Ronald Biluis Weasley
Godric's Hollow
9:27 a.m
—No lo puedo creer —dijo Ron una vez más, exprimiendo las naranjas con un suave movimiento de varita. Hermione le dedicó una mirada molesta, pero no dijo nada, siguió haciendo el desayuno—¿Y cuándo empiezas?
—Hoy.
—Estoy orgulloso de ti Herms —la aludida suspiró profundamente.
Ronald Weasley era muchas cosas pero no era precisamente idiota, o al menos no tanto como para no notar que la actitud de su prometida había cambiado radicalmente. Ayer, se había gastado un dineral en ropa nueva y había conseguido un trabajo. Hoy, se había levantado temprano y como hacía antes, se había acurrucado en el sofá a leer un libro. No parecía tener resaca, ni parecía haberse quedado despierta toda la noche llorando, tampoco había preguntado si iba a ir a comer hoy, o por qué había llegado hasta las tres de la mañana a la casa. Parecía como si la Hermione de la que se enamoró hubiera vuelto de unas largas vacaciones.
Observó largo rato a la mujer que tenía enfrente, era realmente hermosa, con su cabello enmarañado, su cara de sueño y sus pijamas enormes. ¿Por qué no le era suficiente? ¿Por qué no quería pasar el resto de sus días con ella? No tenía nada de malo. Es decir sí era gruñona y mandona pero no era eso lo que le había hecho irse con otra. Tampoco era que no le gustara físicamente, vamos que era una belleza y bastante buena en las artes del amor. ¿Entonces?
Algo había cambiado en aquel bar, aquél día, cuando vio a aquella muchacha llorando en la barra. Algo en él se había removido. Un deseo gigante de consolarla lo invadió. Era un ángel, un pequeño y frágil ángel que él podía cuidar, que necesitaba cuidar. Poco después se dio cuenta que en realidad ella cuidaba de él, aquella otra chica lo miraba y le hablaba de un modo que Hermione nunca hizo. No es que no sintiera el cariño de su prometida, simplemente era diferente.
No podía hacer nada ahora, estaba perdido en su piel clara y suave, en sus rizos dorados y sus ojos verde Slytherin. ¿Quién lo diría? Ronald Weasley quería casarse con una sangre pura, sus hermanos jamás se lo perdonarían.
Pansy Polly Parkinson
Ottery St. Catchpole
9:40 a.m
—Pansy, abre la puerta por favor —Draco pegó la oreja a la puerta pero no se escuchaba nada—. ¡Pans soy yo abre la puerta! —insistió él tocando con más fuerza, un movimiento en la cortina de la ventana de arriba delató a la inquilina—. ¡Voy a tirar tu maldita puerta si no abres en dos segundos Parkinson! —advirtió Draco señalándola, la cortina se movió de nuevo pero no hubo respuesta.
Ternía que darle crédito a Draco. Se había quedado ahí tocando la puerta casi cuatro horas, y hubo momentos en los que ella había estado a punto de abrirle. Al final, el hombre se había rendido.
—Está bien me voy a ir, pero voy a regresar a la hora de la comida, y más te vale estar esperándome con algo bueno porque voy a tener hambre ya que por tu culpa me estoy perdiendo el desayuno. Y si no me abres Pans... —dejó la amenaza al aire pero ella sólo sonrió. Conocía a Draco Malfoy desde hace muchísimos años, y sabía que era más palabras que otra cosa. Sin embargo, agradeció profundamente todo lo que estaba intentando para animarla, el problema era que no había nada que pudiera animarle ahora.
Astoria siempre había sido su mejor amiga, la que conocía todo de ella, todos sus miedos y sus inseguridades, la que había vivido su etapa de: "Amo a Malfoy y va a ser mi esposo" y no había hecho comentario malintencionado al respecto, al contrario de su hermana Daphne, y la única que sabía que amaba a Blaise Zabini como nunca había amado a nadie.
Pansy suspiró. Sabía que Astoria no lo había hecho a propósito, que había una explicación con una anécdota graciosa al respecto. Pero no le interesaba la traición de ella tanto como la indiferencia de él. Estaba segura de que si le reclamaba algo, Blaise levantaría una ceja y le diría que no entendía porqué se ponía así. Y sería verdad, porque el hombre de sus sueños no lo entendía. Para él, ella era su algo, pero seguro que no era su novia, o su pareja, la llamaba cuando quería, y la sacaba de su casa cuando quería también. Así había sido por años y no había habido problema alguno hasta que se enamoró. Pansy Parkinson, eterna soltera, se enamoró. Y ése error le estaba doliendo demasiado.
Hermione Jane Granger
Godric's Hollow
10:10 a.m
«Dile que lo amas»
El aceite en el sartén estaba quemado y chisporroteaba pero Hermione no se preocupaba por nada más que por parecer ocupada.
«Dile que lo amas»
Los huevos estaban ahora reducidos a una masa negra y aún así Hermione seguía removiendo el contenido con la cuchara de madera.
«Dile que lo amas»
Su prometido engullía una tostada y de vez en cuando, ella sentía su mirada en la espalda. No sabía qué estaría pasando por su cabeza, o cómo explicaría su mente el cambio en su actitud de la noche a la mañana.
«Dile que lo amas»
Las palabras de Draco le zumbaban en la cabeza como moscas molestas. Según él, era de suma importancia que se lo dijera, pero ella no veía aquello como un buen movimiento. ¿Qué ganaría con aquello? Todo ese teatro era para que el pelirrojo terminara con ella, y no conseguía imaginar cómo diciendo esas palabras malditas las cosas se decantarían por ese rumbo.
«Dile que lo amas»
Por otro lado, el hombre había probado ser calculador y manipulador muchas veces desde joven. Si había logrado meter mortífagos a Hogwarts en las narices del mago más brillante de la era, ésto debía ser un juego de niños.
«Dile que lo amas»
Dudas, dudas. ¿Desde cuándo era tan insegura? ¿Desde cuando no podía sentarse a pensar con claridad? Últimamente, todas sus emociones se multiplicaban por mil y cambiaban cada instante. Era como lidiar con una pequeña caprichosa y bipolar, sólo que si le cansaba su actitud no podía marcharse pues la tenía en la cabeza.
«Dile que lo amas»
Hermione Granger suspiró. No hay tiempo de pensar, no hay tiempo de moralidades estúpidas. Si no le dices hoy que lo amas, vas a pasar el resto de tu vida a su lado Le había dicho Draco Malfoy al teléfono. Volvió a suspirar.
—¿Te sucede algo? —le espantó la voz de Ronald Weasley—. No te miento, es el sexto suspiro de la mañana.
—No, no, ¿Qué me va a pasar? —contestó rápidamente y siguió removiendo los huevos quemados.
«¡Ya dile que lo amas!»
—¿Ron...? —se aventuró después de tragar saliva, porque su garganta estaba increíblemente seca.
—¿eh?
—Te amo
El pelirrojo se atragantó con el café, la taza se hizo añicos al estrellarse contra el suelo, se volteó para verlo, pero la chimenea ya se lo había tragado. Lo último que vio de él fue su capa desapareciendo entre las llamas verdes. Y Hermione volvió a suspirar.
Astoria Lisandra Greengrass
Oficinas centrales de Malfoy Incorporated.
11:00 a.m
Riiing. Riiiiing.
El mago o bruja que usted desea contactar, no está disponible, favor de llamar más tarde.
No está disponible, ¡Sí cómo no! Pansy era de ésas que se salía de la ducha para contestar, sobretodo cuando ella llamaba.
Astoria Greengras no estaba esperando que su mejor amiga le contestara pero seguía insistiendo porque sabía que si la molestaba lo suficiente, al final lo haría aunque fuera para gritarle que dejara de llamar.
—Janeth, sigue llamando a Pansy hasta que conteste por favor.
—Sí Señorita.
Astoria hizo una mueca, su secretaria siempre le decía así con la voz llena de sarcasmo. Si no fuera tan eficiente en su trabajo la despediría de inmediato, por no mencionar la obsesión que tenía con Draco. Sus pensamientos volvieron a Pansy en seguida, era la única persona que la entendía y apoyaba. Más que sus padres y definitivamente más que su hermana.
¿Tenía que meterse con Blaise y arruinarlo todo? No. Pero ella no lo había buscado y le constaba él tampoco. Había sido un error, que Blaise había insistido que no se podía repetir. Ambos estaban vulnerables y habían tomado demasiado. Suena cliché, a excusa barata pero esas cosas pasan casi siempre.
—¿Señorita?
—Dime Janeth.
—La señorita Pansy dice que no quiere hablar con usted.
—No importa, sigue marcando.
—Pero... —Astoria levantó una ceja y Janeth calló de inmediato.
—No me importa cuántos insultos te grite por el teléfono Janeth, está enojada y se merece la oportunidad de vociferar todo lo que quiera, tu sigue llamando hasta que quiera hablar conmigo.
Hubo una pausa en la que la menor de las Greengrass estaba segura que su secretaria también la estaba insultando y después ella dijo suavemente:
—Si señorita.
Draco Narcisso Malfoy
Finnigan's Pub
11:15 a.m
—¿Qué es eso? —indagó una Hermione sentándose en la silla frente a él, cuidándose de no estropear el planchado perfecto de su vestido. Llevaba una cara acongojada, pero él no pudo concentrarse en ello mucho tiempo, pues desde ayer había notado que los rumores sobre el nuevo estilo de la prefecta perfecta eran ciertos. Y le molestaba sobremanera su hipocresía. Primero le montaba una escena por llamarla descuidada, fodonga y agresiva y ahora se aparecía en sus mejores galas diario para tomar café.
—Llegas tarde —le dijo por toda respuesta. Lo que más le molestaba es no poder burlarse de ella, pues a su pesar se veía bastante bien.
—¿Se va a volver una costumbre entre nosotros? —Hermione sonrió y Draco se puso en guardia de inmediato.
—Prefiero que no establezcamos costumbres entre nosotros Granger.
Ella bufó claramente ofendida y después repitió —¿Qué es eso?
—Un acuerdo de confidencialidad y responsabilidad civil—contestó Draco intentando concentrarse en cualquier cosa menos en ella. Si bien era cierto que jamás había sido fea, el aura de hostilidad entre ambos jamás le había dejado verla más allá de una molesta, consentida y sabelotodo niñita, pero ahora estaban teniendo tantas conversaciones que rayaban en la civilidad que se le estaba olvidando por qué le desagradaba tanto. Y no podía permitirse pensar así. Draco sacudió la cabeza con una mueca de asco en su rostro. Hermione le miró sospechosa.
—¿Tengo motivos para demandarte? —preguntó.
—Todavía no, pero el plan está por iniciar y no puedo permitirme que su real majestad Hermione Granger me arruine —dijo sin pensar. Era justo lo que tenía en la mente y las palabras salieron un poco más golpeadas de lo habitual.
—¿Todavía?
—Culpa al negocio, no al negociante —dijo él encogiéndose de hombros—. Una cerveza de mantequilla Finnigan. Y Granger, apúrate a escribir que no tengo todo el tiempo del mundo.
—¿Y yo sí? —ahora estaba definitivamente molesta y esa cara tan familiar relajó un poco a Draco, todo volvía a la normalidad.
—¡Tonto de mí! —exclamó Draco dándose un tope exagerado en la frente—. Se me olvidó que la Gran Heroína ya tiene trabajo.
—¿Por qué no te callas y me dejas escribir? —preguntó Hermione ruborizándose, no había forma de que Draco supiera cómo había conseguido el trabajo, pero su comentario le había hecho pensar que quizás no era tan pusilánime como parecía y que sin duda hacía bien su trabajo, lo que era de admirarse.
—Por que me gusta escuchar tu voz chillona de ratoncita de biblioteca —Hermione rodó los ojos y se retractó mentalmente. No había nada que admirar en ése idiota insufrible.
—Que te den Malfoy.
El hombre sólo levantó una ceja y le señaló el papel, indicando que escribiera. Ella hizo una mueca y se puso a rellenar la forma.
Draco sonrió disimuladamente, era bueno que las cosas volvieran a su cauce, porque darle vueltas a lo que podría o no pasar con la mujer de enfrente le daba dolores de cabeza. Hasta ahora, ninguna mujer le había tratado como Hermione Granger. En el colegio era la única que le miraba con asco y repudio, en vez de adoración y temor. Ahora, además de éso que era normal y no le molestaba mucho, tenía que aguantar sus momentos de buena samaritana y aún peor, sus momentos de ira irracional y bipolaridad. Porque no había otra explicación para su actitud de éstos días. Que si está feliz, enojada, triste, compasiva, fúrica, decepcionada, preocupada, hambrienta, cómica. Hermione Granger era una reina del drama. Ya había salido de dos reuniones como si una ofensa de parte de él fuera algo nuevo y reprobable, como si viera en el un hombre diferente al que había sido toda su vida.
¡Por éso no se disculpaba con nadie maldita sea! Después, la gente pensaba que era todo bonito y blandengue y esperaban aún más cosas buenas de él. Sobretodo después de la nueva política de perdón que invadía a la sociedad post-guerra.
¿No les había advertido a todos que su acción traería consecuencias catastróficas? ¡Y se habían reído en su cara! ¡Le dijeron que exageraba! Pero los Malfoy saben mejor que nadie que una disculpa nunca es buena, eleva demasiado las expectativas de la gente. Nunca se dan cuenta que una disculpa no quiere decir que no lo harán de nuevo.
¿Era absurdo entonces, pensar que él tuviera algo que ver con la locura e inestabilidad emocional repentina de la castorina? En sus momentos más idiotas le gustaba pensar que sí, que él era la causa de sus nervios a flor de piel, y que también veía la intensidad de lo que podría ser, pero pronto sacudía estos pensamientos pecaminosos de su cabeza. No iba a ser arrastrado a un huracán de incertidumbre tan sólo por un "puede ser". Nunca lo había hecho y nunca lo haría.
¡Argh! Si tan sólo la castorina fuera como las demás no tendría que preocuparse. ¿Pero por qué no era como las demás? ¿Qué había en ella que lo ponía como Hipogrifo sin cabeza?
La observó detalladamente. Ella rellenaba su hoja como alguien normal, sin chiste. Quizás era aquello, estaba tan acostumbrado a fingir ser el cazador con chicas que no oponían resistencia de verdad que el reto simplemente se le antojaba exquisito. Si, seguro era éso, el síndrome de Romeo y Julieta, el amor inalcanzable que una vez alcanzado termina por derrumbarse en pedazos. Después de todo es más o menos lo que había pasado con Weasley.
Ya se le pasaría, Hermione Granger no era nada especial.
Ronald Bilius Weasley
Oficina de Aurores, Ministerio de Magia
12:20 p.m
Debería sentirse feliz, extasiado. Debería estar aliviado. ¡Hermione le había dicho que le amaba! Tras darle un golpe innecesario a su escritorio, siguió paseando por su oficina como el león enjaulado que era.
¡Lo amaba! No había duda ahora. Ella le seguía queriendo a pesar de todo.
Hermione se había comprado toda esa ropa para verse mejor para él, para gustarle de nuevo, y luego, había conseguido trabajo, para ya no ser una carga económica para él.¿Cómo pudo no darse cuenta? ¿Cómo pudo pensar que lo hacía sólo para molestarlo más? ¿O por otro hombre?
Se sentía más basura que de costumbre. ¿Por qué no podía amar a Hermione? No es que le guardara rencores por engañarlo. Para ser justos, él la había engañado primero. Es sólo que antes estaba resignado a vivir una vida casado con Hermione, pero no se había contado con que ella esperara que de verdad fueran una familia feliz, que resolverían sus problemas.
Ella estaba poniendo todo de su parte para salvar su relación y él tenía que abandonar toda esperanza de rehacer su vida con... Mejor ni siquiera mencionarla o acabaría jalándose todos los cabellos.
Se sentía horrible, en el fondo del abismo, el colmo de la culpa. El pelirrojo se sentó derrotado en su escritorio y contempló la foto de él, Harry y Hermione en su último año en Hogwarts, abrazados, sonriendo. No le podía hacer ésto, la amaba, pero no de la forma en que ella quería. Y el juego había terminado, Hermione no se iría de la casa por semanas enteras, lo esperaría con los brazos abiertos y una sonrisa esperanzada. Le dio otro golpe al escritorio, era una suerte que Harry no estuviera.
Ronald Weasley no era cien por ciento valiente, eso lo sabían todos, hasta él mismo. No podía manejar un rompimiento con Hermione, simplemente las chicas no eran su fuerte. Pero tendría que hacerlo, no era como si pudiera pagarle a alguien para que..
Un flash de Ginny embarazada tocando a su puerta con una tarjeta de la empresa de Malfoy le vino a la mente.
—¡Nunca! ¡De ninguna manera! ¡Jamás! —le gritó a nadie en particular. Tenía que encontrar otra solución.
Otra media hora transcurrió, y el hombre ya no sabía cómo sacarse de la cabeza aquella locura. Si aquello salía bien, todo quedaría de maravilla, Hermione y él serían amigos Harry y Ginny ya no lo acosarían ni lo mirarían como si fuera un gusarajo, no tendría que casarse con la persona que quería como a su hermana, y lo mejor de todo, podía juntarse con ella. Pero su plan tenía un inconveniente del tamaño del excremento de dragón e igual de placentero: Draco Malfoy.
—Hablar con él no te va a hacer daño Ronald. Si no te gustan sus métodos, le puedes decir que se valla a freír botubérculos —le había dicho Ginny en aquella ocasión.
¿Sería posible? ¿Malfoy, la solución a sus problemas?
Hermione Jane Granger
Finnigan's Pub
13:00 p.m
—Y por cierto Granger te sienta bien no estar arrastrándote tras la comadreja —fue lo último que le dijo el rubio antes de desaparecer por la chimenea. Hermione no pudo reprimir una mueca asombrada, ni una sonrisa boba.
—¿Hermione? —le llamó Seamus a sus espaldas sobresaltándola.
—¡Ah! ¿Que pasa? —el grito estuvo de más, pero no fue tanto la sorpresa sino que la había sacado de sus pensamientos de forma abrupta. Aunque ahora que lo pensaba bien quizás era lo mejor. No estaba pensando con claridad desde la mañana.
—Me preguntaba, ¿Qué planeas después de ésto?
—Ir a trabajar.
—No, no. Me refiero a después de... ya sabes, terminar con Ron.
—No he pensado en eso. Sé que no falta mucho pero me parece que nunca pasará.
—¿Te puedo preguntar qué pasó? —preguntó Seamus asintiendo con la cabeza ante su comentario.
—Puedes preguntar pero no sabría qué contestarte —dijo ella con sinceridad.
—Hay rumores ya sabes, rumores muy aislados pero... en fin, que hubo engaños —susurró Seamus como si alguno de los comensales invisibles los fuese a escuchar.
—No hubo tal cosa —mintió— supongo que se acabó el amor Seamus, a veces pasa.
—Ya... —murmuró él. Ella sabía que no le había creído, pero no le interesaba mucho, le interesaba más llegar al trabajo a tiempo.
—Me tengo que ir, ya voy a llegar tarde.
—Oye, si necesitas algo... o a alguien, tú sólo avísame, ¿vale?
—Si claro, gracias
¿Estaba coqueteando con ella? Bueno, aquello era nuevo, un coqueteo sano e inocente. Aunque no dejaba de ser un poco atascado, siendo que aún no había terminado con su prometido y que Seamus y Ron aún salían a tomar unas cervezas y a ver los partidos de Quidditch juntos.
De camino a su nuevo trabajo, Hermione Granger se sentía como una nueva persona, cuando llegó al cubículo que tenía su nombre grabado no le importaron ni Ronald, ni Malfoy. Ésto era por ella, todo lo que viniera a partir de ahora sería para ella. Deseaba recuperarse y recuperar su vida.
Pansy Polly Parkinson
Ottery St. Catchpole
18:57 a.m
Draco la había convencido de hablar con él chantajeándola con comida mexicana y tres botellas de tequila de dragón. La consecuencia era que estaban algo ebrios, tirados en el suelo y berreando canciones de desamor.
—No espera... —se interrumpió Draco a medio verso intentando poner cara seria —. Sólo quiero saber una cosa Pansy, tú ¿Te enamoraste de Blaise?
—Espero que no —contestó ella tomando otro trago de la botella. Dos vasos yacían olvidados hace mucho en la alfombra.
—Eso sería nuevo: Pansy Parkinson enamorada —se burló él y levantó la botella que le pasó en señal de brindis.
—No —dijo ella mirándolo intensamente—, no lo sería.
Un silencio incómodo llenó la habitación y ambos recurrieron a beber otro trago para evitar mirarse.
—¿Entonces era en serio? —preguntó finalmente Draco.
—¿Que te amaba? Al principio no y ya al final tampoco —Pansy se rió de la nada, pero continuó—. Hubo un momento en medio de todo el teatro en quecómo me humillaba por ti —soltó otra risita histérica y Draco temió que se pusiera a llorar. Sabía que no había sido justo con Pansy la mayor parte del colegio, pero no pensó que la cosa fuera tan en serio. La había conocido de toda la vida y estaba seguro que era su capricho, como aquella vez que había llorado tres días seguidos y liberado a todos los elfos domésticos de su casa tan sólo para que le compraran un unicornio.
—Lo siento Pans —dijo sinceramente. Si había alguien que se merecía sus disculpas a parte de Hermione ésa era Pansy.
—Ya pasó —aseguró ella levantándose y yendo a la cocina, sin duda a comer algo.
—Habria sido una historia bonita —declaró él. Pansy le miró interrogante —Ya sabes, todos creían que íbamos a terminar juntos. El príncipe y la princesa de Slytherin. ¿No había alguien que nos decía así?—agregó en tono soñador y le dio un trago a la botella.
La boca de la chica casi tocaba el suelo cuando respondió —Estás muy borracho —sonrió regresando de la cocina con un tazón de frituras—. Y que yo recuerde sólo nosotros nos decíamos así.
—Estoy un poco ebrio—admitió—, pero necesito amor Pans.
Esta vez, se miraron a los ojos. Se conocían desde el vientre de sus madres. No había dos personas en el mundo que se entendieran más de lo que ellos lo hacían. Habían pasado por todo juntos: La misma infancia lujosa y estricta, la misma juventud pretenciosa y llena de caprichos, la misma guerra temprana, autodestructiva e injusta.
Después de todos ésos años, tenían una sincronía de pensamientos y acciones que muchos gemelos envidiarían. Eran en muchos sentidos, iguales. Tal vez por eso nunca funcionaron.
Hace tiempo, séptimo año para ser exactos, las situaciones los habían conducido a despertar de su mundo de problemas adolescentes, para enfrentarse a otro muchísimo más complicado. Había sido entonces, mientras Draco le curaba las heridas del castigo que se había ganado por curar las heridas de él, que se dio cuenta de que ella ya no podía ni quería ser la chica que Draco llevaría al altar. Sería en cambio la chica a la que todas las novias de Draco envidiarían, y él sería el hombre con el que todos sus novios creerían que los engañaba. Podrían llorar en sus hombros, podían enfrentar al mundo juntos. Ésas heridas que adquirieron juntos, marcaban un vínculo más poderoso que cualquier cosa, un vínculo que ningún anillo podría jamás superar. Draco era su hermano. Sangre de su sangre. Para siempre.
—Todos necesitamos amor Draco —dijo por fin ella abrazándolo y rompiendo el momento tenso.
—¿Duele Pans? ¿Enamorarse?
—Mucho —asintió ella tomando otro trago de la botella. El alcohol le quemó la garganta pero no hizo mueca alguna.
—¿Por qué lo hace la gente?
Pansy se rió, Draco hablaba como un niño pequeño.
—No creo que lo planeen Drakes —le dijo suspirando. Ella no lo había hecho.
—Pans, creo que me estoy enamorando.
Astoria Lisandra Greengrass
Oficinas centrales de Malfoy Incorporated.
20:35 p.m
—¿Señorita? —llamó Janeth.
—¿Si?
—El señor Malfoy no contesta su celular, ha mandado transferir todas las llamadas al número de la compañía.
—¿Y éso me interesa porque...? —Astoria estaba cansada de que lo único que ocupara la cabeza de su secretaria eran los asuntos de Draco Malfoy.
—Muchos clientes intentan localizarlo —dijo Janeth en tono molesto, como si supiera exactamente lo que Astoria estaba pensando.
—Bien, pásamelos uno por uno —contestó ella en un tono más suave, Janeth era una molestia pero como había dicho en contadas ocasiones, era muy eficiente.
—Si señorita.
...
—¿Bueno? —el corazón de Astoria se detuvo—¿Bueno? —repitió la voz de Ronald Weasley del otro lado de la línea. Astoria hechizó su voz rápidamente.
—¿Si? —sonaba más nasal de lo que se había propuesto pero los hechizos nunca salen bien bajo presión.
—Estaba intentando contactar al Sr. Malfoy.
—Si —dijo Astoria ocultando su infinita sorpresa—. Tiene unos pendientes ahora mismo, pero cualquier cosa, puede hablar conmigo.
—Eh...mi nombre es Ronald Biliis Weasley y quisiera que nos entrevistáramos. Estoy pensando en contratar sus servicios.
—¡¿Qué?! —gritó Astoria sin poder evitarlo.
—¿Disculpe? —Ron se notaba muy desconcertado por su respuesta.
—Perdóneme, eh... una lechuza entró de pronto —se recompuso ella.
—¿Entonces? —sonaba bastante impaciente.
—Si, si... nosotros le avisamos cuándo podría ser ésto.
—Es urgente —repuso el pelirrojo, aunque no había necesidad, su voz lo decía todo.
—Por supuesto, mañana mismo.
—Gracias. Hasta luego —Astoria suspiró y estaba esperando que colgara— ¿Quién me atendió disculpe? —pero no era su día de suerte.
—Eh... Genoveva —dijo el primer nombre que se le vino a la cabeza, el de su abuelita —. Si, Genoveva Gree...Goodbeer.
—¿Gregoodbeer?
—Si, Hasta luego Sr. Weasley.
Y Astoria colgó de un manazo. El teléfono quedó en el suelo y ella comenzó a hiperventilar. ¡Draco Malfoy! ¿Hasta dónde llegaban sus planes? Era como un maldito ángel.
Nota del autor: Si dejan un review los querré más que ayer. Cambio y fuera.
