XI
La carrera hacia el sótano, Acto 1
La batalla de Shiganshina, Parte 7

Todo se había salido de control.

Tal fue el desconcierto entre todos los presentes, que nadie advirtió que el hombre de los lentes se había zafado del agarre de los soldados y lanzado por el borde del muro que daba a la ciudad. Levi también fue tomado por sorpresa cuando Armin sufrió esa transformación. Al parecer, esa inyección le había convertido en un titán. Hange y Erwin también vieron lo que había pasado, aunque iban a tardar mucho más tiempo en creerlo.

El titán que alguna vez había sido Armin deambuló por la parte más alta del muro, dirigiéndose hacia el sector de la puerta. Levi, tragando saliva, fue en pos de él, decidido a cortarle las piernas si era necesario, pero Armin saltó desde el borde del muro, cayendo sobre una casa de tres pisos, derrumbándola en el acto. Levi se quedó en el borde, mirando cómo Armin se ponía nuevamente de pie. Iba a perseguirlo cuando otro destello dorado se vio al otro lado del muro, desde el cual brotó nuevamente el titán bestia.

Ahora lo entiendo se dijo, viendo cómo Armin se dirigía ciegamente hacia la entrada exterior a la ciudad. Ese hombre extraño es el titán bestia. Tengo que detenerlo nuevamente. Pero ahora será más fácil, porque tengo muchos lugares en los que emplear mi equipo de maniobras tridimensionales. Esta vez, acabaré con él.

No obstante, en el momento en que Levi se lanzó al vacío, el titán bestia tomó algunos escombros sueltos, y los arrojó en su contra. Levi debió hacer algunas maniobras rápidas para cubrirse con las casas y no sufrir el mismo destino que muchos de los soldados del Cuerpo de Exploración.

Maldición. Ahora tiene más proyectiles para arrojar. Y yo me metí solo en una ratonera. Tengo que comunicarme con Erwin o Hange de algún modo.

Mientras tanto, en el sector este de la ciudad, donde no había titanes cerca, un grupo de soldados custodiaba a Reiner, quien había dejado de forcejear contra sus ataduras, como si se hubiera resignado a que no iba a encontrar ayuda en medio de aquellas ruinas. Las órdenes de Erwin habían sido claras.

No debían perder de vista a Reiner.

Sin embargo, les causaba un poco de extrañeza que Reiner ya no siguiera tratando de zafarse. Cualquiera en su situación estaría tratando de soltarse por horas y horas, pero no era el caso de Reiner. De hecho, lucía como si estuviera esperando algo.

Se escuchó un sonido como de algo cayendo sobre el suelo. El jefe de la guardia indicó a un soldado a que investigara la fuente del sonido. No obstante, no tuvo que deambular lejos.

Comprobó, con desconcierto, que era uno de los soldados. Tenía una herida cortante en el cuello, desde la que aún salía sangre. El jefe, cuando se enteró de la tragedia, ordenó que la mitad de los custodios trepara a los techos de las casas aledañas, pensando que el agresor debía estar empleando equipos de maniobras tridimensionales. Si se trataba de un traidor, debían acabar con él de forma inmediata.

Otro sonido, muy similar al anterior, se escuchó. Sin embargo, éste provenía desde las alturas, y los soldados restantes vieron, con horror, que otro de sus compañeros había encontrado la muerte.

—¡Rodeen al prisionero! —ladró el jefe, y los demás se apiñaron alrededor de Reiner, dándole la espalda—. ¡Que cada uno revise su sector! ¡No olviden mirar hacia los techos también!

La idea era que la tarea de buscar al agresor fuese un trabajo de equipo, o al menos esa era la idea. En la práctica, el hecho que nadie supiera quién había asesinado a esos dos soldados hacía que los que quedaban tragaran saliva. Sus espadas temblaban, y mostraban reacciones desmesuradas frente a cosas tan simples como la caída de una piedra, o el movimiento de un ratón, de los tantos que se aprovechaban de la miseria de la ciudad.

De pronto, se escuchó un sonido de metal rozando con metal. Parecía provenir de los tejados. No obstante, cuando uno de los soldados miró en esa dirección, no vio a nadie. Nadie se atrevía a investigar, por temor a que el asaltante misterioso aprovechara la situación y liberase a Reiner, si es que era ese su objetivo.

Todos saltaron cuando se escuchó el silbido de un objeto filoso cortando el aire. Demasiado tarde se dieron cuenta de que se trataba de una hoja suelta. Cuando vieron lo que había ocurrido, notaron que la hoja se había clavado en el pecho de Reiner, quien comenzó a emitir un brillo dorado al instante. Los pobres soldados, muy al tanto de lo que significaba aquel resplandor, se alejaron de inmediato del lugar, empleando sus equipos de maniobras. El plan era regresar a la posición del comandante, aunque al jefe del pelotón no le iba a gustar mucho lo que Erwin le iba a decir cuando se enterara que Reiner había escapado. De todas formas, no había mucho que hacer contra un titán completamente cubierto con armadura.

Una figura empleó su equipo de maniobras para treparse al hombro de Reiner. Se trataba de Bertholdt.

—Debemos llegar a la posición de Eren lo más pronto posible —dijo, y Reiner asintió con la cabeza por toda respuesta. Por otro lado, Bertholdt se maldecía a sí mismo por no poder transformarse. Ser el titán colosal consumía mucha energía, por lo tanto, el periodo que debía esperar era mucho más largo que el de los titanes normales, como su compañero Reiner.

Espero que Eren haya sellado la puerta exterior. En ese momento será vulnerable.

En la entrada exterior, Eren había conseguido endurecer su titán, y se había asegurado que tuviera una salida a mano. Sin embargo, cuando vio que había más de diez titanes rodeándolo, supo que había hecho su movimiento en un muy mal momento.

¿Y dónde está Mikasa?

Como respondiendo a su pregunta, vio un rayo que parecía brotar de una figura que se encontraba en el suelo. Cuando Eren vio a la figura con más detalle, se dio cuenta que se trataba de Mikasa, y lo que era más, usaba ese uniforme tan extraño. Recordaba que esa gata había hablado sobre Mikasa siendo una Sailor Senshi, por lo que asumió que ella se había vuelto a transformar. Luego, vio que los demás también se encontraban peleando en contra de los titanes.

No supo por qué sintió un retortijón de tripas al ver a Historia herida, quien era ayudada por Sasha. Connie y Jean solamente tenían magulladuras, nada serio. Volvió a mirar a Mikasa, quien se había deshecho de cuatro titanes ya, mientras que Jean acabó con otro. Eren decidió que no iba a quedarse atrás, cuando vio una figura familiar acercarse, pero no por eso iba a ser agradable.

Pensé que lo tenían cautivo. ¡Mierda!

Reiner, en su forma de titán, se acercaba cada vez más a su posición, y Eren no podía volver a transformarse, no después de haber empleado el endurecimiento dos veces en un lapso relativamente corto de tiempo. Por fortuna, Mikasa se había dado cuenta de la presencia de Reiner y eliminó a los titanes que le rodeaban, encarando a Reiner sin miedo.

—¡Eren! —exclamó Mikasa cuando pudo verlo encima de su réplica de piedra de su titán—. ¡Ve al sótano! ¡Nosotros te seguiremos!

No obstante, Eren pudo ver dos titanes más que se acercaban a la puerta exterior. Uno era el titán bestia, y el otro era uno normal, aunque a Eren, por alguna razón, se le hacía familiar aquella cara, como si la hubiera visto en alguna otra ocasión.

¿Por qué esa cara me resulta tan conocida? ¿Y por qué mierda tengo esta sensación en el estómago?

Cuando el titán normal se hizo más visible, Eren fue asaltado por un recuerdo de no hace mucho, cuando Connie había planteado sus sospechas sobre aquel titán que yacía de espaldas sobre su casa en su pueblo natal. ¿Podría aplicarse la misma lógica con ese titán? No obstante, el tiempo se le estaba acabando, y necesitaba llegar al sótano cuanto antes. De todas formas, a esas alturas, ya no importaba si la cara de algún titán le resultaba familiar o no. Estaba en medio de una batalla por recuperar territorio de los titanes y entender la verdad del mundo. Necesitaba concentrarse en aquellas dos metas.

Apretando los dientes, Eren usó su equipo de maniobras para ir de techo en techo, alejándose lo más posible de los titanes que venían a su encuentro. Sailor Jupiter y los demás vieron lo que estaba haciendo Eren, y acudieron a escoltarle de inmediato. Por razones obvias, Mikasa, o sea, Sailor Jupiter, tenía que ir por el suelo, pero eso no le impedía asesinar titanes con sus poderes eléctricos. Jean derrumbó a otro titán, mientras que Connie proveía cobertura a Sasha, quien cargaba con Historia. A lo lejos, Jean vio que Reiner había cambiado el curso, y que el titán bestia también venía a su encuentro.

Cuando Eren estuvo a tres casas de las ruinas de la suya, fue rodeado por el titán que a él le resultaba familiar, el titán bestia y Reiner. Superado en número, Eren no veía forma de escapar. Por fortuna, Jean y Connie, acompañados de Sasha e Historia, llegaron a su lado, mientras que Sailor Jupiter llegó después. El titán bestia lucía extrañado por la presencia de Sailor Jupiter en la escena. De todos modos, jamás había visto algo similar en su vida.

El titán bestia, de forma sorpresiva, emitió un rugido que hizo que algunos escombros cayeran. Por un momento, Eren pensó que había llamado a otros titanes, pero la idea era risible. No había titanes dentro de Shiganshina, sin contar los que estaban en ese momento rodeándolo.

Luego, se escucharon unos gritos de terror. Todos miraron hacia el titán acorazado, y vieron que sostenía a Bertholdt por alguna razón. El aludido pataleaba y movía sus brazos, sin posibilidad alguna de zafarse.

—¡Reiner! —gritó Bertholdt con una voz ronca—. ¿Qué estás haciendo?

Y Reiner acercó a Bertholdt al único titán común presente en la escena, como si quisiera tratando de darle de comer.

—Bien, este es el trato —dijo el titán bestia, luciendo complacido por alguna razón—. En caso que no lo sepan, el titán que están viendo en este momento es uno de sus amigos. Estaba al borde de la muerte, pero, digamos que le di una pequeña ayuda para que sobreviviera. Por desgracia, es uno de esos titanes que comen humanos sin conciencia. Y la única forma en que vuelva a la normalidad es que se coma a un humano especial, y con esto me refiero a un titán cambiante.

—¿De qué mierda estás hablando? —exclamó Connie con los puños crispados y una voz agresiva.

Pero Eren supo, en ese momento, que ese titán no podía ser otro que Armin. El cómo había llegado a convertirse en eso era un completo misterio. Maldito titán bestia. Como si no hubiera suficiente maldad en este mundo.

—Puedo volver a su amigo a la normalidad, pero ustedes deberán entregarnos algo a cambio —repuso el titán bestia—. Lo que queremos es bastante simple. Entréguenos a Eren, y su amigo regresará a la normalidad.

—¡Pues no te entregaremos nada! —gritó Sailor Jupiter, esgrimiendo un puño en contra del titán bestia.

—Pues eso es algo muy desafortunado —dijo el titán bestia, sonando decepcionado—. Tendrán que matar a su amigo entonces.

Jean iba a decir algo, pero luego vio una señal de humo verde que provenía desde varios metros detrás del titán bestia. Cuando encontró la fuente del humo, vio algo que le dijo lo que debía hacer a continuación.

Unos minutos atrás

Levi había decidido regresar con Erwin y Hange, esperando que ambos tuvieran algún plan para el nuevo giro que habían dado los acontecimientos. Usando su equipo de maniobras, regresó a la parte alta del muro, y encontró a Erwin de pie, aunque se inclinaba ligeramente hacia el lado izquierdo. Hange estaba junto a él. Parecían discutir algo.

—Me preguntaba cuándo volverías a dar las órdenes —dijo Levi en su usual tono desapasionado, dirigiéndose a Erwin.

—¿Qué es lo que está pasando en la ciudad? —preguntó Erwin.

—Por lo que sé, Reiner se nos escapó, y ya viste lo que pasó con ese hombre y Armin —repuso Levi, luciendo un poco tenso—. Ahora, hay tres titanes que se dirigen hacia la misma posición… el sótano de la casa de Eren.

Erwin se quedó un rato en silencio, tratando de idear alguna estrategia que pudiera salvarlos de la total desgracia. De todos modos, había salido de Karanes sin autorización del rey o de alguno de sus representantes. Si volvía con las manos vacías, seguramente sería ejecutado frente a todo el mundo.

—¿Y bien? —apremió Levi, notando que Erwin ya no miraba hacia el cielo.

—Tenemos que llegar al sótano, cueste lo que cueste —dijo el comandante—. Hange, asumo que la escuadra que protege al pastor Nick sigue a la espera.

—No veo titanes cerca —repuso la aludida, mirando en lontananza—. Creo que acabamos con todos los que están de ese lado del muro. Pero perdimos a demasiados soldados en aquella acometida. De hecho, los únicos que quedan son los que custodian al pastor.

—Tráelos contigo —dio Erwin, y Hange hizo el saludo militar—. Vamos a necesitar a todas las fuerzas disponibles para llegar a ese sótano. Levi, necesito que entregues las siguientes instrucciones a tu escuadrón.

Erwin delineó, sin un ápice de duda, las instrucciones que debía entregar el capitán (4). Levi asintió con la cabeza, viendo, con agrado que Erwin no había perdido la cabeza o el temple, pese a la fea herida que tenía en su costado.

—Yo esperaré a Hange, e iré con ella —dijo Erwin, mirando cómo Levi miraba hacia el lugar donde se encontraba el sótano de la casa de Eren—. Por último, no trates de matar al titán bestia aún. Puede que obtengamos alguna clase de información que nos sea útil. Después de todo, no sabíamos que había una forma artificial de transformar gente normal en titanes. Es obvio que ese hombre sabe más de lo que aparenta.

—No te preocupes, Erwin. Déjamelo todo a mí, aunque no te puedo prometer no matar a ese mono peludo.

Levi, dicho esto, se lanzó por el borde del muro, y empleó los tejados para llegar a la posición del titán bestia. Notó que los titanes no se movían, y que había miembros de su escuadrón presentes en el lugar. No obstante, lo que más le llamó la atención fue la presencia de una mujer que lucía como Mikasa, pero que usaba un uniforme bastante extraño, con una falda demasiado corta y un enorme listón en su pecho.

No estamos en una feria, Mikasa se dijo Levi, sin saber que ella no tenía forma de haber elegido aquella indumentaria.

Levi se trepó a un tejado a unas cinco casas del titán bestia y esperó un poco. Aquello fue afortunado, pues había escuchado algo de suma utilidad para el plan de Erwin. A continuación, usó una señal de humo para llamar la atención de alguno de los miembros de su escuadrón. Fue Jean quien vio la señal, y Levi empleó lenguaje de señas para comunicarle los pasos que debía seguir.

El resto consistía solamente en esperar. Con suerte, Erwin llegaría con los suficientes hombres para llevar a cabo la siguiente fase del plan.


(4) En un capítulo anterior, Erwin decidió elevar a Levi al rango de capitán. Creo haber explicado por qué me había referido a él como cabo en una nota.