II
El titán de piedra
El regreso a Shiganshina, Parte 2
Cuando abrió los ojos, no pudo reconocer su entorno por algunos minutos. Vio unos candelabros y unas personas que la miraban, pero nada más acudía a su mente. A juzgar por la luz, se dio cuenta que era de noche. Le tomó un rato reconocer a la gente que se encontraba presente en su ¿habitación? No, no lucía como su habitación. Era más bien como la sala de un hospital. Cuando trató de incorporarse, sintió un dolor muy fuerte en su espalda y no pudo moverse.
—No deberías hacer movimientos bruscos —le indicó una mujer con un uniforme blanco y ella supo que se trataba de una enfermera, lo que le confirmaba que estaba en un hospital—. Esas son heridas muy serias. Es un milagro que el cabo Levi te encontrara con vida.
Petra dilató los ojos a tope cuando escuchó el nombre de Levi.
—¿Fue él quien… me encontró? —dijo ella con una voz un tanto apagada.
—Así es —repuso la enfermera, tomando el pulso de Petra poniendo una mano en su cuello—. Si no fuese por él, habrías sido comida de titán. Honestamente, pensé que el titán hembra te había matado.
Aquellas palabras hicieron que los recuerdos volvieran en torrente a ella. Recordaba cómo sus compañeros caían uno a uno frente al titán hembra y cómo ella misma había recibido un golpe mortal que la había dejado estampada contra un árbol. No recordó nada más después de eso, aunque se le venía a la mente imágenes difusas de árboles transcurriendo en lenta sucesión, sangre y mucho dolor. Lo último que pudo percibir fueron los rayos del sol antes de sumirse nuevamente en la inconsciencia.
—Su padre viene en camino —informó la enfermera—, así como el cabo Levi. Vendrán a verla en breve.
Petra asumió que su padre la había ido a ver en varias ocasiones, pero no esperaba ser visitada por su mismo superior. De hecho, sabía que Levi se caracterizaba por mantener la cabeza fría en todo momento y que no se iba a preocupar demasiado por ella, pero sintió un retortijón de tripas de todas maneras.
El cabo me salvó pensó Petra, acomodándose en su cama. Pensé que no se iba a preocupar mucho por mí. Pensé mal.
Mientras volvía a cerrar los ojos, compuso, de forma involuntaria, la más leve de las sonrisas.
A medida que Petra cerraba sus ojos, el escuadrón Levi se abría paso a través de la penumbra. Ninguno se había atrevido a llevar antorchas, y aquella noche no había luna llena. La única forma que tenía el grupo de orientarse era seguir el contorno del muro Rose y esquivar cualquier árbol que obstaculizara el paso. El escuadrón iba en una formación apretada, de modo que todos pudieran reaccionar en caso de emergencia.
Erwin iba a la cabeza, flanqueado por Mikasa, Levi y Eren. El resto seguía de cerca a los cuatro. Ninguno decía siquiera una palabra. No había nada de qué hablar, en todo caso, al menos en el caso de Historia y los demás.
—Eren —dijo el comandante de improviso. El aludido no desvió la mirada del frente, pero hizo un gesto para denotar que estaba prestando atención—, ¿recuerdas lo que pasó en Stohess contigo y el titán hembra, digo, Annie Leonhart?
—Lo recuerdo —repuso Eren. La visión de Annie recubierta de piedra transparente no era algo fácil de olvidar, sobre todo la imagen de ella, derramando lágrimas—. ¿Aún no han podido sacarla de la roca?
—Lamentablemente, no —dijo el comandante, aunque no lucía decepcionado—. Como sea, asumo que también recuerdas lo que Hange dijo sobre la habilidad de los titanes de endurecer sus cuerpos, y sobre cómo tú también podrías tenerla.
—También lo recuerdo.
—Aunque concuerdo con ella en muchos puntos, lo cierto es que no sabemos si tú posees la misma habilidad que Annie o Reiner. Ellos eran diferentes, en muchos sentidos, a los titanes convencionales. —Erwin hizo una pausa para verificar si había luces que indicaran la proximidad de pueblos o aldeas, para luego continuar con un poco más de urgencia—. Como Hange dijo, si eres capaz de desarrollarla, entonces habremos encontrado un modo efectivo de sellar el muro María. Sin embargo, ese será el paso siguiente. El primero será averiguar qué es lo que tu padre escondió en el sótano de tu casa. Estoy seguro que muchas cosas se aclararán en ese momento.
—¿Y si no puedo desarrollar esa habilidad?
—Entonces habremos corrido un riesgo vano. Pero eso no significa que no lo intentemos, o mejor dicho, tú lo intentes. Cuando hayamos escapado de Karanes, iremos practicando, en caso que sí tengas la habilidad.
—Con el debido respeto, señor, creo que está poniendo mucha presión sobre Eren —le advirtió Mikasa, frunciendo el ceño, pero Erwin no se dio por enterado.
—Si tienes una idea mejor, te escucho —repuso Levi en un tono peligrosamente suave.
Mikasa no dijo nada. Aquella fue respuesta suficiente para Levi.
—Tenemos que arriesgarnos —dijo Erwin, divisando luces entre los árboles—. Ya estamos por llegar a Karanes. Yo iré por la entrada principal. El resto empleará los equipos de maniobras tridimensionales y pasará por encima de los muros. Lo más probable es que la Policía Militar trate de aprehenderme, por lo que les será más fácil para ustedes reunirse con el resto de nuestras fuerzas.
—¿Y qué pasará contigo si eres arrestado? —preguntó Levi, aunque sabía que Erwin también había pensado en eso.
—Es ahí donde entra Eren —respondió el aludido—. Con suerte, la Policía Militar estará lo suficientemente distraída para que ustedes puedan sacarme de la ciudad sin muchos problemas.
Levi exhaló en señal de buscar paciencia.
—Tus planes siempre dependen mucho de la suerte.
—Si hubiera más margen para pensar en mejores alternativas, entonces consideraría un camino más seguro. Desafortunadamente, no hay otras opciones y tampoco tenemos tiempo. Si no descubrimos qué esconde ese sótano, será el fin de todos nosotros y los titanes nos comerán a todos.
—Asumiendo que hallemos algo relevante allá.
Después de esas palabras, Erwin siguió su camino a caballo, mientras que Levi dio la orden a los demás para que desmontaran y treparan hasta la parte superior del muro. Hubo mucho ruido de gas siendo expulsado y de metal horadando piedra. Al final, todo el escuadrón Levi llegó hasta lo más alto del muro, escondiéndose rápidamente tras unas cajas al ver que había patrullas de la Policía Militar merodeando en las cercanías.
—Nos mantendremos ocultos en esta zona —dijo Levi en voz baja y los demás asintieron en silencio—. Yo iré a comprobar el estado del comandante. Eren, si la Policía Militar lo ha interceptado, interviene. Trata de mantener las bajas al mínimo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, señor —repuso Eren, quien puso su espalda contra una caja de balas de cañón, notando que Historia estaba a su lado. No sabía por qué, pero le daba la impresión que ella había cambiado mucho desde que le confesó a Ymir cuál era su verdadero nombre. Era como si Krista Lenz hubiera sido el papel de una actriz llamada Historia Reiss, una muy mala actriz a decir verdad. Agradecía que, al menos, fuese más honesta con ella misma.
—Es injusto, ¿verdad? —dijo Historia de repente, sobresaltando a Eren.
—¿A qué te refieres?
—Tener tanta responsabilidad sobre tus hombros. Sé cómo se siente.
Eren frunció el ceño.
—¿Por qué lo dices?
—Es que… es que he pasado prácticamente toda mi vida soportando que otros decidan por mí. Lo que como, lo que visto, lo que puedo decir… o mi destino. No sé si te lo han dicho, pero soy la hija de un señor regional, y las apariencias para la clase alta son cruciales. Desde que mi media hermana falleció en un incendio, mi padre dictó las reglas sobre las que se erigía mi vida. Fue él quien comenzó a llamarme Krista, ¿sabes?
—¿Y por qué haría tal cosa?
—No lo sé —repuso Historia tristemente, bajando la cabeza—. Es como si mi padre pensara que soy alguna clase de princesa aspirante a algún trono. Recuerdo que leí un libro donde aparecía un personaje llamado Krista. Ella era amable con todos y siempre tenía buenas intenciones. Supongo que mi padre obtuvo la inspiración de ese libro.
—¿Y por qué un señor regional pensaría que tú eres una princesa?
—Jamás me dio una razón. Solamente me dijo que debía hacer esto, decir esto otro, comportarme de esta otra forma…
—¿Y cómo llegaste al Cuerpo de Entrenamiento?
—Fue parte de las condiciones que me puso mi padre —dijo Historia, rodeando sus piernas con sus brazos, fascinada con el suelo—. Tampoco me dio algún motivo, pero asumo que tenía la intención de que yo ingresara a la Policía Militar. Así estaría a salvo.
—Pero, si tu padre quería que tú entraras a la Policía Militar, ¿por qué escogiste ingresar al Cuerpo de Exploración?
—Porque… bueno… supongo que un joven impulsivo y temerario llamado Eren Jaeger (1) me convenció de hacerlo —dijo Historia con una pequeña carcajada.
—Por cierto, ¿no crees que el cabo Levi se está demorando demasiado?
Historia no había reparado en el tiempo que había pasado desde que llegaron a la parte alta del muro Rose, pero no se le antojó demasiado rato.
—Tal vez aún no han detenido al comandante —dijo Historia en voz baja, notando que, a unos pocos metros de ellos, Mikasa la miraba con ojos como rendijas, haciendo un gesto de silencio. Eren pudo ver por qué, cuando vio a una patrulla de la Policía Militar acercarse a las cajas.
Todo habría salido bien, de no ser por el estómago de Sasha. No había comido desde que partieron de Trost y el sonido que la falta de alimento causaba puso en alerta a la patrulla. Sasha se llevó una mano a la boca, sin atreverse siquiera a respirar, mientras que Jean, quien estaba a unos pocos metros de ella, se llevó una mano a la frente, mientras que se escurría hacia unas cajas más allá de los soldados.
Armin también se había percatado del problema y, con mucho cuidado, comenzó a empujar una de las cajas hacia el lado exterior del muro, mientras ponía un ojo al estado de la situación unos metros a su izquierda. Si los soldados descubrían a Sasha, inevitablemente iban a asumir que habría más gente oculta en las cajas, y todo se precipitaría como las fichas de un dominó.
Con un empujón final, Armin señaló a los demás a que se prepararan para arrancar. La caja se volteó por el borde del muro y, con un estruendo que podría despertar a un muerto, cayó, llamando la atención de los efectivos de la Policía Militar. Cuando ellos se dirigieron hacia el lugar de la conmoción, Armin dio la señal y los demás se escabulleron entre las demás cajas, pasando la posición de los soldados y escondiéndose en unas cajas varios metros más allá. Estuvieron esperando varios minutos, hasta que los soldados enviaron a uno de ellos a investigar, mientras que los demás siguieron patrullando, alejándose del escuadrón.
—Bien hecho, Armin —dijo Mikasa, y los demás compusieron expresiones de aprobación—. No creo que a Levi le cueste mucho trabajo encontrarnos en nuestra nueva posición. Además, tiene que evitar a las patrullas, así va a llegar aquí de forma invariable.
Sin embargo, los minutos pasaban, y no había rastros del cabo por ningún sitio. Después de lo que les pareció una hora completa, Levi apareció cerca de la posición de Eren, lo que era conveniente.
—Es tu turno —fue todo lo que dijo.
Eren sabía que debía haber una razón por la que Levi había tardado en llegar, pero ese no era el momento para cuestionar a su superior. Sabiendo que sus poderes funcionaban siempre y cuando tuviera un objetivo concreto, dejó que ese objetivo fuese todo lo que ocupara su mente. Luego, se dejó caer por el interior del muro y se mordió la mano.
Historia, que se encontraba cerca de Eren, le sorprendía aún que un humano pudiera transformarse en aquello que estaba causando la total extinción de la humanidad. No sabía cuál era la razón de por qué Eren podía transformarse en un titán, pero, si actuaba a favor de la raza humana, entonces no tenía reales razones para quejarse. Sin embargo, no podía imaginar la conmoción que suponía el sólo hecho de saber que podía transformarse. Luego, estaba la misma transformación. Se preguntó si aquellos que podían transformarse en titán sentían alguna clase de dolor, fuera del que sentían cuando se hacían daño para iniciar la transformación.
Mientras tanto, los soldados que hacían patrulla en el muro desaparecieron. El escuadrón Levi aprovechó la confusión para penetrar en Karanes, discurriendo por los techos, evitando cualquier confrontación.
—De acuerdo —dijo Levi, dirigiéndose al resto de sus hombres—. Mikasa y yo iremos a rescatar a Erwin. Armin, usa señales de humo para indicar al grueso del Cuerpo de Exploración que vamos a iniciar la salida de la ciudad. No sabemos por cuánto tiempo podrá aguantar Eren contra la Tropa de Guarnición, por eso, debemos darnos prisa. Los demás, diríjanse directamente hacia la salida. Nosotros los seguiremos.
—¡Sí, señor! —corearon todos.
Pese a lo que le había dicho Levi, era difícil que un titán de quince metros pudiera reducir las bajas y los daños. Sin embargo, Eren no mató a ningún civil. Su propósito era distraer a la Policía Militar, aunque sabía que la Tropa de Guarnición también andaría tras él. Lo que no sabía, no obstante, era que los miembros de la Policía Militar no luchaban contra titanes, por lo que simplemente se mantenían alejados, dejando que otros hicieran el trabajo sucio. No pasó mucho rato para que efectivos de la Tropa de Guarnición comenzaran a atacarlo. Por supuesto, gracias a lo ocurrido en Trost, ellos sabían que estaban enfrentando a un humano transformado en titán, y no atacaban para matarlo, sino para detenerlo y reducirlo antes que causara más daños. Eso no significaba que no se sintieran confundidos por el hecho que el mismo titán que había sellado la entrada a Trost, estuviera causando destrozos en Karanes.
Mientras tanto, en los techos, Armin había lanzado un proyectil de color púrpura y siguió su camino hacia la salida de la ciudad. Pronto, en medio de las casas, los miembros del Cuerpo de Exploración salían de sus escondites, descubriendo los caballos y las carretas donde llevaban los pertrechos y los insumos necesarios para la misión. En completo orden y aprovechando el caos en la ciudad, se dirigieron hacia la salida. El escuadrón Levi se encargó de neutralizar no letalmente a los guardias en el acceso principal, de modo que el grueso del Cuerpo de Exploración saliera sin problemas.
Cerca de la salida oeste de Karanes, un grupo de diez soldados custodiaban al comandante Erwin Smith, pero fueron tomados por sorpresa cuando Levi y Mikasa descendieron desde el techo de una casa de tres pisos. No fue necesario emplear las espadas contra ellos, pues ambos Ackermans eran soldados sobresalientes y los efectivos de la Policía Militar no fueron un gran reto para ellos, pese a que usaban armas de fuego. Sin embargo, hubo un disparo, el que hirió la pierna izquierda de Mikasa. La herida no era grave, pero dificultaba el caminar.
—¿Estás bien? —quiso saber Levi. Mikasa gruñó por toda respuesta.
Ambos sostuvieron a Erwin por la cintura y volvieron al techo. Mikasa hacía lo que podía para seguir el paso de Levi, pero el dolor iba en aumento. Apenas pudieron llegar al muro.
Por otro lado, Eren retrocedió al acceso este de Karanes, buscando escapar de la ciudad, aunque cómo lo iba a hacer, siendo tan grande, era aún un misterio. Tal vez aquello no había entrado en los planes del comandante, pero lo que importaba en ese momento era que los soldados de la Tropa de Guarnición le habían hecho heridas severas y apenas podía mantenerse de pie. Un soldado hirió su talón de Aquiles, y hubiera caído al suelo de no ser porque se sostuvo con sus brazos en las paredes. Eren ya no podía seguir resistiendo y dos soldados se acercaba rápido hacia él con el fin de sacarlo del cuerpo del titán.
No supo qué fue lo que cruzó por su mente en ese momento, pero en el momento que los soldados se posaron en los hombros de Eren, su cuello comenzó a adquirir una tonalidad pálida y, segundos más tarde, se había convertido en piedra. El efecto fue extendiéndose a lo largo de todo el cuerpo del titán, ramificándose hacia fuera, de modo que tocaran las paredes interiores del gran portal.
Cuando todo hubo acabado, la entrada lucía como si el titán se hubiera fusionado con el muro. La roca se rompió a la altura de la nuca y el cuerpo de Eren quedó colgando, claramente inconsciente. Por fortuna, se encontraba del lado correcto del portal y efectivos del Cuerpo de Exploración pudieron sacarlo sin problemas del titán de piedra.
—¡Eren! —exclamó Mikasa al ver el cuerpo inconsciente de su amigo, pero no pudo seguir avanzando a causa del dolor en su pierna.
—¡Así se hace, Eren! —exclamó Sasha y los demás mostraron su aprobación.
Y así, el osado plan de Erwin Smith había matado dos pájaros de un solo tiro. Habían escapado de Karanes y se habían asegurado que nadie los siguiera.
Nadie notó la sangre que brotaba de la nariz de Eren.
(1) Parece que Attack on Titan tampoco se salva de los cambios de nombres. Aunque aquí puse el apellido de Eren como "Jaeger", he visto que en otras partes lo llaman "Yeager". Al final, ni sé cuál de los dos apellidos es el correcto. También pasa con Krista Lenz, que muchas veces la veo nombrada como Christa Renz. Esto es algo que también ocurre en el anime con el que estoy cruzando AoT, o sea, Sailor Moon. (Usagi/Bunny/Serena, por citar un ejemplo, claro que en ese caso sé que el nombre original es Usagi).
Nota: Acabo de actualizar este capítulo un poco para corregir unos errores de los que me percaté mientras veía nuevamente la segunda temporada. La idea de que Eren podía endurecer su cuerpo fue de Hange, no de Erwin. xD
