XXII
Fábricas de mentiras
El complot, Parte 3

45 Km al interior del muro Sina

Ya era de noche, la luna brillaba en el cielo, y el campamento ya había sido armado. Jean, Sasha y Connie habían sido designados para la ronda nocturna. Levi y Mikasa continuaron con el entrenamiento, mientras que Eren, Petra y Annie se habían marchado para hacer reconocimiento. Armin y Hange discutían formas en que Ymir les tradujera el contenido de los libros, mientras que Ymir e Historia no se podían ver por ningún lado.

—No podemos obligarla a que lo haga —decía Armin, quien defendía la idea de que fuese la misma Ymir quien se ofreciera a traducir los libros—. Podríamos ofrecerle algo a cambio, algo que a ella le interese. Puede que en los mismos textos haya algo.

—¿Y cómo lo sabremos, si no podemos leer nada?

—Se trata de que seamos convincentes —insistió Armin. Hange se dio cuenta que las ideas de Armin casi nunca involucraba realizar actos de violencia, lo que podría ser un arma de doble filo—. Recuerda que hallamos esos libros en el mismo lugar donde apareció esa gata—. Armin miró hacía atrás, y vio a Luna, echada cerca de las llamas de la fogata—. Podríamos apoyarnos en Historia para conseguirlo.

—¿Por qué Historia? —quiso saber Hange, a quien no le interesaba mucho los vericuetos sociales entre sus soldados.

Armin miró en la dirección donde Ymir e Historia habían desaparecido, y luego volvió a clavar la mirada en Hange.

—Porque Ymir tiene una debilidad por ella. Si quieres, anda hacia esos árboles. Verás que tengo razón.

Hange, sintiéndose como una tonta, se puso de pie y se dirigió a los árboles que Armin le había indicado. Para su sorpresa, vio unos uniformes tirados en el suelo. Sin saber a ciencia cierta qué esperar, Hange penetró más aún entre los árboles, y vio un pequeño claro, inundado por la luz de la luna. Y, junto a un tronco particularmente grueso estaban…

—¿QUÉ DEMONIOS ESTÁN HACIENDO? —rugió Hange, lo que hizo que Ymir e Historia pegaran un brinco—. ¡ESTE NO ES MOMENTO PARA HACER ESA CLASE DE COSAS! ¡VÍSTANSE, YA!

Hange les arrojó los uniformes, e Ymir e Historia se vistieron a la rápida, con las mejillas rabiosamente coloradas y una expresión de vergüenza visible aún de noche. Compungidas, ambas volvieron al campamento, y se sentaron a la turca junto a la fogata, sin decir absolutamente nada. Pero no pasaron más de dos minutos para que Armin se acercara a Historia y la llamara con una mano. Ella asintió en silencio, y acudió donde él, para luego llevarla a un lugar retirado, pero perfectamente visible, de modo que Hange no pensara que él iba a hacer lo mismo que Ymir.

Justo en ese momento, Levi y Mikasa regresaron del entrenamiento. Ambos parecían bañados en sudor, pero a ninguno de los dos parecía molestarle. Levi habló de una vertiente natural en el lado oriente del bosque, y se dirigió allá en completo silencio. Mikasa, por otro lado, se sentó a la turca junto a Luna, mirándola detenidamente. Ella había sido la responsable de que su vida hubiera cambiado de la forma en que lo hizo. Se preguntó qué hubiera pasado si ella no le hubiera entregado el cetro de transformación. Para empezar, no habría podido derrotar al titán colosal de un solo golpe, y eso también repercutía en otros hechos, como el cruce del muro Sina.

—¿Qué esperas lograr con nosotras? —preguntó Mikasa a Luna, justo cuando Eren, Petra y Annie regresaron de su cometido, informando inmediatamente a Hange de lo que habían encontrado.

—No lo recuerdo bien, pero tiene que ver con los titanes —repuso Luna, sin moverse en absoluto—. El que ustedes hayan despertado en este tiempo no es coincidencia. Las respuestas deben estar en el libro que encontraron en Shiganshina. Si escuché bien, la chica Ymir puede hacer eso.

—Sí, pero va a necesitar mucha persuasión.

—Concuerdo —dijo Luna escuetamente.

El reporte sobre el reconocimiento del sector industrial del muro Sina había acabado, justo en el momento en que Levi volvía de su baño. Se sentía más ligero que antes, como si el agua le hubiera ayudado a barrer con el agotamiento. Mikasa era una oponente muy difícil de vencer, aún sin el entrenamiento que le estaba proporcionando.

Mikasa vio que Levi había regresado, y partió hacia la vertiente. Por otra parte, Petra y Annie se dirigieron a sus respectivas carpas para dormir, pero Eren juzgó que un baño le sentaría bien para tener un buen sueño. Ignorando que Mikasa había ido hacia la vertiente, Eren siguió sus pasos.

A la mañana siguiente

A diferencia de lo que había ocurrido en ocasiones anteriores, el campamento no fue desarmado. Armin había sugerido que solamente los soldados con poderes especiales partiesen al sector industrial, mientras que los demás se encargarían de montar guardia. Hange le había encargado la labor de estratega a Armin, y los soldados dependían de sus órdenes para realizar algún movimiento.

El equipo de asalto partió apenas el sol se asomó por el horizonte. Hange había aconsejado que ninguno de ellos usara sus poderes antes de llegar al sector industrial, de modo que el ataque sorpresa fuese más efectivo. De ese modo, la totalidad del equipo se movilizaba a caballo. Levi había sido designado como el líder del grupo, pues era que tenía el rango más alto de todos.

Mientras cabalgaban hacia el distrito de Ayola, al oeste de la capital, lugar donde se concentraba toda la actividad fabril de la humanidad, Armin notó que Eren tenía una sonrisa más amplia de lo habitual. Lo mismo se podía decir de Mikasa, quien no sonreía desde tiempos ignotos. Pese a que no sabía por qué pasaba eso, le gustaba pensar que Eren se había atrevido a hablarle a Mikasa después de todo. No creía que fuesen pareja, pero sí que hubieran dado un paso importante a ser más cercanos. A fin de cuentas, a Eren no le agradaba mucho que Mikasa fuese tan sobreprotectora, y darle un poco más de espacio solamente podía beneficiar la relación. Armin también creía que aquello podría dar algunos beneficios a la misión que iban a emprender. No iban a estar tan nerviosos, lo que les ayudaba a concentrarse en el objetivo a mano.

Quien no estaba para nada contenta era Ymir. Haber dejado a Historia atrás no era de su agrado. Tampoco lo era que ella le había convencido de que tradujera el contenido del libro cuando regresara de Ayola. En realidad, Ymir no necesitaba que Historia le hablara al respecto, porque tenía la advertencia de Erwin, y pese a que él no se encontraba presente, estaba Levi, y él no tendría piedad.

Tardaron dos horas en llegar al distrito de Ayola. Usaron la cobertura de una pequeña arboleda para discutir los últimos detalles del plan.

—No podemos usar el poder titán de Eren, el mío o el de Annie, porque ya son ampliamente conocidos. Lo que necesitamos es agilidad, e Ymir cumple con esa cualidad. Ella llevará en sus espaldas a Mikasa y Annie, quienes no se transformarán a menos que sea estrictamente necesario. Levi será quien acabe con las patrullas externas, porque tiene más experiencia de combate. Petra será la única que pueda transformarse antes de penetrar en los muros, de modo que pueda proveer cobertura, tanto para la infiltración como para que Eren pueda cumplir con su rol.

—¿Y cuál es? —preguntó Eren, mistificado.

—El mismo que en Shiganshina —repuso Armin. Eren entendió de inmediato—. Una vez dentro de la ciudad, deben obtener uniformes de la Policía Militar. Los que pertenezcan a los guardias encima de los muros será suficiente. Seguramente tendrán salvoconductos para entrar en las fábricas, de modo que puedan realizar inspecciones. Sean meticulosos. Si algo no sale de acuerdo con lo esperado, aborten la misión de inmediato.

Todos asintieron en señal de conformidad.

Recordando que Hange había hablado de unas carabinas con catalejos, Armin juzgó prudente que Petra actuara primero. Minutos más tarde, una densa niebla se formó en los alrededores del acceso este a Ayola, la que ascendió hasta llegar a la cúspide del muro, empeorando la visión de los guardias. Mikasa y Annie, ayudadas por Ymir, ascendieron por la pared del muro, esquivando a los guardias, aunque sí oyeron algunos gritos ahogados. Asumiendo que Levi acababa de dejarlos fuera de combate, salieron al otro lado del muro, aterrizando sobre el techo de una fábrica textil. Levi y Petra los acompañaron minutos más tarde, llevando uniformes para cada uno de ellos. Petra decidió usar su niebla una vez más para que ella, Mikasa, Annie e Ymir pudieran vestirse con alguna privacidad. En todo caso, Levi había escogido un lugar apartado para hacer lo suyo.

Cuando los infiltrados descendieron al nivel del suelo, caminaron de manera casual, con las carabinas al hombro, buscando disimuladamente las fraguas donde se forjaban las espadas que ellos usaban para combatir a los titanes.

Tuvieron que pasar más de veinte minutos para descubrir que las fraguas se encontraban en el centro de la ciudad, en el sector más protegido. Había, por lo menos, unos treinta soldados custodiando los edificios, y cuatro de ellos estaban apostados en cada entrada. Tal como Armin había predicho, los efectivos en las entradas pedían salvoconductos para el ingreso. Levi y las demás presentaron los suyos, y los guardias les permitieron pasar.

—¿Motivo de la visita?

—Inspección de rutina —dijo Levi, juzgando que él haría un mejor trabajo improvisando.

El guardia arqueó una ceja.

—Pero la inspección de rutina se hizo hace una hora atrás.

—No fue lo que yo vi desde el muro —contestó Levi, indicando el catalejo que colgaba de su cuello—. Los soldados que se suponía que debían hacer la inspección se quedaron bebiendo en una casa contigua—. Levi indicó con un dedo hacia la casa en cuestión, y el guardia vio varias botellas tiradas sin orden ni concierto sobre la calle.

—Ah, ya veo —dijo el guardia, luciendo molesto—. Yo me encargaré de esos haraganes después. Espero que su inspección no arroje problemas.

—Es la idea —dijo Levi, y los cinco penetraron en las fraguas, caminando de manera casual, como siempre.

Una vez dentro del edificio, el grupo fue bastante meticuloso. Examinaron todas las máquinas, las cintas transportadoras, los depósitos de materiales, los procesos mediante el cual el hierro era transformado en acero. Petra sabía que el acero era una aleación hecha con hierro y carbón, pero quería analizar el proceso completo. Para ello, extrajo un objeto rectangular, de color celeste y que tenía unos puntos extraños, más otro rectángulo, más pequeño, pero en el que aparecían números y letras.

—Con razón el acero que se usa para nuestras espadas tiene poros.

El resto miró a Petra con curiosidad.

—¿Por qué? —inquirió Levi.

—El proceso por el cual se hace el acero es uno bastante antiguo —explicó Petra, cerrando su objeto rectangular—. Hoy en día existe el proceso de templado, que evita la formación de burbujas de oxígeno durante la fabricación del acero. Pero, pese a que estas máquinas están diseñadas para fabricar acero templado, se sigue usando el proceso antiguo.

—¿Estás diciendo que, pudiendo fabricar acero de mejor calidad, no lo hacen?

—No. Y lo que es peor, el proceso actual de templado es relativamente barato, por lo que no es un asunto de costo. Alguien, de forma intencional, nos está proporcionando espadas con hojas hechas de acero poroso.

Levi arrugó la cara. El hecho que estuviera batallando todo el tiempo contra titanes, empleando armas endebles, parecía ofenderle sobremanera.

—Las hojas de acero poroso duran menos —dijo, observando la maquinaria con el ceño fruncido—. Eso significa que las fábricas deben producir más hojas para suplir la demanda. Eso implica más dinero recaudado para las arcas de la monarquía.

Aquello entrañaba una implicación escalofriante. Si el incremento de la producción de hojas se debía a un defecto intencional en su fabricación, entonces eso significaba que, mientras mas hojas se usaban, más rica se hacía la monarquía, porque buena parte del dinero obtenido por la venta de las hojas iba a las arcas del gobierno, que debían usarse para diversas políticas sociales. Pero aquello no se trataba de mejorar la sociedad; se trataba de que los ricos se hacían cada vez más ricos a causa de la guerra contra los titanes.

—Eso es… —Levi no tenía un nombre para lo que el gobierno estaba haciendo. Saber que la monarquía estaba usufructuando de las utilidades por la venta de armas, solamente para hacerse más poderosos, era como tener un sueño para despertar en una pesadilla. A veces no quería creer que la gente en el poder estuviera usando la guerra contra los titanes para acaparar más recursos, aprovechándose de las muertes de incontables soldados, por un capricho.

Por desgracia, aquella no era más que la mitad de la historia.

—Vámonos de aquí —ordenó Levi, y las demás le siguieron hacia la salida.

Levi dijo al guardia que la inspección no había hallado nada fuera de lo ordinario, por lo que la emisión del informe debía tardar poco. Aquello pareció alegrar al guardia, y, haciendo el saludo militar, Levi y su equipo se retiró, dirigiéndose hacia la salida este de Ayola. Sin embargo, Petra se había asegurado de dejar un regalo muy especial en el interior de las fraguas. Sabiendo que Eren ya debió haber hecho su parte, treparon a una casa, para luego ascender por medio de los equipos de maniobras.

Los guardias seguían inconscientes, lo que le dio margen a Ymir para transformarse y cargar con el resto del equipo hacia la base del muro, de modo de ahorrar gas. Petra volvió a emplear su niebla, cubriendo la salida de Eren y de los demás. Cubiertos por la misma arboleda, Levi comunicó a Armin del éxito de la misión, pero que prefería discutir los detalles cuando hubieran regresado al campamento.

Mientras se alejaban de Ayola, escucharon varias explosiones que parecían provenir del interior. Petra compuso una pequeña sonrisa. No había exactamente destruido las fraguas, sino que había inutilizado las máquinas viejas para forzar a los trabajadores a usar las nuevas, de modo que ya no se suministraran armas defectuosas. En cuanto a la labor de Eren, simplemente se había asegurado que las hojas buenas fuesen a parar a los soldados que peleaban contra los titanes, y no al interior. Se trataba de algo que un titán de piedra, en el lugar adecuado, podía hacer muy bien.

El grupo iba con el corazón ligero a causa del éxito de la misión. No había sido como otras misiones, en las que usualmente algo salía mal y había que improvisar, a menudo de manera tosca, para conseguir el objetivo. En esa ocasión, nadie había salido lastimado, ni había tenido que matar a alguien.

Sin embargo, cuando llegaron al campamento, vieron algo que les heló la sangre. Las carpas habían sido destruidas, las carretas con pertrechos habían sido quemadas, lo que se hizo extensivo a los árboles cercanos. Sin embargo, hace rato que las llamas se habían apagado. No había nadie allí, no había sangre, ni rastros de que hubo una batalla.

—Quédense aquí —dijo Levi, acercándose al campamento, inclinándose delante de un objeto que no parecía pertenecer allí. Se trataba de una botella, dentro de la cual había un rollo de papel. Extrajo el rollo y leyó el contenido. Frunció el ceño.

Si quieres al resto de tu escuadrón, entrega a Eren y a Historia.

K.