XII
La carrera hacia el sótano, Acto 2
La batalla de Shiganshina, Parte 8

Trost

Nito Orloff había recibido una carta hace unos pocos minutos atrás. Cuando la abrió, se percató de que no provenía de su contacto habitual, sino que otra persona, una persona que se encontraba en la cúpula del gobierno. Le sorprendía que tal personaje, un tal Lor Ulrich, no hubiera empleado los conductos regulares para comunicarse con él. Nito iba en camino de encontrarse con alguien que sabía sobre el pasado de Erwin y Levi, cuando le llegó la carta. La hubiera descartado, de no ser por la posición de Lor en el gobierno.

Nito decidió que era más importante la petición de Lor. De todos modos, había tiempo para averiguar más sobre Erwin y Levi. Ambos se encontraban en Shiganshina, y si todo salía bien, llegarían al día siguiente, en la tarde.

Si es que regresaban.

Al parecer, Lor se había interesado en un tal Grisha Jaeger. Jamás había escuchado de él, aunque el apellido le sonaba familiar. En la carta, le había pedido que se dirigiera a las instalaciones del Cuerpo de Entrenamiento, donde encontraría a alguien que sabía cuál había sido el destino de Grisha. Sin embargo, Nito hallaba algo extraño en la misiva. No sabía por qué, pero le daba la impresión que Lor había ocultado sus reales intenciones, pues la carta no era especialmente explícita en lo concerniente a por qué deseaba saber más sobre Grisha. Asumió que un simple miembro de la Policía Militar no tenía que saber mucho sobre esos asuntos.

Esos tipos del Gobierno sí que ocultan cosas.

Por último, Nito se encaminó al campo de entrenamiento, situado en las afueras de la ciudad, al otro lado del muro Rose. Aprovechó que era de noche, pues los cadetes debían estar en sus respectivas barracas, y no tendría impedimentos para interrogar al ex comandante del Cuerpo de Exploración, ahora instructor en el Cuerpo de Entrenamiento. Aunque sabía a quién estaba buscando, aún había un misterio en torno a su persona. Lo que todo el mundo se preguntaba era por qué había escogido cambiar de rama militar. Claro, la respuesta más obvia era la frustración. Bajo su mando, había perdido a muchos hombres, sin poder siquiera establecer una base fuera de los muros. No obstante, también era de sentido común que permaneciera en la misma rama militar, con un menor rango, lo que implicaba menores responsabilidades. Pero había abandonado el Cuerpo de Exploración. ¿Cuál fue su real motivo?

Nito entró en el perímetro, buscando una casa pequeña de madera, alejada de los campos de entrenamiento. La encontró con las ventanas iluminadas. Eso significaba que había alguien allí. Nito apresuró el paso. Era preciso acabar con esa tarea lo antes posible, pues para él, la prioridad era saber más sobre los motivos de Erwin Smith para acometer una tarea como la que se encontraba haciendo en Shiganshina.

Y también estaba el misterio detrás de Levi Ackerman.

Shiganshina

Eren se había quedado de piedra al escuchar la petición del titán bestia. No pudo razonar por un buen rato, pues debía luchar nuevamente contra la noción de que era un objetivo para alguien. No podía siquiera preguntarse por qué tanta gente iba tras él.

No obstante, había alguien que sí podía pensar correctamente.

—¿Para qué quieres a Eren? —gritó Jean, y Eren torció la vista hacia él, mirando a su compañero con desconcierto.

—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó el titán bestia, rascándose la cabeza con sus brazos de palillo.

Eren no era el único que miraba a Jean. Los demás también tenían sus ojos puestos en él. Historia, apoyada en Sasha, se preguntaba por qué Jean había dicho algo así. Había visto la estela de humo verde alzarse hacia el cielo, pero no tenía idea de lo que podía significar. Al parecer, Jean le había encontrado algún sentido. O pudiera darse el caso que estaba actuando por instinto para ganar tiempo.

—¡Contesta la pregunta! —bramó Jean. Aquello fue un error.

—No creo que estés en posición para decir eso —repuso el titán bestia con calma, mirando a Reiner, quien sostenía a un inquieto Bertholdt—. Si eres capaz de decidir por Eren, entonces la elección está en ti. Te lo voy a repetir una vez más. Si nos entregan a Eren, su amigo podrá volver a ser un humano. De otra manera, tendrán que matarlo como el titán que es.

—¡Ya basta de palabrería! —exclamó Sailor Jupiter desde el suelo, aprestándose para atacar con sus poderes a los tres titanes presentes—. ¡Ya está claro que no les vamos a entregar a Eren!

—¡Detente, Mikasa! —exclamó Jean, pero ella no le hizo caso. Adoptó la postura de ataque y estuvo a punto de lanzar sus relámpagos, cuando escuchó la voz de la única persona que podía impedirle atacar.

—Eren —dijo ella débilmente, mirando a su amigo con tristeza—. No puedo permitir que te secuestren.

—Si atacas, matarás a Armin también —dijo Eren, desviando la mirada del titán bestia y enfocándola en Mikasa—, y sé cuánto lo valoras también. No voy a permitir que Armin pase por este infierno. Si eso es lo que quieren de mí, lo haré.

Mikasa miraba a Eren con lágrimas en los ojos.

—Pero… Eren…

—Créeme, es la mejor solución. Estoy seguro que harías lo mismo en mi posición.

—¡No te entregues, Eren! —exclamó Connie, con los ojos puestos en él—. ¡Menos a ese orangután parlante!

—Tiene que haber otra solución —añadió Sasha.

Jean permaneció en silencio, lo que le daba tiempo a Historia para pensar en la situación. No sabía por qué, pero sentía una gran desesperación en su interior, como si estuviera a punto de perder algo muy valioso para ella. Maldecía a cada momento haberse descuidado mientras iba con Sasha, pues no habría sido agarrada por aquel titán si hubiese puesto más atención a sus alrededores.

¿Por qué me pasa esto? ¿Qué es esta desesperación en mi pecho? ¿De dónde proviene? No me sentía así hasta hace unos minutos atrás. ¿Qué cambió? ¿Qué es lo que no sé sobre mí misma? ¿Acaso tendrá algo que ver con Eren?

—¡Te entregaremos a Eren si nos dices para qué lo quieres! —exclamó Jean de repente. A decir verdad, Jean estaba actuando por instinto, porque no tenía ni la más remota idea de lo que debía hacer. Las órdenes de Levi habían sido claras, pero el cómo llevarlas a cabo era un asunto muy distinto. Sabía que estaba jugando un juego muy peligroso al decir esa clase de cosas, sobre todo porque Eren parecía dispuesto a entregarse para salvar la vida de Armin.

—¿Eres consciente de tu situación? —preguntó el titán bestia, dando un paso hacia Jean, quien retrocedió uno—. Estás hablando por la persona que debe tomar la decisión de salvar la vida de tu amigo. ¿Quién eres tú para tomarte esa atribución? ¡No eres nadie!

Jean tragó saliva al ver que su gambito no había funcionado. Al parecer, el titán bestia sabía precisamente cómo jugar ese juego. Pero no podía darse por vencido. Iba a hacer un último intento.

—¿Y cómo planeas volver a Armin a la normalidad? ¡No podemos entregarte a Eren sin tener una garantía de que tendremos a Armin de vuelta!

El titán bestia se quedó en silencio por un breve momento, como tratando de decidir si responder a esa pregunta, o cuánto decir. Decidió que no había ningún riesgo en explicar el proceso. Después de todo, los soldados no tenían ninguna otra alternativa que entregar a Eren… a menos que ese joven estuviera preguntando esas cosas por algún otro motivo. Recordó aquel combate con ese soldado, quien había resultado ser demasiado rápido y fuerte para él, y se dio cuenta que no había acabado con él aún.

Vaya. Ellos no quieren saber realmente cómo voy a regresar a ese pobre joven a la normalidad. De todos modos, no lo necesitan saber. Están tratando de ganar tiempo. Si ese soldado anda cerca, entonces no seré capaz de defenderme contra él. Y, si otros soldados han sobrevivido a mis piedras, entonces podrían estar tramando un plan mientras hablamos. Bien, pues. No voy a perder más tiempo con estos sujetos.

—Reiner —dijo el titán bestia al cabo de un rato—, llévate a Bertholdt lejos. No permitas que los soldados lo capturen. Yo me ocuparé de estas basuras.

Jean vio, con horror, que el titán bestia se había percatado de sus intenciones, e intentaba, por alguna razón, alejar a Bertholdt del campo de batalla. No iba a permitir que ninguno de esos traidores escapara de sus manos.

—¡Eren! —exclamó Jean, sacando al aludido de sus cavilaciones—. ¡Tienes que llegar al sótano, cueste lo que cueste! ¡Mikasa, persigue a Reiner y trata de capturarlo! ¡Los demás nos ocuparemos de distraer al mono gigante! ¡Hagan lo que hagan, no lastimen a Armin! ¡Si hay siquiera una posibilidad de volverlo humano nuevamente, no podemos matarlo, aunque él sí trate de hacer lo mismo con ustedes!

Sailor Jupiter partió a la carrera en pos de Reiner, mientras que Jean, Connie y Sasha usaron sus equipos de maniobras para montar una distracción que llamara la atención del titán bestia. Mientras tanto, Armin, en su forma de titán, atacaba a cuanto soldado se cruzara por su camino, pero ninguno de los presentes alzó su espada en contra de él. Jean trataba de mantener su distancia con el titán bestia, pero Connie y Sasha se encontraban demasiado cerca de él.

—¡Connie, Sasha! —exclamó Jean mientras corría por el techo de una casa—. ¡No se acerquen demasiado! ¡Es muy peligroso!

Connie se alejó un poco del titán bestia, y Sasha le siguió, pero esta última no se fijó en lo que había a su izquierda, y, en segundos, sintió que una mano la agarraba con una fuerza abrumadora. Jean tragó saliva y Connie empuñó su espada con más fuerza al ver que Armin había agarrado a Sasha y se la llevaba a su boca.

En una explosión de rabia, Connie se abalanzó sobre Armin, y le cortó los tendones de los brazos, liberando a Sasha, mientras que Jean la agarró y la puso a salvo, junto a Historia. Connie se alejó a toda velocidad del alcance de los brazos del titán bestia, y escapó por poco de la muerte por un violento manotazo de la criatura.

—¿Te puedes mover? —preguntó Jean a Sasha. Ella asintió con la cabeza.

—No fue un apretón demasiado fuerte —dijo, sobándose un poco las costillas—. Puedo hacerme cargo de Historia. Su condición es más delicada.

—¡Cuidado! —exclamó Connie, y todos vieron cómo el titán bestia tomaba una cantidad nada desdeñable de escombros, con la intención de arrojarlos. Jean, Sasha e Historia se apartaron de la trayectoria de los proyectiles, pero éstos jamás llegaron.

Los cuatro aterrizaron sobre una casa cuyo techo tenía varios agujeros, y vieron qué había impedido que el titán bestia lanzara los escombros. Un borrón de color verde había cercenado los dedos del titán. Segundos después, un remolino de acero inutilizó su brazo derecho, luego el izquierdo. Asombrados, los cuatro vieron que algo veloz como un rayo le había cortado los tendones de ambas piernas, enviando al titán bestia al suelo, destruyendo algunas casas a causa del impacto. El pobre titán no había tenido tiempo siquiera para pestañear, menos para defenderse. Luego, los cuatro vieron una figura que aterrizó limpiamente sobre la nuca del titán.

Era Levi.

A una distancia considerable de donde Levi había derrotado al titán bestia, Sailor Jupiter se escabullía entre las ruinas para emboscar a Reiner sin que él se diera cuenta. Aprovechó que Reiner no iba a gran velocidad y subió hasta el techo de una casa que se encontraba a varios metros por delante de su enemigo. Reiner se dio cuenta demasiado tarde que había alguien en el techo, y recibió todo el poder del ataque de Sailor Jupiter.

Sin embargo, Reiner no se vio afectado por el ataque. Al parecer, la coraza que le rodeaba, y que le daba el nombre de titán acorazado, no conducía la electricidad, y le protegió contra los poderes de Sailor Jupiter. Pese a eso, Reiner no podía creer que Mikasa tuviera esas habilidades. Claro, Mikasa era una mujer con una fuerza bestial, mayor incluso que la suya, pero que poseyera esa clase de poderes…

Sailor Jupiter se quedó de piedra al ver que su ataque no había funcionado. Al parecer, la coraza de Reiner le había ayudado a soportar los rayos. No obstante, vio que partes de la armadura de Reiner se habían roto, tanto en el cuello como en los tobillos. Para un soldado experimentado, no necesitaba más para tumbarlo.

Considerando que ya no podría hacerle más daño como Sailor Jupiter, alzó su cetro para transformarse nuevamente. Como esperaba, su equipo de maniobras volvió a aparecer. Reiner, percibiendo el peligro, embistió contra la casa sobre la que se encontraba Mikasa, pero ella saltó, lanzando ambas líneas hacia los tobillos de Reiner a medida que él perdía inercia. Sin pensar en el gasto de gas, Mikasa se propulsó hacia delante, con las espadas en ristre, y cortó los tendones de Reiner, haciendo que cayera sobre unas casas, demoliéndolas. Escombros cayeron sobre el cuello, dejando una ventana muy pequeña para que Mikasa pudiera asestarle el golpe final. Decidió que no tenía tiempo para apartar los escombros y, elevándose en el aire, lanzó su línea hacia el espacio entre las piedras, pero no pasó nada.

Y mientras tanto, Mikasa seguía cayendo.

Se encontraba demasiado alto como para resistir una caída como esa, sobre escombros sueltos. Calmándose un poco, lanzó nuevamente su línea, y en esa ocasión el anclaje encontró el blanco. Activando el flujo de gas, Mikasa descendió como una exhalación hacia la nuca de Reiner, y clavó ambas espadas en su cuello.

Reiner aulló de dolor, haciendo que su cuerpo se moviera de un lado a otro. Mikasa se sujetó de las espadas, bamboleándose de un lado a otro, maniobrando las espadas y usándolas como cuña para sacar a Reiner de su cuerpo de titán. Tuvieron que pasar varios minutos de forcejeos para que, finalmente, Mikasa pudiera sacar a Reiner, arrojándolo lejos. Retrayendo la línea, Mikasa avanzó hacia Reiner, quien tenía una cara de desconcierto, antes de golpearlo con fuerza en la cabeza, dejándolo inconsciente.

Mientras tanto, Eren se encontraba delante de las ruinas de su casa, pensando en lo que le había pasado a Armin, y qué diablos necesitaba hacer para tenerlo de vuelta. Ese hombre, el titán bestia, tenía la clave para volver a su mejor amigo a la normalidad. No obstante, eso debía esperar. Levi se iba a asegurar de sonsacar esa información al titán bestia. Su misión era otra.

Estaba a punto de buscar la entrada al sótano, cuando Erwin, Hange y un séquito de soldados llegaron a su lado. Eren notó que, entre los hombres, se encontraba el pastor Nick, el mismo que les había dicho lo que necesitaban hacer para saber la verdad sobre los muros. Eren sabía que el pastor había venido con ellos, pero ignoraba su propósito en la misión misma.

—Veo que todo está saliendo de acuerdo a lo previsto —dijo Erwin, mirando de reojo a su derecha. Eren siguió la línea de visión del comandante, y vio que Mikasa llevaba dos cuerpos a cuestas. Uno era Reiner y el otro no podía ser otro que Bertholdt. Más allá, vapor comenzó a brotar desde una casa cercana, y supo que Levi había hecho lo propio con el titán bestia.

—Ya estaba siendo hora de que hagas tu numerito —añadió Hange, dándole una palmada en la espalda al pastor Nick y mirando a Eren—. Ahora que hemos derrotado a nuestros enemigos, podremos saber finalmente lo que este sótano esconde.

—Sí, estoy de acuerdo —dijo Eren, mirando a Hange y a Erwin.

—Vamos entonces —dijo Erwin, haciendo una señal a Mikasa para que les acompañara. Eren, de pronto, se sintió mal. Le habría gustado vivir ese momento con Armin a su lado. Eso hizo que su rabia hacia el titán bestia fuese mayor.

—Eren —dijo Mikasa, tomándole un hombro—, tranquilo. Ya solucionaremos lo de Armin. Confiemos en el capitán.

Eren miró a Mikasa, y sonrió.

—Tienes razón.

Y los dos, junto con Erwin, Hange y el pastor Nick, se dirigieron hacia las ruinas de la casa de Eren.