III
Inquietud
El regreso a Shiganshina, Parte 3

Mitras, esa misma noche

Una paloma volaba en dirección a una de las ventanas del amplio palacio de gobierno. En sus patas llevaba un rollo de papel. Había volado cientos de kilómetros para entregar ese mensaje y esperaba una recompensa a la par de su esfuerzo.

El ave penetró en la ventana abierta. Era evidente que el dueño de la habitación estaba esperando que la paloma llegara. Cuando se posó sobre el marco de la ventana, el hombre que esperaba el mensaje le acercó un cuenco con comida para ave y un poco de agua, las cuales la paloma agradeció.

Lor Ulrich desenrolló el papel y leyó concienzudamente el mensaje. A medida que progresaba la lectura, más le iban gustando las noticias que provenían desde Karanes. Pese a que la noticia bien podría cambiarlo todo, no había grandes recompensas sin correr grandes riesgos. Después de todo, si el plan tenía éxito, iba a asegurar su posición en el poder.

Lo único que faltaba era que su recurso hiciera un buen trabajo.

Ulrich sabía que había corrido un riesgo al usar a esa persona para la labor, pero era el único con el cerebro y la tenacidad para realizar su parte sin fallar. Lo único que habría podido entorpecer el plan había sido la actuación de la Tropa de Guarnición en Karanes. O no fueron informados de su rol o sí les había llegado las órdenes, pero decidieron no acatarlas. Pero lidiaría con eso después. Había otras cosas que requerían su atención, entre ellas, lo que estaba ocurriendo en Trost.

La desaparición de cualquier miembro del Culto de los Muros era un atentado catastrófico contra el status quo, pues ellos eran los custodios de todo lo que la gente no sabía sobre los mismos muros. Sin embargo, desde que el Cuerpo de Exploración vio el titán dentro del muro Sina, Ulrich temía que el secreto no se mantuviera por mucho tiempo. Y era imperativo que los secretos de los muros jamás fuesen revelados. Si el Cuerpo de Exploración había secuestrado a uno de los sacerdotes, entonces solamente era cuestión de tiempo para que la balanza del poder se inclinara en una dirección que no le convenía a la monarquía.

Con esos asuntos en mente, Lor Ulrich tomó dos trozos de papel en blanco y escribió dos mensajes claros y concisos. Para ese menester, decidió emplear dos palomas (disponía de tres), de modo de agilizar el envío. No estaba seguro de si el segundo mensaje iba a llegar a tiempo, pero contaba con que las condiciones fuesen favorables. En cuanto al primero, estaba seguro que iba a llegar al destinatario correcto, y que las órdenes se iba a cumplir a cabalidad.

Sin embargo, había algo positivo entre todos aquellos asuntos.

Aún si el Cuerpo de Exploración lograra llegar a Shiganshina, ninguno de ellos tenía forma de saber lo que ocultaba la bóveda del tesoro del rey.

36 kilómetros al sur de Karanes, al día siguiente

Erwin había decidido acampar junto a un bosque pequeño. Aunque los titanes fuesen menos activos por las noches, no era inteligente avanzar a ciegas, aun con antorchas. Necesitaba un plan para llegar a Shiganshina con la mayor cantidad de soldados posible. Después de varias horas de debate, se llegó a la conclusión que la formación de larga distancia seguía siendo la opción más viable para recorrer el largo camino hasta el muro María. Dos horas más transcurrieron para organizar a los soldados.

Como había ocurrido la primera vez, Eren estaría en el sector más protegido de la formación, junto con el escuadrón Levi. Sin embargo, a diferencia de aquella fallida expedición, no había forma de que alguien supiera la verdadera posición de Eren. De hecho, solamente el escuadrón Levi había sido informado al respecto. Como bien sabían Eren e Historia, no solamente debían preocuparse de los titanes que se interpusieran en el camino, sino de los traidores también, quienes tenían información sobre la formación de larga distancia, e irían directo hacia Eren, matando a cuantos soldados se interpusieran en sus caminos.

Historia no había dormido bien anoche. Se había revolcado de un lado a otro en su cama improvisada, a veces exclamando cosas sin sentido en sueños. Notó que había estado derramando lágrimas sin que ella fuese consciente de ello y se las limpió. No recordaba casi nada del sueño, solamente unas imágenes fugaces y algunos gritos. Para despejarse la mente, decidió mojarse la cabeza y beber un poco de agua, notando que Eren se encontraba cerca, haciendo lo mismo. Se dio cuenta que, como ella, ostentaba ojeras.

—¿Tuviste un mal sueño?

—Debió haber sido eso —dijo Eren con voz queda, sin mirar a Historia—. No recuerdo nada de lo que soñé. Solamente… imágenes difusas, como cuando giras la cabeza muy rápido y el mundo se vuelve un borrón.

—No es poco común que no puedas recordar un sueño —dijo Historia, sentándose sobre el suelo, mirando cómo los demás soldados se levantaban. Algunos ya hacían guardia en caso que algún titán se acercara—. Me pasa a menudo, cuando estoy muy cansada. Se supone que cuando haces mucha actividad física, no tienes sueños.

—Debe ser difícil dormir bien —dijo Eren, imitando a Historia, pero seguía sin mirarla—. Sobre todo con estos malditos titanes amenazando con matarnos. No estamos ni cerca de saber qué son y de dónde diablos provienen.

Historia miró a Eren con el ceño fruncido, y él giró su cabeza, encontrándose con su mirada.

—Has cambiado, Eren. Antes solamente querías matarlos.

—Aún pienso en exterminarlos, pero hay tantos misterios en este mundo que a veces me pregunto de dónde provienen y por qué matan gente. De hecho, esto último siempre me lo he preguntado, pero siempre que ocurre eso, solamente creo que deberían morirse de una vez.

—Tal vez no quieres complicarte la existencia con preguntas que quizás no tengan solución.

Eren dejó de mirar a Historia y se puso de pie, secándose la cara con un paño que estaba colgado junto a una de las carretas.

—Tal vez. —Eren dejó el paño donde se encontraba e Historia también se puso de pie—. Iré a ver cómo se encuentra Mikasa.

Eren dejó sola a Historia y se adentró en una de las tantas tiendas de campaña, donde Mikasa estaba siendo atendida. La bala ya había sido extraída, pero la herida aún sangraba. Sin embargo, el dolor había estado disminuyendo lentamente desde la extracción de la bala.

—Eren.

—Parece que ahora soy yo quien debe cuidarte —dijo el aludido, arrodillándose frente a Mikasa y mojando un paño para lavar su herida—. Siempre decías que si no estabas conmigo, yo iba a morir pronto.

—Y lo seguiré diciendo.

—Mikasa —interrumpió Eren con un poco de brusquedad—, no puedes estar siempre velando por mí. Diablos, casi matas a Reiner y Bertholdt, solamente porque tenían intenciones de secuestrarme, amenazaste a Historia con matar a Ymir, ¿solamente para que después te pongas blanda confesando cosas que no venían al caso? ¿Por qué me dijiste esas palabras, después que Hannes murió?

Mikasa se puso ligeramente colorada al recordar ese momento. No sabía qué decir, ahora que Eren había sacado el tema a colación.

—¿Sabes? Ya estoy harto de que me sigas protegiendo. ¡Ya no soy un niño, Mikasa! ¡Tampoco soy un tonto o un ignorante! Puede que aún sea débil, pero eso no significa que siempre lo sea. Pero, ¿cómo diablos puedo ser más fuerte si no me lo permites?

—Eren…

—¡Basta! —exclamó el aludido, callando a Mikasa al instante—. Basta—. Eren respiró hondo para calmarse y seguir lavando la herida de ella—. Por favor, Mikasa. Déjame más espacio para cometer errores y aprender de ellos. Sí, he sido impulsivo, sí, soy débil, pero la única forma en que pueda cambiar eso es que no estés todo el tiempo encima de mí.

Se hizo el silencio dentro de la carpa. Mikasa se tomaba la bufanda, mirando a Eren con ojos brillantes. Aunque todo lo que había dicho Eren era cierto, simplemente no podía dejarlo solo, no podía permitir que cometiera errores, porque en ese mundo, cualquier error conducía a la muerte. Y ya se ha dicho que lo último que ella quería era que Eren muriera, aunque la razón detrás de aquel temor había cambiado hace algún tiempo. No se atrevía a ponerle un nombre a aquella razón, pues temía lo que aquello podía significar. Por eso, después que Hannes murió, había escogido no ser directa con Eren con sus palabras. Y eran tres las palabras que ella se moría por decirle, pero no tenía el valor de decirlas. Y, como era predecible, Eren no supo interpretar lo que ella realmente quiso decir.

—Lo siento, Eren —dijo Mikasa en voz baja y rehuyendo su mirada—. Es que… no quiero que mueras. Eres la única familia que me queda.

¿Por qué sigo diciendo esas cosas? Eren no es ningún familiar. Su padre me aceptó en su hogar, nada más. ¡No sigas engañándote a ti misma! ¡Se honesta con él!

—No voy a morir —repuso Eren, no sin una cierta pizca de brusquedad—. No partiré de este mundo sin haber conocido el mar, los lagos de fuego y los campos de agua congelada de los que Armin me habló. Haré lo que sea para sobrevivir esta maldita guerra.

El silencio volvió a reinar en la carpa y Mikasa seguía sin mirar a Eren. Apenas sentía el dolor en su pierna, mientras que él acabó de lavar la herida sin decir ninguna palabra. Los minutos se alargaban y daba la impresión que nada ocurría alrededor de ellos dos. Al final, lo que finalmente rompió el silencio fue la orden de Erwin de poner todo a punto para la partida. Eren dejó de hacer lo que estaba haciendo y, dando una intensa mirada a Mikasa, salió de la carpa.

El campamento se deshizo rápidamente y no dejaron ninguna huella de que alguna vez alguien estuvo allí. Los soldados montaron sus caballos, ordenaron los pertrechos, distribuyeron los dispositivos de comunicaciones y, cuando el sol acabó de asomarse por encima de las montañas lejanas, Erwin Smith dio la orden de cabalgar hacia Shiganshina.

Hubo muchos soldados que tragaron saliva cuando el comandante indicó la partida. Desde ese momento en adelante, no había vuelta atrás. Era Shiganshina, o la muerte. Y Jean lo tenía más claro que muchos de los soldados del Cuerpo de Exploración.

Pese a que juzgaba que Eren había desempeñado un rol ejemplar al bloquear cualquier intento de persecución, también creía que había conseguido endurecer a su titán por pura suerte. Tal vez en Shiganshina, las cosas sean muy diferentes, pues sabía que parte del plan del comandante era sellar el muro María usando a Eren, pero él ya había probado que sus poderes de titán no eran confiables. No tenía idea de lo que pretendía hacer Erwin Smith si el plan fallaba, pero sí tenía claro que, de haber un plan de contingencia, muchos soldados iban a perder la vida. Y no estaba en sus intereses morir en esa misión.

—¡Inicien la formación de larga distancia! —ordenó Erwin, y los soldados fueron dividiéndose hasta que ya ninguno podía verse entre los árboles y las aldeas desiertas que había en el camino hacia el muro María.

Armin, como la primera vez, tenía por función informar al resto de la formación mediante las señales de humo. Los colores eran los mismos: rojo en caso que apareciera un titán común, verde para señalar la nueva dirección y negro en caso que apareciera un excéntrico. No obstante, aunque ya tuviera experiencia con esta clase de maniobras, en esa ocasión no solamente tendrían que lidiar con un humano con la capacidad de transformarse en un titán, sino con dos, posiblemente tres.

Recuerdo que Ymir se fue con Reiner y Bertholdt. Ellos tres conocen la formación de larga distancia, por lo que sabrán dónde atacar, si es que quieren a Eren. No estoy seguro si Ymir estará colaborando con ellos dos o no… espera un momento. Ahora recuerdo que ella quería a Historia, aunque no sé para qué motivo. Eso no importa ahora. Ella también se encuentra en peligro. Debo encontrar una forma de avisar a los demás.

En la retaguardia, Historia cabalgaba en una muy apretada formación junto con el resto del escuadrón Levi. Ya había pasado un tiempo considerable desde la partida y no había visto señales de humo de ningún tipo. Normalmente, aquello podía considerarse como algo bueno, pero la ausencia de titanes en campo abierto era inquietante. Era como si estuvieran esperando por algo.

Unos cuantos puestos mas adelante, Erwin había llegado a la misma conclusión que Historia. Aquel comportamiento de los titanes era inesperado. No había informes de ningún soldado caído en combate y el grupo de búsqueda no había encontrado señal alguna de que hubiera titanes cerca.

—Esto es extraño —dijo Hange, quien se puso lado a lado con Erwin—. Siempre creímos que los titanes no poseían inteligencia, pero esto contradice lo que hemos averiguado de ellos.

—Eso, o están obedeciendo a alguien —dijo Erwin, recordando los reportes de la última expedición—. No sé si recuerdas que Eren, al menos por un momento, pudo controlar a los titanes. Si hay alguien que posee la misma habilidad, y sabe cómo usarla, entonces bien podríamos estar cayendo en una trampa. Es una lástima que no dispongamos mapas de esta zona.

—¿Por qué lo dices?

—Teniendo mapas de este lugar podríamos establecer un curso que cruce la mayor cantidad de bosques posible sin tomar demasiados desvíos. Sin embargo, esto es lo que hay. El gobierno no nos dejó otra opción. Ahora somos enemigos de la humanidad, lo queramos o no.

—¿No crees que es un poco drástico decir algo así?

—No es para nada drástico —repuso Erwin en un tono sombrío—. El gobierno prefiere hacernos a un lado, el pueblo no está contento con nuestros fracasos… tal vez sea difícil aceptarlo, pero estamos entrando en una oscuridad de la que difícilmente hay un escape. Pero no hay otras personas que estén dispuestas a ensuciarse las manos por el bien de la humanidad.

Hubo un silencio denso entre los dos, empañado por el sonido del viento al cabalgar y las herraduras de los caballos golpeando el suelo. Tuvieron que pasar dos minutos para que Erwin volviera a tomar la palabra.

—¿Y has averiguado algo más sobre el cristal que protege a Annie Leonhart?

Pese a que la misión era lo más serio que había emprendido alguna vez, Hange no pudo contener la emoción acerca de lo que había descubierto la tarde de la partida de Karanes. Al fin, después de horas de trabajo y varias noches en vela, el esfuerzo había rendido frutos tangibles.

—Bueno, he comprobado que el cristal que rodea a Annie tiene la misma composición que la piedra de los muros, pero me estaba haciendo la pregunta sobre cómo un ser orgánico podía crear una estructura inorgánica. Después recordé que los cuerpos de los titanes son sorprendentemente livianos, como si lo que viéramos fuese una parte de lo que realmente existe. Tal vez… estas estructuras de piedra formen parte de lo que no podemos ver.

—Es un interesante pensamiento —dijo Erwin, sin dejar de mirar al frente—. ¿Podría ser de alguna utilidad para que Eren pueda controlar ese poder?

—Bueno, dado que la roca, tanto en el caso de Annie como en el de los muros, es usada de forma defensiva, creo que este endurecimiento de los titanes es un mecanismo de defensa.

—Y tal vez solamente funcione en caso que el titán se encuentre en peligro —completó Erwin—. Pero, si lo que dices es cierto, y los muros están hechos de titanes, ¿de qué se estaban protegiendo ellos?

Hange se quedó en silencio, considerando que no tenían suficiente información para responder aquella pregunta. Al final, le dio más prioridad al hecho que no había aparecido ningún titán desde que salieron de Karanes. Ya habían avanzado varios kilómetros con la formación intacta, y Erwin comenzó a sospechar que no le iba a gustar nada lo que había al final del camino.

Una columna de humo amarillo apareció por el flanco izquierdo. Erwin supuso que alguien debía entregar información importante relativa a la misión. Decidió enviar a uno de sus escoltas para averiguar de qué se trataba.

El comandante no vio la paloma que se dirigía a toda velocidad hacia el sur.


Nota: He visto que al Cuerpo de Exploración también lo llaman Legión de Reconocimiento, pero al final, son la misma cosa. Yo escogí llamar a ese grupo "Cuerpo de Exploración" porque fue así como los conocí primero. En la traducción de la segunda temporada supe que también eran llamados "Legión de Reconocimiento", e investigando más a fondo, noté que en inglés existe la misma dicotomía. En este caso, Legión de Reconocimiento sería algo así como "Scout Regiment" y Cuerpo de Exploración sería "Survey Corps". Por cierto, esto también pasa en Sailor Moon, con el asunto entre Scouts y Senshi (yo las llamo Sailor Senshi), aunque la creadora de Sailor Moon apostó por llamarlas Guardianas desde hace un tiempo ya (que es una traducción alternativa de la palabra "Senshi", usualmente traducida como "guerrero"). Sí, es un lío, pero nosotros no tomamos esas decisiones. xD