~ dancing
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Otabek había estado todo el día en la cochera intentando arreglar un ligero desajuste en el motor de su bebé Harley Davidson. Estaba cansado, si no conseguía ajustar aquel problema, tendría que llevar su motocicleta a un mecánico experto en la materia y no sabía cuánto dinero tendría que gastar en ello.
Al final, se terminó sentando en el suelo y se sacó los guantes llenos de grasa y demás suciedad típica de un taller, los tiró por allí. Se limpió el sudor de la frente y suspiró. Eso no estaba funcionando.
Estaba a punto de rezongar de pura frustración, cuando escuchó la ligera música que se colaba por el resquicio de la puerta que daba hacia su cálido hogar.
Oh, esa era la canción que le gustaba a su chico.
Se puso de pie sacudiéndose los pantalones e ingresó despacio al pasillo. La música era de la radio en la cocina.
Su frustración se sintió derretir cuando vio a Yuri moviendo despacio las caderas mientras tarareaba My kind of woman con los ojos cerrados. Sin quererlo, una divertida sonrisa se formó en sus labios. Uno de los rosados hombros de su chico se asomó bajo esa enorme camiseta negra que seguramente había sacado sin permiso de su ropero.
El rubio dio un suave giro y de la repisa, donde lo miraba curiosa, tomó a Potya entre sus brazos. Agarró despacio su pata y soltó una suave risa mientras seguía bailando con su gata.
Dios, esa risita. La que hacía martillar el pecho del kazajo.
Tenía el cabello desordenado, ¿acaso lo habría despertado de su siesta con sus ruidos en la cochera?
— my, oh, my... what a girl...
La voz suave fundiéndose en ligeros pasos, la manera en que movía ligeramente los hombros. Yuri era demasiado para él, ¿qué había hecho para merecerlo?
Eran en esos momentos (en que podía caer de bruces al suelo y retorcerse en dicha) en que no se arrepentía de haberle pedido una cita a ese gruñón chico, siete años atrás, en medio del patio del colegio y con la vergüenza plasmada en su cara.
¿Qué habría hecho si Yuri lo hubiera rechazado? basta, no quería ni saberlo, porque ahora tenía un hada bailando en su cocina.
Se acercó sutilmente y lo abrazó por la espalda. Yura dio un respingo.
— ¡Beka! q-qué haces... — exclamó avergonzado de haber sido pillado bailando solo. Soltó a Potya que ya estaba mareada y que corrió hacia el segundo piso.
— Te abrazo — tomó con su mano derecha la izquierda de Yuri, encontrándose de paso su argolla de matrimonio.
¿Qué tenía Yuri que lo hacía olvidarse de todos sus problemas? era como su droga favorita.
Encontró los dedos de Yuri y los elevó despacio. Yuri soltó una risa boba y dio un par de vueltas de la mano de su esposo antes de quedar de frente. Las manos del rubio rodeando su cuello y las manos de Otabek tomando su cintura.
Ni uno ni el otro eran expertos bailarines, pero algo podían hacer juntos. Algo bonito.
— ¿Hace cuánto que estabas mirando? — preguntó Yuri, en medio del sutil meneo que hacían sus cuerpos con la música sonando de fondo.
— Lo necesario como para enamorarme por segunda vez.
Yuri ocultó su rostro en su cuello con una sonrisa. Tenía las mejillas rojas.
— Eres tan cursi — murmuró dejando un besito en su mentón.
Y aunque la siguiente canción no era tan buena, siguieron bailando lento en un tibio abrazo. No era cuestión de la música que estuviera sonando, era cuestión del cariño en sus torpes movimientos donde se acoplaban formando una bonita burbuja en la que solo existían ellos.
día 1: bailando
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