Al día siguiente, todas las publicaciones que se podían ver desde todos los kioscos, mostraban diferentes versiones de la misma foto, en la que cuatro cuerpos se tapaban las caras e intentaban pasar a los camarógrafos que habían asistido a la "boda del siglo", aún ataviados con los trajes de gala para la ocasión, resaltando Hermione en su hermoso vestido blanco.
Lo escandaloso del asunto, es que Draco Malfoy guiaba a Hermione Granger, con la mano en su cintura. Y horas antes de la boda se vio a Ronald Weasley regresando en el mismo traslador de Dubai con Astoria Greengrass, la socia de Malfoy. ¿Cómo había pasado todo aquello? ¿El mundo se había vuelto patas para arriba?
La sociedad mágica no podía concebir un cambio tan drástico de un día para el otro. ¡Habían vivido engañados! ¡Aquello era un ultraje!
Ávidos de información, los magos y brujas de Gran Bretaña rondaban por los lugares que frecuentaban dichos cuatro individuos y sus amigos, intentando extraer aunque fuera sólo un poco de información al respecto.
— Ya les he dicho hasta el cansancio que no voy a hablar del tema —decía George Weasley dando un paso adelante, obligando a los fotógrafos y reporteros a evacuar lentamente la sobrecargada tienda—. Ahora largo.
Él y Verity intentaron cerrar las puertas con todas sus fuerzas, pero la gente del medio no les ponían las cosas fáciles, pronto se vieron inundados de nuevo de personas e iniciaron una nueva serie de gritos y empujones.
—¡Ya basta! —gritó George cerrando la puerta de Sortilegios Weasley con un fuerte y ruidoso encantamiento—. Nos debes una —aseguró George dándole una palmada a su hermano, que salía de la trastienda agradecido, Verity asintió vehementemente.
—Muy bien, muy bien, ya salgan todos de aquí —decía una sonriente Pansy Parkinson a la horda de reporteros que también abarrotaba su tienda—. Saben que los amo chicos, pero de verdad que no sé mucho del caso. —repetía una y otra vez.
—¿Estás diciéndonos que Astoria, tu mejor amiga en todo el mundo no te dijo nada de nada? —inquirió una reportera con cara de haber chupado un limón.
—Exactamente, e insisto en que es tiempo de que salgan de aquí. —La sonrisa de Pansy se volvió un poco más forzada, no quería meterse en problemas con aquellas personas, que para su "emporio del vestido" habían sido tan útiles, sin embargo, su paciencia tenía un límite muy corto.
—¿Esperas que nos traguemos eso? —ironizó la misma cara agria. Ante su comentario, los reporteros que ya se estaban yendo, detuvieron su marcha y la miraron ceñudos antes de renovar su lluvia de preguntas.
—Cariño —comenzó la atacada en el tono más dulce que pudo—. No he visto a Astoria desde ayer, lo que pasó fue una sorpresa para todos y no tengo idea de si tuvo algo que ver o no. Pero esta no es la forma de obtener información corazón, ahora les voy a pedir una vez más, amablemente que salgan de esta tienda. —La reportera no quedó tan satisfecha, aunque admitió la derrota, recogió su vuelapluma y apuró a su fotógrafo. Fue la primera en salir.
Pansy cerró al instante mágicamente. Suspirando entró al cuarto de costura, donde su mejor amiga la esperaba comiéndose las uñas.
—Tori, Tori, Tori —se aproximó a ella negando con la cabeza y después sonriendo—. Me debes una.
—¡Oh vamos! —la joven secretaria estaba al borde del colapso nervioso—. Chicos por favor, deben salir de aquí, nadie puede pasar a las oficinas.
—¿Cuánto lleva Hermione Granger trabajando aquí?
—¿Ha venido antes el Sr. Malfoy a buscarla?
—¿Es verdad que aquí hacían sus encuentros amorosos?
—No lo sé… yo… no… es decir… por supuesto… que no. —La mujer no pudo más, dio una vuelta y desapareció de la oficina de desmemorizadores. Todos los reporteros entraron en tropel "investigando" entre las cosas de Hermione que con suerte desapareció por la chimenea segundos antes de la estampida.
—¿Hermione?
—Harry, Ginn… ¡OH POR DIOS! —se volteó lo más rápido que pudo, roja como un tomate, tapándose los ojos, esperando que la imagen no se quedara en su cerebro. Sus amigos se vistieron a toda prisa.
—Por eso se avisa antes de entrar por las chimeneas de la gente. —decía Harry abotonándose el pantalón.
—Tu y Ron tienen el complejo de Santa Claus más terrible del mundo —dijo Ginny poniéndose una vieja playera de Quidditch—. Ya puedes voltear.
—Ustedes no deberían intentar darle un hermanito a James justo frente a un lugar por donde podría entrar cualquiera —repuso Hermione, el color aún no dejaba sus mejillas.
—No cualquiera —comenzó su amigo.
—Como sea, ya estás aquí —interrumpió Ginny—, ¿Qué pasa?
—Debo esconderme —Harry y Ginny se miraron y suspiraron.
—Nos debes una Herms —dijo Harry meneando la cabeza y yendo a la cocina a preparar un poco de té.
—Una grande y gorda —convino Ginny siguiéndolo con la mirada triste.
Azotó la puerta principal tras de sí y la varita más que preparada para acabar con la horda de reporteros infestando los terrenos de su mansión.
Por la mañana, había resultado divertido ver cómo intentaban burlar la seguridad y aún más gracioso fue ver el camuflaje que muchos usaban. Llegado el mediodía, Blaise Zabini comenzó a hartarse de ellos y dos horas más tarde llegó a su límite.
—Tienen exactamente cinco segundos para alejarse todo lo que puedan del perímetro de mi casa antes de que comience a usar esto – Rugió blandiendo el palo de madera frente a su cara. —Los flashes no se hicieron esperar—. Uno... —las vuelaplumas bailaban furiosamente sobre los pergaminos—. Dos... —todos gritaban esperando una exclusiva—. Tres... —Los más listos, que notaron que la cosa iba en serio, salieron por piernas después del tres, dejando atrás a los y las Rita Skeeters del mundo que seguían dándose codazos para llegar más cerca de Blaise—. Cuatro… —éste hizo una pausa teatral, que aprovechó para dedicarles una sonrisa diabólica a los reporteros restantes, con la que se lo pensaron mejor y se prepararon para huír, pero ya era tarde, al que estaba más cerca le crecieron las orejas a una velocidad alarmante, uno que intentaba saltar los rosales de su madre cayó al suelo partiéndose de la risa y un tercero se volvió azul de pies a cabeza, cuando se cansó de recordad hechizos, una luz blanca y cegadora los expulsó a todos de sus terrenos.
Satisfecho, entró a la casa, tomó la taza humeante que le ofrecía su elfina y se dirigió al rubio sentado frente a él.
—Me debes una Drakes
Al día siguiente, reporteros seguían pululando por cualquier lugar en el que pudieran estar las estrellas del más reciente escándalo, aunque no tuvieron más suerte que el día anterior, incluso tuvieron menos.
Sortilegios Weasley había cerrado, así que no pudieron sacar información ahí. George había entrado y salido con una gran maleta, cuando lo cuestionaron dijo que se tomaría unas vacaciones del negocio.
—¿Cuál es el punto de ganar dinero si no puedes gastarlo? —dijo sonriente.
El emporio del vestido estaba abarrotado de gente, como siempre, con clientes saliendo y entrando y manteniendo a todas las cámaras fuera, una chica, cargada de bolsas incluso tiró a un reportero de lo distraída que estaba.
—Lo lamento mucho señor —balbuceó la chica—, con tantos vestidos no veo por donde voy.
La casa de los Potter era impenetrable, siendo el Sr. Potter un auror paranoico, no había manera de saber lo que pasaba en su interior, cosa que no impedía que los empleados de todos los periódicos y revistas se reunieran fuera del lugar, con la mirada fija en la entrada.
La niñera salió con bolsas para la lavandería flotando tras ella, caminando al punto de aparición.
—Con permiso —dijo pasando entre ellos. Rechazando todas las ofertas para ver el contenido de la bolsa—. Los Potter me pagan mucho más que éso por no hacerlo. Además debería darles vergüenza, ir por ahí hurgando en la ropa sucia de los demás. Vayan a casa, abracen a su pareja, tengan un hijo, planten un árbol, algo — con ésto, desapareció.
Después del debacle de ayer, sólo un reportero apareció en los terrenos de Blaise Zabini, y cuando lo vio acercarse quiso escabullirse, no creía poder soportar otro ataque de cosquillas. El último le había costado su último par bueno de calzoncillos.
—¡Eh tu! —se paró en seco, no porque quisiera, sino por que un hechizo lo mantenía en su lugar— ¿Traes una cámara? —le preguntó sonriente, no podía asentir y ni falta que hizo, el mismo Blaise la tomó y tomó una fotografía de su amigo Draco Malfoy saliendo de su mansión con unas maletas.
—Ahí lo tienes, la exclusiva, Draco Malfoy se fuga con su amada y nadie sabe cuándo regresarán, ni a dónde fueron. Ahora, si ésta historia aparece antes de que mi amigo salga de aquí tu cabeza va a rodar. Si sale mañana, por el contrario, todo el mundo te va a felicitar por tu osadía y te van a pagar muchos galeones.¿Vas a hacer lo que te digo?
Tan pronto lo liberaron del hechizo, el reportero asintió y agradeció y se fue corriendo.
—¿Crees que haya funcionado su disfraz? —preguntó Draco cuando llegó al porche.
—Tu dime —contestó Blaise señalando el punto de aparición donde llegó la niñera de los Potter, transformada en Hermione Granger y las bolsas en sus maletas.
—¿Qué va a pasar ahora?
—Algún día se les va a olvidar.
—¿Tu crees?
—Cuando pase algo más interesante.
—Entonces nunca —declaró Hermione gimiendo de preocupación. Draco sonrió.
—Ya se acostumbrarán —dijo besando su frente.
En ése momento hubo un sonido de succión y Ronald Weasley cayó del cielo dándose un porrazo. Hermione corrió a ayudarle por puro instinto, pero Draco se cruzó de brazos y levantó una ceja, conteniéndose de no reír.
—¿Aún no sabes usar un traslador? ¿Por qué no me sorprende?
—Piérdete Malfoy —para sorpresa de Hermione, Draco alzó las manos y se encaminó hacia el mar, donde se quitó la playera y se zambulló muy contento. Hermione miró a Ron estupefacta.
—Yo... —las palabras se atoraron en la garganta—. No sé qué decirte Ron. Es muy extraño, siento que nada de ésto está pasando —dijo con sinceridad mirando a su novio esquivar las olas.
—No digas nada. Ven aquí —dijo el pelirrojo extendiendo los brazos. Ella aceptó el gesto y estuvieron así por largo rato.
—Sólo quiero que seas muy muy feliz Ron. Por que donde esa mujer te parta el corazón...
—¿No debería ser yo el que te dijera éso? —Ron sonrió tristemente y Hermione se dio cuenta que el tonto aún no había hablado con ella. Iba a decirle algo pero acababan de reconciliarse y no era el mejor momento, se quedaron en silencio otro largo momento más—. Me iré de vacaciones un tiempo también. Creo que todos necesitamos alejarnos de Londres.
—Draco mencionó que Astoria estaría en...
—Sé donde estará. Pero gracias Hermione —Le sonrió, esta vez de verdad. Así les gustaba, así era como debía de ser, un ambiente ligero, amistoso, como si nada malo te pudiera pasar mientras el otro estuviera ahí porque podías contar para siempre con la otra persona, por que eran amigos, eran hermanos y algo así no se iba a romper jamás, pasara lo que pasara.
—Draco... —comenzó ella una vez Ron hubo desaparecido.
—No, déjame hablar primero —Hemione asintió y él continuó—. Me gustas, de verdad me gustas. Pero no sé si estamos haciendo las cosas bien. Yo nunca he visto a una chica de la forma en que te veo a ti. No sé si me entiendas. Es sólo que, no quiero apresurar ésto... lo que sea que ésto sea. Ni siquiera sé si tu quieres ésto, no sé si hay un ésto.
Hermione se adelantó y le plantó un beso. No se imaginaba a Draco Malfoy nervioso por algo, menos por ella, y no pudo evitar sonreír como una adolescente.
—Sí hay algo. Y está bien este algo que tenemos. Te entiendo, yo también quiero tomarlo despacio, un día a la vez y vemos qué tal funciona. Aunque, sólo para que quede claro, sí te quiero —Draco la miró con una expresión confusa.
—¿Cómo lo sabes?
—Por que sí.
—Yo...
—Está bien, no hay prisas, no espero que después de una semana todo sea perfecto.
—No es por la semana, ¿no te das cuenta? Te conozco desde los once años Hermione, es sólo que ésta semana te reconocí, ésta semana te vi como una persona igual a mí, te vi inteligente, hermosa, graciosa, noble. No es que no te quiera por que no te quiero, es que no te quiero por que no sé cómo se siente.
Se miraron, se acercaron y se besaron. El beso con más significado hasta ahora, el beso que englobaba sus sentimientos. Ése era "El beso", el que toda pareja tenía para recordar por siempre, y el atardecer en la playa ayudaba muchísimo.
—Así se siente.
Draco sonrió. —Creo que aún no me queda claro.
Hermione sacudió la cabeza, pero igual concedió darle otro beso. Temían el momento en que volvieran a Londres y todo lo que ello conllevaría. Ser una pareja de verdad, sin planes para acabar con bodas, o desayunos en Finnigan's. Sería una nueva etapa y las cosquillas en su estómago los llenaban de expectación.
Pero se querían. ¿Qué podía salir mal?
¿Qué tal? ¿Mejor? :D
Espero que sí, en fin pequeños los amo... y bueno, éste sí es el final final... me da no se qué, pero sólo queda agradecerles por viajar conmigo en ésta historia, por sus comentarios y por su apoyo y por todo :) son increíbles :)
Gracias de verdad :D
H
