Hermione Jean Granger
La Madriguera
11:20 a.m
Hermione se encontraba sentada lo más alejada posible del jaleo que se estaba armando en el jardín de los Weasley. Había gente por todas partes entregando sillas y mesas, consultando los arreglos de flores y la comida, poniendo música en el reproductor para terminar con la selección final. Todos estaban haciendo algo excepto ella, que sentía que estaba viendo todo aquello desde fuera. Se obligó, sin embargo, a dirigirle una sonrisa al señor Weasley que con los demás hombres Weasley, levantaba la carpa donde se llevaría acabo la boda. Su boda.
Hermione se mareó con el pensamiento y comenzó a caminar hacia el jardín trasero, esperando que nadie la notara, por desgracia los preparativos requerían de su más estricta atención.
—Hermione cariño —la llamó una mujer rubia que en su vida había visto—. El planificador quiere saber dónde van a poner la estatua de hielo.
—¿Estatua? —inquirió la chica desorientada. ¿Por qué había tantos arreglos y adornos y cosas que ella no había pedido? —¿Qué estatua?
—El Sr. Weasley dijo que lo habían hablado. Cuatro estatuas en forma de lechuza —Hermione suspiró. Ella y Ron habían pedido miles de cosas inútiles para la boda simplemente para molestar al otro. Ella llegó a pedirle que se tiñera el cabello para no contrastar con los colores del tema de la boda, rojo y dorado.
—Si, sí —le dijo Hermione a la mujer, no queriendo parecer mal informada sobre su propio evento —Pongan una en cada esquina de la carpa —improvisó. La chica asintió y ella aprovechó para continuar huyendo al patio trasero.
—¿Tienes a la mano el orden de los asientos? —la sorprendió el planificador de bodas por detrás.
—No —contestó la novia irritada —. ¿Por qué nadie le pregunta a Ronald?
—No contesta, el buzón dice que está en servicio y las lechuzas vuelven sin respuesta —contestó el hombre encogiéndose de hombros y haciéndole una seña a la matriarca Weasley.
—¿Está en servicio? —le preguntó Hermione a la Sra. Weasley cuando llegó hasta donde estaban.
—Creo que sí, querida —afirmó ella poniéndole una mano en el hombro. Algo le decía que sabía dónde estaba Ron pero no quería decirle—. Dice que no te preocupes, que va a llegar al altar a tiempo —agregó con una enorme sonrisa. Hermione sabía que la Señora Weasley quería que estuvieran juntos a pesar de todo, sabía que la adoraba y que estaba muy feliz de la elección de Ron, pero también sabía que era su madre y las madres nunca son objetivas con las idioteces de sus hijos. Al menos no con sus nueras.
Hermione reprimió un escalofrío. El altar. ¿De verdad estaba a dos días de sellar su destino? ¿Y el plan de Malfoy? No parecía que Ronald fuera a dejarla pronto. Ella suspiró, se dio cuenta de que había estado suspirando demasiado ésta semana.
—Querida —interrumpió Molly sus cavilaciones— ¿El orden de los asientos?
—No lo sé, que se sienten conforme lleguen —dijo ella sin ver la importancia de algo tan vanal.
—¿Cómo sea? —repitió alarmada su futura suegra—. Es claro que no conoces bien a la tía Muriel. No te preocupes cariño, yo lo arreglo.
Hermione evitó hacer una mueca molesta y optó por salir de ahí lo más rápido posible. Ya iba a llegar a la verja que delimitaba el terreno de los Weasley cuando la vibración de su teléfono la hizo respingar.
—¿Granger? —la voz en el teléfono no esperó a que saludara.
—¿Malfoy? –Hermione se preguntó por qué la llamaba a ésas horas, si sabía que estaría preparando su boda.
—No. El hada de los dientes —ironizó.
—El hada de los dientes es menos molesta que tú —dijo Hermione, cada vez era más gracioso y menos molesto tener estos encuentros verbales con Draco, pero no se lo haría saber. Su ego no necesitaba más alimento.
—Es una vieja coda. Nunca me dejaba más de dos galeones por mis valiosísimos dientes —comentó Draco casualmente.
—Seguro Draco, porque el Hada de los dientes existe —se burló Hermione.
—¿De qué hablas? ¡Claro que existe! Y tiene un carácter horrible —dijo él. Sonaba tan convincente que casi le creyó—. Además, ¿qué te he dicho de decirme Draco?
Ella decidió dejarlo pasar, no estaba de humor para discutir criaturas fantásticas con él por más gracioso que fuera. Estaba bastante malhumorada por toda la situación en la que se había metido y añadirle un toque de cabello platinado a la ecuación sólo la confundía más.
—¿Qué quieres rubiecito?
—¿Rubiecito? Tsk tsk, alguien está enojadita.
—¿Qué jodidos quieres?
—Vaya, es verdad lo que dicen. Todas las mujeres se ponen locas en cuanto se acerca su boda. Me haces compadecerme del Rey Weasley.
—¿Me vas a decir para qué llamaste o no? —preguntó Hermione decidida a colgarle si seguía con sus tonterías.
—Te hablé para avisarte que es probable que no veas a tu prometido hasta el día de tu boda, pero todo está bajo control, no te preocupes. No le he hecho nada malo, estoy seguro que inclusive lo está disfrutando, en fin, lo que quiero que hagas es que le hables unas cuatrocientas veces y cuando te conteste le digas cosas cursis. ¿Ok?
—Bien —dijo ella secamente.
—Bien —la imitó Draco.
—¡Bien! —gritó Hermione decidida a colgar.
—¡Bien! —siguió imitándola Draco con una voz aguda.
—¡BIEN! —vociferó Hermione lo más alto que pudo y presionó el botón de colgar con más fuerza de la necesaria para terminar aquella molesta llamada. Al instante se le quitó el coraje y la ansiedad ¿Qué pasaba con su bipolaridad? Al parecer, pelearse con Malfoy le hacía bien a su estrés. Hermione intentó reprimir un suspiro pero no pudo. Si tan sólo Draco Malfoy no fuera Draco Malfoy, todo sería más fácil.
Draco Narciso Malfoy
Oficinas centrales de Malfoy Incorporated.
10:00 a.m
Draco se rio un poco más antes de dejar su celular en el escritorio y decidirse a ordenar algunos papeles de sus otros casos que Astoria no iba a poder atender por estar ocupada con Weasley.
Estaba algo contento aquél día. ¿Sería porque Blaise y Pansy por fin habían aceptado su cruel destino y habían decidido casarse? ¿O porque Astoria estaba haciendo su sueño realidad con la comadreja? Por asqueroso que sonara. ¿O porque si el plan funcionaba, y estaba seguro de que lo haría, Hermione estaría soltera de nuevo?
El rubio bufó, su buen humor esfumándose casi por completo. ¿A quién estaba engañando? Si bien ya no era escoria de la sociedad como años atrás, jamás se iba a deshacer por completo del estigma que era pertenecer a su familia. Había pasado bastante tiempo desde que había estado orgulloso de ser un Malfoy y tenía filas de chicas queriendo casarse con él. Ahora no es que las chicas hubieran dejado de hacer fila, pero ya no lo buscaban para ser la futura Señora Malfoy, nadie quería pasar el resto de su vida con un Mortífago. Draco sacudió la cabeza algo derrotado y se rascó el brazo sin notarlo, donde tenía la marca, como si fuera una roncha molesta y rascándola, ésta dejaría de picar
¿Qué pasaría en verdad por la cabecita esponjada de la heroína del mundo mágico? ¿Sería de corazón el perdón que le había ofrecido? Draco sonrió para sí mismo. ¿Cómo podía dudar de eso? Hermione Granger era la persona más increíble que había conocido, precisamente por aquella capacidad extraña que tenía de ver más allá de la mierda que era él.
La admiraba porque estaba seguro que habría mandado a freír botubérculos a cualquier imbécil que le hubiera hecho todo lo que él le había hecho, y que hubiera representado todo lo que él representaba, y que encima tuviera el descaro de pedirle perdón de la noche a la mañana, por teléfono y a una hora inapropiada. Pero no ella, no Hermione Granger.
Sus pensamientos vagaron de nuevo a aquella noche. Aún no sabía que lo había empujado a hacer lo que hizo y tampoco entendía del todo el sentimiento cálido que se esparció en su cuerpo después de haberlo hecho. Sería tal vez que ella lo hacía una mejor persona. Esto lo hizo fruncir el ceño, no sabía si aquello era algo bueno o algo muy muy malo.
Draco observó su reflejo en la ventana. No era un buen hombre con todas sus letras, pero Pansy tenía razón, debía dejar de sentirse miserable recordando el pasado. ¿Acaso no debía buscar su felicidad? Ciertamente era una gran paso y era probable que fuera extraño y catastrófico. Además le daba miedo, está bien, le daba pavor. Sin embargo como también había dicho Pansy, todas las cosas en la vida tienen sus pros y contras y en ésta situación en particular, era más lo que ganaba que lo que podía perder.
Sus ojos grises adoptaron de pronto una expresión decidida. Hermione Granger iba a ser suya.
Y mejor que se apurara con ello porque si lo pensaba mucho tal vez cambiaría de idea de nuevo.
Astoria Lissandra Greengrass
Royal Suite, Burj Al Arab
Dubai
15:37 p.m
—¿Lo estás disfrutando?
—¿Estás bromeando? ¡Esto es lo más hermoso que he visto en toda mi vida!.
—¿Está cool no? —sonrió el pelirrojo haciendo girar la enorme cama—. Vine el año pasado porque intentábamos deportar a unos traficantes de alfombras voladoras, pero el gobierno de aquí no quería saber nada al respecto. Al final no pudimos tocarles ni los bigotes, pero Harry y yo no nos quejamos porque pudimos quedarnos dos semanas. Éste lugar es increíble, el restaurant tiene una como pecera enorme por pared y bueno… ya viste el lobby. No podía dejar de admirar a los muggles, porque hacen todas éstas cosas fantásticas sin magia ¿Sabías que éste piso tiene un cine privado?
Astoria sonrió aún más, sentía que de un momento a otro se le iba a romper la cara de tanto que lo estaba haciendo aquél día, pero es que no lo podía evitar. Era la cita perfecta, con el hombre de sus sueños a miles de kilómetros de distancia de sus problemas. ¡Ron se veía tan emocionado!
—¿Qué es un cine? —preguntó sonriendo.
—Oh...es un… —balbuceó Ron intentando encontrar las palabras adecuadas—. Son como cuadros pero…
Astoria soltó una carcajada ante la confusión de su pareja. —¡Estamos en pleno siglo XXI, es obvio que sé lo que es un cine! Sólo quería hacerte sudar un poco.
—¿Quieres probarlo? Y podría intentar hacerte sudar a ti —comentó Ron con una sonrisa traviesa.
—Me encantaría que lo intentaras —le retó Astoria caminando hacia el cine interior.
Astoria caminaba maravillándose con la arquitectura y la decoración del lugar. Aquello era lo más cercano a la perfección que había visto. Era lo que siempre imaginó que una relación sería. Ron era cariñoso, era increíblemente romántico, era cuidadoso y siempre le recordaba que la amaba y que la apoyaba en todo. El único problema con Ron, es que se iba a casar en dos días.
No pudo reprimir las lágrimas y se lamentó en seguida. No podía fallarle a Draco y no podía fallarse a sí misma. En sus manos estaba su felicidad, la de Ron, la de uno de sus mejores amigos, y de otra. Tenía que hacer todo lo que estuviera en sus manos para abrirle los ojos al cabeza dura cobarde del que estaba enamorada. Tenía que hacerle ver que era más valiente de lo que pensaba.
—Entonces ¿Cuál quieres ver? —le preguntó Ron sacándole de sus cavilaciones, y obligándola a secarse lo más rápido y discreto posible sus ojos.
—La que sea está bien.
—¿Qué te parece Syriana?
—¿De qué se trata? —preguntó ella viendo la portada. No parecía muy divertida.
—No se, pero fue filmada en los Emiratos Árabes así que va con el tema —se encogió de hombros Ron—. Además tampoco es como si le fuéramos a poner mucha atención —agregó arqueando una ceja. Astoria se rió y de nuevo pensó en que lo había hecho demasiado aquél día. No era sano que un hombre la pusiera de aquella manera. Principalmente porque no la dejaba pensar con claridad, sólo quería abalanzarse sobre él y si era necesario encadenarlo para que jamás la dejara. Sacudió su cabeza molesta consigo misma, sonaba como una psicópata.
Ronald Bilius Weasley
Royal Suite, Burj Al Arab
Dubai
16:24 p.m
La película no estaba nada mal para ser la primera película que captó su ojo cuando abrió el catálogo de cintas del hotel lo cual era una lástima puesto que habían dejado de lado las relaciones carnales para verla. La verdad es que no sentía que pudiera hacerle justicia al no saber qué diablos era el mentado petróleo ni por qué era tan importante para que todos en tantos lugares se pelearan por él y además les afectara tanto, sin embargo parecía que Astoria de verdad le estaba poniendo atención y a veces hacía comentarios como: "Me pregunto qué opinaría tal de esto" o "Ésos de la CIA metiéndose en todo".
Ron no podía sino estar de acuerdo con ella, conocía algunos magos de la CIA y no eran nada agradables. Su teléfono había estado vibrando todo el día a intervalos irregulares, pero justo a la mitad de la película comenzó a hacerlo incesantemente, dejó que pasara a buzón unas cuantas veces, pero la persona que estuviera marcando era muy insistente porque no dejaba de vibrar.
—¿Tori? —susurró en su oído.
—¿Mhm? —preguntó distraída, al parecer estaba poniéndole más atención de la que parecía a aquella película.
—Voy a salir un rato, tengo que atender una llamada —le dijo soltándose un poco del abrazo en el que estaban. Volteó un poco y lo miró extrañamente. Segundos después asintió y volvió su cabeza a la pantalla después de darle un beso ligero. Seguía sonriendo como idiota cuando salió del cine a contestar su mentada llamada.
—¿Diga?
—¿Ron? —su voz hizo que todo su cuerpo se pusiera en tensión.
—¿Hermione, qué pasa? —dijo consciente de que su voz sonaba algo cortada. No se esperaba para nada que le hablara.
—Nada es sólo que… —la pausa fue excesivamente larga—. Te extraño mucho amor —dijo ella y Ron se congeló de pies a cabeza. Por un lado, no sonaba como algo que diría Hermione, pero por otro lado la mujer sí que estaba poniendo de su parte para volver con él.
Sus palabras lo dejaron aún más helado, ¿Qué se supone que debía de contestar? La mujer le estaba hablando a media tarde porque lo extrañaba y él sólo podía pensar en que quería terminar de hablar con ella cuanto antes para volver a abrazar a su chica.
—¿Cómo va todo por allá? —masculló. Casi se da de topes con la pared. Jamás aprendería, en cuestión de mujeres era un idiota sin remedio, sobretodo cuando se trataba de Hermione. Sólo lograba lastimarla una y otra vez.
—Bien, hoy llevaron todas las cosas para el gran día e incluso comenzaron a trabajar en las estatuas de hielo que pediste amor ¡Me fascinaron, gracias!
—Eh…De nada.
—¡Oh Ron, estoy tan emocionada! ¿A que no sabes qué más… —dejó de escuchar lo que decía, sólo hacía sonidos de aprobación cada que ella hacía una pausa para respirar. Estaba hablando de tantas cosas que no tenían ningún sentido: Manteles a juego, adornos, vestidos de dama de honor, arreglos florales, pista de baile. ¡Y las malditas estatuas! Estaba seguro que las odiaría. De hecho cuando las pidió acababan de pelearse y sabía que lo menos que quería ella era una boda opulenta y llena de cosas exuberantes, y para vengarse las ordenó. Y resulta que le fascinaron.
—¿Y cómo vas tú en tu misión Ron? —le preguntó, sacándolo de sus pensamientos. ¿Qué podía decirle? No sabía cómo iba su misión.
—Bien… digo mal. No sé cuánto más valla a tardar —balbuceó poniéndose rojo como tomate. Agradecía que ella no estuviera ahí para verlo mentir tan mal como siempre.
—¿De verdad? —preguntó y su voz sonaba bastante triste. Estaba tan decaída por no verlo que había ignorado su obvia estupidez. Ron cada vez se sentía peor—. Estaba esperando verte un poco antes de la boda y ya sabes, abrazarte y decirte cuánto te amo y cuánto significa para mí que demos éste paso juntos.
—Lo lamento muchísimo Hermione, de verdad lo siento, no sabes cuanto pero me tengo que ir a una reunión —alcanzó a decir. Las palabras y sobretodo su nombre se le atoraban en la garganta.
—Oh, está bien Ronnie, te hablo después —dijo ella y antes de que pudiera decirle que no lo hiciera, colgó.
Se sentía como un asqueroso gusano. Esto no era justo, no era justo para ella, ni para Astoria, ni para nadie.
Draco Narciso Malfoy
Oficinas centrales de Malfoy Incorporated.
16: 45 p.m
Riiiing RiIIIiiiiIIIiiing RIIIIIIIIIINGGGGGG!
—¿Diga?
—Malfoy quiero saber cómo vas con el plan.
—Oh pequeña e insignificante comadrejilla, no sabes los increíbles poderes con los que cuento —Draco siguió antes de que el otro pudiera replicar—. El plan ya está en marcha Weasley, no te preocupes por nada como ya te dije, nosotros nos encargaremos de todo. Tú sólo acuérdate de depositar el resto del dinero para cuando éste circo acabe.
—¿Seguro Malfoy? Porque fácilmente podría demandarte. De hecho, ni siquiera sé si lo que haces es legal.
Draco se rio antes de contestar. —Mira pelirrojo de quinta, no me preocupan tus amenazas. La verdad es que lo que hago no se diferencia en nada de lo que hacen los abogados cuando divorcian a alguien, es moralmente cuestionable sí, pero no es ilegal, así que puedes meterte tus amenazas por el…
—¡Cuidado con lo que dices Malfoy! Recuerda que estás hablando con un oficial de la ley.
—Como sea Weasley, algunos de nosotros sí tenemos una vida interesante así que adiós.
Y colgó. Como le jodía aquél individuo. No sólo porque era ignorante, estúpido, cobarde y ciego por no valorar a la mujer que tenía, o más bien que había perdido, sino porque su querida pero tonta socia le amaba a más no poder y le encabronaba que ése infeliz pudiera tener a dos bellísimas e increíbles mujeres y jugar con ambas sólo porque no podía lidiar con sus problemas como el adulto que era.
Por suerte para todos, ya se iba a acabar aquella situación.
—Sr. Malfoy la Srta. Parkinson está aquí con el Sr. Zabini —le comunicó la voz de su secretaria saliendo de quién sabe donde.
—Hazla pasar —era evidente que sus amigos no podían quitarse los ojos de encima. Le sorprendía bastante que encontraran el tiempo de ir a verlo después de todo lo que había pasado en estos días—. Pansy, Blaise —sonrió él ante la sonrisa satisfecha de sus amigos—. No los esperaba.
—Lo sé, nos costó mucho trabajo salir de la cama ésta mañana.
Draco puso cara de asco y le hizo una mueca muy grosera a la chica que tenía enfrente. —¡Parkinson! —reprochó tapándose los oídos—. ¡No quiero saber nada al respecto!
—No te preocupes Draco, vinimos porque tenemos algo muy importante que pedirte—dijo Blaise. Draco interrogó a su amigo con la mirada y éste siguió sonriendo ampliamente y le puso una mano en el hombro—. Sería un honor que tú y Theo me acompañen en el altar como mis padrinos —le dijo Blaise ensanchando aún más la sonrisa.
—Con la condición de que no me hagan usar una túnica de gala ridícula —comentó Draco y abrazó a sus amigos, dándole palmadas en la espalda a él y besos en las mejillas a ella.
—No te preocupes, los colores son verde aguamarina y gris claro, muy clásico. Y con el traje te vas a ver tan mono, además seguro que combina perfecto con tus ojos. —dijo Pansy en una ráfaga de palabras.
—Vaya, ¿todas las mujeres se ponen así con su boda? —preguntó Malfoy, Blaise se encogió de hombros.
—¿Qué te parece si te sacamos de aquí para comer Draco? —propuso.
—Si, sólo déjame poner en orden estos recuerdos en la computadora.
Blaise y Pansy asintieron como si hubiesen entendido y salieron a esperar a su amigo en el lobby del edificio.
Hermione Jean Granger
Godric's Hollow
19:00 p.m
Hermione colgó la varita por tercera vez en el día. Había estado hablándole a Ron con excusas patéticas desde las cuatro y ahora se le estaban acabando. No creía que el pelirrojo se creyera toda esa basura de que lo extrañaba y lo amaba y lo necesitaba y estaba tan emocionada con la boda. ¡Su voz sonaba tan falsa!
Debía admitir que era divertido de alguna forma, porque Ronald no sabía que contestar a veces y se trababa mucho y tartamudeaba a cada rato. Era bastante obvio que no sabía cómo reaccionar, se preguntó cómo no se le había ocurrido ésta técnica antes, en lugar de gritarle como solía hacerlo. Suponía que porque estaba demasiado dolida como para aceptar que su prometido le mintiera en las narices. Ahora era otra historia, de verdad no le importaba y si como dijo Draco, Ronald estaba pasando un buen rato, pues qué mejor. Tenía la casa para ella sola y podía leer una buena novela romántica e imaginarse que ella y Draco eran los protagonistas.
Su cerebro le gritó que reprimiera aquellos pensamientos, pero simplemente no podía, era una atracción magnética terrible la que tenía con ése hombre y no podía negarse. Incluso en el colegio, cuando se lastimaban era obvio que algo pasaba entre ellos. En ése entonces pensaba que era odio puro y profundo, porque de hecho, es lo que era. Pero ahora, aún prevalecía ésa conexión extraña aunque de modo distinto.
En pocas palabras Hermione quería besarlo hasta la inconsciencia y no sólo éso, sino que quería hablar con él de libros y de política y de la vida y quería sentarse en ése mismo sofá a ver la tele aunque él no supiera lo que era y cocinar para él y ver sus ojos todos los días. Si. Estaba bastante hundida en sus propios sentimientos, tanto, que si no encontraba una manera de construir una balsa, se iba a hundir.
El punto era: ¿Le importaba tanto hundirse? La molesta parte racional de Hermione le decía que había que ponerse a trabajar en ésa balsa ahora mismo, pero la parte aventurera y valiente de ella, que según el sombrero seleccionador era más fuerte que la racional, le decía que lo peor que podía pasar era lo que había pasado con Ronald. Y bueno, sabía por experiencia propia que se puede salir adelante después de éso.
¿Qué había que perder? Un poco de dignidad, a lo mejor unas cuantas lágrimas y una parte del corazón si salía todo mal. ¿Pero y si salía bien? ¿Qué ganaba? Amor.
¿Hay algo mejor que éso?
Hermione se quedó dormida en el sofá leyendo una novela romántica e imaginando que ella y Draco eran los protagonistas porque ya no le importaba que su parte racional se retorciera de inconformidad. Iba a seguir a su instinto e iba a dejarse llevar por cualquier cosa que estuviera pasando con él, quizás incluso fueran imaginaciones suyas, pero estaba dispuesta a moverse con la corriente.
Pero primero el tema de su maldita boda tenía que ser solucionado.
Nota de la autora:
Ya se va acercando el gran día ¿Qué pasará? ¿Ron terminará con Herms antes de la boda? Y si lo creen así ¿Regresará a tiempo de Dubai para decirle antes de que estén frente al altar? ¿Hermione y Draco intentarán hacer sus movimientos con el otro? ¿O simplemente los dominará en miedo de nuevo? ¿Pansy y Blaise seguirán siendo unas cursis palomitas durante lo que resta de la historia? ¿Astoria realmente estará disfrutando la película?
