Harry James Potter

Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas

2:15 a.m

A Harry Potter no le gustan los hospitales, ya ha estado muchas veces en ellos y ninguna de aquellas visitas había sido placentera, pero esto, esto se siente tan distinto. Porque hoy no se trata de él y a pesar de ello, está más nerviosos que nunca.

Principalmente porque nadie le deja hacer nada, por que aunque le dejaran, no podría hacer mucho, y porque la última vez que vió a su esposa, estaba gritando como si hubiera recibido cuarenta crucios al mismo tiempo.

Estaba alarmado. Cuando todo terminara, habría una pequeña vida que dependería de él, y de la que sería responsable para siempre. No sabía cómo sentirse, si asustado o feliz.

Uno podría pensar que después de derrotar al uno de los magos oscuros más poderosos del planeta el hombre tiene nervios de acero, pero los nervios de la paternidad son muy distintos, son nervios felices, nervios embotadores, ansiedad que se cuela en tu espina dorsal y te llena de miedo. Todo en uno.

Una hora más se decía retorciéndose las manos y paseando de un lado a otro Si en una hora no vienen voy a entrar ahí y voy a exigir respuestas Y había estado a punto de hacerlo unas cuantas veces, pero al final se sentaba derrotado en uno de los incómodos sillones, para volver a pasearse en segundos.

Cuando al fin sentía que iba a explotar de impotencia, un medimago rechoncho y sudoroso se le acercó con una sonrisa aburrida. —Señor Potter, felicidades —anunció el hombre con voz monótona, como un cajero preguntándole si encontró todo lo que buscaba.

Se dejó guiar por el hombrecito antipático por el pasillo hasta llegar a un cuarto con paredes pintadas de colores suaves y decenas de cunitas flotando. Entre todos ellos estaba su pequeño James Sirius.

Harry Potter, ya no era el niño que vivió. Ahora era ahora un hombre. Y nunca se sintió más hombre que cuando vio a su pequeño, y de inmediato pensó en todas las cosas que haría con él.

—¿Es normal que esté tan morado? —inquirió sintiéndose un poco torpe.

—Perfectamente normal, no se preocupe por nada Sr. Potter, su pequeño está sano como un hipogrifo.

—Es hermoso —comentó extasiado adelantándose para cargarlo.

—Mhjm —asintió el hombrecillo sin mucha emoción sacando al recién nacido de su cunita—. Tome, sosténgalo un momento.

Si nunca han tenido a su pequeño en sus brazos, no se pueden imaginar lo que se sintió. Harry pensó que podría quedarse ahí y admirar su cara y sus ojos azules, sus pequeñas manos y pies durante una eternidad. La pequeña manita se aferró al dedo de su padre. Ése gesto que había visto en tantos bebés nunca le pareció tan hermoso.

—¿Y Ginny? ¿Cómo está Ginny? —preguntó al fin.

—Su esposa está bien. De hecho, me parece que éste pequeño necesita de su madre para que lo alimente.

Como para confirmar las palabras del medimago, el bebé comenzó a llorar. Harry Potter se hinchó de orgullo. ¡Qué pulmones!


Ginevra Weasley

Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas

6:30 a.m

Todos estaban aquí. Sus hermanos con sus crecientes familias y parejas, Los Sres. Weasley, Hagrid, Andrómeda Tonks y Teddy Lupin. En verdad todos. La bruja detrás del mostrador los miraba con el ceño fruncido y a cada tanto les pedía que guardaran silencio.

Ginny estaba algo agotada. Lo bueno es que nadie venía a verla realmente a ella, sino a James Sirius y no se cansaban de mirarlo y decirle lo hermoso que era. Lo único que tenía que hacer era sonreír y asentir.

Habría tomado el consejo de la enfermera de recibir visitas hasta la noche, pero tenía un asunto pendiente con su amiga y con suerte no cuñada Hermione. Así pues, cuando toda su familia la hubo visitado, pidió que pasara ella sola. Hermione entró despacio.

—En increíble que tengas un bebé Ginn —musitó la chica cerrando la puerta suavemente con una sonrisa en la cara.

—Asumo que ya lo has hecho —Ginny fue al grano, no quería amamantar a su bebé con su amargura.

—Ginny vamos, no es el momento.

—¡Sí lo es! Falta una semana para tu boda y yo no pienso permitir...

—¡Ya lo hice Ginevra! —dijo Hermione con la voz más alta de lo que pretendía—. Ahora será mejor que descanses, disfrutes la maternidad y dejes de meterte en mis asuntos —añadió con más cariño sentándose en la silla al lado de la cama de su amiga.

La pelirroja suspiró aliviada, y de pronto una mueca cruzó su rostro. —A Pansy no le va a hacer nada de gracia que devuelva el vestido de dama de honor. Estallaron en risas. Una joven medimaga entró con James Sirius en los brazos para dárselo a Ginny.

—¿Ya tiene hambre? —la medimaga sonrió por respuesta y salió del cuarto.

—¡Oh Ginny! Estoy tan feliz por ti y por Harry. Nunca lo había visto así de exultante. Y tan orgulloso de algo. Casi sale por la ventana de lo inflado que está su ego.

La pelirroja dejó a su hijo comer y lo admiró hasta las lágrimas.

—¿No es el bebé más hermoso que hayas visto? —le preguntó a Hermione

—La verdad es que está un poco arrugadito —bromeó ésta.

Su amiga le sacó la lengua y siguió contemplando a James Sirius. Esperaba de todo corazón que algún día Hermione pudiera ser tan feliz como lo era ella ahora.


Ronald Bilius Weasley

Hospital San mugo de Enfermedades y Heridas Mágicas

6:40 a.m

He aquí un hombre que nunca entendería a las mujeres, a penas ayer todo lo que sabía era que su hermana seguía enojada con él y Hermione porque no se querían separar, y ahora, la llama para hablar a solas horas después de tener a su bebé.

¿Todas eran así de bipolares? Ron suponía que se volvían así cuando agarraban confianza. Sus múltiples conquistas estaban dispuestas a seducirlo y complacerlo y no hacían berrinches ni cambiaban de humor de un día para otro. Pensándolo bien es probable que lo hicieran, pero nunca se quedaba lo suficiente para verlo.

Se sintió un poco enfermo por lo que acababa de pensar, él no era uno de esos hombres que deja botadas a las chicas a su paso. ¿o si? ¿Cuándo se había convertido en un patán misógino?

Todo era culpa de Hermione por decirle que sí. Su plan había fallado. Estaba seguro de que la castaña lo iba a mandar a freír botubérculos cuando se enterara de su infidelidad, pero no lo hizo y éso terminó de matar sus esperanzas de empezar de nuevo con...

Bueno, como sea, todo estaba hecho. Ellos se casarían, se engañarían y tendrían bebés que probablemente no serían suyos. ¡Su vida se iba al caño por Merlín! ¿Y qué hacía él? Poner excusas estúpidas para salir del hospital y descargar su frustración en alguna cama. ¿Qué clase de hombre era? ¡Su hermana y su mejor amigo acababan de tener un hijo y en lo único que pensaba era en engañar a su prometida!

—¡Ron! —exclamó la cabeza de su prometida desde la puerta —Ginny quiere que pases —anunció Hermione con una sonrisa enorme en el rostro. Lo dicho, nunca entendería a las mujeres.


Draco Narcisso Malfoy

Café Monmouth, Londres

9:00 a.m

—¿Granger?

—Si Zabini, Granger. Y si lo vuelves a repetir me voy a ver en la necesidad de sacar mi varita.

—Es que es increíble. —replica Blaise dándole un trago a su café.

—¿Y sabes por qué? —inquirió Theodore Nott

—Aún no. No hemos hablado mucho.

—¿Y Tori lo sabe? —la sonrisa de Blaise se ensanchó ante ésta perspectiva.

—Si —afirmó el rubio rodando los ojos—. Se ha puesto como loca. ¿Te acuerdas cuando la capitana de las Avispas de Wimbourne nos rogó para deshacerse de Krum?

—¿Cómo olvidarlo? Tori y su hermana cotillearon de lo lindo por meses —Recordó Nott con una mueca. Zabini soltó una carcajada.

—Pues no se acerca ni un poco a lo que pasó anoche —aseguró Draco Malfoy con una sonrisa ladeada.

—¡Mujeres! —suspiró Zabini—. Son tan divertidas —los tres rieron. Sobretodo Draco.

Estaba de buen humor. ¿Por qué no estarlo? No es que le importara mucho la vida sentimental de la comadreja y el ratoncillo de biblioteca. Pero era divertido sin dudarlo. Es decir ¿Cuántos periódicos y revistas los ponían de ejemplo? "La pareja perfecta" "Juntos desde siempre y para siempre" "La historia de Amor del siglo"

Era como si la vida le restregara en la cara su felicidad pero ahora Draco sentía que había probado un punto: El amor está casi extinto incluso para los chicos buenos. Con éste feliz pensamiento en mente, se dirigió a su edificio donde como era de esperarse, se encontraba su socia conteniéndose de dar saltitos de emoción.


Hermione Jane Granger

West End Lane Books, Londres

11:30 a.m

¡Ah libros! A pesar de todo, Hermione nunca había podido dejar de leer. Podía pelearse con Ron y podía emborracharse, pero al llegar a casa, siempre leía un buen libro. Cuando estaba desempleada (como ahora) se dedicaba a leer.

Si sigues así todo lo que gane se nos va a ir en libros Le decía Ronald. Pero a Hermione no le importaba. Amaba sus libros y por eso estaba ahí. Habría podido ir a Flourish & Blotts pero no tenía ganas del mundo mágico por ahora. Sólo quería salir de casa y leer un rato. Estaba escogiendo al final algo que le llamó la atención cuando sonó su teléfono.

Riing! ¡Riiiiiiing! ¡RIIINGG!

—¿Diga? —contestó fastidiada.

—¡Granger! Soy Malfoy.

—¿Malfoy? ¿Cómo demonios conseguiste mi número?

—Es mi trabajo saber todo de ti Granger —su voz se cortó por el sonido de alguien apretando teclas al otro lado de la línea.

—¿Qué quieres? Estoy ocupada. —él bufó al otro lado del teléfono.

—No pienso quitarte mucho tiempo de tu valiosa vida —más tonos de teclas.

—¿Quieres dejar de apretar cosas mientras hablas Malfoy? Es de mala educación, por no mencionar fastidioso.

—No uso demasiado ésta cosa. Deberías sentirte halagada de que intento comunicarme contigo de forma muggle.

—Estoy en las nubes —contestó Hermione con sarcasmo— ¿Por qué no marcas de nuevo cuando aprendas a usar un celular? O mejor aún, nunca. ¿O es que no puedes hacer tu trabajo sin mi?

—¡Oh vamos Granger! Lo único que quiero es que tengamos una cita.

—¿Cita? ¿¡De qué demonios estás hablando?

—Granger, Granger. Siempre es tan fácil tomarte el pelo. —se rió Malfoy, apretando otras dos teclas—. Quiero que concretemos nuestra cita de trabajo, ya sabes, para arreglar tu asunto. Como bien lo has dicho no puedo hacer mi trabajo sin ti, o más bien sin tu cooperación.

—Oh —Hermione se sonrojó furiosamente. Bueno era que él no estuviera ahí para verla—. Vale ¿cuándo?

—Hoy a las tres en Finnigan's

—Bien.

—Bien. Oye, si no es mucha curiosidad ¿Qué estabas haciendo que te mantenía tan ocupada?

—No te interesa Malfoy.

—Va a ser que sí. Tengo que saberlo todo sobre ti y la comadreja. Recuerda que soy un profesional.

—¿Es por eso que te gusta tanto tu trabajo? —preguntó Hermione enojada, dudando de su decisión de la noche anterior. Pero ya no había vuelta atrás, lo cual no significaba que le gustara la perspectiva de Malfoy husmeando en sus asuntos. Sentía la necesidad de dejarle claro que su vida era privada y había límites—. ¿Porque puedes meterte en la vida de las personas y arruinarlas?

—Si —contestó después de una pausa y dos pitidos de teclas más—. Y porque las desesperadas como tú pagan bien.

—Te voy a colgar ahora Malfoy.

—¡NO! ¡Por favor! —exclamó con fingido dolor. Hermione colgó. No podía ser que estuviera atrapada con ése imbécil como única ayuda. No habría manera de que trabajaran juntos. Hermione suspiró pensando en el vestido que llevaba en las profundidades de su bolsa y que planeaba devolver ése mismo día. Si todo dependía de que Malfoy y ella cooperaran jamás se separaría de Ron.


Draco Narciso Malfoy

Oficinas centrales de Malfoy Incorporated

1:20 p.m

—¡Draki! —gritó una voz en el pasillo de Malfoy Inc. La secretaria rodó los ojos y la dejó pasar.

—¿Por qué sigues haciendo eso Pans? —preguntó Draco firmando un par de documentos.

—Es divertido ver tu cara y las de los demás —contestó Pansy Parkinson encogiéndose de hombros—. Tu secretaria muere por ti por cierto —agregó.

—¿A qué debo tu horripilante presencia? —le preguntó volteando a verla sonriente. Ella le sacó la lengua antes de contestarle.

—Pues a que gracias a tu asquerosa compañía me han regresado otro vestido de novia. Vas a arruinarme Narci —dijo con un puchero. El rubio hizo una mueca al escuchar el diminutivo de su segundo nombre, pero con Pansy no se molestó en reprochárselo.

—¿Te voy a arruinar? ¡Pero si vendes vestidos a diestra y siniestra! Astoria y su hermana nunca usan otro diseñador y a mis oídos a llegado el rumor de que Weaslette también ha caído en tus redes.

—Ése no es el punto —dijo Pansy quitándole importancia al asunto con un movimiento de mano— ¿Por qué no quieres que la gente sea feliz? —inquirió con gesto teatral sentándose en su escritorio.

—Pans, estoy seguro de que podríamos hablar de cosas sin sentido por horas hasta que me dijeras lo que de verdad vienes a hacer pero voy a ahorrarnos ése tiempo. Si, estoy separando a Weasley y a Granger.

—Vaya —murmuró su amiga llevándose las manos a la boca.

—¿Vaya? —Draco frunció el ceño—. Esperaba que saltaras de un lado para otro e hicieras millones de preguntas.

—¿Desde cuándo me comporto como una vulgar Gryffindor?

—Es lo que Tori hizo —se encogió de hombros el rubio. Ninguno de los dos habló en un tiempo. Draco se preguntaba qué es lo que pasaba por la cabeza de su mejor amiga. Normalmente era un libro abierto para él.

—Era un vestido hermoso —suspiró por fin Pansy—. El vestido más bello que jamás he diseñado.

Draco la miró con la boca abierta. Ni en sueños hubiera pensado que actuara de ésa manera al recibir una noticia tan jugosa como aquella. Ahí había kneazel encerrado.

—En fin Drakes me voy —comentó de pronto saltando del escritorio sin darle tiempo a decir nada—. Asumo que Hermione va a ir hoy a entregar su vestido y tengo que estar ahí —salió del lugar a buen paso.

—¡Eh Pans! Vamos por un café, que alguien se encargue del vestido —la llamó Draco desde la puerta de su oficina. Su secretaria los miró con el ceño fruncido. Quizás si se moría por él después de todo.

—¡No! —exclamó Pansy y su amigo levantó una ceja —. Es que yo...

—¿Hay algo que no me estés diciendo? —preguntó Draco caminando hacia ella.

—¿Por qué? —sonrió evadiendo la pregunta y caminando hacia atrás. Definitivamente sospechoso.

—Por que me estas negando un café por primera vez en cinco años.

Pansy Parkinson no tuvo más remedio que acompañarlo. Y no porque estuviera ocultando algo ¿Cierto?


Harry James Potter

Sala de café del departamento de Aurores

2:45 pm

—¿Entonces ya no vas a molestarme con el asunto de Hermione?

—No. —dijo Harry calentando su agua con movimientos circulares de varita —. Espero que recapacites antes de la boda, pero ya no te voy a presionar. A ninguno de los dos, si quieren destruir sus vidas adelante.

—No estamos destruyendo nuestras vidas —aseguró el pelirrojo sin mucha convicción.

—Saben que los dos son mis hermanos. Y nada me hubiera gustado más que verlos casados. Cuando se amaban Ron.

—Dijiste que ya no ibas a meter tus narices donde no te llaman Potter. —dijo Ron poniéndole azúcar a su café.

—¿Potter? —Harry levantó una ceja. Ron no le había dicho Potter desde aquella pelea en los bosques.

Ron mantuvo la cara seria por exactamente tres segundos y después escupió el café en el suelo. Ambos se rieron. A pesar de cualquier cosa, Ronald siempre sería su mejor amigo. Por eso intentaba convencerlo de que no cometiera un error, y se sentía mal de no haber seguido insistiendo. Amaba a Ginny, incluso antes de darse cuenta de que lo hacía, pero a veces ésa mujer podía ser escalofriante. ¡Mira que pensar en Malfoy! De todos los hombres, de todas las ayudas posibles... ¡Malfoy!

Harry sacudió la cabeza para liberarse de sus pensamientos. Después de todo la compañía del hurón era muy exitosa. Y a pesar de que todos sabían que existía, nadie sospechaba que era un cliente hasta una semana después de que sus parejas los terminaban, si es que lo hacían. Así de poderoso era. Había historias de que incluso algunos habían sido inducidos a terminar con sus parejas, aunque antes hayan proclamado amarlas y ésto debido a su ingenio personal para causar desgracias.

Pensando en ésto se acordó de que alguno de sus amigos tenía que sufrir, que no se malinterprete, terminar era lo mejor que podían hacer. Pero sabía que no lo habían hecho por culpa, por el pasado, por el lazo irrompible que había entre ambos. Por puro miedo y al final, el dique que le habían puesto a sus emociones tendría que ceder. Y Harry no quería estar ahí, es más, quería estar a miles de kilómetros.

—¿Qué te pasa viejo? —inquirió Ron

—Me quedé pensando —contestó Harry apurado. Siempre había sido malo para mentir, pero su amigo era malo para ver lo obvio.

—Eso es nuevo —se burló

—Muy chistoso Ronald —comentó Harry lanzándole un chorro de agua de su varita.


Hermione Jane Granger

Finnigan's Pub, Callejón de los Héroes (reconstrucción del Diagon, después de la guerra)

3:15 pm

Hermione suspiró otra vez. Si él no llegaba en cinco minutos, se iría. Normalmente no se obsesionaba tanto con la puntualidad, pero en esta situación cada segundo que pasaba la hacía cambiar de opinión.

Contratar a Malfoy para que la separara de Ron había sonado descabellado la primera vez que lo pensó, pero ahora, que llevaba veinte minutos sentada sin nada más que hacer que esperar al dichoso hombre (por que el lugar estaba misteriosamente vacío), sonó aún peor. No había otra explicación ¡Había perdido la cabeza! ¿De verdad iba a dejar a Ron? ¿A su soporte? ¿Iba a decirle adiós después de todo lo que pasaron? ¿Y si él todavía la amaba? ¿Y si ella lo amaba? ¿En el fondo?

Decidida caminó hacia la chimenea, y a medio camino se regresó. No. Ella no lo amaba, y si él lo hubiera hecho, no la habría engañado en primer lugar. Se quedaría, y aguantaría a Malfoy lo que fuera para no pasar el resto de su vida atada mágicamente a Ronald Weasley.

Se volvió a sentar y observó su reloj. A penas habían pasado dos minutos. A lo mejor si ella hubiera hecho algo, si hacía algo, si le pedía perdón, si lo hablaban con madurez. Lo podrían resolver... Si. Lo resolverían. Estaban hechos el uno para el otro.

De nuevo, y con convicción caminó a la chimenea para salir de ahí, pero antes de tomar los polvos flu tuvo otro momento de indecisión, y cuando volvía a la mesa, una figura esbelta y aristocrática salió de la chimenea envuelta en llamas verdes.

—¿Ya te ibas? —preguntó él al verla parada.

—Eres muy impuntual —se limitó a contestar ella sentándose con los brazos cruzados

—Lo lamento su alteza —dijo Draco rodando los ojos.

Hermione le hizo una mueca, y él le hizo otra. Continuaron con su guerra de miradas fulminantes hasta que Seamus Finnigan les entregó el menú con la boca abierta.

—Se te va a meter algo Finnigan —le espetó Draco.

—Es que... —señaló a Hermione— ¿Es una de tus clientes?

—No Finnigan. Estamos teniendo una comida romántica y después me la voy a llevar a la cama —ironizó el rubio.

—Pero la invitación me llegó hace semanas —balbuceó Seamus confundido.

—Seamus yo apreciaría tu discreción en este tema —rogó Hermione

—Mi amigo Finnigan hizo un juramento inquebrantable —Al ver la cara de la mujer Malfoy elaboró —aquí traigo a todos mis proyectos Granger. ¿Crees que te llevaría a cualquier lugar sabiendo que la prensa te persigue? Aunque ahora que lo pienso, si tuviéramos una aventura, a lo mejor Weasley te deja. Y todos saldríamos ganando.

Seamus, que seguía ahí rodó los ojos.

—Sea lo que sea Herms, ustedes lo pueden solucionar —dijo Seamus trayendo los condimentos—. Son la pareja perfecta.

Esta vez fue Draco quien rodó los ojos otra vez.

—Dos cafés Finnigan. Y que me los traiga la camarera del trasero grande —pidió guiñando un ojo. Seamus soltó un suspiro exasperado y caminó a la barra. Malfoy debía pagarle muy bien, porque era claro que odiaba cada segundo de su trabajo con él.

—Ahora a lo que venimos. Quiero toda tu información y la de Weasley. Sobretodo la de Weasley. Quiero que me digas lo que lo hace feliz, lo que lo pone triste, lo que lo enoja, lo que lo hace llorar, que me cuentes de su familia, de sus amigos. Todo lo que creas importante. Ésta es la parte crucial Granger, confío en que me darás las herramientas suficientes.

Le entregó una serie de frascos a Hermione para que pusiera ahí sus recuerdos. De su infancia, de Hogwarts, de la guerra de todas las cosas que tenían que ver con su prometido. La parte verdaderamente difícil era conseguir los de Ron.

—¿Cómo se supone que voy a sacarle recuerdos a Ron de todo eso? —inquirió ella dando un sorbo a su café y poniendo cara de repugnancia al ver que la chica que los trajo sí que tenía el trasero grande y parecía saber que a Draco le gustaba por la forma en que se movía.

—¿No tienes imaginación? —Draco sonrió ante la cara de confusión de Hermione—. Sexo, Granger. Seguro que has oído hablar de éso.

—Ron y yo no hemos tenido sexo desde hace meses —se tapó la boca enseguida. ¿Cómo pudo decir aquello? Simplemente se le había salido, como si alguien le hubiera dado...—¡Asqueroso hurón! ¿Veritaserum? ¿Cuál es tu problema, vil y retorcida cucharacha? —una cachetada cayó en la mejilla de Draco que al escuchar sus últimas palabras se lo esperaba.

—Deberías dejar de hacerles eso a tus clientes Malfoy —le gritó Seamus por encima de la barra mientras el otro chico se sobaba—. Todos reaccionan igual —le contó a Hermione con una sonrisa—. Uno incluso le lanzó la mesa —comentó como si fuera uno de sus recuerdos favoritos.

—Todos mienten —se justifió Draco encogiéndose de hombros—. Y prefiero ahorrarme esa parte, sobretodo contigo Granger, no tenemos tiempo. Hablando de éso, regularmente les doy un tiempo a mis clientes para recopilar ésta información pero debido a que eso es un factor clave aquí lo necesito para mañana.

—¿Mañana? —Hermione abrió la boca estupefacta. No sólo había ignorado su enojo, sino que le había dado una tarea imposible.

—Mañana Granger, y siéntete libre de usar mi consejo sobre el sexo, funciona siempre.

Hermione se levantó de la mesa enojada, tomó los frascos, los metió a su bolso y desapareció en la chimenea. Una vez en casa suspiró profundamente. Iba a ser una larga tarde.


Ronald Bilius Weasley

Godric's Hollow

6:00 pm

Ron había tenido un día pesado en la oficina. Muchas guardias, papeleo y un estúpido que había desequilibrado la escoba de su jefe porque no lo había promovido. El hombre había muerto y habían estado días resolviendo el caso.

Al pelirrojo no le gustaba hacer reportes, no le gustaba hablar con implicados, le gustaba detener sospechosos, luchar contra maleantes, incluso interrogar ignotos. Pero nada le fastidiaba más que sentarse a escribir su reporte.

Le diré a Hermione que me ayude con él Siempre le asaltaba éste pensamiento, y después se acordaba de que Hermione ya no lo ayudaba con nada. Sólo le causaba más problemas, desde que él y Harry habían decidido que ya era hora de que Hermione volviera a la realidad no había hecho otra cosa que apoyarla, no se imaginó que ella querría continuar las cosas como las habían dejado después de la batalla de Hogwarts. Ella lo había mirado con los ojos llorosos y el cabello desordenado y él no había podido hacer más que tomarla entre sus brazos y besarla. No se enteró que era una mala idea hasta que el infierno empezó.

Entró a su cuarto y se tumbó en la cama. La ducha sonaba. Se preguntó porqué insistían en dormir en la misma cama. Se preguntó porqué insistían en casarse.

Hermione sacó la cabeza del baño.

—Ron pásame una toalla por favor —se fingió dormido, no quería levantarse. La espalda lo estaba matando y la cabeza le quería doler. Además se iba a tener que quedar toda la noche despierto escribiendo el estúpido reporte.

—¡Ronald! —gritó la castaña, pero él no se movió.

Al final, hizo lo inesperado. Salió desnuda del baño y buscó en el cesto de ropa limpia una toalla. Hace mucho que Ronald no la veía como mujer. Bueno, hace mucho que no la veía y punto. Ella no se había dejado tocar por él desde que se comprometieron. A lo mejor fue por eso que se excitó rápidamente. Hermione le gustaba, le fascinaba, ella hacía que cada célula de su cuerpo hirviera de deseo, ése deseo adolescente que sabes que no puedes saciar, pero una vez terminado el acto, sabía que no era más que eso.

—Hermione —dijo con voz ronca.

—¿Sí? —preguntó ella con esa voz que hacía tanto no usaba. Si Ron hubiera sido un hombre más complicado quizás se habría cuestionado el cambio radical en el comportamiento de Hermione, sin embargo, por brillante que fuera para el ajedrez, el quidditch y el departamento de Aurores, era un chimpancé con las mujeres.

—Ven a la cama —pidió y vio la duda en sus ojos. Y también, con gran alivio, vio la aceptación.

Más tarde esa noche, cuando se despertó por su snack nocturno, se sintió como hace tiempo que no se sentía. ¡Podía funcionar! ¡Lo suyo con Hermione podía funcionar!

Riiing Riiing

El pelirrojo escudriñó la habitación antes de responder. Hermione estaba probablemente en el baño.

¿Bueno? —susurró

—¿Won Won?

No. Definitivamente lo suyo con Hermione no iba a funcionar. No mientras ella existiera.


Hermione Jane Granger

Godric's Hollow

11:30 pm

Salió de la cama son sigilo y se dirigió al baño. Guardó todos los frascos delicadamente en su interminable bolsa. Había obtenido todos esos recuerdos a un precio muy caro, se sacudió incómoda y algo disgustada consigo misma. Había jurado que no iba a volver a tener relaciones con Ronald hasta que quisiera un hijo y probablemente ni entonces pero ahora aquí estaba.

De la repulsión pasó a la culpa ¿Y si él pensaba que era una tregua? ¿Que le estaba dando esperanzas?

Riing Riiing

¿Teléfono? ¿El suyo? ¿Y si era Malfoy? Asustada pegó su oreja a la puerta

—¿Bueno? ¿Qué? Ah... Me asustaste. Por un momento creí que... Sí. Debería saber que eras tú. No no, es que han pasado cosas y... Algo así. Si. Si. Está bien, te veo mañana... Te amo.

Te. Amo. Hermione quería salir del baño e incordiar a Ron por ser tan hijo de puta, sin embargo no podía hacerlo mientras lloraba como una niña. Se aseguró de que Ron hubiera regresado a la cama y se hundió en su miseria por otra hora antes de volver junto a él.

El amaba a otra. Ella le estaba deteniendo. Por más que quisiera despertarle ahora y decirle que se fuera, que se largara con su amor no pudo. Porque la realidad era que le daba miedo quedarse sola. Le daba miedo que si terminaba con Ron de ésa manera, Harry y Ginny la odiarían y no podría volver a la madriguera para Navidad, o ver al pequeño Teddy en su cumpleaños.

Lentamente se metió entre las sábanas y dejó que la abrazara. Y lloró otra vez. Por Ronald Weasley y la vida que nunca tendrían. Otra vez.


Nota del autor: No es quien ustedes creen. Muajajá