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Escaramuzas en la oscuridad
La batalla de Shiganshina, Parte 6

Trost

Petra volvió a despertar.

No supo cuánto tiempo estuvo dormida, pero nada había cambiado desde la última vez que cerró los ojos. Las velas estaban encendidas, lo que significaba que ya era de noche. Sintió la garganta seca, por lo que llamó a una enfermera.

Dos minutos más tarde, Petra bebía sorbo tras sorbo de agua, pensando en lo que había pasado la noche de ayer, cuando Levi había ido a verla. Recordó la forma en que se había sentido cuando él estuvo presente. Antes de eso, su vigilia había estado plagada de pesadillas con el titán hembra, de cómo ella había asesinado a sus compañeros, y cómo casi había acabado con ella. Después, una calma como ninguna que había sentido antes hizo que se sintiera mucho más tranquila.

Cabo.

No sabía por qué, pero había algo en Levi que le tranquilizaba. Tal vez se trataba de su seguridad al caminar, al hablar y al combatir. Su presencia infundía confianza en sus pares y terror en sus enemigos. Y, sin embargo, sabía muy poco sobre el pasado del cabo. No sabía cómo había llegado a ser el soldado más fuerte de la humanidad, porque sabía que Levi poseía una fuerza y una habilidad que solamente había visto en otra persona. Había escuchado sobre una tal Mikasa Ackerman, sobre sus habilidades para el combate, y se dio cuenta que había muchos paralelismos entre ella y Levi. Luego, se preguntó si había alguna relación entre ambos soldados.

Tal vez no sea el momento de hacer muchas preguntas. Necesito reposar para recuperar fuerzas, y volver a luchar junto al cabo.

La puerta de la habitación se abrió, y Petra vio a un soldado, quien cargaba con un rifle en su mano izquierda. El emblema en su pecho le indicó que era un miembro de la Policía Militar. Petra frunció el ceño. No tenía idea qué era lo que quería ese soldado de ella, o por qué estaba allí.

—¿Petra Ral?

La aludida tardó un poco en responder a causa de la impresión.

—Sí, soy yo.

—Mi nombre es Nito Orloff, y vengo a hacerle algunas preguntas.

Petra notó que aquella no había sido una petición. Típico de la Policía Militar. Se creen importantes y con derecho a hacer lo que les venga en gana.

—¿Y cuáles serían esas preguntas? —inquirió Petra fríamente.

—Me gustaría empezar por Erwin Smith —dijo Nito, indiferente a la frialdad con la que Petra le había recibido—. ¿Sabe por qué quiere llegar al sótano de la casa de Eren Jaeger?

—Hasta donde tengo entendido, la misión que quería emprender era la de recuperar el muro María —dijo Petra en un tono monocorde—. Según el comandante, hay algo en ese sótano que nos podría ayudar a comprender mejor a nuestros enemigos, y con esto me refiero a los titanes. Yo participé en la expedición que nos permitiría trazar el mejor camino hacia Shiganshina y, de paso, atrapar al titán hembra.

—¿No habló de algún motivo ulterior? ¿Algo personal?

—No que yo sepa.

—Bien. —Nito Orloff cambió de posición, y se puso más cerca de Petra, como tratando de intimidarla—. Quiero que me hable de Levi Ackerman.

Esta vez, Petra tragó saliva, no porque creyese que el cabo se encontraba en peligro, sino por algo muy diferente. Levi jamás había mencionado su apellido, y asumía que solamente Erwin conocía ese dato. Ahora todo tiene sentido. Mikasa y el cabo sí están relacionados. ¿Serán hermanos? ¿Primos? Petra sabía que no importaba. Ambos compartían apellido y también rasgos clave, como su gran fuerza y habilidad, la tendencia que tenían ambos a actuar solos, y el apego que sentían hacia determinadas personas. Petra había visto que Levi se comportaba distinto con Erwin que con el resto de sus compañeros, y siempre tendía a decir o hacer cosas que apuntaran a que Erwin no perdiera la vida. Además, había observado un comportamiento similar en Mikasa hacia Eren Jaeger. Definitivamente, había un aura de misterio en el apellido Ackerman, ahora que se había percatado de detalles clave.

—¿Cómo sabe su apellido? —quiso saber Petra, luciendo desconcertada—. Él no ha revelado ese dato.

—Digamos que un antiguo asociado de él sabe cosas sobre el cabo Levi —dijo Nito como a regañadientes. Petra no esperaba menos de un miembro de la Policía Militar—. Ahora, dígame, ¿qué sabe de Levi Ackerman?

—Solamente lo que me ha contado el comandante —dijo Petra, revolviendo en el baúl de los recuerdos, recordando el momento en que conoció a Levi—. La primera vez que oí sobre él, fue cuando llevaba unos cuantos meses en el Cuerpo de Exploración. Erwin me había seleccionado para un escuadrón especial, a cuyo cargo se encontraba un tal Levi. Erwin nos dio un repaso sobre él, sobre cómo lo había encontrado en la ciudad subterránea, donde era un conocido criminal. Por qué jamás fue apresado, es un misterio para mí. Lo que sí sé, es que Levi ingresó al Cuerpo de Entrenamiento a modo de pena por sus fechorías. Más que eso, no puedo decirle.

Nito puso los brazos en jarras.

—Sabe muy poco para estar enamorada de él.

Petra sintió, para su incomodidad, cómo el color se le subía a la cara. Sin embargo, mantuvo la compostura.

—No diga tonterías —le recriminó, notando que el ardor en sus mejillas iba desapareciendo—. No soy tan infantil como para sentir esa clase de cosas. Seguramente mi padre le platicó sobre mí al cabo, y asumió que yo sentía cosas por él. Volviendo al tema, eso es lo que sé del cabo Levi. Si no le soy de mucha ayuda, entonces está perdiendo el tiempo aquí.

—Tiene razón —dijo Nito, luciendo decepcionado—. Pensé que, como eras uno de esos malditos exploradores, sabías más sobre los planes de Erwin y sobre el pasado de Levi. Bueno, no le quito más tiempo.

Y sin molestarse en despedirse, Nito salió de la habitación, dejando a Petra con un montón de preguntas abriéndose paso entre sus pensamientos.

Shiganshina

Dos docenas de titanes convergían en la entrada sur a la ciudad, y el escuadrón Levi se preparaba para la arremetida de aquellos seres gigantes y terribles. Jean y Connie tenían sus espadas y sus equipos preparados, pero los brazos de Sasha temblaron al ver a tantos titanes acercarse desde todas las direcciones posibles. Quizás lo único positivo de todo el asunto era que Eren ya podía moverse. Se dirigió a la abertura en el muro y se posicionó de cara al norte, de modo que su cuerpo cubriera la mayor cantidad de espacio posible. Mikasa no se movía de su posición, directamente sobre Eren, de modo de dejarse caer sobre el primer titán que se atreviera a ponerle las manos encima a Eren.

En una de las casas más cercanas al muro, Historia miraba cómo los titanes se acercaban cada vez más, notando que las espadas que sostenía temblaban. Era la primera vez que se enfrentaba a ellos sin Ymir a su lado. Ella no hubiera querido que me acobardara ahora. Tengo que poder hacer esto sin ella. Tengo que aprender a valerme por mí misma, tengo que vivir de acuerdo a mis ideales, aunque eso me aleje de Ymir.

Historia sostuvo las espadas con más firmeza, y vio que sus brazos ya no temblaban. Era como si pensando en Ymir fuese capaz de recuperar el temple. Tal vez su recuerdo le bastara para ser lo que ella siempre había querido ser.

Libre.

—¡No dejen que los titanes los agarren! —exclamó Mikasa, quien seguía firme en su posición—. ¡Dispérsense si es necesario! ¡Hagan que los sigan!

Aquello le sentaba muy bien a Jean, quien siempre había sido bueno en maniobras tridimensionales. Viendo que el titán más cercano se encontraba solamente a dos casas de distancia, se columpió de techo en techo, haciendo señas para que los demás hicieran lo mismo. Connie enfiló en dirección contraria, Sasha, quien todavía no podía vencer sus miedos, bordeó el muro por los techos de las casas, pensando que así no tendría que enfrentar ningún titán. Historia decidió seguirla, más que nada para que no perdiera el temple en el momento más difícil.

Gracias a la decisión de Mikasa, muchos titanes cambiaron de dirección, pero había unos diez que se mantuvieron en curso. No estaba segura de si podría con tantos a la vez, pero debía hacer el intento.

El primer titán había llegado a la última casa cuando Mikasa decidió actuar. Se dejó caer y, empleando la cabeza de Eren como una pared, empleó un poco de gas para ganar inercia y, clavando ambas líneas en las piernas del titán, se propulsó hacia delante con violencia, cortándole los tendones de los tobillos y haciendo que cayera de rodillas. Mikasa se deslizó por el suelo, frenando lo más rápido posible, para luego lanzar la línea al cuello del titán. Al final, con un corte profundo en la nuca, Mikasa derribó al titán, cayendo sin vida al suelo. Miró hacia atrás, y vio que dos titanes más se acercaban, mientras que un tercero los seguía de cerca. Mikasa decidió que pelear en los tejados era la mejor solución.

Mientras tanto, Jean estaba teniendo mucho éxito esquivando a los titanes, y desviándolos de su objetivo. Incluso había aprovechado que había un titán justo delante de él para hacerle el acostumbrado corte en la nuca y enviarlo a la tumba. Pudo haber celebrado, pues era el primer titán que mataba, pero no había tiempo. Por el rabillo del ojo vio a Connie, quien no parecía tener mayores problemas evadiendo a los titanes, aunque uno estaba muy cerca de su posición, y él no lo había visto.

—¡Connie! —exclamó Jean—. ¡Detrás de ti!

Connie lo vio justo a tiempo. Se impulsó en el momento en que el titán extendía su mano para atrapar a su presa. Sin embargo, no calculó bien el impulso, y cayó en el techo de una casa de tres pisos, rodando por las tejas, haciéndose daño en las rodillas y en los codos. Jean negó con la cabeza.

—¡Ten más cuidado! —exclamó Jean, y Connie le hizo un gesto como de "vete al diablo"—. ¡Recuerda que debemos proteger a Eren! ¡Él no podrá hacer su trabajo si nosotros no hacemos el nuestro!

—¡Lo sé, lo sé! —rezongó Connie, viendo que otro titán se aprestaba a agarrarlo, pero volvió a escaparse, saltando desde el techo y usando su equipo para columpiarse a otro techo, fuera del alcance del titán.

En otro sector de la ciudad, Sasha e Historia no se habían topado con ningún titán, hasta que uno apareció justo debajo de ellas. Sasha, quien tenía mejor oído que el resto, se apartó a tiempo, pero Historia no corrió la misma suerte. Fue agarrada por el titán, y fue en ese momento en que ella experimentó el verdadero terror. Aparte de la fuerza con la que la criatura la apretaba, rompiéndole las costillas, lo que le causó un dolor horrible en su pecho, estaba aquella sensación de no poder escapar hacia ningún sitio. Aprisionada por las manos del titán, Historia perdió los últimos jirones de razón que le quedaban, y comenzó a gritar, tratando, en vano, de zafarse del poderoso agarre del titán.

Sasha, segura en el techo, vio, con ojos desorbitados, cómo Historia estaba a punto de ser devorada por el titán. Se había quedado de piedra, sus brazos temblando, sin saber qué hacer. Bueno, sabía que debía matar al titán, pero jamás había hecho algo como eso, no con uno tan grande.

Si no hago algo, Historia va a morir. Pero, ¿y si fallo en acabar con el titán, como cuando estaba en las barracas? ¿Qué pasará entonces? ¡No puedo quedarme sin hacer nada, pero no puedo evitar pensar en lo que va a pasar si fallo! ¿Acaso las dos seremos comida de titán?

Historia se encontraba a dos metros, dos míseros metros de la boca del titán, y Sasha aún no había tomado una decisión. Ahora, todo su cuerpo temblaba.

¿Pero qué estás haciendo, Sasha? ¡Historia será comida de titán! ¡Tienes que salvarla, tienes que olvidarte del miedo y hacer algo! ¡De otro modo, su muerte quedará en tu conciencia! ¡No podrás soportarlo! ¡Vamos, Sasha! ¡Haz algo!

Sasha apretó la empuñadura de sus espadas, así como los dientes. El momento de la verdad había llegado.


El hombre misterioso sabía que al comandante no le quedaba mucho tiempo, pese a que quería demostrar lo contrario. Las vendas en su abdomen no serían suficientes para frenar el sangrado. Su muerte era inevitable.

—Puedo salvar la vida de ese joven —dijo el sujeto con calma—, pero necesitan soltarme. No puedo administrar la cura con las manos atadas.

—¿Y cómo podemos saber si nos estás timando o no? —increpó Levi, mirando recurrentemente a Erwin y al hombre frente a él—. Tu famosa cura bien puede ser una mentira.

—Es una objeción razonable —dijo el sujeto, quien seguía calmado, como si estar apresado por dos soldados no fuese un problema serio—. Si la cura falla, entonces pueden matarme. Considero que es un trato justo.

Levi miró largo y tendido al hombre de la barba rubia, considerando seriamente matarlo en el acto. Sin embargo, la vida de Armin se encontraba en juego, y, sabiendo que su escuadrón iba a necesitar a un buen estratega, sobre todo para combatir a los titanes que quedaban dentro de la ciudad, no debía desperdiciar la oportunidad de salvar a la única persona de su escuadrón que podía razonar correctamente en tiempos de crisis.

—De acuerdo —dijo Levi, mirando a Hange, quien asintió con la cabeza—. Aceptaremos tu trato. Pero quiero que lo tengas bien claro. —Levi se acercó al hombre y volvió a agarrarlo por el cuello de la camisa—. Si veo cualquier intento de juego sucio, te mandaré a la tumba.

Levi hizo un gesto para que los soldados soltaran al hombre, y él se masajeó los hombros. Sabiendo que quedaba poco tiempo, se llevó una mano a uno de los bolsillos de su uniforme, y extrajo lo que parecía una jeringa con un líquido de un color púrpura pálido, casi cristalino.

—¿Qué es eso? —quiso saber Hange, curiosa como ella sola sobre cualquier cosa que desconociese.

—Es un suero multipropósito —explicó el hombre, inclinándose delante de Armin y cuidando de no mover mucho su brazo—. Tiene propiedades regenerativas. Sin embargo, administrado de la forma incorrecta, puede resultar en efectos… digamos… dramáticos.

—¿Y cuáles son esos efectos?

—Una fiebre de los mil demonios, delirio, y, en el peor de los casos, la muerte. Pero recemos para que nada malo ocurra.

El hombre solicitó la ayuda de un par de médicos para que le aplicaran un torniquete al brazo izquierdo de Armin, el cual no poseía tantas quemaduras, y correría menos riesgos de que él contrajera una infección. Cuando pudo ver una vena, el hombre, con mucha cautela, y en el ángulo correcto, hundió la aguja en el brazo, inyectando lentamente el fluido en su cuerpo, de modo de agotar el contenido de la jeringa.

Todo el mundo contuvo la respiración, mirando fijamente a Armin, esperando por algún cambio, o alguna mejora notoria en su condición.

Después de un minuto, lo más increíble ocurrió.


Mikasa ya había acabado con su segundo titán de la noche, e iba por el tercero, cuando escuchó un sonido que le era muy familiar. Poniéndose a buen recaudo en el techo de una casa de tres pisos, vio un destello de luz dorada en el lado oriente del muro, lo que le causó mucha extrañeza.

¿Acaso hay otro titán cambiante entre nosotros?

Mikasa creyó que, posiblemente, se tratara de Bertholdt, pues nadie había podido encontrarlo desde que ella lo derrotó usando sus poderes de Sailor Senshi. Sin embargo, no podía tratarse de él, pues veía a un titán mucho más pequeño que el titán colosal, de otro modo, se habría podido ver desde esa distancia. Entonces, si no es Bertholdt, ¿quién es? ¿Se tratará de Ymir? Y si es realmente ella, ¿habrá venido por Historia? Pero su posición no cuadra. Se encuentra muy cerca de donde está Armin. ¿Qué estará pasando allá?

Al final, Mikasa decidió que ese asunto podía esperar. Lo que importaba en ese momento era proteger a Eren, cuyas manos se estaban convirtiendo en piedra, y el titán más cercano se encontraba a varios metros de él. Con el corazón en un puño, lanzó su línea hacia la nuca del titán, viendo por el rabillo del ojo, que otros tres se acercaban a Eren desde dos puntos distintos. Tenía que acabar rápidamente con el que amenazaba a Eren, y luego encargarse del resto.

Con las espadas en ristre, Mikasa hizo un corte limpio en la nuca del titán, cayendo al suelo con un estruendo ensordecedor. No obstante, se dio cuenta que los otros tres titanes se encontraban demasiado cerca para discurrir por el aire. Lanzando su línea hacia el tobillo del titán más cercano, Mikasa aprovechó la inercia para cortarle los tendones, para luego hacer lo mismo con el titán que le seguía. Por desgracia, antes que pudiera retraer la línea, el titán aplastó el cable y Mikasa cayó al suelo, rodando y haciéndose daño en las rodillas. Sus espadas habían saltado lejos, y segundo titán ya se encontraba sobre ella. A duras penas, Mikasa se puso de pie, pero el primer titán seguía aplastando el cable y no podría zafarse de su equipo a tiempo.

Sintió que todas sus costillas se rompían al ser tomada por el segundo titán. Aullando de dolor, Mikasa luchó por apartar sus brazos del agarre del titán, pero era imposible. Estaba condenada a ser comida de titán…

Tengo que… alcanzar… mi… bolsillo…

Maniobrando con mucha dificultad, Mikasa fue alcanzando de a poco el bolsillo de su uniforme, a medida que se acercaba peligrosamente a la boca del titán…

Historia estaba quedando ronca de tanto gritar, y sus extremidades habían perdido fuerza. La boca del titán dominaba toda su visión, y el terror no hizo más que aumentar.

Sin embargo, algo andaba mal.

A Historia le daba la impresión que no se movía. La boca del titán ya no se hizo más grande. A continuación, sintió una presión en la parte superior de su cabeza y, segundos más tarde, se encontraba en el suelo, con un dolor intenso en las costillas y en las rodillas. Se puso de pie a duras penas, y vio que el titán que estuvo a punto de comerla, yacía sobre el suelo, bajo un charco de sangre. Mientras se preguntaba quién había matado al titán, miró hacia arriba, y vio a Sasha, sus espadas bañadas en sangre y respirando pesadamente, como si hubiera trotado incontables millas.

—¿Tú mataste a ese titán? —preguntó Historia con una voz aguda y casi falta de aliento.

—Apenas puedo creerlo yo misma —jadeó Sasha, mirando las espadas como si no le pertenecieran—. Por momentos creí que había fallado… otra vez, hasta que vi caer al titán. ¿Puedes moverte?

—Apenas —gruñó Historia, tocándose las costillas y arrugando la cara—. Voy a necesitar ayuda para llegar al tejado.

Sasha iba a asistir a Historia, cuando ambas vieron unas luces que solamente podían ser atribuidas a un rayo. Cuando miraron con más detenimiento, vieron una serie de rayos brotar de las casas. Con la curiosidad venciendo al miedo, Sasha tomó por la cintura a Historia y trepó a los techos para ver el espectáculo con más claridad.

Cuando ambas llegaron a la fuente de los rayos, vieron que había tres titanes; uno tenía los tendones cortados, y los otros dos parecían protegerse de la fuente de los rayos. No obstante, cuando éstos hubieron desaparecido, vieron a una mujer que se parecía mucho a Mikasa, con la salvedad que usaba un uniforme muy extraño, más apropiado para un feria que para una batalla.

—¿Qué le pasó a Mikasa? —preguntó Sasha, luciendo perpleja. Historia se hallaba igual de perdida, y sin embargo, había algo en ella que le resultaba extrañamente familiar, como si la hubiera visto antes.

—No lo sé —dijo Historia, notando que Mikasa no estaba completamente erguida, como si sintiera un dolor en su pecho—, pero parece que está herida.

Connie y Jean, quienes se encontraban cerca, también vieron los rayos, y se acercaron para ver lo que estaba ocurriendo.

—Se transformó otra vez —dijo Jean, llamando la atención de Sasha e Historia.

—¿Sabes qué le pasó, Jean? —quiso saber Sasha, e Historia dirigió una mirada penetrante a ambos soldados.

—Sé exactamente lo que le pasó —repuso, recordando la primera vez que había visto a Mikasa con ese uniforme tan curioso—. Se transformó en una Sailor Senshi.