XX
Detrás de la hoja
El complot, Parte 1
Capital Mitras
La reunión había transcurrido de la forma en que había querido.
Aunque Lor Ulrich tenía ciertas aprensiones con lo que acababa de emprender, entendía que era necesario para que los secretos de los muros jamás se supieran. Aunque lamentaba la muerte de Nito Orloff, era un precio aceptable para mantener el status quo en la monarquía. De todas formas, Nito estaba metiendo las narices en donde no debía.
Con respecto a su otros asuntos, Lor ya no tenía dudas sobre la demora en el reporte de Zeke Jaeger. La única explicación posible para la ausencia de comunicaciones era que hubiese sido capturado. Lor sabía que Erwin lo necesitaba vivo, porque poseía mucha información valiosa sobre los titanes. También sabía que Erwin no tomaría justicia por sus propias manos, y que buscaría la forma de que Zeke fuese enjuiciado por sus acciones. Por desgracia, había elementos de la Policía Militar que simpatizaban con el Cuerpo de Exploración. Eliminarlos no era una opción, sacarlos inocuamente del medio levantaría sospechas. La única forma de proteger a Zeke era asegurándose que jamás fuese llevado a la corte.
Fue una conversación que tuvo hace unos pocos días lo que le dio una idea para lidiar con el asunto.
Con eso en mente, envió una carta al comandante de la Policía Militar. Mientras la redactaba, Lor compuso una pequeña sonrisa. Todas las personas podían ser corrompidas. Lo único que hacía falta era una necesidad no cubierta y aplicar la presión correcta.
Cerca de Trost
Erwin había ordenado armar otro campamento, entre los árboles de un bosque cercano. Mientras los soldados montaban las carpas y las fogatas, desmontó de su caballo y salió del bosque, escudriñando el muro, evaluando las guardias. Notó que, desde la última incursión, habían dispuesto más soldados en lo alto del muro, especialmente sobre las puertas.
Levi también había desmontado de su caballo, y se plantó al lado de Erwin, cruzándose de brazos.
—Será difícil entrar esta vez.
—No creo que sea necesario hacerlo —dijo Erwin, bajando la mirada hacia la puerta, frunciendo el ceño—. Al menos no todos nosotros.
Levi arqueó una ceja.
—¿A qué te refieres?
—Creo que es momento de apostar todas las cartas, nuevamente. —Erwin desvió la vista hacia la puerta y clavó sus ojos en los de Levi, como si quisiera que él entendiese muy bien sus siguientes palabras—. Escúchame. Tengo que entrar solo a Trost. Me llevaré a Reiner y a Zeke. Asegúrate que Hange tenga su análisis de las espadas lo antes posible. Manténganse ocultos. Traten de no emplear demasiadas fogatas. Si lo que dices sobre este nuevo enemigo es cierto, debemos extremar nuestras precauciones. Si alguna vez se encuentran con este enemigo, mantengan a las Sailor Senshi como nuestro as bajo la manga. Por último, cuando tengas la oportunidad, entrena a la chica Ackerman. No basta que tenga poderes. También debe igualar tu habilidad y fuerza. Tengo la impresión que vamos a necesitar más de su talento que de sus poderes.
Levi negó levemente con la cabeza, sin dejar de tener los brazos cruzados.
—Estás loco.
—No se trata de estar loco o no. Se trata de hacer lo que es necesario para triunfar.
—¿Y de verdad crees que es necesario lo que vas a hacer?
—Lo es.
—No es típico de ti, Erwin. Normalmente, sacrificas a tus soldados para cumplir con la misión. Ahora, eres tú quien se está sacrificando. ¿Qué cambió?
—La situación —repuso Erwin con calma—. Disponemos de muy pocos soldados para andarlos echando a los lobos. Yo no estoy en condición de sostener una espada y combatir con ustedes.
—Sabes que no es por tu habilidad de pelea por la que eres comandante del Cuerpo de Exploración.
—Lo sé. —Erwin bajó la cabeza por un breve segundo antes de alzarla nuevamente—. Lo que quise decir es que soy prescindible, tal como todos los soldados que he sacrificado. Otros pueden tomar mi lugar. No es el caso tuyo, el de la chica Ackerman o el de las demás Sailor Senshi. Pero no quiero que me malinterpretes, Levi. No lo digo por quejarme. Lo digo porque es mi realidad, y debo lidiar con ella.
—Entiendo —dijo Levi, sosteniendo la mirada de Erwin con firmeza—. Ahora que ya sabes lo que escondía el sótano de Eren, no creo que tengas muchos motivos para seguir viviendo.
—No es eso. Aún no sabemos qué hay en ese libro. Esa será otra de tus responsabilidades. Asegúrate que la chica Ymir haga su trabajo.
Y Erwin no dijo nada más. Dio media vuelta y se internó en el bosque, donde se encontraba la carreta con la jaula. En el camino, se encontró con Hange, quien sostenía ambas espadas, con una expresión bastante elocuente.
—Supongo que lograste hallar algo relevante.
—Muy relevante —dijo Hange, quien lucía como si hubiera pasado la noche en vela analizando las espadas—. Si las ve a simple vista, no notará ninguna diferencia entre estas espadas y las que normalmente usamos para combatir. Pero estuve viendo el material desde muy cerca, y observé que las espadas que usamos nosotros tienen una cantidad significativa de poros, mientras que las espadas que encontramos junto con el hombre moribundo no posee poros en absoluto.
—¿Y los poros son relevantes?
—Es el detalle más crítico de todos —repuso Hange emocionada como ella sola, y Erwin se sintió un poco incómodo. Siempre le ocurría lo mismo cada vez que Hange hacía un descubrimiento—. Todos dábamos por sentado que la carne de los titanes era lo suficientemente dura para romper las espadas después de unos pocos cortes, pero esa no es la razón por la que estas espadas no duran. Es por el acero poroso.
—Pero los poros deben ser muy pequeños —dijo Erwin, llevándose una mano al mentón—. No creo que sean la razón de porque nuestras armas se rompen después de unos pocos usos.
—Pequeños o no, los poros son debilidades estructurales. Tal como sucede con el vidrio, el acero se rompe por su punto más débil. Con la fuerza suficiente, y un objeto lo suficientemente duro, es posible. No pasa lo mismo con las espadas que encontramos. Parecen haber sido hechas por un proceso llamado templado. El acero templado elimina los poros y lo hacen más fuerte y duradero.
—Entonces, ¿por qué nos suministran armas que se sabe que se van a romper? ¿Cuál es el propósito?
—No lo sé —dijo Hange, también llevándose una mano al mentón—. Pero pensé que sería un excelente motivo para investigar la monarquía. Sé que tienes sospechas sobre ellos, y creo que este es un buen comienzo. Puede que no sea nada relevante, puede que esté equivocada, pero mi recomendación es que vale la pena hurgar un poco en el asunto.
—A partir de ahora, será tu decisión —dijo Erwin con una voz clara y firme—. Voy a entregarme, junto a Reiner y Zeke, a la Policía Militar. Es la única forma de que esos dos puedan responder por sus crímenes. Por eso, como te dije en la batalla de Shiganshina, tú serás mi sucesora.
Hange no dijo nada mientras miraba cómo Erwin se subía a la carreta y se ponía en movimiento. Si era objetiva consigo misma, aquella era la mejor opción, porque permitía que los elementos correctos de la Policía Militar tomaran cartas en el asunto y, si tenía suerte, podía incluso involucrar al capitán general de las tres ramas del ejército. Por otro lado, en un ámbito más personal, Hange no sabía qué pensar. Normalmente, Erwin sacrificaba a sus soldados, no a sí mismo. Además, el cambio de mando le había tomado por sorpresa. Sabía que, en algún punto de la misión, el manto iba a caer sobre ella, pero no esperaba que fuese tan pronto. No obstante, a diferencia de lo que hacía el común de las personas en su situación, Hange tragó saliva e hizo el saludo militar, reconociendo la situación y aceptando la decisión de Erwin.
—¿Adónde va el comandante? —preguntó Jean, quien era acompañado por Sasha y Connie, los tres con la misma cara de desconcierto.
—Va a completar la misión —repuso Hange, volviendo a tragar saliva, aunque lucía bastante compuesta, dada la situación—. Desde este momento, yo soy la nueva comandante del Cuerpo de Exploración.
—¿Por qué? —preguntó Sasha, mirando a Hange como si fuese la primera vez que la viera—. ¿Acaso el comandante va a…?
—Probablemente. Por eso me dejó a cargo. Es preciso que ustedes lo sepan, y que el resto también esté en conocimiento de la transición. Como Erwin tiene su propia misión, nosotros tendremos la nuestra.
Jean, Connie y Sasha se miraron entre sí, se encogieron de hombros, y miraron a Hange como si no hubiese más alternativa que obedecerle.
—¿Y cuál es nuestra misión? —preguntó Jean, haciendo el saludo militar, y tuvo que golpear a Connie y a Sasha en las canillas para que hicieran lo mismo.
—Se los diré cuando lleguen los demás. Miren, allá vienen.
Desde un grupo de caballos venían Eren, Historia, Armin y las Sailor Senshi (Mikasa, Petra, Ymir y Annie). Los seis se juntaron con Jean, Connie y Sasha, todos mirando a Hange con miradas penetrantes.
—A partir de este momento, todos seremos traidores —dijo Hange con severidad, mirando a todos y cada uno de los miembros sobrevivientes del Cuerpo de Exploración—. La misión que debemos emprender nos tendrá con un blanco en nuestras espaldas todo el tiempo, no solamente de la monarquía, sino que de sus potenciales asociados y otros bandos enemigos. Lo que debemos hacer es infiltrarnos en el territorio al interior del muro Sina e investigar las fraguas donde se manufacturan nuestras espadas. Nuestro objetivo será dilucidar si los defectos en nuestras armas son intencionales o no.
Todos fruncieron el ceño al escuchar la frase "defectos en nuestras armas", pero Armin fue el único que habló de los siete.
—¿A qué se refiere con "defectos"?
—Las espadas que encontramos no son como las que usamos normalmente. Las nuestras tienen poros que las hacen más débiles, y es por eso que se rompen con tanta facilidad.
—¿Y usted cree que el gobierno nos está dando espadas débiles por un motivo?
—Sé que hay un motivo, pero no sé cuál podrá ser. Por eso necesitamos infiltrarnos en las fábricas.
—¿Y qué pasa si todo esto no es intencional? —preguntó Jean, dando voz a un temor que tenía Hange al plantear el objetivo de la misión—. ¿Qué pasa si es solamente una mentira lo de las espadas defectuosas? ¿Y qué pasa si nos atrapan? Porque no estamos hablando de penetrar en el muro Rose. Estamos hablando del muro Sina, el más protegido de los tres, y donde se encuentra el grueso de la Policía Militar. Estamos hablando de un todo o nada aquí.
—Así es —dijo Hange, quien no esperaba que un soldado raso pudiera cuestionar su plan de la forma en que lo hizo—. Es un todo o nada, un cara o cruz. Pero si no hacemos este trabajo, y resulta que sí están manufacturando acero poroso a propósito, entonces perderemos la única posibilidad de salvar cientos de vidas con esta información. Así que dime, Jean, ¿qué prefieres? ¿Arriesgar tu vida para salvar otras, o no hacer nada y sacrificarlas en balde?
Jean no dijo nada. Connie y Sasha lo miraban con caras de interrogación. Ambos sabían que Jean no soportaría saber que gente muriera por su falta de acción, por lo que no entendían su proceder. ¿Intentaba poner a prueba a Hange? Era la clase de cosas que Jean haría, pues era el único con las bolas para desafiar a la autoridad.
—De acuerdo —dijo Jean al fin, mirando a los demás con una sonrisa—. Estamos ante una buena líder, alguien digna de reemplazar al comandante Erwin. Te seguiremos en esta misión.
—Nosotros también —dijeron Eren y los demás. Annie no dijo nada, pero asintió en señal de reconocimiento.
—De acuerdo. Nuestro primer reto será atravesar Trost sin que nadie nos vea. Cuando lo hayamos hecho, acamparemos a medio camino entre el muro Rose y el muro Sina para discutir el plan de acción. Armin, tú serás nuestro estratega. Una vez que hayamos penetrado el muro Sina, acamparemos por última vez, y enviaremos a un equipo de reconocimiento. Con la información que obtengamos, Armin ideará una estrategia para infiltrarnos en las fábricas y obtener todos los datos que podamos.
Todos asintieron con la cabeza y montaron sus respectivos caballos, salvo Petra, quien se acercó a Hange, una mirada de determinación bien puesta en su cara.
—Tengo una idea de cómo atravesar Trost sin ser vistos.
—¿Y cuál es?
Petra sonrió. Hange vio que ella sostenía su cetro de transformación firmemente en su mano derecha.
Los guardias en lo alto del muro Rose tenían una visión perfecta de lo que ocurría cincuenta metros más abajo. No había nadie acercándose a las puertas o saliendo de ellas. Eso, hasta que no fue así. Una niebla bastante espesa comenzó a cubrir la entrada al muro, y lentamente fue penetrando en la ciudad, envolviendo las calles y pasando por encima de las casas. Pronto, toda la ciudad fue cubierta por la niebla, y hubo un descenso gradual de la temperatura.
—Alguien pudo haberme avisado sobre el frío —dijo Hange, castañeteando los dientes y recogiendo los brazos. Eren, Historia, Armin, Jean, Sasha y Connie pasaban por la misma situación, tratando en vano de esquivar a la gente que miraba en todas direcciones, preguntándose de dónde había provenido aquella misteriosa y helada niebla. Mikasa, Annie e Ymir disimulaban lo mejor que podían el frío. La única que parecía a gusto con el repentino cambio de clima era Petra, claro que había tenido que transformarse para crear la niebla. En ese momento, iba con su uniforme de Sailor Senshi, que, al parecer, le protegía del frío intenso.
—¿Cuánto falta para salir de Trost? —preguntó Levi, quien tampoco parecía muy incómodo.
Sailor Mercury iba con una especie de lente delante de sus ojos, claro que no eran en absoluto lentes ópticos. Unos números y caracteres extraños desfilaban por la superficie del cristal, además de lo que parecía un plano de Trost.
—Faltan doscientos metros. Hay que doblar en esta esquina a la izquierda, y es todo derecho. Cuando hayamos salido de Trost, podré deshacer esta niebla.
Todos, incluyendo Levi, tenían sendas caras de incomprensión. De verdad, las Sailor Senshi podían llegar a ser muy misteriosas, extrañas y fascinantes.
