VIII
El hombre detrás de la bestia
La batalla de Shiganshina, Parte 4
Capital Mitras
Estaba atardeciendo cuando la paloma mensajera volvió a las manos de Lor Ulrich. Dándole de comer y beber al ave, Lor tomó la carta y la leyó concienzudamente. Una sonrisa cruzó su cara.
Al parecer, las cosas estaban resultando bien en Shiganshina.
Si nada cambiaba en las siguientes horas, tendría al Cuerpo de Exploración justo donde lo quería. No importaba lo que ocurriera: esa misión estaba destinada a fracasar. Aquella era la excusa perfecta para asestar el golpe. Esos exploradores no debían saber los secretos de los muros. Se trataba de una historia muy truculenta, llena de traiciones, derramamiento de sangre y de misterios que la gente no necesitaba saber. Era esa la razón por la que existía el Culto de los Muros, para proveer una explicación religiosa a algo que no tenía ninguna relación con algún poder divino.
O al menos eso creía.
Pese a que Lor Ulrich era uno de los pocos que estaba al tanto de la verdadera historia detrás de los muros, no conocía su origen. Nadie sabía cómo había comenzado todo ese asunto con los titanes, de dónde provenían y qué relación tenían con la gema que descansaba en la bóveda del rey. Por supuesto, algo había escuchado sobre Shiganshina y un sótano, donde supuestamente habría respuestas reveladoras, pero Lor era escéptico con respecto al tema. Era imposible que en una casa común estuviera la respuesta a todo el misterio. Después de todo, Grisha Jaeger no era más que un médico. Era imposible que él dispusiera de tal conocimiento.
¿Dónde se encuentra él en este momento?
Lor sabía que Grisha había desaparecido el día en que Shiganshina fue invadida por los titanes, pero nada se había sabido sobre él. Algunos lo presumían muerto, otros postulaban que había desaparecido hacia las montañas, con algún propósito desconocido. A Lor no le importaba tanto él. Era su hijo, Eren, el que le interesaba más. Por alguna razón, poseía la habilidad de transformarse en un titán, y quería saber cómo lo había obtenido, o si, simplemente, siempre había sido un titán, sin que él se diera cuenta. Luego, se preguntó si Grisha había tenido algo que ver con los poderes de Eren. Recordaba los reportes de la Tropa de Guarnición acerca de la misteriosa desaparición de su padre desde la caída de Shiganshina, pero éstos había resultado ser muy vagos.
Lo que sí sabía, era que Grisha no tenía muchos amigos. Y uno de ellos era de especial importancia, pues había sido comandante del Cuerpo de Exploración hasta la caída de Shiganshina. Lor razonó que no haría nada mal averiguar más sobre el tema. De todos modos, era capaz de hacer lo que fuese para revelar el misterio de los poderes de Eren.
Con aquellos pensamientos en mente, Lor tomó un papel vacío y escribió una carta dirigida a los cuarteles de la Policía Militar.
Distrito de Shiganshina
Reiner fue apresado de tal forma que no pudiera herirse a sí mismo y volver a transformarse, pero ninguno podía encontrar a Bertholdt. Nadie le había prestado atención, pues había sido mucha impresión para el escuadrón Levi darse cuenta de lo que Mikasa era realmente. Armin, en particular, se preguntaba qué era una Sailor Senshi y por qué tenía ese poder. La transformación de Mikasa le había tomado por sorpresa, y ya no sabía qué pensar.
¿Tan poco sabemos de este mundo? Primero están los titanes, y luego esto. Pero, si lo que esa gata llamó Sailor Senshi existe, ¿de dónde proviene? ¿Habrá más de ellas entre nosotros? ¿Serán aliadas o enemigas?
Mikasa se había recuperado del cansancio, y se enteró de la desaparición de Bertholdt. Ese fue el momento en que Connie y Jean hicieron acto de presencia. Lucían un poco desconcertados, pero no habían sufrido ninguna herida. Mikasa concluyó que Sasha e Historia aún no se encontraban en plena forma para pelear y ordenó a Jean y Connie a que buscaran a Bertholdt. Connie hizo el saludo militar (al revés), pero Jean se quedó mirando a Mikasa como si jamás la hubiera visto en su vida.
—¿Tú lanzaste ese rayo contra el titán colosal?
Sin embargo, Mikasa no estaba para bromas.
—¿Acaso importa? Te ordené que buscaras a Bertholdt. Deja las preguntas para después.
Pese a la severidad del tono de Mikasa, Jean se quedó de pie, fulminándola con la mirada.
—Pues yo pienso que nos debes una explicación —dijo, poniendo los brazos en jarras—. Ninguno de nosotros sabe lo que pasó con esas luces y ese rayo, o por qué diablos tenías ese uniforme tan extraño. Tampoco sabemos si esta transformación te hace aliada o enemiga.
Mikasa perdió la paciencia. Dio dos pasos rápidos y tomó a Jean por el cuello de la camisa, elevándolo en el aire sin problemas.
—Jean, ten por seguro que yo siempre pelearé del lado de la humanidad—. Los ojos de Mikasa semejaban rendijas, y a Jean le costó trabajo tragar saliva—. Entiende, no hay tiempo para preguntas que después puedes hacer sin ningún problema. Ahora, ve con Connie y cumple con la orden que te di.
Mikasa dejó a Jean en el suelo con una gentileza que contrastaba drásticamente con la forma en que le había levantado. Jean se masajeó el cuello, tosiendo a ratos. Sin decir una palabra, hizo un gesto a Connie para que le acompañara. Cuando ambos desaparecieron, Mikasa dirigió su vista hacia Eren.
—Eren, sabes lo que debes hacer, ¿verdad?
—Sí, pero voy a necesitar escolta. No puedo hacer eso con los titanes molestándome todo el tiempo.
—No te preocupes. Yo me ocuparé de los titanes.
—Mikasa, no puedes —dijo Armin de repente, poniendo cara de alarma—. Aún te encuentras muy cansada.
—Estoy bien, Armin.
—Estás pálida —insistió Armin, mirando detenidamente a Mikasa, percatándose del horrible color de su piel—. Es evidente que el poder que empleaste fue demasiado para ti. Necesitamos ir hasta el muro y solicitar refuerzos al comandante, al menos los necesarios para que Eren pueda tapar el agujero sin problemas.
—Puedo hacerlo —dijo Mikasa testarudamente—. Si se trata de Eren, puedo hacer lo que sea.
—Déjala —intervino Eren, mirando significativamente a Mikasa—. Ya expusiste tus puntos de vista. La decisión es de ella.
Mikasa pudo haberle sonreído.
—No obstante, yo no me haré responsable si algo te pasa —continuó Eren, apartando la mirada de Mikasa y fijándola en el muro—. Armin, tú eres quien expone mejor las ideas. Convence a Erwin de que asigne un escuadrón para protegerme mientras hago mi parte.
Armin y Mikasa asintieron con la cabeza. Juzgando que no podían dejar a nadie atrás, decidieron llevar consigo a Sasha e Historia, quienes todavía se encontraban inconscientes. Eren cargó con Historia y Armin con Sasha, dejando a Mikasa sin carga alguna. Ninguno de los dos quería que ella hiciera algún esfuerzo, pues debía guardar energías para su siguiente tarea, la que no iba a ser fácil.
—Eren —dijo esta vez Armin, quien lucía preocupado por alguna razón—. ¿Estás seguro que puedes emplear el endurecimiento? Recuerdo que Erwin dijo que solamente podías emplearlo cuando te encontraras en serio peligro. Con soldados protegiéndote, no creo que te sea fácil hacerlo, sobre todo cuando llevas poco tiempo como humano. Deberías esperar por lo menos otra media hora para que estés en plena forma, y el esfuerzo no ponga en peligro tu vida.
—Lo sé, Armin, porque estaba pensando en la misma cosa —repuso Eren con una pequeña sonrisa—, pero confío en que ustedes dos harán un buen trabajo. Ya es hora de que entremos a ese sótano y descubramos la verdad de este mundo. Y lo vamos a hacer juntos, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —dijo Armin con una sonrisa. Mikasa se limitó a asentir con la cabeza.
Levi se acercaba cautelosamente al titán bestia, aunque ese mal presentimiento seguía molestándole. Notó que el afloramiento de roca se estaba agotando, lo que implicaba que, más temprano que tarde, el titán bestia tendría que acercarse al muro. Levi miró en esa dirección y vio que la lucha se estaba convirtiendo en un baño de sangre. Había varios cadáveres de titanes desparramados en el suelo, así como restos humanos diseminados por todas partes. El pasto estaba cubierto con sangre de ambos bandos, pero aquello no podía importarle. No obstante, le había llamado la atención el rayo que pareció salir desde dentro de la ciudad. No sonó como cuando alguien se transformaba en titán, sino como el trueno que sucedía al rayo.
¿Qué diablos está sucediendo en Shiganshina? ¿Y qué habrá sido del escuadrón? ¿Habrán podido derrotar a Reiner? ¿Qué significa ese rayo?
Levi empleó su equipo de maniobras para treparse a un árbol particularmente alto. Estaba a unos treinta metros del titán bestia. Apenas dentro del rango del equipo de maniobras. Necesitaba efectuar un tiro preciso para atacarlo. Si erraba, aunque fuese por poco margen, no alcanzaría su cuello, y el titán bestia se daría cuenta de que estaba siendo atacado. Estudió por un momento sus movimientos, pero le bastó pocos segundos para darse cuenta que había una ventana en la que su cuello estaba lo suficientemente cerca para emplear el equipo de maniobras con un poco más de margen.
El titán bestia cogió una roca enorme y Levi vio su oportunidad. Apretó el gatillo y una de las líneas se clavó en el cuello del titán. Sin perder ningún segundo, Levi salió impulsado hacia delante, con las espadas ya levantadas, pero el titán bestia se había dado cuenta y esquivó las espadas por muy poco. Usando su mano libre, lanzó un manotazo, que Levi esquivó fácilmente.
Si no puedes por arriba, podrás por abajo.
Levi empleó un árbol cercano para columpiarse a ras del suelo, y el titán bestia no fue lo suficientemente rápido para esquivar las espadas. El tendón de su pierna izquierda fue cortado, y el titán cayó sobre su rodilla, flexionando la otra pierna. El titán bestia no alcanzó siquiera a intentar atacar a Levi cuando sintió un corte muy profundo en su mano, y luego en su otra mano, en los brazos, en la espalda, prácticamente en todas partes. Sus manotazos eran los mismos que aquellos de un hombre que se ahogaba. Levi era demasiado rápido para agarrarlo y hacerlo trizas, y su cuerpo estaba rápidamente perdiendo fuerzas.
Fue cuando Levi cortó el otro tendón, haciendo que su otra rodilla cayera al suelo, quedando completamente inmóvil. Era solamente cuestión de tiempo para que Levi llegara a su cuello y el juego terminara. Sin embargo, el titán bestia no se iba a rendir tan fácilmente. Empleando las fuerzas que le quedaban, emitió un rugido potente y profundo. Levi supo que, en cualquier momento iba a ser rodeado de titanes, y decidió acabar con el titán bestia de una vez por todas. No obstante, cuando iba a llegar a su cuello, vio por el rabillo del ojo que al menos cinco titanes se acercaban a él con los brazos extendidos, decididos a agarrarlo y convertirlo en comida.
Cambiando de blanco, Levi se escurrió hábilmente entre los titanes, usando los árboles para impulsarse y ganar velocidad e inercia. Tenía dos titanes por delante de él, y tres por detrás. Usando la inercia y la velocidad adquiridas gracias a los árboles, Levi giró sobre sí mismo como una peonza y cortó el cuello del primer titán, aprovechando el momento para hacer lo mismo con el segundo titán. Empleando un tronco de árbol para hacer un giro en "u", Levi extendió ambas espadas y cortó los tendones del primer titán detrás de él. Derrapando sobre el suelo, lanzó la línea hacia el cuello del segundo titán y, aprovechando el impulso del gas, rebanó el cuello del segundo titán haciendo un corte vertical. Una vez más hizo uso de su inercia para volver a girar sobre sí mismo y, con una pequeña ráfaga de impulso del gas, se lanzó en contra del primer titán, cortándole la cabeza a la altura de la nuca.
Cuatro menos. Falta uno.
El quinto titán ya estaba sobre él, y lo habría agarrado, pero Levi reaccionó rápido y, dando un giro rápido, le hizo un corte en la mano y, aprovechando la ventana de tiempo, usó su equipo para elevarse hacia el árbol más cercano y, desde ahí, treparse sobre la cabeza del titán.
—Vaya, no luces mal, para ser una criatura que come humanos —dijo Levi, viendo que sus espadas ya habían perdido su filo, y las reemplazó por un segundo set de hojas—. Permíteme el honor hacerte un corte limpio.
El titán quiso aplastar a Levi con sus manos, pero él se apartó justo a tiempo, dando un mortal invertido en el aire y, aprovechó la inercia del giro para hacerle un corte vertical, largo y profundo, que derrumbó al titán, haciendo un estruendo que espantó a las aves que anidaban en los árboles cercanos. Levi cayó como un gato sobre el suelo, aunque sí sintió la sombra de un dolor en su pierna (donde se había lastimado peleando contra el titán hembra). Tocándose la pierna, Levi se dirigió hacia donde se encontraba el titán bestia, pero la sorpresa le invadió cuando vio que brotaba vapor del cuello de la criatura.
—¿Pero qué diablos…?
Levi se acercó al titán y vio que había un agujero en la base del cuello. No daba la impresión que aquel agujero fuese consecuencia de un corte con espada. Era, más bien, como si alguien hubiera salido de allí. Aquello tenía implicaciones desconcertantes.
Este titán es un humano con capacidades de transformación, como Eren. Tengo que encontrar a ese hombre lo antes posible.
Lo que Levi no sabía, era que ese hombre iba directo a Shiganshina.
Emplear a los titanes había sido un excelente distracción. Aquello le había dado el tiempo suficiente para dirigirse a Shiganshina y llevar a cabo el plan él mismo. No sabía qué había pasado con Reiner y Bertholdt, pero ya había pasado un buen tiempo desde que comenzó el asedio, y no había resultados tangibles. Pues bien, él haría el trabajo. Y para eso, necesitaba infiltrarse en la retaguardia del Cuerpo de Exploración.
Aprovechando que nadie tenía idea de quién era él, se aproximó con cautela a un grupo que parecía estar custodiando a un hombre que claramente pertenecía al Culto de los Muros. Los titanes parecían ignorar a ese grupo, pues estaban concentrados en el acceso norte a Shiganshina, como él les había ordenado. Notó que uno de los hombres se encontraba bastante retirado del grupo principal, y aprovechó que los demás estuvieran pendientes del pastor para reducir al hombre de atrás y arrastrarlo hacia unas matas.
Momentos más tarde, un soldado del Cuerpo de Exploración salió de las matas, dirigiéndose al campamento principal, donde se encontraban los pertrechos necesarios para el combate, convenientemente ubicados junto al muro, ligeramente al poniente de la entrada a Shiganshina. Los soldados encargados de la repartición de suministros no sospecharon del nuevo hombre que había llegado, y asumieron que venía por un recambio de hojas o llenar el tanque de gas.
El hombre, disfrazado de soldado, cogió subrepticiamente una hoja y, viendo que había una pendiente apreciable hacia la entrada, cortó las sogas que impedían que el carro de suministros se moviera pendiente abajo. Para cuando los soldados se dieron cuenta de lo que había ocurrido, ya era demasiado tarde. El soldado falso fue apresado por los demás, justo en el momento que una gran explosión sacudió el muro.
—¿Pero qué diablos hiciste? —rugió el soldado que tenía sujeto al hombre—. ¡Acabas de dejar sin suministro a la mitad del Cuerpo de Exploración! ¡Deberíamos matarte en este momento!
—No lo harán —dijo el hombre, escuchando justo lo que quería escuchar: unos gritos de dolor.
Había pasado mucho tiempo desde el asedio, por lo que había asumido que Reiner y Bertholdt habían fracasado. Eso significaba que el siguiente paso lógico sería sellar el muro, de modo que los titanes no pudieran seguir entrando. También sabía que apilar suministros para tapar la entrada no era una opción. De otro modo, el retorno a Shiganshina no habría sido tan repentino, y además, habrían llegado con más suministros y más hombres para custodiarlos. La única alternativa restante era que Eren, de algún modo, hubiera descubierto la técnica del endurecimiento. Y Eren rara vez iba a alguna parte sin sus amigos. Sabía que aquella jugarreta dependía mucho de la suerte, pero contaba con que Eren y sus amigos estuvieran en el boquete, muy cerca de donde había ocurrido la explosión.
Y así había sido.
Mientras tanto, en la entrada a Shiganshina, Eren, más allá de todo el dolor que estaba sintiendo, se había transformado una vez más en titán y se había puesto en el boquete, de cara hacia el norte, viendo que por lo menos unos diez titanes se acercaban a él. Y detrás de él, Mikasa, quien ostentaba unas quemaduras leves, sostenía a Armin en brazos, quien no había corrido la misma suerte. Su cuerpo estaba casi completamente quemado, y se debatía entre la vida y la muerte.
