Smells Like Teen Spirit
Capítulo XXII:
"Good Girls"
She's a good girl
She's Daddy's favourite
He's saved for Harvard
He know she'll make it
She's good at school
She's never truant
She can speak French
I think she's fluent
'Cause every night she studies hard in her room
At least that's what her parents assume
But she sneaks out the window to meet with her boyfriend
Here's what she told me the time that I caught 'em
(Sakura)
Respiré profundo y cerré los ojos. Estaba dejando que la frustración pudiera conmigo, y eso era peligroso. Abrí los ojos y decidí concentrarme en mis alrededores.
El sótano de Yamazaki era bastante amplio y acogedor. Tenía solo dos pequeñas ventanas que dejaban entrar poca luz, pero estaba bien equipado con lámparas de piso. El revestimiento de las paredes era de madera, dándole un toque aun más hogareño. El sofá y los sillones estaban acomodados alrededor del televisor. Nosotros estábamos sentados alrededor de la mesa de póker, frente a la pizarra blanca que ya conocíamos muy bien.
Era la reunión anual de los Supercanallas, como nos había bautizado Yamazaki, y estábamos planeando nuestra broma de graduación. Una, que si salía según lo planeado, quedaría registrada en la historia del Instituto Seijo como la más grande de todos los tiempos.
Naoko se quitó las gafas y se acarició el puente de la nariz. Hizo a un lado la calculadora y la libreta que tenía en la mano. Volvió a colocarse las gafas y antes de hablar, miró la pizarra un par de veces.
-Es inútil. –Señaló la libreta-. Por más que trato de sacar un poco de aquí y de allá, y de aumentar el presupuesto de cada uno, no se puede.
-Pero, ¿estás segura de que no hay otra forma? –Pregunté-. ¿Ninguna, por más improbable que sea?
-Me temo que no nos alcanza el dinero, Sakura. –Me miró con resignación-. La única forma sería contar con el apoyo económico de un tercero. En ese caso, el dinero sería suficiente y hasta sobraría un poco. Pero sé que no es posible.
Asentí con la cabeza y me llevé las manos al rostro. No me gustaba conformarme, ni dar tres pasos cuando podría dar ocho. Me gustaba ir más allá, apostar a lo grande. Miré a Kero, que estaba sentado al otro lado de la mesa. Él se encogió de hombros.
-Ni modo –dijo Hiro-, hay que trabajar con lo que se tiene.
-Claro que se puede.
Yamazaki no había perdido la emoción ni la esperanza. Estaba siendo demasiado insistente y comenzaba a cansarme.
-¿Todavía no lo entiendes? –Traté de no sonar tan enfurecida, pero Yamazaki en verdad me estaba colmando a paciencia-. No. Se. Puede. No tenemos presupuesto, Takashi. Me duele decirlo pero habrá que conformarse con dos tipos nada más.
Yamazaki abrió la boca para, probablemente, tratar de hacerme cambiar de opinión.
-Sakura tiene razón. –Kero habló primero que él-. No hay suficiente dinero. Como dijo Naoko habría que involucrar a otra persona, pero no podemos arriesgarnos. Y nadie de confianza querrá hacerlo. ¡Ni siquiera Kano quiso arriesgarse sin saber de qué se trataba!
Hiro asintió con la cabeza. Yo suspiré. Naoko cerró la libreta que tenía en la mano y dejó caer su frente sobre el escritorio.
-Claro que sí. Ya les dije que solo tenemos que decirle a otra persona. –Insistió Yamazaki-. ¿Por qué creen que no he dado mi brazo a torcer?
Kero alzó una ceja y lo miró suspicaz.
-Espera. –Se puso de pie-. ¿Esa persona de la que hablas es alguien específico? –Yamazaki asintió con la cabeza-. ¿Y quién, en su sano juicio, estaría de acuerdo con esto cuando todas las personas de nuestra confianza no quisieron porque no quisimos contarles?
Naoko levantó la cabeza de la mesa.
-Es verdad. Tiene que ser alguien de confianza. No podemos compartir esto con cualquiera, por más que nos ofrezca su dinero. –Naoko abrió los ojos con preocupación y se apresuró a hablar-. A no ser que ya lo hayas hecho…
Yo alcé la vista.
-¡¿Le dijiste a alguien sin consultarnos?!
Yamazaki esbozó una de sus agradables sonrisas y caminó hasta la pizarra móvil que había frente a él.
-Estos somos nosotros –Señaló las cinco fotografías recortadas de un viejo anuario- y esta es nuestra oportunidad de hacer historia en el Instituto Seijo. –Sus ojos brillaron con ese brillo maligno que ya conocía bien-. Estamos a un par de pasos de lograr la broma de graduación más increíble en la historia de Tomoeda, ¿piensan que voy a confiar información confidencial a cualquiera?
Nadie dijo nada.
-¡Por supuesto que no! –Nos miró a cada uno antes de continuar-. Sí, le dije a alguien que estábamos planeando algo y esa persona se ofreció a participar. Yo le expliqué que primero necesitaba consultarlo con el equipo antes de decirle de qué se trataba, y que de estar todos de acuerdo. También le aclaré que tendría que aportar económicamente al plan. Estuvo de acuerdo.
-Bien, ¿de quién estamos hablando?
Yamazaki volvió a sonreír y metió su mano en el bolsillo de su pantalón. Sacó un papel que desdobló y puso sobre la mesa. También era una foto recortada del anuario. Una vorágine de sentimientos encontrados me invadió al ver de quién se trataba.
-¿Nakuru? –Preguntó Hiro-. ¿Nakuru Akizuki?
Yamazaki asintió con la cabeza.
-Oh. –Naoko fue la primera en manifestar su reacción-. No la conozco lo suficiente como para saber si se puede confiar en ella. –Alzó las manos-. Me abstengo de votar.
-¿Es en serio? –Preguntó Hiro-. ¿Cómo se supone que vamos a confiar en ella? ¿Y nos va a dar dinero? ¡Sí, claro!
Kero se mantuvo callado hasta ese momento.
-Hago constar que Nakuru es una persona pudiente. Su familia tiene mucho dinero, así que no creo que eso sea problema para ella. –Explicó con calma-. Y también pienso que si se moja con nosotros, no dirá nada. Pero no creo que Sakura esté de acuerdo.
-¡Exacto! –Exclamó Hiro, que se había alterado con solo ver la foto de Nakuru-. ¡No se llevan bien! ¿Y si solo quiere perjudicar a Sakura? ¿Y si está tratando de entrar al plan para luego acusarnos?
Pronto se inició una discusión entre todos los presentes sobre si debíamos o no incluir a Nakuru en el plan. Yamazaki decía que Nakuru no solo tenía dinero, sino que además poseía una mente brillante y retorcida y seguro le aportaría ideas al plan. Naoko explicó que no debíamos seguir cambiando el plan, porque la logística estaba casi armada, pero si Kero y Yamazaki confiaban en Nakuru, también ella lo haría. Hiro insistía en sus malas intenciones. Kero explicó que Nakuru no nos acusaría porque no era ese tipo de persona.
Me puse de pie y tomé la fotografía de Nakuru. Con calma, recorté un pedazo de cinta adhesiva y caminé hasta la pizarra. Pegué la fotografía de Nakuru junto a las demás y con el rotulador verde, agregué el dinero al presupuesto anotado.
Mis amigos, que se habían callado cuando me puse de pie, me miraron sorprendidos.
-Podemos confiar en Nakuru Akizuki. –Dije con seriedad-. No dirá nada.
Hiro me miraba con los ojos muy abiertos. Naoko se había quedado muda de repente. Kero fruncía el ceño sin entender. Incluso Yamazaki, que parecía alegrarse por mi decisión, me miraba con algo de suspicacia.
-Vaya, no pensé que fueras a aceptar de buenas a primeras. –Dijo.
-Sakura. –Hiro se me acecó-. ¿Qué haces? ¿Cómo que Nakuru es de confiar?
No podía decirles que nos habíamos intercambiado en el examen, porque Nakuru había insistido en que solo lo supiéramos nosotras dos, Shaoran y Kari Tomino al menos hasta que nos dieran los resultados. Sin dar ninguna explicación, asentí con la cabeza.
-¿Estás segura? –Preguntó Kero.
A pesar de que ya no nos odiábamos, Nakuru y yo no éramos amigas. No me caía bien mágicamente, ni tenía ganas de pasar tiempo con ella. Pero sí debía admitir que después de que me propusiera intercambiarnos en los exámenes, se había ganado mi respeto. Solo las personas más inteligentes saben sacar la bandera blanca. Por supuesto que tenía claro que aquello no había sido para ayudarme, sino porque ella necesitaba aprobar. Pero luego de que me dejó en mi casa el día del examen, me puse a pensar. Y llegué a la conclusión de que Nakuru hubiera podido pedirle a otra persona que hiciera el examen por ella. Pero no lo hizo.
Tomó una decisión fría bajo presión. Y hasta ahora, solo lo había compartido con una persona. No había traicionado mi confianza, sino todo lo contrario. Y necesitábamos a alguien así. Una persona que fuera lo suficientemente inteligente como para saber qué hacer si las cosas salían mal, que pudiera pensar fríamente en situaciones de presión, pero que al mismo tiempo estuviera lo suficiente desquiciada como para aceptar hacer algo así y encima pagar por ello.
-Estoy cien por ciento segura. –Dije-. Nakuru Akizuki se une a los Supercanallas a partir de hoy.
Todos me miraron sin decir nada durante algunos segundos. Yamazaki esbozó una sonrisa grande y me abrazó. Naoko se puso de pie, tomó su libreta y copió algunas cosas en la pizarra.
-Entonces debemos ponernos manos a la obra. ¿Alguien tiene el teléfono de Nakuru? Debemos contactarla para que venga lo antes posible. Luego de explicarle el plan podremos comenzar con los preparativos.
Kero sacó su celular y lo desbloqueó. Se lo ofreció a Naoko y ella pareció estar buscando el contacto de Nakuru. De repente, su expresión cambió y su rostro se puso del color de un tomate.
-Q-quizás deberías cambiar la i-imagen…
Extendió su mano para devolverle el celular a Kero, pero Yamazaki frunció el ceño y lo agarró primero. Al verlo, soltó una carcajada. Movida por la curiosidad, me acerqué a él y me llevé una sorpresa.
-¡Vaya! –Exclamó, entre sorprendido y divertido-. ¡Qué buena foto!
Mi mejor amigo tardó un par de segundos en entender el comentario. Cuando lo hizo, su rostro se puso rojo e intentó quitarle el celular a Yamazaki, pero Takashi era el más alto del grupo, así que no pudo.
-¡Mierda, olvidé cambiarla! –Exclamó, forcejeando-. ¡Devuélvemelo!
-Shhh, está marcando. –Takashi sonrió al mirar otra vez la pantalla del móvil-. Eres un hombre con suerte, Kerberos. Casi tanto como Hiroshi Clow...
Yo me reí y Naoko frunció el ceño. Me miró.
-¿Hiroshi Clow?
-El amigo/novio/amante/no sabemos que es de la mamá de Tomoyo. -Expliqué-. Sabes que Yamazaki la ama...
Ella asintió con la cabeza.
Kero volvió a quejarse e intentó quitarle el teléfono a Yamazaki. Le había asignado a Nakuru una imagen de contacto muy comprometedora. Era una selfie de ella misma en sujetador, con una sonrisa y guiñando un ojo. No tenía idea de cómo, porque Nakuru odiaba el ejercicio, pero de verdad tenía un cuerpazo.
-¡Nakuru, hola! –El saludo de Takashi hizo que Kero se detuviera.
-¿En serio, Kero? –Dije en voz baja-. ¿Le tienes esa foto de contacto?
-Es que hace mucho que no la llamo. –Dijo un poco avergonzado-. Se me había olvidado que le puse esa foto.
Yo recordé que mi amigo estaba enamorado de Nakuru como un perrito de su dueño.
-Sí, es en la calle Mizuki. –Yamazaki le explicó la dirección a Nakuru a través del teléfono-. Exacto, tienes que girar donde están los pechos azules, quiero decir, ¡techos!
Nos guiñó un ojo a todos. Hiro y yo nos reímos. Naoko negó con la cabeza y Kero se enfurruñó aun más. La llamada duró unos segundos más y Yamazaki colgó. Le devolvió el móvil a mi mejor amigo, que lo guardó en su bolsillo con recelo.
-La señorita Victoria's Secret llegará en diez minutos –dijo sonriendo-, ¿alguien quiere un bocadillo?
Todos asentimos y comenzamos a subir las escaleras.
-Kero, ¿no vienes? –Preguntó Naoko.
-Déjalo, seguro va a recordar viejos tiempos con su móvil. –Dijo Yamazaki moviendo la muñeca de arriba abajo-. Solo trata de no manchar nada.
Hiro soltó una carcajada y Kero soltó varios improperios. Yo solo me reí sin decir nada.
(Shaoran)
She said to me,
"Forget what you thought
'Cause good girls are bad girls that haven't been caught.
So just turn around and forget what you saw
'Cause good girls are bad girls that haven't been caught."
She's a good girl
A straight A student
She's really into
All that self-improvement
I swear she lives in that library
But if you ask her she'll say,
"That's where you'll find me!"
Luego de clases, dejé a Sakura en casa de Yamazaki y me dispuse a regresar a mi casa para buscar a mi prima Meiling y llevarla al aeropuerto.
Sakura estaba tramando algo con Kero, Naoko, Yamazaki y Hiro Matamiya, pero era tan secreto e importante, que yo no podía saber. Me sentí algo excluido hasta que Eriol me explicó que no era nada personal. Los Supercanallas, como los había bautizado el propio Yamazaki, eran siempre los mismos. No solían invitar a otros a no ser que fuera estrictamente necesario.
-Alguna vez habrán contado con la ayuda de Kano. –Me contó-. Chiharu es muy paranoica y prefiere mantenerse al margen para no entorpecer los planes de Yamazaki. Rika jamás haría nada que pudiera enfadar al profesor Terada, lo idolatra. Tomoyo es muy buena chica y yo pues –se ajustó las gafas y me sonrió-, prefiero que me sorprendan.
A mí lo que me había sorprendido era que Naoko Yanagisawa formara parte del grupo. No había tenido la oportunidad de compartir con ella tanto como con otras amigas de Sakura, como Tomoyo o Rika Sasaki, con la que sí había fraternizado mucho porque estaba en mi clase y en las prácticas de fútbol. Y aunque Chiharu estaba en la otra clase con Naoko, había compartido un poco más con ella por ser la novia de Yamazaki.
Por lo poco que la conocía y por lo que me había contado Sakura, me parecía una chica muy tierna, reservada y de buenas intenciones. Participaba en las actividades del grupo de literatura, escribiendo cuentos y poesías, y también ayudaba a la profesora de teatro con los guiones de las obras. No podía imaginármela tramando un plan macabro o alguna travesura con los locos de Yamazaki, Sakura y Kero.
-Naoko es muy inteligente. –Me explicó Eriol cuando le pregunté-. Es una persona muy organizada y prudente. Los demás le llevan las ideas y ella trabaja en la logística. –Sonreí al imaginármelo-. No siempre participa en la ejecución, pero es pieza clave con respecto a locaciones, horarios, movimientos y decisiones. Si Naoko dice que las probabilidades de que algo salga mal son altas, los demás no suelen arriesgarse.
Sonreí ante la explicación. Así que la chica buena no era tan buena después de todo.
Parecía que los Supercanallas no eran ningunos novatos. Eran un grupo de pillos consumados. Eriol me contó algunas de las bromas que habían hecho en años anteriores, como ponerle jabón a la fuente que adornaba la parte administrativa del colegio; forrar todos los utensilios, sillas y recipientes del salón de cocina de papel de aluminio; intervenir el sistema de altoparlantes para reproducir Horny 98 de Mousse T a volumen alto; cubrir de escarcha los instrumentos del salón de música, algo que a Tomoyo no le gustó porque tuvo que participar en la limpieza de los mismos.
Cuatro años de bromas que llegaban a su fin. Por eso querían cerrar su legado en Seijo con broche de oro. No tenía idea de qué estaban tramando, pero todo apuntaba a que este viernes, último día del año escolar, sería un día histórico.
Aparqué afuera del edificio y subí para cambiarme de ropa y ayudar a mi prima con sus maletas. Se despidió de mis hermanas con muchos besos y abrazos, como si no fuera a verlas en un par de semanas, y bajamos.
En el camino, le pregunté si tenía todo: pasaporte, dinero, móvil. Ella asintió con la cabeza mientras se reía.
-Deja los nervios, Xiao Lang. No es la primera vez que viajo sola.
Mis tíos le habían pedido –casi ordenado- que regresara a Hong Kong porque ya tenía mucho tiempo fuera. Querían que alistara todas sus cosas de la universidad y pasara con ellos el mayor tiempo posible.
-Es una pena que vaya a perderme tu graduación, Xiao. –Me dijo cabizbaja-. ¡Pero en unos meses regresarás a Hong Kooooong!
Arrugué el ceño ante su grito emocionado. En el semáforo, aproveché para ajustarme los botones de la camisa y arreglarme un poco el pelo. Meiling parecía muy divertida desde su asiento. Traté de ignorarla. Golpeé el volante del coche con los dedos.
-Pareces muy ansioso. –Dijo-. ¿Tendrá que ver con la llegada de tía Ieran y tío Liang?
Me tensé al escuchar los nombres. Fingí una risa mientras el semáforo cambiaba a verde y yo avanzaba.
-Claro que no. –Mentí.
No veía a mis padres desde hacía muchísimo tiempo. Casi un año. Apenas dos días atrás me anunciaron que viajarían a Tomoeda el mismo día que Meiling se marchaba. Tenían reservación en el mejor hotel de Tomoeda hasta el día después de la graduación, donde regresarían con mis hermanas a Hong Kong. Yo me quedaría en Tomoeda hasta el final de las vacaciones.
Estaba ansioso por la graduación, por tener a mis hermanas en casa, por el examen de Sakura, porque Meiling se regresaba a Hong Kong y por separarme de mi novia en unos meses. Y no podía negar que también lo estaba por lo que mis padres pensaran de mi vida en Tomoeda.
Mi apartamento, mi colegio, mi novia…
Aparté los pensamientos de mi cabeza en cuanto entramos al estacionamiento del aeropuerto.
Me despedí de Meiling, que con lágrimas en los ojos me dijo que me amaba y me iba a extrañar mucho.
-¡Nos vemos en unos meses, primito!
Yo la estreché en un largo abrazo y le di un beso en la mejilla. Sí que iba a extrañar a esa loca gritona.
Como estaba en Departures, bajé las escaleras hasta ubicarme en Arrivals. El vuelo de Tokio con origen en Hong Kong había llegado. En cualquier momento vería a Ieran y a Liang. Tendría que responder a todas sus preguntas y complacer todas sus peticiones. Esperaba que no fueran muchas.
Quince minutos más tarde, mis padres salieron por la puerta corrediza y me acerqué para saludarlos. Mi padre sonrió de oreja a oreja y me dio un abrazo.
-¡Xiao Lang! –Exclamó al verme-. ¡Has crecido!
Me separé de él y me dirigí a mi madre. Ieran no era muy amiga de los abrazos, así que cuando los daba, debías aprovecharlos al máximo.
La estreché contra mí con poca delicadeza. Ella se tensó entre mis brazos, pero no me soltó. Debía admitir que los había extrañado un poco. Le di un beso en la mejilla y me separé.
-¿Qué tal el vuelo?
-Muchos bebés lloriqueando. –Se quejó mi padre-. Incluso en primera clase se escuchaban. ¿Y mis hijas, dónde están?
Tomé la maleta de mi madre y caminamos hacia el estacionamiento.
-No vinieron. No había suficiente espacio en el coche. Pero están muy emocionadas porque estemos todos juntos otra vez.
Cuando llegamos a mi auto, mi padre esbozó una sonrisa.
-¡Vaya! –Exclamó mientras subía las maletas-. Hace mucho tiempo que no veía uno de estos. No hay muchos en Hong Kong. Y los que hay son modelos más nuevos.
No dije nada. Mi padre y yo caminamos hasta la puerta del copiloto. Yo me adelanté y se la abrí a mi madre. Ella se subió y cada uno todo su lugar, yo tras el volante y mi padre en el asiento trasero.
-¿Y tu novia? –Preguntó mi padre, sorprendiéndome-. Veo que tampoco vino. ¿Qué te parece si la invitas a comer con nosotros, así podemos conocerla.
-Sakura no pudo venir. –Dije. Tampoco la hubiera traído, no quería lanzarla a los leones de buenas a primeras-. Está ocupada.
-¿Un domingo? –Preguntó mi padre-. ¿Qué tiene que hacer un domingo?
-Liang. –Mi madre, que prácticamente no había dicho palabra alguna, decidió intervenir-. Estoy segura de que la novia de Xiao Lang tenía algo mucho más importante que hacer. Es probable que compromisos familiares.
Mi padre asintió con la cabeza y calló. Nadie dijo nada más hasta que llegamos al hotel y mis padres hicieron el check-in. Pero estaba seguro que ese silencio no ocuparía ni un minuto del almuerzo.
Esperaba que Sakura se estuviera divirtiendo más que yo.
(Kero)
But if you look then you won't find her there
She may be clever but she just acts too square
'Cause in the back of the room where nobody looks
She'll be with her boyfriend
She's not reading books!
She said to me,
"Forget what you thought
'Cause good girls are bad girls that haven't been caught.
So just turn around and forget what you saw
'Cause good girls are bad girls that haven't been caught."
La sonrisa de Nakuru fue surcando su rostro despacio. Se tomó su tiempo para mirarnos uno por uno, sin dejar de sonreír. Ninguno supo exactamente que esperar de su siguiente reacción. Porque no sabíamos qué significaba.
Antes de que Nakuru llegara, nos dirigimos a la cocina de la casa de Yamazaki para preparar una merienda. Mientras lavaba el cuchillo que había usado para el queso crema, miré a través de la ventana. Sakura cortaba unos tomates del huerto de la madre de Yamazaki, en el que él solía trabajar para ayudarla.
-¿Quieren comer aquí o prefieren en el sótano?
-Aquí es mejor. –Decidió Naoko-. No quiero que la comida ensucie nuestros planes ni área de trabajo.
El timbre sonó. Yamazaki se limpió con una servilleta y me miró.
-Ábrele a Nakuru mientras yo preparo su bocadillo.
Sabía que no tenía caso quejarme, así que me dirigí a la puerta de entrada. Antes de abrir, utilicé la mirilla de la puerta para comprobar que, efectivamente, se trataba de Nakuru.
Mi corazón comenzó a latir más fuerte cuando abrí la puerta e hicimos contacto visual. Nakuru tenía puesta una falda blanca con pliegues y un jersey azul cuello en V. Llevaba zapatillas deportivas blancas con medias cortas y el pelo recogido en una trenza. Sus zapatillas y tobillos estaban manchados de arcilla.
-Hola. –Me saludó con la mano.
-¿Estabas jugando tenis con tu papá? –Pregunté lo obvio.
Ella asintió con la cabeza y señaló la acera.
-Sí, y como le gané me dejó su auto.
Miré el Jaguar gris brillante que estaba aparcado frente a la casa de Yamazaki. Sonreí como un tonto.
-¿No me invitas a pasar? –Nakuru dibujó una sonrisa divertida y yo me sentí un completo idiota.
-Claro, pasa por favor. Están todos en la cocina. –Cerré la puerta detrás de nosotros y la guie hacia la cocina-. Estamos comiendo un refrigerio.
Entramos y Yamazaki se alegró de verla.
-¡Pero si es la señorita VS!
Yo abrí los ojos con sorpresa y le hice señas para que no dijera nada imprudente, entendiendo que VS eran las siglas de Victoria's Secret. Lo que Yamazaki no sabía es que Nakuru no usaba VS, sino La Senza.
Nakuru alzó una ceja mientras sonreía. Por suerte, no hizo preguntas. Caminó hacia Yamazaki y le estrechó la mano. Naoko y Hiro la saludaron desde sus lugares.
-Qué bueno que llegas, justo estábamos por comer para luego continuar con el plan.
-Estoy ansiosa por saber de qué se trata. –Dijo ella aceptando el bocadillo que Yamazaki acababa de ofrecerle-. Tanto misterio lo hace prometedor.
La puerta del jardín se abrió, dejando pasar a Sakura con tres tomates muy rojos.
-¡Tomates frescos! –Exclamó con una sonrisa.
-Así que el correcaminos de Seijo se convirtió en Bugs Bunny.
El comentario de Nakuru tenía un deje de sorna que me extrañó mucho, porque no era la típica burla ofensiva que solía usar con Sakura.
Sakura la miró mientras le daba los tomates a Yamazaki para que los lavara.
-No sabía que la bruja había llegado ya. ¿Necesitas que busque el insecticida afuera, Takashi?
Fruncí el ceño. Aquí había gato encerrado. En otro momento, Sakura jamás habría reaccionado así a la presencia de Nakuru. Ambas se hubieran ignorado, pero era como si algo entre ellas hubiera pasado. Algo lo suficientemente grande como para hacer que dejaran de asesinarse con las miradas.
No dije nada. Comimos con el comentario ocasional por parte de Hiro sobre el juego y la respuesta de Yamazaki. Terminamos de comer y luego de ordenar todo, bajamos al sótano, donde Naoko y Yamazaki explicaron el plan con lujo de detalles.
Nakuru comenzó a reírse mientras todos la mirábamos a la expectativa.
-¿Y bien? –Preguntó Yamazaki-. ¿Qué te parece?
-Son unos malditos genios. –Dijo ella-. No puedo creer que a nadie se le ocurriera hacer esto antes. Ahora entiendo por qué no se lo dijeron a nadie más. ¿Quién en su sano juicio aceptaría cometer semejante locura en un día tan importante? –Volvió a reír-. Esto supera todas las bromas de graduación sobre las que he leído.
Yamazaki y Sakura sonrieron complacidos y se chocaron los cinco.
-¿Entonces? –Preguntó Hiro con los brazos cruzados-. ¿Estás dentro?
Ella asintió con la cabeza y buscó su cartera. Sacó varios billetes y los contó frente a nosotros. Los puso sobre la mesa y sonrió al mirarnos.
-Sería una estúpida si no participara en esto. Pero díganme, ¿quién tuvo la idea original?
Sakura tomó el rotulador verde sobre la mesa de póker y dibujó una corona sobre su fotografía.
-¿Quién crees? –Se señaló a sí misma-. Yo. Yamazaki fue el que pensó en los tipos de animales. Kero pensó en dónde podíamos conseguirlos y Naoko ideó el plan.
Nakuru miró a Hiro, que seguía de brazos cruzados.
-¿Y tú solo te sentaste a mirar? –Preguntó como una clara provocación.
Hiro se mantuvo serio-. Fui yo quien eligió el día en el que se hará la broma.
-Bien, ahora hay que definir dónde trabajará cada uno. –Dijo Naoko mientras se ponía de pie y le daba la vuelta a la pizarra-. Sakura y Yamazaki, ustedes estarán con las llamas. Hiro y yo con las guacamayas. Kero y Nakuru con los peces.
Me tensé. Los peces era la parte que más tiempo llevaba. Naoko nos repartió nuestros itinerarios para que los leyéramos e hiciéramos cualquier apunte, acotación o cambio. Nakuru y yo nos sentamos en el sofá que estaba del todo apartado, y nos pusimos a la tarea de leer.
Bueno, ella sí; yo, en cambio, me puse a la tarea de mirarla.
Pensé en que un rato estaba jugando tenis con su padre. De tres hermanos, Nakuru era la única mujer y la hija favorita de su padre. Era la consentida. Con excepción de educación física, era una alumna de A en todas las materias, por lo que su familia estaba convencida de que podría asistir a Cornell.
La miré un poco más. La piel descubierta de sus piernas, rostro y cuello se veía bronceada. Llevaba puesto su reloj Tag Heuer en la mano izquierda y las uñas pintadas de color hueso. En la mano derecha, tenía un anillo de plata con la forma de un elefante que yo le había regalado. Aquello me sorprendió tanto, que para que no se me notara tuve que excusarme para ir al baño.
Subí las escaleras y me metí al baño. Ya dentro, cerré la puerta con llave y me llevé las manos al rostro. El descubrimiento de su anillo me había descolocado por completo. Todavía lo usaba, incluso después de que…
Sentí una mezcla de emoción, nostalgia, frustración y exaspero. Abrí el grifo del lavamanos y me mojé la cara. Me había esforzado por negármelo, por ocultarlo, por enterrarlo.
Después de tantos meses, después de lo que pasó con Shaoran, con Eriol. Después de todo este tiempo, yo seguía enamorado hasta los huesos de Nakuru. Y enamorado como un idiota.
Meiling me había gustado, pero lo nuestro había sido una amistad más que otra cosa. Yo le gustaba, pero ella no quería que sufriéramos. Iba a regresar a Hong Kong después de la graduación de Shaoran –al final fue antes- y no era justo para ninguno que iniciáramos una relación amorosa de la que pudiéramos salir lastimados.
Nakuru me había dicho algo similar cuando le dije que quería que fuéramos novios, explicando que su partida a Estados Unidos tras graduarnos era inevitable. Toda su familia había estudiado en ese país y ella no sería la excepción. Por supuesto que yo no podía impedirle realizar algo como eso, pero había insistido en que igual podíamos ser novios, aunque ella se fuera.
-No quiero irme con el corazón roto a Nueva York.
Me había dicho con una sonrisa.
Era una tradición familiar estudiar en Cornell, que quedaba en Nueva York. Pero yo sabía que Nakuru también tenía ilusiones de ir al MIT (Massachusets Institute of Technlogy) la universidad de ingeniería más prestigiosa de EEUU.
Me senté sobre el inodoro y pensé en todo. Recordé cuando me llevó a su casa por primera vez y su madre me dijo que yo debía ser muy especial, porque era la primera vez que Nakuru llevaba un chico a casa. Recordé que su padre me invitó a jugar tenis de arcilla con ellos. También me invitó a la ópera, pero preferí rechazar la propuesta porque no quería involucrarme demasiado con la familia de Nakuru y que ella se incomodara.
Recordé nuestras charlas sobre el futuro. Nakuru me hablaba sobre su pasión, la química, con un entusiasmo que me enamoraba cada vez más. Me contó sobre todas sus cicatrices, sobre su miedo a estar demasiado tiempo bajo el agua, sobre sus ganas de viajar y su odio a los deportes. Con el tiempo, había aprendido a no odiar el tenis, o al menos no tanto, tan solo para complacer a su padre.
Y también recordé nuestras intimidades. Los besos con mordiscos que solía darme mientras yo me reía, las conversaciones que teníamos por teléfono y que se tornaban picantes en ocasiones, las fotos íntimas que intercambiábamos y la pasión con la que se entregaba cada vez que estábamos juntos. Recordé las veces que la había pasado a buscar a su casa en medio de la noche y ella se escapaba por la ventana de su habitación, o las veces que me había escabullido a su cuarto, con su familia durmiendo en las demás habitaciones.
Nakuru podía ser dominante y hacer conmigo lo que quisiera, o podía ser sumisa y ponerse a mi entera disposición. Tenía varias facetas, pero en todas era la misma mujer apasionada y entregada. Le gustaba hacer y que le hicieran. Sus besos, sus caricias, todos eran con las mismas ganas. Al igual que con los números, tenía un talento natural para el sexo. Y nunca dejaba de sorprenderme.
Por supuesto que yo no tenía con quien compararla. Solo había tenido sexo con ella, pero estaba seguro de que no cualquiera estaba a la altura.
A pesar de que Nakuru me hubiera dejado en claro que si yo encontraba a otra persona que me gustara o ella lo hacía, éramos libres de iniciar algo con ella, y a pesar de que Sakura la odiaba por todas esas cosas horribles que se hacían mutuamente, de que me dijera que era una bruja, para mí era una mujer increíble. Una mujer que no dejaba de sorprenderme y de gustarme y cuyos únicos defectos eran ser la enemiga acérrima de mi mejor amiga y no querer ser mi novia.
Suspiré. No tenía caso que me torturara pensando en esas cosas. Ya nada de eso volvería, y seguramente en un mes Nakuru se iría a Estados Unidos donde quizás conocería a un hombre del que se enamoraría perdidamente.
Un hombre que no era yo.
-¿Kero? –La voz de Sakura, acompañada de unos golpes a la puerta, se sacó de mis pensamientos-. ¿Kero, estás bien?
Me sequé el par de lágrimas que se me habían escapado y le abrí la puerta. Sakura me miró como si supiera lo que estaba pasando dentro del baño.
-¿Me tardé mucho?
Ella negó con la cabeza-. Poco más de cinco minutos. ¿Estabas llorando? –Colocó sus manos en mis mejillas y me miró con preocupación-. ¿Qué te pasa, estás así por Nakuru?
Yo asentí con la cabeza.
-No es nada, en serio. –Le sonreí-. Es solo que al ver la foto de contacto y luego al volver a compartir con ella, bueno, sentí algo de nostalgia. Pero ya se me pasó.
Sakura asintió con la cabeza.
-Creo que después de todo la sigo queriendo un poco.
Sakura me dio un abrazo y yo le correspondí.
-Te entiendo. –Me dijo-. Si quieres, puedo decirle a Yamazaki que nos vayamos. Podemos continuar con esto en otro momento.
Yo negué con la cabeza. Amaba a Sakura porque siempre sabía qué cosas decir o hacer. Claro que tenía ganas de irme a mi casa y alejarme lo mayormente posible de Nakuru y sus hermosos labios. Pero no era lo correcto. No podía huir cobardemente y mucho menos dejarlos a todos en un momento tan importante.
Bajamos al sótano y regresé a mi lugar junto a Nakuru. Traté de no enfocarme en ella, aun cuando sentí su perfume (Be delicious de DKNY). Leí el papel que me había dado Naoko, repasando cada detalle. Nuestra primera tarea era conseguir la llave que daba acceso a…
-¿Bagres? –Preguntó Nakuru mirándome con el ceño fruncido. Yo asentí con la cabeza-. Pero, ¿están seguros? Creo que los bagres o cualquier tipo de pez supondrían un problema.
-Díselo a Naoko.
Ella asintió con la cabeza y se puso de pie.
-Oigan, hay algo que debemos reconsiderar.
Todos la miramos, Naoko más atenta que el resto.
-Los bagres. Creo que no deberíamos usar peces.
-¿Solo llamas y guacamayas? –Preguntó Hiro-. La idea es que haya tres tipos de…
-Sí, sí. Lo sé. Pero piensen en esto: ¿cómo vamos a transportar los peces? En peceras. Y los bagres son peces grandes. Necesitaríamos muchas peceras o tanques. Son pesados, difíciles de transportar y de mover.
Era cierto. Los bagres eran peces grandes y pesados, que seguramente viajarían en tanques aun más pesados por el agua. El resto del grupo pareció estar pensando.
-¿Qué sugieres –Preguntó Sakura.
-Patos. –Dijo Nakuru segura de sí misma-. Los patos son animales ligeros y fáciles de transportar. Llaman mucho más la atención porque son más ruidosos y nadan encima del agua. –Posó sus ojos en mí-. ¿Crees poder conseguir patos, Ker?
Ker. Sentí una punzada de nostalgia en el estómago, pero traté de disimular.
-Sí, claro que puedo. De hecho, creo que el precio de los patos disminuiría.
Aquello pareció convencer a todos. Naoko se puso de pie y borró la palabra bagres de la pizarra. Pidió a todos que sustituyéramos bagres por patos en nuestros itinerarios.
Realicé las llamadas pertinentes. Ya no había vuelta atrás. Todos habíamos repasado nuestras labores en papel. Habría un breve ensayo mañana en el colegio para revisar que no hubiera contratiempos. El plan estaba en marcha y su ejecución iniciaría el jueves a las 23:00.
Y al día siguiente, los Supercanallas harían historia en el Instituto Siejo.
(Shaoran)
-¿Pero están seguros de que quieren ir?
-Por supuesto, Xiao Lang. –Contestó mi madre calmada-. Debemos conocer el recinto en el que te has preparado académicamente en tu último año escolar.
Me encogí en mi asiento durante unos segundos, hasta que la exigente mirada de Ieran Li me atravesó. Me acomodé, no quería un regaño sobre las malas posturas en la mesa.
La comida había transcurrido tranquila. Muchas preguntas, sí, pero hasta ahora nada demasiado grave. Todo iba bien hasta que mis padres me anunciaron que estaban ansiosos por conocer el colegio. Yo me tensé en mi lugar cuando dijeron que irían el día viernes… último día de clases, y día en el que los Supercanallas harían aquella travesura descabellada nunca antes vista en Tomoeda.
-Nos hablaron muy bien del Instituto Seijo en Hong Kong. –Esta vez fue mi padre quien habló-. Por eso decidimos matricularte aquí. Es normal que queramos asistir.
Sí, normal.
Lo que no era normal era justo lo que iban a presenciar el viernes, si yo no me encargaba de que se marcharan lo más pronto posible. ¿Cuánto podía durar el dichoso tour que querían hacer? ¿Y la charla con el director y el profesor Terada, nuestro consejero? Una hora era suficiente. El problema es que yo no tenía idea de a qué hora sería la dichosa broma, ¡porque ni siquiera sabía cuál era!
-Pero ya lo harán el día de la graduación. –Espeté, tratando de no sonar tan desesperado.
Mi madre me miró durante algunos segundos sin decir nada. Me escudriñó sin expresión, con esa mirada penetrante y calculadora que expresaba tan poco y a la vez tanto. Sentí un escalofrío recorrerme la espina dorsal.
-Parece como si no quisieras que fuéramos, Xiao Lang. –Dijo mi padre luego de tragar el bocado-. ¿Hay algo que quieras decirnos?
Mi madre esbozó su sonrisa de Mona Lisa, casi imperceptible. Esa sonrisa de reina absoluta que acompañaba su mirada inquisidora y helada. La sonrisa de quien sabe que tiene todas las guerras ganadas.
-No se trata de eso, papá. –Traté de sonreír-. Es sólo que no quiero que desperdicien una mañana haciendo algo que podrían hacer el día de la graduación, matando dos pájaros de un tiro. Pueden conocer el observatorio de Tomoeda, la universidad, el acuario, el parque de diver…
Mis padres se miraron y rieron. La carcajada de Liang opacó la risa elegante de Ieran.
-¡El parque de diversiones! –Mi padre continuó riendo-. Pero, Xiao Lang, ¿de verdad piensas que tu madre o yo estamos interesados en eso? Claro que no.
-El día de tu graduación el director estará muy ocupado como para atender otros asuntos. –Explicó mi madre. Hizo una pausa para beber agua-. Queremos aprovechar una mañana en la que no tenga tantos compromisos y pueda atendernos. Los demás… lugares que mencionaste podemos conocerlos en otro momento.
-Es que ese día también va el intendente y otras personas. –Explicó-. Van a revisar que todo esté bien porque el Instituto Seijo está entre los candidatos al mejor colegio de Tomoeda. No creo que el director tenga tiempo de…
-Eso ya lo sabemos, Xiao Lang. –Dijo mi padre. Vació el contenido de su copa de vino-. Tu madre y yo ya hemos acordado una cita con el director para ese día.
-Parece que no nos conocieras. –La sonrisa triunfante de Ieran regresó a su rostro.
Mis padres planificaban absolutamente todo. ¡Por supuesto que habían hecho una cita! Seguramente ya tendrían un itinerario para su estadía en Tomoeda. Asentí con la cabeza y me resigné. Después de todo, en mis dieciocho años, solo había ganado una batalla contra Ieran Li. Batalla de la que ella se seguía creyendo ganadora.
La comida continuó sin más percances, charlando sobre mi futuro y mis planes para luego de la graduación. Me despedí de ellos, que querían descansar porque estaban agotados de su viaje. Acordamos la hora de la cena con mis hermanas.
-Xiao Lang.
Mi madre me llamó antes de que saliera del lobi.
-Invita a Sakura a la cena.
No pude evitar sorprenderme ante la petición, por varias razones. La primera, porque mi madre recordaba el nombre de Sakura y había decidido usarlo. No dijo "tu novia, la chica con la que sales", como solía hacer cuando le restaba importancia a las personas. La segunda razón de mi sorpresa, es porque realmente parecía interesada en conocerla.
-Vale. –Fue todo lo que dije.
Salí del lobi y me dirigí a mi auto mientras soltaba un largo suspiro. Bien, la comida no había ido tan mal. Me encogí de hombros en el camino a casa, pensando en que si mis padres presenciaban el desastre que harían los Supercanallas en el instituto yo no tenía por qué angustiarme.
Al llegar a mi apartamento, mis hermanas me recibieron con su cháchara de preguntas.
Yo me las quité de encima con un bien y esta noche cenaremos con ellos. Me dejé caer en el sofá y cerré los ojos, tratando de descansar la vista.
-¿Podrían por favor bajarle el volumen al televisor? –Pregunté con los ojos aun cerrados.
-Vaya, Xiao. Un par de horas con los viejos y ya eres un estirado. –Bromeó Fanren.
-¿Por qué estás tan tenso, Xiaolito? –Preguntó Fuutie-. ¿Acaso ya no aguantas una comida con Ieran Li?
Abrí los ojos y mis tres hermanas se rieron.
-Cállense, tengo muchas cosas en la cabeza. Lo que me recuerda que la reina del hielo quiere que invite a Sakura a la cena de esta noche.
Mis hermanas me miraron sorprendidas, sin decir nada. Se miraron entre ellas.
-¡Vaya, vaya! Eso sí que es nuevo. –Dijo Fuutie-. ¿Ieran interesada en conocer a las parejas de sus hijos?
Comenzaron una conversación sobre lo poco que opinaba mi madre acerca de las relaciones de sus hijos. Yo me puse de pie y saqué mi móvil del bolsillo, para llamar a Sakura y avisarle de la cena. Entré a mi habitación cerrando la puerta tras de mí y me acosté sobre la cama.
-¿Cómo te fue con tus papás, guapo?
La voz de Sakura me sacó una sonrisa.
-Bien, preciosa. Están igual que siempre. ¿Cómo te fue con los Supercanallas?
Sakura se rio-. Veo que Eriol te ha informado mucho. Nos fue bastante bien. Tuvimos un progreso importante, pero ya lo verás el viernes.
-Por cierto, mi amor –me apresuré a hablar-, ¿tienes planes para esta noche?
-Ninguno, ¿por qué?
-Mis padres quieren conocerte. Vamos a cenar esta noche con mis hermanas. ¿Quieres venir?
-¡Claro!
Le dije la hora a la que pasaría por ella. Hablamos un rato más hasta que me dijo que ayudaría a su madre con unas cosas en la cocina. Nos despedimos y yo decidí tomar una siesta hasta la noche.
Me despertó el sonido de una canción que conocía muy bien y que odiaba por sobre todas las cosas. Voulez-vous de ABBA era sinónimo de siestas interrumpidas en Hong Kong. Mis hermanas eran fanáticas de esa canción y la cantaban cada vez que querían entrar a mi cuarto para despertarme.
-¡No, no, no! –Grité tapándome la cabeza con la almohada-. ¡No puede ser que no tengan respeto por el sueño ajeno!
Sentí el peso de un cuerpo sobre mi espalda.
-¡Despierta, Xiao Laaaaaang! –Era la voz de Feimei-. ¡Hay que buscar a Sakura!
-¿Qué hora es?
-7:14. Y sabes que a Ieran Li no le gusta esperar.
Abrí los ojos de golpe y empujé a Feimei al otro lado de la cama.
-¡Mierda, mierda, mierda! –Me puse de pie y entré al baño como un rayo veloz. Escuché las risas de mis hermanas desde la habitación-. ¿Ya están listas? –Grité desde la ducha.
Fanren abrió la puerta y me habló desde el umbral.
-Por supuesto que lo estamos. Lindo bronceado. –Me dijo.
-¿Puedo aunque sea tener un poco de intimidad? Es un poco incómodo ducharme con tres pares de ojos.
-¡Sigues teniendo un culito blanco y redondo como cuando eras bebé! –Exclamó Fuutie.
-¡Aghhhh!
Tomé la ducha movible y la abrí para mojarlas. Ellas gritaron y cerraron la puerta.
Me alisté lo más rápido que pude y salimos en busca de Sakura. Ya estaba afuera cuando llegamos.
-¡Oh, a mamá le va a encantar su vestido! –Dijo Feimei-. Aunque jamás lo admita.
Sakura se subió al asiento del copiloto y nos saludó a todos. Llevaba puesto un vestido blanco muy bonito. El color favorito de Ieran.
Sólo esperaba que mi madre no decidiera jugar a los dardos y usar a Sakura de tablero.
(Sakura)
Después de que termináramos el examen final de Historia, el profesor decidió que era tiempo de darnos una charla motivacional sobre la graduación, el futuro y nuestra vida. Después, pidió a mis compañeros que dijeran lo que quisieran con respecto a este importante momento sobre nuestra vida.
Rodé los ojos y apoyé mi cabeza sobre el escritorio. No estaba de ánimos para charlas sobre el futuro, me recordaban la partida de Shaoran.
Me estremecí y traté de alejar los pensamientos. Mi mente viajó a la noche anterior. Tuve la oportunidad de conocer a los padres de Shaoran en una cena familiar, y debía decir que desde el primer momento, su madre me había impresionado.
Era una mujer alta, elegante, de gestos y maneras suaves, como si tuviera todo calculado. Me cayó bien casi al instante. Sus preguntas, lejos de ser entrometidas o inquisidoras, eran agradables. Las preguntas exactas y apropiadas que se le hacen a alguien que acabas de conocer. Me preguntó sobre mis gustos, mis hobbies, mis intereses académicos y profesionales. Me preguntó sobre mis planes para la universidad e incluso si ya tenía una idea de lo que quería hacer con mi vida. Y escuchó pacientemente a todas mis respuestas.
Shaoran era un exagerado. Hablaba de su madre como si fuera una bruja malvada, pero no lo era. O al menos conmigo no lo había sido.
El padre de Shaoran, por su parte, era otra historia. Si Ieran Li era una mujer discreta, elegante y de colores claros, Liang Li era todo lo contrario. Se reía en voz alta y las cosas sencillas parecían emocionarlo de verdad, contrario de su esposa, que no se alteraba por lo más mínimo. Sus preguntas fueron un poco más… pintorescas.
Desde cómo había conocido a Shaoran hasta si se había portado bien conmigo.
-¿Te ha tratado como un caballero? –Preguntó, aparentando seriedad-. Espero que no se le haya ocurrido faltarte el respeto, porque no es así como lo hemos educado.
-No, Shaoran es un…
-Los jóvenes de ahora van muy apresurados. –Me interrumpió-. Pero lo correcto es que esperen hasta la noche de bodas para…
Me ahogué con el agua y tosí un poco. Intenté disimular y agradecí al cielo que la iluminación fuera tenue, porque de no ser así habrían notado mi sonrojo.
-Liang, por favor. –Ieran Li se apresuró a hablar. Su expresión impávida había cambiado por una algo incómoda.-. Deja que Sakura termine su cena. Le hemos hecho muchas preguntas.
La miré y le agradecí por la intervención. Ella esbozó una sonrisa casi imperceptible. Continué comiendo y alcé el rostro para mirar a Shaoran. Parecía no dar crédito a lo que estaba ocurriendo.
Unos golpes en la puerta del aula de clases me sacaron de mis pensamientos. El profesor de historia dejó de hablar y todos nos giramos para ver quién tocaba. A través del vidrio de la puerta, vi a Nakuru Akizuki. El profesor la hizo pasar con un gesto.
-Dígame, Akizuki.
-Disculpe la interrupción. –Posó sus ojos en mí-. Necesito hablar con la alumna Kinomoto, sólo serán unos segundos.
El profesor me miró y luego su reloj de muñeca.
-Sólo faltan un par de minutos para que toque el timbre, Akizuki. ¿Cree que pueda esperar?
Nakuru asintió con la cabeza y salió del salón.
Sabía de qué se trataba. Los resultados de los exámenes recuperativos. Me tensé en mi lugar, incómoda, mientras pensaba en todo lo que podía haber salido mal. Akane siguió hablando sobre el futuro y sus sueños. Me giré para verla y me encontré con los ojos curiosos de Tomoyo. Leí la pregunta sus labios: "¿Nakuru?" Me encogí de hombros cual inocente corderito.
El timbre sonó y me puse de pie para salir de primera. Nakuru estaba sentada en las escaleras, esperándome.
-¡Sakura! –Exclamó cuando me miró-. ¡Muévete!
Me tomó de la mano y me arrastró por los pasillos hasta que llegamos a la oficina del profesor Terada, en donde entró sin tocar. El profesor estaba detrás de su escritorio, finalizando una llamada telefónica. Cuando colgó, nos miró sorprendido.
-Buenos días, señoritas. –Dijo en un tono amable-. Veo que tienen tanta prisa por hablar conmigo que olvidaron tocar la puerta.
-Profesor –Nakuru no estaba para charlas triviales-, usted sabe para qué vinimos.
Terada asintió con la cabeza sin decir nada. Justo frente a él, había una carpeta de color manila. La abrió y buscó entre los exámenes. Sacó dos y antes de entregarnos las hojas, nos miró a cada una.
-¿Consideran que las horas invertidas en el estudio y la práctica valieron la pena?
Yo asentí con la cabeza.
-¿Y el trabajo en equipo? –Preguntó con toda la paciencia del mundo.
-Sí, sí, ¡sí! –Exclamó Nakuru. Alargó su mano para quitarle las hojas a Terada, y lo consiguió. Sus ojos se abrieron con sorpresa y un grito emocionado salió de su boca-. ¡Kinomoto, lo hicimos!
Ni siquiera me dio tiempo de sonreír. Nakuru me estrechó en un abrazo tan rápido que me descolocó por completo. Tampoco tuve tiempo de devolvérselo, porque así de rápido como lo inició, lo terminó. Me entregó mi examen, que consistía en varias hojas engrapadas con problemas y ejercicios. 8 de 10.
El examen de Nakuru consistía en una sola hoja donde aparecía la puntuación de cada ejercicio y el puntaje total. 8 de 10. Sonreí.
-Quiero felicitarlas por haber cumplido con este objetivo tan importante. –Dijo Terada con clara emoción en los ojos-. Y espero que a partir de ahora, le pongan verdadero compromiso a todas sus asignaturas. La universidad no es igual que el instituto.
Nosotras asentimos con la cabeza y le agradecimos por haber tenido esa idea tan fantástica. Salimos de la oficina y caminamos hacia nuestras aulas.
-Lo siento por ese abrazo. –Dijo Nakuru-. No sé de dónde salió.
-No duró tanto como para que quiera sumergirme en una piscina de cloro. –Le respondí.
-Espero que lo del viernes salga tan bien como esto. –Respondió ignorando mi comentario.
-Así será. –Dije-. Llevamos varias semanas preparándolo y todo va sobre ruedas. Tu aporte también nos ayudará.
Nos topamos con Tomoyo, que venía bajando las escaleras. Mi acompañante y ella hicieron contacto visual, pero ninguna dijo nada. Nakuru subió las escaleras sin agregar nada más y yo me quedé de pie frente a Tomoyo. Ella se fijó en que yo tenía unos papeles en la mano.
-¿Es tu examen? –Preguntó con interés.
Yo asentí con la cabeza-. Sí, ¡y mira!
Se lo entregué y la expresión de mi prima cambió a una de grata sorpresa. Pero eso no le duró mucho, porque luego frunció el ceño. Me miró y volvió sus ojos al examen. Pasó las páginas una por una, hasta que me lo devolvió.
-Me sorprende que Nakuru haya cometido varios errores.
Me quedé inmóvil en mi lugar, sin saber que decir. Tomoyo comenzó a caminar.
-Acompáñame al aula de música, tengo que devolverle la llave a la profesora.
La seguí y me apresuré a hablar.
-¿Cómo sabes que…?
-Esa no es tu letra, Sakura. –Dijo ella como si fuera obvio-. No conozco la de Nakuru, pero creo que no hace falta atar demasiados cabos ni ser un genio para darse cuenta de que 2+2 es cuatro.
Ninguna dijo nada más hasta que llegamos al aula de música. Tomoyo, probablemente asimilando su descubrimiento; yo, sintiéndome culpable y descubierta como una bribona.
La profesora de música recibió la llave muy contenta y le dijo a Tomoyo que nunca, en sus 20 años de docencia, había tenido una alumna tan talentosa, diligente, buena y prometedora como ella. Nos marchamos y yo decidí que era el momento de hablar, pero Tomoyo se apresuró.
-Me imagino que tú hiciste su examen de Educ. Física. –Dijo. Yo asentí con la cabeza-. ¿De quién fue la idea? Me parece una locura, pudieron haberlas descubierto.
-Lo sé, Tomoyo. Pero estábamos desesperadas. De estos exámenes dependía nuestra graduación.
Le conté cómo había sido todo. Tomoyo escuchó la historia hasta el final sin decir palabra alguna. Cuando llegamos al salón de clases, nos detuvimos en la puerta.
-¿Estás enojada conmigo? –Pregunté.
Mi prima negó con la cabeza y suspiró.
-No estoy enojada porque hayas hecho una locura que pudo haberte costado la expulsión. Tampoco lo estoy porque trabajaras en equipo con Nakuru. Sorprendida, sí, pero no enojada. –Explicó-. Lo que me entristece un poco es que no hayas confiado en mí.
-Es que no pensé que…
-¿Qué fuera a estar de acuerdo? –Se apresuró a decir-. Por supuesto que no. Es demasiado arriesgado. Pero entiendo por qué lo hiciste y jamás te lo hubiera impedido, Sakura. –Abrí los ojos con sorpresa-. Tú puedes tomar tus propias decisiones y sabes qué es lo mejor para ti. Por supuesto que no me hace ilusión que haya sido Nakuru, pero lo entiendo.
Acorté distancias entre nosotros y estreché a mi prima en un abrazo. Tomoyo me correspondió inmediatamente. Su actitud altruista no dejaba de sorprenderme. A pesar de que le hubiera mentido con esto y a pesar de que hubiera hecho pares con Nakuru, Tomoyo no estaba enojada conmigo. Y me entendía.
-Lo siento mucho por haberte mentido, Tomoyo. –Le dije al separarme-. Y también por… bueno, por esto.
Tomoyo volvió a abrazarme y me dijo que ya nada de eso importaba. Entramos al salón y yo fijé mis ojos en el rubio despeinado que dormía sobre su escritorio.
Ahora era el turno de contárselo.
La canción del capítulo es tan buena como acertada. Aplica para Sakura, Naoko, Nakuru e incluso para Tomoyo. Las chicas buenas son chicas malas a las que nunca han atrapado.
Kero es un personaje tan querido e importante en esta historia que por supuesto tenía que tener su propio punto de vista. Y así podemos entenderlo un poco más Parece que nada ni nadie lo ha hecho olvidar a la señorita Akizuki.
Y parece también que Ieran Li no es la bruja malvada que Shaoran pensaba. De eso, más en el próximo capítulo. Y de la broma, también. Prepárense para hacer historia junto a los Supercanallas.
Espero que dejen los reviews sobre el capítulo. Lo que les gustó, lo que no, lo que piensan. Mientras más largos, ¡mejor!
Canción: Good Girls
Banda: 5 Seconds of Summer
Álbum: 5 Seconds of Summer
