Smells Like Teen Spirit

Capítulo XIX:

"Now That I've Found You"

"El amor es la desaparición del resto del mundo." –Jacinto Miquelarena.

(Shaoran)

Cuando la llamada telefónica finalizó, no pude evitar sentirme un tanto incómodo.

Habían transcurrido dos meses desde la última vez que fuimos a Ghenshi, cuando contraje aquella asquerosa urticaria, y la verdad es que no muchas cosas habían cambiado.

Kerberos seguía sin decirle a Meiling que no era gay. Meiling ni siquiera le había vuelto a tocar el tema del beso en Ghenshi, había hecho como si nada hubiera ocurrido y Kero le había seguido la corriente. Mi prima ya había puesto en la zona de amigos. Ella no era de complicarse la vida si la persona que le gustaba no le podía ser correspondida por lo que fuera, simplemente lo aceptaba y continuaba muy felizmente con su vida.

De los cuatro partidos de fútbol que habíamos jugado contra otros colegios, Eriol se había perdido dos, uno por la suspensión que le dieron por agredir al jugador del otro equipo, y el otro porque no se había presentado. Luego del viaje a Ghenshi, había pasado mucho más tiempo solo que con nosotros; ya casi no salía, y cuando lo hacía, era conmigo y los del equipo, evitaba siempre los grupos donde Tomoyo pudiera estar. Había comenzado a incorporarse hacía una semana. Era como si ya se hubiera resignado, como si se hubiera hecho a la idea de que se merecía esa soledad porque había sido un verdadero imbécil con Tomoyo.

Tomoyo estaba más que bien, ocupaba parte de su tiempo organizando los asuntos del baile de graduación y el viaje de graduación y todas las cosas que tuvieran que ver con la graduación. Miltos regresó a Grecia dos días después de que regresáramos de Ghenshi, pero volvería para la boda de Anastasia y Touya, a la cual Sakura me había invitado como su pareja.

Y Sakura… Sakura estaba cada día más hermosa. Empezaba a pensar que aquello no era del todo cierto. Es decir, Sakura seguía siendo la misma chica hermosa de siempre, pero, por alguna razón, yo había empezado a verla mucho más bella. Y no sólo físicamente. Me encontraba pensando en ella mientras estudiaba Matemáticas, mientras corría en la práctica de fútbol, mientras preparaba la cena, mientras me bañaba, mientras leía un libro y sobre todo, justo antes de acostarme, mientras me quedaba dormido.

Mientras esperaba que Meiling terminara de bañarse para que fuéramos a comprar su vestido para la boda de Touya y Anastasia, me acosté en el sofá de la sala a leer Mockingjay, el tercer libro de la saga The Hunger Games (Los Juegos del Hambre) de Suzanne Collins. De repente, un comentario de Katniss Everdeen –la protagonista del libro- trajo el rostro de Sakura a mi mente. Dejé el libro sobre mi regazo, ya faltándome menos de cincuenta páginas para terminarlo, y dejé que mi mente flotara en una nube donde Sakura era el cielo.

Y entonces sonó el teléfono.

Mis padres habían llamado para saber cómo estábamos Meiling y yo, para preguntar sobre el instituto, y para averiguar la fecha de la graduación, porque ella y mi padre no querían perdérsela por nada del mundo.

Yo le había contado que todo estaba bien, en el colegio me iba bien en todas las materias, incluso en japonés; les conté que habíamos ganado los partidos de fútbol y que ya habíamos decidido el destino de nuestro viaje de graduación.

No, no me molestaba ni disgustaba que mis padres vinieran a mi graduación, ni siquiera que se quedaran unos días más de la cuenta. Eso estaba bien conmigo. Después de todo, eran mis padres y yo los quería.

Lo que me ponía totalmente de los nervios eran tres seres cuyos nombres empezaban por F, y cuyo único propósito en la vida –o al menos durante diecisiete años- había sido el de avergonzarme, incomodarme, abrazarme, besarme, pellizcarme, despeinarme y atosigarme.

¿Qué de quiénes estaba hablando? De Fuutie, Fanren y Feimei Li, mis hermanas mayores.

Y todavía, a estas alturas de mi vida, no estaba seguro de cuál de las tres era más insoportable que la otra.

Fuutie tenía veinticinco y a pesar de ser la mayor, estaba lejos de ser la más madura. También a pesar de su apariencia, con su elegante corte Bob, no era precisamente la persona más seria de este planeta. Era excesivamente romántica para mi gusto, cursi como ninguna, fanática número uno de los filmes rosas como Sleepless in Seattle, Ghost, Titanic y otras películas de amor de los noventa las cuales veía un sinfín de veces, y lloraba cada vez que las veía. Se a los veintiuno con Hachiro Huang, su novio de cuatro años, luego de un tórrido romance que bien pudo haber terminado en un embarazo o en la muerte de alguno de los dos, porque tanto amor y tanta pasión no podían ser saludables para dos seres humanos. Durante los cuatro años de relación, en innumerables ocasiones vi a Fuutie entrar a la casa con un portazo, luego de haberse bajado del auto de Hachiro –también con un portazo- por alguna estúpida pelea. Subía las escaleras corriendo y encerraba en su cuarto a llorar. Wei, el mayordomo, subía a tocarle la puerta a la señorita para indicarle que la cena estaba lista y que la familia la esperaba para comer, pero mi hermana le decía que se fuera, que ella no quería comer porque de lo único que tenía ganas era de morirse.

Las primeras veces, mi madre se ponía furiosa de que esa niña no respetara algo tan sagrado como las cenas familiares, pero mi padre logró convencerla de que «así es la juventud cuando está enamorada, Ieran, déjala, ya se le pasará». Luego de la cena, Fanren y Feimei subían a consolar a su hermana mayor. Y después Fuutie se dirigía a mi habitación para darme discursos sobre las cosas que nunca debía decirle o hacerle a mi novia cuando la tuviera, porque yo debía ser un caballero.

Y cuando no estaba llorando por Hachiro, estaba suspirando por lo mucho que lo amaba. ¿Y a quién se lo hacía saber? Exacto, a mí. Hachiro era un príncipe azul y le regalaba flores, Hachiro era lo más bello de este mundo y recordaba todos los detalles.

Luego se casó y se fue a vivir con su esposo. Al principio, mi padre había estado en contra de la idea de aquel matrimonio. Decía que Fuutie era un bebé todavía, y que ningún Huang iba a arrebatarle a su princesa adorada de sus brazos. Pero mi madre logró disuadirlo diciéndole que no había nada que pudieran hacer para separarlos, porque los dos estaban locos el uno por el otro, y que era mejor que estuvieran casados, por «cualquier cosa». Y con cualquier cosa se refería a un embarazo o a lo que pudiera decir la gente. Además, Hachiro Huang era el hijo menor de una de las mejores familias de Hong Kong. Mis padres concluyeron que las cosas debían hacerse como era debido, y les dieron la bendición a Fuutie y a Hachiro, jurando que ambos habían llegado vírgenes y puros al altar. Lo cual era una gran mentira.

Yo podía recordar claramente todas las veces que los había encontrado haciendo «esas cosas que hacen las parejas cuando están solas», como decía Meiling en aquel entonces. En la piscina, en el jacuzzi, en el sauna, en la sala cuando ya todos estaban dormidos, en el cuarto de Fuutie cuando mis padres no estaban. Yo nunca decía nada porque no me interesaba armar un escándalo en la casa. Pero Hachiro siempre me hacía regalos que a la vista de la familia eran desinteresados obsequios, pero yo sabía que las gorras, camisetas, sudaderas y balones de los New York Giants no eran más que un suplicante soborno para que no dijera nada. O una disculpa avergonzada por estar teniendo sexo con mi hermana antes de casarse. Fuutie era quien me consolaba en las noches luego de mis pesadillas, y la que me hacía compañía cuando no podía dormir.

Luego estaba Fanren, de veintidós, cuya meta en la vida era enseñarme a no ser un "hijo perfecto del patriarcado", como ella decía. Fanren era vegetariana y feminista. Para ella, el respeto a la mujer era lo más importante, y quería que aprendiera a identificar las conductas machistas y sexistas para no imitarlas. Mi padre solía decirle mi pequeña y bella activista. Mi madre se mantenía siempre al margen de las conversaciones feministas de Fanren sobre la píldora anticonceptiva, las minifaldas, el derecho al voto y la igualdad de género. Excepto una vez, donde Fanren argumentó que si los hombres podían hacerlo sin ser juzgados, las mujeres también tenían derecho a tener más de un compañero sexual. Mi madre se ahogó con el vino y le prohibió terminantemente volver a tocar sus temas en la mesa, ya que era una mujer muy tradicional. Fue Fanren quien me explicó cómo venían los niños al mundo y me salvó de no ser descubierto en mi primera borrachera.

Y por último estaba Feimei, de veinte años. Ella era el amor platónico de todos mis amigos, por lo que yo vivía atormentado por sus constantes comentarios sobre cuán sexy es la hermana de Shaoran y otros mucho más explícitos. Mi padre solía llamarle mi reina de belleza. Podía recordar que había pasado mi clase de Biología en el colegio gracias a que Feimei se ofrecía a hablar con el imbécil de mi profesor –que me odiaba- cada vez que me ponía una falta o un cero injustificado, y el tipo siempre acababa poniéndome una buena calificación porque le había dado clases a mi hermana y estaba enamorado de ella. Feimei conseguía entrometerse en todos mis planes y siempre quería abrazarme. Si yo estaba viendo una película en mi cuarto, ella llegaba y se instalaba en mi cama junto a mí; si estaba jugando PlayStation, agarraba el otro control para jugar ella también. Y si iba a salir con mis amigos a comer un helado, a ver el atardecer en la playa o a algo casual y espontáneo, Feimei se apuntaba al plan con la excusa de hacer de chofer para nosotros. Mis amigos accedían gustosos porque tenían un crush con ella, y mis amigas no se oponían porque Feimei era muy simpática y agradable. Fue Feimei quien me enseñó a tomar fotografías y me regaló mi primera cámara.

Y, si por separado me ponían de los nervios, juntas eran un terrible tormento que parecía no tener final.

Y allí estaba mi molestia, mi incomodidad y mi trauma psicológico. Justo antes de finalizar la llamada con mis progenitores, mi padre me dijo que las niñas –como se refería a ellas en plural- querían hablar conmigo por Skype, porque me tenían una muy grata sorpresa.

Ingrata, diría yo. Ya sabía cuál era esa sorpresa: ellas también vendrían a mi graduación. Y aquello significaba un sinfín de preguntas impertinentes y personales, un sinnúmero de abrazos y besos. Y ahora que estaba de novio con Sakura…

Dios.

-¿Ya hablaste con mis tíos, Xiao? –Meiling salió del baño con una toalla en la cabeza y otra enrollada en el cuerpo.

-Sí, y no vienen solos. –Rodé los ojos- Houston, tenemos una situación.

Meiling dejó de secarse el pelo y alzó el rostro para mirarme, muy divertida.

-¿Mis primas también vienen? –Su pregunta era la clara antesala de un grito ensordecedor.

Asentir o no asentir, esa era la cuestión. Ah, qué más daba ya, todo estaba perdido igual.

Asentí con la cabeza y…

-¡Ahhhhhhhhh! ¡Xiao Lang, qué emociónnnnnn!

-Meiling, basta, estás asfixiándome.

-¡Xiao Lang, eres un amargaaaaaado!

Qué bochorno. ¿Qué clase de locos eran los Li? En serio. Que alguien por favor me lo explicara. Creo que las únicas personas relativamente normales en esa casa éramos mi madre y yo.

¿Me estaba comparando con mi madre? Vaya. Aquello definitivamente era nuevo. Quiero decir, yo no era un santo, ¡pero no era un pesado y molesto, quejica, cotilla y cursi! Mi madre pecaba de ser demasiado seria, mi padre se reía de todo, Fuutie era una loca enamorada, Fanren una activista chismosa y Feimei era híper melosa. Y Meiling era demasiado escandalosa.

Suspiré y me resigné. Me puse de pie y caminé hasta la entrada de la casa, donde tomé mis llaves y las hice sonar.

-Si no te apuras, te dejo.

-¡Xiao Laaaaaang! –Exclamó Meiling desde su habitación.

-Cuento tres y llevo dos, Mei… abriendo la puerta... saliendo… llamando al ascensor…

Me gritó unos cuantos insultos en chino que me hicieron reír.

Uno no elegía a la familia, y por eso debía ser cuidadoso al elegir a los amigos. Aunque ahora que lo pensaba… Kero era un gracioso griego con gustos peculiares; Yamazaki inventaba todas las historias que podía; Chiharu siempre estaba corrigiéndolo y regañándolo por sus historias; Eriol era Eriol; Tomoyo parecía ser adivina y tener el poder de leer la mente de las personas; Sakura a veces era demasiado feliz y otras veces quería insultar al mundo.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Definitivamente, mi vida estaba rodeada de gente loca. Amigos y familia.

Y Sakura, Sakura me había vuelto loco.

(Sakura)

I hope your eyes just smile forever,
only once I told a lie.
I hope these days go on forever,
and I'm always right by your side.
You're all I want to know
for the rest of my life.
I can't help what time is done,
and how long I've had to wait,
now I found your hand in mine
I hope I didn't come too late.
There's no beauty like your face in the morning light.

And all my life I have been so scared
and I never knew I never wanted you there.
I've been broke, been bust, been snared
So love lost and under-prepared, baby
But now that I found you, now that I've got you
I've got everything, my dear.

Mi grito fue tan fuerte, que probablemente se escuchó en casa de Kero.

Pegué un brinco, bailé, canté y me sonreí a mí misma en el espejo. Alcé el rostro y le agradecí al Cielo, volví a bailar, aplaudí y fui demasiado feliz.

Irresponsable.

Pero no estoy embarazada.

La Madre Naturaleza me había hecho la visita mensual con mes y medio de atraso. Y durante ese maldito mes y medio yo había entrado en pánico en numerosas ocasiones, había pasado un sinnúmero de noches en vela y había contemplado el suicidio varias veces.

Okay, quizás no el suicidio, pero…

Tomoyo me había explicado, luego de que le contara mi infortunio, que a veces eso pasaba y que mientras más me estresara, más se me atrasaría el período. Me dio una charla sobre lo irresponsables que habíamos sido Shaoran y yo al haber tenido relaciones sexuales sin ningún tipo de protección.

-Y no hay pero ni excusas que valgan, Sakura. Ustedes no son pandas en época de apareamiento. –Me había dicho con un tono de voz de profesora de Educación Sexual-. Son dos seres humanos con autocontrol y raciocinio. Pudieron haberse detenido en algún momento, ¡y no te atrevas a decirme que no tenían, porque Miltos y yo habíamos comprado cualquier cantidad de preservativos! Los cuales nadie, absolutamente nadie usó.

A mí casi se me cae la cara de vergüenza. Tomoyo me dio un abrazo.

-No pienso nada malo de ti, entiendo que esas cosas puedan pasar, pero no te puedes dar el lujo de hacerlo siempre, Sakura. Tú eres una mujer inteligente, y Shaoran también lo es, además…

-¿Shaoran también es una mujer inteligente? –Pregunté yo, oprimiendo una sonrisa y batiendo las pestañas.

Tomoyo tuvo que esconder la suya y mirarme con seriedad. Aquello me dio mucha risa, pero me contuve.

-Si Shaoran fuera una mujer inteligente, no estaríamos teniendo esta conversación, graciosita.

No supe si reírme o llorar ante el comentario, por lo que simplemente me abracé a mi mejor amiga y me quejé de haber sido una panda en época de apareamiento. Tomoyo se ofreció a comprar el test de embarazo para salir de las dudas. Pero yo le dije que no, que lo último que quería era hacerme un test, prefería esperar. ¿Esperar a qué?

-Lo último que se pierde es la esperanza. –Le había dicho.

Y esta mañana, luego de más o menos mes y medio atraso, al ir al baño me había dado cuenta de que todos mis problemas habían finalizado. ¡GRACIAS!

Me cambié de ropa rápidamente y corrí escaleras abajo, ¡la vida era feliz! Mi madre estaba en la sala viendo un programa sobre los espíritus y el más allá. Corrí hacia ella y la abracé fuertemente.

-¡Sakura! –Exclamó mientras correspondía al abrazo con sorpresa-. Hija, ¿te encuentras bien?

-¡Sí! –Dije yo-. ¡Soy feliz!

Mi madre se separó ligeramente de mí y me examinó durante algunos segundos.

-¿Pasó algo en especial?

Nada, simplemente no vas a ser abuela…

-¡No! Es sólo que estoy feliz por Touya y Anastasia, ¡se casan mañana, mamá, se casan!

Mi madre sonrió y yo volví a abrazarla. Subí las escaleras cantando y bailando como un conejito.

La boda de Touya y Anastasia sería mañana a las once de la mañana. Desde que los novios anunciaron sus intenciones de casarse al aire libre, Tía Sonomi consiguió que Hiroshi Clow, un famoso y millonario empresario, quien además era íntimo amigo de mi tía, le concediera su súper mansión en la cima de la colina más alta de Tomoeda, que ofrecía una espectacular vista de la ciudad y una brisa muy agradable.

Tomoyo no estaba segura de cuál era el grado de «intimidad» en la relación de su madre con Clow, pero creía que ahí había algo bastante íntimo. O al menos lo hubo en algún momento. Lo cual a mí no se me hacía extraño en lo absoluto. Tía Sonomi era una mujer muy hermosa, viuda desde que Tomoyo tenía siete años. Y Clow era una especie de Robert Redford en su mejor época.

Corrí por el pasillo y abrí la puerta del cuarto de Touya. Seguía dormido. Mi sonrisa se expandió en el momento en el que me arrojé sobre él, despertándolo ipso facto.

-¡Touya, Touya, Touya! –Exclamé mientras lo abrazaba.

-¡Qué diablos, Sakura!

Estaba feliz. Feliz porque mi hermano se casaba mañana, y porque no iba a matarnos a Shaoran y a mí por haber quedado embarazados.

-¡Te casas mañana! –Lo abracé con fuerza. Él frunció el ceño e intentó alejarme.

-¿Y tú crees que yo no lo sé? –Se incorporó y me empujó para hacerme caer de la cama. Yo aumenté la fuerza del abrazo.

-¡Te quiero, te quiero, te quiero!

Le di una serie de besos sonoros en las mejillas. Mi hermano alzó una ceja y me miró somnoliento y escéptico.

-¿Y a ti qué te pasa hoy?

Oculté mi sonrisa pícara detrás de una de sus almohadas y batí mis largas pestañas.

-Sakura

Su tono de voz era una clara advertencia. Solté una risita estúpida, le di un último beso y salí corriendo como alma que lleva el diablo, antes de que Touya empezara a hacer preguntas.

-¡Espero que no sea por el estúpido mocoso!

Me reí mientras entraba a mi habitación. El mocoso...

Shaoran, Shaoran, ¡Shaoran! Tenía ganas de gritar su nombre, de llamarlo por teléfono para decirle que lo quería, ¡que lo amaba! Pero por supuesto, no podía hacerlo. No me atrevía.

Durante el transcurso de los últimos dos meses, había pasado muchísimo más tiempo con él. Aquello había servido para que yo confirmara mi descubrimiento: me había enamorado de Shaoran y no había vuelta atrás.

Vino a mi mente una de las tardes en su apartamento. Estábamos acostados boca arriba sobre su cama, conversando amenamente. Él me había preguntado cuánto lo quería y yo le había contestado que mucho, muchísimo. En realidad, habría preferido usar la palabra A, pero tenía miedo de asustarlo. ¿Sería demasiado pronto? ¿Sentiría él lo mismo que yo?

Entonces Shaoran me sacó de mis pensamientos y me dijo que ahora lo iba a querer más, porque había impreso las mejores fotografías del primer viaje a Ghenshi.

Se incorporó y buscó un sobre de color blanco con azul. Sacó de él una serie de hermosas fotografías y me las extendió. Sonreí al vernos a Kero, Tomoyo y a mí en las bicicletas, huyendo de la casa del coronel Yamato. Kero tenía los brazos alzados, Tomoyo sonreía y yo estaba riéndome con ganas.

Otra de las fotografías nos mostraba a todos, menos a Shaoran por obvias razones, dentro del lago. Había una de Kero, Tomoyo y Eriol en el pasillo del segundo piso de la casa del lago. Todos estaban riendo, la única que miraba a la cámara era Tomoyo. Me sonrojé al reconocer la escena: Shaoran había tomado esa foto justo después de haberme visto desnuda por primera vez. Me reí.

Lo que más me gustaban de las fotografías que tomaba Shaoran era la espontaneidad. En casi ninguna había poses, ni éramos conscientes de que nos estuvieran sacando una foto.

-Me gusta capturar la esencia de cada persona y de cada momento. –Me explicó Shaoran con una sonrisa-. Me encantan las fotografías donde hay una persona secándose las lágrimas porque las cebollas que está picando la hacen llorar, un chico arreglando la cadena de su bicicleta, o… una chica bailando en medio de una cancha de fútbol con los aspersores encendidos.

Su sonrisa se ensanchó mientras me extendía tres fotografías donde aparecía yo bailando en el campo de fútbol del instituto. Me hizo mucha gracia recordar ese día. Panqueques, cine, montaña rusa, vodka, tequila, Bon Jovi… nuestro primer beso.

-Esta es de mis favoritas…

Me extendió dos fotografías. En la primera aparecía yo durmiendo en la habitación donde Shaoran y yo habíamos asustado a Tomoyo y a Eriol. La luz del sol iluminaba mi rostro, haciendo que mis pestañas y mi pelo adquirieran una tonalidad rojiza. La segunda era igual a ésta, pero en blanco y negro.

-No tienes idea de lo hermoso que es tu rostro con la luz de la mañana.

Alcé el rostro y me encontré con los ojos ámbares de Shaoran, que me sonreían.

Por alguna extraña razón, aquel gesto –el que Shaoran no sólo hubiera tomado esas fotos, sino que las hubiera impreso y ahora me las estuviera regalando- me llenó de una felicidad difícil de explicar, pero muy placentera.

Serendipia. Serendipity.

Accidente feliz, sorpresa placentera; el hecho de encontrar algo que causa felicidad y satisfacción, sin haberlo buscado.

De hecho, el haber descubierto que estaba enamorada de Shaoran no era otra cosa que una serendipia. Un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produjo cuando se estaba buscando otra cosa.

Aquella había sido una excelente oportunidad para confesarle que me había enamorado de él. Mientras contemplaba sus ojos ambarinos, pensé en nuestra relación. En que al principio no me había agradado, pero luego fue inevitable que me gustara. Sólo le había mentido una vez, cuando le dije que me arrepentía de haberlo besado. Todo lo demás había sido sincero entre nosotros.

Pero me acobardé y decidí que no era el momento para hablarle de mis sentimientos. Quería que aquel instante durara mucho, que sus ojos me sonrieran para siempre.

Le pregunté por las fotos que yo le había tomado a él, con el bigotito francés y el delantal de cocina. Él sonrió, y me dijo que las iba a borrar, porque eran bastante vergonzosas.

-Pero tienen una buena profundidad de campo, preciosa. –Me guiñó un ojo-. Eres una buena fotógrafa.

Yo fruncí el ceño y le dije que las quería. No pude convencerlo que las imprimiera, así que mientras él estaba distraído preparando algo para comer, yo elegí cuatro de las cinco fotos que le había tomado, las cambié a blanco y negro y las envié a mi correo, para luego imprimirlas por mi cuenta.

Me sonreí a mí misma al ver el sobre en la mesita de noche. Me acosté en la cama, lo abrí y saqué las cinco fotografías. En la primera, Shaoran sonreía; en la segunda estaba mirando hacia un lado, mientras se reía; en la tercera había puesto «cara de francés», expresión que consistía en poner la boca en forma de trompita; mi favorita era la última, porque tenía la boca en la misma forma, pero una de sus cejas estaba alzada.

Me reí. Shaoran era muy fotogénico. ¿Cómo podía no serlo, siendo tan guapo?

-Repito: espero que tu repentina y extraña felicidad no se deba al mocoso.

Di un respingo al percatarme de la presencia de Touya. Estaba de pie al final de la cama, con los brazos cruzados y el ceño ligeramente fruncido.

-¿No tienes asuntos matrimoniales que atender?

Él alzó una ceja-. Te recuerdo que fuiste tú quien entró a mi habitación para darme amor, monstruo, ¿ahora quieres echarme de tu cuarto?

-No te estoy echando, sólo preguntaba. –Sonreí-. Por cierto, Shaoran está invitado a tu boda.

Touya acentuó su ceño fruncido.

-¿Ah, sí? –Asentí con la cabeza-. ¿Y se puede saber quién lo invitó?

-Yo, duh.

-No sé si te enteraste, monstruo, pero sólo los novios pueden hacer invitaciones a su boda.

Me encogí de hombros-. Mamá me dijo que podía hacerlo.

Dejé las fotografías en la cama y me puse de pie y entré al baño. Tomé mi cepillo y comencé a peinarme. Pude ver, a través del espejo, que Touya se inclinaba sobre la cama para tomar las fotografías.

-Qué fotogénico tu noviecito.

Me reí. El sarcasmo en su voz era obvio.

-¿Verdad que es hermoso? –Sabía que mi pregunta conseguiría incomodarlo.

-Pues –Touya estudió las fotografías-, es más femenino y delicado que tú, ¿pero quién no lo es? Eres un monstruo horrible. –Se giró para mirarme. Yo salí del baño-. ¿No has dudado de su sexualidad? Porque con esta foto…

Alzó la fotografía donde Shaoran salía poniendo la boca de forma graciosa. Yo sonreí. Si Touya quería molestarme llamándome monstruo y burlándose de mi novio, no iba a salir impune. Además, mañana sería su boda y luego se iría de luna de miel, eso significaba que podía provocarlo.

-Oh, no –respondí mientras le quitaba las fotografías y las guardaba en el sobre-, en lo absoluto.

El rostro de mi hermano se fue desfigurando en una mueca de horror y furia.

-¿Por qué crees que estoy tan feliz? –Le guiñé un ojo.

Touya puso cara de odio y se descruzó de brazos. Mi señal de partida.

-¡Monstruo! –Exclamó, pero yo ya estaba corriendo escaleras abajo, huyendo por mi vida.

-¡SAKURA!

Mi madre se asomó desde la sala para ver a qué se debía tanto alboroto. Los pasos de Touya retumbaron en las escaleras.

-Voy a casa de Kero, ¡te quiero, ma!

-¡Ese mocoso me va a escuchar! ¡Voy a matarlo!

Abrí la puerta y corrí descalza y muerta de la risa hasta la casa de mi mejor amigo.

Sólo esperaba que estuviera despierto.

(Shaoran)

'Cause you mean everything to me, my dear
you mean everything to me my dear.
I see you in my thoughts, and I hear you in my sleep
And now that I've found you,
Now that I've got you
I've got everything.
And the feeling that you give me is like a runaway train.
If I hold you like I wanna then you'll never go away.
My dear, hear me when I say…

-¡Meiling, es la última vez que te llamo!

-¡Ya voy, Xiao Laaaaaaaaaang!

Me di una última mirada en el espejo, y llegué a la conclusión de que no había nada que pudiera hacer para arreglarme pelo. Me lo había peinado para verme un poco más prolijo, pero no estaba seguro del resultado.

La verdad es que los hombres la teníamos mucho más fácil que las mujeres, que tenían que elegir vestido, zapatos, peinado y maquillaje. Aunque ahora que lo pensaba, los hombres la teníamos más difícil todavía cuando nos tocaba acompañar a las mujeres a hacer sus compras.

Como ayer, que había acompañado a Meiling a elegir el vestido para la boda del hermano de Sakura. Agradecí al cielo que sólo entramos a tres tiendas diferentes, porque en la tercera –Max Azria- Meiling había encontrado el vestido perfecto. Rojo.

-¿No tienes ya suficientes vestidos rojos?

-¡No, Xiao Lang! –Exclamó ella mientras miraba el vestido como si fuera su primogénito-. Ya todos me los he puesto mucho, tengo que innovar, ¡y el rojo es mi color favoritooooooo!

Compró su vestido y yo me sentí afortunado cuando ella dijo que los zapatos ya los tenía. Pero insistió en ayudarme a elegir mi ropa.

-Meiling, no hace falta, en la casa tengo trajes.

-¡Pero si yo me voy a poner uno nuevo tú también deberías hacerlo, Xiao!

No quise discutir porque sabía que dijera lo que dijera, no había forma de convencer a Meiling. Así fue como terminé comprando la camisa blanca y el traje beige que tenía puesto en ese momento. Debía admitirlo, Meiling tenía buen gusto.

Luego decidió que había que comprar un buen regalo de bodas, pero ninguno de los dos sabía qué podíamos obsequiarle a los novios.

-¡Ya sé, ya sé!

Mi prima me tomó de la mano y me arrastró hasta la puerta de Tiffany&Co.

-Eh, Mei, creo que ya tienen los anillos. ¿Por qué mejor no vamos a comer y pensamos en qué…?

-Cállate, Xiao Lang. –Me hizo entrar a la entienda-. No venimos a comprar anillos, sino relojes.

Relojes. ¿Meiling creía que yo era millonario?

Bueno, quizás lo era, pero mi tarjeta tenía límites. ¿Recuerdan a Ieran Li, su castigo, el destierro en Japón? Exacto.

-Lo voy a pagar yo. –Explicó ella, y anticipándose a mi pregunta, dijo-: A Papi no le va a molestar, él va a entender que estamos haciendo un regalo de bodas. Y tampoco voy a elegir nada demasiado costoso.

Fue así como salimos de Tiffany con un juego de relojes –para hombre y para mujer- muy bonitos, y no muy costosos... para ser Tiffany.

-¡Ya estoy lista!

Me giré para encontrarme con mi prima posando cual Marilyn Monroe.

-Guao, Xiao Lang, si hay algo que caracteriza a nuestra familia es la elegancia. –Me guiñó un ojo y nos marchamos.

Había llamado a Eriol para preguntarle, una vez más, la dirección de la casa del tal Clow no sé qué. Mi mejor amigo me indicó qué caminos tomar y cuáles evitar para llegar sin perderme.

-En realidad, si entras por la calle que te dije, no hay pérdida. –Explicó-. Ya después sólo tienes que subir la colina. Es la casa más grande.

Le agradecí.

-Pásatelo bien

Y así fue como me encontré frente a la puerta de la casa más grande que había visto en Tomoeda, con Meiling en una mano, y mi cámara en la otra.

-¡Mira, mira, ahí está Kerberos! –Mi prima lo señaló con la mirada y nos acercamos a él.

-Qué elegante. –Le dije. Él notó mi presencia.

-Gracias. Meiling, estás muy guapa.

Ella sonrió-. También tú.

-¿Y yo? –Pregunté.

-Tú cállate, Xiao Lang.

Me reí. Kero nos indicó que entráramos. Colocó los regalos en una de las mesas y nos dirigimos afuera. Saludamos a los familiares Kerberos primero.

-Él es Shaoran Li, el novio de Sakura. –La madre de Kero nos introdujo a varios familiares que no conocíamos-. Y ella es su prima Meiling, la novia de Kero.

El rostro de mi amigo adquirió la misma tonalidad del color del vestido de Meiling. Mi prima abrió los ojos sorprendida y divertida.

-Mamá…

-¡Encantada de conocerlos! –Dijo Meiling.

Cuando nos alejamos, Kero seguía rojo como un tomate.

-Lo siento mucho, Mei. Mi madre lleva todo el día molestándome con eso. –Su rostro estaba apenado y daba mucha risa.

-No pasa nada. -Dijo ella.

Saludamos a la familia de Sakura y yo comencé a impacientarme al no verla. ¿Dónde se habría metido?

Kero nos guió a través del jardín y se detuvo junto a unos rosales.

-¿Ves a la pareja que está hablando junto a la fuente? –Nosotros asentimos con la cabeza-. Esa es Sonomi Daidouji, la madre de Tomoyo, y el tipo es Hiroshi Clow, el millonario dueño de esta chocita.

Yo tuve que parpadear un par de veces y preguntarle a Kero si Sonomi Daidouji era la mujer del vestido amarillo pálido. Cuando él asintió con la cabeza, mi mandíbula casi toca el suelo. Porque la mamá de Tomoyo era toda una MILF*. Definitivamente, Tomoyo tenía de dónde sacar su belleza. Era esbelta, elegante, guapísima, con un cuerpo que...

La risita de Kero me sacó de mis pensamientos indebidos. Lo miré y él aprovechó que Meiling se había distraído mirando el jardín para hablarme.

-Lo sé. Sonomi es una completa diosa. Yamazaki la ama, si sabes a lo que me refiero.

Me guiñó un ojo y yo asentí con la cabeza. Por supuesto que lo sabía. Y estaba seguro de que Sonomi Daidouji no solo había protagonizado las fantasías sexuales de Yamazaki. Y no es que Chiharu fuera fea o algo parecido, de hecho era muy bonita, pero había algo en las mujeres mayores que...

-¿Cuántos años tiene?

Kero se encogió de hombros-. Ni idea. Pero es menor que Clow.

-¿Clow es muy amigo de la madre de Tomoyo? –Pregunté yo-. Digo, como le prestó la casa para la boda de su sobrino...

-Muy amigo. ¿O cómo te crees que consiguió que le prestara la casa? –Alzó ambas cejas de forma sugestiva-. Estoy seguro de que no fue sólo una noche de pasión en el jacuzzi.

Meiling abrió los ojos sorprendida y yo negué con la cabeza intentando no reírme. Aquel comentario era realmente inapropiado.

-Pues, es un tipo con demasiada suerte. -Dije mirándolo-. Y no, no lo digo por su dinero. Sino por estar con ese bombón...

-¡Xiao Lang! -Exclamó Meiling.

Kero y yo nos reímos y nos chocamos los cinco mientras mi prima negaba con la cabeza.

-¿De qué se ríen tanto? –Nos giramos para encontrarnos con Tomoyo y con Miltos.

Ella tenía un vestido azul con un hombro descubierto, y el pelo hacia un lado. Estaba muy bonita. Probablemente era la viva imagen de Sonomi a su edad.

-Les estaba mostrando a los Li quién es quién en la fiesta. -Explicó con naturalidad-. Ya les enseñé a tu mami, y Shaoran piensa que es una mujer muy agradable a la vista.

Yo abrí los ojos sosprendido y avergonzado y sentí que el rostro se me encendía de la vergüenza. Tomoyo me miró con una expresión difícil de descifrar.

-Solo dije que es linda. -Comenté apresuradamente-. Y elegante.

-Y también les mostré a tu padrastro. -Continuó Kero. Alzó ambas cejas y Tomoyo rodó los ojos.

-¿Otra vez con eso? Clow no es mi padrastro.

-Vamos, Tomoyo, tienes que admitir que es una posibilidad. Estás clarísima que a Clow y la tía Sonomi les gusta mucho jugar a la casita, así que...

-¡Kerberos! –Exclamó Tomoyo llevándose ambas manos a los oídos-. ¡Cállate ya! Dios mío, ¿quieres que me muera? –Nos miró a Meiling y a mí-. Tiene toda la semana creándome imágenes mentales muy gráficas sobre Hiroshi y mi mamá. -Cerró los ojos-. Como si no tuviera suficiente con los comentarios de Yamazaki y del resto de los estudiantes de Seijo sobre la "sensual madre de Tomoyo".

-Espera, ¿le dijiste Hiroshi? -Pregunté Kero-. Si encima lo llamas por su nombre, ya dentro de poco le dirás papi.

Tomoyo ignoró el último comentario y nos hizo seguirla. Yo inspeccioné el lugar con la mirada, buscando a Sakura. ¿Dónde andaría?

Caminamos hasta llegar al lugar donde se celebraría la unión marital. Consistía en un altar con un arco de rosas blancas, y luego sillas para un lado y sillas para el otro, dejando un camino en el medio para que pasaran los novios y la gente que pasaba por los caminos del medio en las bodas.

Kero caminó hasta el altar y empezó a imitar a Adam Sandler en la película El Cantante de Bodas. Todos nos reímos. Kerberos era un payaso. Y justo cuando estábamos sentándonos para mirar más cómodamente su imitación, una belleza de vestido verde y piernas largas nos pasó por al lado, casi corriendo.

Sakura, que probablemente no nos había visto, caminó con paso muy rápido hasta donde Kero.

-¡Kero! –Exclamó-. Necesito que le lleves esto a tu hermana, una de las niñas estaba jugando con él. Menos mal que lo encontré antes de que se arruinara.

Le extendió un ramo de rosas blancas, que parecía ser el bouquet de la novia. Él asintió y se retiró. Sakura se dio la vuelta y yo me puse de pie. Entonces reparó en mi presencia.

Llevaba puesto un vestido verde un a la altura de la rodilla, cuya parte superior era de encaje y de manga larga Tenía el pelo suelto y tacones altos. Cuando me regaló la sonrisa sensual que tanto me encantaba y comenzó a caminar hacia mí, me tuve que pellizcar.

¿Esa era mi novia?

Hiroshi Clow era un tipo con suerte, sí. Pero yo era el hombre más afortunado del planeta.

-.-

Kero estaba intranquilo. Y sabía que seguiría estándolo hasta que hablara con Meiling.

Las personas comenzaron a ubicarse en sus respectivas mesas, para la recepción.

Luego de lo que había sido una hermosa boda, llena de amor y sinceridad, Kero se sintió obligado y comprometido a decirle casi toda la verdad a Meiling: él no era gay.

Le dijo que quería hablar de algo importante. Ella asintió muy gustosa, y se dirigieron a uno de los bancos del jardín. Tenía una ubicación privilegiada, porque se podía ver toda la ciudad desde allí.

-¡Qué jardín tan bonito! –Exclamó Meiling-. Me recuerda a mi casa de Hong Kong. ¡Y la vista!

Kero sentía la garganta áspera y el pecho oprimido. Un sudor frío le invadió las manos. Se sentía mal al ver a Meiling tan alegre, porque sabía que en unos minutos ya no estaría sonriendo. Tragó grueso.

-Meiling. –Su voz fue tenaz-. Hay algo que tengo que decirte.

Meiling borró su sonrisa al percatarse de la seriedad de su amigo. Nunca, en el tiempo que tenía de conocerlo, lo había visto con aquella palidez en el rostro. Con aquel semblante serio que indicaba que algo no andaba bien. Quizás sólo estaba nervioso por la boda de su hermana.

-Sí, claro. –Asintió ella, intentando que no se notara que se había puesto nerviosa-. Dime.

Kero intentó argumentar algunas palabras, pero no supo por dónde comenzar.

-¿Qué pasa, Kero? –Meiling colocó su mano sobre la de su amigo y la acarició de forma reconfortante.

Kero bajó la mirada y con su otra mano acarició la de Meiling. Era ahora o nunca. Alzó el rostro, apretó los labios y habló:

-No he sido del todo sincero contigo, Mei.

La sonrisa de Meiling desapareció despacio.

-La verdad es que yo no, no soy… es algo que no sabía cómo decírtelo. Nunca estuvo en mis planes que pensaras eso de mí, ni siquiera sé cómo sucedió, pero yo no soy gay.

¿Qué acababa de decir? ¿Él no era…? Entonces, ¿por qué…?

Meiling sintió que estaba frente a una pintura famosa, La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí, pero algo no andaba bien. Porque los relojes derretidos ya no eran relojes, sino naranjas.

Kero tuvo que repetir lo que había dicho, al ver el rostro inexpresivo de su amiga.

-¿Meiling? ¿Estás…?

-Ya.

Él calló. Estuvieron en silencio durante algunos segundos. Meiling retiró su mano de la de Kero y la colocó en su regazo.

-Sakura fue quien me dijo que tú pensabas que yo era gay. –Comenzó a explicarse-. Y luego yo, no te dije nada...

Quiso decirle que no se lo había confesado antes por miedo a que ella no lo perdonara. Pero no lo hizo. ¿Con qué derecho? Le había mentido, la había engañado pretendiendo ser algo que no era.

Meiling, por su parte, sentía que estaba soñando. ¿Qué era todo eso que su amigo le acababa de decir? Si era cierto, significaba que ella no estaba loca. El día que había cometido la imprudencia de besar a Kerberos había sentido que su amigo le correspondía como si estuviera disfrutándolo. Por un efímero momento, había pensado que quizás Kero podía… que a lo mejor…

Olamaz mı?

No podía ser.

-Entonces, ¿no eres gay? –Posó sus ojos en los de su amigo, asimilando poco a poco cada palabra.

Kero negó con la cabeza.

La mirada de Meiling se perdió en algún punto de la vista que aquel asiento les ofrecía. Kerberos sintió que el peso de su confesión comenzaba a caerle encima poco a poco. Sobre todo porque ella seguía sin decir nada. No lloraba, no gritaba, no lo insultaba. Ni siquiera lo miraba. Simplemente estaba perdida en sus pensamientos.

De repente, Meiling sintió que todo pasaba frente a sus ojos, y un clic la hizo volver a mirar a Kerberos.

-O sea que… ese día, en Ghenshi… cuando yo te besé…

Él nunca le había dicho que era gay. Nunca, ni siquiera una vez. De su boca jamás había salido una frase completa donde admitiera su homosexualidad. Ella lo había asumido todo, él sólo había seguido la corriente.

Olabilir.

Pero era posible.

Por sus gustos musicales, sus temas de interés, sus conocimientos en moda. Había asumido que Kerberos era gay, y poco a poco se había convencido a sí misma de ello.

Entonces entendió muchas cosas. Entendió por qué Sakura y Tomoyo siempre se quedaban calladas cuando ella comentaba algo sobre la sexualidad de Kerberos; entendió por qué Shaoran se reía; y entendió por qué Eriol se había peleado con él en Ghenshi.

Nakuru.

No sabía quién era, nunca la había visto. Tan sólo sabía que Eriol y Kerberos habían discutido por ella y se habían peleado. Luego Shaoran le explicó que esa chica había sido la razón por la cual Tomoyo y Eriol habían terminado. Cuando le preguntó qué tenía que ver Kero con ella, su primo le dijo que se lo preguntara a él.

Y ahora todo tenía sentido.

Miró los ojos dorados de Kero y se sintió la mujer más estúpida del planeta. Necesitaba irse de allí, alejarse de la mirada arrepentida de Kero. Sí, le había molestado que él no le fuera sincero desde el principio, pero también ella le debía una disculpa por haber asumido algo como eso.

Si seguía sentada frente a él, la cara iba a caérsele de la vergüenza. Necesitaba ponerse de pie, irse de allí y llorar y llorar, lamentarse por haber sido una idiota.

-Meiling, lo siento, yo…

-No, no te disculpes. –Lo interrumpió-. No hace falta.

Kero se desconcertó. ¿Qué había querido decir con eso? ¿Qué no estaba molesta con él? ¿Qué lo perdonaba?

-Necesito estar sola.

Se puso de pie y Kero la vio desaparecer en el jardín. Se quedó en silencio sin saber qué hacer, qué decir, qué pensar,

Meiling entró al salón donde los invitados se encontraban. Se dirigió a su mesa y tomó su bolso. No tuvo de tiempo de preguntarse dónde andarían sus amigos, quería salir de allí lo antes posible, sin que nadie la detuviera.

Los meseros estaban repartiendo copas de champaña para el brindis. Ella tomó una y salió de la casa con paso rápido.

Una vez fuera, se sintió como una delincuente perseguida. ¿En verdad había huido de la casa? Bebió el contenido de la copa de champaña. Entonces la realidad la golpeó: no sólo no tenía idea de cómo salir de ahí caminando, sino que no tenía ningún número para llamar algún taxi, y todos sus conocidos estaban allí adentro.

Todos… excepto uno.

Sacó su móvil del bolso y le rogó al Cielo que nadie saliera de la casa. Buscó el número en sus contactos y presionó el botón de llamar.

Un tono. Se giró para asegurarse de que nadie la estuviera viendo.

Dos tonos.

-Vamos, contesta.

Tres tonos.

-¿Sí?

-¡Eriol!

-¿Meiling?

Ella asintió con la cabeza, como si Eriol pudiera verla.

-¿Meiling? ¿Qué pasa?

Se sentía demasiado intranquila estando de pie frente a la casa, así que comenzó a caminar calle abajo.

-Eriol, necesito que me hagas un favor. –Contestó apresuradamente-. Necesito que me vengas a buscar.

-¿Dónde estás?

-En la boda. En la casa grande. Arriba de la colina, ¡no sé dónde estoy! –Sintió un nudo en su garganta, y unas lágrimas que se le escapaban de los ojos.

-¿Te pasó algo, Mei?

-Te cuento después, ¿puedes venir? –Por favor, por favor, por favor-. ¿Sabes cómo llegar?

Esta vez fue Eriol quien asintió con la cabeza, del otro lado del teléfono.

-Estoy ahí en cinco minutos.

Llamada finalizada.

Eriol se colocó unos pantalones cortos, zapatillas, tomó las llaves de su auto y salió a buscar a Meiling. Sabía muy bien cómo llegar a la casa de Hiroshi Clow, porque había ido en más de una ocasión con Tomoyo y su madre.

La primera vez, él estaba en casa de las Daidouji, cuando Clow llamó a Sonomi para invitarla a tomar el postre en su casa. La madre de Tomoyo le informó que tenía una visita, el novio de Tomoyo, y que lamentablemente no podía ir; Clow le dijo que él también estaba invitado, así que fueron. El empresario simpatizó con él desde el principio, y lo incluyó en futuras invitaciones a cenar, almorzar o ver películas en su cine privado. La casa de Hiroshi Clow le traía demasiados recuerdos de sus días felices con Tomoyo.

Accedió a buscar a Meiling porque había una clara desesperación en su voz. Algo le había pasado, algo tan malo como para que quisiese irse. Tan malo como para que recurriera a él. A él que se había portado como un verdadero imbécil con ella. Pero le debía una. De hecho, le debía muchas.

Shaoran era su mejor amigo desde la infancia, y él lo consideraba como de su familia. Y si Meiling era su prima, eso significaba que también era como su familia.

Además, ella lo había consolado la noche en la que se emborrachó y lloró por Tomoyo, no lo había dejado solo ni un momento. A pesar de todo lo que había pasado entre ellos, a pesar de que él nunca se hubiera disculpado, ella lo acompañó y escuchó hasta que se quedó dormido.

Hoy era su turno de asistirla en lo que quisiera, así se tratase únicamente de irla a buscar. O de consolarla por lo que le hubiera sucedido.

Hoy por ti, mañana por mí.

(Shaoran)

El brindis estaba por comenzar, pero no había rastro de Meiling ni de Kero por ningún lado. Yo estaba sentado en una mesa con Sakura, Tomoyo, Miltos y una prima de Kero. Había tres puestos libres: el de Meiling, el de Kero, el de Eriol, que no había asistido.

Kero apareció poco antes de que Yukito Tsukishiro, el mejor amigo de Touya y su padrino de bodas, iniciara el brindis.

-¿Y Meiling? –Le preguntó Sakura en voz baja.

Kero se encogió de hombros. Tomó su copa de champaña y bebió.

-Debe estar en el baño, se llevó su cartera. –Contestó Tomoyo-. Seguro viene en cualquier momento.

Tsukishiro comenzó sus palabras con una anécdota.

-¿Sabes? –La voz de Sakura era baja y no había dejado de mirar al padrino de bodas. Me giré para mirarla y vi que tenía una sonrisa dibujada en el rostro-. Yukito solía gustarme.

Dirigí mis ojos a Tsukishiro, que seguía hablando muy alegre. Lo estudié por unos segundos y alcé ambas cejas.

-¿En serio?

Sakura asintió con la cabeza, sin borrar su sonrisa en ningún momento.

-Me gustaba mucho. –Oprimió su risa mordiéndose el labio inferior-. Incluso llegué a creer que estaba enamorada de él.

Yo sonreí-. ¿Cuándo fue eso?

-Desde que tenía trece años hasta los quince. –Me miró divertida-. ¿Mucho, no? –Yo asentí con la cabeza-. Me encantaba, recuerdo que solía hablar de él todo el tiempo con Tomoyo y Kero, y siempre les contaba a mis padres lo maravilloso que me parecía.

Todos los presentes rieron, probablemente por algo que el padrino de bodas acababa de decir. Miré a los novios y me causó gracia ver que Anastasia se tapaba la boca para oprimir su carcajada, mientras que Touya fruncía el ceño con una sonrisa en los labios.

-¿Qué dijo? –Me preguntó Sakura.

Yo alcé las manos en señal de confusión.

-No tengo idea.

Los invitados alzaron sus copas y brindaron. Sakura y yo hicimos lo mismo.

Esta vez una mujer joven no muy alta se puso de pie. Era la dama de honor, y mejor amiga de Anastasia Kirgyakos.

-¿Nunca se lo dijiste?

Sakura me miró con los ojos muy abiertos.

-¿Qué a quién? –Preguntó-. ¿Te refieres a Yukito? –Yo asentí con la cabeza-. No, pero yo era demasiado obvia y Yukito demasiado perceptivo. Todo el mundo se daba cuenta de que me gustaba. –Su rostro adquirió una coloración rojiza. Frunció el ceño-. Touya siempre me molestaba y se burlaba de mí, decía que yo era un monstruo horrible y que Yuki jamás se fijaría en mí, porque tenía miedo de que quisiera comérmelo con mis colmillos.

Aquello me hizo mucha gracia, así que solté una risita divertida. Sakura me dio un golpecito sin dejar de sonreír.

-Cállate, Shaoran. –Me dijo-. No te burles de mis sentimientos.

Rodeé su cintura con mi brazo y le di un beso en la mejilla. Sakura me apartó de ella y me sacó la lengua. Sonreí. Ella apoyó el rostro en su mano derecha, mientras prestaba atención al discurso de la dama de honor.

-Hay personas que se enamoran muy rápido, y otras que tardan años en hacerlo. Muchos se tardan en darse cuenta de que están enamorados, y otros lo descubren casi inmediatamente. Así pasó con Anastasia y Touya.

Giré el rostro y miré a los recién casados, que se sonreían y se enviaban miradas de amor.

No pude evitar mirar a Sakura. Me había gustado desde el primer día que la había visto, en casa de Eriol. Y luego, poco a poco, con cada conversación, con cada beso, con cada caricia y cada momento, me había ido gustando más y más. La había empezado a querer de una forma muy especial. Nunca antes me había pasado con nadie.

Me encontraba a mí mismo anhelando verla, escucharla, sentirla. Queriendo besarla, queriendo quedarme hablando por horas, sin darnos cuenta de que el mundo entero seguía girando, y la vida nos pasaba mientras nos mirábamos y nos reíamos y nos amábamos entre sábanas, o donde fuera.

Me encantaba ver su sonrisa en las mañanas, al llegar al instituto. Escuchar su risa retumbar en mi apartamento y acariciar su pelo cuando su cabeza estaba apoyada en mi pecho. Y por las tardes, extrañaba su presencia y sus besos. Extrañaba mis manos en sus caderas y el olor de su perfume.

I love you sleeping with your socks on,
and I love your laughter in our house.
I love your smile in the morning,
and I love your head upon my chest.

I miss your kisses in the evening
(Baby when you're away)
And I miss my hands on your hips
(baby when you're away)
And I miss the smell of your perfume
And the lipstick on your lips.

Contemplé su largo pelo de color rojizo, que se había tornado pelirrojo con la luz del sol que entraba por el ventanal. Tenía una leve sonrisa dibujada en sus labios, pintados con aquella pintura roja que me encantaba.

-Hay personas que encuentran el amor verdadero a una edad madura, otros casi al final de su vida. Y hay algunos, con mucha suerte, que lo encuentran en plena juventud. Y la gente te dice que no, que eso no es amor, que son muy jóvenes, que nada dura para siempre. Pero para ti, esa persona es eterna, porque estás enamorado.

En aquel momento, mientras la dama de honor decía aquellas palabras tan hermosas, y los ojos verdes de Sakura brillaban por la emoción del momento, me sonreí a mí mismo. Y, a medida que el discurso seguía, no pude evitar reírme.

Era tanta la emoción de saberme enamorado de Sakura, de estar consciente de ello, que mi reacción fue reírme en silencio. Yo era una de esas personas con suerte. No sabía exactamente en qué momento había sucedido, pero me había enamorado de Sakura. Y tan sólo aquel sentimiento se sentía increíblemente bien. No podía imaginar lo que sería decírselo, y que ella me dijera que también lo estaba de mí.

Porque cuando estaba con Sakura, el mundo entero desaparecía. Inclusive en ese momento, en pleno brindis, rodeados de gente, todos desaparecían cuando la miraba a ella.

Extendí mi brazo y acaricié la piel del antebrazo de Sakura. Ella me miró y yo le ofrecí mi mano. La tomó y me dio un beso. Se acercó a mí para abrazarme por la cintura y apoyar su cabeza de mi pecho y seguir escuchando el discurso. Yo la rodeé con mis brazos.

Ahora que había encontrado el amor, ahora que había encontrado a Sakura, tenía todo lo que quería y necesitaba en la vida.

Y eso me hacía inmensamente feliz.

And whole my life I have been so scared
And I never knew I never wanted you there
I've been broke, been bust, been snared
So love lost and under-prepared, baby
But now that I found you, now that I've got you
I've got everything, my dear.
Now that I found you
Now that I've got you
Now that I found you
Now that I've got you
I've got everything my dear.


*MILF: siglas de Mother I'd Like To Fuck. Lo que se traduce literalmente a una "madre a la que me gustaría follarme". En pocas palabras, una MILF es una mujer que tiene hijos y es sumamente atractiva.

Quise que la familia de Shaoran fuera diferente. En la historia original, no tiene papá. Y en las historias alternativas, generalmente su mamá no lo quiere, su papá falleció, y sus hermanas pasan de él. Yo decidí que el papá iba a estar vivo y que las hermanas lo iban a amar. Pero sí conservé ese aire de seriedad y solemnidad tan propio de Ieran Li, lo cual es un contraste con su esposo alegre, sus hijas escandalosas y su hijo que no inventa nada bueno.

Kero soltó la sopa, señoras y señores. Y Meiling se sintió culpable.

Ah, el amor. ¡Qué bonito es el amor! Y más bonito todavía es amar y ser correspondido, ¡la alegría de vivir! Shaoran está enamorado de Sakura. Sakura está enamorada de Shaoran. Touya y Anastasia se casaron. La canción del capítulo es hermosísima, y me parece que queda demasiado bien con la historia de Shaoran y Sakura. Además de que es una bonita canción para una boda.

MUCHÍSIMAS GRACIAS por todos sus reviews. Disfruto mucho leyéndolos. Gracias por haberse mantenido fieles a la historia, a pesar del tiempo que pasó. Háganme saber qué les pareció este capítulo. Y no teman alargarse, al contrario, extiéndanse lo más que puedan. Besos y abrazos, nos vemos en el próximo capítulo.

PD: Sobre el libro que está leyendo Shaoran… la saga de Los Juegos del Hambre (The Hunger Games, Catching Fire y Mockingjay) es excelente. No sé si vieron la película, el estreno mundial fue el 23 de marzo; los protagonistas son Jennifer Lawrence y Josh Hutcherson. Es una historia muy buena.

Canción: Now That I've Found You.

Cantante: Paul McDonald (Feat. Nikki Reed)

Álbum: Now That I've Found You.