XVIII
El rescate
Cazando a las Sailor Senshi, Parte 6

Capital Mitras

Lor Ulrich había pasado de la confianza a la preocupación en menos de dos segundos.

Sus contactos en la Tropa de Guarnición le acababan de comunicar sobre algo que los había dejado perplejos. Al parecer, había aparecido alguien, una mujer, ataviada con un uniforme muy extraño y que parecía emitir rayos desde su cabeza. Jamás había escuchado algo semejante, y temió que aquello se pudiera convertir en una amenaza seria a sus planes, pues la lealtad de aquella persona extraña no había sido confirmada. Aunque, a decir verdad, haber atacado los muros representaba una declaración en sí misma. Era posible que esa persona, quienquiera que fuese, estuviera de parte de los titanes.

No obstante, Lor tenía otras cosas a las que poner atención.

Hace días que no recibía un reporte sobre lo que había ocurrido en Shiganshina, y temió que su hombre hubiera perecido, o capturado por esos engendros del Cuerpo de Exploración. A razón de aquello, había enviado a algunos soldados de la Policía Militar destacados en Trost para averiguar qué había pasado. En ese momento, esperaba una paloma mensajera que le entregara alguna respuesta sobre lo que había ocurrido.

Pasaron dos minutos más, y Lor vio una figura conocida en el cielo. Era la paloma que había estado esperando. Cuando llegó al alféizar de la ventana, tomó el rollo, lo extendió y leyó su contenido. Lor esperaba que las noticias fuesen tranquilizadoras, pero no lo eran en absoluto.

Los soldados habían reportado que había un grupo, perteneciente al Cuerpo de Exploración, deambulando de bosque en bosque. Llevaban dos jaulas, en las que había dos personas. Lor sintió un nudo en el estómago cuando leyó la descripción de uno de los sujetos. Coincidía a la perfección con el hombre en el que había confiado para que el Cuerpo de Exploración jamás regresase de Shiganshina.

Así que Erwin Smith capturó a Zeke Jaeger. Tendré que usar métodos menos sutiles para lidiar con esa banda de idiotas. Aunque sería una buena idea hacer que ellos entreguen a Zeke a la Policía Militar, y nosotros, simplemente, lo liberaremos. Pero si hago eso, Erwin sabrá que nosotros apoyamos a Zeke, y no dudará en matarlo. Tendré que emplear otra carta para jugar esta partida. Aunque no me gusta mucho emplear esa alternativa.

Lor, sabiendo que era imposible contactar con el hombre que estaba buscando de forma directa, decidió enviar una carta a la persona para la que trabajaba. Tampoco le causaba mucho placer hacer eso, pues se trataba de un señor regional que no estaba para nada contento con la actual monarquía. Pero, en ese momento, lo necesitaba. Porque sabía que ese señor regional estaba agotando todos los recursos posibles para encontrar a su única hija, quien se había perdido. Lor soltó una pequeña carcajada. No sería tan difícil convencerlo de que colaborara con él, pues Lor sabía que esa hija servía en el Cuerpo de Exploración, bajo el mando de Erwin Smith.

En algún lugar entre Trost y Shiganshina

El Cuerpo de Exploración había llegado al lugar que Historia le había indicado a Erwin, y todos miraron hacia las copas de los árboles. Allí se encontraba Ymir, mirándolos con una expresión desapasionada en su cara, con un brazo apoyado sobre su pierna.

—Vaya, conque ahora están reclutando animales —dijo Ymir, mirando a la gata negra con la luna menguante en su frente—. Me imagino que han venido a comprobar si soy una de esas chicas con poderes, ¿o me equivoco?

—Siento mucho calor —dijo Luna, y todos la miraron, inclusive Ymir. Luna se trepó al árbol en el que se encontraba Ymir, notando que el calor aumentaba—. Así que es cierto. Tú eres una Sailor Senshi.

—Así que… una gata parlante me acaba de decir que tengo poderes. ¿Cómo es que sabes eso? Lo único que puedo hacer, como ustedes sabrán muy bien, es transformarme en un titán.

—¿Quieres una prueba? —retó Luna, y ella dio otro giro en el aire, haciendo aparecer un cetro similar al que poseían Mikasa y Petra, pero de color rojo—. Pues toma este cetro, y di "por el poder de Marte". Si no eres una Sailor Senshi, no va a pasar nada, pero si lo eres, sufrirás una transformación.

—¿Y en qué me voy a transformar?

—No vas a cambiar de apariencia, si es lo que estás pensando —repuso Luna, de mal humor—. Solamente vas a lucir un uniforme nuevo. Tampoco es una transformación dolorosa. No pierdes nada con hacer lo que te estoy diciendo.

—Hazlo, Ymir —la animó Historia, mostrando una sonrisa—. Será mucho mejor que transformarte en titán.

Ymir decidió hacer caso a las palabras de Luna, solamente porque Historia se lo estaba pidiendo. Tomó el cetro de las patas de Luna, lo alzó al cielo, y pronunció las palabras que la gata le había indicado. Inmediatamente, todos tuvieron que protegerse los ojos, porque un brillo de color rojizo había comenzado a brotar del cuerpo de Ymir, y supieron que había funcionado. Ymir era, en efecto, una Sailor Senshi.

Cuando las luces de colores cesaron, todos dejaron de hacer visera con las manos, y vieron algo familiar. El nuevo uniforme de Ymir era similar al de Mikasa y Petra, con la diferencia que los colores eran distintos. Ymir compuso una expresión de estupefacción al percatarse de lo corta que era su falda, de un color rojo intenso. También notó el listón de color púrpura en su pecho, la tiara rodeando su cabeza y los zapatos de tacón, lo que hizo que casi perdiera el equilibrio.

—¡Este uniforme es horrendo! —protestó Ymir, dedicando una mirada de puro veneno a Luna—. ¿Cómo diablos esperas que pelee con esta falda tan corta? ¿Y todos estos ornamentos?

—Bueno, Mikasa ha peleado con ese uniforme —dijo Luna, percatándose que Ymir tenía un punto al decir esas cosas.

—No es tan terrible, Ymir, así que no te quejes —dijo Mikasa en su usual tono parejo y monocorde—. Ten en cuenta que a mí también me costó un poco de trabajo adaptarme, pero lo hice. ¿Por qué tú no puedes hacer lo mismo?

—Porque yo, a diferencia de ti, me preocupo por mi feminidad y mi privacidad —replicó Ymir, pero Mikasa no se vio impresionada—. Pero claro, no es posible que lo entiendas, tratándose de una mujer que luce como un hombre, con esos abdominales tan marcados.

Por alguna razón, Eren dio un paso adelante, fulminando a Ymir con la mirada.

—¡Ya basta! —exclamó, e Ymir se quedó mirando a Eren, ligeramente sorprendida—. Si no quieres ser una Sailor Senshi, entrega ese cetro. Pero no voy a soportar que insultes a Mikasa de ese modo.

—Vaya, me imagine que tu novio saldría en defensa tuya —dijo Ymir, consiguiendo que Mikasa se pusiera colorada—. Pues bien, no voy a devolver el cetro, porque en ningún momento dije que no aceptaría este trabajo. Es sólo que… es un uniforme para niñas.

—Sí, y ahora vas a decir que luces mejor como titán —intervino Connie, consiguiendo la aprobación de Sasha—. Créeme, con ese uniforme te ves mejor.

—Idiota —gruñó Ymir, pero bajó del árbol y se acercó al grupo, sonriendo levemente, pasando por el lado de Eren y Mikasa y tomando su lugar al lado de Historia—. Que conste que esto lo hago solamente por Historia.

—Con eso me basta —dijo Erwin, quien había permanecido en silencio desde que llegaron a ese lugar—. Por cierto, hay algo que necesito pedirte, Ymir.

—¿Acaso aceptar trabajar nuevamente con ustedes no es suficiente?

—Entonces voy a reformular mis palabras: debes hacer algo por nosotros.

Ymir bufó.

—¿Y de qué se trata?

—Cuando estabas en el castillo Utgard, hurgando en la despensa, viste unas latas con unas letras extrañas. Según los reportes de esa noche, Reiner te encontró leyendo esas letras como si no tuvieras ningún problema con ese lenguaje. Es el mismo lenguaje en el que se encuentran escritos los libros que encontramos en el sótano de la casa de Eren Jaeger. Necesitamos que los traduzcas.

Ymir se cruzó de brazos, taladrando con la mirada a Erwin.

—¿Y si me rehúso?

Erwin no dijo nada. Indicó a Ymir a que le siguiera, y ella, mistificada, obedeció. Sin embargo, no tuvo que caminar mucho para ver qué quería mostrarle el comandante. Ymir tragó saliva. Erwin le había conducido a las jaulas donde se encontraban presos Reiner y Zeke.

—Me imagino que Reiner estará feliz de verte —dijo Erwin calmadamente, pero Ymir rehuía su mirada, como si fuese a caer muerta en ese mismo momento si lo hacía—. Le prometiste algo que no cumpliste, y es por eso que necesito que hagas lo que te estoy ordenando. Porque, desde el momento en que accediste a unirnos, pasaste a estar bajo mi mando. Ahora, si no quieres acatar órdenes, eres libre de irte, pero no te garantizo que no vaya a liberar a Reiner. Es tú decisión.

Ymir, en ese momento, se dio cuenta que había subestimado groseramente a Erwin Smith. Supo por qué era el comandante del Cuerpo de Exploración. En un grupo de soldados acostumbrados a vivir al borde del peligro, el comandante era un hombre que no se coartaba a la hora de tomar riesgos.

—De acuerdo —dijo Ymir, sintiéndose derrotada—. Pásenme esos malditos libros.

Cerca del distrito Utopia

Armin acababa de desmontar de su caballo, amarrándolo junto a un árbol. Había estado pensando en la mejor forma de infiltrarse al interior del muro Sina, pero cualquier alternativa parecía poco viable. Como se trataba de los distritos más pudientes de la humanidad, la Policía Militar y la Tropa de Guarnición se afanaban en mantener intrusos de otros distritos más pobres alejados, por lo que era prácticamente imposible entrar de formas convencionales. También había pensado en usar su equipo de maniobras para pasar por encima del muro, pero asumió que estaba fuertemente custodiado, y desechó la idea.

Armin ya estaba acostumbrado a la urgencia que sentía en su interior, pues sabía de dónde provenía, y no le hacía mucho caso. Eso le hizo pensar que, tal vez, haber heredado las memorias de Bertholdt al comérselo no se debía a la casualidad. De hecho, no debió haber pasado, pero ocurrió.

¿Y qué pasaría si también hubiese heredado sus poderes?

La sola idea era risible. Armin, un titán cambiante… ridículo. Y sin embargo, sentía en su interior que podía conseguirlo. No sabía si era él pensando o Bertholdt pensando, pero decidió emplear sus recuerdos para averiguar si él había, en efecto, heredado los poderes de Bertholdt.

Miró en el suelo, y vio una piedra afilada. La tomó, dejando que los recuerdos de Bertholdt se apoderaran de él y, con una repentina y firme sensación de propósito, se hirió la mano con la piedra afilada.

Ocurrió en un instante.

Armin vio, con miedo y asombro, cómo huesos, tejido y piel se iban formando alrededor de él a una velocidad desconcertante. Sintió que se elevaba en el aire, a medida que los músculos se iban formando y su nuevo cuerpo iba tomando forma. Cuando la transformación hubo acabado, Armin sentía mucho calor y se vio rodeado de carne y hueso, pero, aún así, podía ver todo cuando acaecía alrededor. Veía las cosas desde muy alto, e incluso el muro lucía más bajo que él. Imaginó que los residentes del distrito Utopia debían estar extremadamente aterrorizados de ver un titán tan cerca de la capital, pero era la única forma de infiltrarse en la ciudad sin ser detectado. Emulando lo que había hecho Bertholdt en el distrito de Shiganshina, Armin hizo trizas el acceso a la ciudad con un puntapié. Notó que, en ese estado, no era consciente del dolor o de cualquier sensación que experimentara su titán. Vio a los soldados de la Tropa de Guarnición preparar los cañones, pero su trabajo ya estaba hecho. Hizo que el titán expulsara vapor de su cuerpo, de forma que cubriera su ingreso a la ciudad en cuanto saliera de su titán, lo que le costó mucho trabajo. Tuvo que batallar contra los tejidos que lo envolvían, hasta que fue libre. Usó su equipo de maniobras para descender sin peligro, y corrió en dirección a la entrada. Nadie se percató de su presencia, en medio de todo el vapor que emitía el titán colosal.

Armin se cubrió con la capa, y recorrió las calles del distrito de Utopia, buscando las barracas, donde era más probable que tuvieran a Annie. Una vez que hubo localizado las barracas, buscó un sitio donde ocultarse, sacando la pistola con la que se lanzaba las señales de humo. Arrepintiéndose de lo que iba a hacer, Armin apuntó el arma hacia una tienda y apretó el gatillo.

La tienda se vio envuelta en un denso humo rojo, y, como esperaba, un nutrido contingente de la Policía Militar acudió al lugar de la conmoción, y Armin aprovechó el tumulto para colarse al interior de las barracas. Una vez dentro, dando por sentado que Annie estaría custodiada, buscó la bodega de suministros y, cuando la encontró, cerró la puerta con seguro y se vistió con ropas de la Policía Militar, asegurándose de esconder las suyas, de forma que les fuera más difícil hallarlas.

Armin salió de la bodega, en dirección al sótano. Con un poco de tiento, sacó nuevamente su pistola, cargó un nuevo cartucho, y apuntó hacia las escaleras que llevaban al segundo piso.

Los soldados que custodiaban el sótano vieron rastros de humo verde descender por las escaleras, y acudieron de inmediato, encontrándose con Armin, convenientemente vestido como uno de ellos.

—¡Oye tú! —exclamó uno de los soldados—. ¡Custodia ese sótano hasta que hayamos resuelto esta situación!

Armin hizo el saludo militar, y descendió las escaleras hacia el sótano. Cuando llegó al recinto, se detuvo. Allí estaba, Annie Leonhart, envuelta en su prisión de cristal. Lucía en paz consigo misma, con los ojos cerrados, como si durmiera un sueño eterno. Haciendo caso omiso de los sentimientos que afloraron de forma repentina dentro de su cabeza, Armin supo que no tenía mucho tiempo. Volvió a sentirse arrepentido de lo que estaba a punto de hacer, pero era necesario. Sabiendo el riesgo al que se estaba exponiendo al transformarse dos veces en menos de media hora, cogió una de sus cuchillas, y se hizo un nuevo corte en la mano.

Cuando los soldados afuera pudieron controlar la situación, notaron que el suelo estaba temblando. Segundos más tarde, salieron expulsados hacia atrás, cuando grandes trozos de roca y tierra salieron eyectados hacia afuera y hacia arriba. Las barracas habían sido completamente destruidas, y los soldados (y el resto de la población), vieron algo aterrador salir del enorme agujero que había aparecido en el suelo.

Un titán más alto que el mismo muro había brotado de la misma tierra. Llevaba un trozo de cristal en su mano derecha. Los habitantes de Utopia, con caras del más absoluto horror, escaparon a diestra y siniestra, apartándose del paso del titán colosal, quien se dirigía hacia el muro, como si tratara de escapar. Enseguida, la Tropa de Guarnición salió a la caza del titán, mientras que los cañones eran nuevamente alistados.

Armin percibió el peligro en el actuar de la Tropa de Guarnición y, usando sus dos manos, hizo fuerza contra el cristal, rompiéndolo en dos partes, pero sin lastimar a Annie. A continuación, como la primera vez, expulsó un montón de vapor, alejando a la Tropa de Guarnición del titán. Por último, Armin salió de su titán y, empleando su equipo de maniobras, extrajo a Annie de entre los restos del cristal y escapó en medio del vapor y la confusión. Una vez en el suelo, corrió a todo lo que daban sus piernas, procurando no soltar a Annie hasta que hubiese llegado al árbol al que había atado su caballo.