XIII
El misterio de los cetros
Cazando a las Sailor Senshi, Parte 1
—¡Cuidado!
Un soldado avisó a todos los que se encontraban cerca que Armin se acercaba. Por supuesto, Levi estaba al tanto del peligro, pero no podía hacer nada para detenerlo. Sobre todo si había una forma de volverlo a la normalidad. Se volvió hacia el hombre de los lentes, quien yacía sobre los restos humeantes del titán bestia, poniéndole la espada al cuello.
—¿Quién eres tú? —preguntó con una voz baja que escondía pobremente la amenaza en ésta.
—No te va a gustar saberlo —dijo el sujeto, notando que algo tibio y húmedo brotaba de su cuello—, y menos a Eren.
Levi frunció el ceño.
—¿Acaso conoces a Eren?
—Por supuesto —respondió el hombre de los lentes con una risa ahogada—. ¿Cómo no voy a conocer al hijo de Grisha Jaeger? Lo sé porque él es mi padre también.
—¿Tu padre? —repitió Levi, componiendo una mueca de incredulidad—. Entonces, ¿Eren es tu hermano?
—Medio hermano —aclaró el sujeto, tosiendo sangre—. No compartimos la misma madre, pero soy un Jaeger también. Mi nombre es Zeke.
—¿Conque Zeke Jaeger? —dijo Levi, retirando un poco la espada de su cuello—. Pues, dime, Zeke Jaeger, ¿cómo diablos es que sabes tanto sobre los titanes? ¿Cómo puedo volver a ese pobre joven a la normalidad?
—Lamento decepcionarte, pero lo que sé no es la gran cosa —repuso Zeke, hablando con un poco más de calma al ver que la espada ya no estaba tan encima de él—. Si quieres saber más sobre los titanes, tendrás que hurgar hondo en la monarquía. Desde que supe que existía algo que se llamaba solamente "la coordenada", he estado tratando de saber qué es. Y he averiguado lo suficiente para saber que se encuentra dentro de los muros, o al menos, lo estaba.
Levi se quedó en silencio. Si lo que Zeke estaba diciendo resultaba ser cierto, entonces muchas cosas comenzaban a tener sentido. Si él, en efecto, estaba colaborando con Reiner y Bertholdt, quienes fueron los que penetraron el muro María en primer lugar, entonces lo que intentaba hacer Zeke no era simplemente matar a toda la humanidad a través de los titanes. Tenía un objetivo específico, buscar eso que llamaba "coordenada". No obstante, después de los hechos en Stohess, no hubo un intento más abierto para atacar el muro Rose. Los titanes que habían aparecido en el interior del muro Rose eran, en efecto, los aldeanos del pueblo de Connie Springer. Era como si estuvieran siguiendo una estrategia, o buscando algo.
—Por eso quieres a Eren, ¿verdad? —dijo Levi, acercando una vez más la espada al cuello de Zeke—. Crees que él tiene la coordenada. ¿Para qué la quieres?
—Ya viste lo que hizo Eren con esos titanes —dijo Zeke, y Levi recordó lo que Erwin le había dicho sobre aquella desesperada arremetida para rescatar a Eren de Reiner. Aún no se sabía cómo Eren había podido controlar a esos titanes para que asesinaran a otro de ellos, y Levi asumió que aquel era el poder de la coordenada—. Pero ese no es todo el poder de la coordenada. Los miembros del Culto de los Muros deben saber más.
—Sí, todo esto es muy interesante —dijo Levi, como si no lo fuera en absoluto—. Lo que quiero saber ahora es cómo puedo volver a Armin a la normalidad. Es uno de mis soldados, y no lo voy a dejar morir así como así. Dime la verdad, y tendrás un juicio justo.
Zeke abrió los ojos de forma desmesurada.
—¿Un juicio?
—Ahora que sabemos que tú estuviste detrás del ataque a Shiganshina, ¿de verdad crees que vas a librarte de ésta? No lo creo. Tendrás un juicio y serás condenado.
—¿Aunque les diga cómo volver a tu famoso soldado a la normalidad?
—Sí, eso podría considerarse un atenuante, pero no soy muy versado en asuntos legales. Yo solamente mato titanes.
—Entonces no te diré nada —dijo Zeke en tono perentorio—. Ese es el precio que debes pagar. Tu soldado por mi libertad. Tómalo o déjalo.
—¡Apártense! —exclamó un soldado, y Levi vio que el titán de Armin había tomado algo. Por un momento no supo qué había sido, hasta que el objeto fue lo suficientemente visible para darse cuenta que no era un objeto en absoluto.
—¡Háganse a un lado! —exclamó Levi, corriendo hacia Armin, dispuesto a cortarle los tendones de los pies, pero ya era demasiado tarde. Mientras tanto, Zeke aprovechó la confusión para escapar de su titán y escurrirse entre las ruinas de las casas.
Cuando se escuchó el sonido de carne siendo desgarrada y huesos siendo rotos, Levi se detuvo en seco. Lo que el titán de Armin había tomado no había sido otra cosa que a Bertholdt, quien estaba más cerca. Levi, aún choqueado por lo que había ocurrido, ordenó que se llevaran a Reiner lejos del alcance de Armin, y los soldados obedecieron al instante.
Maldición. Zeke escapó. No puede ir muy lejos, sin embargo. Me aseguré de cortarle las manos para que no pudiera transformarse en titán de inmediato. Hallarlo será fácil.
No obstante, cuando Levi iba a emprender la búsqueda, vio que el titán de Armin se estaba comportando de una forma muy extraña. Ya no tenía la intención de atacar gente para comérsela. De hecho, lucía como si algo anduviera mal con sus piernas, porque tropezó y cayó sobre una casa, apenas moviéndose. Los soldados que llevaban a Reiner se quedaron de piedra cuando vieron que vapor escapaba de la nuca del titán. Levi se acercó más y vio, con sorpresa mal disimulada, que una persona había salido del titán, tal como Eren había salido del suyo durante la defensa de Trost. Esa persona, según pudo ver Levi, no era otra que Armin.
¿Pero qué demonios está pasando aquí? Primero, ese imbécil transformó a Armin en un titán con una inyección. Luego, Armin se come a Bertholdt y sale de su cuerpo de titán. No sé cuál habrá sido la intención de Zeke al transformar a Armin en titán. Tal vez solamente quería una palanca para que nosotros le entregáramos a Eren. Sí, eso es lo más probable. No veo otro motivo.
—¡Que un grupo de soldados ayude a Armin a salir de ese titán! —ordenó Levi, y un grupo de cinco hombres se separaron de los que custodiaban a Reiner. Él, por otro lado, sabía cuál era la siguiente tarea.
Encontrar a Zeke.
Eren y Mikasa llegaron primero a la puerta que conducía al sótano. Emplearon unos diez minutos apartando escombros, solamente para descubrir las escaleras, aun con Mikasa ayudando. No obstante, allí estaban, frente a la puerta que les conduciría al secreto mejor guardado dentro de los muros. Eren esperaba que todos los sacrificios hechos durante la batalla hubieran valido la pena.
Con el corazón palpitando de anticipación, Eren sacó la llave en forma de cruz que siempre llevaba colgando en su cuello, y la introdujo en el candado. No obstante, la tensión se incrementó cuando vio que el agujero en el candado era muy pequeño para la llave.
—¿Qué pasa? —preguntó Hange, acercándose a Eren.
—No… no entra —repuso Eren, tragando saliva—. La llave… no entra.
—¿Estás seguro? —inquirió Erwin, examinando la llave y luego el candado, para luego mirar a Eren—. ¿Es la única llave que te dejó tu padre?
—Es la única, señor —dijo Eren, quien se veía muy nervioso.
De pronto, se escuchó el inconfundible sonido de madera rompiéndose. Todos miraron hacia la puerta, rota en el lugar donde se encontraba el candado, y vieron que Mikasa estaba de pie delante de ésta.
—¿Tú la rompiste? —preguntó Eren, luciendo alarmado.
—No tenemos tiempo que perder —dijo Mikasa, quien no parecía agitada en lo absoluto, como si romper puertas fuese un pasatiempo común para ella—. Vamos, Eren. Veamos qué es lo que quería que tu padre quería que supieras.
Hange se encogió de hombros, Erwin asintió en señal de aprobación y Eren se quedó mirando a Mikasa por un buen rato antes que el grupo entrara en el sótano.
El sótano constaba de una habitación, una habitación bastante estrecha y con un solo candelabro. Hange encendió el candelabro, y todos vieron lo que parecía un estudio. Estantes cubrían todas las paredes, salvo en el lado de la puerta, y había una mesa de madera cubierta de polvo. Había un par de libros de medicina sobre ésta, así como medicamentos varios. Había que recordar que el padre de Eren era médico.
—¿Eso es todo? —preguntó Hange, pero Erwin hizo un gesto para que ella se callara.
—Hay que ser metódicos —dijo, parándose frente a la mesa—. Revisen cada rincón de esta habitación. Dudo mucho que hayamos pasado por tanto para encontrar un par de libros de medicina.
Eren revisó el estante contiguo a la puerta, Mikasa, el opuesto al que estaba revisando Eren y Hange examinó el escritorio y los cajones. Hubo un momento durante el cual nadie dijo siquiera una palabra, al menos hasta que Hange pegó un silbido. Tanto Eren como Mikasa y Erwin se acercaron a ella, y ella indicó uno de los cajones. Eren pudo ver, con asombro y desconcierto, que había una ranura en la que cabía perfectamente una llave.
—¿Podría ser…?
Eren, con manos temblorosas, acercó la llave a la ranura, y vio, para su sorpresa, que cabía. Introdujo la llave en la cerradura, la giró y algo hizo clic. Eren, conteniendo la respiración, tiró de la manija del cajón, revelando el contenido. Todos miraron, desconcertados, cuando no vieron nada en el interior. Sin embargo, Erwin no pareció muy desalentado.
Sin decir nada, Erwin palpó el fondo del cajón y lo golpeó con sus nudillos. Un sonido hueco le bastó para darse cuenta que Grisha Jaeger había sido muy meticuloso al esconder sus secretos. Apenas conteniendo la emoción, Erwin removió el fondo falso y encontró algo que le inquietó bastante.
Creía que iba a encontrar algunos textos, revelando la historia de los titanes y su origen, pero no contó con lo que estaba viendo. Eren y Hange se acercaron al cajón y vieron también su contenido, sin entender lo que estaban viendo. No obstante, fue Mikasa quien le halló un poco de sentido al hallazgo.
—Son iguales —dijo, y los tres se quedaron mirándola, sin entender.
—¿A qué te refieres, Mikasa? —quiso saber Erwin. Ella no respondió, pero extrajo de su bolsillo el objeto que le permitía transformarse en una Sailor Senshi. A decir verdad, ninguno de los presentes sabía que Mikasa poseía un artefacto como ese, y, de los presentes, solamente Eren sabía que ella podía transformarse. Erwin y Hange miraron el cetro con mucha curiosidad, preguntándose para qué servía aquel objeto.
—Puedo… transformarme con esto —explicó Mikasa, a sabiendas de que Erwin y Hange no iban a entender a qué se estaba refiriendo—. No, no me transformo en titán, sino en algo que alguien llamó "Sailor Senshi".
Erwin y Hange miraron el cetro de Mikasa, y luego a los tres objetos que yacían en el cajón. Tenían la misma forma, pero sus colores y símbolos eran distintos. Si Mikasa estaba en lo cierto, entonces aquellos cetros permitían a alguien convertirse en una Sailor Senshi. No obstante, ambos ni siquiera sabían lo que eso implicaba.
—Son… digamos que son guerreras con poderes —dijo Eren, quien había sido testigo del poder de Mikasa mientras estaba transformada—. No sé si lo vieron, pero ella sola derrotó al titán colosal con el poder de sus rayos.
Erwin y Hange se quedaron en silencio, ponderando las palabras de Eren y Mikasa. Aquello no era lo que esperaban encontrar en el sótano de un doctor. Esperando encontrar algún secreto sobre los titanes, hallaron unos cetros misteriosos que permitían al usuario transformarse en seres con poderes extraordinarios. No obstante, a Erwin le daba la impresión que aquella no podía ser la respuesta al misterio de los titanes. Resultaba demasiado conveniente que en el sótano de un doctor hubiera armas que permitieran ganar la guerra.
—No creo que eso sea todo —dijo al final, revisando los otros cajones, pero solamente encontró más libros de medicina. Los abrió y vio diagramas varios del cuerpo humano, algunos dibujos de órganos, y nada más.
—Están leyendo el libro equivocado —dijo una voz de mujer que pareció provenir de los pies de Mikasa. Ella miró hacia abajo, y vio a la gata que le había entregado su cetro y le había dicho que era una Sailor Senshi.
—Tú —dijo ella, luciendo sorprendida—. ¿Qué haces aquí?
—Veo que encontraron los cetros —dijo la gata, y todos los presentes, incluso el pastor Nick, quien hacía de testigo hasta ese momento, miraron al animal con asombro y descortés incredulidad—. Pero hay un libro que necesitan ver si quieren entender qué hacer con ellos.
La gata se trepó al escritorio y puso una pata en un libro de anatomía humana. Ninguno de los presentes había reparado en él, pues creían que no tenía nada que ver con lo que habían venido a averiguar. Tampoco se habían dado cuenta que tenía un candado, con un agujero donde normalmente iba una llave. Eren miró el candado, y un extraño pensamiento ocupó su mente.
—¿Y si esta llave cumple más de un propósito?
Con manos temblorosas, Eren acercó la llave al candado, y entró en la ranura sin problemas. Erwin frunció el ceño. El hecho que el cajón y ese libro pudieran abrirse con la misma llave iba más allá de la coincidencia. Era probable que el libro no fuese un volumen de anatomía humana, como decía la tapa. En todo caso, lo iba a saber pronto.
Cuando Eren quitó el candado, abrió el libro en una página al azar, y vio su contenido. A la primera hojeada, fueron evidentes dos cosas: una, que el libro no se trataba en absoluto de medicina, y dos, que ni siquiera pudo leer una palabra, pues el texto estaba escrito en un lenguaje que no entendía para nada. Erwin y Hange se acercaron y también comprobaron que el texto era ininteligible. Sin embargo, Hange recordó que en el reporte del asedio al castillo Utgard, uno de los soldados había tomado una botella de licor, y había visto unos caracteres muy similares a los que estaba viendo en ese momento.
—Hay alguien que puede leer este texto —dijo Hange, sorprendiendo a los demás. Luego, tomó al pastor Nick del brazo y lo arrastró hasta donde se encontraba el libro. Eren miró al sacerdote con desconcierto. Lo mismo podía decirse de Mikasa y Erwin.
—Lo siento, pero no puedo leer esto —dijo el pastor. Hange se acercó a él y lo tomó del cuello de su toga.
—¿No puedes, o no quieres?
—Es que… si esto se llega a saber… dejaría… dejaría en muy mala posición a… a la monarquía. Por eso no puedo leer esto.
Hange tomó al pastor Nick por el hombro, cambiando de táctica para convencerlo.
—O sea, sí entiendes este texto.
—¡Por supuesto que lo entiendo! —exclamó el pastor, luciendo molesto y temeroso—. ¡Todas las personas cercanas a la familia real, o que alguna vez lo fueron, entienden estos caracteres! Eso incluye a los miembros del Culto de los Muros.
—¡Vamos, Nick! —exclamó Hange en tono amistoso—. Sé bueno con nosotros. De todas formas, a estas alturas ya estarías muerto si no fuera por nuestros esfuerzos.
—No lo haré —dijo el aludido, cruzándose de brazos—. Ni aunque me amenazaran con el peor de los destinos lo haría. Así que pueden matarme de una maldita vez.
Eren, Mikasa y Erwin lucían decepcionados por el actuar del pastor Nick. Habían arriesgado sus vidas, sacrificado la vida de incontables soldados, y peleado hasta la muerte con adversarios formidables, solamente para fallar en el último momento, por culpa de un sacerdote inútil. Sin embargo, Hange no pareció darse por vencida.
—Hay otra persona que puede leer este texto, pero encontrarla será un problema.
Los demás miraron a Hange como si no pudieran creer lo que habían oído.
—¿Y entonces por qué trajiste al pastor Nick? —preguntó Eren, haciendo patente su confusión.
—Lo traje porque era la opción más fácil —repuso Hange, encogiéndose de hombros—. No sabía si podría descifrar estos textos, así que decidí llevármelo conmigo, esperando una sorpresa. Y resulta que mi instinto dio en el blanco. Los miembros del Culto de los Muros saben más de lo que aparentan. Tenemos que investigar más a fondo a esos sujetos.
—¿Y quién más puede descifrar estos textos?
—Ese es el problema —dijo Hange, mirando distraídamente hacia la pared—. No sabemos dónde está. Perdimos su rastro desde que rescatamos a Eren de Reiner.
Eren, para sorpresa de todos, abrió los ojos a tope.
—¿Te refieres a Ymir?
—Precisamente —repuso Hange, aunque no lucía demasiado entusiasmada—. Probablemente ande cerca de Shiganshina, pero es solamente una suposición. Y, lo que es peor, disponemos de muy pocos soldados para cubrir más terreno en la búsqueda. Necesitamos más hombres, y estoy seguro que, después de nuestro numerito en Karanes, nadie nos querrá tomar en serio.
—Probablemente iremos todos a prisión, o seremos ejecutados —intervino Erwin, mirando a todos con una expresión seria—. Necesitamos un plan para regresar al perímetro del muro Rose sin levantar sospechas. Mientras tanto, nuestra misión será encontrar a Ymir, por cualquier medio necesario. También estoy interesado en saber más sobre esos cetros.
—No hay que saber mucho de ellos —dijo la gata, ganándose la mirada de todos los demás, especialmente del pastor Nick—. Tenemos que encontrar a las otras Sailor Senshi. Estoy segura que con su ayuda, tendrán más posibilidades de llevar a cabo sus planes.
—Con todo respeto, comandante —dijo Eren—, concuerdo con lo que dice la gata. Somos muy pocos soldados. Y ya he visto personalmente de lo que una Sailor Senshi es capaz de hacer. Siendo un grupo tan reducido, sería conveniente tener ayuda.
Erwin sostuvo la mirada de Eren largo y tendido, como evaluándolo. Nadie dijo nada para romper el hielo, esperando a que el comandante tomara una decisión. La gata también miraba con atención a Erwin, esperando que hablara con la voz de la razón.
Y Erwin tomó la palabra.
—Eren tiene razón. No podremos hacer esto con un contingente tan reducido. Si lo que Eren dice sobre las Sailor Senshi es cierto, entonces las necesitamos. —A continuación, Erwin clavó su mirada en la gata—. Asumo que sabes cómo encontrarlas, ¿verdad?
—Puedo sentir sus auras. Sabré de inmediato cuando una Sailor Senshi está cerca.
—De acuerdo. —Erwin dio media vuelta y, tocándose brevemente la herida en su costado, se dirigió a la salida—. Preparen todo para la partida. Tienen dos horas. Después de eso, partimos de Shiganshina.
