Muchas gracias por sus bellos comentarios :)
Aquí dejaré la segunda parte, y ya solo faltaría una (es una historia cortita)
…
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La oportunidad para Naruto de asistir a la exposición que tanto deseaba llegó algunos días después, en medio de la cena. Incluso respirando profundamente y convenciéndose de que podría hacerlo, se sentía tan nervioso que le tomó cerca de cinco minutos completos explicarles que deseaba salir.
Sus padres, sobra decir, lo miraron con sorpresa por aquella petición tan inesperada.
- ¿Salir? -la primera en hablar fue su madre. Naruto asintió de vuelta, solo para observar como ambos progenitores intercambiaban sus miradas, como si intentaran verificar que habían escuchado lo mismo.
Naruto los entendió, después de todo, a él no le gustaba salir de casa ni mucho menos tenía vía libre para ello. Desde que fuese diagnosticado, su transcurso siempre solía ser desde su hogar hasta la escuela, y viceversa.
- Me invitaron, unos amigos.
- ¿Amigos? -preguntó su padre, en esa ocasión. Él asintió nuevamente.
Comenzaba a sentirse como un bicho raro. O, en realidad, comenzaba a recordar que lo era.
Porque él no tenía amigos. Y sus padres lo sabían.
- Sakura dice que irán al parque de diversiones, el viernes -mencionó a su prima a propósito, a sabiendas de que ganaría el permiso de aquella manera.
Su padre se mostró preocupado de todas formas. Por mucho que quisiera ignorarlo, Naruto pudo verlo en su mirada.
Su madre, por otro lado, sonrió.
- Suena como una buena idea -él le respondió que lo era, aunque no tardó en recordar que, para ella, cualquier cosa que no involucrara videojuegos era siempre una buena idea.
Aquello era inevitable en cierta forma.
A Kushina le preocupaba enormemente que pasar tanto tiempo viviendo las historias de los juegos pudiese detonar aún más episodios en su joven hijo, después de todo, la línea entre la realidad y la fantasía solía ser casi invisible él. Por eso, al igual que cualquier otra madre, ella se permitía mirar con desconfianza aquellos videojuegos. Sin embargo -le aseguró cada psiquiatra que alguna vez atendió a Naruto- no había relación alguna en ello y constituía una actividad perfectamente normal para un chico de su edad.
Por experiencia, Naruto sabía lo mucho que a su madre le alegraba que él intentase hacer otras cosas que no fuesen estar frente a la computadora jugando toda la noche. Y, precisamente, aquello era su boleto de salida.
Así que, tomada la decisión, solo era necesario esperar.
Cuando el día N -de No-puedo-creer-que-en-verdad-salí-a-la-calle- llegó, tenía todo lo necesario para salir a explorar el mundo. Como llevaba un largo tiempo sin salir a otro lugar que no fuera la escuela, necesitó del gps de su teléfono para recordar perfectamente cómo llegar hasta la estación de trenes, mientras Sakura le enviaba indicaciones. Ella sería su guardiana por el día, la encargada de que él volviese a casa sin un solo rasguño.
Por supuesto, cuando se lo comunicaron, el primer impulso de Naruto fue negarse, pero en vista de que se trataba de la única condición de sus padres, no objetó.
De camino a la estación, no pudo evitar sentir que algo se le estaba olvidando. Con calma comprobó llevar su teléfono, sus llaves y billetera; el libro que había llevado en caso de aburrirse y el folleto de la exposición que celosamente había guardado por semanas. El tren se detuvo mientras su mano, en el fondo de su mochila, daba contra el pastillero. Y entonces supo lo que era.
Su medicación. Había olvidado tomar su medicación al salir de casa.
En su prisa por escapar de los últimos consejos y advertencias de su madre, había pasado por alto la alarma de su celular.
Se maldijo en voz alta. A toda prisa rebuscó hasta dar con el frasco, pero, al abrirse las puertas, la visión del otro lado lo congeló.
Se vio a sí mismo de pie en el andén, observándolo a los ojos en medio de la muchedumbre que se movía. A pesar del ruido, su voz fue clara, atravesando el aire con una frialdad y dureza decididas.
- ¿Demasiado ansioso? -consultó aquella versión suya, sonriendo con cierta arrogancia. Al ver que no contestaba, aquella expresión de crueldad no hizo más que endurecerse-. ¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el gato?
Naruto respiró profundo, o por lo menos lo intentó. El resto de los pasajeros a su alrededor se apiñaron a su alrededor y lo empujaron mientras abandonaban el vagón. La urgencia por alejarse de hizo que siguiera la corriente de personas, buscando alejarse de aquella copia que le seguía con su risa estridente, como si disfrutara el verlo en aquel estado de miedo.
Caminando entre la masa, el joven no dudó en sacar del pastillero que aún sujetaba firmemente, antes de llevarse un par de pastillas a la boca. Tragó sin agua, sintiendo como raspaban en su garganta y le dejaban un terrible sabor, sin embargo, la urgencia por tomarlas era mucho mayor. Tras eso aminoró su paso, hasta quedar rezagado en el andén, acompañado únicamente por unos cuantos individuos más.
Y por su copia, cuya presencia continuaba allí tras abrir los ojos, observándole con aquella sonrisa altanera, que él estaba seguro jamás había realizado.
El pánico comenzó a invadirlo, pero se esforzó en disimularlo, en respirar profundo para tranquilizarse, tal y como le habían enseñado. Solo se trataba de un episodio más fuerte lo normal, diría su psiquiatra seguramente, pronto estaría bien.
Él tenía que estar bien.
Aquella era su primera salida en años, con chicas y chicos de su edad, y él no podía arruinarla de esa forma.
- Vete ya -ordenó en voz alta. Como única respuesta, aquel "yo" le observó con diversión, como si fuera la manifestación de su esquizofrenia burlándose de él.
Alguien más en el andén giró su cabeza para mirar al extraño chico que hablaba solo. Naruto volvió a caminar, adentrándose hacía el punto de encuentro planificado, e intentando pasar desapercibido.
- ¿En serio irás con esos cretinos? -su voz sonó como si le estuviese susurrando directamente en el oído. Llevaba una expresión de disgusto que él no entendía-. ¿Desde cuándo intentas encajar? Tú no encajas con nadie, lo sabes.
- Podrían ser mis amigos -rebatió. Ocultándose bajo la escalera, cerró sus ojos, buscando a como de lugar anclarse a la realidad. Respiró profundo, recordando lo elemental: no había nadie allí, y él lo sabía, era solo que a su cerebro le costaba distinguir las cosas.
- ¿Cómo sabes que no soy alguien real y que esas bonitas drogas no son más que un intento de controlarte? -su enfermedad dio un paso al frente, con aire de bravuconeria mientras comenzaba a jugar con las dudas inconscientes de su mente. Un brillo divertido se formó en aquel rostro, ojos rojos y crueles reemplazaron los azules-. O mejor, ¿cómo estás tan seguro de que esta bonita estación de trenes no es solo obra de tu mente?
No, no. No debía dejarse llevar por el pánico. Incluso si jamás había tenido episodios tan fuertes antes, él ya había tomado su medicación. Aquella perversa fantasía desaparecería. Hasta entonces, debía asegurarse de permanecer quieto -no fuera a terminar cayendo a las vías- y de respirar profundo para tranquilizarse.
Él estaba bien, todo estaba bien.
Naruto. Sí, ¡exacto!. Su nombre era Naruto.
Era un estudiante corriente de escuela, iba en la preparatoria.
Amaba el arte, admiraba profundamente a su artista preferido.
Y, además de todo eso, también le gustaba…
- Tú no tienes amigos -su voz no desapareció, sino que se hizo más clara en su mente. El joven abrió sus ojos, enfrentando su alucinación con enfado-. Ellos jamás serían amigos de alguien tan enfermo que es incapaz de distinguir lo que es real de lo que está en su cabeza.
- ¡¿Por qué mejor no te…?!
- Shh -pidió, sonriendo con malicia. Llevó un dedo sobre sus labios y, con un movimiento de su cabeza, apuntó hacia la parte superior de las escaleras-. Solo tienes que ponerlos a prueba.
A pesar de que no tenía ninguna intención de confiar en él, asintió. Su otro "yo" desapareció entonces, dejándolo a solas por fin. Naruto suspiró, aliviado. Convencido de que el medicamento hacía efecto, caminó para subir por la escalera, cuando captó la conversación del grupo.
- Hinata debe estar por llegar. Dijo que estaba a solo un par de estaciones.
- Eso es genial. Y, bueno, ¿qué hay de… Namikaze? -su corazón se aceleró con aquellas palabras. Sintiéndose repentinamente intimidado al escuchar su nombre, no fue capaz de seguir subiendo-. Dijo que vendría, ¿no?
- Sí, pero no ha escrito nada. Quizás se arrepintió o algo. ¿Qué dicen? ¿Nos adelantamos?
- Estoy segura de que iba a venir -la voz de su prima fue clara, mientras daba aviso al resto de que lo llamaría. A toda prisa Naruto llevó la mano a su teléfono, silenciándolo. Lo último que necesitaba era que Sakura advirtiera su presencia de esa forma-. Que extraño. No me contesta. Un momento, debo llamarlo otra vez.
- Quizás sea lo mejor -aquel comentario fue lo que distrajo a su prima, él estuvo seguro, porque no volvió a realizar otra llamada.
- ¡Kiba, no vuelvas a decir eso!
- ¿Qué? ¡Seamos honestos al menos! Nadie quería que viniera.
- No es verdad, yo…
- Lo invitaste por mera cortesía -otra voz, más seria, se dejó escuchar-. Solo porque es tu primo.
- Se equivocan, Naruto también es mi amigo.
- No mientas. Todos saben que él no tiene amigos.
- Sí, di la verdad Sakura -una voz femenina resonó-. Seguramente te alivia que no esté encima de ti.
- ¡Eso no es cierto!
- No queremos que te ofendas, solo decimos que él es algo…
- Raro -aquel fue Kiba nuevamente-. Oh, no te atrevas a mirarme así, ¡lo es! Un bicho raro. A mí no me agrada.
- Es mucho mejor que no haya venido con nosotros, estamos mejor sin él.
- Ustedes no conocen a mi primo, él…
- Sí, ya sabemos, es "especial", pero más bien del tipo que un día entrará con un arma al salón.
Las risas comenzaron a sonar por aquel comentario. Naruto no consiguió entender la replica de su prima, pero por su tono de voz distinguió lo enfadada que se encontraba.
No quiso salir del lugar en el que se encontraba. Permaneció quieto, con su mente en aquellas palabras, y sintiéndose incapaz de fingir que no las había escuchado. Escondido del resto, se sintió tan aislado como las primeras semanas después de ser diagnosticado, consciente de aquello que lo apartaba del resto.
Cambiarse de escuela, tal y como imaginó, no había servido de nada. Jamás podría ser alguien normal ante los ojos del resto.
Continuaba siendo igual que antes.
- Te dije que no servías para esto -se oyó a susurrar a sí mismo.
- Na… Naruto…
El chico alzó la vista. De pie frente a él, Hinata Hyuga lo observaba. Por la expresión que llevaba en su níveo rostro, era evidente que había escuchado aquella conversación también. Un leve gesto de disgusto se dejó notar, y el joven solo pudo pensar en lo amable que ella era.
- Llegarás tarde -explicó, más no se atrevió a enfrentarla. Las risas continuaban sonando y él solo tenía ganas de hundirse en la tierra. Esperó verla pasar a su lado, pero Hinata tan solo permaneció allí, antes de inclinarse en su dirección.
- ¿Quieres hacer algo divertido? -su pregunta fue sincera, y no hubo rastros de la lástima que Naruto había esperado percibir.
- ¿Algo divertido? -repitió confundido-. ¿Cómo qué?
- Bueno, hay una exposición de arte a una estación de aquí -ofreció ella, tras echar un rápido vistazo a su celular-. Y una heladería a dos estaciones. O simplemente podríamos caminar -ella estiró su mano en su dirección, expectante-. ¿Qué dices?
Él sonrió, no pudo evitarlo.
Como siempre, ella tenía algo que conseguía tranquilizarlo.
Como siempre… ella lo hacía sentir a salvo en la realidad.
- ¿Segura que una exposición de arte no es para bichos raros? -a pesar de todo, sostuvo su mano. Un cosquilleo cálido lo recorrió en cuánto lo hizo.
- Yo no creo que seas raro -sus palabras consiguieron formarle un nudo en la garganta. Disimuló lo mejor que pudo y, tras colocarse de pie, la acompañó.
Más seguro que antes, volvió a abordar el tren. No sin antes enviarle un mensaje a su prima, indicándole que había decidido ir a la exposición, para que no se preocupara por él. Ella se mostró aliviada de tener noticias suyas y prometió alcanzarlo tan pronto pudiera. Tras eso, el joven guardó su teléfono en lo profundo de su mochila, dónde terminó por olvidarse del pequeño aparato.
...
- "Él pintaba a pesar de su enfermedad, no condicionado por ella…" -Hinata leyó la inscripción, en voz alta y clara-. Eso es muy valeroso, ¿no crees?
- Sí, hasta que se dio un tiro en la sien.
Las palabras le supieron agrias, pero no pudo contenerse. Para su disgusto, la parte de la exposición que se refería a la vida del autor había terminado de forma abrupta tras hablar de su suicidio, como si intentase replicar el vacío de la muerte.
Naruto avanzó por el pasillo, observando las hermosas pinturas dispuestas en la galería, pero por más que lo intentó aquella aterradora idea no pudo apartarse de su mente.
¿Él acabaría así algún día?
- ¿Por qué te gusta tanto este tipo de arte? -consultó Hinata en un momento especialmente silencioso. Su fascinación por las obras no le había pasado desapercibida a la joven.
Porque soy esquizofrénico, se sintió tentado a revelar, pero en lugar de eso eligió guardar silencio y tomarse un segundo para contestar.
- Porque es como yo -fue su respuesta finalmente, devolviendo la vista a la pintura que ahora ambos apreciaban-. Fuera de la norma, definitivamente caótico, y también…
- ¿Incomprendido?
- Iba a decir fracturado -le sonrió, avergonzado.
No era por menos, y es que "fracturado" era, tal vez, la palabra favorita de Naruto. Fracturado, fracturado, fracturado… realmente amaba algo en esa palabra.
Hinata devolvió la mirada a la pintura, examinándola nuevamente. Naruto creía que se quejaría o le confesaría por fin lo aburrida que estaba, pero en lugar de eso, ella giró su cabeza hacia un lado, como si intentara verla desde un ángulo distinto. Su largo y brillante cabello oscuro cayó como una cascada, enmarcando su rostro.
- No lo entiendo -dijo entonces, decidida-, pero creo que es hermoso.
- ¿Hermoso?
Ella asintió, arrojándole una nueva sonrisa. Naruto no supo que decir. De todos los términos existentes, jamás habría pensado en calificarlo como "hermoso", porque aquellas pinturas eran todo menos hermosas en el sentido tradicional de la palabra.
- ¿Hermoso? -repitió, sintiéndose un idiota al ser incapaz de pronunciar algo más.
Ella asintió nuevamente.
- Es como si fuese una explosión de emociones, ¿no crees?, cada color, tan cuidadosamente en su sitio -replicó convencida, con sus ojos claros intentando abarcar cada parte de la obra-. La luz en el fondo me recuerda al sol visto a través de las hojas de los árboles, pero distinto, ¿me entiendes? -al ver su genuina expresión de asombro por su pequeña interpretación, no pudo evitar reír-. O quizás solo lo pienso demasiado -añadió, llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja, algo avergonzada-. En cualquier caso, me gusta mucho.
Naruto no fue capaz de seguir conteniendo la pregunta que tenía atorada en la garganta desde que se hubiesen encontrado.
- Hinata -y al mencionar su nombre ella lo miró, sonriente-. ¿Por qué decidiste venir conmigo?
Su expresión cambio y la sonrisa desapareció en aquel instante.
- ¿Hubieses preferido que yo no viniese? -él hizo silencio, debatiendo sobre lo que debía responder, cuando la joven apartó su mirada-. ¿Quieres saber la verdad? -Bueno, yo…
- ¡Naruto!
Él giró al escuchar su nombre, fue un reflejo automático. Por un segundo temió que se tratara de otra alucinación iniciando, y que Hinata pudiese notar que estaba viendo y escuchando cosas que no estaban allí. Por lo mismo, se relajó al notar que, como él, ella también había girado al escuchar el llamado.
Sakura había aparecido corriendo de pronto, directamente a ellos. A él le sorprendió verla allí.
- ¿Sakura? -llamó, en cuanto ella se detuvo para respirar. Lucía verdaderamente agitada, de seguro había estado corriendo por un largo tiempo. La pregunta era, ¿por qué?
No, más que eso. ¿Qué hacía ella allí? ¿Y por qué lucía tan asustada? ¿Habría sucedido algo?
- ¡Sakura-chan! -Hinata apareció tras él, saludándola con una sonrisa y sin notar aquellos detalles que a él comenzaban a inquietarlo.
- ¿Hinata? -preguntó su prima, mirándola con verdadera sorpresa. La joven le dirigió una rápida mirada a Naruto, justo antes de volver a verla-. ¿Qué… qué haces aquí?
- Vinimos a ver la exhibición de arte -respondió con sinceridad. Ella volvió a mirar al joven, esperando que él le confirmara lo dicho, sin embargo, su primo no pudo articular palabra alguna-. ¿Cómo sabías en dónde estábamos?
La chica arrojó un quejido, y se esforzó nuevamente en respirar.
- Naruto me envió un mensaje diciendo que vendría aquí. Intenté escaparme para acompañarlo, pero en cuanto te restaste no me lo permitieron -se quejó, con un mohín hacía la joven. Hinata sonrió y sacó su lengua, atrapada-. Necesitaba encontrarlo, así que…
- ¿Encontrarme? ¿Por qué?, ¿qué sucede? -Naruto por fin fue capaz de hablar, saliendo de la sorpresa-, ¿estás bien?, ¿sucedió algo?
- Más o menos -confesó. La preocupación abordó su mirada. Una serie de horribles posibilidades inundaron la mente del chico-. Rápido, tienes que mirar tu celular.
¿Su celular?
Recordando la existencia de aquel pequeño aparato -y también recodando que lo había silenciado horas atrás-, el joven volvió a buscar en su mochila, encontrándolo nuevamente. Apenas lo desbloqueó, entendió de dónde venía la preocupación de su prima y la razón por la cual ella había corrido al museo para buscarlo.
Más de treinta llamadas perdidas.
El miedo lo invadió al notarlo, y es que para él solo había una gran regla que jamás debía quebrar.
Contestar el teléfono. Siempre.
- Mierda -exclamó en voz alta. Su prima arrojó una clara expresión culpable.
- Te juro que intenté contenerlos lo más posible -explicó-. Cuando me llamaron les dije que estabas conmigo, pero como no pude colocarte al teléfono, no me creyeron. Y como tampoco sabía en dónde estabas, terminé preocupándome porque algo te hubiese sucedido. Lo siento mucho, primo.
- Está bien, Sakura, no es culpa tuya -Naruto suspiró. Pasó una mano por su nuca, intentando deshacerse de aquella escalofriante sensación en su nuca. Su ansiedad hizo aparición con justa razón.
Su primera salida en años y por un descuido de seguro sus padres pensarían que él debía de haber sufrido una crisis en la calle. Tal vez incluso hubiesen reportado su desaparición a la policía ya. Y a él no le hacía nada de gracia pensar en que muy pronto su foto estaría rondando por internet, con la palabra "esquizofrenia" acompañando al resto de su información personal.
Dios, luego de esto no volverían a dejarlo salir jamás.
- ¿Todo está bien? -Hinata se aproximó. Hasta el momento se había mantenido distanciada, sin embargo, por la expresión que llevaba era obvio que había escuchado la pequeña conversación-. ¿Se trata de tus padres?
- Tengo que irme -explicó él, sin contestar nada en realidad. Hinata le vio con sorpresa.
- ¿Tan pronto? -preguntó. La decepción inundó su mirada-. ¿Sucede algo malo para que debas marcharte?
- No en realidad. O bueno, sí. Es decir… -hizo silencio. Deseó realmente no parecer el bicho raro que los amigos de las jóvenes habían descrito-. Lo siento.
Ella continuó observándole, justo antes de sonreír.
- Lo entiendo -respondió, consiguiendo que su corazón se acelerara un montón.
No hubo tiempo para más palabras. Sakura tiró de su manga y pronto se vio corriendo hacia la salida, dejando atrás las pinturas, el resto de la exposición y a Hinata.
Y, también, a la sensación de normalidad que había conseguido por primera vez en años.
…
El camino a casa se sintió largo.
Naruto estaba seguro de que se debía a la ansiedad que lo recorría. La enorme presión que en ese momento aplastaba su pecho solo podría aliviarse tras volver a casa, ver a sus padres y comprobar que aún no hubiesen denunciado su desaparición. Solo entonces, encerrado en su cuarto -del cuál nunca debió haber salido- podría volver a sentirse tranquilo nuevamente.
El frasco de sus píldoras, tan firmemente sujeto entre sus manos, se había convertido en su amuleto protector.
Por favor que mi foto no esté en internet, por favor, por favor…
Sabía que no podría volver a la escuela si aquello sucedía. No podría enfrentar al resto de sus compañeros de clase si se convertía en el chico enfermo y loco, mucho menos sería capaz de ver a Hinata nuevamente a los ojos.
- Naruto, Naruto -la voz calmada de Sakura se abrió paso hasta dónde estaba. Por el rabillo del ojo distinguió a la joven sentada a su lado, inclinándose levemente hacía él, pero manteniendo una distancia segura-. ¿Te sucede algo? ¿Estás asustado por algo? Mira, voy a acercarme para…
- Sakura, no estoy teniendo una crisis -giró su rostro para verla, con una expresión tranquila, y fue testigo de cómo ella pasaba del reconocimiento a la vergüenza en tan solo un instante.
- Ay, es que te vi muy… lo siento -pidió finalmente, apartando su vista. Sus orejas estaban rojas.
- No te preocupes -una idea divertida cruzó su mente-. ¿Acaso buscaste en línea cómo hablar con alguien que está sufriendo una crisis de esquizofrenia?
- Supongo que nunca está de más prepararme -ella le dirigió una leve sonrisa-. Estabas callado, y no dejabas de mover tu pierna. Lucías muy nervioso. ¿Acaso estás preocupado por el castigo de tía Kushina y tío Minato?
Él hizo una mueca, recordando aquel detalle esencial. Para el instante en que sus padres por fin habían contestado el teléfono, reconocido su voz y comprendido que nada malo le había sucedido, que solo había silenciado su celular, no se oían tan aliviados como él había llegado a desear. "Furiosos" sería una palabra más adecuada.
- No, pero gracias por recordarmelo -Sakura hundió su rostro entre sus manos, derrotada.
- Oh, soy un fracaso -murmuró entonces. Su voz se ahogaba en la desesperación-. Se suponía que yo debía cuidar de ti hoy. Y lo arruiné. No debí permitir que los chicos me arrastraran hasta el parque. Debí ir contigo a la exposición en cuánto me enviaste ese mensaje.
- Yo debí haberme apegado a lo que acordamos -replicó él. Ella le observó de reojo, probablemente agradecida de que él no estuviese tan enfadado con ella como habría de esperar-. Hice que te preocuparas por mí. Yo, solo… -calló. No tuvo el valor de revelar que había escuchado la conversación que habían tenido sobre él-. Lo siento.
Ella suspiró.
- Nuestros padres van a matarnos, y luego nos castigarán -Naruto, quién mejor entendía la seriedad del asunto, fue incapaz de contener su risa. Aquello provocó una sonrisa en su prima-. Por lo menos tu tiempo con Hinata fue agradable, ¿no?
Al recordar a la joven, y su expresión al decirle que se marcharía sin ninguna explicación, sintió como su estómago se convertía en un nudo. Sakura debió notar el cambio en su rostro, porque en silencio dejó caer una de sus manos sobre la suya.
- Ella lo va a entender -aseguró. Su primo se tomó un momento para contestarle.
- Fue muy agradable, espero que no esté enfadada por haber tenido que dejarla sola.
Hubo un silencio entonces, que se extendió por casi un minuto completo.
- ¿Desde cuándo te gusta Hinata? -Naruto saltó en su asiento ante la repentina pregunta de la joven. Sorprendido, volteó a verla con el rostro rojo, solo para abrir su boca y enmudecer. Ella no pudo contener la pequeña risa que aquello le causó-. Sí, primo, pude darme cuenta. Pero dime, ¿acaso sucedió algo? Digo, ¿sabes si le gustas o si quiere estar contigo?
La manera en cómo Naruto desvió su vista a raíz de la pregunta le hizo comprender que le había dado en un lugar doloroso.
- ¿Quién querría estar con alguien enfermo? -no lo dijo, pero inmediatamente pensó en su abuelo, de quién había heredado su esquizofrenia. Recordó las historias que había escuchado sobre él, siempre a escondidas en las reuniones familiares, cuando el resto de los adultos pensaban que él no estaba cerca.
Un hombre dulce y violento al mismo tiempo, que por tantos años los había atormentado sin motivos.
- Tú no eres como nuestro abuelo, recuerda eso -las palabras de Sakura no consiguieron aliviarlo como esperaba. El temor permaneció allí, clavado en lo más hondo de su cuerpo. Notó entonces que jamás le había temido tanto a aquella parte dañada en su propia mente, ni siquiera el día en que casi se había suicidado por accidente.
Finalmente, el tren anunció la llegada a la estación en dónde debían bajar. Tal y como habían acordado, sus padres los esperaban a ambos en el pequeño andén.
Naruto abandonó el vagón, arrojando un largo suspiro. A su lado Sakura acarició su brazo, antes de adelantarse.
La idea de regresar a la rutina, acompañado solo de sus medicamentos, la mirada vigilante de su madre y el silencio culpable de su padre, resultaba como mínimo abrumadora. Lo que en realidad quería era volver al museo, con Hinata, y seguir recorriendo la exposición; ser valiente, como para invitarla a ir por un helado; o menos raro, como para ser aceptado por los amigos de su prima, poder acompañarlos al parque de diversiones.
Lo que en realidad quería era ser alguien normal, en lugar del adolescente fragmentado.
