Smells Like Teen Spirit

Capítulo XX:

"Ella me dijo adiós tan dulcemente que creí que me invitaba a volver". –William Shestone.

"Drive You Home"

It's funny how
Even now
You still support me after all the things that I've done.
You're so good to me
Waiting patiently
And isn't it sad that you still have to ask if I care?

I never said I was perfect,
but I can take you away.

-¡¿Estás loco? –Exclamó Meiling dentro de la piscina, apartándose el pelo de la cara-. ¡Esto –señaló su vestido-, es Max Azria!

Eriol se rió por haberla empujado. Ahora lo miraba con el ceño fruncido y las manos en la cadera.

-Y esto –señaló su camiseta e imitó la voz de Meiling-, ¡es Nike!

Ella ni siquiera tuvo tiempo de alejarse para evitar que Eriol terminara de mojarla cuando se lanzó.

Eriol se había tardado exactamente cuatro minutos y cuarenta y tres segundos en ir a buscarla. Ella ya había empezado a caminar calle abajo para alejarse lo más rápido posible de aquel momento vergonzoso en el que Kerberos le había dicho que no era gay. Lo cual debía ser una buena noticia, tomando en cuenta que a ella le gustaba, pero no lo era. Primero, porque significaba que él le había mentido. Y segundo –que debería ser primero porque era más importante- porque ella había sido una estúpida al haber asumido la sexualidad de su amigo. Y no había suficiente champaña en esa boda que pudiera hacerla encarar a Kerberos en ese momento.

Debían ser las dos o tres de la tarde, aproximadamente. Hacía un bonito día, no muy soleado porque las nubes blancas tapaban el sol de vez en cuando. Al menos el tiempo estaba a su favor.

Cuando vio la Tahoe negra de Eriol aproximarse, Meiling sintió un gran alivio. Eriol detuvo el auto a su altura y ella se subió rápidamente. Ninguno de los dos dijo nada durante el primer minuto.

-Gracias. –Meiling fue quien habló primero-. En verdad te agradezco haber venido.

Eriol asintió con la cabeza y quiso preguntarle qué había pasado, pero decidió esperar a que ella se lo contara.

El auto se sumió en un silencio inmaculado. Eriol conducía por las calles de Tomoeda, y de vez en cuando le echaba miradas curiosas a Meiling. Ella se acarició los brazos para darse calor. El aire acondicionado del auto de Eriol era muy frío, y no tenía ningún tipo de suéter.

Eriol, al darse cuenta de que Meiling tenía frío en una de sus miradas, dio una rápida mirada hacia el asiento trasero y lo señaló con su pulgar.

-Hay una chaqueta ahí atrás.

Sin pensarlo dos veces, Meiling se inclinó hacia atrás y tomó el abrigo blanco. Era un suéter deportivo de la Selección Inglesa de Fútbol. Se lo colocó y subió el cierre.

Estuvieron en silencio un par de minutos más, hasta que Eriol se impacientó.

-¿Vas a contarte qué fue lo que pasó? –Le envió una mirada que Meiling correspondió a duras penas-. Porque tuvo que haber pasado algo muy malo para que no sólo te hayas querido ir, sino que me hayas llamado a .

-Bueno, sí, pasó algo. –Comentó ella-. Y esas cosas requieren medidas desesperadas, como…

-Como llamarme a mí. –Completó Eriol mirando el camino.

Meiling se sonrojó un poco.

-No, no iba a decir eso. –Miró a Eriol-. Como salir huyendo de la casa.

Él esbozó una pequeña sonrisa y dio una vuelta en un U. Meiling frunció el ceño cuando lo vio entrar en el Auto-Mac.

-¿McDonald's? –Eriol asintió con la cabeza-. ¿Tienes hambre?

-Mucha, y asumo que tú también, si te escapaste de la boda. –Volvió sus ojos a ella-. Porque no creo que hayas comido nada, ¿o sí? –Meiling negó con la cabeza-. Entonces comeremos y me cuentas. La vida es más bonita con el estómago lleno.

Meiling asintió, y al llegar, Eriol hizo el pedido. Un Big-Mac agrandado para él y McNuggets para Meiling. Al recibirlo, pagó y se dirigió a su casa.

El camino fue corto y lo hicieron en silencio, hasta que se detuvieron frente a un portón negro. Meiling no recordaba haber estado en aquella enorme casa, probablemente porque nunca la había visitado. Eriol la condujo a través de la casa hasta el jardín trasero.

-¿Te molesta si comemos en el borde de la piscina?

Ella negó con la cabeza. Al llegar, Eriol de descalzó sus zapatillas y metió los pies en la piscina. Meiling hizo lo mismo con sus tacones negros. Comenzaron a comer en silencio.

-Kerberos me dijo que no es gay.

Eriol dejó de masticar para mirar a Meiling, que mojaba las papas en la salsa barbacoa. Esbozó una sonrisa divertida.

-Así que ya lo sabes. –Comentó luego de tragar.

Meiling asintió con la cabeza sin cambiar su expresión de tragedia.

-Y supongo que estás molesta con él.

Meiling frunció el ceño.

-¿Y cómo no voy a estarlo? ¡Kerberos me mintió!

-Bueno, sí, te dijo que era gay pero...

-No, espera. –Meiling hizo un gesto con la mano para que se callara-. En realidad nunca lo dijo.

Eriol parpadeó confundido, y Meiling se adelantó a su pregunta.

-Kerberos nunca me dijo que era gay. Yo lo asumí y él sólo me siguió la corriente.

Aquello había sido una sorpresa para Eriol. Todo este tiempo pensó que Kero había montado ese teatro para poder ver a Meiling medio desnuda y meterle mano. Y esto sólo simplificaba las cosas.

-Bueno, si nunca te lo dijo significa que no te mintió.

-Pero tampoco me lo negó, la omisión de la verdad cuenta como una mentira. –Comentó con seriedad-. No sé qué pensar, Eriol. Por un lado me molesta que se haya hecho pasar por alguien que no era. Pero por otro... es mi culpa, fui yo quien asumió su sexualidad. –Se llevó las manos al rostro-. ¡Qué vergüenza!

Eriol reprimió su risa y mordió la hamburguesa.

-Al llegar a la boda, la madre de Kerberos me presentó a la familia como la novia de su hijo.

Se llevó las manos al rostro y balbuceó unas cuantas cosas más que Eriol no logró entender. Él continuó comiendo hasta que Meiling retomó sus nuggets.

-Mira, yo sé que yo no tengo vela en este entierro, pero si lo piensas bien, la situación no es tan grave.

Ella alzó el rostro y lo miró con el ceño fruncido y la boca llena.

-Kero es una buena persona. Él quería a Nakuru a pesar de que ella nunca quiso ser su novia y a pesar de que Sakura.

Meiling continuó comiendo mientras escuchaba a Eriol con atención. En ese momento, sólo la comida podía llenar el vacío emocional que sentía. Las papitas de McDonald's eran las únicas que comprendían su desdicha.

-Y aunque no es perfecto, nunca haría nada para lastimar a alguien. Kero es un gran amigo. Perdónalo. Sé que debe estar arrepintiéndose por no haberte aclarado las cosas dese un principio. Y sé que tú lo aprecias mucho. Discúlpate con él por haber asumido su sexualidad y arreglen las cosas.

Se quedaron en silencio durante un rato. Eriol terminando de comer su hamburguesa y Meiling pensando en lo que le había dicho mientras masticaba una cantidad exagerada de papitas.

-No es tan difícil. –Retomó Eriol-. No te estoy diciendo que salgas con él, porque no sé si te gusta de esa forma, pero no le niegues la amistad.

Quizás Eriol tenía razón. Quizás Kerberos no había hecho aquello con la peor de las intenciones. Ella misma estaba de acuerdo con Eriol, Kero en verdad se había portado de la mejor forma con ella. Nunca, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, se había aprovechado de ella.

-No hay nada peor que vivir con la carga de algo que le hiciste a una persona que quieres.

Eriol interrumpió el cauce de sus pensamientos con aquel comentario inesperado. A Meiling no le costó entender que estaba hablando de su situación con Tomoyo.

-Créeme que no quieres tener que dejar de ir a lugares o dejar de salir con ciertos amigos porque sabes que esa persona va a estar ahí. –Había cierta melancolía en su voz-. O porque todo te recuerda a ella.

Meiling asintió con la cabeza. Sabía a qué se refería Eriol. Supo que no debía decir nada, porque después de todo, ¿qué podía decir? No podía abrir la boca y decirle que no pensara esas cosas, porque seguramente Tomoyo lo perdonaría. Ella no sólo no la conocía, sino que no estaba segura de si ella misma perdonaría una infidelidad.

-Supongo que puedo vivir sin ella, puedo vivir sin que quiera regresar conmigo; después de todo, las cosas no duran para siempre. –Alzó el rostro y se mordió el labio-. Pero con lo que no puedo vivir es con la idea de que ni siquiera me perdone, con que me odie o desprecie por siempre.

Sacó uno de sus pies de la piscina y bebió lo que le quedaba en el vaso. Meiling sintió algo de impotencia al no saber qué decir. Eriol la había ayudado mucho hoy. La había ido a buscar a la boda, le había comprado McDonald's y luego no sólo la había escuchado, sino que también la aconsejó e hizo sentir mucho mejor. Y ahora que él le contaba sus asuntos personales, sentía la necesidad de decirle algo que lo hiciera sentir mejor. Pero, ¿qué?

-Quizás yo no pueda hacer nada para que Tomoyo te perdone. –Comentó mientras colocaba su mano en el hombro de Eriol-. Y quizás esto no cambie ni un poco cómo te sientes, pero –esbozó una sonrisa- yo te perdono, Eriol.

Al principio, Eriol frunció el ceño sin entender muy bien de qué iba aquello. ¿Meiling lo perdonaba por lo que le había hecho a Tomoyo? ¿Qué tenía ella que ver con…?

-¿Te refieres a lo de…?

Ella asintió con la cabeza sin borrar su sonrisa.

-Mi cumpleaños, sí.

Meiling finalmente lo estaba perdonando por algo que había pasado casi cuatro años atrás. Por algo que él había hecho, y había creado una especie de enemistad entre ellos.

-Meiling, nunca me disculpé por lo que pasó. –Frunció los labios-. Lo siento mucho en verdad.

-Guao, no pensé que viviría para escuchar y ver esto. –Dijo Meiling ensanchando su sonrisa-. El día en que Eriol Hiragizawa se disculpa conmigo.

Lo siguiente que hizo Eriol la tomó completamente por sorpresa. Sacó su otra pierna de la piscina y, acortando la distancia entre ellos, la abrazó.

Meiling se quedó tiesa en su lugar sin saber qué hacer. No podía recordar la última vez que había tenido un verdadero y significativo contacto físico con Eriol, porque el día en que había estado ebrio no contaba para nada. ¿Cuándo había sido? ¿Tres años atrás? No había vuelto a tocarlo desde… desde aquella vez. Porque luego ocurrió ese día infame en el que Eriol se portó como un verdadero estúpido con ella, y después de eso no le quedaron ganas de volver a tocarlo si no era para intentar acabar con su vida.

Aquel abrazo fue lo más extraño y simbólico que había sentido en su vida. Déjà vus inundaron su mente en el momento en que decidió corresponderle a duras penas. ¿Quién diría que ese abrazo, alguna vez tan esperado, vendría no sólo muchos años después, sino en unas circunstancias completamente diferentes a las deseadas? Eriol acarició su espalda baja y Meiling no pudo evitar sonreír.

-¿Tienes idea de cuándo fue la última vez que nos abrazamos, Eriol?

Él se separó de ella ligeramente, todavía sin romper el abrazo. Pareció pensarlo y luego sonrió.

-Varios días antes de tu cumpleaños catorce, y eso fue hace unos tres años, o más –Ella asintió con la cabeza-. Perdóname, Mei. –Volvió a abrazarla y Meiling se rió-. En verdad no puedo creer que le haya dicho a todo el mundo que te me declaraste. ¿Qué clase de idiota soy?

-Uno muy, muy grande, Eriol Hiragizawa. –Él se golpeó las mejillas con las manos y Meiling volvió a reír-. No tienes idea de lo mal que la pasé, pero pronto conseguí canalizar esa tristeza en furia y decidí despreciarte. Luego tú me seguiste la corriente, porque era más fácil que disculparte.

Eriol se tensó-. ¡Ya te dije que lo siento! –Rompió el abrazo y la miró con una sonrisa avergonzada-. Han pasado años de eso, pero hasta ahora lo pienso y me doy cuenta de lo patán que fui contigo. Creo que me merezco todo lo que me está pasando. ¡Es el karma!

Meiling volvió a reírse.

-Te lo mereces mucho, la verdad. –Se miró las piernas mientras continuaba-. Todavía me debes un buen par de golpes. Deberías agradecer que te esté perdonando y que no te haya pegado.

-No lo harías.

-Sí lo haría. Créeme que ganas no me han faltado.

-Pero ya me perdonaste y no puedes hacerlo. –Se excusó Eriol, sonriéndole de forma arrogante-. Ahora somos amigos otra vez, ¿no?

Extendió su mano y Meiling la miró sorprendida. ¿Estaba haciendo las paces con Eriol? Al parecer sí. Lo había perdonado y ahora él le decía que quería su amistad una vez más. Esbozó una pequeña sonrisa para darle la mano.

-Sí, amig…

Pero él tenía un plan muy diferente que el de estrechar su mano. Con su mano libre, empujó a Meiling empleando la fuerza suficiente para que cayera dentro de la piscina.

Ella ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar para defenderse, porque cuando se dio cuenta ya estaba dentro de la piscina, con el vestido empapado. Eriol se había puesto de pie para alejarse del borde, y estaba muerto de la risa, con las manos apoyadas en las rodillas.

-¡¿Estás loco?! –Exclamó apartándose el pelo de la cara-. ¡Esto es Max Azria!

Eriol se incorporó e intentó dejar de reír, pero la imagen de Meiling dentro de la piscina frunciendo el ceño y con las manos en las caderas era demasiado graciosa.

-Y esto es Nike. –Señaló su camiseta con las manos.

A Meiling ni siquiera le dio tiempo de alejarse para evitar que Eriol terminara de mojarla cuando brincó a la piscina. Cuando intentó salir, ella le hundió la cabeza bajo el agua. Eriol la tomó por la cintura como pudo haciendo que ella también se sumergiera.

Se separaron luego de que Meiling le propinara un puñetazo en el estómago a Eriol. Ambos salieron a la superficie a tomar aire, y tuvieron que reírse cuando se vieron.

-Eres un estúpido, ¿sabías?

Eriol asintió con la cabeza.

-Me lo dicen mucho.

(Sakura)

La boda de mi hermano estaba resultando muy agradable. Después del brindis dado por el padrino de bodas y la dama de honor, vino la comida. Allí se hizo evidente la desaparición de Meiling. Shaoran la llamó dos veces a su móvil, pero ambas llamadas fueron dirigidas al buzón de voz. Él frunció el ceño y se preocupó.

-¿Dónde se habrá metido esa loca?

-¿Creen que se haya ido? –Nos preguntó Tomoyo-. La última vez que la vi estaba conversando con Kero en una de las bancas del mirador del jardín. Después vino el brindis y Kero apareció sin ella. ¿No notan algo extraño?

Shaoran y yo nos miramos y nos encogimos de hombros.

-Estoy segurísima de que Kero le dijo a Meiling la verdad. –Comentó Tomoyo en voz baja, con una expresión que si alguien nos estuviera viendo, pensaría que hablábamos de un asunto crítico-. Seguramente le dijo que no es gay.

Era una posibilidad. Pero no podíamos preguntarle a Kero porque se había ido a conversar con sus familiares.

Durante la comida pensamos en ello y en cómo habría reaccionado Meiling. Terminamos de comer y ella todavía no aparecía. Tomoyo se puso de pie alegando que iba a buscar a Kero para preguntarle qué había pasado; segundos después, Shaoran recibió un mensaje de texto que lo hizo fruncir el ceño.

-¿Es de Meiling? –Pregunté al ver su mohín.

-No. –Me respondió sin despegar los ojos de la pantalla de su móvil-. Es de Eriol. Dice que está con Meiling.

Esta vez fue mi turno de fruncir el ceño. ¿Eriol y Meiling? Pero, ¿en qué momento se habría…?

-Tu prima está conmigo, mate. Kero soltó la sopa y me llamó para que la buscara. Ya está todo bien. –Leyó en voz alta y me miró. Se encogió de hombros-. Es un alivio saber que está con alguien de confianza. ¿Debería decirle a Tomoyo?

Dudé. ¿Decir o no decir? Esa era la cuestión.

-No tenemos que mentirle, podemos simplemente omitir una parte. –Dijo Shaoran-. Le diré que Meiling se fue después de que Kero le confesara que no era gay, y que está bien.

Asentí con la cabeza. Quizás sería lo mejor.

-Espero que no haga muchas preguntas. ¡Por cierto! –Shaoran se levantó de golpe y yo lo miré sorprendida-. Todavía no he ido a felicitar a tu hermano y a su nueva esposa. Voy a hacerlo.

Desde que lo había visto antes de que todos los invitados llegaran, con su traje beige y el pelo peinado hacia atrás –muy a lo Ryan Gosling-, había querido decirle dos cosas. Pero no me atreví decirle la primera, que tenía que ver con ciertos sentimientos y ciertas palabra que empezaba por t y a. Así que mi mente se dirigió a la segunda, mucho menos dulce que la anterior. De hecho, planeaba jugar con la mente de Shaoran. Sonreí mentalmente.

-Shaoran. –Dije su nombre con una expresión seria en el rostro-. Hay algo que tengo que decirte.

-Dime.

-Pero mejor hablemos en otro lado.

Él asintió con la cabeza y me dio la mano cuando me puse de pie. Salimos de aquel salón y caminamos en dirección al jardín inmenso de la casa. Shaoran caminaba con paso rápido entre los invitados, hasta que llegamos a una parte donde no había nadie. Estaba detrás de unos rosales y una fuente de agua con querubines. Había un tablero de ajedrez de piedra y banca solitaria.

Shaoran caminaba hacia ella dándome la espalda cuando abrí la boca.

-Tengo un atraso desde hace dos meses.

Se detuvo ipso facto, pero no se volteó sino hasta diez segundos –contados- después. Cara de póker. Una palidez sepulcral invadió su rostro.

Yo no agregué nada más, por miedo a soltar la carcajada y arruinar el momento. Quería que Shaoran asimilara muy bien lo que le había dicho. Enmudecido, dio algunos pasos atrás y se sentó sobre la banca. Me acerqué a él y me senté a su lado. Contacto visual.

-Pero, pero… nos hemos cuidado siempre.

-Excepto una vez, –dije yo- la de Ghenshi.

El rostro de Shaoran volvió cambiar. Abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió. Repitió la acción un par de veces más, hasta que por fin logró articular una frase temblorosa:

-Pero, yo pensé que como ya había pasado tanto tiempo... quizás ya te había... que como no me habías dicho nada, que...

Tuve que morderme los labios para no reírme. Su rostro pálido y su voz alterada y sorprendida me daban demasiada risa.

-Shaoran, eso no es todo. –Agregué como quien está a punto de leer la letra pequeña de un testamento millonario e inesperado-. Ayer en la tarde fui con Tomoyo a la farmacia a comprar una prueba de embarazo. –Hice una pausa para darle dramatismo a la situación y puse mi mejor cara de tragedia-. El resultado dio positivo.

Aunque lo hubiera querido, Shaoran no habría podido ponerse más pálido y estático que en ese momento. Dejó de mirarme y apretó la mandíbula ligeramente, mientras sus ojos muy abiertos se perdían en el infinito. ¿Estado de shock? ¿Asimilación? ¿Ataque al miocardio? Volvió sus ojos a mí y se pasó ambas manos por el pelo.

-¿Estás segura? –Preguntó apretando los labios.

Yo asentí con la cabeza todavía seria y con expresión de desgracia. O de cachorrito desamparado. Y el Óscar va para…

Shaoran se puso de pie y dio unos cuantos pasos adelante. Volvió a despeinarse y apoyó sus manos en su cabeza, cerró los ojos y respiró pesadamente. Pensé en decirle que todo era una broma porque en verdad se veía preocupado, pero decidí mortificarlo más. Después de todo, yo había pasado un mes y medio con aquel trauma psicológico y sin poder dormir bien. Con ganas de correr al baño a vomitar cada vez que veía un comercial de productos para bebés. Huggies se convirtió en marca non grata para mí durante esos meses.

Shaoran se giró y establecimos contacto visual durante algunos segundos. Yo me mordí el labio inferior y aguanté la risa. Él se puso en cuclillas y se tocó el rostro. Esta vez fui yo quien apartó la mirada cuando volvió a posar sus ojos preocupados sobre mí, porque no sabía cuánto tiempo podía aguantar la risa.

Se puso de pie y se sentó a mi lado. Tuve que abrazarlo y enterrar mi rostro en su pecho para que no se diera cuenta de que me había empezado a reír. Mi cuerpo convulsionó un poco al tener que retener la risa. Él debió interpretar aquello como un llanto porque me abrazó fuertemente y me acarició los brazos y el pelo.

-No llores, mi amor. Por favor, no llores. –Me consoló-. Sé que no hay nada que pueda decir en este momento que te haga sentir mejor, pero…

Una pausa larga. Supe que estaba buscando las palabras adecuadas para el momento. Pensé que tenía que ser bastante difícil consolar a alguien cuando tú mismo necesitas apoyo porque no sabes qué hacer ni qué decir, y que mi novio debía estar haciendo un gran esfuerzo.

-Pero yo estoy contigo. –Me dio un beso en la cabeza y continuó acariciando la piel de mis brazos con sus dedos-. Estamos juntos en esto, mi vida. Siempre hay un lado positivo y una manera de ver las cosas que…

Apreté el abrazo a medida que la risa se iba intensificando. ¡Ja, ja, ja! ¡Yo tenía que ser la mejor actriz de Tomoeda!

-No te preocupes. –Volvió a besarme y supe que no aguantaría más-. Sakura, ya no llores más, yo te amo y quiero que…

Sin prestarle atención a sus palabras de consuelo, me separé de él y solté una carcajada. Me llevé las manos al abdomen y me incliné hacia adelante mientras me reía.

Sequé las lágrimas para poder mirar a Shaoran, y reí todavía más cuando lo vi mirándome con el ceño fruncido y con la boca semi abierta, todavía con su expresión de sorpresa.

-¿Te estás riendo de mí? –Preguntó serio-. ¿De lo que te acabo de decir?

¿Qué no era obvio? Asentí con la cabeza. Shaoran se puso de pie y me miró como si se sintiera ofendido o dolido por algo. Yo aproveché para dejarme caer sobre el banco y poder reírme más cómodamente.

-Pues yo no entiendo qué tiene de graciosa esta situación. –Espetó-. Ni tampoco lo que te acabo de decir.

-¡Te estoy molestando, Shaoran! –Exclamé mientras me movía para quedar boca arriba y poder acariciarme el abdomen-. ¡Por supuesto que no estoy embarazada!

Parpadeó un par de veces antes de reaccionar.

-¿Es mentira?

Yo solté otra carcajada, cerré los ojos y arqueé la espalda.

-¡Obviamente!

Golpeé el banco con ambas manos y abrí los ojos para mirarlo. Él frunció el ceño y se acercó con paso rápido y peligroso al banco. Como no me dio tiempo de levantarme, se posicionó sobre mí con un movimiento audaz.

-¿Te volviste loca? –Me preguntó muy de cerca.

-¿Tú te volviste loco?

-¿Cómo me vas a decir que estás embarazada? –Acentuó su ceño fruncido-. ¡Casi me da algo!

Me mordí el labio inferior intentando ocultar mi sonrisa. Dejé escapar una risita que Shaoran no correspondió.

-Lo sé, –ji, ji, ji- fue muy gracioso.

-No lo fue, Sakura, pensé que iba a salírseme el corazón.

Bajé mi mano y la coloqué sobre su pecho. Al sentir los fuertes latidos de su corazón me reí de nuevo.

-¡Te lo merecías!

Él alzó ambas cejas y yo asentí con la cabeza.

-Te lo merecías porque no es justo que yo haya pasado casi dos meses creyendo que íbamos a ser papás, sin poder dormir bien, queriendo tirarme de cada balcón que veía, previendo cómo se lo íbamos a decir a mis papás y luego a los tuyos; todo eso mientras tú leías la saga de The Hunger Games antes de acostarte, dormías divinamente durante siete horas e ibas al instituto con tu cara bien lavada y sonriente.

Shaoran volvió a fruncir el ceño. Se sentó en la banca y colocó mis piernas sobre su regazo. Yo me incorporé.

-¿Eso significa que lo del atraso sí es verdad? –Yo asentí con la cabeza y su rostro cambió a uno de verdadera preocupación-. ¿Y por qué no me dijiste nada?

-Porque no había nada que tú pudieras hacer. –Shaoran abrió la boca para protestar pero yo no lo dejé-. Era suficiente con una persona preocupada, no hacían falta dos. Además, nunca perdí la esperanza de que fuera sólo eso, un atraso y nada más.

Mi novio frunció el ceño y me abrazó.

-Sakura, a mí me puedes contar lo que sea, sobre todo si es algo que te preocupa, y aún más si tiene que ver con los dos. –Nos separamos ligeramente y él tomó mi rostro entre sus manos-. Fue un error de ambos, no sólo tuyo. No es justo que hayas tenido que pasar por eso tú sola.

-Fue horrible.

-Oh, te creo. Apenas me lo he creído por unos minutos y sentí que me faltaba el aire. –Abrió los ojos de forma exagerada y yo me reí-. No puedo imaginar cómo tuvo que haber sido vivir con la duda por tanto tiempo. Ojalá no vuelva a pasar, pero si sucede quiero que me lo digas.

Lo rodeé con mis brazos, le di un beso en la mejilla, recosté mi cabeza de su hombro y cerré los ojos.

-Sakura.

-Dime.

Silencio. Todavía con los ojos cerrados, subí mis manos para acariciar la nuca de Shaoran.

-Sobre lo último que te dije…

Me separé de él ligeramente y vi que tenía un leve sonrojo en las mejillas. ¿Shaoran sonrojado? Esto no se veía todos los días.

-En verdad no sé qué fue lo que dijiste. –Comenté-. Estaba demasiado ocupada intentando no reírme en tu cara. Pero creo que fue algo sobre darme tu apoyo.

Me miró dubitativo y silencioso durante algunos segundos, y luego sonrió.

-Sí, eso mismo.

Correspondí a su sonrisa y le di un beso en la nariz.

-Me alegra saber que puedo contar contigo si pasa algo como eso.

-Claro que puedes.

-¿Incluso si no es tu bebé? –Batí mis pestañas y lo miré de forma traviesa. Shaoran me miró divertido y aparentó desinterés.

-¿Y de quién sería si no es mío?

Yo fruncí el ceño y me crucé de brazos.

-Lo dices como si nadie más quisiera hacer bebés conmigo, Shaoran. –Me puse de pie frente a él-. Puede ser que Yukito decida proponerme que nos vayamos a vivir juntos y formemos una familia.

Shaoran soltó una carcajada.

-No lo creo. Yukito nunca se fijaría en ti por miedo a que te lo comas con tus colmillos, monstruito.

No pude evitar abrir los ojos ante aquel inesperado comentario. ¿Shaoran acababa de decir lo que Touya siempre me decía para molestarme por mi enamoramiento con Yukito? Un momento.

¡CÓMO QUE MONSTRUITO!

-¿Me dijiste monstruo? –Pregunté con verdadera indignación.

Él me miró como quien nunca ha matado una mosca en su vida.

-Utilicé un diminutivo para parecer más dulce, amor mío.

-¡No puedo creer que te estés burlando de la enamorada Sakura de catorce años! –Le di un empujón intentando no reírme y Shaoran me tomó por la muñeca-. Shaoran, yo te conté eso como una confesión, ¡compartí mis sentimientos contigo! –Me llevé una mano la frente en un gesto de falsa congoja-. ¡Y encima te burlas usando ese apelativo!

Él se rió-. Todo lo que digas puede ser usado en tu contra, belleza.

-¡Eres un…!

Alcé el brazo para pegarle pero Shaoran fue más rápido. Se puso de pie, me rodeó con sus brazos y volvió a sentarse, haciendo que yo quedara sentada en sus piernas, mi espalda contra su pecho.

-¿Un tipo muy inteligente, gracioso y atractivo, verdad?

No podía verlo, pero a juzgar por el tono y el comentario, podía jurar que había alzado las cejas y sonreído de forma arrogante.

-Agrega egocéntrico a la lista de adjetivos, por favor.

-Así me quieres.

-Pues, según tengo entendido tú me quieres a mí, y supuestamente soy un monstruo dientudo y horroroso.

Shaoran volvió a reírse y acarició mi vientre. Yo intenté ponerme de pie pero él no me dejó.

-De hecho, –me mordió el lóbulo de la oreja y subió sus manos para acariciar mis pechos-. Eres un monstruo muy sexy.

-¡Shaoran! –Con mis manos traté de apartar las suyas, haciendo que Shaoran hiciera más fricción-. Estamos en la boda de mi hermano.

-Podríamos darle un sobrinito de regalo, ¿no te parece, preciosa?

HELL TO THE NO!

Conseguí que me soltara luego de propinarle un codazo en el pecho. Me puse de pie y lo miré de forma reprobadora. Él sonrió.

-Tienes razón, no estoy muy seguro de que ese regalo vaya a gustarle. –Se puso de pie y me dio un beso en los labios-. Creo que debería ir a felicitarlo.

-No creo que sea buena idea que te le acerques a mi hermano en este momento, Shaoran.

Él alzó una ceja y me miró con curiosidad.

-¿Por qué?

Esta vez fue mi turno de sonreír con picardía.

-Digamos que ayer en la mañana le di a entender cierto detallito de nuestra vida sexual.

Shaoran peló los ojos y abrió la boca.

-¿Qué le dijiste, Sakura?

-Eso, que tenemos una vida sexual. –Ji, ji, ji-. Bueno, no se lo dije con esas palabras…

Le conté lo que había sucedido en mi habitación y Shaoran se llevó ambas manos al rostro cual Mi Pobre Angelito.

-Tu hermano me va a castrar, Sakura. –Dijo con seriedad-. Ya no podremos hacerle un sobrinito que tanto…

-Ay, ¡cállate, Shaoran!

Le di la espalda y comencé a caminar. Él se acercó a mí y me abrazó por la cintura, para luego darme un beso en la mejilla.

-Te quiero, ¿sabes?

Asentí con la cabeza.

-Yo también te quiero.

Más de lo que te imaginas.

(Shaoran)

Al llegar al apartamento en la tarde-noche, luego de la boda de Touya y Anastasia, me dirigí a la cocina para tomar un vaso con agua. Iba a servirme el segundo, cuando escuché un grito.

Me asusté y salí corriendo hasta el salón, donde se encontraba Meiling con una película con una toalla enrollada en la cabeza y su pijama viendo una película. Estaba sentada en el sofá con los pies sobre la mesa, los codos apoyados sobre las rodillas flexionadas y las manos en el rostro.

-¡No entres, te van a convertir en estatua! –Volvió a gritar.

-¿Te volviste loca? –Hablé detrás de ella.

Mi prima dio un respingo y se giró para mirarme con horror.

-¡Xiao Laaaaaang! ¡Casi me matas del sustoooo!

Sonreí. La Casa de Cera nunca me había dado verdadero miedo. Aunque tiene una cantidad respetable de suspenso y me hizo saltar en mi silla en varias ocasiones, no es una película de terror digna. Pero cualquier cosa con un poco de sangre y un look lóbrego es suficiente para asustar a Meiling.

-¡Ven, Xiao, ven! No me dejes sola, ¡quédate conmigo!

-Me gustaría bañarme.

-¡No! ¿Para qué vas a bañarte, Xiao Lang? Lo hiciste antes de la boda.

Alcé una ceja y di la vuelta para sentarme a su lado.

-Tú también, y te veo muy bañada.

-Es porque Eriol me empujó a la piscina. –Se quitó la toalla de la cabeza y su largo pelo negro, todavía húmedo, cayó sobre sus hombros-. Obviamente no podía dejar el cloro en mi hermosa cabellera.

Me quité el saco y lo coloqué sobre la mesa.

-¿Y por qué te fuiste así sin avisar? Estábamos muy preocupados, no teníamos idea de dónde podías estar. ¿Fue porque hablaste con Kero, verdad? ¿Qué te dijo? ¿¡Y cómo que Eriol te empujó a la piscina!?

Meiling rodó los ojos y despegó los ojos de la pantalla para mirarme durante algunos segundos.

-¡Ay, Xiao Lang, qué intenso! –Exclamó mientras yo me desabotonaba la camisa-. Haces demasiadas preguntas. Me fui sin avisar porque fue una huida, y cuando uno huye no le avisa a nadie. Y sí, hablé con Kero, por eso fue que me fui. Me dijo que no era gay.

Cuando terminé con el último botón, me quité la camisa y la coloqué sobre el apoya-brazos del sofá. La miré con atención mientras me explicó «lo mismo que le dije a Eriol», y luego «las palabras exactas que me dijo él».

-Entonces vas a hablar con él, ¿no? –Ella asintió con la cabeza-. Mañana después de clases es la semifinal, deberías aprovechar.

Meiling volvió a asentir.

-Lo haré.

Me giré para mirar a mi prima, que había vuelto sus ojos a la pantalla. ¿Cuántas veces podía ver morir a Paris Hilton sin aburrirme? No lo sabía, y no estaba seguro de cuántas ganas tenía Meiling de verla, pero sentí que debía contarle sobre mi situación.

-Mei, quiero hablar contigo de algo. –Ella asintió con la cabeza y me miró-. Es sobre Sakura.

Los ojos de mi prima se abrieron junto con su boca, en el famoso gesto que ya yo conocía muy bien, y era la clara antesala a un grito emocionado.

-¡XIAO LANG, ESTÁS ENAMORADOOOOOO!

Miré al techo y rodé los ojos. Suspiré. Ahora mis vecinos conocían mi estado sentimental gracias a Meiling.

-¿Cómo lo sabes?

-Sólo hay que ver esa carita que pones cuando dices su nombre, ¿y qué otra cosa habrías de decirme de tu novia? ¡Es obvio que están enamorados!

Sonrió. Juro haber visto lucecitas de colores revoloteando a su alrededor.

-Bueno, yo lo estoy, no sé si ella también y eso es lo que quería hablarte. No sé cómo decírselo.

Mi prima frunció el ceño.

-¿Por qué no se lo dices y ya? No es como si le estuvieras pidiendo matrimonio.

-Pero, ¿y si ella no siente lo mismo? ¿Y si lo que hago es espantarla?

Meiling acentuó su ceño fruncido y se sentó con las rodillas en el sofá, mirándome.

-Las cosas que hace el amor… tú, que siempre has sido tan seguro de ti mismo, dudando. ¿Por qué habrías de espantarla? Estoy segura de que Sakura siente lo mismo.

Me guiñó un ojo y yo me reí.

-.-

Walk on shells tonight
Can't do right tonight
And you can't say a word
'Cause I leap down your throat
So uptight am I.

I never said I was perfect,
but I can drive you home.

I got down on myself
Working too hard
Driving myself to death
Trying to beat out the fault in my head

What a mess I've made
Sure, we all make mistakes
But they see me so large that they think I'm immune
to the pain.

I'm praying for a miracle,
but I won't hold my breath.
I never said I was perfect,
but can you take me home?

Tomoyo se separó despacio de él y sus ojos amatistas lo miraron sin rastro de furia, odio o rencor. Se bajó del auto y, antes de cerrar la puerta, esbozó una pequeña sonrisa.

-Gracias, Eriol.

Cuando cerró la puerta y caminó hacia la entrada de su casa, él sonrió también.

-De nada.

Eriol fue el último en entrar a las duchas luego de que el juego finalizara. Algunos de los miembros del equipo iban a reunirse en casa de Kano con varias porristas. A pesar de haber ganado la semifinal, no habría una celebración grande porque era lunes, y todos estaban cansados. Él decidió no apuntarse; en cambio, se dio una larga ducha.

Cuando terminó, ya no había nadie en los vestidores. Apenas quedaban algunas personas afuera que se apresuraron a marcharse porque había comenzado a llover. Se tomó su tiempo en vestirse con pantalones de hacer ejercicio grises, una camiseta negra de manga larga y zapatillas Vans de cuadritos.

Salió del vestidor de los hombres y se dio cuenta de que la llovía cada vez más. Se dirigió a la máquina de bebidas, ubicada junto a la de golosinas. Compró un Gatorade de naranja y bebió un par de sorbos antes de darse la vuelta para contemplar la lluvia. Caminó hasta donde acababa el techo y extendió su mano derecha para sentir las frías gotas. Si quería llegar seco hasta su auto, tendría que esperar hasta que dejara de llover. Suspiró, y decidió esperar; después de todo, no tenía prisa.

Sacó su iPod, se colocó los audífonos, puso el aleatorio y una música triste le acarició los oídos. Al principio no estuvo seguro de cuál era esa canción, hasta que la voz de Shirley Manson lo hizo recordar. Bebió su Gatorade en con el rumor de la lluvia de fondo y el sonido de Drive you home en sus oídos. Esperó pacientemente a que escampara, hasta que se dio cuenta de que primero la caería un rayo encima antes de que la lluvia aminorara. Suspiró pesadamente y le dio un último sorbo a su Gatorade. Se dio la vuelta para botar la botella vacía, pero se detuvo al ver la última persona que esperaba encontrarse.

Tomoyo había declinado todas las ofertas de llevarla a su casa. Tenía mucho tiempo sin irse caminando a su casa y ya le estaba haciendo falta una de esas tranquilas y solitarias caminatas donde podía reflexionar a su gusto. Cuando el partido finalizó, se dirigió a los vestuarios de las chicas para conversar con Sakura, Naoko y Chiharu mientras ellas se cambiaban. Rika también se les había unido. Todas las chicas estaban eufóricas por el triunfo del equipo, y bromeaban entre ellas comentando a quién le quedaba muy apretado el uniforme y cuál de los chicos debía quedarse en la banca en vez de salir a jugar.

Nadie pareció notar –o al menos alarmarse- cuando Nakuru Akizuki entró al vestidor con paso rápido y rodeada de un halo de inquietud. Caminó directamente hacia su amiga Kari Tomino. Tomoyo observó desde su lugar cuando Nakuru colocó su mano sobre el hombro de su amiga y le susurró algo en voz baja. Estudió sus gestos y no pudo evitar sorprenderse… y desconcertarse.

Nakuru, que destilaba seguridad y satisfacción con la vida al caminar, que si les ponían un examen sorpresa se encogía de hombros y si ocurría algo malo sólo sonreía y le restaba importancia, parecía tener algo de qué preocuparse.

Kari Tomino la miró sorprendida y a la vez preocupada. Le dijo algo y Nakuru negó con la cabeza. Entonces su amiga asintió y tomó su mochila para marcharse con ella. Sakura, que no había notado la presencia de su persona menos favorita del mundo hasta ese momento, frunció el ceño al girarse y verla caminando por el vestidor. Nakuru miró en la dirección de Tomoyo por primera vez desde que había entrado. Hizo un breve contacto visual con Sakura, retomó su vista al frente y se marchó junto con Kari Tomino.

Tomoyo no sabía qué era lo que podía estar ocurriendo en la vida de Nakuru, pero supo que no podía ser algo bueno al reconocer lo que había en sus ojos. Preocupación.

Sakura rodó los ojos y retomó con la charla anterior. Como se quedaron conversando, fueron las últimas en salir. Quedaban pocas personas. Rika volvió a ofrecerse para llevar a Tomoyo a su casa, pero ella le dijo que no, que prefería caminar.

-Será mejor que te des prisa, Tomy. –Le dijo su amiga mientras miraba el cielo-. Va a caer una buena.

Ella asintió y se despidió de sus amigas. Bebió un poco de agua y justo cuando iba a marcharse, sonó su móvil. Entró al vestidor de las mujeres para hablar con más privacidad. Su madre quería informarle que no llegaría temprano a casa esta noche, porque se le habían presentado algunos asuntos de suma importancia en la agencia. Conversaron durante un rato y Tomoyo aprovechó para contarle sobre el partido.

-¿Y Eriol, hija? ¡Hace tanto tiempo que no veo a ese niño! ¿No me digas que ya no quiere ir a la casa? ¡Ni siquiera fue a la boda! Sakura me dijo que no se sentía bien, ¿está muy enfermo? ¡Ay, pobre muchacho! Espero que no sea nada grave. Es que tú no me cuentas nada, Tomoyo. Deberíamos ir a visitar a sus tíos esta semana; sí, sí, eso haremos. En lo que termine esta llamada me voy a comunicar con Richard y Diana para organizar una cena.

-Mamá, no creo que sea…

-¡Pues yo sí lo creo! –Exclamó Sonomi-. No me gusta perder el contacto, Tomoyo! Y casi no puedo recordar cuándo fue la última vez que me senté a conversar con Richard y Diana.

-No, es que Eriol y yo no…

-Eriol y tú nada, jovencita. Invítalo a la casa hoy, dile que está perdiendo puntos conmigo por no venir a visitarme. ¿Y si todavía se siente muy mal? Bueno, no, mejor que descanse. Mi vida, te dejo porque estoy bastante ocupada; nos vemos en la noche, hija, te quiero.

Tomoyo suspiró y negó con la cabeza.

-Yo también te quiero, mamá.

Fin de la llamada.

Se quedó un rato dentro del vestidor, hundida en sus cavilaciones contemplando la pantalla de su móvil.

A pesar de todo el tiempo que había pasado desde su ruptura con Eriol, Tomoyo seguía sin contarle a su madre. No sabía cómo podía abordar el tema. Sonomi adoraba a Eriol y se llevaba muy bien con sus tíos; lo último que quería era ocasionar una enemistad entre su madre y la familia de su ex. Además, estaba segura de que a los tíos de Eriol no les haría gracia saber que su sobrino le había sido infiel a su novia, tan querida por ellos.

Eso solo podía significar una cosa: la cena era ineludible. Tendría que sentarse con él y verle la cara durante dos horas. Quizá era otra señal para que por fin hablara con él. Luego hablaría con su madre.

No supo cuánto tiempo estuvo dentro del vestidor meditando, pero en algún momento comenzó a llover a cántaros. Aunque llevaba consigo un paraguas, la lluvia caía como un látigo sobre todo. Volvió a suspirar, se puso de pie y caminó hasta la puerta. Pero se detuvo cuando estuvo afuera.

Eriol estaba de pie frente a ella dándole la espalda, con una botella de Gatorade en la mano. Tomoyo no podía creer lo que veía… tenía que ser una señal. Tantas casualidades debían ser más que simples coincidencias. Primero, la última persona habría de defender a Eriol o abogar por él en el mundo, Meiling Li, se le acercó para decirle que hablara con él y al menos le diera el perdón. Luego, su propia madre hacía énfasis en lo mucho que apreciaba y extrañaba a su ahora exyerno, y encima se dio el tupé de decirle que planearía una cena con su familia.

Y ahora se topaba con su presencia corpórea. De todas las personas que pudieron haberse retrasado por la lluvia –o lo que fuera-, le había tocado quedarse con Eriol.

Una tormenta cayendo sobre sus cabezas, por si la situación no era lo suficiente dramática. Bien. Aprovecharía la señal. Le dejaría muy claro todo.

Él terminó de beberse el contenido de su botella y se giró, probablemente para deshacerse de ella, ajeno a su presencia. Y al verla, se detuvo también.

Eriol no estaba seguro de cuántas cosas en la vida eran obras del azar y cuántas simples coincidencias, pero en ese momento aquello no importaba.

Contacto visual. Un trueno. Por primera vez en mucho tiempo, la mirada de Tomoyo pareció querer decirle algo.

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?

Silencio. Dos truenos. El latido de su corazón, un relámpago, otro trueno.

Los suspiros se escapan de su boca de fresa.

-Hola.

¿Hola? Todo este tiempo queriendo hablar con ella, decirle tantas cosas, y lo primero que salía de su boca era ¿hola?

Estúpido.

Tomoyo reprimió su sonrisa. El rostro de Eriol era un poema en ese momento. Era la amalgama de un montón de sentimientos. Lo conocía demasiado, sabía que quería decirle tantas cosas, que probablemente no le diría ninguna. Sabía que estaba sufriendo. Y aunque no se alegraba de su sufrimiento, sí esperaba que le sirviera como aprendizaje.

-Hola.

-¿Tú también te quedaste aquí por culpa de la lluvia?

Ella negó con la cabeza.

-En realidad fue por tu culpa.

Eriol abrió los ojos sorprendido y parpadeó confuso.

-¿Por mi culpa?

Tomoyo asintió con la cabeza.

-Estaba hablando por teléfono con mi mamá dentro del vestidor, y la conversación cambió de rumbo. Mamá te extraña tanto que no podía dejar de hablar de ti. Se me pasó el tiempo y cuando me di cuenta, ya había empezado a llover.

Esta vez fue él quien sonrió.

-Dile que yo también la extraño.

A las dos, pensó.

-Oh, eso puedes decírselo tú mismo. –Comentó Tomoyo-. Me dijo que va a llamar a tus tíos para organizar una cena esta semana.

Ambos brincaron cuando un relámpago, seguido de un trueno, azotó el cielo. Miraron hacia arriba.

-¿Tu madre sabe que…?

-No tiene idea. Aun no se lo he dicho.

-Mis tíos tampoco lo saben, pero creo que empiezan a sospechar.

Silencio.

-Tomoyo.

Eriol sintió como la frustración iba apoderándose de él al no encontrar las palabras para expresar lo que sentía. Apretó la mandíbula y sintió cómo todo lo que había planeado decirle cuando la viera se acumulaba en su garganta, creando un nudo áspero y doloroso.

-Perdóname, por favor.

Sintió que no había nada que pudiera hacer o decir para que Tomoyo lo perdonara, y la frustración se hizo mayor.

-Por favor, perdóname, Tomoyo. Yo sé que lo que te hice no tiene nombre y que soy el peor imbécil de este mundo, pero nunca había estado tan arrepentido de algo como lo estoy ahora.

Ella permaneció en silencio, inmóvil, escuchando lo que Eriol tenía que decirle. Él estaba haciendo un gran esfuerzo para no llorar. Sabía que si lo hacía, sólo conseguiría que la situación se tornara incómoda e innecesariamente dramática.

-Estos últimos meses he estado intentando deshacerme de la culpa, pero no he podido. No pretendo que vuelvas conmigo, ¿quién lo haría después de lo que hice? Pero… pero al menos acepta mi disculpa, te juro que no puedo vivir pensando que me odias por lo que te hice.

-No te odio, Eriol. –Tomoyo se sorprendió al oírse tan tranquila-. Creo que odiarte sería una de las cosas más difíciles que podría hacer. Toma demasiado tiempo y energía, y como sabrás casi no tengo tiempo para mí misma con todo lo del baile de graduación, el viaje y esas cosas.

Eriol siempre había admirado la habilidad que tenía Tomoyo para restarle tensión a las cosas.

-Pero lo que hiciste me lastimó mucho. –Su semblante se tornó serio y continuó hablando-. Nada me había dolido tanto como eso. Le he dado mil vueltas en mi cabeza intentando encontrar qué salió mal, hasta que me di cuenta de que en realidad lo que pasó no fue algo que pude haber evitado.

Había pensado muchas veces qué le diría a Eriol cuando tuvieran esta conversación. Había pensado en insultarlo y decirle que era el peor hombre sobre la tierra; en golpearlo con lo que tuviera más cerca; en llorar y gritarle que era un estúpido por haberle hecho eso a su relación. Había contemplado muchas situaciones, todas lejanas a ésta, pero todas igual de contundentes.

Jamás hubiera pensado que terminaría diciéndole todo lo que sentía, pero de una forma tranquila.

-Creo que tú no estabas listo para la relación que teníamos, Eriol. –Continuó. Él abrió la boca para interrumpirla, pero Tomoyo no lo dejó-. Quizás era demasiado para ti y no supiste manejar el compromiso porque no tienes la madurez necesaria para ello. Lo que sí sé es que no fue mi culpa. No creo que te merezcas una relación como la que teníamos, y...

Hizo una pausa mientras buscaba las palabras adecuadas. Silencio.

Llegados a este punto, Eriol había dejado escapar un par de lágrimas, las cuales había limpiado con el revés de su mano. Por fin, después de tanto tiempo, Tomoyo estaba sincerándose y abriéndose a él. Diciéndole todo lo que pensaba y sentía, por más doloroso que fuera.

-Dilo, Tomoyo.

-No creo que te merezcas a una mujer como yo, Eriol. -Le dijo con rotundidad-. No creo que me merezcas.

Eriol cerró los ojos. Relámpago. La lluvia había comenzado a aminorar.

-Tienes razón, Tomoyo. –Abrió los ojos y la miró-. No te merezco. Y entiendo si no quieres perdonarme ni hablarme en toda tu vida. Sería un milagro que lo hicieras.

Se dio la vuelta para marcharse, pero Tomoyo lo detuvo tomándolo por la muñeca.

-No he dicho eso. –Eriol se giró sorprendido-. Por más que esta situación haya sido horrible, creo que va a ayudarte a no ser tan egoísta, a aprender que las acciones tienen consecuencias y que las personas tienen sentimientos.

-Entonces…

-Te perdono, Eriol. Ya te dije que no te odio, y si queremos seguir con nuestras vidas sin rencores, será mejor que sí nos dirijamos la palabra, porque ni tus tíos ni mi mamá tienen idea de lo que pasó todavía. -Eriol abrió la boca pero Tomoyo no lo dejó hablar-. Te perdono, sí, pero no para volver contigo. Ni hoy, ni mañana, ni en ningún momento, ¿okay? -Él asintió con la cabeza-. Perfecto. Ahora por favor llévame a mi casa, no me apetece coger un resfriado por caminar bajo la lluvia. –Abrió su paraguas y comenzó a caminar.

Eriol frunció el ceño. Necesitaría su vida entera para entender cómo funcionaba la mente de Tomoyo.

-¿Quieres que me arrepienta? –Preguntó Tomoyo.

Él negó con la cabeza, y se apresuró en echar la botella vacía dentro del bote de basura para alcanzarla y compartir el paraguas. Caminaron en silencio hasta llegar al estacionamiento.

Por primera vez en mucho tiempo, Eriol sintió que no era infeliz y miserable. En realidad, era afortunado. Sakura había estado en lo cierto. Tomoyo no lo odiaba. Mientras conducía, miró a su acompañante de reojo.

-Gracias, Tomoyo.

Ella demoró algunos segundos en entender por qué le estaba agradeciendo. Cuando Eriol volvió a establecer contacto visual, ella sólo asintió con la cabeza.

-Estoy seguro de que mis tíos estarán encantados con la idea de cenar juntos. Pero creo que tengo que hablar con ellos.

Tomoyo negó con la cabeza-. Mejor después de la cena. Me gustaría despedirme de ellos.

Eriol sintió que se le encogía el estómago al escuchar aquella palabra. Aquello era definitivo.

Ninguno dijo nada hasta llegar a su casa, donde Eriol detuvo su auto frente a la entrada. Tomoyo se quitó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del auto. Eriol quiso decirle que no se bajara, que se fuera con él a ver una película en su casa, pero sabía que eso no sucedería. Nunca más.

Sus ojos amatistas lo miraron sin rastro furia, odio o rencor. Se bajó del auto y, antes de cerrar la puerta, esbozó una pequeña sonrisa.

-Gracias por traerme, Eriol.

Cuando cerró la puerta y caminó hacia la entrada de su casa, Eriol supo que las cosas se habían terminado. Pero no lloró en ese momento. Ni tampoco cuando casi atropella a una persona en una intersección. Ni siquiera cuando saludó a sus tíos al llegar a su casa y les dijo lo de la cena.

Solo cuando estuvo en su habitación, con la puerta cerrada, lo hizo.


Meiling y Eriol por fin han hecho las paces. Y Tomoyo por fin ha hablado con él, señoras y señores. Y como ven, el asunto ha quedado claro y zanjado. Ahora sólo falta que Meiling hable con Kero y Shaoran con Sakura.

¿Y qué será eso que tiene a Nakuru tan angustiada? Como dice Tomoyo, ella que siempre está tranquila y risueña. ¿Alguna idea, teoría, confabulación? Y hablando de ella… me escribió Clau en un review que había pasado por una perfumería y se había detenido a oler Be Delicious de DKNY para saber a qué olía Nakuru, y le pareció muy acertado con su personalidad. Qué chévere que te hayas acordado de la historia en la perfumería, y también hayas olido J'adore de Dior, el perfume de Meiling.

Dejen sus opiniones y comentarios en un review, mientras más largo, mejor. Muchos besos y nos leemos en el próximo capítulo. Pórtense mal.

Canción: Drive You Home.

Banda: Garbage.

Álbum: Beautiful Garbage.