XXVI
—¿Qué mierda me estás diciendo? Hermione nunca me haría algo así. ¿Tienes alguna forma de probarlo?
Ron acababa de escuchar la razón por la que Ian lo estaba buscando, y le parecía increíble que alguien hiciera una afirmación de ese calibre.
—¿Y no puedes hacer que Hermione venga para acá, de modo que pueda preguntarle yo mismo?
—Ella no quiere salir del templo —repuso Ian, lo que era cierto. Pese a que no le agradaba que Harry se hubiera revolcado con Hermione, ella había descubierto unas verdades que justificaban de largo la existencia de la Orden del Fénix y no había que perder mucho tiempo—. Ha descubierto cosas nuevas sobre la magia, y está transmitiendo lo que sabe a nuestro maestro mientras hablamos.
—Entonces, si quiero verla, ¿tengo que pasar por esos templos?
—Es la única forma.
—¿Y me puedes explicar qué fue lo que descubrió Hermione?
—La única forma en que lo sepas es ingresando a la orden —dijo Ian, extrayendo un trozo de pergamino y tendiéndoselo a Ron—. Es la pista para encontrar el primer templo. A partir de aquí, estás por tu cuenta.
Ian giró sobre sus talones y desapareció, dejando a Ron en medio de la calle, con unas cuantas preguntas en su cabeza. Muchas ideas habían cambiado durante esa conversación. Por mucho tiempo, había creído que la Orden del Fénix había nacido en respuesta a los Mortífagos, pero parecía ser que no era el caso. Si era otro el propósito de la Orden, ¿había sido Dumbledore quien la había fundado? ¿Habría nacido durante la Primera Guerra, o su origen era mucho más remoto en el tiempo? Y, si la Orden no había sido fundada para oponerse al Innombrable, ¿cuál era su misión? ¿Por qué era tan complicado y enrevesado entrar a la Orden? ¿Había sido siempre así? Porque no recordaba haber realizado ninguna prueba para ser parte de ella durante la Segunda Guerra.
Sin embargo, sabía que no iba a ganar nada haciéndose esas preguntas. Tratar de responderlas no iba a hacer que llegara junto a Hermione. Tenía que pasar la prueba. Si quería saber qué nueva información sobre la magia había sido desenterrada, y si Hermione le había sido infiel, tenía que hacerlo. No obstante, saber con quién se había metido Hermione le había recordado otra cosa, algo que necesitaba hacer, de modo que las cosas fuesen parejas. Con eso en mente, se traslado a la casa de Ginny mediante la Desaparición.
Ella acababa de llegar a su domicilio cuando Ron apareció frente a la puerta. De hecho, le había visto aparecer en medio de la nada, y supo que él quería hablar con ella. Le abrió la puerta y le invitó a que se sintiera cómodo, mientras ella traía una taza de té.
—¿Qué te trae por aquí?
—No vengo con muy buenas noticias —dijo Ron, juzgando innecesario cualquier preámbulo—. Es posible que tu boda se encuentre en peligro.
Ginny sintió un desagradable retortijón de tripas. Sabía que Harry se encontraba realizando un trabajo especial para el Departamento de Misterios, pero también sabía que no le iba a tomar mucho tiempo. Sin embargo, varios días habían transcurrido desde que se fue al Ministerio de la Magia y había escrito varias cartas sobre el asunto, pero ninguna regresaba. Era como si el Ministerio hubiera sido sellado para que nada entrase o saliese.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Ginny con una voz más aguda de lo usual.
—Supe que Hermione me fue infiel con alguien —dijo Ron, tratando de lucir como si estuviera completamente seguro de que así había sido—. Tengo que hacer una especie de viaje para comprobar que lo que me dijeron es cierto. Pero también supe con quién había sido infiel Hermione, y no te va a gustar la respuesta.
Ginny pasó de tener sus intestinos revueltos a reír de forma casi incontrolable. Ron no hallaba para nada graciosa la situación. Ginny había hablado de pocas cosas que fuesen diferentes a la boda que iba a tener lugar dentro de algunos meses, y Ron sabía que si Harry realmente se había acostado con Hermione, ella se lo iba a tomar como si el mundo estuviera a punto de acabarse.
—¿Qué te parece tan gracioso? No es ninguna broma lo que te estoy diciendo.
—Por favor, Ron, si estás insinuando que Harry se metió con Hermione, entonces no puedo tomarte en serio. —Ginny le tendió la taza de té, pero Ron no la tomó, notando que tenía una expresión inusualmente grave en su cara—. Sabes cómo ve Harry a Hermione. Se sentiría como si estuviera cometiendo un delito si siquiera le da un beso en sus labios. Harry es demasiado moralista como para hacer algo así. Por cierto, ¿cómo supiste que Hermione te estaba siendo infiel?
—Un… un asociado de ella me lo contó.
—¿Y lo has comprobado de forma fehaciente? —Ginny bebió de su té, mirando a Ron como si él fuese su hermano menor, y no ella—. Ron, estás armando una montaña a partir de nada. De hecho, lo mismo le dije a un tipo que vino a mi casa hace unos minutos atrás. Dijo que él estaba completamente seguro de que Harry se había acostado con Hermione, pero cuando le pregunté si los había visto, él me contestó con evasivas. No sé por qué la gente se ha vuelto tan crédula.
Ron frunció el ceño.
—¿Te dijo su nombre?
—Me dijo que se llamaba Ian, y que trabajaba con Harry en el proyecto en que estaba participando. Me dijo que él se encontraba sano y salvo, pero no le creí mucho. De todas formas, jamás había visto a ese sujeto en mi vida, y no tenía ninguna razón para confiar en él. Ni siquiera aceptó mi té, diciendo que tenía que hablar un asunto serio conmigo.
—Pues yo tengo razones pare creerle —dijo Ron, quien había escogido no platicarle a Ginny sobre su encuentro con Draco Malfoy, y sobre cómo le había persuadido para que ingresara a la Orden del Fénix, cosa que tampoco iba a discutir con su hermana—. Por eso dije que tenía que hacer una especie de viaje.
—¿Y adónde vas?
—Supuestamente, al lugar donde están Harry y Hermione —dijo Ron, quien juzgó sensato decirle una de las razones por la cual quería entrar a la Orden—. Hermione descubrió algo importante sobre la magia, algo que podría cambiar nuestro concepto de ella para siempre.
—¿Sabes? Ya estoy harta de esas personas que descubren cosas nuevas sobre la magia a cada rato. ¿Por qué les gusta cambiar las cosas que ya sabemos? ¿Por qué no nos dejan en paz? La magia nos ha resuelto un montón de problemas ya. Como dicen, ¿para qué arreglar lo que no está roto?
—Bueno, lo mismo pienso yo.
—¿Entonces, por qué quieres saber qué fue lo que descubrió Hermione?
—Mera curiosidad.
Ron se tomó el té de un trago y se puso de pie, dando una mirada severa a Ginny.
—Bueno, tengo que irme. Te pido que tomes en cuenta todo lo que te dije, aunque no me creas. No quiero que digas que no te lo advertí, en caso que sea cierto lo que te dije sobre Harry.
Ron no escuchó ninguna réplica por parte de Ginny mientras salía de la casa. Caminó de forma distraída, sacando de su bolsillo el trozo de pergamino que le había entregado Ian. En su afán por convencer a Ginny de que Harry posiblemente le había sido infiel, había olvidado por completo que debía hallar la forma de llegar al primer templo. Sintiéndose tonto, Ron leyó el pergamino. Había pocas palabras consignadas en éste, pero le trajeron un dolor de cabeza de aquellos, cuando supo que había entrado en un territorio donde Hermione podía moverse con más soltura.
Lo que buscas, lo encontrarás en el centro del círculo de piedra, cuando el sol se encuentre en su cénit.
Ron no tenía idea a qué diablos se refería la frase con el "círculo de piedra". Había muchos círculos de piedra a lo largo y ancho del mundo, como el Coliseo Romano. Ron dudaba mucho de si el primer templo se encontraba allí, pues era un lugar muy obvio para buscar un templo. Además, era un monumento mundialmente conocido, y tenía la certeza que la Orden del Fénix no habría puesto un templo allí. Pero, si no era el Coliseo, ¿qué podría ser? ¿De qué círculo de piedra estaría hablando la pista? Se enfocó en la parte final de la frase, la que decía "cuando el sol se encuentre en su cénit". ¿Acaso esa parte tenía relación con ese círculo de piedra? Y si así era, ¿cuál podría ser?
Ron no se había dado cuenta que había caminado varios kilómetros sin percatarse de ello. Tomó asiento en un paradero de bus para descansar, mientras seguía tratando de descifrar aquel enigma. Se le habían pasado muchos recintos circulares por la cabeza, pero juzgaba que ninguno de ellos revelaría algo importante cuando el sol se encontrara en su cénit. Lo estoy viendo desde el ángulo incorrecto. ¿Qué clase de círculo podría revelar algo cuando el sol se encuentre en su cénit. Ron sabía que algunos monumentos megalíticos eran usados con propósitos astronómicos, y que usualmente estaban dispuestos en forma de círculo…
Ron sintió un golpe de electricidad en su cuerpo. No había pensado en uno de los monumentos megalíticos más famosos del mundo. Era la clase de lugar que escondería un secreto, a plena vista de los ojos de los muggles, muy distinto al Coliseo, que había sido erigido para que la gente pudiera divertirse a costa de la muerte ajena. Sin embargo, su excursión a Stonehenge debía esperar, pues el sol hace rato que ya no se encontraba en su cénit. Decidió regresar a su casa para preparar su viaje con todo lo que necesitaba. No sabía qué era lo que le esperaba en Stonehenge, pero dudaba que fuese algo que hubiese hecho antes. De algún modo, creía que la Orden del Fénix no había diseñado sus pruebas para poner en peligro a potenciales aspirantes.
Ron ignoraba que alguien estaba siguiendo sus pasos. Muy de cerca.
El Alquimista, desde un vehículo alquilado, veía cómo Ron se dirigía a su casa a toda prisa. Por la expresión de su cara, supuso que había encontrado el primer templo. Por un momento, había dudado de las capacidades deductivas de Ron, pero se vio aliviado cuando descubrió que necesitaba ir a Stonehenge. También tenía claro que debía ir mañana a ese lugar.
El Alquimista ordenó a su conductor que siguiera a Ron. Si su plan salía bien, podría apoderarse del maletín, y desbaratar a la Orden del Fénix al mismo tiempo. Además, no podía darse el lujo de demorarse mucho. Sus superiores le habían otorgado un plazo para que él pudiera hacer lo que se había propuesto hacer.
Veinticuatro horas. De ese tiempo disponía para concretar su plan. Cuando el Alquimista preguntó por qué veinticuatro horas, sus superiores le explicaron que algo iba a pasar en ese lapso de tiempo, algo que iba a terminar por derrumbar los planes de la Orden de Merlín. Cuando vio a lo que se enfrentaba, el Alquimista solidarizó con sus superiores, y prometió que cumpliría con la tarea de forma diligente y efectiva.
Los planes se han acelerado. Dentro de veinticuatro horas, la Orden hará público algo que va a cambiarlo todo. No debo permitir que eso ocurra.
Sin embargo, también sabía que no valía la pena apresurarse. En su tiempo asumiendo como el artífice de los planes de la Orden de Merlín, el Alquimista había aprendido que la paciencia era una virtud de la que no podía prescindir.
Y mientras tanto, el vehículo seguía muy de cerca a Ron Weasley.
