IX
Luna traicionera
La batalla de Shiganshina, Parte 5
Mientras Mikasa cuidaba de Armin, el grueso del Cuerpo de Exploración se había interpuesto entre Eren y los titanes. No obstante, sin el liderazgo de Erwin, sus movimientos no eran ordenados y varios fueron cayendo víctima de los titanes, ya sea aplastados por ellos, o devorados. Algunos titanes caían por las espadas de los soldados, pero más titanes iban apareciendo a lo lejos, muchos más de lo que Erwin había anticipado, y todos se dirigían a toda velocidad hacia la entrada norte a la ciudad.
Vamos se decía Eren, recordando la forma en que se había sentido cuando estuvo a punto de ser capturado por la Tropa de Guarnición en Karanes, ya lo hice una vez, Puedo hacerlo nuevamente. ¡Vamos!
Pero el titán de Eren no conseguía endurecerse, y los soldados seguían cayendo como moscas. Pronto, sería su turno.
No puedo decepcionar a Mikasa y a Armin. ¡Ellos también corren peligro! ¡No puedo fallar! ¡Vamos! ¡VAMOS!
Eren no supo lo que hizo o pensó, pero vio que sus manos comenzaban a convertirse en piedra, luego sus brazos, para luego extenderse a todo el cuerpo del titán. Mikasa, por otro lado, se dio cuenta que Eren corría peligro de quedar encerrado dentro del titán y, encargando a Armin a otro soldado, empleó su equipo de maniobras para llegar a la nuca del titán de Eren, realizar un corte en el lugar preciso, y extraer a Eren del titán, regresando con Armin, ambos sanos y salvos.
—Eren, ¿estás bien? —preguntó Mikasa, luciendo preocupada.
—Sí —repuso el aludido, respirando de forma agitada—, pero empleé muchas energías en usar el endurecimiento. No podré pelear contra los demás titanes en este estado. Pero me preocupa Armin. No sé si lo logre.
—A mí también me preocupa —dijo Mikasa, viendo con tristeza la piel enrojecida de Armin—. Tiene que haber una forma de salvarle la vida.
—¿De cuánto tiempo disponemos?
—Tal vez dos horas, si sigue en esta condición, pero no soy quien para decirlo. Necesitamos un médico.
—O un milagro —dijo Eren, bajando la cabeza en señal de frustración—. ¡Maldición!
¡No puedo permitir que Armin pierda la vida!
Mikasa tomó la mano de Eren, quien comenzó a sollozar a causa de ver a su mejor amigo a las puertas de la muerte, y él no la alejó.
—Eren, no hay nada que puedas hacer por él —dijo ella, derramando lágrimas, pero sin llorar—. Llevémoslo a los médicos para que vean qué se puede hacer. Por ahora, tienes una misión que cumplir.
Eren alzó la cabeza. Aún se veían lágrimas rodando por sus mejillas, pero ya no sollozaba. Se llevó una mano al pecho, donde colgaba la llave que le hubiera entregado su padre, hace siglos le dio la impresión. Aún no podía quitarse de la cabeza la idea de Armin perdiendo la vida, pero también sabía que él no se rendiría y que desvelaría los secretos que encerraba el sótano, con o sin él. Dejando que ese pensamiento llenara su mente, Eren se puso de pie y, usando su equipo de maniobras, llevó a Armin hasta la parte más alta del muro, donde se encontraba el equipo médico.
Eren vio que los médicos ya estaban trabajando, curando a los heridos o facilitando la muerte a aquellos que estuvieran más allá de la sanación. Mientras se acercaba a los médicos, vio, con espanto, que el comandante Erwin también yacía junto a los demás heridos, con una venda en su abdomen, en la cual se podía ver una mancha apreciable de sangre. Sin embargo, no parecía estar al borde de la muerte, y dialogaba con Hange como si no hubiera sufrido herida alguna.
—Hange, no estoy en condiciones de liderar un ejército, por eso, dejaré esa función en tus manos. —Eren vio cómo la aludida hacia el saludo militar, y se dio cuenta que ella temblaba un poco—. Solamente quiero pedirte una cosa.
—¿Y cuál sería esa, Erwin?
—Quiero estar en ese sótano, ahora que la entrada norte ha sido sellada. También quiero que tomes a los soldados restantes y los traslades hacia la entrada sur. Hay menos titanes, por lo que Eren podría hacer su trabajo sin problemas. ¿Has tenido noticias de Levi?
—Veo que te encuentras en mal estado —dijo una voz detrás de Hange, quien se sobresaltó al ver a Levi. No ostentaba ninguna herida—. Te haría más mal que bien si intentas llegar a ese sótano.
—No he venido hasta acá, arriesgando mi vida y la de mis soldados y rebelándome contra la monarquía, solamente para ver desde lejos el éxito de la misión. —Erwin hizo el intento de adoptar una postura sentada, pero el dolor en su abdomen se lo impidió—. Quiero ver qué secretos esconde ese sótano.
—Eres un hombre bastante terco, ¿lo sabías? —dijo Levi en su característico tono desapasionado, aunque Hange vio que le temblaba un ojo. Era evidente que le afectaba ver a Erwin herido—. Por cierto, Eren quiere hablar contigo. Al parecer, tenemos a un herido de gravedad.
—Señor, Armin se encuentra en estado crítico —dijo Eren, con un ligero temblor en la voz, dejando el cuerpo de Armin sobre un cuadrado de tela, que separaba a los pacientes de la piedra del muro—. Resultó quemado en la explosión de hace un rato atrás.
—Asignaré a un equipo de médicos para que vean qué pueden hacer por él —dijo Hange, mirando con preocupación a Armin, notando por el rabillo de ojo que Eren volvía junto al resto de su escuadrón—. Por cierto, ¿han podido identificar al responsable de la explosión?
—Lo están llevando acá en este momento —anunció un soldado cercano, viendo que el elevador se encontraba en funcionamiento—. Es un hombre al que jamás hemos visto antes.
—Descríbemelo —dijo Erwin, acomodándose en su puesto.
—Es un hombre de mediana estatura, de cabello rubio, posee una barba más o menos tupida y usa unos lentes muy extraños.
Los presentes se quedaron pensando por un momento, tratando de recordar algo que les permitiera identificar al hombre, pero a nadie se le ocurría algo. Al final, el elevador llegó a la parte más alta del muro, y Erwin vio a dos soldados, quienes llevaban a un tercero, cuya apariencia era tal y como se había descrito.
—Tú no formas parte del Cuerpo de Exploración —dijo Levi de repente—. ¿Quién diablos eres tú?
El aludido no dijo nada. Dirigió una mirada en dirección a los heridos, y vio a varios de ellos que parecían encontrarse en un estado muy delicado. Compuso la más leve de las sonrisas.
—Mi nombre no es importante, al menos para la mayoría de ustedes —dijo el hombre tranquilamente—. Sin embargo, pronto me dejarán en libertad.
—¿Y por qué haríamos tal cosa? —increpó Levi, interrumpiendo a Erwin, quien lucía como quien estaba a punto de decir algo—. ¿Acaso tienes un as bajo la manga?
—Podríamos decir que sí, pero no seré yo quien lo use.
Levi se acercó al hombre y lo tomó por el cuello de la camisa.
—¿Por qué lo dices?
—Porque, en mis manos, hay algo que puede salvar la vida de ese joven de allá. —Y el hombre indicó con un dedo el cuerpo de Armin.
En Shiganshina, Eren había regresado con Mikasa, notando que Sasha e Historia habían recuperado el conocimiento. Connie y Jean también se encontraban presentes, luciendo como si estuvieran esperando órdenes.
—Tenemos que sellar la otra entrada —dijo Mikasa, cuando todos se hubieron reunido—, pero esta vez no podremos contar con Armin. Fue herido por una explosión mientras Eren se preparaba para sellar la entrada norte.
Los demás, a excepción de Eren, tragaron saliva. Todos, especialmente Jean, sabían a lo que se iban a exponer cuando llegaran a Shiganshina, pero jamás creyeron que sería así de duro. Sasha en especial, compartía bastante con Armin, pese a que tenían sus diferencias, por lo que le resultó muy difícil concentrarse para la siguiente etapa de la misión. Ya era de noche, el cielo estaba cubierto, e iban a necesitar luz.
—Justo cuando necesitamos de la cabeza de Armin —dijo Connie, quien saltaba al menor ruido—. ¿Y ahora, cómo diablos vamos a ver en esta oscuridad?
—Tendremos que emplear antorchas, e irnos caminando por las calles de la ciudad —dijo Mikasa, señalando hacia la zona del muro donde se almacenaban los suministros que provenían desde el otro lado del muro—. Podemos aprovechar la ocasión para reabastecernos de gas y cuchillas. Creo que las vamos a necesitar.
Los demás estuvieron de acuerdo, y se dirigieron al extremo oeste del muro, donde llegaban los pertrechos que eran ascendidos por elevador hasta la parte alta del muro. Una vez reabastecidos, Mikasa y los demás miembros del escuadrón Levi avanzaron lo más que pudieron empleando sus equipos de maniobras tridimensionales, pero la noche era tan tupida que algunos erraban el blanco con sus líneas y caían al suelo, lastimándose. Mikasa ordenó que todos descendieran y que siguieran el camino a pie, empleando las antorchas a modo de iluminación.
—Tengan mucho cuidado —dijo Mikasa en un tono bajo, de modo que solamente los demás le escucharan—. Podría haber titanes en esta zona. No se distraigan en ningún momento. Si escuchan las pisadas de un titán, no intenten luchar.
Sin embargo, ninguno percibió las pisadas de un titán. Mikasa recordó lo que le había dicho Eren cuando él estuvo dialogando con Hange, en los tiempos en que él era un miembro nuevo del Cuerpo de Exploración, sobre la actividad de los titanes durante la noche. Recordaba haber escuchado que los titanes eran mucho menos activos por la noche, lo que movía a pensar que ellos necesitaban de energía solar para moverse. En esa ocasión, la noche era profunda, pues el cielo estaba cubierto de nubes. Era improbable que encontraran titanes activos en las calles de la ciudad. Aquello beneficiaba a Mikasa y a los demás, pero Connie, Sasha e Historia se asustaban con el menor ruido.
Historia en particular, no sabía cómo reaccionaría si se encontrara frente a frente con un titán. La mano que sostenía la antorcha temblaba, y miraba en todas direcciones, esperando emboscadas a cada momento, pero nada ocurría. La oscuridad era tal que le era difícil decidir si estaba despierta o se encontraba dormida, lo que empeoraba las cosas, pues veía retazos del sueño que había tenido anoche. Parecían visiones de su niñez, aunque ninguna de ellas era lo suficientemente nítida como para decir con certeza que le pertenecían. Sin embargo, a veces se colaban escenas que nada tenían que ver con ella, pero ninguna de ellas parecía tener sentido, pues en todas ellas aparecía un hombre que se parecía bastante a Eren, solamente que con otras ropas.
Tan perdida se encontraba en sus propios pensamientos que casi colisionó cara a cara con un titán. El corazón casi se le detuvo cuando cobró conciencia de ello, e Historia retrocedió varios pasos, contorsionando la cara en una expresión de terror. No obstante, cuando vio apropiadamente al titán, se dio cuenta que no había nada que temer. El gigante se encontraba inactivo. Incluso Mikasa le dio unos cuantos cortes, pero nada ocurrió.
—Confirma lo que Hange dijo sobre ellos —dijo, ignorando al titán, e instando a los demás a que siguieran la marcha. Los demás obedecieron, incluyendo a Historia, pero ella aún no podía sacarse de la cabeza la impresión de ver a un titán desde tan cerca. Su corazón aún latía con rapidez a medida que se alejaba del titán, constantemente mirando hacia atrás, como esperando que el titán despertara en cualquier minuto, pero no lo hizo.
El grupo siguió caminando por las calles desiertas de la ciudad, sin darse cuenta que la gata que le había dicho a Mikasa que ella era una Sailor Senshi les seguía desde una distancia prudente. Historia, pese a que aún miraba hacia atrás de forma esporádica, tampoco vio al animal.
Después de lo que les pareció una eternidad, Mikasa y los demás llegaron a la entrada sur a Shiganshina. Eren tragó saliva al recordar cómo el titán colosal había hecho ese tremendo agujero en el muro, y cómo todo se había venido cuesta abajo desde ese entonces. No obstante, crispó los puños, diciéndose que todo saldría bien, que ahora tenían las herramientas para arreglar las cosas y, de paso, descubrir la verdad del mundo cuando llegaran al sótano.
—Tomen posición en los techos de las casas cercanas a la entrada —ordenó Mikasa, y los demás hicieron el saludo militar—. Yo cubriré a Eren, en caso que aparezcan titanes. Aseguren el perímetro y maten a cualquier titán que trate de atacar a Eren.
Los demás miembros del escuadrón Levi hicieron lo que se les había ordenado, dejando a Eren y Mikasa solos frente a la entrada sur a la ciudad.
—Eren, ¿cómo te sientes?
—Un poco agotado, pero haré lo que sea necesario por la victoria de la humanidad —repuso el aludido, mirando a Mikasa y dedicándole una sonrisa—. Espero que tú también estés dispuesta a hacer lo mismo, no solamente por mí, sino que por todos también.
—Lo haré.
Ambos se quedaron en silencio por un momento. Ninguno de los dos se miraba a los ojos. Miraban el tremendo agujero dejado por el titán colosal, cuando ambos eran solamente unos niños.
—Mamá —dijo Eren en voz alta, crispando los puños nuevamente y alzando la mirada hacia la parte más alta del muro—, muy pronto, descubriré la verdad de este mundo, y tendremos el conocimiento para derrotar a los titanes de una vez por todas. Así, no habrás muerto en vano.
Mikasa vio que Eren volvía a derramar lágrimas, y tomó su mano derecha, entrelazando sus dedos con los de él. Eren no hizo nada por alejarla de su lado. De hecho, agradecía que ella estuviera con él de ese modo, sin decir nada, sin palabras de agradecimiento. Apretó la mano de Mikasa, como diciéndole que estaba listo para cumplir su deber para con la humanidad.
—No estás solo, Eren —dijo Mikasa, dejando de tomar la mano de él—. Aún tienes familia. Y tú eres mi familia también. No voy a permitir que mueras. No voy a permitir que nadie de nosotros muera en esta misión.
Eren, entre las lágrimas que derramaba, compuso una pequeña sonrisa.
—No te preocupes —dijo, mirando a Mikasa, mientras que ella le devolvía la mirada—. Ya no soy un niño ingenuo. Sé claramente lo que debo hacer. Y sé también que tú estarás a mi lado. Siempre lo has estado, y ni siquiera te he dado las gracias.
—No necesitas hacerlo —repuso Mikasa, sosteniendo la mirada de Eren—. Solamente cumple con tu misión, y te acompañaré hasta el sótano. Lo único que espero, es que todo este sacrificio haya valido la pena.
Eren hizo aún más amplia su sonrisa e hizo que Mikasa retrocediera unos cuantos metros. Cuando ella estuvo a una distancia razonable, Eren se mordió el dedo, y después del destello de un rayo de color dorado, el cuerpo del titán comenzó a tomar forma. Huesos, carne y piel se formaron con una rapidez extraordinaria, y Mikasa aún se sorprendía del drástico cambio que sufría Eren cada vez que se transformaba.
Sin embargo, Mikasa pronto notó que Eren no se movía. Lucía como una estatua, de pie en medio de las calles de la ciudad. Luego, cobró conciencia de lo que estaba pasando. Los titanes eran mucho menos activos de noche, y, al parecer, los titanes cambiantes no eran la excepción a esa regla.
Entonces, si eso es cierto, entonces, ¿por qué Eren pudo moverse la noche en que escapamos de Karanes? ¿Qué cambió?
Mikasa miró al cielo. Aún seguía nublado, pero se podían ver algunas estrellas aquí y allá. Trató de recordar cuáles eran las condiciones la noche del escape de Karanes. Recordaba que se podía ver con relativa claridad, aún cuando la noche fuese profunda.
¡Había luna! ¡Por eso Eren podía moverse! Parece que la luz de la luna también ayuda a que los titanes sean más activos por la noche. Pero ahora, el cielo está nublado. No hay luz que los titanes puedan aprovechar para mantenerse activos.
Mikasa seguía mirando al cielo, notando que las nubes estaban retrocediendo lentamente. Pronto, la luz de la luna comenzó a brillar sobre las calles de Shiganshina, a veces bloqueada por alguna nube errante. Pronto, sin embargo, ya no hubo nubes. La luna brillaba sin impedimento.
El titán de Eren fue despertando de a poco, pero aquella era la única buena noticia. Los demás miembros del escuadrón Levi fueron escuchando ruidos por todas partes, como de entes muy grandes poniéndose de pie. Minutos más tarde, Historia y los demás se quedaron petrificados al ver al menos dos docenas de titanes alzarse por encima de las casas, todos convergiendo en la entrada sur de la ciudad.
—¡Eren! ¡Ve a la entrada, ya! ¡Nosotros te cubriremos! —exclamó Mikasa, y Eren, con lentitud, hizo caso y caminó hacia el agujero en el muro. Ella se trepó a la pared inmediatamente superior al agujero, sabiendo que aquella sería una batalla desesperada, y no podrían ganar sin ayuda.
—¡Connie! ¡Lanza una bengala de color dorado! ¡Que Levi vea que necesitamos ayuda!
El aludido hizo lo que Mikasa le había ordenado y, segundos más tarde, una estela de humo dorado se alzó hacia el cielo. Esperaba mantener a los titanes a raya mientras llegaban los refuerzos.
Algo le decía que no iba a ser tan simple.
