XXI
El cruce del muro Sina
El complot, Parte 2

La cabalgata hacia el muro Sina no fue apresurada, pero sí se percibía que algo era distinto, y aquello no había que buscarlo más allá de la nueva cabeza del Cuerpo de Exploración. Hange lideraba el grupo, flanqueada por Levi y Armin. Eren, Historia, Sasha, Connie y Jean les seguían, y Mikasa, Annie, Petra e Ymir iban en la retaguardia. Mikasa notó que Eren iba demasiado junto a Historia, pero se mantuvo en su posición. Hange había ordenado que las que podían transformarse en Sailor Senshi fuesen más atrás, pues Erwin había dicho que las mantuviera como las cartas bajo la manga.

—¿Sigues sin dormir bien? —le preguntó Eren a Historia, pues notó que ella tenía ojeras.

—Siempre es el mismo sueño —repuso ella, sin mirar a Eren—. Pero aún no puedo ver de qué se trata. Sigo viendo borrones. ¿Y tú, Eren? ¿Cómo dormiste anoche?

—No tuve ningún mal sueño. De hecho, fue una noche normal para mí.

—Me alegro —dijo Historia, bajando un poco la cabeza, sin sonar en absoluto alegre—. Con todo lo que hay en juego, uno pensaría que tendrías un mal sueño, pero parece que no es tu caso.

—Sigo un poco agotado por la acción en Shiganshina. Transformarse en titán no es algo que deba tomar a la ligera.

—Entiendo. De todas formas, conseguimos lo que queríamos, ¿verdad?

—Aún falta mucho para averiguar la verdad de este mundo.

Comenzó a llover. Hange ordenó que montaran un campamento en una arboleda cercana, pues a esas alturas, las patrullas de la Policía Militar eran más frecuentes. Mientras armaban las carpas y apilaban los pertrechos, Levi se quedó de pie, justo fuera de la arboleda, mirando hacia unas luces a lo lejos. Seguramente debía ser un grupo de soldados. Aquello le trajo otro recuerdo de sus tiempos cuando participó en su primera misión afuera de los muros.

Año 845, 25 Km al sur de Shiganshina.

A Levi le tocaba efectuar la guardia nocturna, y, con desgano, salió del perímetro del campamento a patrullar. No creía que ese tipo de labores fuesen para él, pero habían sido órdenes del comandante. Aunque todavía tuviera problemas para aceptar que había gente por encima de él, de igual manera hacía lo que se le ordenaba, con independencia de si le gustaba la orden o no. De todos modos, uno no se unía al ejército para hacer lo que a uno se le venía en gana. Uno iba al ejército a pelear, y, lo quisiera uno o no, en el ejército había una cadena de mando que seguir.

Comenzó a llover, y Levi tuvo que echarse la capa sobre su cabeza. La visibilidad era muy escasa, y dudaba que pudiera ver a un titán acercarse, aunque estuviera a unos veinte metros de él. Sin embargo, siempre podía escucharlos. Los titanes no se caracterizaban por su sutileza al caminar o correr.

Había dado dos vueltas al campamento cuando vio un pequeño resplandor a la distancia. Era una luz plateada que parecía provenir desde el bosque en que los titanes hacían guardia, pero no podía asegurarlo a causa de la mala visibilidad. Pero Levi juzgó que no podía tratarse de una luz ordinaria. Las luces normalmente tenían un color amarillento. Tampoco podía tratarse de un espejo que reflejase la luz de la luna, más que nada porque no había luna en el cielo. Por fortuna, preguntarse qué era lo que brillaba de ese modo hizo que el tiempo pasara más rápido, y su turno acabó. Agotado, Levi regresó a la carpa habitación, y, poniendo sus ropas a la luz de la fogata, se tendió sobre la cama improvisada, perdido en pensamientos sobre lo que podría ser aquel objeto.

En el presente

El campamento ya se encontraba listo, y Hange comenzó a repartir raciones de campaña entre todos. No podían prender una fogata, tanto por la lluvia como por razones de seguridad. No quería arriesgarse a que una patrulla pudiera divisarlos desde lejos. Levi, sin embargo, no tenía hambre. Recordando las últimas órdenes de Erwin, regresó al campamento y llamó con un silbido a Mikasa. Ella guardó su ración de campaña en el bolsillo y se acercó a Levi, con una visible expresión de curiosidad.

—¿Qué desea, capitán?

—Erwin me ordenó que te entrenara —dijo Levi, a lo que Mikasa arqueó una ceja—. Él dijo que íbamos a depender más de tu talento como soldado que como Sailor Senshi. Y me indicó que potenciara lo primero.

Mikasa frunció el ceño.

—Pero no lo entiendo —dijo, mirando a Levi con cierta incredulidad—. Usted vio lo que pasó en la batalla de Shiganshina. Bastó con uno de mis poderes para derrotar al titán colosal.

—Sé que tienes poderes, pero podrías perderlos en algún momento —dijo Levi, esta vez con más severidad—. Recuerda que necesitas tu cetro para transformarte. Sin él, no eres más que un soldado. Pero sé que tienes aptitudes superiores al resto de tus compañeros, tal como yo. Posiblemente tengas la misma fuerza que yo poseo. Lo que te falta es experiencia de combate, pericia al pelear y poseer nervios de acero, en cualquier situación. Sé que pierdes el control cada vez que Eren se encuentra en peligro, y eso te hace imprecisa y te vuelve vulnerable. Debes dejar de pensar de ese modo.

—Pero capitán, no puedo dejar a Eren solo.

—¿Y por qué no?

—Le debo mi vida, capitán. No estaría haciéndole el mismo honor si no lo protejo.

—Y sin embargo, Eren te rescató de unos secuestradores. Tú no podías hacer nada para defenderte. Por eso hizo lo que hizo. Pero ahora, Eren puede valerse por su cuenta. Ya no te necesita tanto como antes. Es capaz de aceptar las consecuencias de sus decisiones. ¿Qué honor le harías si no eres capaz de aceptar que Eren ya es una persona en sí misma? Ya no es un niño, Mikasa, pero te afanas en creer que lo es. ¡Eso es lo que limita tus capacidades! ¡Puedes llegar a ser más fuerte y hábil que yo, pero tus sentimientos maternales te lo impiden!

Mikasa quedó en silencio. Nadie, ni siquiera Eren, le había hablado de ese modo. No tenía idea si Levi intentaba probar algún punto con actuar así, o simplemente estaba siendo estricto con ella. De cualquier forma, ella no reaccionó de la forma en que Levi esperaba. Mantuvo la postura y la cara neutra.

—¿Y de qué forma puedo mejorar, capitán?

Levi, al ver que Mikasa no le había elevado la voz, se dio cuenta que ella, contrario a lo que pensaba, parecía dispuesta a dejar que Eren fuese más independiente.

—Para empezar, olvídate de que Eren es tu hermano —dijo Levi, volviendo a su tono habitual—. No poseen la misma sangre. Solamente crecieron bajo el mismo techo, y por poco tiempo. Debes dejar de ver a Eren como una prioridad, y más como el soldado que es. Si logras hacer eso, podrás ser más fuerte, adquirir más concentración, y podrás hacerle un mejor honor de lo que has hecho hasta ahora. Empezaremos con el combate cuerpo a cuerpo. Trata de dominar tus emociones, y atácame.

Mientras tanto, en el campamento, Eren dialogaba con Armin, quien miraba hacia atrás de forma recurrente, y Eren no tardó en notarlo.

—Miras mucho a Annie.

Armin tragó saliva. El color se le subió a la cara de forma inmediata.

—No… no es que me guste. Es que… bueno… no la ha pasado exactamente bien. Además, no sé si lo recuerdas, pero justo antes que intentaste matarla, cuando estábamos batallando en Stohess, la miraste a la cara, y no pudiste hacerlo.

—Estaba llorando —recordó Eren, componiendo una expresión de ligera sorpresa—. Lo había olvidado.

—No creo que haya accedido a secuestrarte por gusto —dijo Armin, volviendo a mirar a Annie, quien examinaba su cetro de transformación, como si tratara de encontrar algún detalle en su superficie—. Puede que en un principio haya sido así, pero asumo que pasar tiempo aquí la cambió.

—Pues no la veo muy cambiada —opinó Eren, mirando a Annie de reojo—. No sé, no creo que haya intentado llevarme a disgusto. No lucía arrepentida por eso. Ella estaba perdiendo la batalla cuando vi esas lágrimas. Seguramente recordó algo de su pasado, algo que le causó un gran dolor.

—Como sea, no sabemos mucho sobre ella. Tampoco es sensato preguntarle al respecto. Si ella quiere decírnoslo, lo hará por su propia cuenta.

Eren quedó en silencio por unos cuantos segundos, al cabo de los cuales compuso una sonrisa burlona.

—La defiendes bastante.

—N-No, es que solamente me estoy apegando a lo que sabemos de ella.

—No es malo que te sientas atraído por ella —dijo Eren, poniendo una mano sobre el hombro de su amigo—. De todas maneras, Annie es fea solamente cuando se enoja.

—N-No siento eso por ella. —Armin dijo eso con la voz muy aguda, y sus mejillas se sonrojaron—. ¿Y-Y qué me dices de lo que hay entre tú e Historia?

—¿Cómo mierda puedes decir eso? —repuso Eren, encogiéndose de hombros, y sin ponerse colorado—. Hemos hablado más seguido, pero no me siento como si ella me gustara, o Ymir me habría golpeado hasta la inconsciencia. Hablando de lo mismo, ¿no crees que Mikasa ha cambiado desde que entramos al ejército?

—Pues, sí, me parece que ya no es tan sobreprotectora contigo.

—Me alegra saberlo, porque parece que ya es consciente de que puedo valerme por mí mismo.

Hubo otro rato de silencio. Ambos parecía estar perdidos en pensamientos, al menos hasta que Armin apuntó con el dedo a Eren.

—Ya veo. No es Historia en la que estás interesado. ¡Te gusta Mikasa!

—No digas tonterías, Armin. —Eren tampoco parecía afectado por la acusación de su amigo—. Ella me ve como un hermano. No creo que sea por eso que siempre tenga la necesidad de ir en mi auxilio cada vez que me meto en un lío.

—Pues yo creo que es por eso. —Esta vez, Armin hablaba en serio, y Eren se percató de ello—. ¿Dices que Mikasa te está dando más libertad? Yo creo que es porque realmente quiere estar contigo, no como su hermano adoptivo, sino como su pareja. ¿Por qué no lo intentas? Mikasa es linda. Y no tiene tu misma sangre.

Eren suspiró.

—No lo sé, Armin. No creo que haya tiempo para hacer esas cosas. Hay demasiado en juego. Yo creo que deberíamos enfocarnos en la misión.

—Tienes razón. Pero piénsalo, por lo menos. Por algo Mikasa te está dando más espacio. Me he dado cuenta que nunca has sido realmente feliz desde que los titanes atravesaron Shiganshina. Yo creo que si hablas con ella sobre el tema, te va a aceptar de inmediato. Y tampoco es que siempre estemos en una misión. —Armin indicó con un dedo hacia un grupo muy tupido de árboles—. Hace un rato que Ymir e Historia desaparecieron por ahí. Te apuesto cualquier cosa a que se están haciendo un tiempo para el amor.

—¡Desarmen el campamento! ¡Nos pondremos en marcha dentro de diez minutos! —se oyó la voz de Hange por encima de las carpas. Todos se pusieron a trabajar de inmediato. Levi y Mikasa regresaron dos minutos después de la orden. Ambos tenían las caras brillantes a causa del sudor, y Eren, por desgracia, lo notó. Sintió un desagradable retortijón de tripas al ver a ambos colaborar con el desarme del campamento. Inmediatamente, fue donde ellos, tanto para ayudar como para pedir explicaciones.

—¿Dónde estaban ustedes dos? —increpó Eren, taladrando a Levi con la mirada.

—Tuvimos un poco de acción —repuso Levi calmadamente, y Eren sintió lava hirviendo dentro de él—. Erwin dijo que Mikasa necesitaba entrenamiento. Hoy comenzamos con la primera sesión.

Eren conocía a Levi lo suficiente para afirmar que él no se caracterizaba por mentir. La mirada de Mikasa refrendaba todo lo que había dicho el capitán. Sintiéndose estúpido, Eren permaneció en silencio, desmontando las carpas, mientras que Mikasa llevaba cajas de pertrechos como si en ellas hubiese plumas en lugar de materiales varios para el combate. Al final, en menos tiempo de lo previsto, todos estuvieron listos para partir nuevamente. La lluvia había parado, y las últimas en aparecer fueron, precisamente, Ymir e Historia. Ambas mostraban sonrisas cómplices y tenían sus mejillas intensamente coloradas. Eren se preguntó que diablos anduvieron haciendo para presentar ese aspecto.

El resto del trayecto hacia el muro Sina no tuvo contratiempos. En algún punto del viaje, Hange había ordenado que el convoy se desviara hacia el oeste, de modo de evitar las patrullas. La idea principal era acceder al muro por un sector que no estuviera demasiado custodiado.

Cuando todos se detuvieron, lo hicieron en un arboleda más pequeña que en la que habían acampado hace unas horas atrás. Hange empleó un catalejo para otear hacia la parte más alta del muro, y vio un contingente de diez soldados con carabinas en sus brazos. Lo que más le llamó la atención fue que, montados encima de las carabinas, había lo que parecía un catalejo en miniatura. Si aquello era cierto, entonces eso significaba que los guardias podían ver venir a alguien a mucha distancia.

—Soldados —dijo Hange a los demás—, es posible que ya nos hayan descubierto. No podremos trepar el muro con las patrullas en alerta. Tendremos que emplear otros métodos si queremos cruzar.

—Podríamos usar una táctica parecida a cuando atravesamos Trost —dijo Petra, sosteniendo su cetro de transformación—, con la diferencia que necesitaré el apoyo de las demás Sailor Senshi.

—No. No quiero usar esa carta tan pronto. Erwin fue bastante explícito al respecto.

—Pero tendremos que hacerlo —insistió Petra, taladrando con la mirada a Hange—. No es cosa de si obedecemos estrictamente las últimas órdenes de Erwin. Usted es la nueva comandante. No tiene por qué usar sus mismas ideas. No hay otra opción.

—Estás equivocada, Petra —dijo Armin, quien apareció de repente en medio de Petra y Hange—. Hay otra alternativa.

Los soldados que custodiaban ese sector del muro Sina vieron cómo un rayo pareció caer en medio de un grupo pequeño de árboles. Lo siguiente que vieron, los llenó de un espanto sin nombre.

Un titán más alto que el muro había aparecido de la nada, aproximándose de manera inexorable. De su cuerpo brotaba mucho vapor, tanto que era imposible ver al grupo de once personas colgados de su espalda. Los soldados, quienes jamás habían visto a un titán en sus vidas, menos al legendario titán colosal, se quedaron petrificados, gritando del terror más puro. Ninguno de ellos prestó atención a la persona que salía desde el interior del titán, la que junto a los otros, se extravió entre el vapor, pasando al otro lado del muro, sin que los guardias se dieran cuenta de nada.

No obstante, la pesadilla no había acabado aún, porque el titán colosal volvió a aparecer, esta vez al otro lado del muro, y a los guardias les pareció que tomaba algo desde su parte más alta, pero el vapor era tan denso, y el terror tan grande, que ni siquiera les importó. Lo único que deseaban era que aquella horrible experiencia llegara a su fin.

Para cuando el vapor se hubo disipado, los guardias vieron que el titán colosal había desaparecido nuevamente. Toda la experiencia había sido como si ellos hubieran tenido un muy mal sueño. Para cuando se recuperaron del susto, el Cuerpo de Exploración seguía su camino por el interior del muro Sina.

—¡Bien pensado, Armin! —dijo Hange, palmeando su espalda con tanta fuerza que su cabeza casi chocó con el cuello del caballo.

—Tu idea fue muy buena. ¡Te felicito! —alabó Petra.

—Debiste haber visto las caras de esos pobres guardias —añadió Sasha, quien se partía de la risa con sólo recordarlo—. No lo podían creer.

Y así, con el ánimo por las nubes, el Cuerpo de Exploración continuó con la misión, sin saber que otro grupo muy competente les seguía los pasos desde muy cerca.