15 Cambio de imagen
¿Qué significaba eso?
No quiero tomar riesgos. Es el último objetivo en mi existencia. Siempre me ha gustado no ser imprudente.
El viernes me pongo a trabajar en un artículo que Cat quería para esta semana, pero no logro concentrarme. No puedo pensar, pero no puedo dejar de pensar o empezaré a ahogarme en mis propios miedos y dudas. Me digo a mí misma que debo ser imparcial, centrarme en el premio, y que eso es lo único que una periodista sensata haría. Y soy sensata. Al menos, lo he sido durante veintitrés años antes de conocer a Lena Luthor.
Estoy escribiendo con furia cuando suena el teléfono y echo un vistazo ausente a la pantalla, solo para sufrir un infarto cuando veo el nombre con el que lo guardé en mis contactos: PECADO.
¿Nos vemos esta noche en Tunnel?
¿Y cómo reacciona mi corazón? Dando volteretas. Mira en lo que me he convertido, en una chica ridícula. Tunnel es un lugar famoso por sus salas oscuras, sinuosas y por tener la música alta. Casi nadie sale del Tunnel sobrio o bien arreglado. Kara, no puedes ir con Luthor al Tunnel a menos que estés totalmente preparada para controlar tu líbido y, últimamente, no has tenido mucho éxito en ese sentido.
—¿Preparada?
Bajo el teléfono cuando Victoria intenta mirar por encima de mi cubículo.
—¿Preparada? —repito—. ¿Para qué?
—¿No te acuerdas? ¡La cita con el estilista! Para ponerte a punto para este fin de semana de trabajo.
—Mmm… Ah, cierto. ¿Cómo he podido olvidarme? El típico cambio de imagen en el que la chica del montón se corta el pelo y pesca al chico, lalalalalala —contesto mientras recojo mis cosas.
—Sí —responde entre risas.
Cojo el teléfono y cierro el archivo con un montón de enlaces (nunca son demasiados) relacionados con lo que Lena ha hecho esta semana que tenía abiertos en el ordenador. En todas las fotos salían chicas, pero ella se mostraba distante. No parecía estar divirtiéndose, pero quién sabe, es una mujer muy difícil de descifrar.
Una vez que cierro el ordenador, sigo a Victoria al ascensor y nos dirigimos a un centro de belleza para hacerme la pedicura, la manicura y cortarme el pelo.
—Reflejos.
—Soy rubia platino, Vicky, no hay nada más claro que eso.
—Unos mechones un poco más claros y otros más oscuros darán luz al cabello.
—Me lo voy a cortar, pero no voy a ser esclava del tinte hasta que tenga canas. Es un consejo. Me lo dio mi madre.
—A Luthor le gustan las mujeres fáciles. No está acostumbrada a trabajárselo, nunca tiene que esforzarse y, seguramente, le gusta que sea así. Aunque, si te digo la verdad, parecía completamente colada por ti, Kara.
Me suena el teléfono. Observo quién me llama y mi cuerpo reacciona una vez más. PECADO. Dejo el teléfono a un lado, ruborizada solo por pensar en ella, observo como me pintan las uñas de los pies de un bonito color rosa.
—Después de las uñas de los pies, cera completa en la zona íntima — anuncia Victoria desde su asiento a mi lado.
Me pregunto si puede hablar un poco más alto para que no solo la escuche todo el centro de belleza, sino también el mundo entero.
Me inclino hacia delante y digo en voz baja.
—No, gracias.
—Mmm. ¿Hola? No es una pregunta.
Me río.
—Chica, lo tengo controlado a la perfección. ¡Así que ya vale!
—Vale. —Baja de golpe la revista que estaba leyendo y la deja a un lado—. Pero a las chicas como Luthor les gusta la depilación brasileña. —Sonríe de forma pícara—. Y, por supuesto, también las hermosas brasileñas. —Elige una nueva revista y continúa con su papel de asesora, como si fuera una experta en Luthor—. A las cabronas les gustan todas, es parte de su encanto. Son unos especímenes perfectos y no podemos evitar vernos arrastradas por ellas. —Sonríe—. Tu ternura y tu delicada intensidad también pueden atraerla. Lo vi con mis propios ojos. Bajo esa fuerza, eres toda dulzura, delicadeza y ella es más como el fuego, más enérgico y ambicioso. Luthor se acuesta con cualquiera, pero es dura, como saben todos los que han hecho negocios con ella.
Me vibra el teléfono y esta vez es una llamada. PECADO. Fuerza y fuego.
Dura.
Quiero responder. Quiero escuchar su voz. También quiero no desear estas cosas.
Juro que implosionaré si el nudo que tengo en el estómago se tensa más. Otro mensaje aparece en la pantalla del teléfono.
¿Qué tengo que hacer para que aceptes?
Miro el teléfono durante lo que parece una eternidad mientras me muerdo la mejilla por dentro. ¡Sí! ¡Sí! ¡SÍ! Pero también NO. No podemos. NO. NO. NO.
Al final, me centro en el trabajo, me digo a mí misma que es un sí con un físico y apasionado no integrado, y respondo:
Alla nos vemos
Me tiembla la mano cuando vuelvo a apartar el teléfono e intento regresar al presente. Centro de belleza, cambio de imagen, Victoria. Oh, sí, Victoria. Una conversación muy interesante. La escudriño llena de confusión y, luego, comento:
—Por lo que me has dicho, estoy empezando a pensar que de verdad quieres que tenga éxito.
Para ser sincera, no me molesto en ocultar mi asombro, porque, bueno, hoy Victoria me ha sorprendido para bien.
—Claro que quiero que tengas éxito, ¿por qué no iba a hacerlo? Me encanta trabajar en CatCo. ¿Dónde se supone que voy a ir? —Una expresión de perplejidad le cruza la cara—. Todos sabemos que estamos en las últimas. Nadie está tomando el control. Nuestra tirada disminuye por segundos. Todos acabaremos en la calle. —Niega con la cabeza—. No quiero que eso suceda. —Suspira—. Quiero que mis jefes me vean con buenos ojos, pero, para ser honesta, no estoy segura de lo que haría con Luthor si la tuviera para mí.
—Oh, nadie puede tenerla. —Me río un poco, pero, por dentro, me entristezco. Que Luthor esté tan apartada del mundo hace que sea más difícil que «pertenezca» a algún lugar e imposible que pertenezca a nadie.
—¿Qué quieres decir con que «nadie puede tenerla»?
—Pues eso, que no se puede tener, no de ninguna forma que a ella le importe. Nadie ha obtenido de ella más que migajas. Ni su padre, ni su madre. Ni ninguna mujer, ni sus amigos ni sus negocios. Se reparte, incluso entre sus intereses. Nada la atrae de verdad. Guarda para sí misma todo ese fuego. Solo te deja ver un atisbo de la chispa.
—Bueno… —Se abanica el rostro con las manos—. ¡Ya la comprendes mejor que yo!
Un poco antes de las 20.00, entro en el apartamento y recuerdo que le prometí a Victoria que me pondría un vestido.
—Intenta no enseñar mucho. Las chicas siempre se quitan la camiseta para Luthor. Puede que le guste preguntarse qué hay debajo para variar.
—No llegará a ver nada, así que puede morirse de la curiosidad — contesté con frivolidad.
Pero me sorprende que mi lengua no haya echado a arder porque no me siento indiferente. Lo único que siento es una emoción de esas que te impiden concentrarte en nada. De las que hacen que trates de realizar diez cosas a la vez y falles en todas.
No la he visto desde que me besó en la puerta de mi apartamento, antes de que se cerrara el ascensor.
Para cuando Nia llega a casa, tengo la ropa esparcida por todo el dormitorio. Le había escrito un mensaje:
¡Pecado va esta noche a Tunnel y nosotras también!
Aunque yo llevaba desde antes de que abriera la puerta buscando qué ponerme, ella entra como un huracán en el dormitorio y enseguida se hace con el control.
—¿Qué haces todavía en bragas y sujetador? ¡Vístete! Ponte esa camisa bonita, moderna de color azul y blanco con la frase MY BOYFRIEND IS A SAILOR, así parecerá que quieres demostrar que estás pillada y que no te has esforzado demasiado en arreglarte.
—¿Que no me he esforzado demasiado? Me he pasado cuatro horas en un centro de belleza. He pagado por este estúpido cambio de imagen.
—De todas formas, ponte la camisa que dice que tu novio es marinero. Si te quiere en bragas, eso le reventará.
Saco la camisa del armario y la miro cada vez más nerviosa a medida que pasan los segundos. Decido ponerme una falda con la camisa de la frase del novio. No es tan seductora como un vestido, pero, aun así, me verá las largas piernas, que ahora tengo suaves y muy aceitosas. Y ¿por qué quieres enseñarle tus largas piernas, Kara?
—¿Esto es buena idea, N? —Me pongo la falda.
—Es una idea cojonuda, ¡exactamente lo que querías!
—Mmm, no, no lo es. Yo quería investigar, y esto es casi como una cita.
—No, no lo es. Luthor no tiene citas. Solo rollos. Dios, ojalá que babee por mí.
Ojalá que al menos por una noche, una noche de su existencia, tenga un sueño húmedo conmigo.
Pero me siento muy insegura. Me giro y le pregunto a Nia:
—¿Esto está bien? Siento que camino en una cuerda floja…
—Kara, solo recuerda que ella te está usando a ti y tú a ella. No es una relación, ni lo será nunca. Limítate a hacer tu trabajo y no te involucres.
—Está bien —accedo enseguida solo para que deje de decir la palabra usar.
Me trago una bola de nervios del tamaño de un limón y tan amarga como su cáscara, luego, cojo el bolso y me digo a mí misma que puedo hacerlo, que quiero hacerlo, que quiero hacer esto más de lo que quiero estar con ella.
