VI
Asedio
La batalla de Shiganshina, Parte 2
Levi tenía muchas razones para agradecer a Mikasa por haberlo salvado del ataque del titán colosal, pero no había tiempo para expresarse. Sus pensamientos se pusieron en marcha inmediatamente, sabiendo lo que este nuevo giro implicaba para la misión.
—¡Mikasa! ¡Ve con el resto del escuadrón! ¡Yo me ocuparé del titán bestia!
—¡Sí, señor! —exclamó la aludida y, con el siseo del gas de su equipo de maniobras, acudió al encuentro de los demás. Levi, por otro lado, miró en dirección contraria, hacia el titán bestia. Se había detenido junto a un afloramiento de rocas. ¿Qué mierda planea hacer?
Mientras tanto, dentro de los muros, Eren y Reiner seguían su contienda, mientras que el titán colosal se ocupaba del resto del escuadrón Levi. Parecía ser demasiado grande para atacar su punto débil. De hecho, a ninguno se le ocurría una forma de derrotar a aquel coloso de carne y hueso. No obstante, uno siempre podía contar con Armin.
Uno podía pensar que él se había quedado atrás por cobardía, y estaría equivocado. Armin se había quedado atrás porque tales habían sido las órdenes de Levi. Con la seguridad que le proporcionaba su lejanía del campo de batalla, podía pensar con claridad, pese a la batalla que rugía no muy lejos de su posición. Pensaba en una forma de acabar, o al menos neutralizar, al titán colosal, pero solamente su tamaño le hacía un blanco difícil de derrumbar. Recordaba lo que le había platicado Eren sobre su encuentro con el titán colosal, sobre cómo había estado a punto de alcanzar su nuca, cuando éste expulsó una cantidad absurda de vapor caliente desde su espalda. También se le vino a la cabeza lo que había ocurrido después de los eventos en el castillo Utgard, cuando Bertholdt se había convertido en titán. Recordó que había hecho la misma maniobra, precisamente para que los soldados no pudieran alcanzar su nuca…
¡Eso es! El titán colosal no puede sostener la emisión de vapor por mucho tiempo sin desintegrarse. No es cuestión de si podemos alcanzar su nuca o no, es cuestión de mantener la presión por el tiempo suficiente para que Bertholdt no pueda continuar transformado en titán. Será vulnerable si es humano. Pero esto pondrá a mis compañeros en peligro constante. Espero que estén listos para lo que viene.
Cien metros más allá, Mikasa ya se había unido a los demás cuando vio la estela de humo gris que se elevaba en la lejanía. Al tanto de lo que eso significaba para su plan de ataque, se dirigió directamente hacia el titán colosal, mientras los demás la imitaban.
—¡Connie, Jean, distraigan a ese titán! —exclamó Mikasa, mientras ella se dirigía hacia las casas, buscando escapar de la vista del titán colosal—. ¡Historia, Sasha, vengan conmigo!
El resto del equipo hace rato había dado por sobreentendido que ella era la segunda al mando del escuadrón Levi, por lo que no cuestionaron la orden. Sin embargo, aquella había sido una extraña distribución del equipo, al menos de acuerdo con Jean. No era que Historia o Sasha no fuesen soldados competentes, pero él y Connie tenían más experiencia de combate.
La última vez que Mikasa lideró, muchos perecieron. Espero que no volvamos a pasar por lo mismo que esa vez.
Por otro lado, Historia, aunque no tenía forma de saberlo, solidarizaba con Jean. Claro, ella era la única de ese equipo, aparte de Mikasa, que había matado a un titán, pero enfrentar al titán colosal no era su idea de suicidio. No solamente le intimidaba la escala de su nuevo oponente, sino también el hecho que la persona dentro de ese titán había sido compañero de promoción, e Historia odiaba pelear contra personas que no le habían hecho ningún daño. En ese sentido, la personalidad de Krista Lenz persistía. Y era que había desempeñado por tanto tiempo ese papel que había ocasiones en las que no sabía si era Krista o Historia. Sin embargo, no había tiempo para las dudas. Mikasa le había dado una orden, y debía seguirla.
Sasha también maldecía la orden de Mikasa, pero pensar en lo que le podría pasar si se exponía al vapor del titán colosal le hizo pensar en que tal vez debió traer más tocino ahumado. Sin embargo, espantó esos pensamientos de su cabeza y se enfocó en la tarea a mano. No quería depender de Mikasa una vez más, y aquella era una buena oportunidad para probarse a sí misma. Si fallaba la prueba, quizás jamás tuviera el coraje para enfrentar nuevamente a un titán.
Cuando Mikasa vio que el titán colosal dejaba de prestarle atención, ordenó a Sasha y a Historia que se escabulleran entre las casas y se posicionaran en silencio por detrás del oponente. Sin embargo, las tres chicas encontraron un nuevo problema. Uno muy grande.
Justo detrás del titán colosal, Eren, como la primera vez, tenía a Reiner en una llave muy apretada, y ambos bloqueaban el paso. No había forma de ponerse justo detrás del Bertholdt sin dar un gran rodeo o sin emplear el equipo de maniobras tridimensionales. La única forma que había de lograr el objetivo era arriesgándose a pasar entre el titán colosal y donde se encontraban Eren y Reiner destrozando algunas casas. Mikasa sabía que debían ser rápidas y cautelosas para cruzar el campo de batalla sin sufrir pérdidas, por lo que ordenó a Historia y a Sasha a que corrieran a todo lo que diesen sus piernas, pero atentas a la caída de escombros o algún movimiento involuntario de los tres titanes.
Historia jamás había corrido tan rápido en lo que iba de su vida. Estuvo a punto de ser aplastada por la pared de una casa de dos pisos y una viga astillada casi le había perforado un ojo, pero Sasha había conseguido apartarla del peligro justo a tiempo. Al final, las tres aparecieron del otro lado, sin ninguna lesión grave. Un hilo de sangre corría por la frente de Sasha, pero era un mero rasguño. Mikasa no dio tiempo para descansar, pero a Historia le ardían los pulmones a causa del esfuerzo.
Esa chica es una bestia se dijo, mientras trepaba al techo de una casa de tres pisos, justo en el punto ciego del titán colosal. Corrió como alma que lleva el diablo y ni siquiera la veo agitada. ¿Qué diablos es Mikasa? Porque no parece humana, en absoluto. Es como si fuese una humana que poseyera la fuerza de un titán.
En el aire, Connie y Jean decidieron continuar su trabajo en los techos, pues lo peor que les podía ocurrir era que se les acabara el gas mientras distraían al titán colosal. Y, dada la situación, era muy difícil salir de la ciudad y recargar los tanques, con los demás titanes hostigando el muro. Jean sabía que el plan de Erwin dependía mucho de la suerte, y él no confiaba en la suerte. Confiaba en el equipo, en que todos hicieran su parte al pie de la letra. Aquella era la única forma de salir de aquella misión en una pieza. Y si no era así, al menos tenía la satisfacción de que nadie le había fallado. Porque Jean también sabía que había ocasiones en las que uno tenía que tirar la moneda al aire y ver qué ocurría, aunque no le gustara, aunque hubiera otras opciones. En ese caso, confiaba en que Mikasa, Sasha e Historia cumplieran con su función.
En el muro, la táctica de hostigamiento de Erwin estaban rindiendo frutos. Pronto, el campo de batalla se llenó de cadáveres humeantes de titanes, y el Cuerpo de Exploración solamente había sufrido cuatro bajas. Sin embargo, le molestaba lo que estaba haciendo el titán bestia junto a ese afloramiento de roca. Daba la impresión que estuviera tratando de levantar el afloramiento completo. Sabía que aquello podría ser imposible, pero bastaba con una fracción de toda esa roca para hacer un daño apreciable al muro… o las personas sobre éste. Ya lo había hecho una vez, en el castillo Utgard. No había razón para que diera resultado nuevamente.
—¡Hange! —exclamó Erwin, percibiendo el peligro de lo que estaba intentando hacer el titán bestia—. ¡Quiero que tengas ambos ojos muy abiertos! ¡Ese titán tiene la intención de arrojar una roca al muro!
—¿Una roca, dices? —dijo Hange, con la frente brillando con sudor a causa de la acción, mirando a lo lejos, divisando al titán bestia—. Ya veo. Haré que mis hombres se retiren al muro.
—Eso no será posible —dijo Erwin, y Hange se quedó mirándolo con desconcierto—. Si retrocedemos, los titanes van a penetrar el muro y será demasiado trabajo deshacernos de ellos antes que Eren pueda emplear el endurecimiento para sellar la entrada.
—¿Y qué está demorando a Eren?
—Reiner —repuso Erwin, señalando a la ciudad de Shiganshina—. No contábamos con que él y Bertholdt estuvieran esperándonos dentro de la ciudad. Recuerda que perdimos el rastro de ambos desde que intentaron llevarse a Eren. Tenemos que confiar en que Eren pueda derrotar a Reiner, o al menos incapacitarlo, para sellar ambas entradas.
Hange miró a Erwin con ojos desorbitados.
—¿Ambas entradas? ¿No crees que le estás pidiendo demasiado a Eren?
—Es necesario —fue la respuesta de Erwin—. Sé lo que esto le causa a su cuerpo, pero la única forma de descubrir qué es lo que oculta el sótano de su casa es que no tengamos a los titanes encima de nosotros cuando podamos acceder allí.
Hange se quedó un rato en silencio, ponderando las palabras de Erwin. Recordaba bastante bien la forma en que Eren había sangrado por la nariz después del escape de Karanes, y no quería perder al arma más valiosa de la humanidad por una negligencia. Sin embargo, las opciones se iban reduciendo conforme pasaba el tiempo, y sabía que cuando llegara el momento, habría que tomar medidas drásticas.
—Tú y tu mala costumbre de apostar —dijo Hange, aunque no sonó como si fuese una crítica, sino más bien, una burla—. De acuerdo, lo haremos a tu modo, pero si Eren llega a morir, tú serás el responsable.
—No es necesario que me lo digas, Hange, porque ya lo sé —repuso Erwin pesadamente, justo en el momento que un sonido como de ráfaga hizo que ambos giraran sus cabezas hacia donde se encontraba el titán bestia—. ¡Cuidado! ¡Viene un proyectil hacia nosotros!
Hange sabía que Erwin no podía moverse muy bien con un brazo menos, por lo que lo tomó de la cintura y empleó su equipo de maniobras para escapar de la línea de tiro de la roca. Los demás soldados escaparon como pudieron, pero algunos fueron capturados por los titanes y otros perecieron, ya fuese por la misma roca, o por los trozos de muro que salieron eyectados producto del impacto. En total, diez soldados perdieron la vida en ese ataque.
—Demonios —dijo Hange, poniéndose de pie y evaluando el daño que había recibido el muro—. Creí que sería capaz de resistir un impacto como ese.
—¿Qué es lo que pasa aquí? —preguntó una voz profunda a la izquierda de Hange. Ella se volteó y se encontró con Levi, quien miraba con atención cómo el titán bestia trataba de arrancar otro trozo de roca—. ¿Por qué ese mono no viene a atacarnos?
—Porque es un cobarde —dijo Hange, crispando los puños.
—Porque es inteligente —dijo Erwin, poniéndose de pie con mucha dificultad—. Es como un general. Puede ordenar a sus soldados a que efectúen el asedio, mientras que él ataca a distancia. Pero nosotros también tenemos nuestros recursos—. Erwin dedicó una mirada significativa a Levi, y el supo lo que tenía en mente.
—Venía a ocuparme del titán bestia —dijo Levi, cerciorándose de que tuviera suficiente gas para el combate—. La idea era que Mikasa me acompañara, pero la dejé a cargo del ataque contra el titán colosal. Tendré que apañármelas por mi cuenta.
—Debes tener mucho cuidado con las rocas —dijo Hange, viendo cómo el titán bestia cogía otro pedazo en brazos y se preparaba para lanzarlo contra el muro—. Y con cualquier titán que se interponga en tu camino.
—Los titanes no me preocupan —dijo Levi, crispando los puños y dedicando una buena mirada a Erwin—. Deberías ponerte a salvo, Erwin. El muro no es seguro.
—Eso lo sé, Levi, pero debo dirigir a los soldados. Es mi deber.
Levi se quedó un momento en silencio antes de asentir con la cabeza y descender por el muro, justo en el momento en que el titán bestia arrojaba otra roca. No había muchos árboles en el camino, por lo que tuvo que usar sus piernas para trasladarse y emplear el equipo de maniobras solamente cuando hubiera medios para hacerlo.
Ese titán es inteligente. Se posicionó de tal forma que no pudiera ser atacado directamente. Tengo que arrastrarlo hacia un terreno en el que estemos en igualdad de condiciones.
En el muro, la roca había dado de lleno en la parte superior, pero nadie salió lastimado. Aquello le causó extrañeza a Hange.
—¿Por qué no atacó al grueso del Cuerpo?
—Seguramente se dio cuenta que yo me encuentro aquí —dijo Erwin, mirando al titán bestia, quien se había inclinado de nuevo, seguramente para coger otra roca—. Debo reconocer que es astuto. Sabe que si descabeza al ejército, éste será menos efectivo. Con eso en mente, se me ocurrió una idea para que la moral no baje.
Hange miró al comandante con el ceño fruncido.
—¿Qué tienes en mente, Erwin?
—Quiero que tú tomes el mando del Cuerpo de Exploración, si es que yo llego a perecer. —Hange tragó saliva al escuchar las palabras de su superior—. Es obvio que no quiero que eso ocurra. Mi intención es descubrir qué es lo que oculta ese sótano. Si allí se encuentra la verdad de este mundo, o al menos una parte esencial, quiero estar allí para verlo. Ese ha sido mi sueño desde que mi padre falleció.
Hange tenía muy poca información sobre el pasado de Erwin, pero sí sabía que su padre había sido un profesor respetado, quien había sido hallado muerto en circunstancias bastante sospechosas. No obstante, aquello difícilmente era el punto. En ese momento, había una misión que cumplir.
—¿Me estás pidiendo que yo esté a cargo del Cuerpo de Exploración, en caso que no salgas vivo de esta batalla?
—Es exactamente lo que estoy diciendo —dijo Erwin, alzando la mirada hacia el titán bestia—. Alguien debe continuar la labor del Cuerpo de Exploración, y tú has demostrado que puedes hacer bien mi trabajo. También ascenderé a Levi al rango de capitán (2), o bien tú puedes hacerlo, si es que ocurre lo peor.
—Siempre me he preguntado por qué mantuviste a Levi como cabo por tanto tiempo.
—Es por su pasado —repuso Erwin, quien hizo una seña para que Hange le acompañara a otra sección del muro María, a la carrera claro estaba—. Incluso yo no sé mucho acerca de él. Lo único que pude recabar es que él fue un delincuente en la ciudad subterránea. Vi lo suficiente para darme cuenta que él podría ser un excelente soldado, y le ofrecí un puesto en el Cuerpo de Exploración después de los tres años reglamentarios en el Cuerpo de Entrenamiento. Necesitaba que comprendiera el significado de la autoridad, y para eso, necesitaba experiencia. Bueno, ahora es el mejor soldado de la humanidad, y, lo que es más importante, reconoce el valor de la autoridad, aunque no lo muestre de manera formal. Por eso he decidido ascenderle a un rango de mayor responsabilidad.
—De todos modos, Levi es el único que puede ocuparse por su cuenta del titán bestia —dijo Hange, agachándose sobre el piso para soportar el temblor que sacudió el muro cuando una roca impactó cerca de donde se encontraba la puerta—. Voy a coordinar el ataque a los titanes.
Erwin asintió con la cabeza, decidiendo que aquella era una buena idea. Necesitaba evaluar la situación actual, de tal forma de adaptar sus estrategias a los hechos. Sin embargo, las últimas palabras de Hange le hicieron recordar otra cosa.
No, Levi no es el único que puede vencer al titán bestia. No es coincidencia que Mikasa tenga el mismo apellido que él. Ambos son soldados excepcionales, pero tengo la impresión que Mikasa tiene aún más potencial que Levi. Ella es mucho más joven, pero posee casi la misma fuerza. Levi es más hábil porque tiene más experiencia, pero, ¿qué pasaría si tanto Mikasa como Levi fuesen igual de fuertes y hábiles? Tendríamos dos poderosos aliados en nuestra guerra contra los titanes. Tenemos mucha suerte.
Mientras tanto, en Shiganshina, Mikasa vio el humo rojo. Era la señal de atacar. El titán colosal seguramente se encontraba distraído.
—¡Historia, Sasha! ¡Es hora!
Ambas asintieron con la cabeza, tragando saliva. Sin embargo, cuando iba a despegar del techo de la casa, Historia vio una figura en la calle, una especie de animal. Se movía con lentitud, como si estuviera herido. No supo qué le hizo reaccionar, pero, en lugar de ir hacia arriba, descendió hasta la calle y vio que se trataba de un gato. Tenía una pata herida.
—¡Historia! ¿Qué diablos estás haciendo? —le gritó Mikasa, viendo que ella regresaba al techo con el gato en brazos—. ¡No pierdas el tiempo con eso! ¡Tenemos que atacar al titán colosal!
Pero Historia no parecía reaccionar. Había visto algo en el gato que le llamó mucho la atención. Sasha también miraba al animal con estupefacción, como si lo que estuviera viendo desafiara la imaginación. Irritada, Mikasa iba a regañar a Historia una vez más, pero se frenó en seco cuando vio lo que las otras dos chicas estaban viendo.
El gato tenía una luna menguante de color dorado dibujado en su frente.
(2) En algunas traducciones, Levi figura como cabo, y en otras, como capitán. No sé si será un problema con la traducción al inglés o al español castellano, pero he visto que han llamado a capitanes de un modo que no concuerda con el típico "heichou" con el que se denomina comúnmente a Levi. Para este caso, dada la confusión, decidí que sería cabo, con una futura promoción a capitán, solamente para que quede claro por qué decidí hacerlo de ese modo.
