Un día más para amarte

Los personajes no me pertenecen son de la Gran Rumiko Takahashi, esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Historia AU / One shot para el día de los enamorados.


Aún recuerdo tan claramente ese catorce de febrero en el que te removías nerviosa en tu pupitre en el salón de clases, aunque no lo demostraba todos mis sentidos estaban puestos sobre ti. Me preguntaba qué podía tenerte tan nerviosa, jugabas con tus dedos sobre la mesa y en tu frente se podía apreciar un ligero brillo perlado, a ratos tus ojos miraban la hora en el reloj que se encontraba sobre la pizarra con sus pequeñas manecillas dando paso suelto hacia el horario de salida. De pronto uno de mis amigos tocó mi hombro para distraerme por un breve instante, uno en el que te perdí de vista. El timbre sonó y volaste tan rápido de mi lado que no escuché ni tus pasos. Pregunté por ti de forma disimulada a tus amigas pero ellas simplemente no te habían visto, ¡por un carajo! exclamé de forma interna ¿En dónde rayos te has metido Akane?

Busqué por los jardines y la biblioteca sin resultados, decidí regresar a casa. Muy desanimado y resignado de que una vez más te habías escabullido delante de mis ojos.

Sorpresa fue que al llegar al hogar tampoco te encontré, mi humor no mejoraba y me sentía frustrado e irritado. Cómo te protejo si te escapas de mí ¡pequeña marimacho! Refunfuñaba en el dojo intentando desahogar mi molestia.

De pronto llegaron irrumpiendo y destrozando todo a su paso ese par tan singular, Shampoo junto a Ukio envolviéndome en dulces que ellas mismas habían preparado, intenté huir pero verdaderamente son insistentes y molestas.

De una forma muy peculiar Kasumi ayudó a que me dejaran en paz, invitándolas a la cocina para que pudieran enseñarle como era que habían preparado tantos dulces en San Valentín. Ellas en una competencia de nunca acabar aceptaron y se fueron a preparar sus golosinas. Así pasaron las horas y Akane la chica dueña de mi corazón no aparecía.

Salí de casa justo al atardecer, caminé cabeza gacha por la barda de todos los días hasta llegar al puente, miré el cielo que estaba cual postal de colores rosas, rojos, morados, vi el brillo del sol ese que deja justo cuando está por esconderse en el horizonte, una brisa fresca golpeó mi rostro pero junto con ella mi olfato, trajo a mí un dulce aroma que reconocía; cerezas. Miré hacia el frente y pude ver tus marrones titilar justo antes de que cayera la noche, recuerdo como mi corazón se alocó de solo verte.

—Akane ¿Dónde estabas? —pregunté con reproche.

—Por ahí —respondiste sin mirarme encogiendo tus hombros restando importancia a mi preocupación.

—-¡Cómo es eso! —exclamé enarcando una de mis cejas.

—Por qué tanto cuestionamiento, desde cuando te importa lo que me suceda o haga —replicaste alejándote de mí.

—¿Cómo qué no? luego tu padre se muere te pasa algo, ¡niña boba! —espeté ofuscado.

—No es tu asunto, no tienes que ser amable por el "compromiso" —murmuró y eso me dolió como un demonio, porque en verdad me preocupaba pero cómo le hacía entender que ella era la única que podía hacer y deshacer conmigo.

—Vamos a casa mejor —mencioné antes de que dijera una idiotez que me enviara directo a Okinawa cortesía de mi hermosa prometida.

Ese mismo día por la noche fui a mi habitación a dormir, acomodaba mi futón cuando oí la ventana de Akane abrir. Me pareció extraño pues acostumbra a cerrarla muy bien a esas horas. La curiosidad pudo más y me salí como tantas veces en dirección al cuarto de ella. Asomé sutil pero mi tormento estaba de frente justo detrás de la cortina, de puro susto casi pierdo el equilibrio y caigo, cogió una de mis manos y de un solo jalón me hizo entrar a sus aposentos.

No tenía idea de lo que le iba a decir pero de seguro me esperaba un mazo enorme directo en mi cabeza, cerré los ojos esperé pero no pasaba nada.

—¡Abre los ojos Ranma! —exigió.

—Lo siento, eh… yo, es que vi tu ventana y —no me dejó terminar mi balbuceo.

—Lo sé, la abrí para que pudieras entrar —señaló muy suelta de cuerpo tanto que se me cayó la mandíbula hasta el suelo de asombro.

—¿Estás enferma? —fue lo único que se me ocurrió preguntar, su conducta era atípica.

—¡Deja de decir boberías! o te vas arrepentir.

—Está bien, es que me tomas por sorpresa —murmuré viendo el suelo.

—Bueno ya casi se va el día —comenzó a decir, en ese momento me preguntaba qué carajos tenía que ver el día conmigo y la ventana. Mi mente era un lío.

—Akane mejor me voy —indiqué apresurado con el fin de dirigirme hacia la ventana, más ella cogió mi brazo izquierdo y me giró de una sola vez.

—No he terminado ¿ves esa pequeña bolsa sobre mi escritorio? —preguntó y miré hacia donde apuntaba y no podía ignorar el calor de su pequeña mano sobre mi brazo, hubiese querido quedarme así un rato más pero ella volvió a hablar y dijo —¡es tuya!

Caminé hacia el escritorio y tomé entre mis manos la bolsa, la miré esperando su aprobación y ella sonrió tan hermosa con solo el brillo de la luna entrando por su ventana.

Era un hermoso Obi nuevo (cinturón) para mi Gi que hace semanas se destrozó por lo viejo que estaba. Era de color negro con un ligero brillo satinado a simple vista era el típico Obi pero este tenía una peculiaridad, llevaba bordado "SAOTOME" con hilo dorado y ese simple detalle lo hacía especial. Me sentí muy feliz de que ella recordara que necesitaba uno pero más aún cuando voltee para darle las gracias tomando sus pequeñas manos junto a las mías y ver picadas en todos sus dedos.

—Feliz Día de San Valentín —susurró bajito sonriendo como solo ella sabe hacerlo, derritiéndome por completo.

—¿Por esto no te vi en todo el día? —cuestioné.

—Sí, quería terminarlo ya sabes que soy un desastre en la cocina entonces lo compré pero quise darle un toque, es increíble que me haya quedado así ¿no crees?

—No, lo único increíble aquí eres tú —sostuve.

Ese fue el comienzo de mi primer paso a confesar todo aquello que sentía, un dulce beso sin experiencia selló ese San Valentín, me sentía grande y feliz.

Y todos los siguientes catorce de febrero ella se esmeraba por darme un detalle nuevo.

Solo es una fecha más para mí pero no sería nada sin su compañía.

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Han pasado ya treinta años desde aquel día, ya no somos tan jóvenes como antes. Pero quiero que este día sea más especial aún. No porque es una festividad de enamorados, no, sino porque ella es el amor de mi vida; mi esposa la madre de mis tres hijos y con la que quiero vivir en todas las vidas posibles.

Me encuentro aquí sentado en mi escritorio, mirándola desde mi ventana junto a mi pequeña nieta Mei, ella corretea detrás de su abuela feliz por en medio de flores, su hermosa melena azul con destellos de canas platinadas solo embellecen el paisaje de mis orbes, la amo tanto o más que el primer día en que la conocí, no imagino mis días sin ella y espero que cuando la muerte llegue a mi encuentro sea antes porque no soportaría vivir sin su sonrisa.

Al fin terminaba de escribir algunas de "Las Hazañas del Gran Saotome" de esas de juventud, y la dedicatoria especial antes de enviarlo a mi editor e hijo Arata; el del medio quien le hace honor a su nombre con sus ideas frescas e innovadoras, es para mi amada Akane.

De pronto escucho sus inconfundibles pasos en la puerta.

—Cielo ¿quieres té? —pregunta amablemente.

—Claro que sí, pero antes necesito que leas esto mi amor.

Ella se acerca al escritorio se coloca las gafas de lectura que lleva siempre consigo y comienza a leer cada línea de la pantalla de mi computador.

—Espera Cielo, hazlo en voz alta —le digo tocando su hombro, ella me sonríe y comienza otra vez.

"Cuando la lluvia está soplando en tu cara y todo el mundo está en tu caso, podría ofrecerte un abrazo cálido para hacerte sentir mi amor, cuando caen las sombras de la tarde y aparecen las estrellas y no hay nadie ahí para secar tus lágrimas, podría abrazarte por un millón de años para hacerte sentir mi amor, te conozco, tu mente aún despierta, lo he sabido siempre, desde el momento en que nos conocimos que es sin duda en mi mente en donde perteneces. Pasaría hambre, me volvería negro y azul ¡qué no haría! Por hacerte sentir mi amor, podría hacerte feliz no hay nada que no haría, ir hasta los extremos de la tierra, solo para hacerte sentir mi amor.

Mi querida Akane, esposa de mi corazón solo tú hiciste mi sueño realidad, porque me dejaste ser parte de tu vida solo para hacerte sentir mi amor.

Ranma Saotome.


Nota del autor

Mis queridos lectores, dedicado a cada uno de ustedes en este día del amor; para los que están enamorados y son correspondidos, para los que recién comienzan, para los que amaron una sola vez en la vida, para los que no conocen el amor, para todos ustedes.

Recuerden que es una festividad muy bonita pero que no es necesario esperar ese día para decir o hacer lo que sientes, el amor se vive cada día junto a los que amas. ¡Dilo, demuéstralo y vívelo!

Desde Chile una abrazo virtual, una fanática más de Ranma ½

Seré feliz de leerte en los review.

Sweetsimphony._