VII
El poder del rayo
La batalla de Shiganshina, Parte 3

Erwin debió haber sabido que todo estaba saliendo demasiado bien.

Había solamente quince bajas en total, y llevaban tres horas de combate intenso. El asedio del titán bestia no parecía dar resultado, pese a que el muro había sido dañado en diversos sectores, y los titanes caían como jamás habían caído en los últimos 107 años. Y, como guinda de la torta, Levi había ido a encargarse personalmente del titán bestia. Erwin confiaba plenamente en que el cabo hiciera bien su trabajo.

Mientras tanto, las rocas seguían cayendo, y los soldados seguían esquivando los escombros. Hange había decidido que aprovecharan el movimiento para matar titanes, y el Cuerpo de Exploración se estaba comportando de forma espléndida. Sin embargo, a diferencia de Erwin, Hange sentía una incomodidad dentro de ella, una inquietud que no podía explicar de dónde venía. Jamás, en toda la historia del Cuerpo de Exploración, había visto algo como lo que estaba viendo en esa batalla. Generalmente, muchos soldados eran secuestrados por el miedo o cometían errores a causa de lo mismo, y terminaban en el interior de un titán. Sin embargo, había una motivación extraña en los soldados, como si solidarizaran con Erwin para descubrir qué había en ese sótano. Normalmente debería sentirse contenta por el éxito que estaba gozando la misión, pero eso hacía aún más profunda la inquietud de Hange. Decidió estar atenta a cualquier cambio en las condiciones, ya sea del entorno o del enemigo.

Mientras tanto, en Shiganshina, Eren y Reiner seguían en combate, aunque parecía ser que éste iba a llegar a su fin pronto, pues Eren tenía a su oponente en una llave muy apretada y la base del cuello estaba comenzando a romperse. Solamente era cuestión de tiempo para que Reiner fuese derrotado, pero siempre había que estar atento a lo que hiciera el titán colosal. Por fortuna, Connie y Jean estaban haciendo un buen trabajo distrayéndolo. Sin embargo, atrás del titán colosal, había otro cuento narrándose.

Mikasa, Sasha e Historia se habían quedado petrificadas al ver al gato con la luna menguante en su frente. No obstante, una mirada más a fondo les hizo ver que el animal era, de hecho, hembra. Tenía un pelaje negro, ojos de color magenta y, por alguna extraña razón, parecía haberse interesado en Mikasa.

—¿Qué le pasa a esa gata? —quiso saber Sasha, viendo la herida que había en su pata trasera derecha—. ¿Por qué tiene esa marca en la frente?

Pero Mikasa no respondía. Había olvidado la misión por completo. No tenía idea de por qué estaba reaccionando de ese modo. Era como si esos ojos magenta la estuvieran llamando de algún modo, como si en ellos esperara un destino distinto al que ella creía que tenía. Historia, por otro lado, comenzó a perder interés en la gata y se fijó más en lo que estaba haciendo el titán colosal. Vio que el vapor comenzaba a brotar de su cuerpo, y supo que habían perdido demasiado tiempo.

—¡Sasha, Mikasa! —exclamó, desenvainando sus espadas y mirando hacia arriba, notando que el titán colosal se estaba inclinando lentamente hacia un lado—. ¡Tenemos que actuar rápido! ¡Ese titán está planeando algo!

Sasha espabiló y se preparó para el ataque, pero Mikasa seguía con los ojos clavados en la gata. Ella le golpeó en la espalda, pero no hubo reacción alguna. Juzgando que se encontraba en la luna, miró a Historia y ella asintió con la cabeza. Ambas se impulsaron hacia la nuca del titán colosal, tratando por todos los medios de soportar el vapor caliente que brotaba de su piel. Sin embargo, la presión con la que salía el vapor era tal que no les permitía seguir adelante simplemente impulsándose con el gas. Retrayendo los cables para ayudarlas a avanzar, Historia y Sasha se acercaban de a poco a la nuca del titán. Alzaron las espadas para finalizar el trabajo.

Fue cuando ocurrió.

Eren consiguió separar la cabeza del resto del cuerpo, y Reiner quedó expuesto, justo cuando el titán colosal se inclinaba peligrosamente sobre él. Percatándose del peligro, Eren se apartó rápidamente, en caso que se repitiera lo mismo que la última vez, pero, al parecer, el titán colosal se dio cuenta de lo que había ocurrido, y se apoyó sobre unas casas para no caer completamente. Con lentitud, se puso lentamente de pie, casi llevándose por delante a Sasha e Historia, pero ellas se apartaron justo a tiempo y quedaron en posición para atacar la nuca.

A la distancia, Armin vio que el plan estaba dando resultado. El vapor no dejaba ver mucho, pero vio lo suficiente para darse cuenta que el cuerpo del titán colosal se estaba desintegrando lentamente, lo que confirmaba sus suposiciones. Lo demás era cuestión de presión y tiempo.

Presión y tiempo.

Lo que Armin no podía entender era por qué Mikasa se había quedado de pie en el techo de la casa, mirando algo que no podía discernir con claridad, pero que podía ser alguna clase de animal. Normalmente era ella la primera en atacar a un titán, pero su comportamiento había sido totalmente extraño desde que sostuvo a ese animal, si era eso lo que tenía en sus brazos. Al final, la curiosidad pudo más que él, y empleó su equipo de maniobras para averiguar qué era lo que le estaba pasando a Mikasa.

En el techo de la casa, Mikasa apenas pudo contener la sorpresa cuando la gata hizo algo que los animales normalmente no hacían.

—Te he encontrado al fin —dijo la gata, en palabras que cualquier humano podría entender—. He estado en este pueblo ruinoso por tres años, encerrada en una habitación cerrada con llave, hasta que un temblor abrió un agujero en la pared y pude escapar. Pero pagué un precio por ello—. La gata giró su cabeza hacia atrás, indicando su pata herida—. Eso fue hace muy poco, hoy, de hecho. Ya ni sé qué día es.

Mikasa se quedó en silencio, aún tratando de entender, o al menos aceptar, que estaba escuchando hablar a una gata. Le era muy difícil, sin embargo.

—Sé que no estás acostumbrada a escuchar animales hablar, pero te aseguro que ya no será tan extraño conforme pasa el tiempo —dijo la gata, mirando fijamente a Mikasa, como si tratara de leer su mente—. Pero eso no es lo importante en este momento. Te estaba buscando porque quería darte algo, algo que te puede ayudar a hacer mejor tu trabajo.

De pronto, Mikasa encontró la voz.

—¿Por qué puedes hablar?

—Ya te dije que eso es lo de menos —insistió la gata con un poco de impaciencia—. No he estado buscándote por tanto tiempo para tener pláticas banales. Quiero darte algo muy importante, algo que te dará el poder de enfrentar a tus enemigos y vencer, sin necesidad de armas.

Mikasa, entre los sonidos de la batalla y su propia confusión, supo que la gata le estaba jugando una broma. Ella se sabía lo suficientemente fuerte y hábil para enfrentar a sus enemigos y vencer.

—No necesito más de lo que ya tengo para enfrentar a los titanes.

—No me refiero a los titanes —dijo la gata, dedicando una mirada seria a Mikasa—. Ellos solamente son víctimas de un problema mayor.

Aquellas últimas palabras llamaron la atención de Mikasa.

—¿Titanes? ¿Víctimas? Obviamente no estuviste aquí hace cinco años, cuando esta ciudad fue arrasada por los titanes. Vi a mi madre adoptiva ser devorada por uno de ellos. ¡No me digas que son víctimas!

—Hablas con la voz de la ignorancia —contradijo la gata, frunciendo el ceño—. Estuve tres años encerrada en un sótano y pude ver una pequeña parte de lo que hay escondido allí.

Mikasa abrió mucho los ojos.

—No me digas que estuviste en el sótano de la casa de Eren.

—¿Quién es Eren?

—La única familia que me queda —repuso Mikasa, sonrojándose levemente—. Si estuviste allí, ¿cómo llegaste a ese sótano?

—Siempre estuve en ese sótano —repuso la gata, sorprendiendo nuevamente a Mikasa—. No sé qué fue lo que pasó, pero hace tres años, ocurrió algo que me hizo despertar de algún modo, y cuando pude ver dónde estaba, me di cuenta que se trataba de un sótano. No había forma de salir de allí, pero sí pude ver algunas cosas.

—¿Cómo cuales? —increpó Mikasa con urgencia.

—Deberías ser más educada —le recriminó la gata—. Vi unos pocos libros polvorientos allí. No decían mucho, pero lo poco que pude ver fue que esos seres que ustedes llaman titanes no son los reales enemigos.

—Si no son ellos, ¿quiénes?

—Como dije, no pude averiguar mucho, porque los libros estaban escritos en un dialecto que no se usa desde hace cientos de años. Yo apenas pude traducir unos pocos fragmentos.

Mikasa escuchó unos gritos y vio que Sasha e Historia se encontraban en problemas. El vapor del titán colosal se estaba intensificando y, básicamente, las estaba rostizando vivas. Solamente era cuestión de tiempo para que perdieran la vida.

—¡Chicas! ¡Salgan de allí! —exclamó Mikasa, pero ninguna de ellas parecía hacerles caso. Por la forma en que se movían, dedujo que sus equipos de maniobras se habían estropeado. Si ese era el caso, entonces había muy poco tiempo para actuar.

Mikasa iba a emplear su propio equipo, cuando Armin llegó hasta ella.

—¡Es inútil! —exclamó, tomando por sorpresa a Mikasa—. ¡El vapor también te va a afectar! Odio decirlo, pero Sasha e Historia están perdidas. Ya no hay nada que puedas hacer por ellas.

—De hecho, hay una forma —intervino la gata, sobresaltando a Armin. Por un momento, juró que había sido Mikasa quien había hablado, pero luego se dio cuenta que aquella no era su voz—. Mikasa, tienes que convertirte en algo más que en un soldado que defiende la humanidad. Debes convertirte en una guerrera.

Armin se quedó perplejo cuando vio que había sido la gata quien había hablado. Introdujo un dedo en su oreja y se la limpió, jurando que no había escuchado bien. Mikasa, por otro lado, taladró con la mirada a la gata.

—¿Y cómo hago eso?

La gata respiró hondo y dio una vuelta en el aire. A continuación, un objeto extraño apareció como por arte de magia, cayendo sobre las manos de Mikasa, quien apenas pudo cogerlas. Lucía como una especie de bastón diminuto, de color verde y con un símbolo extraño en su parte superior.

—¿Y qué hago con esto? —preguntó Mikasa, confundida.

—Debes tomarlo, alzarlo al cielo y exclamar las siguientes palabras…

En el muro María, Erwin veía cómo Levi se escurría entre los árboles, tratando de tomar por sorpresa al titán bestia, cuando un resplandor de color verde llamó su atención. Giró sobre sus talones y notó que, encima de una casa de tres pisos, había alguien que parecía estar emitiendo relámpagos desde su cuerpo. Era como si esa persona estuviera sufriendo una transformación dolorosa. ¿Será que hay otro titán cambiante entre nosotros?

—Hange, mira eso —dijo Erwin, señalando a los relámpagos. Hange siguió la línea del dedo de Erwin y frunció el ceño.

—¿Qué podrá ser eso?

—Posiblemente estemos en presencia de otro titán cambiante —repuso el comandante, luciendo preocupado—. Si es así, entonces es inevitable preguntarnos cuántos de esos sujetos hay entre nosotros.

—Es, en realidad, preocupante, si eso es cierto.

—¡Cuidado! —exclamó un soldado, sonando aterrado. Erwin y Hange miraron hacia atrás y vieron una lluvia de rocas pequeñas dirigirse en su dirección. Con suma urgencia, Hange tomó a Erwin por la cintura y, usando su equipo de maniobras, saltó al vacío, justo cuando la lluvia de rocas impactó el coronamiento del muro, matando a diez soldados más. Hange se columpió hacia otra zona del muro, rodando por el piso, procurando que Erwin no se hiciera daño. Sin embargo, cuando Hange se puso de pie e iba a tenderle una mano a su comandante, vio, con horror, que una roca le había perforado el vientre a Erwin, y la sangre había comenzado a brotar de la herida. Llena de un pánico indescriptible, Hange llamó a uno de los soldados para que buscara atención médica urgente, sabiendo lo que esto podía implicar para la misión. Para ganar tiempo, Hange empleó una venda que llevaba consigo para parar el flujo de sangre, aunque fuese por un momento.

A cientos de metros del muro, Levi fue cruzado por un muy mal presentimiento, justo cuando iba a emboscar al titán bestia. Frunciendo el ceño, miró hacia el lado occidente del muro María, notando que había cuervos revoloteando en las alturas.

En Shiganshina, Eren había cumplido con su misión. Arrancó a Reiner de su titán y lo tomó con ambas manos. Adoptando una postura más estable, batalló contra los músculos que le separaban del exterior y salió de su propio titán, poniéndose sobre el hombro de éste, notando unas extrañas luces que provenían de una casa cercana. De pronto, los rayos desaparecieron y Eren vio a una mujer muy extraña. Usaba un uniforme colorido, con una falda muy corta de color verde, un enorme listón de color rosa pálido y una tiara en su cabeza. Por alguna extraña razón, esa mujer se parecía mucho a Mikasa.

A menos que sea Mikasa, pero, si es así, ¿por qué diablos lleva ese uniforme? ¿Qué le pasó?

Juzgando que Reiner no podría ir a ningún lado por un buen rato, Eren decidió investigar lo que estaba ocurriendo. Empleando su equipo de maniobras, llegó hasta donde se encontraba la chica del uniforme, notando que Armin también se encontraba allí, junto a una gata de color negro.

—Te has convertido en una guerrera —dijo la gata, sobresaltando a Eren. Había escuchado hablar a esa gata, y, por momentos, creyó que lo había imaginado, hasta que escuchó la voz de la gata nuevamente—. Ahora ya no eres Mikasa Ackerman. Eres una Sailor Senshi, la guerrera del trueno y de las cosas que crecen. Eres… Sailor Jupiter (3).

—Espera un momento —intervino Eren, dando una buena mirada a quien hasta hace unos momentos era Mikasa—. ¿Qué rayos te pasó, Mikasa?

—No lo sé aún —repuso la aludida, mirando su nuevo uniforme, notando que su equipo de maniobras tridimensionales había desaparecido—. No puedo llegar hasta donde se encuentran Sasha e Historia, no sin mi equipo.

—No necesitas tu equipo —dijo la gata—. Lo único que debes hacer es invocar el poder del rayo y triunfarás.

Invocar el poder del rayo se dijo Mikasa, preguntándose cómo haría tal cosa. De improviso, una voz en su interior le dijo lo que necesitaba hacer. No sabía de dónde provenía esa voz, pero sentía que, de algún modo, esa voz le pertenecía a su pasado. Ahora que sabía qué era lo que debía hacer, Mikasa flexionó las piernas, se cruzó de brazos e hizo el gesto de los cuernos con las manos. Inmediatamente, apareció una antena de su tiara. Tanto Eren como Armin miraban con ojos desorbitados la forma en que Mikasa estaba actuando. La gata observaba con atención.

—¡Trueno de Júpiter! —exclamó Mikasa al tope de su voz, sobresaltando a todos. Luego, extendió ambos brazos hacia afuera de forma violenta—. ¡Resuena!

Un rayo brotó de la antena en la tiara de Mikasa, dando de lleno en la nuca del titán colosal. El vapor dejó de brotar de su piel y el cuerpo del titán comenzó a temblar a causa de la electricidad. Por muy grande que fuese, no era inmune al poder de un rayo e, instantes más tarde, el titán colosal cayó sobre las casas con un estruendo ensordecedor, desintegrándose a una velocidad mayor de la normal, revelando a Bertholdt, quien lucía inconsciente.

Eren y Armin quedaron pasmados y petrificados al ver lo que había ocurrido. Luego, vieron que Sasha e Historia estaban a punto de caer al suelo, y, empleando sus equipos de maniobras, consiguieron rescatarlas de una muerte segura. Armin sostenía a Sasha y Eren a Historia.

Por otro lado, Mikasa se miraba las manos, como si aún no pudiera creer el poder que había adquirido. Ella sola había derrumbado al titán colosal, algo que un regimiento completo no pudo hacer.

—¿Ahora lo ves? —dijo la gata, justo cuando Mikasa dio con las rodillas en el suelo y se apoyó con sus manos para no caer completamente—. ¿Qué te ocurre?

—Estoy… muy… cansada —jadeó Mikasa, justo en el momento que su uniforme de Sailor Senshi desapareció, reemplazado por el del Cuerpo de Exploración. Su equipo de maniobras había reaparecido—. Parece que este poder… es demasiado grande… para mí.

—No estás acostumbrada —dijo la gata, luciendo complacida—. Ya verás que con tiempo y práctica, podrás mantener tu nueva forma por más tiempo.

—Eren —dijo Mikasa, notando que su amigo estaba presente, para luego componer una mueca de desagrado al ver que sostenía a Historia en sus brazos—. ¿Te ocupaste de Reiner?

—Él ya no será un problema. Lo tengo aprisionado con mi titán.

—Entonces tienes claro cuál es tu siguiente objetivo —dijo Armin, quien aún no podía sacarse de la cabeza la sorpresa sobre Mikasa.

Eren asintió con la cabeza.


(3) No escogí a Mikasa como Sailor Jupiter por algún asunto con los signos zodiacales o algo parecido. Lo hice exclusivamente por su fuerza. De hecho, a ninguna de las restantes las elegí por alguna razón astrológica. Eso es porque es muy difícil coincidir las fechas de nacimiento de los personajes de Attack on Titan con las de los personajes de Sailor Moon. Las seleccionaré por méritos más que por astrología.