11. Oficina
Al menos mi escritura se ha beneficiado de mi creciente obsesión por esta fascinación tormentosa que no lleva a ninguna parte. Esta sed de información se está filtrando en mi escritura y en cualquier cosa a la que presto atención. Soy como una glotona que anhela algo en particular, pero se come lo primero que pilla, aunque se trate de otra cosa.
—¡Este artículo es fenomenal! —dice Cat—. Qué fuego. No puedo esperar a ver lo que haces con el artículo de Luthor. ¿Qué es eso de «me la pido»?
Jadeo.
—¿Qué?
Sonríe y da toquecitos en el cuaderno que hay en mi escritorio que tiene una frase subrayada tantas veces que se rompió la página.
Me la pido.
Apoya la cadera en el escritorio y siento que Victoria casi se cae de la silla en su afán de escuchar lo que tengo que decir.
—Nada —contesto mientras cojo la tableta y la coloco a un lado. ¿De verdad que ahora estoy garabateando «me la pido»?
—Oh, ¿qué quieres decir con «nada»? —Se gira—. Victoria, Victoria. — Hace un gesto con el dedo y Victoria se levanta y se acerca tan despreocupadamente como puede.
—¿Cat? —dice—. Hola, Kara. —Sonríe.
—Ayúdame a concertarle una cita a Kara con ese estilista que siempre te deja tan espectacular. Con esta cara —comenta al tiempo que me levanta la barbilla—, no hay forma de que Luthor pueda evitar darle caza. Gracias, Vicky—añade, y entra en su despacho.
De repente, al tener a Victoria cerca, desearía haber dicho que había hecho progresos. Me gustaría haber dicho algo para evitar tener que ver su enorme sonrisa de satisfacción. Casi la oigo pensar que ni siquiera puedo escribir un artículo sin su ayuda. Que no puedo conseguir pareja sin su ayuda.
—En realidad, no es necesario —le digo.
—Oh, tonterías. Sé justo lo que necesitas. Te cojo esto un segundo —dice, y señala el teléfono fijo.
Llama a su estilista y tararea mientras espera. Yo, por mi parte, guardo y cierro el archivo, porque nada me corta más el rollo cuando estoy escribiendo que alguien espiando la pantalla de mi ordenador.
Permanezco sentada, sintiéndome como una perdedora y mirando el teléfono cuando veo el mensaje de Dean.
A la señora Luthor le gustaría ofrecerle una visita por la sede de la empresa Interface. Avíseme si le interesa; está deseando verla.
Me tiemblan las piernas y me arden las mejillas. Joder. Le contesto:
Estoy deseando verla.
Oh, Dios. ¿Verlo? Voy a reunirme con ella, no a verlo. Tengo que ser profesional. Eso es todo. ¿Qué voy a hacer cuando la vea de nuevo?
Saco una foto suya que me descargué en el móvil y le echo un vistazo. Tiene un perfil perfecto. Es la única persona de la cual he tenido una foto en el teléfono. La conseguí de una de las chicas que la etiquetó y, como se descargó, se ha quedado en el móvil de algún modo. No he sido capaz de borrarla.
Teniendo en cuenta que Luthor borró mi foto, debería hacer lo mismo, pero una parte de mí disfruta de poder observarla mientras ella no me devuelve la mirada. Y esta foto… Estoy segurísima de que esta foto se hizo el día del yate y que lo que está observando en la distancia soy yo. Algo en su enigmática expresión exige que lo descubra.
Victoria cuelga el teléfono de mi mesa.
—Hecho. Te he conseguido una cita para el viernes de la próxima semana. ¡Prepárate para hacer llorar a Luthor! —declara, dándome palmaditas en la cabeza.
Cuando se marcha, leo el nuevo mensaje de Dean en el teléfono.
Estupendo. Le mandaremos un coche a su casa el jueves a las 16.00.
