ón
—Luthor nunca trama nada bueno —declara Nia el domingo por la tarde sentada junto a la ventana de la sala de estar—. Cuenta con que habrá problemas después de esta dichosa fiesta suya. ¿Me has escuchado?
—Mmm… —Estoy navegando en internet, tratando de enterarme de algo de su afterparty.
—Kara Danvers. ¿Hola? ¿Kara «Melapido»? ¿Puedo llamarte Kara «Melapido» a partir de ahora? —Chasquea los dedos para que aparte la atención del portátil. Uf, Nia me ha estado molestando con lo de «Me la pido» desde que se lo conté—. Guau. Hay un coche fuera. Un coche enorme. Fuera de nuestro humilde y pequeño apartamento. ¿Me recibes? Tierra a…
—¿Qué quieres decir con «un coche enorme»? —Me levanto de un salto del sofá y corro adonde se encuentra Nia sentada. Abro la otra cortina de gasa de la sala de estar y ahí está el enorme Rolls-Royce que me trajo a casa este fin de semana.
¿Qué puñetas…?
Cojo el teléfono y se me detiene el corazón cuando veo su nombre en mi bandeja de entrada.
Me gustaría reunirme contigo hoy. Mandaré un coche a que te espere en tu casa.
L
Dios mío.
¿Lena en persona me ha mandado un mensaje?
—Oye, ¿adónde vas? —grita Nia cuando me ve correr a mi habitación.
Estoy tan nerviosa que me he quedado en silencio y no puedo hablarle de ello. Me pongo unos vaqueros blancos que se ajustan a mi trasero, una camiseta corta, unas sandalias plateadas de tacón alto. Me rocío una nube de perfume y le grito:
—Te lo cuento luego. ¡No me esperes!
Me coloco un bolso de mano debajo del brazo y cojo el ascensor. Cuando salgo a la calle, veo que la gente está haciéndole fotos al coche.
El conductor me ve y enseguida abre la puerta. Me deslizo en su interior antes de que puedan sacarme una foto a mí también. El recuerdo de la última vez que estuve aquí me incomoda ligeramente. Pero hoy no llevo puesto nada que esté fuera de mi zona de confort. Llevo ropa moderna y sexy, pero no seductora. Más decidida que nunca, he venido a por información y ningunos ojos verdes van a distraerme.
—¿Adónde vamos? —pregunto al chófer.
—Al puerto DuSable —me contesta.
Conduce durante un rato, en todo ese tiempo, no logro imaginar qué quiere Luthor de mí. Todavía me siento incómoda por lo ocurrido la última vez que nos vimos, pero tampoco puedo dejar que mis sentimientos personales trunquen la historia que tengo entre manos.
El coche se desvía hacia el aparcamiento y se detiene cerca del yate más lujoso del puerto. Es bastante pequeño como para entrar en el muelle, pero tan grande como para diferenciarse de los demás. Su blanca y prístina superficie brilla al sol. Cerca de la proa hay una inscripción en letras azul marino en la que pone EL JUGUETE.
Antes de que pueda cerrar la boca, se abre la puerta del coche. Cuando me bajo, veo una mujer de cabello oscuro en la cubierta y me da un vuelco el corazón. Poco a poco, obligo a mis piernas a moverse, una parte de mí se pregunta si de verdad soy yo la que se dirige al yate, a la mujer que me espera arriba. Mi mundo se inclina un poco, siento como si alguien me hubiera extraviado y me hubiera puesto en el estante equivocado mientras subo a bordo.
—Señora Luthor.
Camina hacia delante con un bikini de infarto y una blusa larga desabrochada; tiene los abdominales tan suaves y marcados que podría trazar las hendiduras con un dedo. Sus piernas son muy musculosas pero moldeadas y el viento le agita el cabello de una forma divertida.
Cuando viste de traje, parece que fueron hechos a medida para ella, pero ahora mismo este estilo suyo tan informal, tan sexy, tan intimidante, aun así, tan imponente solo me recuerda el sueño y me hace desear no haberlo tenido. A la luz del sol es mucho más impresionante de lo que recordaba. Esta bronceada.
—Kara.
Me pongo roja como un tomate.
—Estoy esperando a unos amigos. Pensé que te gustaría venir.
—¿Por qué?
Da un paso adelante, casi invadiendo mi espacio personal. Quiero encogerme de lo poderosa que es, pero no lo hago.
—Tengo la sensación de que te fastidió la forma en que terminaron las cosas la última vez. —Me observa con una mirada cauta y sin perder detalle.
No quiero sentir el dolor y la confusión de aquella noche, pero el recuerdo emerge sin esfuerzo.
—¿Porque dijiste «me la pido» como si fuera un objeto y luego tuvieras el descaro de echarme?
Su expresión no se altera. Como tampoco lo hace mi ira.
—¿Querías que viniera solo para recordarme cuál es mi sitio? ¿O creías que iba a inclinarme a tus pies y rogarte que me perdones por molestarte?
—No, quería hacerte una pregunta. —Su habitual intensa mirada verde logra lo imposible y se intensifica todavía más—. ¿Qué hacías allí el viernes?
—Me invitó un amigo. Se acerca.
—La verdad —añade en tono de advertencia.
Un cálido rubor me sube por el cuello y ella se da cuenta. Baja la voz.
—Dime que me estabas buscando y luego déjame compensarte.
—Oh, ¿de verdad? ¿Cómo le compensa algo a alguien Lena Luthor? Algo me dice que un simple café no es tu estilo.
—¿Te gusta el café?
—Con dos azucarillos.
—Tomo nota. —Me escudriña mientras una sonrisa persuasiva se dibuja en sus labios—. Quédate y conoce a mis amigos esta noche.
Sonríe ligeramente, pero de una forma tan seductora que siento que me arde el estómago, como si me hubiera tragado una cucharada de miel caliente. No sé cómo es posible que sus ojos me resulten tan molestos y tan reconfortantes al mismo tiempo.
—¡Luthor! ¡Mi hembra! —Un grito llega desde algún lugar cercano.
Jack, Sam y un puñado de chicas suben al yate. Suspiro temblorosa y me alejo unos pasos de Lena mientras la saludan.
—Kara —dice, y me presenta a sus amigos.
