
Necesitaba desahogarse, necesitaba descargar toda su furia, su impotencia, su rabia hacia sí mismo contra alguien, y aquella había sido la oportunidad perfecta, aunque aún así se había quedado con las ganas.
La noche anterior se había emborrachado y había llorado en el regazo de Meiling, que lo había escuchado atentamente, le había dado agua y lo había abrazado, sin cuestionarlo, sin reclamarle nada, se había quedado con él toda la noche, como la mejor de las amigas habría hecho. Y agradecía aquel gesto inmensamente, porque sus mejores amigas eran Sakura y Tomoyo; a la última no podía acudir por obvias razones, y a la primera porque ella también era la mejor amiga de Tomoyo.
Tenía que pedirle perdón a Meiling por todas sus diferencias, y agradecerle por lo que había hecho por él. Ya era hora de poner fin a esa absurda rivalidad de niños.
Quería golpear a alguien, quería destrozar algo, quería gritar, quería llorar, quería…
La risa de Tomoyo hizo que alzara la vista. Iba acompañada del primo de Kero, el tal Miltos. Él la tenía sujeta por la cintura mientras le decía algo gracioso al oído. Al parecer estaban regresando de la cafetería.
…quería matar a ese hijo de puta.
Tomoyo notó que alguien se había detenido al verla con Miltos, y que ese alguien no era otro que Eriol. Ella también se detuvo, haciendo que Miltos fijara sus ojos en Eriol. Lo saludó con una sonrisa y un hola en griego que no fue correspondido.
-¿Podemos hablar? –Preguntó mirando a Tomoyo con seriedad.
-Eh, Miltos, adelántate, enseguida te alcanzo.
El griego asintió y le dio un beso en la mejilla a Tomoyo. Al pasar junto a Eriol hizo amague de saludarlo una vez más, pero el pelinegro lo miró como si fuera Hitler, así que se marchó callado, sin comprender por qué ese chico inglés lo miraba tan feo.
Eriol no pudo evitar retener sus palabras.
-¿Por qué lo haces Tomoyo? –Preguntó con algo de hostilidad.
-¿Por qué hago qué?
-¿Por qué estás con el primo de Kero?
Ella se encogió de hombros-. Porque me da la gana.
-Estás con él para molestarme, ¿verdad? –Se acercó a ella-. Pues déjame decirte que lo estás consiguiendo.
-¿Crees que el mundo gira alrededor tuyo? –Tomoyo lo miró desafiante-. Lamento decepcionarte, pero no es así.
-¿Quieres darme celos?
-¡Por favor! –Ella rió irónicamente-. ¿Para darte celos? ¿Y para qué querría yo darte celos a ti, si ya terminamos?
Eriol apretó la mandíbula y frunció el ceño.
-Además, Miltos es muy divertido y simpático. Puedo conversar durante horas con él. Me gusta.
-Él sólo está de vacaciones.
Tomoyo sonrió-. Entonces me tengo que apurar.
Él sintió que los celos y la furia se apoderaban de él.
-No te atreverías.
-¿Por qué no? –Preguntó ella con altanería-. Tú no tuviste reparo alguno en involucrarte con Nakuru, cuando todavía estábamos juntos, ¿entonces por qué yo no puedo hacer lo mismo con Miltos?
Eriol se acercó a ella y Tomoyo le dio un empujón y frunció el ceño.
-¡¿Qué te pasa?! ¿Te crees que puedes venir a reclamarme luego de lo que me hiciste? –Espetó, para luego respirar profundo. No quería protagonizar una escena-. Te recuerdo que fuiste tú el que ocasionó todo esto, y no estás en posición de reclamarme nada.
Tuvo que hacer de tripas corazón para no llorar.
Eriol sintió que le propinaban un puñetazo en el corazón. Era cierto, era malditamente cierto. ¿Qué era lo que le pasaba? ¿Por qué no podía entender que habían sido sus decisiones las causantes de todo este embrollo?
-Tomoyo… lo siento, tienes razón, todo esto es mi culpa.
Tomoyo no dijo ninguna palabra. Apenas y se limpió las dos lágrimas que se le escaparon de los ojos.
-Perdóname, por favor, no tienes idea de lo arrepentido que estoy. Te juro que me duele saber que tú también estás sufriendo.
-No importa nada de eso, las cosas jamás volverán a ser como antes. No tengo intenciones de estar contigo, y aunque las tuviera, no podría. Porque nada me garantiza que no volverás a hacerlo.
Eriol volvió a acercarse a ella y en un acto de desesperación la sujetó de los hombros.
-¡Yo te lo estoy diciendo, Tomoyo! –Exclamó-. Tienes que creerme.
Ella cerró los ojos y negó con la cabeza. Se deshizo de su agarre.
-No, Eriol, no creo que pueda volver a confiar en ti. Eres tú quien no tiene idea de lo horrible que se siente que te engañen con otra persona, y esa inseguridad, esa sensación de que en cualquier momento volverán a hacértelo debe ser aun peor.
-¡Pero no voy a…!
Tomoyo lo detuvo-. No digas nada más. Ya no tiene caso, Eriol, ¿para qué vas a llover sobre mojado? Quizás es lo mejor. Quizás no estamos hechos el uno para el otro.
-Tomoyo, por favor…
Ella abrió los ojos y dejó salir algunas lágrimas. Su corazón se encogió al ver los ojos azules de ellos, vidriosos también y con lágrimas en ellos.
Una palabra, sólo tenía que decir una palabra y el dolor se iría de la mirada de Eriol. ¿Cuán difícil podía ser decir un «sí»? Hubiera dado cualquier cosa por revertir las acciones de Eriol, pero no podía. El daño estaba hecho.
Porque Eriol la había traicionado. Sabía que no podría volver con él, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Pero si alguna vez iba a perdonarlo para estar en paz consigo misma y seguir adelante con su vida sin guardarle rencor, ese día no sería hoy. Su herida ni siquiera había cicatrizado. Sabía que necesitaba estar sola, pero también era consciente de que Miltos ayudaría, así como también lo harían Sakura, Chiharu, Naoko, Rika, Kero...
Por ahora necesitaba estar lejos de él.
Muy lejos.
Who am I to need you now?
To ask you why, to tell you no.
To deserve your love and sympathy.
You were never meant to belong to me.
Who am I to you?
Along the way
I lost my faith.
(Sakura)
Mi grito de alegría salió contrastó con la tensión y hostilidad del partido. Acaban de expulsar a Eriol luego de una pelea en la cancha. Y yo acababa de recibir un mensaje de texto de mi hermano Touya, el cual me hizo enormemente feliz.
Decía: Dijo que sí. Soy oficialmente un hombre comprometido.
Touya le había pedido matrimonio a Anastasia en un restaurante cerca de la playa, donde se habían dado su primer beso. Y ella había aceptado casarse con mi hermano, lo cual me llenó de alegría.
Corrí gradas arriba para chismearle a Kero, y me sorprendí de no ver ni a Tomoyo ni a Miltos con él. Tan sólo estaba Meiling.
-Es que se fueron a comprar algo de tomar en la cafetería. –Explicó mi mejor amigo.
Yo le conté la noticia y él me abrazó muy contento. ¡Por fin seríamos oficialmente familia! ¡Nuestro sueño hecho realidad!
Meiling sonrió al vernos alegres y preguntó, con mucha discreción, a qué se debía nuestra repentina alegría en un momento donde deberíamos estar refunfuñando, como todos los demás.
Kero se me adelantó y le dijo que mi hermano y su hermana acababan de comprometerse para casarse. Ella peló los ojos como una niña pequeña y luego sonrió. Pero luego parpadeó, al parecer algo confundida y me miró dudosa:
-¿Tu hermano el que conocí el otro día en tu casa? ¿El que siempre está serio y prepara unos emparedados deliciosos? –Yo asentí con la cabeza. Ella puso una expresión de desilusión-. ¡No puede ser que se case!
Kero y yo nos miramos sin entender. ¿Por qué? Preguntamos.
-Justo cuando yo tenía planeado confesarle mi amor. –Se rió-. Tu hermano es bello, Sakura, es una pena que salga del mercado. Y tu hermana es muy afortunada, Kerberos. –Dijo mirándolo con una sonrisa pícara.
Yo no pude evitar reírme ante aquello. Sí, Meiling consideraba que Touya era guapísimo. Jamás comprenderé por qué.
Cuando Miltos regresó sin Tomoyo y nos dijo que ella se había quedado a conversar con nuestro amigo el pelinegro, supe que aquello no terminaría bien. Por eso no me extrañó verla llegar con los ojos llorosos, un poco cabizbaja, pero aún así no dejó de sobrecogerme.
Yo me había dado una escapadita de mi lugar con las porristas para comentar con Kero lo que había pasado con Eriol.
-¿Estás bien? –Pregunté cuando se sentó a mi lado.
Ella asintió con la cabeza-. Sí, sólo que hablé con Eriol. Me reclamó que estuviera con Miltos, dijo que yo sólo lo hacía para molestarlo.
-¿En serio te buscó para eso?
-Al principio sí, pero cuando le dije que él no estaba en posición de reclamarme nada, me pidió perdón, Sakura. Me dijo que se arrepentía y que jamás lo volvería a hacer.
-¿Y tú que le dijiste?
-Que el daño estaba hecho, que no quería hablar con él por ahora y que no podría volver a confiar en él. –Explicó mi prima-. ¡Sakura, si hasta se puso a llorar!
Yo alcé ambas cejas con asombro.
-¿De verdad?
-¡Sí! Pero, ¿por qué no está jugando? Tenía su bolso de deportes con él.
Le conté lo que había pasado y Tomoyo me miró horrorizada.
-¿Qué? ¿En serio?
-Sí, Tomoyo. Nosotros tampoco lo podíamos creer, ¡nadie! Hasta Terada estaba asombrado. No es una actitud propia de él.
El partido terminó bastante bien, luego de que Hiro y Shaoran anotaran dos goles; el primero consiguió empatar con el equipo contrario, y el segundo, in extremis, nos dio la victoria.
Meiling y Shaoran nos llevaron a Kero, Miltos y a mí a mi casa, donde nos despedimos. Kero y yo estábamos súper emocionados y Miltos no entendía a qué se debía nuestra algarabía. Ambos sabíamos que Touya anunciaría su compromiso con Anastasia.
Luego todos los abrazos, las lágrimas, las sonrisas, los chistes griegos, las felicitaciones, las anécdotas y demás situaciones que conllevan el anuncio de un compromiso, decidimos salir a comer a un restaurante.
Mi hermano aprovechó uno de los pocos momentos donde lo dejaron respirar para acercarse a mí y darme un beso en la mejilla. Él, al ver que yo no entendía a qué se debía aquel inesperado gesto, me sonrió:
-Gracias por ser la mejor hermanita del mundo, Sakura.
Sentí que todos los sentimientos de amor y cariño hacia mi hermano salían a flote en aquel instante, al verlo sonriente, y me giré para darle el abrazo más largo y especial que habíamos compartido en nuestra vida.
-Gracias a ti, por ser el mejor hermano mayor de todos, Touya.
-Te quiero, monstruo.
-Yo también.
¡Felices fiestas! ¿Qué tal están? A mí me pasaron una serie de eventos desafortunados: me agarré dos dedos con la puerta del carro, me quedé sin Internet por una semana, mi teléfono se cayó en el inodoro (en Nochebuena) y dejó de funcionar hasta ayer, que revivió milagrosamente.
Y ahora sí, vamos a lo que vinimos: el capítulo. ¡Así que Touya se va a casar! Pero qué bien. Apuesto lo que sea a que ninguna de ustedes se imaginó que vería esa faceta en Touya. No, ¿verdad?
¿Y Eriol? Creo que la ruptura con Tomoyo en verdad le está afectando, porque para que haya llorado con Meiling y hecho un espectáculo en pleno partido, no debe estar muy bien que digamos. Eso le pasa por ser un imbécil. Les comento que la canción del capítulo tiene un mensaje muy claro sobre el desenlace de esta relación. A ver si lo pillan...
Les mando un beso muy grande y un feliz año nuevo por adelantado.
Canción: Crestfallen.
Banda: Smashing Pumpkins.
Álbum: Adore.
