ón de Interface

Ven conmigo a la inauguración de Interface esta noche

L.

¿Quieres decir como periodista?

K

Podemos discutirlo cuando llegues. Otis te recogerá a las 20.00.

L.

Me encantaría ir como periodista. Gracias por la oportunidad de recabar información.

K

—El color plateado te queda genial —dice Nia a modo de aprobación mientras me giro para obtener su veredicto. Sigue asintiendo con la cabeza una y otra vez, claramente complacida—. Impresionante, Kara. No tiene ninguna posibilidad.

—No me convence el vestido de Maggie, es muy sexy. —Observo las largas y sedosas curvas de mi cuerpo en el espejo de cuerpo entero del armario—. Si ella no tiene ninguna posibilidad, yo tampoco. —Me río y luego me pongo seria y siento que me arden las mejillas.

Recuerdo que no podíamos dejar de besarnos la última vez que estuvimos juntas y me pregunto qué hará cuando me vea así. El material es elegante, brillante y fresco. Adecuado para una sirena, la tela se pega a todas las curvas como lo harían la boca y las manos.

—¿Qué quieres decir? —Contesta Nia—. Es una casanova. ¿Hola? No te gusta ese tipo de personas. Tú y yo somos las chicas listas, ¿recuerdas?

Sigo el impulso de mirarme los pies, busco el bolso de mano y me lo coloco bajo el brazo.

—Tengo que irme.

—¡Kara! —dice Nia—. Piensa en la historia. Eres de carne y hueso, pero intenta dejar la carne y el hueso, el corazón y la mujer, en casa. Llévate solo el cerebro.

Me muerdo el labio y asiento con la cabeza, deseando sentirme más segura. Necesito una vacuna contra Lena Luthor para ser inmune a ella y la necesito ya.

—¿Qué vas a hacer esta noche? —le pregunto a Nia.

—Voy con Maggie y Esmeralda a ver alguna película de estreno.

—Vale, pásalo bien.

Hace fresco y llovizna cuando me meto en el Rolls-Royce. El chófer me cubre con un paraguas y se me acelera el corazón cuando me vuelve a llegar el aroma del interior de cuero del coche, que asocio con Luthor. Siento mariposas en el estómago, el pecho y en todas partes. Ojalá hubiera podido dejar el revoloteo en casa.

A medida que el vehículo se incorpora al tráfico, me advierto mentalmente que no debo pensar demasiado esta noche. Obviamente voy a fingir que no nos besamos, por supuesto, que no se lo pedí. Entonces me doy cuenta de que en realidad nunca he sido lo bastante valiente como para hablarle al chófer, así que esta vez me aclaro la garganta y digo:

—¿Cómo ha ido el día, señor?

—Bien, señorita Danvers.

—Acabo de caer en la cuenta de que no nos han presentado formalmente.

—Me llamo Otis.

—Encantada de conocerlo, Otis. ¿Desde cuándo trabaja para la señora Luthor? —pregunto, y trato de volver al modo investigadora.

—Lo siento, señorita, pero no estoy autorizado a hablar de ello.

—Oh, venga ya. —Me río un poco, pero no dice nada más.

—¿Pasea a todas sus citas por la ciudad? Niega con la cabeza.

—Contésteme, aunque solo sea a una pregunta —insisto.

—Vale. No —responde.

—¿Solo a sus hombres de negocios?

—De eso se encarga Claude.

Pongo los ojos en blanco.

—Claro, tiene varios chóferes.

Asiente con la cabeza.

—¿A quién lleva entonces?

—¿Normalmente? A Luthor.

—¿Por qué me lleva a mí?

—Luthor —responde.

—¿Y quién llevó a Luthor al evento si usted no lo ha llevado?

—Luthor.

Sonrío divertida.

—¿La conoce desde hace mucho?

Vacila.

—Está bien, sé que he dicho una. Pero ofrézcame una más. Su jefa es muy esquiva.

—La conozco desde que tenía catorce años y el su padre me contrató para mantenerlo alejada de los problemas.

Me quedo en silencio, sorprendida.

—Oh, sé lo que viene a continuación. ¿Que hice un trabajo excelente? — pregunta.

—Yo no he dicho eso. Todo el mundo sabe que su jefa hace lo que quiere. No creo que nadie pudiera haberla controlado.

—Cuanto más lo intentaban, más incontrolable se volvía. —Niega con la cabeza—. He hablado demasiado. —Me mira por el espejo retrovisor—. Pero ella confía en usted… y yo confío en su juicio.

—¿Qué le hace pensar que confía en mí?

—Una corazonada. —Se encoge de hombros—. La conozco desde hace más de una década. Es la primera de sus chicas a la que llevo.

Me sonrojo.

—Oh, yo no soy una de sus chicas. —Y nunca lo seré.

Sonríe deliberadamente y me ayuda a bajarme del coche.

Un suntuoso vestíbulo más tarde, me adentro en la fase del lujo absoluto y completo con una fuente de agua y lámparas de araña de cristal brillantes.

A cada paso que doy me pongo más nerviosa. Camino por el largo pasillo que lleva al salón de baile, me dirijo a la entrada de la prensa, donde espero mi turno para darle el nombre a una de las responsables.

—Hola, soy Kara Danvers, de CatCo.

—Buenas noches, Kara. Déjeme buscarla en la lista que tengo en esta carpeta… Mmm. Bueno… Veamos… No aparece por la D. ¿Tiene algún otro nombre que pueda comprobar?

Cuando niego con la cabeza, se acerca a una de sus compañeras de trabajo. Susurran un rato, comparando las páginas de la carpeta, hasta que finalmente la mujer con la que estaba hablando cae en la cuenta. Su expresión cambia de un ceño de preocupación a una sonrisa radiante mientras se me acerca de forma apresurada.

—¡Oh, bueno, misterio resuelto! Está con la mismísima Luthor, ¡esto es todo un acontecimiento! —susurra con emoción mientras señala la entrada de los invitados. Dios, ¿en serio? Más revoloteos.

Esbozo una sonrisa falsa como si me alegrara (bueno, me alegro ¿no?), camino por el largo pasillo y sigo el sonido de la música más allá de las altísimas columnas y bajo los techos abovedados. Me abro paso a través de la multitud, paseando entre su ecléctico grupo de amigos y empleados. Soy consciente de que las mujeres, de forma instantánea, competirán conmigo por la atención de Luthor.

Los hombres también me miran, pero con admiración. Tengo un pelo fantástico, las piernas largas, unos ojos interesantes… Tal vez no sea una rubia con grandes pechos, pero tengo un buen culo. Oh, Dios, mírala. Casi tropiezo cuando la veo al fondo, cerca de una fuente de chocolate.

Está de espaldas. Es tan impresionante que se me seca la boca.

Jack le hace una señal a Luthor en mi dirección, me impulso hacia delante de nuevo mientras ella se gira. Me mira a los ojos, cuando me aproximo con inseguridad, no me quita ojo. Se le eleva el pecho, como si inspirara con fuerza, y no puedo respirar.

Lleva un traje pecaminoso. Tiene las manos a los lados. No sonríe y tensa la mandíbula cuando nota que me observan tanto hombres como mujeres.

Veo a las mujeres flanquearla y me golpea una oleada de celos de forma tan profunda que tiemblo.

Nos besamos, eso es todo. No me importa lo que haga. No me interesa de forma íntima, me recuerdo. No me interesa como mujer, solo como periodista. Solo es una mujer —una rompecorazones, mujeriega, joder, es una cabrona— solo tengo que guardar toda esta información y escribir un artículo para que la gente pueda vivir lo que yo estoy viviendo.

No importa que esté ahí de pie con dos mujeres. No la están tocando, pero, oh, sí, puedo afirmar por sus expresiones sombrías que lo han hecho antes. Las ha usado. Y ellas lo han usado a Lena. Pero no importa que la gente la use, ni si la gente la entiende o conoce de verdad, porque lo único que importa es que este artículo salga bien. ¿De acuerdo?

No se trata de mí, se trata de la historia de esta mujer.

Aun así, me arde el estómago por la posesividad nada familiar que siento mientras me detengo frente a ella. Me mira directamente a los ojos y yo hago lo mismo.

—¿Pensaste que te saldrías con la tuya utilizando la entrada de la prensa? —me pregunta con una sonrisa en los labios. Mmm. Me tiene calada, ¿no?

—¿Has disfrutado no poniendo mi nombre en la lista y haciendo que todos me busquen hasta que casi me echen antes de darse cuenta de que escribiste mi nombre al lado del tuyo? —le devuelvo la broma y arqueo una ceja.

Se ríe con verdadero placer.

—Discúlpenos —le dice al grupo, me gano un par de miradas venenosas de las mujeres cuando me agarra del brazo, entrelaza el suyo con el mío y me aleja.

—Vaya vestido —susurra guiñando el ojo y con la cabeza agachada para decírmelo al oído.

—¿Qué significa eso?

Sonríe mientras me lleva a la mesa donde están sentados Jack y Sam, cada uno con una chica hermosa a morir. Luthor me retira la silla y luego se sienta a mi lado mientras la sala continúa llenándose.

—¿Están invitados todos los nuevos empleados de Interface? —pregunto, y observo mi alrededor.

Asiente con la cabeza al tiempo que me mira con intensidad.

—Hay varias salas comunicadas para albergarlos a todos. Esta sala está ocupada en su mayoría por directores y miembros de la junta. —Cuando solo sonrío, extiende el brazo por el respaldo de mi silla y se inclina hacia delante de tal manera que solo oigo su voz, no la música clásica de fondo ni la conversación. Solo su voz, al oído—. ¿Por qué insististe en venir como periodista?

—Soy periodista. No puedo demorar más la redacción de la historia de Interface, mi revista necesita que la entregue.

—No necesitas una acreditación de prensa para tener mi atención. Ni tampoco para entrevistarme.

—¿Haces pesas todavía? Creía que no. —Sam provoca a Jack en la mesa. Como estoy tan nerviosa y nada acostumbrada a tener la atención de una mujer como Luthor, intento divertirme con sus travesuras.

—Así es —argumenta.

—No te he visto hacer pesas desde la última vez que le di de comer a mi unicornio —dice Sam arrastrando las palabras.

—Es verdad, colega —responde.

—Luthor, ¿te importa que te haga una sugerencia para luego? —pregunta Sam mientras Luthor se mueve en su asiento para enfrentarlo. El movimiento la acerca más a mí y me enderezo al instante.

Luthor se bebe la copa con pereza y los labios curvados.

—Estoy de acuerdo con lo que sea.

—Bien. Porque, ¿sabes que deberíamos hacer…? —empieza Sam.

—Eso siempre precede a una idea terrible. Así que, naturalmente, me apunto —contesta Luthor.

—Vamos a llevar la piscina al nivel superior.

Se ríe y luego se limita a mirarme, atrayendo mi atención sin poder hacer nada.

—Me gustan tus amigos mucho más que tú —digo suavemente para que solo ella me oiga.

A la cálida luz de la sala, su mirada brilla como si fuera líquida. Contesta en voz baja:

—¿De verdad?

—Sí, de verdad.

Silencio. El corazón me late a mil por hora. Levanta la mano para colocarme el cabello por detrás de la oreja y el lóbulo me arde cuando escuchamos a una mujer decir desde algún lugar cercano:

—Luthor, me dejé los zapatos en tu casa el otro día. ¿Todavía puedo hablarte sobre la organización benéfica que esperaba que…?

—El lunes, en L4 —contesta sin inflexión, con la atención puesta en mí.

La mujer me lanza una mirada de puro odio y, acto seguido, se marcha. Me pregunto si se acuesta con estas mujeres. Me pregunto…

—Al menos sé lo que quieren. Mi cama o mi billetera. O ambas cosas — dice como si me leyera el pensamiento. Retuerce los labios de forma adorable y me estudia. ¿Qué quieres de mí?, preguntan esos ojos.

—Deberías entrenar con Luthor algún día. Seguro que te patea el culo. Sería divertido para ambas —le dice Sam a Jack desde la distancia.

Mientras la Maldad me mira, siento que desliza la mano por debajo de la mesa en busca de la mía. Cuando encuentra mis dedos, me los roza ligeramente con el pulgar, luego, oigo la voz de un hombre mayor en el podio.

—Damas y caballeros, gracias a todos por venir hoy. Estamos muy emocionados por la cena de inauguración de la única e inimitable Interface. Sé que todos estáis tan emocionados como yo por formar parte de esta familia innovadora. Y aquí, con nosotros, está el genio que hay detrás de todo, una persona conocida por su ingenio y su increíble entusiasmo por la vida. ¡Os presento a Lena Luthor!

—Ahora vuelvo —susurra, y me echa el cálido aliento en el oído.

Me sonrojo por la caricia que me hace en la espalda, por debajo del cabello, cuando se levanta. Mientras se dirige al podio, no puedo soportar las miradas que me dirigen. Me siento tan afectada por el ardor que siento bajo el vestido y la humedad entre las piernas que decido que esta noche no puedo estar con ella. No puedo quedarme aquí sentada y fingir ser su cita. Está muy mal, me supone demasiado esfuerzo.

Me quedo en silencio mientras la escucho saludar a la multitud con su voz autoritaria.

—Buenas noches y gracias por la presentación, Roger.

Cuando salgo por la entrada y me dirijo hasta donde se encuentran las mesas donde están las acreditaciones de la prensa, veo a su asistente, Cathy.

—Hola, Cathy, ¿me recuerda? La conocí en…

—Señorita Danvers, por supuesto. —Se dirige hacia el salón de baile—. ¿Todo bien en su mesa?

—Oh, es la mejor mesa. Por eso no puedo sentarme allí. Verá, estoy aquí como periodista. Es un malentendido, y la señora Luthor está muy ocupada…

Me sorprende la forma en que su rostro básicamente irradia luz cuando lo menciono.

—Entiendo —dice con calma—. Me imaginaba que una buena chica como usted se preocuparía por su reputación.

—No, quiero decir… Bueno, sí, exactamente por eso necesito la acreditación. No quiero que nadie se lleve una impresión errónea.

—Sobre todo ella, ¿no? —Me mira y yo me sonrojo—. Puedo darle un millar de acreditaciones, señorita Danvers, pero si ella la desea, irá a por usted. Tiene la paciencia de una santa cuando se trata de conseguir lo que quiere.

Y tú estás enamorada de ella, pienso, pero no digo nada porque, por suerte, está imprimiendo mi acreditación.

—¿Le gusta trabajar para ella? —pregunto.

—No trabajaba hasta que empecé a hacerlo para ella. Fue la única que me dio una oportunidad. —Sonríe y me pasa la acreditación.

En silencio, regreso a la sala, cuando escucho su voz a través del micrófono, me atraviesa una corriente eléctrica. Una oleada de aplausos por parte del público, emocionado, arrasa la sala.

De pie, al fondo, le doy la vuelta a la acreditación en busca del clip cuando me doy cuenta de que decenas de cabezas se giran hacia mí. Luthor ya no está en el podio.

Porque está abriéndose paso por la multitud con su elegancia al camina para dirigirse directamente hacia mí.

—¿Has acabado? —No suena enfadada ni impaciente, pero… casi.

—Yo… Sí. —Levanto la acreditación rápido e intento ponérmela en el vestido.

Toma mi mano con la suya.

—Me encantan esas orejas que tienes, pero parece que no oyes muy bien—murmura divertido—. No vas a necesitar esto. —Me arrebata la acreditación de las manos.

—¿Qué? ¿Por qué?

—¡Luthor! —lo llama una voz cercana. Es un miembro de la prensa que le pide una foto que Luthor rechaza con un gesto de mano.

Se guarda la acreditación su cartera de mano y vuelve a meterme la mano en el hueco de su brazo.

—Ven —me susurra al oído, dirigiéndome ya al lateral de la sala, a las puertas que llevan a la terraza que da al campo de golf. Sale al exterior conmigo y solo entonces logro zafarme de su brazo.

—No creo que debamos estar aquí. Todo el mundo lo ha visto.

—¿Y? —Arquea las cejas y me quedo quieta, perpleja. Le brillan los ojos a la luz de la luna y tiene un aspecto suculento, comestible; no solo sus labios, sino cada parte de ella.

Poco a poco, dirige la mirada hacia abajo. Irradia una vitalidad que me atrae como un imán. Me pone de los nervios, pero algo en su voz me calma.

—¿Me culpas por quererte para mí unos minutos, Kara? —pregunta con voz ronca.

Tengo miles de fotos suyas, pero ninguna así. El rostro que veo ahora mismo no lo puede captar ninguna cámara; se supone que nadie debe verla. Ni siquiera yo. Hay una emoción pura, orgánica y sin filtros grabada en sus rasgos, revoloteando en sus ojos.

Me aprieta la mano para evitar que me aleje de ella y tira de mí con una sonrisa, porque me resisto un poco.

—Ven aquí —me insta finalmente, y consigue que mi cuerpo se relaje lo suficiente para ir donde ella quiere. Cerca de ella.

Es muy magnética, hermosa mientras me mira y me acerca a ella lo bastante como para olerlo. Me imagino extendiendo el brazo para acariciarle.

Daría lo que fuera por saber lo que piensa. Por qué está sonriendo así. Hay sonrisas que simplemente provocan que contestes con otra sonrisa, pero esta me provoca el deseo de besarla con todas mis fuerzas.

Ella es la primera en moverse. Levanta la mano ligeramente para apoyarla sobre mi rostro.

—Estás preciosa —murmura, me roza los labios con la yema del pulgar. Tiemblo de forma involuntaria—. Podría darme un banquete con tu boca…, más tiempo que la última vez.

—No, nada de besos —susurro, pero, por un instante, me permito absorber la sensación de estar cerca de alguien que es… no tengo palabras.

Me recorre el cabello con la mano, la sensación es tan dulce y tóxica que permanezco inmóvil. Las dos nos quedamos así.

Obviamente sabe que me afecta, pero ella también parece afectada. Tiene el cuerpo como una piedra y le vibra de la tensión. Las dos estamos afectadas. Me roza con la punta de los dedos la espalda desnuda. La calidez de su mano me provoca escalofríos por todo el cuerpo. Estamos en un hueco y la intimidad es muy intensa.

Tan intensa…

—Nunca hago esto. —Intento retirar los brazos que me rodean—. Por favor, devuélveme la acreditación.

—¿Para qué? —murmura con el ceño ligeramente fruncido.

—Necesito la acreditación. Estoy… Esto no es…

—No —dice suavemente.

—Me siento desnuda sin mi acreditación. Sonríe.

—Sigue siendo un no.

Gruño y me doy la vuelta. Cuando le echo un vistazo, me está mirando, divertida.

—¿Puedo hacerte unas preguntas? —digo extendiendo rápidamente el brazo para cogerle la acreditación de la chaqueta en un momento en que está con la guardia baja.

Se ríe cuando doy un paso atrás rápido para que no pueda recuperarla; entonces se pone seria y acorta la distancia con unos pasos lentos y medidos.

—¿Quieres hablar de Interface?

Parece que ¿Quieres hablar de Interface? se ha convertido en un código que significa otra cosa.

—Sí—contesto remilgadamente, y me engancho la acreditación al vestido.

Me observa.

—Pregunta. —Parece muy contenta de que lo entreviste, así que por fin suspiro de alivio.

—¿Qué objetivos tienes para Interface?

Me coloca un pelo suelto tras la oreja, que me arde cuando aleja la mano.

—Que sea el número uno en el mercado, desmarcarme de mis competidores.

La miro, la escucho. Esa ambición, determinación, sus efectos crecen más y más en mi interior.

—¿Tú…? —arrastro las palabras cuando levanta la mano y me acaricia la mejilla con los nudillos.

—Nunca dejas de trabajar, ¿no? —Me interrumpe, frunciendo un poco el ceño—. En ese sentido, eres como yo.

Yo también frunzo el ceño.

—Estás respondiendo con otra pregunta.

—No me estás haciendo las preguntas adecuadas.

—¡Dios, Luthor! ¿Por qué te gusta tanto tomarme el pelo?

Entre risas, se inclina hacia mí hasta que tiene la cara a la altura de la mía y huelo el jabón en su piel. Me sostiene la barbilla con la yema del pulgar y el índice.

—¿Por qué te sonrojas cada vez que lo hago?

—Mi piel es blanca, casi traslúcida. Me sonrojo con facilidad.

—Solo te he visto sonrojarte conmigo.

Su mirada es al mismo tiempo reconfortante e inquietante, cálida y fría, hermética a la vez que parece que me está desnudando.

—¿Piensas en mí, Kara?

—En el trabajo, sí. Pienso en ti en la oficina. ¿Eso es lo que querías oír?

—En parte, sí. Yo también pienso en ti en la oficina, pero también en la cama.

—Luthor, a los miembros de la comisión les gustaría hablar con usted. Señorita Danvers, soy Dean.

Tengo tanto calor ahora mismo que me mortifica tener que conocer a las relaciones públicas de Luthor así, pero le estrecho la mano e intento actuar de forma calmada y sosegada, como si la presencia de Luthor no me afectara en absoluto.

—Dean, oh, sí, encantada de conocerlo. Lena me arrebata la acreditación.

—El turno de la prensa ha acabado —me informa. Toda gelidez ha huido de sus ojos; ahora se ven más que cálidos, arden como bolas de fuego mientras me mira—. Cuida de ella, Dean.

—Lo haré. Luthor entra.

Dean y yo lo seguimos.

Le pregunto a Dean cuánto tiempo lleva trabajando en L4 y cómo fue el proceso de contratación. Estamos hablando de su trabajo y sobre lo mucho que me impresiona Interface cuando veo una cara familiar en la sala. Me pongo rígida cuando reconozco una naricilla puntiaguda, como la de un halcón, y un largo cabello oscuro. ¿Victoria?

Abre mucho los ojos desde el otro lado de la sala y me señala para mi completo y absoluto horror. Empieza a atacar.

—¿Kara? —dice.

Dios, no esperaba que ver a una colega de CatCo, una en la que no confío y que sabe exactamente lo que estoy haciendo aquí, me fuera a hacer sentir tan pequeña.

Me preparo por un instante y luego me detengo a saludarla.

Represento el papel de la perfecta inocente y parece muy complacida cuando le presento a Dean de forma rápida y superficial.

—Dean, guau, ¿y es usted las relaciones públicas de Luthor?

—Victoria…, ¿me acompañas al baño? Dean, ¿nos perdonas un momento?

Trato de parecer tranquila como una sirena cuando empiezo a dirigirme a los baños, manteniendo la mirada al frente mientras Victoria camina con aire de suficiencia junto a mí.

Incluso cuando camina parece que esté manteniendo relaciones sexuales con el suelo.

—Luthor te está comiendo con los ojos. ¿Por qué no estás pegada a ella, hablando con ella? —dice Victoria cuando por fin llegamos al baño de mujeres.

Me aseguro de que todos los baños están vacíos, luego voy al lavabo y abro el grifo.

—No es así.

—¿Qué? ¿De qué hablas? Como si ese vestido no estuviera pidiendo a gritos que te lo quiten…

—¡Chist! —Echo un vistazo a los baños y compruebo por segunda vez que están vacíos.

Ella me sigue e inspecciona cada uno de ellos por sí misma.

—No te preocupes, no voy a decir nada. Cat me mataría si esto explota.

Me froto las sienes y suspiro.

—¿Puedes explicarme qué estás haciendo aquí?

—Llamé a algunos contactos cuando me enteré de que no estabas en la lista de periodistas. Quería obtener los detalles.

—¿Los detalles de qué, Victoria? Estoy aquí. Este es mi… Estoy aquí. Y lo tengo todo bajo control.

Me mira de forma dubitativa.

—Vale. Está bien. —Se lava las manos con ceremonia y se toma todo el tiempo del mundo para secárselas. Luego se retoca el maquillaje—. Te sugiero que salgas ahí y uses tus armas femeninas. Eres una mujer, y eres guapa. Y, en caso de que no lo hayas notado, todas las mujeres de ahí fuera le están lanzando a Luthor miradas provocativas menos tú.

Se marcha.

Me quedo allí, mirándome en el espejo. Me he quedado pálida. Me siento físicamente enferma. Estoy segura de que, si salgo, Luthor me calará. Sabrá lo que quiero de ella, que lo quiero todo, incluidos sus secretos, y sabrá por qué no debería haberla besado del modo en que lo hice en el edificio de Interface. Lo que hicimos allí me pareció tan íntimo…, tan… tan poco profesional por mi parte si tenemos en cuenta lo que tengo que hacer…

Todas mis inseguridades salen a la superficie, por lo que llamo a un taxi con el móvil. Espero unos minutos y luego salgo del baño y me encuentro a una de las mujeres de la mesa de las acreditaciones de prensa.

—¿Podría decirle a la señora Luthor que la mujer cuya acreditación tiene en el bolsillo ha tenido que marcharse, que no se sentía bien? —le pregunto, agradecida cuando accede.

Fuera, el taxi me espera al otro lado de la calle y salto sobre unos charcos para meterme en su interior, con el bajo del vestido completamente hecho un asco. Le doy las gracias al taxista cuando llego a casa, luego, me quito el vestido y los zapatos, me pongo la camiseta de la Universidad del Noroeste y me siento en la cama, inmóvil, con la mente en blanco y entumecida.

Nunca pensé que alguna vez haría algo que hiriese a alguien. Siempre he creído que estaba en el bando de los buenos, en el lado de lo correcto. Ver a Victoria hoy mientras estábamos trabajando y no trabajando me ha hecho ver lo que soy. Lo que estoy haciendo.

Soy una hipócrita. Una… mentirosa.

Esto es como ese jueguecito al que intentan obligarte a jugar los niños que se meten contigo cuando eres pequeña en el que te dicen: si te obligaran a matar a uno de tus padres para salvar al otro, ¿a quién elegirías? A veces en la vida hay que tomar decisiones como esa, una elección tan difícil que no puedes hacerla, que tendrías que sacrificarte a ti misma. Pero, aun así, CatCo se iría al garete.

Echo un vistazo a la habitación de Nia, pero todavía no ha vuelto. Me hago un ovillo de nuevo en la cama mientras me pongo en la tele un programa local de cotilleos para distraerme.

—Esta noche, en la inauguración de Interface, Lena Luthor ha estado hablando…

Aparece un fragmento de hace tiempo y se me revuelve el estómago, como si acabara de montarme en una montaña rusa. La tele vuelve al presentador de noticias y una imagen nuestra: Luthor me da la mano y me lleva a la terraza.

¡DIOS MÍO!

—La pronta marcha de una jovencita está causando confusión entre la prensa; esta es la imagen tomada antes de Luthor con ella, que ha despertado muchas especulaciones sobre si Luthor ha puesto el ojo en esta chica. Se rumorea que trabaja en una pequeña revista de la zona, pero no ha asistido como periodista. Es la primera vez que se relaciona a Luthor con una periodista. Será interesante ver cómo se desarrolla esta historia.

—Estoy de acuerdo —dice la copresentadora.

—¡Dios mío! —Apago la tele, dejo el mando a un lado y me cubro la cara con las manos. Inspiro, espiro una y otra vez, y, entonces, me vibra el móvil. Es Cat.

Estás en las noticias. Vicky me ha mandado un mensaje. Dice que parece coladísima. Estoy impresionada

Gruño.

—Voy a vomitar.

Enferma, odiándome a mí misma por mi repugnante doble juego, agarro una almohada y entierro la cabeza en ella. No respondo a Cat. En vez de eso, borro el mensaje y luego me agarro a mi cuerda de salvación, lo único que me mantiene a flote cuando todo se complica.

Te quiero, mamá

Saludos desde Chile, he estado algo complicada de tiempo pero no olvido estas adaptaciones y traducciones