XXXIII

Aparecieron en el mismo anfiteatro y en casi las mismas condiciones, pero había menos casas y los caminos parecían más rústicos. Hermione decidió usar su encantamiento brújula para orientarse, mientras que Harry sacaba unas pocas monedas de oro. Iban a necesitar caballos para trasladarse.

Tardaron dos horas en llegar al pueblo más cercano, y allí realizaron varios trámites. Aparte de comprar un par de caballos, adquirieron víveres para el viaje y unas mantas, porque habían llegado en pleno invierno, y se podía ver nieve en algunos lugares, sobre todo en el descampado. Agradecían no tener que recurrir a efectuar algún servicio para obtener dinero, porque la bolsa de cuentas de Hermione llegaba a tintinear con las monedas que tenía dentro. Claro que aquello les hacía más atractivos para ladrones.

No obstante, el mayor cuidado que debían poner era en los hechizos. En esos tiempos, la magia no era algo demasiado común, y la cantidad de magos y brujas en esos años era muy reducida. No podían hacer magia demasiado visible, o los muggles comenzarían a sospechar, y, en esos tiempos, los magos no era exactamente queridos.

—Tenemos que ir por el camino que va hacia el oeste —indicó Hermione, montando su caballo y esperando a que Harry terminara de poner la carga sobre el suyo—. Trataremos de avanzar lo más que se pueda y reducir los descansos. No es para nada gracioso acampar con este clima.

Harry no dijo nada. A esas alturas, ya sabía que era mejor no cuestionar nada de lo que Hermione indicase. Cuando estuvo listo, ambos partieron en dirección oeste, espoleando a sus caballos a que fuesen más rápido. Con eso, Hermione esperaba llegar en menos tiempo y mantener calientes a los animales. De nada le servía que los caballos murieran de frío en la ida o en la vuelta.

—¡Recuerda, Harry, que el lugar al que necesitamos llegar está en una isla! ¡Debemos mantener los caballos ocultos en una parte que podamos reconocer!

—¡No hay muchos lugares así en una costa! —exclamó Harry, sabiendo que en el borde norte del Canal de la Mancha había pocos bosques o zonas peculiares. Tenía que asegurarse que nadie accediera a los caballos y a los pertrechos—. ¡Tenemos que usar alguna clase de marca!

Hermione no dijo nada, pero sabía que Harry tenía razón. Sin un distintivo, era muy fácil que ellos jamás pudieran recuperar los caballos y los enseres. Hizo una nota mental para dejar una marca en el lugar donde dejaría a los animales, y siguió espoleando a su caballo. Harry no quiso quedarse atrás.

El camino, que más que camino era un sendero, lucía prácticamente desierto. El sol apenas estaba saliendo por el este y podían verse rastros de nieve junto a los árboles. A veces se topaban con alguna casucha o campo de cultivo, pero el paisaje estaba poblado más que nada por vacas, corderos y animales salvajes, mayoritariamente herbívoros. Como los animales que comían carne tenían que cazar su alimento, era muy poco probable verlos en medio del campo. Además, ambos iban muy rápido para convertirse en el desayuno de algunos de esos animales.

El calor comenzó a derretir la poca nieve que quedaba un par de horas más tarde, cuando el sol se encontraba visiblemente más arriba. En el cielo se podían ver unas formas negras que aleteaban de aquí allá. Hermione los vio, y pensó que eran pájaros, pero Harry, quien tenía mejor visión que su amiga, divisó las formas de las alas y concluyó que eran dragones. Cuando se lo comentó a Hermione, ella soltó una risa sarcástica.

—¡Imposible que sean dragones! —gritó, haciéndose escuchar a través de las corrientes de aire—. ¡Los muggles habrían sabido sobre ellos hace mucho tiempo!

—¿Y de dónde crees que salen todos esos mitos y leyendas sobre dragones que crean los muggles? —exclamó Harry, mostrándole una sonrisa traviesa a Hermione. Ella escogió quedarse en silencio antes de admitir que Harry estaba en lo cierto.

Ya era de mediodía cuando ambos decidieron detenerse a comer algo. Asegurándose que no hubiera moros en la costa, Harry realizó los hechizos defensivos a la vera del camino, juntó ramas secas y las apiló sobre suelo que no estuviera cubierto de humedad. Hermione prendió la fogata, armó una especie de bastidor, sobre el cual colgó las lonjas de carne, llenó una olla pequeña con agua, la puso a calentar, peló unas patatas y las echó a la olla, todo eso en completo silencio.

—¿Puedo hablar ahora? —quiso saber Harry, sentándose a la turca, mirando con un poco de aprensión a Hermione, pues había lucido bastante seria mientras preparaba el almuerzo.

—¿Y por qué no lo hiciste antes?

—Porque pensé que no andabas de humor para dialogar.

Hermione soltó una carcajada.

—¿Y qué te hizo pensar que estaba enojada contigo?

Harry se encogió de hombros.

—Pues… el silencio. No decías nada, así que asumí que no debía decirte nada. Temí que fueses a explotar si te dirigía la palabra.

—Bah, por favor, Harry, ¿por qué estaría enojada contigo?

—Quien sabe. A veces las mujeres se molestan por cosas pequeñas.

—¿Y los hombres no?

—Ustedes lo hacen con más frecuencia, sobre todo en esos días.

Hermione no dijo nada. Lucía como si estuviera a punto de descargarse contra Harry, y él se preparó para lo peor.

—Tienes razón —dijo, revolviendo el contenido de la olla distraídamente—. Nosotras podemos ser muy difíciles cuando pasamos por ese maldito ciclo de mierda. Hay veces en las que desearía no ser mujer, pero después recuerdo que lo soy por una razón.

—Pues a mí no me gustaría ser mujer tampoco —dijo Harry encogiéndose de hombros—, por las mismas razones.

Hubo un rato de silencio, durante el cual solamente se podía escuchar el crepitar de las llamas, el siseo de la carne siendo asada y el choque del cucharón con la olla cada vez que Hermione revolvía las patatas.

—¿Por qué Ginny ya no te atrae? —preguntó Hermione de improviso. Harry gruñó.

—¿De nuevo con eso? Ya te he dicho mis razones.

—Te insisto porque quiero que seas honesto conmigo, de una vez por todas.

—¿Por qué siempre crees que te estoy mintiendo? —quiso saber Harry, indignado por discutir el asunto por tercera vez en lo que iba de aquella misión—. Ya te dije que era solamente un encaprichamiento lo que sentía por ella. Eso tiende a acabarse cuando empiezas a conocer bien a la otra persona.

—Se acababa porque comenzaste a fijarte en otra persona —dijo Hermione, de forma tan rotunda que uno podría pensar que era cierto. Harry, sin embargo, no iba a morder el anzuelo.

—¿Qué clase de lógica de mierda es esa? ¿Acaso todas las chicas dan por asumido que la pérdida de interés por parte de un hombre siempre está asociado con la presencia de otra mujer? ¿Todas las mujeres tienen esa compulsión de pensar así?

—Es lo que siempre pasa, y no lo niegues, porque sabes que es así.

—Para ser la mujer más inteligente que he conocido, a veces actúas como si solamente tuvieras telarañas en el cerebro. Sabes que no es la única motivación que necesita un hombre para dejar a una chica. Lo que pasa es que ustedes no son capaces de ver otras alternativas, no piensan de forma objetiva.

—¿Estás diciendo que las mujeres no podemos pensar de forma objetiva?

—No pueden pensar en absoluto cuando están dominadas por las emociones. Lo mismo va para nosotros. Ahora, no sé por qué diablos creíste que estaba dejando a Ginny por otra mujer. ¿De verdad tengo que estar interesado en otra mujer para dejar de prestarle atención a ella?

Esta vez, Hermione fue la que se quedó callada. Queriendo poner en aprietos a Harry con el asunto de su relación con Ginny, le había salido el tiro por la culata. La verdad, ella pretendía que Harry dijera que estaba interesado en otra persona, y esperaba escuchar que esa persona fuese ella misma. Iba a dar exactamente lo mismo, porque ella no estaba interesada en Harry.

—Es que… —Hermione dudó por unos pocos segundos, temiendo que Harry malinterpretara lo que estaba a punto de decir, pero, después de tragar saliva, decidió correr el riesgo—, es que pensé que estabas interesado en mí, y que por eso era que estabas dejando a Ginny.

Por un momento, Harry no dijo nada. A Hermione le dio la impresión que estaba a punto de echarse a reír, porque parecía estar conteniéndose. Sin embargo, aquella había sido una mala impresión, porque Harry la miró a los ojos con una media sonrisa.

—¿Sería tan malo si así fuese?

Hermione quedó estupefacta con la respuesta de Harry. Había creído que iba a ser otra la respuesta, algo como "¿qué diablos fumaste para pensar algo así?" o "¿tan mal piensas de mí?". Pero aquellas palabras la confundieron más de lo que había anticipado.

—Harry, eres consciente de que tengo pareja, ¿verdad?

—Ah, no tenía idea —repuso Harry sarcásticamente—. Sé exactamente lo que dije. ¿Por qué te pones tan a la defensiva? Además, no es necesario que tengamos una relación de pareja para poder estar juntos.

Hermione, de estar confusa, pasó a sentirse indignada.

—¡De ninguna manera haría algo así! ¿Qué pasa si Ron se entera?

—Que conste que estoy en la misma situación que tú —dijo Harry, quien lucía divertido, porque había conseguido que Hermione se pusiera colorada—. Pero si Ginny se entera, no me va a importar demasiado. Sí me preocupa que Ron nunca tenga que saber. ¿No decías siempre que la infidelidad ocurría cuando comienzas a desarrollar sentimientos por otra persona? Un poco de sexo no va a cambiar nada entre nosotros.

Hermione, a esas alturas, debió haberse dado cuenta de que había algo que andaba muy fuera de lugar en todo el asunto, pero la conversación conseguía divorciarla de la objetividad.

—No digas estupideces, Harry. El sexo siempre cambia las cosas entre dos personas.

—Cambia las cosas porque la gente lo permite. Las personas muchas veces asocian al sexo con el amor, cuando no siempre es así. Entre dos personas que no son pareja, el sexo es sexo, nada más. Pero las personas, especialmente las mujeres, involucran las emociones en el acto, que es donde todo se complica. Hagámoslo solamente por diversión, para liberar tensiones, porque estoy seguro que habrá mucho de eso en esta misión.

—El problema, Harry, es que no sé si sea capaz de separar las emociones del placer. Es, simplemente, la naturaleza de las mujeres.

—¿Y permites que ustedes sean esclavas de la naturaleza? Se supone que todo eso del movimiento feminista es liberar a la mujer de sus grilletes y que tengan los mismos derechos que los hombres. Si nosotros podemos tener sexo por diversión, ¿por qué no las mujeres? En todo caso, es solamente una idea. Si quieres la tomas. Si no quieres, tienes la opción al menos. Yo no me voy a complicar la existencia por eso.

Hermione juzgó que la carne se encontraba en su punto, y la retiró de las llamas. Extrajo dos platos de greda, y echó en cada uno de ellos un trozo de carne y un par de patatas cocidas. Mientras tomaba los cubiertos (hechos de madera), se quedó pensando en lo que había dicho Harry, percatándose que, tal vez, podría tener razón.

Pero eso no significaba que fuese a acostarse con él. Tendría que ocurrir algo demasiado relevante…