Smells Like Teen Spirit
Capítulo XXII:
"The Heart of Life"
"La cosa más espantosa sobre la distancia es que no sabes si te echarán de menos o te olvidarán." –Nicholas Sparks.
I hate to see you cry
Lying there in that position
There's things you need to hear
So turn off your tears
And listen
(Shaoran)
La pantalla del Aeropuerto Nacional de Tomoeda anunciaba que el vuelo 347 de Tokio con origen en Hong Kong había aterrizado quince minutos atrás. Suspiré y miré la puerta por donde salían los pasajeros. En cualquier momento vería a mis hermanas.
¿Qué por qué venían tan pronto, si todavía faltaban dos semanas para la graduación? Eso es algo que yo tampoco entendía. Pero ellas insistieron en que querían pasar tiempo conmigo, con Meiling, y hacer un poco de turismo. Yo esperaba que fuera en el otro extremo del país.
Meiling no había podido acompañarme porque estaba presentando el examen SAT. El fin del año escolar se acercaba, por lo que las universidades estaban en pleno proceso de inscripción, y había que llenar y enviar toda clase de solicitudes y formularios, presentar exámenes de admisión, aptitud y demás pruebas académicas.
Mi prima tenía muy claro que quería estudiar en la universidad de Brown, en Rhode Island, al igual que mis tíos Clow y Shiefa, sus padres. De hecho, y si mal no recordaba, los padres de Meiling se conocieron allí en un juego de fútbol contra la Universidad de Princeton.
Yo había hecho el examen SAT en Hong Kong justo antes de venir a Tomoeda, por si acaso decidía estudiar en una universidad en Estados Unidos. Pero
La gente comenzó a salir y yo me emocioné, por primera vez en todo el día, porque vería a mis hermanas después de muchos meses. Bien, podía quejarme de ellas, pero las quería mucho y no podía negar que las había extrañado. Aunque quizás en una semana ya estaría harto de sus mimos, en este momento nada me emocionaba más que verlas.
Las busqué entre la gente que salía apresurada y se reunía con sus familiares y amigos, pero no las vi. ¿Dónde estaban esas tres locas?
-¡Xiaaaaooo Laaaang!
El grito de Fuutie hizo que diera un respingo y la buscara entre la gente con la mirada. Pero no hizo falta mucho escrutinio, porque pronto las vi. Mis tres hermanas corrieron a mi encuentro y me abrazaron tirándose sobre mí. Las tres… al mismo tiempo.
Caímos al suelo, pero ellas no me dejaron levantarme mientras me abrazaban y me daban besos.
-¡Xiao Lang, estás guapísimo!
-¡Y más alto!
-¡Y menos niño!
-Y ustedes están más… pesadas –dije mientras me las quitaba de encima-, tengo que hablar con Wei para vigile lo que comen.
-¡Xiao Laaaang! –Exclamaron las tres al mismo tiempo.
Nos pusimos de pie y aproveché para abrazarlas individualmente.
Fuutie, como de costumbre, era la más elegante de las tres, con su corte Bob y un blazer azul oscuro. Estaba muy guapa y se veía contenta. Agradecí mentalmente a Hachiro, el esposo de mi hermana, por hacerla tan feliz.
Fanren tenía el pelo largo atado en una trenza, una chaqueta de cuero marrón claro y sus típicos pantalones rotos. Me sonrió como acostumbraba, arrugando la nariz, los ojos y enseñándome todos sus dientes.
Y Feimei se había hecho algo en el pelo. Tenía las puntas rubias y el resto marrón, como en degradado. Llevaba puesto un vestido de flores y un sombrero blanco. Fue la que más me abrazó.
-Te veo sonriente, Xiaolito. ¡Esa novia tuya debe tener buena mano! –Me dijo Feimei cuando empezamos a caminar en dirección al estacionamiento.
Me sonrojé ante el comentario y sonreí. Meiling les había contando todo sobre Sakura, y ahora mis hermanas estaban ansiosas por conocerla.
Asentí con la cabeza y la rodeé con mi brazo mientras caminábamos.
-Te queda muy bien eso. –Señalé su pelo-. Me gusta.
-¿Verdad que es súper? Se llama ombré.
Llegamos hasta mi auto y guardamos las maletas. Fuutie se sentó de copiloto alegando que por ser la mayor, era el puesto que le correspondía. Yo encendí el motor sin dejar de sonreír. Estas mujeres no cambiaban.
-Fei, ¿ya le contaste a Xiao Lang? –Preguntó Fanren haciéndose la desinteresada por un momento.
Miré por el retrovisor a mis hermanas. Por la sonrisa pícara de Fanren, sus miradas de complicidad con Fuutie y el sonrojo de Feimei supuse de qué podía tratarse eso que mi hermana no me había contado.
-¿Y bien? ¿Van a decirme o tengo que torturarlas para que hablen?
-¡Feimei tiene noviooooo!
-¡No es mi novio, solo somos amigos! –Se defendió Feimei.
-¡Y se llama como tú en inglés! –Exclamó Fuutie haciendo que Fanren se riera.
-¿Cómo yo en inglés? –Pregunté curioso y confundido.
Esta vez rieron las tres.
-No tonto, ¡se llama You! –Exclamó Fanren dando pie a más risas.
-En realidad –interrumpió Feimei con una tímida sonrisa-, es Yue. Y-U-E. Y no es mi novio. Es un amigo.
Fuutie asintió con la cabeza y Fanren rodó los ojos.
-Pero a mí me gusta decirle you. Y todavía no me creo eso de que son "solo amigos".
-Se llama Yue Tsukishiro. –Explicó Fuutie-. Lo conoció en el semestre que hizo en Niza, ¡y es oriundo de Tomoeda, Xiao Lang! ¿Puedes creerlo? ¡Qué casualidaaaaaad!
Miré a Feimei de reojo y la vi sonrojarse mientras jugaba con su pelo. El apellido Tsukishiro se me hizo familiar. Después de todo, Tomoeda no era un lugar muy grande y era probable que lo hubiera escuchado en el institu…
Un momento. Yo conocía ese apellido, y no del instituto.
-¿Sabes? Yukito solía gustarme.
Yukito Tsukishiro, el mejor amigo de Touya, y el primer amor de Sakura. ¿Podría ser posible que…?
-¿Sabes si tiene un hermano? –Pregunté.
-¿Por qué, Xiaolito? –Fanren esbozó una de sus sonrisas burlonas-. ¿Hay algo que quieras confesarnos?
Mis tres hermanas se rieron y yo sonreí.
-Ja, ja, muy graciosa. Es que conozco alguien con ese apellido.
Mi teléfono comenzó a sonar y se lo extendí a Fuutie para que lo contestara.
-¡Es Mei, es Mei! –Exclamó. Yo rodé los ojos. Aquí vamos-. ¡MEILIIIIIIIIIIING! ¡MEILING, MEILING, MEILING!
El resto de la llamada fueron más gritos parecidos a ese, y empujones entre ellas para quitarse el teléfono y hablar con Meiling.
-Como si no fuéramos a verla en –miré mi reloj-, diez minutos.
-¡Cállate, Xiao Lang!
Volví a rodar los ojos. Bien, esta sería mi vida hasta después de la graduación. Suspiré.
Mientras conducía, pensé en Sakura, que debía estar presentando el examen de Educación Física de Nakuru. Eso me tenía un tanto inquieto. Yo había insistido demasiado en ayudarla a estudiar para su examen de Matemáticas, pero Sakura siempre lograba zafarse de mis insistencias. Decía que Tomoyo la estaba preparando para el examen con más paciencia que yo.
Pero los mentirosos caen más rápido que los cojos.
Un día durante el recreo, estaba sentado con Sakura hablando sobre las increíbles historias que nos contaba Yamazaki, cuando Tomoyo se nos acercó para preguntarnos qué tal nos estaba yendo en nuestras clases privadas de matemáticas.
-Sakura me dijo que la estás enseñando. ¿Seguros que no necesitan ayuda?
Había dicho Tomoyo. Yo miré a Sakura intentando no parecer sorprendido. Ella me devolvió la mirada con una súplica clara: no digas nada.
-Sí, seguro. Sakura está muy aplicada y yo me he armado de paciencia. ¿No es así?
Ella asintió y cambió el tema con tanta agilidad que no parecía estar mintiendo.
Cuando Tomoyo se fue, la obligué a que me contara la verdad, temiendo que no estuviera estudiando para prepararse para su examen. Entonces me confesó lo impensable:
-Voy a presentar el examen de Educación Física de Nakuru Akizuki, y ella el mío de Matemáticas.
La idea me pareció descabellada desde el principio, pero Sakura ya había tomado su decisión y no había vuelta atrás.
Incluso me hizo prometerle –jurarle- que no le diría a Tomoyo.
-Ya se lo diré yo.
Y yo entendía por qué, pero no dije nada. No discutí ni insistí más; tantos años conviviendo con mujeres me hicieron aprender la lección.
Sólo esperaba que su plan resultara exitoso y que todo saliera bien. Porque si las atrapaban haciendo trampa, no les alcanzarían ni las vacaciones para arrepentirse.
(Nakuru)
Tic, toc, tic toc.
Sólo necesitas resolver esta ecuación y voilà.
¿Saben todas esas cosas que pensaron que nunca harían en sus vidas? ¿Esas múltiples situaciones en las que jamás se imaginaron que se encontrarían? Pues yo estaba en una de ellas. O debería decir, dos.
La primera era la más extraña e improbable de las dos: estaba en el instituto resolviendo un examen recuperativo de matemáticas… para ayudar a Sakura Kinomoto.
La segunda, y la más preocupante, era que se me había olvidado cómo resolver una ecuación de cálculo, el único problema que me faltaba para terminar el examen. Y eso jamás sucedía.
Había una lista de cosas que yo nunca olvidaba: los nombres de las personas, las fechas importantes, llamar a mi papá cada que vez que llegaba a mi destino luego de algún viaje, comprar champú antes de que se me acabara el que ya tenía, grabar los capítulos de Revenge si no podía verlos, poner la alarma del coche cuando me bajaba y cómo resolver cualquier tipo de ecuación o ejercicio matemático.
Inhala. Exhala.
Chiharu Mihara pasó al frente a resolver este mismo ejercicio en clases, pero con otros números. Y lo hizo sin problema.
Kinomoto y yo llegamos a la conclusión de que sería muy extraño sacarnos la mejor nota en los exámenes. Después de todo, se suponía que nos iba mal en esas asignaturas. Así que nos pusimos de acuerdo en hacer cada examen bien, pero no demasiado. Lo suficiente como para aprobar con una buena calificación pero sin levantar sospechas.
Y ahora no podía darme el lujo de dejar un problema incompleto, porque algunos de los anteriores estaban mal a propósito. Aquello me causó una leve jaqueca.
Por más irrisorio que sonara, no podía fallarle a Kinomoto. No todo después de que ella hubiera accedido a ayudarme sin siquiera rechistar. Tenía que admitir que su decisión me sorprendió. Por más que ella también necesitara la ayuda, sé que hubiera preferido beber ácido de batería antes de ser partícipe de cualquier actividad que pudiera beneficiarme en alguna forma. Pero lo hizo.
Y comprobé, una vez más, que Kinomoto era una persona inteligente. Sabía elegir sus batallas muy bien, pero también sabía cuándo era momento de sacar la bandera blanca. Y esto es algo que no confesaré ni repetiré en voz alta, pero luego de que Sakura accediera, sentí que ya no la odiaba. De hecho, había a pasado a sentir respeto por ella.
Mi padre siempre me decía que solo los sabios saben cuándo poner alto al fuego y hacer la paz con sus enemigos.
La mayoría de las personas de nuestra generación no sabía por qué Kinomoto y yo nos odiábamos. Muchos eran los rumores y cada quién tenía su versión. Algunas bastante fantásticas e inverosímiles, debo decir. Pero todo había iniciado en la mitad de noveno grado. Yo lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Fue durante la época en la que salí con Eriol.
Acaban de nombrarme presidenta del equipo de debate. Era la menor del grupo, pero un pleito interno entre dos estudiantes de último año causó una ruptura en el equipo. Dos estudiantes se retiraron y el resto tomó un lado. Como yo era territorio neutral, votaron por mí para que fuera la presidenta.
Y Kinomoto, casualmente, pasó a ser la capitana de las porristas, porque tenía demasiada energía y creatividad dentro de ese cuerpecillo entonces flacucho e inocente. En ese momento nos llevábamos bien, principalmente por nuestro éxito en las actividades extracurriculares. No éramos amigas, pero teníamos una relación relativamente amena y respetuosa. Compañeras de clase que se saludaban amablemente si se encontraban en algún lugar fuera del colegio.
Se acercaban las competencias intercolegiales, con sede en Tokio. Los diferentes equipos del colegio que hubieran clasificado viajarían para competir en sus respectivas disciplinas. Y allí empezó el problema.
Un día mientras estábamos en clase de Japonés, nos llamaron por el altavoz. El director requería de la presencia de Sakura Kinomoto y Nakuru Akizuki en su oficina inmediatamente.
Las dos nos miramos sin entender y nos pusimos de pie para salir del salón. Ninguna tenía idea de qué nos diría. Cuando llegamos, el director nos explicó que de los dos equipos –porritas y debate- solo podría viajar uno. Si mandaba a las porristas a animar al equipo de fútbol, no podría enviar al club de debate, y viceversa. Alegó que había sido un año de éxitos para el colegio, por lo que la mayoría de los equipos viajarían y el colegio no tenía tanto presupuesto.
Posó sus ojos en mí y dijo:
-La conducta del equipo de debate ha dejado mucho que desear este año, señorita Akizuki. No sé si sería conveniente que se presentaran. Sería premiarlos luego de tanto escándalo. Estuvieron a punto de ser descalificados por ese deplorable comportamiento.
Luego miró a Kinomoto y dijo:
-Este año las porristas no participarán en la competencia de gimnasia, y no sé qué tan necesario sea que vayan únicamente a animar al equipo. No cuando estamos tan apretados de presupuesto. Además, con eso de que el equipo es casi nuevo, supongo que no estarán tan preparadas.
Se inició un caluroso argumento entre los tres sobre cuán injusto estaba siendo el instituto y el la Asociación de Padres de Familia al no dar igual importancia –dinero- a todos los equipos. El director nos dijo que no era posible, que sólo podría ir uno. O ninguno. Y como si nada, nos dijo que nos retiráramos de su oficina. Él ya tomaría la decisión.
Yo estaba que echaba fuego por los ojos; Kinomoto, humo por las orejas. Llenas de esperanza, estuvimos de acuerdo en ir a buscar al profesor Terada, que siempre tenía soluciones para todo. Pero no estaba en su oficina, ni en en el salón de profesores, ni el gimnasio. Y en medio de la frustración, decidimos que alguien tenía que ceder. Lo que ninguna se imaginó, es que ni ella ni yo estábamos dispuestas a hacerlo, así que pronto iniciamos un argumento sobre qué equipo era más importante y por qué.
No estoy segura de quién dijo la primera ofensa, pero fueron muchas y en ambas direcciones. En un momento, le dije a Kinomoto que nadie querría ver a un montón de niñas flacuchas agitar bastones sin coordinación. Ella tomó uno de los balones de voleibol y me lo arrojó. Aquello me enfureció, así que la empujé haciéndola caer. Y cuando ella se puso de pie para defenderse, reparamos en que la profesora de Literatura de último año había visto todo. Y como es una desgraciada hija de puta, nos reportó al director.
¿Quién adivina en qué terminó la historia?
Exactamente. Ningún equipo viajó a Tokio, citaron a nuestros padres y nos marcaron el expediente.
Jamás le perdonaría a Kinomoto por haberme quitado la oportunidad de viajar a Tokio para aniquilar mi primera competencia de debate. Eso sin mencionar la sucia mancha en mi expediente.
Y ella, por supuesto, tampoco estaba feliz con lo que había pasado. El roce fue tan discrepante y hostil, que Eriol decidió tomar distancia conmigo. Yo no sabía si lo había hecho por voluntad propia o porque Kinomoto se lo había pedido, pero me hizo odiarla aún más.
Pronto inició una enemistad que estuvo marcada por nuestras venganzas mutuas. Desde los típicos e inmaduros tropezones en la cafetería, hasta los actos más viles que una persona pudiera imaginar. Era un círculo vicioso que no terminaba. Entre las cosas que podía recordar, estaba la vez en que la encerré desnuda en el vestidor de las mujeres, y luego ella me dejó caer un globo con pintura de exteriores en la cabeza; o cuando eliminé su nombre de la competencia de atletismo, haciendo que no pudiera presentarse y en venganza ella me quitó el papel protagónico en la obra de teatro de la profesora Katayama. Y muchas cosas más.
Y un día, la desgraciada decidió empezar a salir con Hiro Matamiya, solo porque yo había mostrado interés en él. En realidad, Hiro no era mi tipo, pero era atractivo físicamente.
Entonces a mí se me ocurrió un plan maestro: salir con su mejor amigo, Kero Kirgyakos. Lo cual resultó muy producente, porque me di cuenta de que Kero en realidad me gustaba y yo también a él. Incluso quería que fuéramos novios, pero yo no tenía intenciones de formalizar una relación en mi último año. Sabía que luego de la graduación me iría a vivir a Estados Unidos y quería ahorrarme una ruptura dolorosa. Tal vez, si las circunstancias hubieran sido diferentes...
Además, me gustaba tener todas las opciones y puertas abiertas. Shaoran Li, por ejemplo, fue una opción que llegó inesperadamente.
Me dolió que Kero no quisiera hablarme más luego de eso, pero esa era su decisión. Nosotros no éramos novios y yo le había dejado muy en claro mi posición con respecto a ver a otras personas.
Lo de Eriol, en cambio, no tuvo nada que ver con Kinomoto, ni tampoco con la pálida de Daidouji. Lo de Eriol había sido personal. Años atrás, él decidió terminar nuestra pseudo relación o lo que sea que eso había sido (amigos con derecho pero sin sexo, porque aún éramos muy jóvenes) por un problema que tuve con su amiga. En ese momento estaba demasiado ocupada odiando a Kinomoto como para aclarar las cosas con Eriol, y ya después vinieron otros intereses.
En realidad, mi intención nunca fue que pasara algo demasiado importante con Eriol. Al principio, me divertía coqueteando con él, y viendo cómo Kinomoto perdía la paciencia. Pero cuando llegamos a la parte física, me encontré pensando en Kero. En que realmente me gustaba estar con él porque podíamos hablar de muchas cosas. Era gracioso, divertido y me trataba muy bien. Con Eriol no me sentía así. No teníamos nada en común y además él tenía novia –daño colateral-, así que lo mandé a freír espárragos.
Ahora, recalculando, si pensaba bien acerca de mi enemistad con Sakura, podía concluir que la razón por la que había iniciado no era tan grande, ni tenía tanto peso. En realidad, ya nadie lo recordaba y no nos odiábamos por eso. Era por cada cosa que nos habíamos hecho con el pasar de los años.
La respuesta del problema llegó a mi mente como un relámpago. Lo resolví en un minuto y me puse de pie, triunfante, para entregar el examen. Varios de los estudiantes que estaban rindiendo la prueba me miraron con extrañeza y desconfianza. Después de todo era muy raro que este prodigio de los números estuviera haciendo un recuperativo de matemáticas. Me encogí de hombros y sentí pena por ellos y por sus exámenes.
Le entregué el papel a la profesora y me marché. Esperaba que Kinomoto fuera puntual y no me hiciera esperar demasiado en la cafetería. Esta mañana no quise arriesgarme, así que me dirigí a su casa para buscarla temprano. No fue difícil encontrarla, porque yo sabía que vivía junto a la de Kero.
Llamé al timbre y una mujer de ojos verdes me abrió la puerta. Así que de ahí Kinomoto había heredado sus atributos físicos. La mujer no me reconoció como alguna de las amigas de su hija. Yo le dije que éramos compañeras de estudio para los exámenes. Ella sonrió y me invitó a pasar. Pero no hizo falta, porque Kinomoto apareció corriendo por las escaleras como alma que lleva el diablo.
Para mi sorpresa, cuando llegué a la cafetería, ella ya estaba sentada en una de las mesas tomándose un Gatorade. Abrió los ojos con exageradamente cuando me vio y se puso de pie.
-¿Cómo te fue? –Preguntó entre curiosa y preocupada-. Vaya, no has tardado nada.
Yo rodé los ojos-. ¿Cómo crees que me fue? Vas a ser la mejor nota entre ese montón de perdedores.
-¿La mejor nota? Pero, ¿no hiciste lo que dijimos? ¿No sospechó nada la profesora?
-Claro que lo hice, no soy estúpida. Pero ni siquiera haciendo problemas mal tendrás menos nota que esa gente. Tenías que ver sus caras al pasar las páginas del examen. –Intenté no reírme mientras caminábamos hacia los estacionamientos, pero no pude evitarlo-. ¡Estaban perdidos!
-Te recuerdo que yo soy parte de esa gente cada año.
-Pero ya no. ¿Y tú qué tal? –La miré de arriba abajo-. Veo que hasta tuviste tiempo de bañarte. Pero es que eres un correcaminos.
Sakura sonrió orgullosa.
-También tú tendrás la nota más alta.
Caminamos hasta que Sakura hizo amague de salir a pie del colegio. Yo la detuve llamándola. Ella se giró.
-¿Adónde vas?
Me miró como si la pregunta fuera bastante tonta. Yo me crucé de brazos y bufé. Señalé el estacionamiento con la mirada. Sakura me miró dubitativa durante algunos segundos.
-Gracias, pero no hace falta, puedo caminar.
-No seas ridícula, Kinomoto. Con este sol y después de ese examen no creo que tengas tantas ganas. Además, me quedas en la ruta.
Ella pareció pensarlo. Yo empecé a impacientarme y caminé en dirección a mi auto sin esperar su respuesta.
-No voy a secuestrarte para luego venderte en el mercado negro, si es lo que piensas.
Finalmente escuché sus pasos detrás de mí y nos subimos al auto. Ninguna dijo nada hasta que salimos del colegio. Entonces fue ella quien rompió el silencio.
-Gracias.
-De nada. Igual estoy segura de que nadie pagaría demasiado por ti.
Y, por primera vez, Sakura Kinomoto se rio de algo dicho por mí.
(Sakura)
Terminé el examen bajo el abrasante sol y le sonreí a la vida por haber concluido exitosamente y poder ir a darme una ducha fría.
Justo hoy, el sábado en que yo debía que correr en la pista de atletismo, brillaba el sol más candente de todo el año. De haber elegido este sábado para ir a la piscina, seguramente habría llovido a cántaros.
No quería presumir ni adelantarme a los resultados, pero estaba segura de que Nakuru se sacaría la nota más alta en el examen. Realicé las pruebas sin mucho esfuerzo, ante la mirada atónita y desconcertada de los demás estudiantes, que sabían quién era y no entendían por qué una de las estrellitas deportivas del colegio se había presentado Nakuru Akizuki, para rendir el examen recuperativo. Pero ninguno dijo nada.
Debía encontrarme con Nakuru en la cafetería, luego de que ambas finalizáramos los exámenes. Quedamos en vernos a las once de la mañana. Todavía tenía media hora, así que aproveché para darme una ducha antes de encontrarme con ella.
Una vez dentro del vestidor de mujeres, cerré la puerta con llave. No quería ser molestada, aunque dudaba que alguien viniera, siendo sábado. Me desvestí y me metí en una de las regaderas.
Me relajé bajo el agua fría y mientras me enjabonaba el cuerpo, me sentí una persona dichosa. Sonreí. ¡Era libre, libre, libre de todas las preocupaciones!
Adiós examen recuperativo de Matemáticas, ¡hola libertad!
Adiós, incertidumbre y discursos de mis padres y Terada, ¡hola graduación!
Terminé de ducharme y pensé en que había una cosa que no estaba resuelta todavía… Tomoyo no tenía idea de lo que había planeado con Nakuru. Aunque a estas alturas, ya no me parecía necesario decírselo.
Le había mentido para que no me insistiera en ayudarme a estudiar diciéndole que Shaoran lo estaba haciendo, porque era un prodigio de los números. Eso la tranquilizó y dejó insistir, pero no evitó que de vez en cuando me hiciera preguntas incómodas sobre cómo iban mis estudios con Shaoran, y si en verdad estábamos aprovechando esas horas para estudiar los números y no nuestros cuerpos. Yo le dije que Shaoran y yo no éramos pandas en época de apareamiento que no podían contenerse, ¡por supuesto que estamos estudiábamos!
Un día estuvo muy cerca de descubrirme, pero por suerte Shaoran no me mandó al frente. Aunque después tuve que contarle lo de Nakuru y aguantarme un discursillo sobre cuán arriesgado era esto.
En lo que duró el trayecto del instituto a mi casa, pensé en Kero. Tendría que responder muchas preguntas si por alguna casualidad me veía bajándome del auto de su amada Nakuru.
Probablemente ya no era tan amada. Entonces pensé en esa frase de un clavo saca a otro clavo. Quizás era cierta. Quizás Shaoran había sido el clavo que sacó a Hiro. Quizás Meiling fue el clavo que sacó a Nakuru. Y quizás Miltos que ayudó a Tomoyo a arrancarse a Eriol, que era más bien un tornillo.
Pero Miltos ya estaba de regreso en Grecia y Meiling muy pronto regresaría a China. Así que mis amigos se quedarían sin sus clavos. Mis amigos… y tal vez yo.
Me estremecí al pensar en la partida de Shaoran, que cada día era una posibilidad más latente, y recordé mi última conversación con Kero.
-Meiling se va después de la graduación, con las primas de Shaoran. –Me contó un poco triste.
Mi mejor amigo se había encariñado mucho con Meiling estos últimos meses. Me había contado que, una vez confesaron que se gustaban, la prima de Shaoran le dejó muy claro que su lugar estaba en China, no aquí. Solo estaba visitando a su primo durante más tiempo del que debería, pero después de la graduación, regresaría a Hong Kong para pasar el resto de sus vacaciones junto a su familia antes de marcharse a Estados Unidos. Decidieron que lo mejor era ser amigos, pero que era mejor disfrutar juntos el tiempo que les quedaba.
-¿Eso te dijo? Mi mejor amigo hizo una pausa y luego volvió a mirarme.
-¿Y Shaoran? ¿Se va o se queda?
Shaoran y yo habíamos hablado sobre la posibilidad de que tuviéramos que separarnos al finalizar el colegio estaba latente, pero hasta ahora, no me había dado ninguna respuesta definitiva. ¿Se quedaría en Japón o regresaría con su a Hong Kong?
Él había llenado los formularios de la universidad de Tokio conmigo y con Tomoyo. Siempre repetía la misma oración que lograba tranquilizarme un poco:
-Pase lo que pase, no voy a separarme de ti.
No dudaba de su compromiso ni tampoco de su amor, y yo también estaba dispuesta a continuar con la relación aún a distancia. Después de todo, tampoco era el fin del mundo. Muchas relaciones a distancia funcionaban, sobre todo hoy día.
Reconocí la canción que sonaba en la radio por la voz de John Mayer.
Pain throws your heart to the ground
Love turns the whole thing around
No it won't all go the way it should
But I know the heart of life is good
Pensé en la letra, específicamente en la frase "no todo irá de la forma que debería", y suspiré. Reconocí mi calle y me quité el cinturón de seguridad antes de que Nakuru se estacionara frente a mi casa.
Vi que posaba sus ojos en la casa de Kero y quise preguntarle en qué pensaba, pero no lo hice.
-Gracias por traerme. Ahora solo hay que esperar hasta el martes cuando nos entreguen los resultados.
Ella asintió con la cabeza.
-Esperaré sumergida en una tina. –Dijo ella cerrando los ojos, evocando un agradable pensamiento. De repente frunció el ceño, abrió los ojos y me miró-. Kinomoto, ¿no le has dicho a nadie sobre esto, verdad?
Yo parpadeé varias veces porque no me esperaba su pregunta. Pensé en decirle que le había contado a Shaoran. ¿Mentir o no mentir?
-Mientras menos gente sepa, mejor. No quiero que a nadie se le vaya la boca por ahí, porque entonces sí estaremos con la soga al cuello.
-En realidad solo…
-Kari lo sabe. –Me interrumpió-. Es mi mejor amiga y tenía que compartir esto con alguien por si acaso decidías matarme y deshacerte del cadáver. Pero ella es una tumba, y sé que jamás diría nada.
Pensé en Kari Tomino. Y me di cuenta de que era similar a Tomoyo en muchos aspectos. Era una chica discreta, siempre estaba con Nakuru, pero nunca tuvo nada en mi contra. Es decir, tampoco éramos las mejores amigas pero nunca me trató mal ni me hizo nada. Tal como Tomoyo con Nakuru. Ambas se mantenían al margen de nuestras perversas maldades. Y Kari, al igual que Tomoyo, tenía mucha energía y parecía siempre estar de buen humor. Excepto cerca de Shaoran. Por alguna razón, mi novio no era precisamente un santo de su devoción.
-¿Y bien? –Insistió Nakuru-. ¿Se lo contaste a Kero o a alguna otra persona? Debo saberlo por si acaso hay que eliminar a alguien.
-Haces muchas referencias sobre homicidios, creo que debería bajarme…
-Kinomoto.
-Tuve que contárselo a Shaoran porque se dio cuenta de que algo pasaba.
Le expliqué a Nakuru la mentira que les dije a Tomoyo y a Shaoran, y también que casi me descubrieron. Nakuru se rio.
-Vaya, vaya. Así que eres una comadreja escurridiza y mentirosa, Kinomoto. Bueno, espero no causarte muchos problemas con Daidouiji si se entera. Por ahora a esperar. –Yo asentí con la cabeza-. Y ahora bájate que me están esperando. Y a diferencia de ti, el resto de los mortales apreciamos la puntualidad.
Me bajé sin justificar mi mayor defecto y Nakuru se marchó sin decir nada más. Tenía que avisarles a mis padres que me había ido bien en el examen y cambiarme de ropa para ir a la casa de Tomoyo.
Hoy conocería a las hermanas de Shaoran.
(Tomoyo)
Terminé de ultimar los detalles con la gerente del hotel donde se realizaría nuestro baile de graduación y finalicé la llamada. Me sonreí a mí misma satisfecha por lo bien que estaba saliendo todo. ¡Ya sólo faltaban unas semanas!
Repasé mentalmente la lista de cosas pendientes. Llamar al hotel, listo; organizar la bienvenida para las hermana de Shaoran esta tarde, en proceso.
No necesitaba que alguno de los invitados me confirmara su asistencia. Por suerte Kero y Shaoran tenían total disponibilidad, y Meiling la tendría luego de presentar su SAT. Pero no así Eriol, que tuvo que viajar a Tokio para una cita en la Embajada de Inglaterra. Lo cual yo agradecí inmensamente
Luego de que mi madre y los tíos de Eriol organizaran una incómoda e innecesaria cena, no me quedó más remedio que asistir con buena cara. Y todo fluyó con total normalidad. Pero al final de la velada, mi madre se había dado cuenta de que había algo raro en el rompecabezas. Una pieza no encajaba. Y al final me preguntó si Eriol y yo habíamos terminado.
Yo preferí obviar las explicaciones dolorosas, y opté por decirle que: sí, terminamos, pero porque ambos tomamos caminos separados. Le expliqué que con el fin del año escolar decidimos que también era hora de que la relación acabara, sobre todo porque él se marcharía a Londres y yo a Tokio. Y ya no éramos una prioridad en la vida del otro.
Ella asintió con la cabeza y me dijo que esas cosas pasaban, pero se alegraba de que ambos tuviéramos la madurez suficiente para aceptar y entender una situación así. Y sobre todo, para seguir siendo amigos.
Amigos.
A estas alturas, no me sentía amiga de Eriol. Quizás si la situación hubiera sido diferente, como le dije a mi madre que sucedió, podríamos ser amigos. Quizás, incluso, si Eriol hubiera decidido terminar lo nuestro antes de iniciar algo con otra persona yo lo habría entendido. Me hubiera costado, pero al final hubiera entendido y apreciado su honestidad. Pero ese no era el caso. Y no me sentía con la disposición de mantener una amistad con una persona que había mancillado mi confianza de aquella forma.
Después de los meses que pasaron desde nuestra ruptura, que utilicé poner en orden mis sentimientos y hacer catarsis, me di cuenta de que en realidad no lo odiaba, pero tampoco podía perdonarle algo como eso. Al menos no al punto de retomar la relación, ni de actuar como si nada hubiera ocurrido. Finalmente, concluí que por el bien de todos –compartíamos el mismo grupo de amigos y asistíamos al mismo instituto y salón de clases-, era mejor si al menos hablaba con él para que supiera que no lo odiaba. Después de todo, y por más me costara no hacerlo, guardarle rencor sólo me haría mal. Así que intenté concentrarme en todo lo bueno que vivimos juntos, para que no fuera tan difícil.
Y Eriol pareció no entender que mi perdón se trataba sólo de una formalidad, hasta el día que me llevó a mi casa durante la tormenta. Estaba segura de que él pensaba que podíamos llegar a ser amigos otra vez, pero no era así. Yo no tenía problema alguno en dirigirle la palabra, pero ya nada sería igual. El lado positivo es que ya faltaba poco para que dejáramos de vernos del todo. Las clases terminarían en poco tiempo, Sakura y yo nos iríamos a estudiar a Tokio y Eriol a Inglaterra.
Ahora tenía que llamar a Sakura para dos cosas. La primera, preguntarle cómo le había ido en su examen recuperativo de matemáticas.
Anoche casi no había dormido pensando en el examen de Sakura, en todo el material que había tenido que estudiar, el cual a mí no me constaba que hubiera hecho, porque en ningún momento la vi alzar un libro, a pesar de todas las veces en las que le insistí para ayudarla a estudiar. Ella siempre me rechazó restándole importancia al asunto.
-Ya me está ayudando Shaoran y no es tan difícil.
Al principio tuve mis dudas y se lo hice saber. Pero veía a Sakura muy tranquila e incluso el mismo Shaoran me confirmó que Sakura ya tenía ese asunto resuelto, por lo que yo terminé por tranquilizarme. Después de todo, todos los años estaba al borde de un ataque de nervios en los días previos a su examen recuperativo.
Por suerte, el examen había sido en horas de la mañana y Sakura no se perdería la bienvenida para las hermanas de Shaoran.
Y la segunda razón era un poco más delicada. También era una pregunta, pero tenía que pensar muy bien cómo se la diría a Sakura para no alarmarla por si ella todavía no lo sabía. De hecho, todavía no estaba segura si decírselo sería lo más prudente.
Ayer en la tarde me quedé después del colegio en la oficina de Terada organizando las invitaciones y la lista de estudiantes que asistirían al baile y al viaje de graduación. Un pequeño grupo no lo haría por motivos de viajes familiares o por razones académicas. Así fue como me enteré, por ejemplo, de que Nakuru Akizuki no asistiría al viaje porque tenía una visita a la Universidad de Cornell.
Un pensamiento inquietante me invadió, por lo que me apresuré a revisar la lista de los estudiantes que aplicaron a universidades en el extranjero, y que habían sido aceptados. Y vi que Nakuru y Eriol no eran los únicos que se marchaban del país por motivos de estudio. También lo haría Shaoran. La decisión estaba tomada, no había dudas, ni segundas opciones, Shaoran se marcharía para estudiar en Hong Kong.
Yo tenía entendido que nada estaba hablado todavía, porque Shaoran insistía en que podría irse a Tokio con nosotros, pero algo dentro de mí me decía que lo hacía solo para tranquilizar a mi prima. Y no estaba equivocada.
Sabía que no era a mí a quien le correspondía decírselo, pero si Shaoran seguía ocultándole algo como eso a Sakura, terminaría por destrozarla.
Y si yo podía evitarlo, lo haría.
(Shaoran)
You know, it's nothing new
Bad news never had good timing
Then, circle of your friends
Will defend the silver lining
Tomoyo tuvo la gentileza de organizar una especie de reunión en su casa, para llevar a mis hermanas y que todos las conocieran, en horas de la tarde. Y cuando digo a organizar, me refería exactamente a eso: no sólo se ofreció a prestarnos su casa, sino que además arregló todo e incluso preparó algunos postres y otros platos más sencillos para picar.
Llegué a la casa de Tomoyo con Meiling y mis hermanas. Antes de entrar, le pedí a mi prima que no hiciera comentarios sobre el SAT o su partida a Hong Kong frente a mis hermanas, porque era probable que se les soltara la lengua y ellas hicieran algún comentario inapropiado.
Y con inapropiado me refería a mi posterior partida a China, luego de las vacaciones.
Siempre tuve claro que estudiaría en Hong Kong, quizás en Estados Unidos, como todos los miembros de mi familia. Pero por mi relación con Sakura, no estaba tan seguro de querer estudiar en otro país que no fuera Japón. No quería distanciarme de ella. Por eso había aplicado también a la universidad de Tokio, sabiendo que muy probablemente tendría que regresar a mi ciudad natal.
Sakura y yo habíamos hablado sobre el futuro y la universidad en varias ocasiones. Yo siempre le decía que pasara lo que pasara, no me separaría de ella. Siempre le dejé claro que lo más probable era que regresara a Hong Kong, pero nunca descarté la posibilidad de estudiar en Tokio. Al menos no frente a ella.
Pero lo cierto es que mi destino estaba decidido. Bien, eso suena un poco dramático. Lo que quiero decir es que la decisión ya estaba tomada. Por todo lo que me ofrecía la universidad, desde el pensum académico hasta las posteriores oportunidades y pasantías que podían desembocar en una oferta de trabajo, la Universidad de Hong Kong era la que cumplía con todas mis expectativas.
No tenía nada en contra de las empresas familiares. Pero también quería trabajar en otros lugares y ascender poco a poco, sin la presión de ser un Li.
Todavía no le había dicho a Sakura que luego de las vacaciones me iría a vivir a Hong Kong. Pero tendría que hacerlo pronto, aunque me doliera pensar en ello. Mientras más pronto se lo dijera, más tiempo tendríamos para prepararnos psicológicamente.
Aunque tampoco había que ser extremista. Ahora la tecnología te permitía mantenerte cerca de tus seres queridos aun cuando estuvieran a miles de kilómetros de distancia. Y yo viajaría en las vacaciones para verla, hasta podría invitarla a Hong Kong para que conociera mi ciudad natal.
Para mi sorpresa, mis hermanas supieron comportarse con Sakura. No me dejaron en ridículo ni la acosaron demasiado. Agradecí mentalmente al cielo.
Aproveché un momento en que todos estaban sentados en una mesa en el jardín para abordar a Sakura. Ella había ido a la cocina para buscar otra jarra con limonada.
-Tus hermanas son muy simpáticas, Shao. –Me dijo con una sonrisa mientras sacaba una jarra de la nevera-. Parece que en tu familia son todos muy extrovertidos.
-No, de hecho no. –Dije. Necesitaba pensar rápido. ¿Cuál sería la mejor forma de empezar la conversación?
-Lo digo por Meiling y tus hermanas. ¿Crees que deba llevar más guacamole? A Kero le encantó y no sé si…
-Sakura.
Ella dejó de hablar y alzó el rostro. Mi tono de voz había sido lo suficientemente serio y firme para captar su atención.
-Dime.
Sus ojos verdes me miraron con atención, curiosidad y un poco de preocupación.
Yo suspiré. Estuvimos mirándonos durante algunos segundos, en los que yo aproveché para memorizar todos los detalles de su rostro. Aparté la vista por un momento y volví a suspirar.
-¿Qué día regresas a Hong Kong?
Su pregunta me sorprendió y me volví a mirarla. Su expresión había cambiado. Ya no era curiosidad ni preocupación lo que había en sus ojos. Era resignación… y miedo.
-¿Cómo sabes que…?
-Porque parece que vas a decirme que alguien se murió. –Dijo ella. Dejó la jarra sobre la mesada-. Y nadie murió, ¿verdad? -Yo negué con la cabeza-. Entonces es lo de Hong Kong.
Yo asentí con a cabeza, incapaz de decir nada más por el momento. Sakura miró hacia abajo. Caminé hasta estar frente a ella y puse mis manos en su rostro.
-Regreso al final de las vacaciones, Saku. La universidad de allá es la que mejor se adapta a mis expectativas y a lo que quiero. –Expliqué-. Pero todavía faltan varios meses para eso. Y aun cuando me vaya, seguiremos siendo novios. –Hice una pausa-. Si tú también quieres, claro.
Ella me abrazó y enterró su rostro en mi cuello. Su aliente me hizo cosquillas.
-¡Claro que quiero! Pero… no quiero que te vayas lejos, te voy a extrañar muchísimo.
La abracé más fuerte a sentir sus brazos aferrarse a mi cintura.
-Yo también te voy a extrañar mucho. Pero eso no significa que dejaremos de hablar. Ahora existen las videollamadas y todas esas cosas. Y regresaré a visitarte cada vez que pueda. –Me separé ligeramente para hacer que me mirara-. ¿Piensas que vas a librarte de mi tan fácil? No, señorita.
Ella sonrió.
-¿Vendrás en serio?
-Sabes que lo haré. –Le di un beso-. Y sabes que puedes ir cuando quieras tú también. Estás cordialmente invitada a Hong Kong. Ni siquiera tienes que preocuparte por los gastos.
Ella frunció el ceño y yo sonreí ante su expresión.
-Shaoran, no creo que sea apropiado que…
-Que nada. Si quieres que nos veamos tienes que aceptar que sea yo quien…
-¡Eso no es justo! –Exclamó Sakura.
-Nadie dijo que la vida fuera justa, cariño. –Le di un beso en los labios.
-Si lo fuera, no tendrías que irte…
-¿Fuiste a buscar los limones a Florida? –La voz de Kero interrumpió nuestra conversación al entrar a la cocina-. Sakura, la gente está sedienta. Dame eso.
Caminó hacia nosotros y agarró la jarra de limonada que estaba sobre la mesa.
-Tus hermanas son muy agradables, Shaoran. Aunque tu hermana Fanren es un poco… competitiva. –Abrió los ojos de forma exagerada.
Sakura y yo reímos. Kero tenía razón. Estuvimos jugando Pictionary Man y Fanren dejó muy en claro varias cosas: lo importante que es para ella ganar, lo increíblemente rápida que es para dibujar y adivinar los dibujos, y lo poco que le gusta perder o equivocarse.
Los tres salimos al jardín. Casi anochecía, y la vista desde el patio de Tomoyo era hermosa.
-¡Por fin! Pensamos que nunca saldrían. –Dijo Meiling-. Ahora juguemos papelito, ¡y yo pido a Sakura en mi equipo!
-¡No! –Exclamaron Kero, Fanren y Fuutie al unísono.
Todos empezaron a refunfuñar sobre en qué equipo debía estar mi novia. Era la mejor haciendo imitaciones y adivinándolas, lo cual era primordial en la tercera ronda de Papelito.
Sonreí al ver el rostro compungido de Sakura, intentando complacer a todos y calmar los ánimos. No me preocupaba que Sakura no estuviera en mi equipo, de hecho, ya no me preocupaba nada. Porque me había quitado un peso de encima al hablar con ella.
Sabía que esa tranquilidad se iría agotando mientras más cerca estuviera la fecha de mi partida a Hong Kong, pero por ahora me dedicaría a disfrutar el tiempo juntos.
Este capítulo es un poco diferente al resto porque no es solo desde los puntos de vista de Shaoran y Sakura. Tomoyo y Nakuru entran en escena para que demos un paseo por su mente y entendamos algunas cosas.
Así que por eso es que Nakuru y Sakura se odiaban. Al parecer ambas han hecho cosas para perjudicar a la otra. Sé que Nakuru tiene muchos detractores, pero al menos ahora podemos conocer su versión de la historia, su forma de pensar y un poco más de su personalidad. Como les dije, Nakuru no es únicamente la antagonista o villana malévola que todos piensan.
Con respecto a Tomoyo y a Eriol… creo que ya ha quedado muy claro cuál es el desenlace. Después de todo, Eriol se comportó muy mal con ella. Y en la vida hay cosas que no tienen arreglo. Y espero que puedan entender que Tomoyo no es cruel al no perdonarlo, sino que más bien es una santa al seguir dirigiéndole la palabra. Si dejan de idealizar a Eriol (y su relación con Tomoyo), verán que ella es mucho más madura y entregada, y que él en varias ocasiones se comportó de mala manera con ella.
Les cuento que la historia está llegando a su fin. Faltan un par de capítulos más. Es posible que más adelante escriba una historia que tenga que ver con esta, años después o algo así. Pero tampoco es seguro, ya veremos. Lo que sí es seguro es que después del último capítulo habrá uno extra. Será contado desde la perspectiva de un personaje que hasta ahora no ha aparecido, pero que narrará desde el pasado (alrededor de dos o tres años antes del tiempo actual de la historia) y desde el presente.
Muchas gracias nuevamente a todos los que siguen leyendo la historia y dejándome sus comentarios.
Canción: The Heart of Life
Cantante: John Mayer
Álbum: Continuum
