XXXI
Arsenius Blackwood no había tenido que esperar más de dos segundos cuando Harry y Hermione volvieron a aparecer desde el velo. En realidad, no debía pasar ni siquiera una centésima de segundo entre el viaje de ida y vuelta, pero había introducido un retraso de dos segundos para que ambos eventos no ocurrieran al mismo tiempo, lo que podría haber ocasionado una paradoja. Arsenius había estudiado el tiempo lo suficiente para temer las paradojas.
—¿Y bien? ¿Cómo les fue?
Harry y Hermione se miraron con una cara que lo decía todo. Arsenius sintió un retortijón de tripas. No podía creerlo. Ambos, o uno de ellos, había metido la pata en algo muy importante.
—Averiguamos la verdad sobre la fundación de Hogwarts —dijo Hermione, tragando saliva al ver a Arsenius descompuesto, porque sabía, al igual que Harry y ella, que habían cometido un error.
Nadie dijo algo por varios segundos. Arsenius se quedó mirando a Harry y Hermione como si estuviera tratando de decidir si reprenderlos o entender qué diablos había ocurrido en el pasado. Al cabo de un minuto de intensa reflexión, decidió que era mejor entender que juzgar.
—¿Qué fue lo que averiguaron, y en qué se equivocaron?
Tanto Harry como Hermione exhalaron en señal de alivio. Harry decidió que era mejor que Hermione se explayara sobre el asunto, porque ella sabía usar mejor las palabras que él.
—Tal vez quiera tomar asiento, señor Blackwood, porque no es una historia corta.
Arsenius Blackwood conjuró tres sillones y él, Harry y Hermione se sentaron en ellos. Hermione arqueó una ceja. Por un momento pensó que iba a llevarlos a su despacho privado para conversar con más calma y privacidad. Al parecer, al jefe de Inefables no parecía darle mucha importancia a ambas cosas.
—¿Qué fue lo que encontraron?
—Permítame responderle con una pregunta —comenzó Hermione, acomodándose en su sillón—. ¿Quién fundó Hogwarts?
—Eso todos lo saben. Rowena Ravenclaw.
—Correcto —dijo Hermione, pero aquella era solamente un calentamiento. Lo interesante venía a continuación.
—¿Y sabe de dónde obtuvo la idea para crear el colegio?
—Hasta donde yo sé, ella no necesitó ayuda.
Hermione negó con la cabeza.
—Es lo que dicen los libros de historia, pero la verdad es más sorprendente. —Hermione no pudo evitar hacer una pequeña mueca de desagrado al recordar lo que había visto y escuchado en la casucha de Rowena Ravenclaw—. La idea general de Hogwarts provino de su mente, pero la organización de las casas, la misma existencia de éstas, se la debemos a Salazar Slytherin. O sea, Hogwarts como lo conocemos hoy, no fue idea de Rowena.
—Pero ella no habría consentido que le cambiaran el concepto.
—No, no lo habría hecho, pero por desgracia, Salazar tomó medidas para que eso no ocurriera. Le arrojó un hechizo de memoria para borrarle la idea de la cabeza e implantó las suyas.
Arsenius se quedó mirando a Hermione como si hubiera algo malo con su cara. Por mucho que quisiera mover sus brazos, no podía. Había muchas cosas que esperaba descubrir con ese experimento, pero lo que acababa de escuchar no era una de ellas. Le costaba trabajo creer que, para fundar el colegio, tuviera que suprimirse la voz de una mujer. Si eso se supiera, en el contexto actual, causaría una revolución literalmente de la noche a la mañana. El movimiento feminista tomaría esos hechos como la proclama de su causa.
—¿Me estás diciendo —dijo Arsenius con cortés desconcierto— que Hogwarts es lo que es por… machismo?
—Y eso no es todo —continuó Hermione, volviéndose a acomodar en su sillón—. Rowena no quería que los alumnos estuvieran divididos en casas, que todos iban a recibir la misma educación y que la convivencia iba a llevarse a cabo sin discriminación. Pero bueno, ya sabemos cómo es Salazar Slytherin. Ah, y Godric Gryffindor fue un cómplice en el afán de Salazar por decidir cómo iba a estar organizado el colegio.
—Por Merlín —dijo Arsenius en voz baja, como si no quisiera ser escuchado—. Esto es… más de lo que había anticipado. Pero hice un juramento, seguramente ustedes lo saben también. Vamos a aceptar lo que sea que encontremos. Señorita Granger, asumo que documentó todo esto, ¿verdad?
—Por supuesto.
—Entonces entregue sus manuscritos a nuestro redactor para que comience a reescribir la historia. Descansen por un par de horas, y luego, llevaremos a cabo la segunda fase del experimento. Señor Potter, quiero que me entregue un informe de todo lo que ocurrió en el pasado, incluyendo todas las cosas que posiblemente pudieron haber alterado el flujo temporal.
Harry asintió con la cabeza, mostrando una sonrisa cansina. El informe iba a ser bastante corto, porque no pasaron muchas cosas relevantes en su primera excursión al pasado. Retirándose a su cubículo, tomó tinta, pergamino y pluma, y comenzó con su informe. La única cosa que le parecía un tanto injusta era el poco tiempo para descansar. Había trasnochado para llegar al anfiteatro en el pasado. Lo que necesitaba era un encantamiento estimulante, pero nunca fue muy bueno para ello cuando asistió a Hogwarts.
Por otro lado, Hermione estaba agradecida de no tener una tarea adicional que hacer antes de tomar un descanso. Como Harry, creía que hacían falta más de dos horas para reponerse y continuar con el experimento. Afortunadamente, ella sabía cómo ejecutar un encantamiento estimulante. Iba a necesitarlo para lo que se venía. Además, estaba toda la preparación preliminar, porque iba a ir a un tiempo distinto, donde había otras costumbres, otras formas de vestir y otras consideraciones a tomar en cuenta. No quería repetir lo que había ocurrido en su viaje al tiempo de la fundación de Hogwarts. No le sorprendería si viese dragones volando sobre Londres, aterrorizando a medio mundo, sin ser conscientes de que ellos eran inteligentes y sabios.
Decidiendo que era momento de pegar una pestañada, Hermione conjuró un saco de dormir, y lo puso a una distancia prudente del velo. Tenía la impresión que éste pudiera hacerle algo mientras dormía.
Hermione despertó con una sacudida. Cuando miró hacia arriba, vio que Harry la había movido un poco.
—Es hora —dijo, poniéndose de pie.
—De acuerdo. —Hermione se sentó sobre su saco de dormir, extendiendo los brazos y bostezando a sus anchas. Luego, se puso de pie y se masajeó los ojos. Harry tenía una ceja arqueada.
—No creí que estuvieras tan cómoda durmiendo en un saco de dormir.
—No sé de qué hablas —dijo Hermione, tomando pergaminos vacíos, tinta y plumas para el siguiente viaje—. Sabes que he salido de campamento con mis padres. ¿Siquiera recuerdas esa ocasión en la que tuvimos que vivir en una carpa en el Torneo de los Tres Magos?
Harry se quedó en silencio por unos cuantos segundos, como si estuviera tratando de recordar. Hermione estaba comenzando a fruncir el ceño cuando Harry respondió.
—Ah, sí, es que estaba pensando en otra cosa.
Sin embargo, Hermione se quedó mirándolo por un rato antes de decidir que la tarea a mano era más importante que verificar la memoria de Harry. Haciéndole una seña con la cabeza, guardó todo, más los Galeones sobrantes de la primera excursión, en la bolsa de cuentas que ya era un ícono entre los artículos mágicos de Hermione.
—De acuerdo —dijo Arsenius Blackwood desde la parte alta del anfiteatro, bajando las escaleras de uno en uno a paso lento, dando un toque un tanto dramático a la escena mientras se acercaba al velo—. El año al que deben ir ahora es el 498, y lo que deben averiguar es si en ese momento de la historia nació la magia como la conocemos hoy. Esta vez, no tendrán que viajar tanto. Deben llegar a lo que hoy se conoce como Glastonbury, el lugar donde se cree que estaba la isla de Avalon.
—Espera un momento —dijo Harry haciendo un gesto de pausa con ambas manos—. ¿Avalon? ¿No es allí donde fue enterrado el rey Arturo?
—Es lo que dicen los mitos —dijo Arsenius, llegando al velo y sobresaltando un poco a Harry—. Pero tengo la sospecha que Avalon no es el lugar que todos creen que es. Todo este asunto con Merlín, el rey Arturo y Morgana le Fay… creo que hay algo más en todo esto. Quiero ver si hay algo más allá del mito que todos sabemos, si Merlín fue el padre de la magia como la conocemos hoy, o si el mito no es más que eso.
—¿Quiere que investiguemos el tema más controversial de la historia de la magia, así sin más? —quiso saber Hermione con la cara de alguien a quien le acaban de decir que se había ganado la lotería.
—Pues, sí.
Hermione apenas podía contener la emoción. Pese a que ya sabía, a grandes rasgos, cuales iban a ser los parámetros del segundo experimento, verlo confirmado en las mismas palabras del jefe de Inefables del Departamento de Misterios hacía que su cuerpo se estremeciera por completo. Nunca pensó que descifrar un papel que había botado a la basura le podía conducir a algo tan trascendental. Sin embargo, lo que le causaba extrañeza era que Harry no compartiera el mismo entusiasmo, casi como si no tuviera intención alguna de ir en esa excursión.
—¿Te pasa algo, Harry?
Él no respondió por un buen rato. Se quedaba mirando el velo, como si esperara que algo o alguien apareciera desde sus inciertas profundidades. Luego, Hermione se dio cuenta que se había equivocado. No era desinterés por el experimento. Se trataba de algo más trágico, algo que había ocurrido durante el quinto año.
—¿Se trata de Sirius, Harry?
Harry asintió con la cabeza, sin decir palabra. Era obvio que seguía un poco afectado por su muerte, pero Hermione lo miró con más detenimiento, y vio que no era exactamente tristeza lo que estaba sintiendo. Era más como si estuviera pensando. Sintiendo y pensando al mismo tiempo.
—Soy un tonto —dijo Harry al cabo de dos minutos, encarando a Hermione—. No sé cómo no se me ocurrió antes.
—¿De qué hablas?
—No ahora, no con el señor Blackwood presente —dijo Harry al oído de Hermione, y ella no hizo más preguntas, aunque seguía sin entender a lo que se estaba refiriendo Harry con el velo. En todo caso, no había tiempo que perder. Ambos encararon el velo, y, respirando hondo, se fueron acercando cada vez más, al tiempo que Arsenius ajustaba la fecha de destino con su varita.
—¿Listo?
—Listo —confirmó Harry.
Y ambos entraron en el velo por segunda y última vez, sin saber que había un funcionario leyendo el Profeta. En la primera plana se podía ver la imagen de un dragón arrojando fuego sobre unas casas.
