XV
Glacial
Cazando a las Sailor Senshi, Parte 3
Mitras
Lor Ulrich acababa de recibir una carta de Nito Orloff, la cual decía que había logrado contactar con Keith Shadis, y que se disponía a interrogarlo por el paradero de Grisha Jaeger. No obstante, Lor había estado esperando otra carta, pero ésta no había llegado. Aquello no lo esperaba. Se suponía que todo estaba saliendo bien en Shiganshina, a menos que algo hubiera ido catastróficamente mal. Si ese era el caso, entonces eso implicaba una amenaza muy grave a la monarquía, una amenaza que no podía permitir que creciera.
Había una rama del ejército que estaba destinada a mantener el orden dentro de los muros, pero sabía que dentro de esa rama, había un grupo especialmente entrenado y equipado para acabar con personas problemáticas. No obstante, a Lor no le gustaba mucho emplear ese gambito, pues el líder de aquel grupo era conocido por ser un rebelde, pues tendía a actuar por instinto, al margen de las reglas establecidas para la operación de su equipo. Pero, por desgracia, Lor no veía otra alternativa para contener un posible éxito del Cuerpo de Exploración en retomar Shiganshina.
Lo otro que le estaba molestando era el infructuoso interrogatorio de Nito Orloff a Petra Ral. Lor había creído que ella era el eslabón más débil de la cadena, pero se había equivocado. Aunque también el fracaso de Nito podría no deberse a la fortaleza de Petra, sino que a su ignorancia. En todo caso, interrogar a alguien que se estaba recuperando del ataque de un titán no era la mejor forma de obtener información. Necesitaba saber, con urgencia, qué era lo que estaba tramando Erwin con su misión de retomar Shiganshina. Lor no sabía qué era lo que iba a encontrar en ese sótano, si es que conseguía llegar allí, pues, pese a que su contacto no le había escrito en varias horas, no podía dar por asumido que había fracasado en cumplir con su misión. Tal vez hubiera complicaciones inesperadas, pero sabía que el hombre que había elegido para interceptar a Erwin y a sus soldados era el más indicado.
Por el momento, Lor se abocó a lo que sí podía manejar. Tomando asiento frente a su escritorio, escribió una respuesta a la carta de Nito Orloff, entregando instrucciones sobre cómo debía manejar el interrogatorio a Keith Shadis.
En las cercanías de Trost
La noche era profunda aún cuando Erwin hizo que la comitiva se detuviera junto a una arboleda. El comandante desmontó de su caballo y ordenó a los demás a que hicieran lo mismo. Erwin señaló a los árboles, y el grupo se dirigió a la arboleda, donde estarían seguros de cualquiera que estuviese espiando desde la altura de los muros.
—¿Por qué nos detuvimos? —preguntó Hange, dando una mirada al muro, notando que había unas figuras diminutas en su parte más alta—. ¿Tienes un plan para ingresar a la ciudad?
—Sí —repuso Erwin, haciendo un ademán para que todos se reunieran con él. Cuando aquello ocurrió, Erwin comenzó a exponer su plan—. Como bien saben, es muy probable que Trost esté custodiado no solamente por la Tropa de Guarnición, sino que debemos esperar que la Policía Militar también esté desempeñando esa función. Por eso, es preciso montar una distracción, de modo que un equipo pequeño pueda infiltrarse en Trost, obtener suministros y buscar a las Sailor Senshi. Mikasa proporcionará la distracción usando sus poderes, mientras que un equipo reducido, encabezado por Hange, penetrará en la ciudad. No pueden estar en Trost por más de tres horas, de otro modo, se incrementarán las probabilidades de que la Policía Militar los encuentre. La prioridad es encontrar suministros suficientes para emprender la búsqueda de las Sailor Senshi.
—Entendido —dijo Hange, haciendo el saludo militar, girando sobre sus talones para seleccionar a los soldados que irían con ella—. Armin, es preciso que tú te quedes atrás. Aún debes estar agotado por lo que te ocurrió en Shiganshina. Levi, Eren, Jean y Sasha me acompañarán. Luna, tú también vendrás con nosotros. Si hay una Sailor Senshi en Trost, es mejor saberlo de inmediato.
Los aludidos, a excepción de Levi y Luna, hicieron el saludo militar.
—¿Y qué hay de mí? —quiso saber Connie, luciendo decepcionado.
—Tú actuarás de vigía en caso que las cosas salgan mal —explicó Hange, señalando a un punto al oeste de Trost—. En caso que el equipo de infiltración se vea comprometido, usarás una señal de humo para indicar al equipo por dónde escapar sin ser capturados. Procura ubicarte fuera del perímetro de la ciudad, de modo que no te encuentres con guardias en la cima del muro.
Connie se quedó en silencio por un momento antes de hacer el saludo militar. Hange desvió la mirada hacia Eren, luciendo inusualmente seria.
—Eren, bajo ninguna circunstancia debes transformarte en titán, aunque los demás miembros del equipo se encuentren en peligro. Así que trata de mantener fría la cabeza, y deja que nosotros nos hagamos cargo de todo. ¿Puedes hacerlo?
—¿Y por qué no puedo transformarme?
—Ya viste lo que pasó en Karanes —repuso Hange, taladrando con la mirada a Eren—. No queremos que pase lo mismo. Es imperativo que tú seas un arma que trabaje a favor de la humanidad, no en su contra. Y tus acciones en Karanes, aunque hayan servido para que nosotros pudiéramos llegar a Shiganshina, no cayeron muy bien en la Tropa de Guarnición, y menos en la Policía Militar. Recuerda que estos últimos no necesitan una excusa para ejecutarnos a todos.
Eren tragó saliva, pero hizo el saludo militar de todas formas.
—Buen chico —dijo Hange, palmeando el hombro de Eren. A continuación, reunió al resto del equipo que iba a infiltrarse en Trost y les entregó las últimas instrucciones—. Tendrán que dejar sus uniformes aquí. Vamos a usar capas neutrales para esta misión. La idea es que nadie sospeche de nosotros, y al mismo tiempo, no sepan que formamos parte del Cuerpo de Exploración. Ahora, reemplacen sus cilindros de gas por unos que estén llenos. Comenzaremos la operación dentro de dos minutos.
Una vez que el equipo se hubo reabastecido de gas, Hange indicó que esperaran en la arboleda hasta que Mikasa hubiera llegado al sector donde se encontraba la puerta de acceso a Trost. Erwin empleó un catalejo para monitorear el progreso de la distracción, y vio que Mikasa ya se había transformado. Aquello en sí mismo era una distracción, por lo que ordenó a Hange y a su equipo que comenzara a acercarse al muro por el lado poniente. El grupo estaba en el rango para emplear los equipos de maniobras, cuando Mikasa usó sus poderes, generando una reacción inmediata en los vigías apostados en la cima del muro. Hange señaló a los demás para que treparan el muro y, una vez en su parte más alta, descendieron al otro lado de inmediato, justo cuando los rayos cesaron.
—Vaya, Mikasa hizo muy bien su trabajo —dijo Hange, descendiendo al nivel del suelo y ajustando la capa de forma que ocultara el equipo de maniobras. Los demás la imitaron—. Tenemos que permanecer juntos.
—¿Y dónde vamos a encontrar suministros? —preguntó Levi, mirando a Hange con un poco de desdén—. Puede que la Policía Militar tenga retratos de nosotros por todas partes. Dudo que algún mercader quiera negociar con nosotros.
—¿Y qué sugieres?
—Hay alguien aquí en Trost que sabe dónde podremos encontrar suministros sin que nos arrojen a los leones —dijo Levi, indicando con el dedo en la dirección donde quedaba el hospital. Hange miró a Levi, sin entender, hasta que supo a qué se estaba refiriendo. Compuso una sonrisa mordaz.
—Ah, ya veo. Estás inventando cualquier excusa para ir a verla, ¿no es así?
—No seas tonta, Hange —repuso Levi, luciendo exasperado—. ¿De verdad crees que haría algo así en una misión tan importante? Ella ha pasado el tiempo suficiente aquí en Trost para tener algún dato sobre alguien que simpatice con el Cuerpo de Exploración.
—Levi, ella ha estado en un hospital durante los últimos tres meses —dijo Hange, tratando de borrar la sonrisa de su cara, pero no había caso—. No creo que pueda darte la información que necesitamos.
—Sí, pero ella no es tonta. Escucha cosas, hace conexiones y es muy aguda. No me va a decepcionar.
—De acuerdo, de acuerdo —capituló Hange, dirigiendo sus pasos hacia el hospital—, pero iremos solamente a eso. Nada de pláticas románticas. Recuerda que no tenemos tiempo para eso.
Levi gruñó por toda respuesta.
De forma casual, el grupo caminó por las calles de Trost, tratando de no lucir como gente que estuviera ocultando algo. Y eso era algo que caminar por las calles hacía muy bien. Ir por los tejados habría sido más efectivo, pero incrementaba el riesgo de ser descubiertos por la Policía Militar, y eso era algo que el equipo de infiltración no se podía permitir.
Cuando el grupo llegó al hospital, Hange vio que todas las entradas estaban custodiadas por efectivos de la Policía Militar. Aquello nadie se lo esperó. La única forma de acceder al interior del complejo era por el tejado, y Hange sabía que había soldados allí. Juzgó que el mejor curso de acción era permitiendo que Levi se encargara de entrar en el hospital, mientras que los demás se encaminarían a las barracas.
El grupo se separó, pero Luna tenía el ceño fruncido por alguna razón. Solicitó a Hange acompañar a Levi, y ella aceptó, aunque le pareció extraña la petición de la gata.
—¿Percibes a una Sailor Senshi cerca?
—No exactamente, pero siento un frío poco natural —explicó Luna, castañeteando los dientes, pese a que los demás no parecían sentirse del mismo modo—. Puede que no sea nada, pero necesito investigar.
—De acuerdo, pero procura mantenerte cerca de Levi —dijo Hange, y ella se dirigió a las barracas, donde tenía un conocido que le podía ayudar a conseguir suministros militares para la búsqueda de las Sailor Senshi. Levi, por otro lado, buscó un rincón vacío, y trepó al tejado. Luna se aferró como pudo de su hombro.
—Que conste que no me gustan mucho los gatos —dijo Levi con una voz monocorde—. Puede que sean limpios, pero sus arañazos me molestan.
—¿Podrías enfocarte en la misión? —le recriminó Luna. Levi no dijo nada.
Notó que había solamente dos soldados en el tejado más cercano al hospital. Muy consciente de lo que implicaría para la misión que los ciudadanos viesen dos cadáveres ensangrentados, Levi concibió un plan de acción para lidiar con aquellos soldados.
Se acercó lo más sigilosamente que pudo a los dos soldados, cubriéndose con una chimenea. Acto seguido, le pidió a Luna que se acercara a los hombres, pretendiendo ser una gata común y corriente. Gruñendo, Luna hizo lo que Levi le pidió y se aproximó a los soldados maullando como lo haría una gata normal. Como Levi esperaba, ellos miraron a la gata el tiempo suficiente para que él se aproximara a toda velocidad. Los soldados reaccionaron demasiado tarde, y Levi golpeó a uno en la cabeza y al otro en el bajo vientre. El primero quedó inconsciente de inmediato, y el otro necesitó otro golpe más para noquearlo.
—Buen trabajo —dijo Levi, sin dar las gracias. Luna tenía muchas razones para rezongar mientras se trepaba a su hombro, cuidando de no arañarle. Levi usó su equipo de maniobras para llegar al techo del hospital y colarse por una ventana conocida para él. Era la misma ventana por la que se había colado para visitar a Petra antes de partir a Karanes.
Ella se encontraba despierta, recostada en su cama, mirando distraídamente al techo, cuando vio que alguien entraba por la ventana. Tragó saliva. Pensando que se trataba de algún intruso, se dispuso a llamar a un guardia, cuando vio que el intruso no era otro que Levi. Notó cómo su corazón latía con un poco más de fuerza, pero, en esa ocasión, no se puso colorada.
—Cabo —dijo Petra, juzgando que había sonado un poco cursi, pero, al parecer, Levi no se dio por enterado—. ¿Qué hace aquí?
—Necesito tu ayuda —repuso Levi, notando cómo Petra lo había llamado—, y soy capitán ahora. Tuvimos un triunfo agridulce en Shiganshina. La búsqueda por la verdad del mundo aún no acaba.
—Ya veo —dijo Petra, tratando de mantener la distancia con Levi, pero le era muy difícil—. Me habría gustado mucho haber sido parte de esa misión.
—Tus talentos habrían sido muy útiles —dijo Levi, acercándose un poco a Petra, y ella retrocedió un poco, lo que él notó—. No voy a hacerte daño, si es eso lo que estás pensando.
—N-No es eso, capitán. —Petra se tomó el vientre, sintiendo un dolor intenso allí, y supo que necesitaba volver a la cama. Se recostó lentamente sobre ésta, tapándose con las sábanas—. En fin, ¿qué necesita, capitán?
—¿Conoces a algún mercader que simpatice con nuestra causa?
—Dos o tres —repuso Petra, contenta por serle de utilidad a Levi—. No están muy lejos de aquí. Diles que te envía la menudita.
Levi arqueó una ceja.
—¿Menudita?
—Es que no soy muy alta.
—Dímelo a mí —gruñó Levi, a quién nunca le había molestado demasiado su estatura, pero en ese momento fue más consciente que nunca de ello—. De acuerdo. Dame los nombres de los mercaderes.
Petra enumeró con voz clara los nombres que Levi necesitaba saber, notando que, junto al capitán, había una gata negra con una marca extraña en su frente. Parecía tener frío, pues se hizo un ovillo y parecía temblar levemente.
—¿Es tu mascota?
Levi miró hacia abajo y vio a Luna. Gruñó otra vez.
—No, no lo es. Me está acompañando por otras razones.
Petra iba a preguntar cuáles eran esas razones, cuando Levi hizo un gesto con la mano para que se detuviera. Se inclinó sobre la gata, sabiendo que Petra iba a reaccionar cuando supiera que estaba a punto de hablarle a un animal.
—¿Tienes frío? Pues yo no.
—Está muy helado —dijo Luna, y Petra se quedó inmóvil, creyendo que sus oídos le estaba jugando una mala pasada. Había escuchado hablar a esa gata, pero eso era imposible, pues los animales no hablaban—. Casi gélido.
—¿Y puede ser que estés en presencia de una ya-sabes-qué?
Luna reaccionó a las palabras de Levi incorporándose en sus cuatro patas.
—¡Eso explicaría el frío! —Luna se trepó a la cama de Petra y le pidió a Levi la caja que contenía los cetros. Él obedeció y abrió la caja, todo bajo la mirada atónita de Petra, quien no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Luna extendió ambas patas delanteras y tomó el cetro de color azul, tendiéndoselo a Petra, quien lo tomó, como insegura de lo que debía hacer a continuación.
—Tu nombre es Petra, ¿verdad? —preguntó Luna en tono urgente.
—Bueno… sí.
—Tienes que alzar el cetro hacia arriba y decir las siguientes palabras.
Luna le dijo lo que Petra debía decir, y ella, como si todavía albergara dudas sobre su sanidad mental, hizo todo cuanto la gata le había dicho. Levi tuvo que hacer visera con las manos para protegerse de las luces de colores, y se dio cuenta que, por alguna razón, estaba cayendo nieve sobre la cama. Al final, cuando hubo acabado la pirotecnia, Levi dejó de protegerse los ojos y, cuando miró a Petra, compuso una expresión de estupefacción, pese a que ya había visto a Mikasa con su apariencia de Sailor Senshi.
Petra estaba de pie, mirando su nuevo uniforme como si pensara que alguien le había arrojado un hechizo. Usaba unos guantes largos y blancos, un listón de color celeste en su pecho, una tiara descansaba en su frente y, cuando se miró hacia abajo, vio, con desconcierto, que usaba una falda muy corta y unas botas muy largas, ambas de color azul. El color de su cabello desentonaba flagrantemente con su uniforme.
—¿Qué me pasó? —preguntó Petra con voz temblorosa y los ojos muy abiertos.
—Te acabas de transformar en una Sailor Senshi —explicó Levi, quien aún no era familiar con la idea de que existieran guerreras con poderes y que vistieran ropas tan poco ortodoxas para la época—. Guerreras con poderes.
—Eres Sailor Mercury, la guerrera del agua y el hielo —dijo Luna en un tono teatral, pero Petra aún lucía desconcertada, como si no pudiera creer lo que le estaba ocurriendo—. Eres la segunda Sailor Senshi que encontramos… y fue de pura casualidad.
—¿La segunda?
—Sí. La primera Sailor Senshi terminó siendo Mikasa Ackerman.
Petra volvió a tragar saliva. Definitivamente, había muchas preguntas que necesitaba formular antes de siquiera considerar aceptar su nuevo rol.
